PIDO - LAGO DE SALVORÓN - EL ESCAÑO - ALTOS DE MOSTAJAL - ALTOS DE LA BEJERINA - COLLAO DE LA BEJERINA - VEGA DE ARRIBA - PIDO (circuito)
Punto de partida: Pido.
Duración: 6 horas 30 minutos.
Desnivel: 1.200 metros (aprox.).
Dificultad: Ruta asequible para principiantes que empiecen a desenvolverse con soltura por terreno inclinado. El circuito no plantea mayores problemas de orientación y transcurre en su mayor parte por pistas o por la cuerda cimera de un cordal de suaves laderas y vastas colladas. Sin embargo, el terreno de transición entre las vegas a que llegan las pistas y la línea de cumbres de la Cordillera Cantábrica, presenta laderas de fuerte inclinación. En esta franja de terreno las veredas del ganado no son siempre un referente válido a la hora de seguir la dirección correcta. Estas sendas, en su mayor parte, enlazan los distintos valles, en vez de seguir el curso de los ríos que se precipitan por sus vaguadas.
Características: En la cabecera del Valle de Liébana, cuna del río Deva, confluyen una multitud de valles. Por sus vaguadas discurren arroyos o pequeños afluentes que van a unirse a aquel curso fluvial. Extensas manchas boscosas cobijan las distintas cuencas. Una compleja red de pistas ganadero - forestales se adentra en la espesura del monte. Vegas y praderas quiebran la sombría uniformidad de los vastos hayedos. Esta riqueza forestal ha sido la detonante para la ampliación del Parque Nacional de los Picos de Europa a este sector de la Cordillera Cantábrica.
El los lindes del bosque se recluyen las vegas más renombradas del entorno: Peñalba, Salvorón, Vega de Arriba, Somo, Bustantivo. El circuito propuesto se centra en los Puertos de Salvorón y en la Vega de Arriba. Preceden el complejo entramado de cuestas, riscos, contrafuertes y circos que constituyen la vertiente Norte de este rincón de la Cordillera. En uno de los circos que alimentan las distintas riegas que se precipitan sobre sus respectivos valles, se esconde el Lago de Salvorón. Alimentado por uno de los manantiales que nutre el arroyo de Salvorón, se halla constreñido por las reducidas dimensiones del pequeño cuenco que lo cobija. La hermosura de este apartado rincón del circo en que se integra, excede de la simple belleza del pequeño lago. Los Macizos Central y Oriental se muestran en toda su plenitud. Un caótico agolpamiento de esbeltas torres calizas irrumpe sobre uno de los circos glaciares más bellos. El contraste entre bosque, praderías, puertos, vegas y un mundo de pura caliza es una de las mil maravillas que encierra el heredero del primer Parque Nacional de España. La lejanía muestra una naturaleza modelada por la mano del hombre. Los aprovechamientos tradicionales son los responsables de esta conjunción de ecosistemas. Esta perspectiva global enmascara el modelo de explotación agresiva que gira entorno a Fuente Dé. Se nos ofrece una naturaleza salvaje e inaccesible. Montañas que se yerguen majestuosas sobre una fortaleza cárstica de ingentes proporciones. Alta montaña en estado puro.
Las distintas ascensiones a las más modestas cumbres de la Cordillera Cantábrica implican una actividad montañera más exigente que la fraudulenta conquista de las degradadas torres calizas del Macizo Central, al tiempo que encierran unas panorámicas de excelsa belleza. Han destrozado la alta montaña de los Picos de Europa, para llevar el turismo a disfrutar de un entorno adulterado, yermo y sin encanto; cuando con una sencilla ascensión de hora y media se disfruta de un entorno de ensueño entre bosques, vegas, praderas, ríos y lagos. Al final no es una cuestión de facilitar el acceso del público a la montaña, sino de desarrollar un modelo de explotación que se basa en un falso reclamo que atrae a los que no saben lo que buscan.
El complemento de tan idílico recorrido puede encontrarse en el largo recorrido por las distintas cumbres de este tramo de cordillera. Las suaves laderas de la vertiente Sur, son el contrapunto a los escarpados contrafuertes que se descuelgan por la vertiente lebaniega. La oscura roca contrasta con la blanca caliza de los Picos de Europa. El terreno cárstico tiene también su representación en una sorprendente crestería de deslumbrante belleza. La panorámica no se constriñe a la omnipresente compañía visual de los tres macizos de los Picos de Europa. Una gran variedad de cordales se agolpan en todas las direcciones. Desde esta sucesión de atalayas, se disfruta de una magna representación de la variedad de formaciones montañosas que configuran la Cornisa Cantábrica.

Descripción:
Accesos
En la villa de Potes (Valle de Liébana) se toma la carretera de montaña que sigue el curso ascendente del Río Deva. Más conocida como carretera del teleférico, por morir en esta infraestructura turística ubicada en el circo de Fuente Dé, consta de unos veinte kilómetros.
El último pueblo que se encuentra en el camino es el de Espinama, a escasos tres kilómetros de Fuente Dé. Doscientos metros más arriba se toma el desvío que baja a Pido.
Pido - Lago de Salvorón (2 horas)
Los pueblos de Pido y Espinama comparten las praderías de la cabecera del Valle de Liébana. Éste se asienta en la margen izquierda del río Deva; por su parte, el pueblo de Pido se encuentra en la margen opuesta.
A la entrada del pueblo nos recibe una casa aislada por la carretera. Cabe evitar la marcada revuelta por la rampa hormigonada del lateral de la edificación. Se cruza el asfaltado, para seguir de frente por una calle de fuerte pendiente. El piso, también hormigonado, está profundamente deteriorado. Las viejas construcciones de piedra del primitivo pueblo conviven con bellas casas arregladas. Por el contrario, las modernas viviendas parecen romper la identidad de Pido. Una gran edificación con grandes cristaleras, en cuyo interior cuelgan pesados focos, comparte la finca privada de una nueva residencia. Las trabajadas huertas de los vecinos parecen desmerecer ante el rabioso verde de las fina superficie de las fincas segadas milimétricamente.
La calle se va desvaneciendo. Va girando a la derecha, acercándose a las grandes tenadas de las afueras. Recibe un ramal por la izquierda. El piso pasa del rugoso hormigón al deslizante asfalto. La antigua pista (hoy carretera) discurre entre la línea de bosque y las praderías del pueblo. Llega a una quesería. Entorno a la nave principal se extienden los cercados en que se recogen las cabras. Una legión de mastines se encarga del cuidado de los rebaños.
Nada más pasar el complejo quesero, se coge la pista que sale a mano izquierda. Se adentra en el valle del río Las Bárcenas (Sur). El primer tramo es un plácido paseo entre avellanos, robles y algún haya. Delimita la sucesión de vastas praderías que se agolpan a orillas del río.
Pronto empieza a remontar por las laderas boscosas de la margen izquierda (sentido ascendente de la marcha) de este curso fluvial. A medida que se va ganando altura el haya acapara todo el protagonismo. Se llega a un prado cercado. La pista empieza a subir por su izquierda, inestablemente suspendida en el talud que va argayando sobre la condenada campera.
Durante el ascenso se han ido viendo ramales secundarios que se desgajan de la pista principal. Pronto se llega a la bifurcación más relevante. Se desecha la pista de la derecha, que baja hacia el cauce del río. Simplemente decir que se une a la que sube a la Vega de Arriba.
El valle del río las Bárcenas se abre en abanico. Por las distintas vaguadas individualizadas se deslizan los arroyos que alimentan aquel curso de agua. El frondoso bosque impide distinguir con nitidez la configuración del terreno; mas, encauzados en la caja de la frecuentada pista, no podemos errar la dirección correcta. Las mismas laderas que se vienen faldeando configuran el valle del río Salvorón. Este valle serpentea ligeramente, desviándose en curva (Sudeste) de la línea trazada por el río las Bárcenas.
El río Salvorón deleita el oído con su acompasado discurrir. Rara vez se muestra al atento montañero. Salvo breves apariciones entre la arboleda, sólo es vulnerable al atravesar una alargada pradería. El abundante pasto ocupa una importante extensión del primitivo bosque. La loma que delimita el valle por el Este presenta un tramo de matorral libre de la presión forestal. La vaguada gira ligeramente, recuperando la orientación Sur con que se iniciara el ascenso por el valle del Río las Bárcenas.
Se retorna momentáneamente a la compañía del hayedo. Tras un breve descenso la pista goza por primera vez la compañía del río. Apenas un suspiro, pues lo cruza y remonta por el centro de una extensa vega. El bosque cede definitivamente terreno. Al Sur se eleva un cerro asentado sobre una franja de escarpados contrafuertes.
La pista muere en una segunda vega. La solitaria cabaña de Salvorón es la única construcción que se conserva en pie. Se halla sobre una suave loma que domina el valle del río Salvorón. Al Norte irrumpen las prominentes torres calizas de los Picos de Europa. El Valle glaciar del río Duje desgaja los macizos Central y Oriental.
El Lago Salvorón se esconde en un circo de ingentes proporciones que se intuye al Sur. En esta dirección ha de continuarse. Bastaría seguir el curso del incipiente arroyo que, en esta vega, parece confundirse con las zonas de llamarga que lo rodean. Pero este joven torrente ha erosionado de tal forma el terreno que ha dado vida a dos pequeños cañones. El primero quiebra las lomas morrénicas que cierran la vega por el Sur. El segundo de los cortes, más atrás, se erige en el punto de confluencia de dos prominentes barreras rocosas que se descuelgan de las cuestas que delimitan el circo del Lago de Salvorón. Se trataría, en definitiva, de la puerta de entrada a esta profunda hondonada. Entre ambos desfiladeros existiría una tercera vega, donde se malconservan los restos de un gran corro. Vegas, lomas y cuestas configuran la riqueza ganadera de los puertos de Salvorón.
Se pasa junto a la cabaña de Salvorón y se continúa hacia el Este. Entre unas rocas perviven vestigios de un viejo reducto pastoril. Los grandes bloques que formaban la estructura troncal han resistido inmóviles el paso de los años y el profundo abandono. La tendencia hacia el oriente es testimonial, pues lo que se pretende es bordear por este lado las cuestas recubiertas de matorral que cierran el pequeño desfiladero. Siguiendo las múltiples veredas del ganado se llega a la vega intermedia entre las marcadas quebradas que ha originado el reseco arroyo.
La abertura que da paso al circo se traspasa por el centro. Traspuesta la quebrada se toma una senda que gana altura por las laderas de la derecha del río. A esta mano hay que desviarse para llegar al lago.
El Lago de Salvorón es una lágrima que se recoge en un rincón del ingente circo que le acoge. Se alimenta de un abundante manantial colindante que brota a borbotones entre la tierra. La pequeña cuenca en que se ha recluido es casi una planicie. El lago tiene que aprovechar la superficie vegetal arrasada por la fuerza erosiva del agua corriente. Su lecho pedregoso está recubierto por una fina capa de agua. Mas que la belleza de la cristalina charca, es el entorno el verdadero encanto de este recóndito rincón. La omnipresente silueta de las escarpadas torres de los picos de Europa, configura un marco de sublime hermosura.
Lago de Salvorón - El Escaño (1 hora 30 minutos)
Siguiendo la enorme loma que delimita el circo del Lago Salvorón por el Este se corona la cuerda cimera de este sector de la Cordillera Cantábrica. Esta opción es más interesante si lo que se pretende es ascender al Coriscao, que se oculta detrás del punto somital de esta interminable cuesta. Sin embargo representa un largo rodeo para subir a la cima del Escaño, al Oeste del lago. La cerra que delimita el circo por el poniente se interpone en nuestro campo visual.
Se toma dirección Sur, por plena vaguada. Quizás halla que desviarse ligeramente a la izquierda, una senda asciende suavemente entre el matorral rastrero. Atrás se va dejando el pequeño lago. La vereda se va perdiendo paulatinamente. Los suaves relieves del fondo de la hondonada dan paso a una pendiente ladera que se eleva hacia la collada que cierra el circo por el Sur. Se remonta directamente. Antes de acometer la zona más pindia, hay que desviarse a la derecha a un difuso canto que viene configurando la cuesta de subida. En su punto superior, bajo los contrafuertes de la cuerda cimera, se coge una senda. Se inicia una larga travesía (Oeste), separada de la línea somital de la cordillera por las agrestes peñas que caracterizan su vertiente Norte. Entre el matorral crecen miles de plantas de arándanos. En el fondo del circo, las aguas del lago toman un tono azulado. La imponente presencia de los Picos de Europa sigue marcando las distancias.
Al llegar a un embudo de oscura gravilla, donde brota un manantial que nutre una incipiente riega que se precipita sobre la hondonada que cobija el lago, se da por finalizada la travesía. La fina grava se desprende de una peña oscura y putrefacta que preside el embudo de salida. Se gana la collada de su derecha, alcanzando la cuerda cimera de este sector de la Cordillera Cantábrica. Las peñas, cuestas, graveras y las inclinadas laderas se transforman en una suave alfombra de amarillento pasto que se extiende por toda la vertiente sur de la Cordillera.
Se sigue toda la línea del cordal. Destaca la cumbre del Escaño. Su cúspide culmina la escarpada vertiente oriental, vertiginosas escarpaduras de roca oscura y descompuesta. El Coriscao queda a nuestras espaldas. A su derecha, en la lejanía, la negra montaña de Peña Prieta.
Siguiendo el límite del Parque Nacional de los Picos de Europa, se baja a la Collada de Bragatesa (1.934 m.). Vasta collada donde brota el agua por todos los rincones. Es la antesala de la ascensión a la primera cumbre del día. Un cotero se interpone entre la collada y El Escaño. Para suavizar la ascensión se puede seguir el camino que, marcado en la gravera, lo bordea por la izquierda. En este caso ha de tenerse mucho cuidado, pues este promontorio es un vértice, donde el cordal gira al Noroeste. Este flanqueo confunde al montañero, pues pierde la referencia de la cuerda cimera.
Siguiendo la cresta se alcanza la cima del Escaño (2.106 m.). Un cierre impide al ganado que pasta en las suaves laderas sureñas de la cordillera acercarse a los descompuestos despeñaderos de la vertiente opuesta. Desde la cumbre se goza de una amplísima panorámica. Dentro del Macizo Central empiezan a destacarse las Peñas Cifuentes, con especial protagonismo de la Torre Salinas; no obstante nuestro cordal va desviándose paulatinamente hacia el Caben de Remoña, al pie de esta esbelta montaña, donde se inició la exploración de los Picos de Europa.
Más interesante, en cuanto a la ruta que nos ocupa, es la vista aérea de los distintos valles que confluyen en el de el río las Bárcenas. Desde esta perspectiva se descubre el ondulado serpenteo del arroyo de Salvorón. Otra de las vaguadas secundarias que acapara nuestro interés es el que sube a la Vega de Arriba. En esta campera destaca un aislado chozo. Se encuentra peña abajo, en los lindes del bosque. Todo el cresteo que se inicia en el Escaño delimita el circo que envuelve esta recogida vega.
De Fuente Dé, no queda nada que decir. Los entusiastas usuarios del teleférico nunca entenderán que lo que van a disfrutar ya no existe. Quien busca hermosas vistas se equivoca; quien busca altas montañas también se equivoca. Tal vez sea yo quien me equivoque, mas que nadie me despierte de mi error. El Escaño es una montaña que se encuentra a años luz de esta concepción del montañismo. Esta distancia no deja ver las profundas heridas abiertas en la alta montaña de los Picos de Europa, presentando una imagen idílica de la verdadera grandeza de estas montañas.
El Escaño - Altos del Mostajal - La Bejerina (1 hora)
Del Escaño se pasa a los Altos del Mostajal (2.081 m.). Se trata de un largo cresterío cárstico que emerge en mitad de un mundo de vastos pastos y rocas de oscuras tonalidades. El contraste entre las vertientes Norte y Sur es, si cabe, más acusado. Las suaves laderas sureñas ceden ante el pujante afloramiento calizo, si bien presentan un desnivel no demasiado acusado. La vertiente Norte, por su parte, está cortada a tajo. Va formando un semicírculo que envuelve la Vega de Arriba. Una compacta aguja se desgaja de la torre cimera. Por el Sur desciende el valle del Escaño. Nace en los pastos de esta montaña, deslizándose suavemente hacia una marcada revuelta de la carretera de Pandetrave. Un pequeño cordal separa este valle del de Luriana, que arranca de la misma cima del Coriscao. Sobre éste se yergue el dentado y escabroso conjunto del Pico Vallines.
El último pico del calizo cresterío esconde una covacha, protegida con un muro. Una falla del terreno conduce a su cima. En este punto el cordal vuelve a orientarse hacia el Norte-Noroeste. Se baja a una vasta collada (1.924 m.), desde la que se acomete la ascensión al Alto de la Bejerina (1.977 m.). El conjunto consta de dos cimas. Muros, trincheras y castilletes de piedra parecen el mudo testigo de nuestra vieja guerra.
Alto de la Bejerina - Collao la Bejerina - Vega de Arriba (1 hora)
Del collado que se interpone entre la doble cima de la Bejerina, se desciende por la vertiente oriental. Enseguida se enlaza con una serie de senderos que atraviesan desde la amplia collada desde la que iniciáramos la ascensión a La Bejerina y el Collao a que estas cimas dan nombre.
El Collao La Bejerina (1.851 m.) se encuentra al Noreste de la cima homónima. Precede a una loma adosada a un peñasco calizo. Su cara Sudeste sorprende por el desplomado paredón. Con el descenso hasta la collada se ha completado el amplio rodeo por lo cimero de este sector de la Cordillera Cantábrica (El Escaño - Alto de la Bejerina), cerrando al valle en que se recoge la Vega de Arriba. Un último vistazo a la hermosa silueta de la Torre Salinas y se inicia el descenso al fondo del valle.
Se evita la vaguada que se descuelga desde la misma collada (Sudeste), salvo que nos sorprenda la niebla. Es directa, pero bastante pindia. Una serie de senderos cruzan en travesía bajo los Altos de la Bejerina (Sur). Estas sendas del ganado se dirigen a una reducida campera que se resguarda al amparo de la vertical muralla de los Altos de la Mostajal. Una línea de canchal se descuelga desde estas paredes a morir al pie de la veguca.
En plena travesía se encuentra un manantial. Forma una embarrada poza. Un fino reguero de agua se desliza por una falsa vaguada. Digo falsa porque se difumina entre el matorral, siendo menos evidente que las dos que nos interesan. Una es la que nace en el mismo Collao de la Bejerina; la otra es la que se coge al llegar a la misma vertical de la vasta collada que separa los altos de la Mostajal y de la Bejerina. Se baja directamente por ésta. Por su cauce discurre una incipiente riega. Aunque presenta tramos de llamarga, el fondo de la empinada valleja se ve libre del matorral.
El fortísimo descenso concluye al confluir la vaguada de descenso con la que baja rectilínea desde el Collao de la Bejerina. Las dos riegas unidas, dan vida a un pequeño arroyo que se cuela en un apretado y chico desfiladero. Veredas del ganado permiten evitarlo por su margen derecha. Un corto rodeo para retornar al cauce de la riega. Se sigue por su orilla (algún tramo muy tomado por plantas arbustivas puede bordearse de nuevo por la derecha, pero sin perder nunca la referencia del torrente).
Hasta un pequeño rellano ha rodado una roca desprendida del cotero calizo que delimita el Collao la Bejerina. Al pie de los desplomes de este peñasco se asienta una cuenca de buen pasto. La campera se halla parcialmente recubierta por el canchal desgajado en tiempos pretéritos del afloramiento cárstico. De la recogida vega baja una vaguada que, en el rellano jitado con la aislada piedra, se une al valle que emboca a la Vega de Arriba.
Se afronta el último desvío a través de las laderas de matorral de la margen derecha del arroyo. Se cruza un torrente que se descuelga resquebrajando el oscuro peñasco que se alza en la cúspide de las tomadas laderas que se atraviesan. Brezos y arándanos dan paso a servales y hayas, avanzadilla de una mancha forestal a cuyos dominios se empieza a retornar. Un buen camino entra en la Vega de Arriba. Al final de la campera, no lejos de la orilla del arroyo, aguarda el solitario chozo.
Su emplazamiento es envidiable. Domina otro pequeño cañón de la tumultuosa riega. Entra en una vasta campera, rodeada de un hermoso hayedo. Por sus entrañas discurren las rodadas de una frecuentada pista. Al fondo, recortándose en el horizonte, el agreste perfil de un macizo mineral explotado hasta la última piedra. Caliza y bosque, Picos de Europa y Cordillera cantábrica, dos universos geológicos desgajados por la fuerza erosiva de un modesto río: el Deva.
Vega de Arriba - Pido (1 hora)
Pasando por la derecha del chozo de la Vega de Arriba se toma la pista que baja a la quesería de Pido. Se adentra momentáneamente en el bosque. Serpentea por una inclinada ladera y entra en una pradería mucho más extensa que la que se acaba de dejar. Se cruza el arroyo y se siguen el trazado de la pista por el centro de la alargada vega. La pista ha tenido que desdoblarse para evitar una zona encharcada donde se hunden los todoterreno.
La bajada va a seguir la misma tónica. Los recogidos recorridos al abrigo del abierto bosque de hayas, se interrumpen frecuentemente al entrar en camperas de irregular extensión. En estos claros ganados por los lebaniegos al monte, se goza de la compañía visual de las blancas torres que presiden los cielos cántabros. El abrigado circo glaciar de Fuente Dé, sigue enamorando cuantas veces se quiera contemplar.
Al igual que sucediera durante la subida a los Puertos de Salvorón, de la pista principal se desgajan multitud de ramales secundarios. Lógicamente no hay mayor problema de confusión. Sí ha de destacarse la misma pista a que se hizo alusión en su momento. En pleno descenso, se llega a una revuelta muy amplia. En pleno giro sigue una pista de frente. Se continúa por ésta, pues la de la derecha cruza el río por un puente que se llega a ver entre la arboleda, y remonta por las laderas de la margen derecha del valle para enlazar con la de Salvorón.
El lento descenso prosigue por las intermitentes laderas boscosas de la margen izquierda del río Las Bárcenas. Camperas abiertas, o cercadas para recoger los rebaños de cabras, matizan la monótona mancha forestal. El descenso va tocando a su fin. Sobre el imponente farallón que se yergue sobre el circo de Fuente Dé, emerge Peña Olvidada. Su cima ofrece su perspectiva más característica. Las suaves ondulaciones semicubiertas de pasto de su meseta somital, penden en estable equilibrio sobre las abismales verticalidades que las sustentan. La luz del atardecer tiñe de un rojo fuego el bello torreón. Una fresca brisa se apodera del valle, invitando al montañero a regresar a los cálidos pueblos lebaniegos del entorno.
La pista muere en el tramo asfaltado de la quesería. Unos metros a la izquierda se ve otro ramal que baja por el valle del río Cantiján. Viene de la pradería de Pesandobres (aunque la pista propiamente dicha se convierte en un perdido camino en las cuestas de la margen izquierda de este río). Las demás pistas que pueden encontrarse si se sigue el ramal asfaltado hacia el Norte, enlazan en los invernales de las Berrugas con la pista Fuente Dé - Valcabao - Pandetrave ( de la que se desgaja un ramal que sube a Somo por los chozos de Pesandobres y Bustantivo).
Al llegar al duro asfalto, se gira a la derecha, cruzando por un puente el cauce del río Las Bárcenas. Delimitando las praderías de su margen izquierda baja la pista de Salvorón, con la que se confluye en la quesería de Pido. Con el circuito completado se baja tranquilamente hasta el pueblo.