SOTRES - COLLAO PANDÉBANO - MAJADA LAS MOÑAS - CABEZA LAS MOÑAS - CABEZO TORTORIOS - COLLAO CAMBURERO - CUEVA DEL HIELO - COLLAO CAMBURERO - JOU DEL CARNIZOSO - COLLAO VALLEJO - LA TERENOSA - COLLAO PANDÉBANO - SOTRES (semicircuito)
Punto de partida: Sotres.
Duración: 8 horas - 8 horas 30 minutos.
Desnivel: 1.300 metros.
Dificultad: fácil. El circuito en sí es bastante sencillo; no obstante, he preferido forzar la complejidad de la ruta para evitar que principiantes no acostumbrados a desenvolverse en la montaña se aventuren por el sector del Jou del Carnizoso. Este interesante rodeo previsto para el descenso, encierra todos los atractivos de la alta montaña de los Picos de Europa y, por tanto, las dificultades intrínsecas a este tipo de terreno predominantemente calizo.
Con todo, es posible decantarse por alternativas más sencillas. En este sentido se apuntará una variante para el descenso. Siempre será posible regresar por el mismo lugar por el que se efectuó la subida, mas quede reseñada la posible alternativa para idear otros recorridos por la zona. La variante que se apuntará transcurre por un rectilíneo canalón que baja directo del Collao Camburero a las Vegas de Sotres. Añadiendo apenas unos párrafos, se consigue perfilar un recorrido menos comprometido, ideal para principiantes. Además, no supone desentenderse de la posibilidad de acercarse hasta la Cueva del Hielo, pues, en ambos casos (en el semicircuito recomendado o en el circuito alternativo), el desvío hasta esta interesante cavidad es perfectamente factible, aunque opcional.
Esta ruta no requiere el empleo de otro material de montaña que el normal para una salida estival; no obstante, si se quiere bajar hasta la Cueva del Hielo, se recomienda el uso de piolet y crampones. Una lengua de nieve se extiende por toda la rampa de entrada. Aunque va retrocediendo a medida que avanza el verano, no llega a derretirse por completo. Además, el suelo de la boca de entrada a la cueva está formado por una gruesa capa de hielo. El piso es tan deslizante que, pese a ser casi plano, dificulta enormemente cualquier movimiento.
Características: La cumbre más emblemática de este sector del macizo es Peña Castil. Aunque la Cabeza las Moñas es mucho más modesta en cuanto a su altura, goza de una más amplia panorámica. Al erigirse aquella cima en una de las montañas prominentes de la zona, desfigura la silueta de las torres circundantes. Siempre se ha destacado a Peña Castil como una bella balconada para contemplar la mole del Picu Urriellu. Al hallarse a alturas similares, la silueta de este monolito se empasta con las torres circundantes. La Cabeza Las Moñas permite contemplar una silueta individualizada del Picu. Domina la majada del mismo nombre, ofreciendo un encuadre a vista de pájaro, enmarcado con las esbeltas figuras del Neverón de Urriellu y los Albos. Las vistas desde esta atalaya natural conjugan armoniosamente los verdes pastizales alpinos, con la desnuda caliza que emerge en el corazón del Macizo Central. Un hueco queda para contemplar el pueblo de Sotres. Las Sierras menores del Macizo Oriental se agolpan en el horizonte, resaltando la placidez del mosaico de praderías que se extienden por la vasta hondonada en que se resguarda este pueblo de montaña. Una bella planicie de vastas praderías, delimitadas por geométricos cierras de piedra, se interpone en pleno valle glaciar del río Duje. Los cuidados invernales se agolpan en un rincón de la rica llanada. Casi mil metros de desnivel separan la Cabeza de las Moñas de la cuenca del río Duje. Estos aprovechados prados contrastan con los agrestes canalones que se descuelgan del Macizo Oriental.
La mole del Picu Urriellu acompaña al caminante en su travesía hacia el Jou del Carnizosu. Esta variante de descenso permite adentrarse en los vestigios glaciares del pasado remoto de los Picos. El fondo del jou se halla tomado por una fina capa de vegetación. Una compacta mole preside la depresión, acaparando todo el protagonismo a medida que el monolito del Picu, se va ocultando tras la Morra del Carnizosu.
La Cueva del Hielo es la puerta de entrada a las entrañas de un macizo hueco. Todo el subsuelo de este conjunto cárstico es una sucesión de simas, cuevas, sifones y galerías. Las aguas de la lluvia se cuelan entre la porosa caliza y se deslizan por este entramado laberíntico de vasos comunicantes. Rebrotan al exterior en abundantes manantiales que nutren los ríos que van a dar a la mar. Sin embargo, el encanto de la Cueva del Hielo se queda en su gran boca de entrada. La gruesa capa de hielo que se extiende a lo largo de la voluminosa sala que precede a la gruta, unido a los helados chupitos que cuelgan del techo de la oquedad en los meses más gélidos, son los atractivos que han llevado a los simples montañeros ha interesarse por esta cavidad.

Descripción:
Accesos
El desvío al pueblo de Sotres se toma en Arenas de Cabrales (carretera Cangas de Onís - Panes). A cinco kilómetros de aquella villa se encuentra el embalse de Poncebos. Pasado el túnel que se halla a la cabecera del embalse, la carretera se desvía a mano izquierda, adentrándose en el desfiladero del río Duje. Tras unos once kilómetros de desigual subida se llega al pueblo de Sotres.
Sotres - Invernales del Tejo - Collao Coaceña - Canero - Collao Pandébano (1 hora 15 minutos)
Se retroceden los brutales quinientos metros de carretera que preceden al pueblo. Al llegar a la Concha el Pradón se coge una pista que desciende a mano izquierda (en plena revuelta de la carretera). La corta bajada lleva a un pequeño cañón. Esta formado por al riega que se descuelga por el Canalón de Braniella. Apenas lo cruza e inicia un corto repecho de unos metros. En la primera curva se sigue de frente, entrando por un abandonado camino que pasa junto a un invernal. Enseguida se deja el trazado del viejo camino, continuando en descenso por un sendero de barro, interrumpido por un ramal de la pista principal, a la que se regresa unos metros más abajo (a la salida de los Invernales del Tejo).
La pista fue concebida para el uso exclusivo de los vecinos de la zona. Las señales fueron ignoradas sistemáticamente durante años. El vigente Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional de los Picos de Europa incide en la prohibición de circular por la mayoría de las pistas que se internan en el Parque, entre las que se incluye la que ahora se describe.
Cruza el cauce del río Duje. Unos metros río abajo se conserva el viejo puente de piedra que salvaba el curso de este río. No lejos de éste, entre los avellanos, brota un abundante manantial que vierte al Duje por su margen derecha. Se asciende por la pista principal. Nuevamente, en el primer giro pronunciado a la izquierda, se deja su compañía. En plena curva se retoma el trazado del viejo camino de Pandébano. Se adentra en un bosquete, sirviendo de linde a una pradería. La exuberante vegetación se va adueñando de su trazado. El desuso se ve compensado con esporádicas labores de limpieza que evitan su total deterioro.
El camino se retuerce en continuos tornos. La tendencia es la de mantener un desnivel asequible, no ha de olvidarse que por este viejo camino se bajaban las cargas de hierba resultantes de la siega de las praderías del entorno de Pandébano. El tránsito de burros con desiguales bultos era frecuente. Sino camino de comunicación de un pueblo, sí servía para dar servicio a un conjunto de importantes invernales.
Remonta una canaluca y sale a una zona de nuevas praderías. Junto a un invernal se toma un trozo desgajado de un ramal secundario de la pista principal. Se remonta a la izquierda para regresar a ésta. El camino antiguo subía directo al Collao Coaceña. Cuando aún no existía la pista, este tramo que ahora se obvia estaba muy tomado. Los lugareños se valían de una vereda que atravesaba las praderías. Dando un pequeño rodeo se evitan conflictos con los dueños de estos prados, que no veían con buenos ojos el paso de extraños, máxime desde la construcción de la pista.
Traspuesto el Collao Coaceña, junto al cueto que le da nombre, en cuya base se cobija algún invernal, se inicia un tramo de suave descenso. Esta tónica se mantiene hasta llegar a una nueva bifurcación. Se toma la pista de la derecha, y se retoma el sentido ascendente. La pista troncal, de la que se desgajan ramales secundarios, presenta un ancho considerable. Llegó a decirse que era la caja de una futura carretera que comunicara el pueblo de Bulnes a través del Collao Pandébano. En todo caso, este entramado de pistas responde a una política de concentración parcelaria que se aplica en toda Asturias.
Se pasa bajo una importante concentración de cuidadas invernales. Da la impresión de ser un antiguo pueblo abandonado. Algunas de sus construcciones pueden considerarse como auténticas casas.
A este conjunto se le llama La Robre. Se resguarda en la falda sudoriental de Peña Maín. A través de la quebrada que corta la peña que se alza sobre los invernales, serpentea un sendero que remonta hasta la majada de Sotarraña.
Aún restan por subir unos doscientos metros. La pista va girando, iniciando un largo flanqueo por sus laderas norteñas. En la cabecera del valle se ha habilitado un aparcamiento clandestino / consentido. En el punto más elevado se abandona su compañía. Se sube por pleno pasto, en dirección al farallón calizo de Peña Maín. En la falda de esta sierra se encuentran los invernales de Canero. Entre estas dos cabañas mana una fuente donde pueden rellenarse las cantimploras. Más adelante será muy difícil encontrar agua. En Canero se coge una vereda que se cuela entre los contrafuertes de Peña Maín. Sube a la majada de Groseda, que se asienta en una hondonada de pasto por encima de la franja caliza.
Un entramado de marcadas veredas se entrecruzan. Transitan a media ladera por las faldas sudorientales de Peña Maín. Son los vestigios de la antigua calzada empedrada que devola el Collao Pandébano en busca del escondido pueblo de Bulnes.
El Collao Pandébano (1.218 m.) es una vasta collada. Forma parte de una línea de suaves lomas que desciende desde lo alto de las Moñas. Por el Norte se eleva la Sierra de Peña Maín. Al Oeste se recortan las siluetas del Neverón de Urriellu y de las Torres Areneras y Los Albos. El monolito del Naranjo de Bulnes apenas deja entrever su cúspide somital. Las laderas que se descuelgan de la cordillera a que nos dirigimos oculta su bella figura.
Collao Pandébano - Majada Las Moñas - Cabeza las Moñas (2 horas)
La majada de Las Moñas se esconde tras la collada que se dibuja en la línea cimera de la cordillera que se eleva al Sur del Collao Pandébano. La montaña que sobresale a su izquierda, en un plano ligeramente posterior, sería la Cabeza Las Moñas (en realidad su cima principal es algo más alta, pero este promontorio impide que se divise desde nuestra posición). De la collada que da paso a la majada se descuelga un canalón que desciende cortando las laderas norteñas de la sierra. El camino de la majada busca esta evidente línea de subida.
Se remonta toda la loma que delimita el Collao Pandébano por el Sur. A mitad de subida nuestra vereda se une a una mala y empinada pista que sube directa desde el antiguo aparcamiento clandestino. Lo que hoy parece una pista no eran más que un par de rodadas de los todoterreno que daban servicio a la majada de La Terenosa. La construcción de un camino de herradura hasta las entrañas del Macizo Central de los Picos de Europa sirvió para encauzar el turismo de montaña (y no tan de montaña) hacia la Vega de Urriellu. Las obras se justificaron como un avance para el montañismo asturiano (¿desde cuándo vencer la montaña a base de tecnología va en beneficio de una actividad que se dice deportiva y respetuosa con el medio?). La concentración parcelaria fue utilizada por estos pseudomontañeros y turistas para llegar con sus vehículos a la zona de media montaña. Llegaban en la mayoría de los casos con un desconocimiento total. El camino de herradura, abierto en la peña a base de voladuras, y las pistas de concentración parcelaria, habían alterado la antigua red de caminos que unían majadas e invernales. Al dejar sus coches en el aparcamiento se encontraron con las rodadas del todoterreno que daba servicio a la Terenosa. No hicieron más que seguirlas. La atracción del Picu Urriellu, adulteradas y violadas las barreras naturales que la propia montaña imponía, propició una continua afluencia de gente cuyo único interés era disfrutar de un menú a dos mil metros, al pie de una montaña emblemática (lamentablemente el símbolo que vienen a admirar hace años que ha degenerado en una escuela de escalada con derecho a pensión). La creciente masificación ha ido compactando el terreno, convirtiendo lo que no eran más que unas rodadas en una auténtica pista.
Superado el duro repecho se alcanza una segunda collada. Sino tan amplia como el Collao Pandébano, sí ocupa una buena extensión. A mano derecha, a nuestra altura, se encuentran las arregladas cabañas de La Terenosa. Al Este se sigue disfrutando de la compañía visual del pueblo de Sotres.
Se mantiene la dirección que se traía y se cruza en toda su integridad la campera a que se ha llegado. Sin llegar a la línea de cuesta (laderas tomadas por forrajes groseros y brezales), se aprecian veredas del ganado que salen a la izquierda. Se dirigen a un bebedero que se ve a esta mano. Encima del bebedero se encuentra un coteruco con escasos afloramientos calizos. Es el punto inferior de una sucesión no lineal de lomas morrénicas. Delimitan el canalón que se descuelga de lo alto de la sierra por su derecha (sentido ascendente de la marcha).
Atravesada la campera que tapiza la collada donde el sendero se desvía hacia la majada de la Terenosa, se acomete la vasta cuesta que se eleva hacia el Sur. Sin un evidente camino a seguir, se asciende directamente. Protegida por el coteruco que preside el bebedero, se forma una pequeña hondonada de rico pasto, donde suelen resguardarse un buen número de ovejas. Se continúa ganando altura entre el incordiante matorral rastrero que se extiende por toda la ladera. Al fin se encuentran rastros de sendas que se desvían a la izquierda. Entran a la loma morrénica superior, ligeramente desviada de la línea de subida que se sigue desde la collada.
Se sube por toda la llomba, por la derecha del marcado canalón que remonta hasta lo cimero de la sierra. La panorámica se restringe al pueblo de Sotres y a la majada de La Robre. Peña Maín y las sierras menores del Macizo Oriental completan el reducido campo visual. Hacia el Noroeste se va perfilando la profunda tajada de la Canal del Tejo, que recoge las aguas que se deslizan por las vaguadas que ondulan las praderías segadas de la Terenosa.
En la parte final de la empinada morrena, ésta se desdibuja en un canto difuso en que afloran los primeros peñascos calizos. Momentáneamente se pierde la línea de subida. La senda, que cada vez se vuelve más evidente, se desvía a la cuesta de la derecha. Gana altura rápidamente. Pronto regresa al canto superior de la morrena que se ha remontado. Apenas lo dobla, se encamina al fondo del canalón de referencia. Se adentra en éste aprovechando su estrechamiento superior. Se retuerce entre las peñas que delimitan el breve cañón. Sale a terreno más abierta. Amplias laderas de pasto se ven interrumpidas por pequeños contrafuertes y alargadas pedreras que se descuelgan desde las peñas cimeras. El trazado del viejo camino de la majada mantiene un desnivel constante, pero no duro. El canalón ha degenerado en una vasta y heterogénea vaguada que dificulta la identificación de una línea evidente de subida. Cuando se desvía hacia la derecha, sirviéndose de una breve valleja pedregosa; cuando gira y atraviesa al lado opuesto de la ladera. Trata en definitiva de suavizar el fuerte desnivel de la sierra.
Alcanza la collada que da paso a la majada de Las Moñas, con una desviación bastante considerable hacia la derecha. Este dato ha de tenerse en cuenta para el descenso, pues la subida va encauzada por el curso terroso del marcado sendero. La majada de Las Moñas (en torno a los mil ochocientos metros de altitud) se extiende a lo largo de una vasta vaguada de pastizal de alta montaña. Esta alargada hondonada se asienta en la cuenca superior de la compacta cordillera que irrumpe al Sur del Collao Pandébano. La vaguada se va desdibujando a medida que se encamina a las suaves laderas de Los Tortorios. De la antigua majada sólo queda un buen número de ruinas. Sus techos estaban cubiertos de teja, como se desprende de la triste visión de una arrinconada cabaña que aún mantiene una inestable parte de su techumbre en pie.
He dicho en el párrafo precedente que ha de tenerse en cuenta el desplazamiento del sendero con respecto a la majada. Cuando se baja de Los Tortorios se siguen sendas que encauzan al montañero en la vaguada de la majada. Cuando no se conoce la bajada, la misma configuración del terreno invita a devolar la collada y tirarse ladera abajo. Sin embargo, al llegar a las últimas ruinas de las Moñas, sin trasponer la boca final de la vaguada, ha de salirse en suave ascenso totalmente a la izquierda. Sigue la travesía, ya en llano, por la vertiente que cae sobre el valle vertebrado por las pistas de concentración parcelaria, en el que destaca la majada de La Robre. El descenso por la cuenca superior del canalón de subida ya cuenta con la buena referencia de un camino bastante frecuentado. Con todo, he de reseñar que la pérdida del camino de la majada no es problemática, pues las mismas laderas encauzan al montañero hacia las pistas de la parcelaria. De ahí que se trate de un terreno ideal para principiantes, con unas mínimas nociones de orientación.
La subida a la Cabeza Las Moñas puede hacerse directamente desde la majada. La cima preside las pedregosas laderas que delimitan la vaguada que acoge las ruinas de las viejas cabañas por la izquierda (sentido ascendente de la marcha). Algo más cómodo sería seguir el fondo de la hondonada. Se encamina en dirección a una collada que se forma entre el cabezo Tortorios y un cueto redondo de pura llambria que se destaca a su derecha. Por detrás de aquel cabezo sobresale parcialmente la mole de peña Castil. Sin embargo, una barrera rocosa interpone en la línea de la vaguada, desplazándola hacia la izquierda. Muera en los suaves relieves de una extensa collada de campera que se intercala entre la Cabeza las Moñas y los Tortorios. Cuelga sobre las paredes que se precipitan sobre la majada de Carbanal.
Aunque la primera opción apuntada es más costosa, a medida que se va ganando altura van emergiendo las siluetas del Neverón de Urriellu y de los Albos. Recortándose en el horizonte tras la majada de las Moñas, encuadran un marco de sublime belleza. El cotero que preside la ladera de subida no es la cima principal. Cuando se remonta sobre su cúspide se divisa el morro cimero de la Cabeza Las Moñas (2.072 m.). Desde su atalaya se recobra la compañía visual de Sotres. La lejanía borra las huellas profundas de un urbanismo descontrolado. Los asentamientos tradicionales siguen siendo el fiel ejemplo de una integración no traumática con el medio. En este sentido es de destacar la hermosa estampa que, a vista de pájaro, ofrecen las Vegas de Sotres. Sus invernales se arrinconan en un extremo de una vasta planicie de prados vertebrados en un mosaico geométrico configurado por rústicas murias de piedra. Tan bello conjunto se encierra en el fondo del profundo valle glaciar del río Duje. La pretérita lengua de hielo que se deslizaba por el valle desgajó la montaña individualizando dos macizos. Los canalones que se descuelgan de las torres cimeras del más pequeño, imprimen el verdadero encanto de este rincón de las tierras cabraliegas.
Cabeza Las Moñas - Cabezo Tortorios (45 minutos)
Para unir ambas cimas vasta seguir la línea cimera de cuerda que va cerrando el valle en que se asienta la majada de Las Moñas (Sudoeste). Los Tortorios, por su modesta altitud en relación con las montañas del entorno (2.148 m.), se empastan con las torres circundantes. Toda la atención la acapara Peña Castil, más que por poseer una vista más hermosa, por su voluminosidad. Durante la travesía hacia la Cabeza de Los Tortorios se va perfilando aún más la silueta del Picu Urriellu. El Neverón y Los Albos acompañan omnipresentes nuestro caminar.
La cresta cimera presenta dos vertientes bien diferenciadas. Mientras la vertiente Norte se compone de una sucesión de alargadas laderas de pastizal alpino que se deslizan suavemente sobre la vaguada que se encauza hacia la majada de las Moñas; por la vertiente sureña se descuelgan vertiginosas caídas que cierran un hermoso valle recorrido por una débil riega. Apenas una vereda de cabras y rebecos parece que quiebra su aparente inaccesibilidad. Esta placidez de relieves que domina la vertiente Norte se refleja en las amplias colladas y recogidas hondonadas donde se concentran las ovejas durante los meses estivales.
Cabezo Tortorios - Collao Camburero - Cueva del Hielo (30 minutos)
La Cueva del Hielo se esconde en un pequeño cordal desgajado de la piramidal cuesta de Peña Castil. Del lado oriental de la imaginaria figura geométrica que asemeja la triangular ladera Norte de esta montaña, se desgajan dos cordales. El superior se configura como una escabrosa crestería de vertiginosas agujas calizas. Se precipita desde la cúspide somital de Peña Castil, delimitando los valles de Las Moñetas y del Fresnedal. El cordal inferior arranca de la parte inferior de este costado oriental de la triangular ladera de la montaña de referencia. Los cuetos calizos que se erigen en un extremo del modesto cordal, delimitan unas pequeñas colladas de pasto. Por la de la derecha, situada a una altura ligeramente inferior a la de la cumbre en que nos encontramos, se devola a la hondonada en que se recoge la cavidad. Para alcanzar esta collada han de seguirse unas traviesas que cruzan por encima de un chico circo que se desgaja del valle que se delimita entre este cordal y la Cabeza de Los Tortorios. Una destacada aguja caliza sirve de referencia. Por su derecha puede subirse directamente a la collada que da paso a la cueva, desde este bello valle que remonta directo hasta el Collao de Camburero.
El descenso del Cabezo Tortorios puede hacerse siguiendo la cresta de la montaña. Al poco de pasar junto a una profunda y lúgubre sima, se encuentra el desvío hacia el Collao Camburero. El paso es evidente, pues la naturaleza ha modelado un estrecho y breve pasillo que comunica las dos vertientes de la montaña. El característico pasadizo se comprime entre dos peñas de unos dos metros de altura. Puede afirmarse que es una quiebra de la línea de cresta. Alcanzada la vertiente que mira a la piramidal cuesta de Peña Castil, han de perderse unos metros por terreno inclinado de llambrias y piedra suelta. A continuación se inicia la travesía que lleva al Collao Camburero (2.052 m.).
Este collado se erige en la línea de confluencia de dos hermosas vaguadas. La de la vertiente occidental es más abierta, en tanto que la de la vertiente oriental se encajona entre las verticales paredes de los Tortorios y los contrafuertes de Peña Castil. La llanada de la collada esta desprovista de cubierta vegetal. Su piso de gravilla, azotado por las continuas corrientes de aire, apenas permite el crecimiento de espinosos cardos. Manteniendo la tónica de la ruta, las recortadas figuras del Neverón y de los Albos, son el contrapunto visual de tan hermoso rincón. La falta de perspectiva ha convertido a Peña Castil en una monótona panda de grandes dimensiones.
En su momento se ha hecho mención de una variante de descenso para regresar a Sotres. Su somera descripción puede servir para facilitar la comprensión de la vía de aproximación a la Cueva del Hielo, a la que se hará referencia a seguidas de este inciso.
Desde el Collao Camburero se puede bajar directamente a las Vegas de Sotres. Se desciende por el valle que se forma en la vertiente oriental de esta collada. Un buen camino sigue por su derecha la línea de la vaguada. El suelo se halla recubierto por una capa de oscura grava. Enseguida el desnivel de bajada se vuelve más acusado. A mano derecha se abre un pequeño circo. Se halla cerrado por oscuras llambrias. En las peñas que lo circundan se forman pequeñas cavidades donde se cobijan las ovejas. Destaca una aguja por el tono claro de su caliza. Como se ha dicho anteriormente, por su derecha se sube directamente a la collada que da paso a la cueva.
Se prosigue el descenso por toda la vaguada, siguiendo el curso de una incipiente riega. El valle gira, desviándose a la izquierda. Es éste un punto conflictivo en caso de niebla. El valle muere en una hondonada tapizada de pasto que se cobija al pie de los desplomes de la Cabeza las Moñas. En este rincón se encontraba la majada de Carbanal. El sendero más marcado sigue la vaguada. Entraba en la majada y atravesaba toda la vaguada. En la collada final iniciaba un largo flanqueo por la vertiente oriental de esta montaña. Atravesando las canales que caen al valle del Duje, doblaba en dirección al Collao Pandébano. Por su parte, el sendero principal sigue el canto que delimita la majada de Carbanal por el Sur. Se difumina frecuentemente entre las camperas y llambrias que se suceden en la cresta somital. Por un inclinado llambrial baja a una herbosa hondonada. Una collada que interrumpe el canto que se viene recorriendo, permite pasar a las laderas que caen sobre la canal de Fresnedal. El camino traza varios tornos, perdiendo altura a medida que recupera el fondo de la canal. La mejor opción es desentenderse de ambos caminos. Se baja por la derecha del valle, con la referencia de los contrafuertes de Peña Castil. En el momento en que la vaguada se desvía se sigue de frente, manteniendo la dirección. Basta devolar una marcada horcada, en la base de los contrafuertes que han venido delimitando el valle hasta este punto. Traspuesta la horcada, se da paso a un inclinado canalón. Más abajo, en el lugar en que se ha habilitado un bebedero para el ganado, se recupera el trazado del camino de bajada. En este punto el estrecho canalón se abre. El sendero desciende por las herbosas laderas que configuran la margen derecha del más abierto canalón. Otra senda corta estas laderas en dirección a una collada de rabioso pasto. Recibe el nombre de Collao de Las Moñetas, pues da paso a la majada del mismo nombre. Esta misma senda atraviesa todo el Valle de Las Moñetas hasta el lago homónimo, a los pies de las verticales paredes nororientales del Cueto de Juan de la Cuadra.
El sendero que baja por todo el canalón llega a la Majada de Fresnedal, donde se une a otro de los senderos que desciende por el Valle de las Moñetas, precisamente el que viene del lago. Resta el último tramo de canal, antes de llegar a la vasta explanada en que confluyen el canalón de bajada con el valle de las Moñetas, a las puertas del valle del río Duje. Una pista recién arreglada sigue la cuenca del Duje, uniendo el pueblo de Sotres con los puertos cántabros de Áliva.
Apuntada la posible variante de descenso, paso a describir el paso hacia la Cueva del Hielo. Siguiendo la línea del Collao Camburero, se remontan unos metros por el costado oriental de la piramidal pandona de Peña Castil. El desnivel que ha de salvarse desde el collado es de apenas veinte metros. En una falsa collada se cogen difusas veredas de los bichos que se desvían a la izquierda. Se inicia la travesía sobre el circo ya mencionado que se desgaja del valle de descenso a la majada de Carbanal, dejando abajo la aguja que caracteriza la hondonada. La travesía finaliza en una campera inclinada. Precede una colladita que se apreciaba desde el Mismo Collao de Camburero (no debe confundirse con una amplia collada que se destaca a gran altura sobre la línea de este collado). Sin llegar a ella se sube unos diez metros por la pindia mancha herbosa. Se dobla el canto. Entre llambrias y peñascos se baja a una pequeña hondonada. La enorme cavidad del Cueva del Hielo ya se intuye.
La Cueva del Hielo es una gruta que se esconde bajo un desplomado paredón. Su enorme boca de entrada se halla recogida en las profundidades de un lúgubre jou. Una lengua de nieve se desliza por la pindia rampa de acceso a la cavidad. Cuando retrocede deja tras de sí un inconsistente piso terroso, recubierto de una inestable e irregular pedrera que se descuelga sobre la boca de la gruta. La lengua se abre sobre el fondo de la enorme bóveda. Sobre la superficie se extiende una gruesa capa de hielo. Un círculo encharcado donde gotea el agua es lo que queda de una columna helada que acompaña los innumerables chupitos que cuelgan del techo. El calor que desprende la caliza da forma a una oscura rimaya que apenas deja entrever el grosor del bloque helado. En la bóveda juguetea el treparriscos. Este ave se alimenta de los insectos que se esconden en las rendijas de la roca. En el colorido de sus alas predomina la tonalidad rojiza. Sus garras, adaptadas para trepar por las rocas, muestran la misma facilidad para colgarse del hielo.
En la boca de entrada parecen destacarse dos bóvedas. La plana superficie helada se extiende en un doble plano. Una ligera ondulación compensa la diferencia de nivel. Los ojos se van acostumbrando a la creciente penumbra. Una fina capa de agua parece cubrir la capa de hielo. Una pequeña piedra lanzada para escuchar el sonoro chapoteo, rebota con fuerza. El cerebro analiza el fenómeno y corrige el engaño de la información visual. La capa de hielo presenta una superficie de extrema pureza. Un hielo puro y cristalino, transparente como el cristal. En el fondo de la doble bóveda la cueva se estrecha. Una piedra recubierta de un nácar blanco y helado se interpone en el centro de la galería. La gruta adquiere un suave desnivel ascendente. Las botas del montañero son incapaces de asegurar la estabilidad. La deslizante superficie rechaza los infructuosos esfuerzos del desequipado montañero.
Cueva del Hielo - Collao Camburero - Jou del Carnizoso (1 hora)
Si no se tiene intención de coronar la cima de Peña Castil, se regresa al collado por la misma ruta de subida a la cueva. Se toma una marcada senda que corta, con leve tendencia descendente, toda la piramidal ladera de Peña Castil.
La verde vaguada que se desliza hacia el Noroeste del Collao Camburero es el Valle del Agua. Por su cauce se baja al camino de Urriellu, evitando el rodeo por el Jou del Carnizoso. Se desaconseja esta variante si no se conoce el terreno, pues el valle se precipita sobre un pequeño salto de agua. Bloqueado el paso por la salida natural de la riega, ha de buscarse un sedo que sortea el resalte por su derecha.
El camino por el que se flanquea la pedregosa falda de la montaña, dobla el canto por una collada. Una vereda desciende por unas viras que se forman en los farallones calizos que sostienen el costado occidental de la triangular laderas de Peña Castil. El paso presenta un par de metros algo aéreos (Iº). Continúa en travesía remontando hasta la collada contigua. Se encamina en dirección al monolito del Picu Urriellu, que emerge tras la Morra del Carnizosu.
El jou que le da nombre se recoge a sus pies. Su lecho es una alargada planicie tapizada por una fina cubierta vegetal. Las laderas que lo circundan recogen las piedras que se desgajan de los torreones dominantes de la depresión, formando vastas graveras que dificultan su flanqueo. Quizás este sea el mayor inconveniente del sendero que sube a la Canal de La Celada. El faldeo por la pedregosa base de los contrafuertes occidentales de Peña Castil es muy costoso. Profundos argayos cortan la vereda que se trata de asentar en el deslizante terreno. La subida hacia la collada que da paso a la canal, sita a la izquierda de la Morra del Carnizoso, sigue la vaguada de derrubios que se desprenden de la Torre del Carnizosu. La bella travesía ascendente por las llambrias de su derecha, halla recompensa al coronar la collada. La mole del Picu irrumpe sobre las cabezas de los cansados montañeros. En el vértice que separa sus caras Norte y Este, se asienta la amplia terraza de fina grava en que hace casi un siglo se iniciara la conquista del Naranjo de Bulnes. Por la "Y" atacó el solitario extranjero, logrando la segunda ascensión e introduciendo el uso de las clavijas en España. Sin embargo, su escuela no fue seguida por los lugareños que siguieron empeñados en valerse de sus pies y su manos para pegarse a la peña.
Jou del Carnizoso - Collao Vallejo - La Terenosa - Collao Pandébano - Sotres (2 horas 30 minutos - 3 horas)
La salida natural del Jou del Carnizosu forma una boca caracterizada por una doble collada. Un cueto intermedio separa una collada superior (a su izquierda), de la inferior, a su derecha. La mejor opción es devolar por ésta, pues la tendencia de la bajada es hacia la pared que delimita el valle de desagüe del jou por esta mano.
Por la configuración del terreno es fácil deducir que se trata de un valle glaciar. En el Jou del Carnizosu probablemente se depositó una cubeta glaciar que alimentaba la lengua de hielo que fue configurando el valle por el que ahora ha de bajarse. Se deslizaba hacia el Norte, confluyendo con la lengua principal del Jou Lluengu ( que descendía entre el Picu y el Neverón de Urriellu). Incluso no me parece descabellado afirmar que la cuenca del Jou del Carnizosu se alimentaba a su vez de una cubeta superior asentada en el Jou Tras el Picu, cuya lengua glaciar se correspondería con lo que hoy es la Canal de la Celada. A favor de estas hipótesis, que no pretenden otra cosa que facilitar una mejor comprensión del terreno en que nos encontramos, está la consideración geológica del Picu Urriellu como una aguja. Es decir, que este aislado monolito se formó por la acción erosiva de una serie de glaciares que lo circundaban y que fueron socavando sus flancos. El término aguja se vincula geológicamente a la acción corrosiva de los glaciares.
El atormentado cresterío que delimita el valle glaciar del Jou del Carnizosu por la izquierda oculta la cabecera del Jou Lluengu. Al otro lado de la muralla caliza que cierra aquel valle por la derecha, se encuentra el del Agua. El lecho de la hondonada es una sucesión de romas lomas de llambria, entre las que se intercalan canalucas o pequeñas manchas de campera. Por la falda de los paredones de la margen oriental se extiende un alargado canchal.
En la parte inferior el valle se abre. Confluye con la cuenca inferior del Valle del Agua. Un pequeño arbolillo crece en el centro del salto, desafiando las leyes de la gravedad y alimentado con la humedad que arroya por la reseca cascada.
Más abajo el camino que baja de la Vega de Urriellu atraviesa nuestra vaguada de izquierda a derecha. Se continúa a esta mano. El moderno camino presenta un ramal cegado. El trazado definitivo discurre ligeramente más alto, cortando la peña por la mitad. La fuerza de los barrenos evita tener que dar inútiles rodeos. Más desapercibido pasa el antiguo camino de la Majada de Camburero. Atraviesa todo el Jou Lluengu en dirección a la majada que se cobija en una hondonada recogida bajo los contrafuertes de Los Albos.
El camino carretero para carretear turistas dobla el canto. Tras el corto repecho se da vista a las Canales de Valleyu. Se inicia el largo flanqueo a través de los vertiginosos canalones. Los frecuentes pasos de trepada que jalonaban la travesía (Iº), han sido borrados con la construcción de un camino que ha desgarrado la roca abriendo una profunda brecha en la montaña. ¿Nostalgia? ¿Egoísmo? Simplemente creo que allanar la montaña es negar el montañismo. Quizá sirva para fomentar el desarrollo turístico de los pueblos de montaña (poderoso caballero es don dinero).
A través del Collao Vallejo se pasaba a la vasta cuesta que preside el Monte La Varera. El trazado actual del camino ha suavizado el desnivel. Volando los contrafuertes inferiores de este collado, da paso a la horcada cimera de una de las Canales de Valleyu.
Una travesía descendente corta toda la cuesta sobre la mancha boscosa. A continuación se adentra en una zona cárstica (larga travesía de primer grado antes de la construcción del camino turístico) que precede a la Majada de La Terenosa. Prácticamente ya se puede asegurar que el camino es común con el de subida.