CORDIÑANES - CANAL DE ASOTÍN (LA SOTÍN / L'ASOTÍN) - CANAL HONDA - ARGAYU CONGOSTU - COLLAO JERMOSO - HOYO DEL LLAMBRIÓN - TIRO CALLEJO - TORRE DEL LLAMBRIÓN - HOYO DEL LLAMBRIÓN - LAS COLLADINAS - LAGO CIMERO - LAGO BAJERO - CANAL DE ASOTÍN - CORDIÑANES (semicircuito)
Punto de partida: Cordiñanes.
Duración: 9 horas.
Desnivel: 1.800 metros.
Dificultad: Poco difícil (IIš). Los primeros ascensionistas se valieron del uso de la cuerda para escalar sus paredes. El mismo D. Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, queda sorprendido por la dificultad de esta montaña. En sus escritos llega a asegurar que su conquista es más costosa que la de la Peña Santa e incluso, que la del mismo Cervino (en Los Alpes). Esta última afirmación, puede sorprender al montañero novel, pero no al veterano que empieza a comprender las exigencias de una naturaleza virgen. A finales del siglo XIX, el corazón de los Picos de Europa estaba aún inexplorado. Por el contrario, Los Alpes ya sufrían el acoso turístico desde principios de siglo. A medida que las montañas iban siendo conquistadas, se acomodaban a las exigencias de un turismo de montaña floreciente. Teleféricos, refugios, caminos señalizados, ferratas, cuerdas fijas y gran cantidad de clavos garantizaban el éxito en cualquier ascensión. Este es el Cervino que ya en los primeros años del siglo XX esperaba a D. Pedro Pidal. Hoy en día no puede decirse que el Llambrión sea más difícil de ascender que este coloso alpino. Pero no porque éste haya recobrado su grandeza, sino porque la Torre del Llambrión ha visto como se extendía a su entorno el concepto turístico del montañismo.
Características: La Torre del Llambrión es la segunda cima más alta de los Picos de Europa. Se halla desgajada de Tiro Tirso por una escabrosa brecha. Comparten un territorio yermo de desértica caliza, azotado por los cambiantes vientos. Los rigores del clima se dejan sentir en el circo que delimitan, donde aún perviven las eternas nieves herederas del glaciarismo que fue configurando la fisonomía de los Picos de Europa. Cerredo, con el Llambrión y Tiro Tirso son, respectivamente, las tres torres dominantes del Macizo Central y, por extensión, del conjunto en que se integra.
La primera ascensión data del 12 de agosto de 1.856. La expedición constaba de siete hombres. Acompañaba al insigne geógrafo D. Casiano de Prado, el ingeniero de minas Joaquín Boguerín. Sus correrías por el macizo, no tuvieron la recompensa de ver coronado el techo de los Picos; mas dieron el primer paso para el conocimiento y divulgación de nuestras montañas.

Descripción:
Accesos
Las dos únicas carreteras que se adentran en el Valle de Valdeón, remontan los Puertos de Pandetrave y de Panderruedas. Podría decirse que ambos trazados confluyen en el pueblo de Posada, capital del valle, sino fuera porque la comunicación que traspone el Puerto de Pandetrave se interrumpe bruscamente a las puertas de Santa Marina. Ni siquiera la línea regular de autobuses es capaz de llegar a este pueblo. Curiosamente, la construcción de esta carretera de montaña se ha detenido a unos cien metros de Santa Marina. Los escasos cuatro kilómetros que la separan de la capital del valle, apenas alcanzan la categoría de caleya asfaltada. La estrechez de algunos tramos impide que se crucen dos coches.
La salida natural del valle, siguiendo el curso descendente del río Cares, queda cegada por un abrupto desfiladero. La llamada Garganta del Cares no ha impedido las relaciones entre asturianos y leoneses. Una red de sedos y caminos se extendía por todas las resquiebras del desfiladero, facilitando la comunicación entre los pueblos de Bulnes y Camarmeña y sus vecinos del Valle de Valdeón. De los antiguos proyectos de construcción de una carretera a través de la Garganta del Cares, sólo quedan los restos de una caja de unos quinientos metros de longitud.
Un recóndito valle se cobija entre la Hoz y la Garganta del Cares. A sus habitantes se les llama cainejos. Viven en las entrañas de los Picos de Europa, allí donde la naturaleza muestra su cara más salvaje. De ellos se ha llegado a decir que no se mueren, sino que se despeñan. Tal carácter parece reflejarse en la sinuosa carretera de montaña que baja hasta el pueblo. Se coge en la plazoleta de Posada de Valdeón. Se han acondicionado los dos primeros kilómetros, entre Posada y el pueblo de Cordiñanes. Lejos del cauce del río Cares, las laderas presentan relieves bastante suaves. Pese a ello, este tramo de carretera presenta desniveles del veinte por ciento.
A partir de Cordiñanes el valle se va estrechando. El bosque y las praderías aún hallan cabida en las márgenes del Cares. En una vieja ermita mora la Patrona de Valdeón. Tierra de labor, pero atormentada por las enhiestas peñas que se ciernen por ambos costados. Bosques donde moraba el lobo (y ahora merodea), comprimidos por las abruptas quebradas sólo aptas para el ágil rebeco. Laderas de matorral, arrasadas por los incontenibles argayos. Corona es este reducido valle de contradicciones, donde coexiste una moderna minicentral con una necrópolis medieval.
Entre el pequeño valle de Corona y el pueblo de Caín se encuentra la Hoz del Cares. El río se abre camino entre montañas que superan los mil quinientos metros. Los cortantes desplomes y complejas canales que se ciernen sobre su cauce, apenas dejan sitio para el trazado de la carretera. Continuos estrechamientos dificultan la intensa circulación de los meses estivales.
Cordiñanes - La Rienda de Asotín - Hayedo de Asotín - Vega de Asotín (1 hora 30 minutos)
Cordiñanes dista dos kilómetros de Posada de Valdeón, siguiendo el curso descendente del río Cares. La carretera atraviesa las praderías de la margen derecha de este río, bastante alejada de su cauce. Por su parte, quienes se acercan sin prisa a este pueblecito de montaña, eligen el bello paseo por el Camino del Bustio. Este camino carretero es utilizado por los vecinos del valle para ir a trabajar a sus prados. Su ancho permite el paso de tractores y demás maquinaria. Desciende ligeramente por la margen izquierda del río Cares. Un profundo argayo, originado en una tormenta veraniega que desgajó bloques enteros desde la misma Horcada de Pambuches, interrumpió bruscamente su trazado. La rica vegetación del valle se ha encargado de ir disimulando su acción devastadora.
A la entrada de Cordiñanes (siguiendo el recién asfaltado del estrecho trazado de la carretera), se encuentra un bebedero. Una ramal hormigonado se encamina a las casas altas del pueblo. Por su derecha iba el antiguo camino de la Rienda. Sin embargo, las obras de construcción del canal que alimenta la minicentral de Corona, han requerido de la apertura de una pista para el paso de los camiones, que interrumpe parcialmente este sendero. En la actualidad se utiliza un tramo de esta pista para enlazar con el antiguo sendero que sube a la Rienda.
Para cogerlo, se baja por la carretera hasta el hostal del pueblo. Es una casa grande que se encuentra al final de Cordiñanes. En su frontal tiene una amplia terraza hormigonada, donde se ha habilitado un buen aparcamiento para los clientes. A la altura del lateral del hostal, se toma una callejuela hormigonada que asciende a mano derecha. Cruza entre unas pocas casas. El piso de hormigón da paso a una caja de piedra suelta que se adentra entre los cuatro nogales que crecen en la parte posterior de este pueblecito. La pista sale a plena cuesta por el vértice nororiental de la aldea de Cordiñanes. Acomete un corto repecho, antes de suavizar su trazado y dirigirse a una vasta explanada, en la boca del túnel que socava un contrafuerte de estilizadas agujas. Finalizando el repecho, sin llegar a perder altura, se sale por la cuesta de la derecha, donde se aprecia el rastro del antiguo sendero. Éste se adentra entre unos bloques calizos, desgajados de las peñas que dominan las laderas en que se asienta Cordiñanes.
Unas marcas de pintura amarilla ayudan a dar con la senda, con la misma facilidad con la que invitan a perder su rastro. Sin apenas ganar altura, se sale de las suaves laderas de pasto tomadas por los coletazos de un canchal superior. Se inicia una corta travesía, a media ladera, en dirección a los paredones que se alzan al Noreste de Cordiñanes. Un conjunto heterogéneo de torrres de diversas tonalidades y quebrados por canalones impracticables. La pista abierta para la construcción del canal de agua va quedando bastante abajo. La altura ganada por el sendero al acercarse a las paredes es insuficiente. Traza una serie de revueltas, antes de atacar los verticales abismos de la Rienda de Asotín.
La Rienda es un paso ganado a la pared. El camino se ha tallado en plena roca, buscando los escasos resaltes naturales que ayudaran a asentar su trazado. Esta particularidad explica su falta de horizontalidad. A los fuertes y aéreos repechos, suceden cortas travesías que enlazan con rampas descendentes de gran inclinación, que incluso obligan a usar las manos. La Rienda cuelga sobre la explanada donde no hace mucho trabajaban los camiones de la minicentral de Corona. Más abajo el río Cares se encañona ligeramente, obligado por los contrafuertes calizos sobre los que se encarama nuestro sendero. En las revueltas de la carretera apenas llega a apreciarse la escultura del rebeco que preside el mirador del Tombo. Cientos de turistas se detienen diariamente (en los meses de julio y agosto) para contemplar el morro cimero del Llambrión. Este mazacote calizo de ingentes proporciones se deja ver a través de la abertura de la Canal de Asotín. No es ni de lejos la silueta más bella del entorno; por el contrario, carece de una figura individualizada que le dote de autonomía. El Llambrión no es sino el punto culminante de una mole pétrea uniforme; pero es la segunda cima más alta de los Picos de Europa.
La Rienda alcanza una collada al otro lado de la pared, a la derecha del afilado canto calizo que se descuelga sobre el Cares. De este cortante cresterío destaca la aguja de María del Carmen. Atrás se deja el pueblo de Cordiñanes. Una última mirada al valle y se dobla la peña hacia los dominios de Asotín.
La espectacularidad de la Rienda decrece, pero aún han de atravesarse inclinadas laderas y pequeños contrafuertes que se descuelgan sobre la riega de Asotín. Una vez más las marcas de pintura invitan a la duda. Sin ninguna explicación plausible, las marcas se desentienden del evidente camino, adentrándose en la Canal de Cantodota. No tendría sentido señalizar con tanto entusiasmo esta interesante canal, cuando las marcas de pintura suelen utilizarse en rutas más frecuentadas. La Canal de Cantodota sube prácticamente hasta el Hoyo de las Mojosas. En este entorno existen un par de cumbres de bellas vistas, e incluso podría pasarse a la Canal de Chavida. Sin embargo, señalizar estos agrestes rincones, no hace más que crear confusión en la cantidad de montañeros que se adentran en Asotín. Quizá lo único que pretendan es evitar uno de los cortos tramos tallados en la roca, realizando un pequeño rodeo por líneas más naturales. En definitiva, podría tratarse de recuperar pasos más antiguos que el voladizo del Paso de Alfredo. En todo caso, como la pintura no puede hablar, lo mejor es plasmar todos los caminos y variantes en libros y mapas, dejando de pintarrajear una naturaleza ya de por sí bastante amenazada. Sigo pensando que las señales son muy útiles; no obstante, cuando se señalizan senderos de alta montaña, las inevitables pérdidas van a afectar a los menos preparados. En la Canal de Trea (Macizo Occidental) han tenido que ponerse cien marcas de pintura amarilla por metro cuadrado para que la gente no se perdiera. Ese es el gran dilema. Una deficiente señalización es peligrosa, en tanto que intentar garantizar la seguridad implicaría (viendo la preparación de las personas que recorren nuestras montañas) pintar una línea continua a lo largo de cada recorrido.
Se continúa la larga travesía a través de los contrafuertes que delimitan la Canal de Asotín por el Oeste. Siempre ganando altura se llega al Hayedo de Asotín. El camino se adentra en el refrescante bosque. Su piso, mullido, recorre el suelo carente de vegetación que caracteriza los hayedos. La senda mantiene un desnivel constante a lo largo de toda la mancha forestal. Durante la ascensión a la sombra de las hayas, el sendero va a ir desviándose hacia la izquierda. La tendencia es poco evidente al principio, mas a la salida del bosque, donde crecen jóvenes ejemplares de porte arbustivo, se hace más acusada. Al final se trata prácticamente de una travesía en dirección a la base de las peñas que delimitan la canal por el noreste.
Se afronta el repecho de la Cuesta Robequera. Este costoso tramo se inicia al cruzar la parte inferior de un impresionante argayo que viene del mismo Hoyo de las Mojosas. Junto a las últimas hayas, crecen nuevos retoños que garantizan la extensión del hayedo. Los restos ya mermados del inmenso argayo que se descolgó por las vastas laderas que delimitan la Canal de Asotín, se cuela entre las jóvenes hayas, perdiéndose entre el bosque. El sendero se adentra en el tupido bosquete, cruzando el blanquecino cauce del argayo. Sale a una ladera más abierta, que se extiende a lo largo de la falda de la Canal de Valcayo y de la Torre del Collao Solano. El sendero gana altura cortando la ladera, paralelo al argayo que recorre fondo de la Canal de Asotín. Al final de la cuesta, el camino traza unas revueltas entre viejos bloques calizos. Se entra en los dominios de la gayuva (uva del oso), planta rastrera de hojas pequeñas y ovaladas. Su fruto es redondo y de color rojo. Por toda la canal abunda el té de puerto. El tallo finaliza en una especie de capullo del que nacen varias flores de color amarillo.
La Cuesta Robequera precede a la Vega de Asotín, donde finaliza la primera parte de nuestro recorrido. Se ha descrito el camino más usado para adentrarse en la Canal de Asotín (La Sotín); no obstante, la entrada natural a la canal se encontraría por la margen derecha de la riega de Asotín. Si se afronta esta canal en sentido descendente, nada más acabar la Cuesta Robequera, al entrar en el Hayedo de Asotín, no habría que trazar esa irregular diagonal de parte a parte de la canal. Se bajaría todo el bosque por la derecha. Por debajo de la mancha forestal se extienden tomadas laderas atravesadas por cantidad de veredas del ganado. El cordal que delimita la Canal de Asotín por el Este cede, saliéndose a las extensas laderas que separan la riega de Asotín del Argayo de Nuestra Señora. A medida que se pierde altura se unen las sendas que descienden de las Traviesas de Arria y del argayo que se acaba de mencionar, con la de la Canal de Asotín. El camino baja indistintamente a Barrejo (donde está la necrópolis medieval y la minicentral) o a Corona, junto a un puente que salva el Argayo de Nuestra Señora (apenas una riega), en el entorno de la Ermita de Corona.
Vega de Asotín - Canal Honda - Argayo Congosto - Collao Jermoso (1 hora 30 minutos)
La Vega de Asotín es una extensa planicie de exquisito pasto que interrumpe la Canal de La Sotín. La hermosa silueta de la Peña Santa de Castilla adquiere en esta plana campera otra dimensión. Empequeñecida por la distancia mantiene la belleza de su contorno. El pastizal alpino que se extiende por su base resalta la agresividad de sus paredes. Pasto y peña, un combinado que se refuerza en el entorno de la Vega de Asotín, un remanso de paz recogido bajo las más escarpadas torres del Macizo Central. La misma Torre del Friero, que se yergue sobre la vega, pese a no alcanzar los dos mil quinientos metros, esconde entre sus paredes un profundo canalón de casi un kilómetro de desnivel, objeto de deseo para los alpinistas españoles en época invernal.
Al Sudoeste de la Vega de Asotín se eleva una ingente ladera. Grandes pedreras alternan con cuestas de matorral. Un profundo argayo la recorre en su integridad. En el cuenco superior, se esconde el Hoyo de las Mojosas. Esta hondonada está recubierta por uno de los canchales más llamativos de los Picos de Europa. Alimentado por los derrubios de los torreones del Friero, presenta unas dimensiones considerables. En esta hondonada de grandes bloques se acumuló el agua que socavó el inmenso surco que vertebró la ladera que se descuelga sobre la Canal de L'Asotín.
La Canal de La Sotín continúa hacia el Sudeste. Se encajona entre la Torre del Friero y los contrafuertes de la Torre de las Colladinas. El agua que se estanca entre las grietas de la peña, se hiela durante las frías noches otoñales. El mayor volumen del hielo ejerce una fuerte presión sobre las resquiebras, rompiendo la roca en múltiples pedazos. Estas piedras se precipitan sobre el fondo de la rectilínea canal, tapando el manto vegetal con una uniforme capa de gravera.
Entre los paredones que delimitan la Vega de Asotín por el Noreste, irrumpen dos canales paralelas. La más escondida es el Argayu Congostu, que cae al final de la vega. Presenta un estrechamiento en su parte inferior, que se descuelga en grandes saltos, que impide progresar por su cauce. El camino de Collao Jermoso entra en este argayo a gran altura, evitando estos resaltes inferiores. La otra gran canal que se destaca desde la Vega de Asotín es la Canal Honda. Una lengua de pedrera desciende desde las colgadas laderas superiores, encauzada entre verticales paredes. A la salida del sombrío canalón, se abre en abanico sobre la vasta llanada en que nos encontramos.
Por encima de las peñas que comprimen la Canal Honda, se extienden las Traviesas del Congostu, una inclinada franja de herbosos pliegues que alternan con graveras que se descuelgan sobre Asotín. Abarcan prácticamente desde el Collao Solano hasta el argayo que les da nombre. El Collao Jermoso se asienta sobre el murallón que irrumpe por encima de estos airosos pastos.
A la izquierda de la Canal Honda (Norte), entre la Torre del Collao Solano y las peñas que comprimen aquel encajonamiento, se abre una difusa canal. Culmina en una amplia y herbosa collada. En la suave línea que se recorta en los azules cielos leoneses, se confunde el canto que delimita las Traviesas del Congostu por la izquierda con el Collao Solano.
Antes de pasar a describir el ascenso por la Canal Honda, conviene apuntar la variante por el Collao Solano. El sendero sube unos metros por el abanico de pedrera que se descuelga de aquella canal. Enseguida se desvía en travesía a mano izquierda. En llano entra entre unas peñas, donde crece un arbolillo. Dobla el canto e inicia un largo ascenso canal arriba. Por llambrias y gravera -predominantemente- va ganando altura. Se dirige a un gendarme que irrumpe en el centro de la canal. Entra por su derecha. A media altura el sendero, asentado en pleno peñasco, lo corta por el frente. Sólo resta el último tramo de ascensión hasta el Collao Solano (1.617 m.). La torre del collado (Solano), a su izquierda, presenta un gran cuevón en sus paredes sureñas.
Desde el Collao Solano se inicia una larga travesía bajo el canto que lo delimita por la derecha, dando vista a la Vega de Asotín. La travesía se continúa por la parte superior de las Traviesas del Congostu, por la base del murallón en que se asienta el Collao Jermoso. Pequeños argayos se precipitan sobre el embudo de la Canal Honda. Se sigue la línea de las traviesas hasta alcanzar el canto que las delimita por la derecha (Sudeste), donde enlaza con la antaño subida normal por la Canal Honda.
El camino que sube desde la Vega de Asotín al Collao Solano es un vestigio del antiguo camino minero de las minas del Rabicu. El transporte del material requería del empleo de caballerías, dado lo angosto del terreno. El camino devolaba el collado y se adentraba en la cuenca de los Argayos Mermejo y de Nuestra Señora.
En más de una ocasión se habrán oído referencias a un paso por esa vertiente norteña del Collao Solano. Es verdad que existe un camino tallado en la roca que permite salvar el cañón que se cierne sobre la confluencia de los argayos ya citados. Sin embargo, el sendero que remonta por la margen izquierda (sentido ascendente de la marcha) del Argayo Mermejo, se va desdibujando paulatinamente hasta desaparecer. No son restos de un antiguo camino minero por el que se bajaba el mineral extraído de las minas del Rabicu. Por el contrario, se trataba de un proyecto inconcluso de los vecinos de Valdeón. Pretendían abrir una senda que permitiera el paso de sus ganados a los pastos de esa vertiente de la peña. Lo escabroso del terreno acabó por dar al traste con la idea.
Para subir a Collao Jermoso siempre me he decantado por la opción de la Canal Honda. La ruta es más directa y evita el largo rodeo por el Collao Solano. Se sube a través del angustioso encañonamiento. A la salida del sombrío canalón, el sendero se desvía por las pendientes laderas de la derecha. Remonta directamente. Una vez que se ha ganado bastante altura, dobla el canto de la derecha, iniciando una travesía sobre un embudo que se precipita entre los paredones que se desploman sobre la Vega de Asotín. Con esta travesía (Sudeste) se alcanza la base del canto que da vista al Argayu Congostu. Se sigue toda la línea de cresta (Noreste), en dirección al murallón que domina las Traviesas del Congosto.
Para entrar al argayo se coge un sendero descendente que corta por la base del paredón calizo. La senda arranca del mismo canto, al pie de un contrafuerte desgajado de los farallones que sustentan el Collao Jermoso.
El característico estrechamiento inicial del Argayo Congosto, da paso a un vasto canalón. Amplias laderas se descuelgan por ambas vertientes. En la cresta que delimita la margen izquierda del argayo, irrumpe la aguja de la Señora del Tío Toribio. Su silueta asemeja la figura de una mujer, cuya cabeza estaría cubierta con un pañuelo. En la horcadita que se encuentra a un lado de la aguja, se toman las traviesas utilizadas por rebecos, ganado y pastores para pasar a los pastos del Lago Bajero.
El sendero de Collao Jermoso sigue la cuenca del Argayo Congosto. Sin perder nunca la referencia del imponente murallón que se viene bordeando, se interna en el lecho de la intermitente riega que se descuelga por el argayo. Trepando por las llambrias y sorteando algún bloque que dificulta el avance por el reseco cauce del Congosto, se llega a un intuido desvío. Los empotramientos más comprometidos de la riega se evitan por la derecha. El sendero terroso, recubierto de fina gravilla, muere en un canalón secundario, cerrado entre peñas. Una sencilla trepada (Iš-IIš) lleva a terreno más abierto. Con tendencia a la izquierda se continúa en continuo ascenso hasta recuperar el curso de la riega, que ya fluye al exterior. Un llambrial por el que arroya el agua que mana peña arriba, corta el avance. Una cota travesía (Iš) permite alcanzar el canto de la izquierda. Por un pindio canalón de movediza gravera se sale del argayo a las pedregosas laderas de su cabecera. Por encima de este costoso repecho cruza un marcado camino. Viene de la fuente donde brota la riega que se precipita sobre el Argayo Congosto. A mano izquierda se subiría al refugio construido en Collao Jermoso.
Collao Jermoso (2.084 m.) es un vasto pastizal colgado en las entrañas de un desierto calizo de abismales desventíos. El refugio levantado en su flanco se ha llegado a comparar con un nido de águila, tal es la grandiosidad de este enclave. La gran Torre de Peñalba (2.466 m.) se eleva presidiendo el collado. Su relativa modesta altura, no obstante forma parte de un circo de cumbres que sobrepasan los dos mil seiscientos metros, se ve compensada por lo atormentado de su figura. Pandas de piedras quebradizas se intercalan entre verticales desplomes y grietas que encajan en un monolito del que emerge las verticalidades del torreón cimero.
La Torre del Friero, al otro lado de la Canal de Asotín, apenas alcanza los dos mil cuatrocientos cuarenta y ocho metros. Con todo es uno de los referentes visuales de Collao Jermoso. La bella torre somital se desploma vertiginosamente hasta la misma Vega de Asotín. Dos marcados canalones vertebran esta cara Norte de la peña. El de la izquierda corta esta vertiente de la pared de arriba abajo, salvando un desnivel próximo a los mil metros.
La ascensión a la Torre del Llambión es opcional. Quienes no estén capacitados para afrontar el fuerte desnivel de la ruta, pueden acercarse hasta la Torre del Llaz (2.143 m.). Basta subir a una de las colladas que se hallan sobre el refugio, la más próxima a la falda de la Torre de Peñalba. Una vira corta la base de su cara Sudoeste. Muere en la horcada desde donde se ataca aquella cumbre. Una fina cresta precede al morro final de la Torre del Llaz (Iš). Adentrándose como la proa de un buque en medio de la nada, goza de una envidiable panorámica. Domina el Valle de Valdeón, disfrutando de una perspectiva más abierta que la parcial visión que ofrece el Collao Jermoso. La hermosa silueta de la peña Santa de Castilla acompaña atardeceres de ensueño. La tenue luz de la puesta tiñe de penumbra la atormentada vertiente del Pamparroso. Presidida por la Torre de la Celada, el cordal se va descolgando en una línea de desiguales torres, entre las que destacan la escabrosa Torre del Hoyo la Llera y la suave línea somital de la Torre del Medio.
El camino que lleva hasta el pie de la Torre del Llaz, dobla la cara Noreste de la Torre Peñalba y se adentra en un colgado lleráu que a duras penas se mantiene sobre uno de los abismales descuelgues sobre el Argayo de Nuestra Señora. Es el llamado "camino de los caínos", pues era utilizado por los vecinos de Caín que trabajaban en las minas del macizo para volver a sus casas.

Collao Jermoso - Hoyo del Llambrión - Tiro Callejo - Torre del Llambrión (1 hora 30 minutos)
El Hoyo del Llambrión se encuentra al Este - Noreste del Collao Jermoso. Es un circo rodeado de varias montañas que se elevan por encima de los dos mil seiscientos metros. En su cuenco perviven nieves perpetuas. Las sombrías torcas se suceden en un laberinto caótico de desgarradas llambrias.
La ascensión al hoyo busca las distintas gradas de grava que se intercalan entre las franjas de llambria que se extienden de parte a parte de la boca del circo.
Las dos torres que irrumpen a ambos lados del Hoyo del Llambrión son las de Peñalba, sobre el Collao Jermoso, y la de las Minas de Carbón, colgada sobre las Colladinas. Ambas son los cabos de una línea semicircular de afiladas crestas que cierra el circo del Llambrión. Dejando a salvo la Torre de Peñalba, las cimas circundantes se integran en un cresterío heterogéneo carente de individualidad. Del Llambrión podría decirse que es un mazacote calizo que integra varias cumbres. Tal vez la panda cimera de la Torre de la Palanca, permita otorgarle un carácter autónomo dentro del conjunto de poco perfiladas montañas.
El punto somital de la segunda altura de los Picos de Europa, se oculta en un bloque homogéneo de compleja caliza. La vía normal discurre por un laberinto de rampas, llambrias y pedreras difícil de precisar. La única línea evidente es la de Tiro Callejo, cuyo gendarme en el embudo de salida, a la izquierda de la Torre del Llambrión, lo hace fácilmente identificable.
El sendero de montaña que sube al Hoyo del Llambrión, inicia una larga travesía sobre la cuenca del Argayo Congosto. Cruza bajo la primera de las franjas calizas que se escalonan en la abertura del circo glaciar del Llambrión. Atraviesa desde el Collao Jermoso, en llano, hasta el mismo vértice inferior de la Torre de las Minas de Carbón. Se deja el camino que sube a las Colladinas, tirándose a las graveras de la izquierda. La bifurcación está señalizada con flechas de madera que marcan las distintas direcciones a seguir. Las alternativas son tan obvias, que el simple hecho de tener que seguir tales indicaciones daría prueba de la incapacidad del turista montañero que se ha adentrado en este rincón de la alta montaña.
Se toma la vereda de la izquierda. Remonta pedrera arriba. Va ganando altura en dirección a una segunda franja de llambria, más compacta que la que se acaba de sortear. Se extiende desde un lateral de la Torre Peñalba hasta los contrafuertes de la Torre de las Minas de Carbón. La senda va tendiendo hacia la izquierda. Afronta una ladera de pedrera. El color terroso del pisado sendero, alterna con pequeñas manchas herbosas que afloran entre la gravera. Alcanza la franja caliza hacia el centro, adentrándose en una canaletuca que la corta de abajo a arriba. Se trepa por ella (Iš), saliendo a la grada superior.
Los jitos de la izquierda señalan la ascensión a la Torre de la Palanca (2.609 m.). Remontan por la pedregosa morrena del jou que se cobija al pie de esta montaña. Atraviesa unas gradas de gravera que penden en las paredes del afilado cresterío que se extiende desde la Torre de Peñalba hasta la loma cimera de La Palanca. Salvado un corto resalte de pulida llambria de unos tres metros (IIš), el resto de la ascensión es una sucesión de sencillas trepadas a través de un laberíntico trazado entre llambrias y graveras.
Si los jitos que señalizan la vía de ascenso a la Torre de la Palanca invitan a desviarse hacia la izquierda, el sendero que sube al Hoyo del Llambrión se va desplazando en la dirección opuesta. Asciende cómodamente hacia las romas lomas que preceden al jou. Los suaves relieves que delimitan este hoyo cimero, contrastan con el caótico desgarro que configura el fondo de la hondonada. Las vertiginosas pedreras que se precipitan desde las torres circundantes, se descuelgan sobre un jou de desiguales torcas y de perennes neveros.
La vía normal al Llambrión se adentra en un sinuoso trazado por las entrañas del mazacote calizo que se eleva por el Oeste del Hoyo del Llambrión. Sigue la línea de lomas que configuran el frontal del circo. Remonta un breve tramo de pedrero, con tendencia a la izquierda. Este corto e incómodo terreno permite alcanzar la base de un canalón por el que se trepa directamente al inicio de una larga rampa que corta la pared de izquierda a derecha. En el estrechamiento final se trepa el pequeño torreón de su izquierda. Los cortos y airosos pasos preceden a una breve cresta que se encamina al centro de la tumbada pared. Manteniendo la dirección, y salvando las continuas trepadas que se intercalan entre las sucesivas terrazas y pandas de pedrera, se llega al pie de un llambrial que cierra el avance. Se sale a mano derecha por una reducida rampa de inclinadas llambrias. Da paso a una aérea travesía en llambria, colgada sobre un interesante canalón (IIš). Más que la dificultad técnica, lo que realmente impresiona es el airoso vacío que se cierne bajo nuestros pies, no obstante he visto hábiles montañeros pasar caminando (rápido pero arriesgado). Un corto repecho finaliza en una gravera de negras piedras que precede a la cresta somital. Siguiendo la cresta hacia la derecha se encuentra la Torre de las Minas de Carbón.
En los afloramientos de este negro mineral, ha de girarse hacia la izquierda, descendiendo apenas unos metros por un pequeño canchal de piedras grandes. Ha de remontarse nuevamente, trepando por un compacto llambrial, para retomar la cresta cimera. Se pasa a una canaluca que sale a una horcadita, donde se inicia (tras trepar unos metros por sus llambrias) el flanqueo del peñasco que precede a la Torre del Llambrión. Esta vía puede catalogarse de segundo grado (poco difícil). Técnicamente es bastante sencilla, pero su trazado es relativamente complejo. Este inconveniente se ha salvado artificialmente llenando la vía de manchurrones amarillos. Al final el único problema que encuentran los montañeros en esta larga vía es la aérea travesía de la llambria. Viene a corroborar que el mayor problema de la escalada no es la exigencia técnica, sino el compromiso psicológico del creciente vacío.
La subida por Tiro Callejo es algo más dura. Antes que nada hay que señalar que Tiro Callejo no es una vía de escalada a la Torre del Llambrión, sino un paso a la vertiente del Hoyo Trasllambrión. Comparte esta característica con el Tiro Llastrio, a su izquierda. Ambos pasos están separados por la Torre las Llastrias (2.603 m.).
Tiro Callejo es una marcada brecha que alcanza la horcada que separa esta torre de la del Llambrión. Un gendarme a la izquierda de esta horcada cimera caracteriza este sombrío embudo. Para coger la grieta de entrada, ha de remontarse el vertiginoso pedrero que se descuelga sobre el Hoyo del Llambrión. La subida es muy costosa. Suele treparse por las llambrias que afloran entre la gravera. La entrada a Tiro Callejo es una grieta que corta la pared de izquierda a derecha. La grieta se va estechando, obligando a vencer un aéreo y vertical resalte (IIš), sobre las llambrias que caen sobre la pedrera de subida. Esta primera trepada es la puerta de entrada al canalón. El paso más problemático de la ascensión se encuentra nada más coger el canalón. Un bloque empotrado de unos tres metros (IIš) cierra el avance. La llambria, pulida por la nieve y el arroyar del agua de torrentera, dificulta la adherencia. La caída de piedras desplazadas por el paso de rebecos o cordadas que nos preceden es relativamente frecuente. El resto del angustioso estrechamiento hasta la horcada es bastante sencillo, aunque ha de vigilarse con especial precaución la caída de piedras sobre los que puedan seguirnos.
Por la vertiente opuesta Tiro Callejo no es más que una horcada a la que se llega andando por un incómodo pedrero. Este canchal se extiende por toda la falda del cresterío del Llambrión. Puede atravesarse en toda su integridad, sorteando llambrias, torcas y algún nevero (estribaciones del microglaciar que se conserva en el sombrío circo inferior), por la vertiente del Hoyo del Trasllambrión. Este flanqueo permite alcanzar la estrecha hordadita que separa el Llambrión de Tiro Tirso (segunda y tercera cumbres más altas de los Picos de Europa, respectivamente). A través de esta agreste abertura, arranque de la vía normal de subida a esta cumbre, se divisa el Lago Cimero.
En esta vertiente de la peña se abre una nueva vía de subida a la Torre del Llambrión. A la derecha de su cima, un canalón se adentra en plena pared. Se trepa por una chimenea que se oculta al final del mismo, en las llambrias de su izquierda (IIš). La corta chimenea muere en una terraza desde donde se afronta el vertical tramo (IIš) que culmina en la cresta somital.
La subida más directa a la cumbre desde Tiro Callejo sigue la línea de cresta. Al principio no hay más que remontar el pedrero que se cuela entre las tumbadas llambrias de la vertiente del Hoyo Trasllambrión. Una vez en la cresta se pasa a la vertiente contraria. La efímera visión de Collao Jermoso permite descubrir por qué se ha identificado con un nido de águilas. Esta airosa perspectiva evidencia que realmente esta herbosa collada pende aislada en un mundo de abismales desplomes.
La línea de cresta se interrumpe por un corte de un par de metros. La falta de perspectiva plantea problemas a más de uno. Este destrepe y otra trepada de IIš que le precede, son lo únicos pasos del fácil cresteo.
Una variante más socorrida permite evitar el engorroso corte. Nada más alcanzar la línea de cresta, se descienden unos metros por la vertiente del Hoyo del Llambrión. Sigue una travesía en llambria (Iš) que muere en una brecha que corta esta vertiente de la peña. Un incrustado empotramiento permite sortear la abismal tajada que se precipita sobre el jou. Se trepa por las llambrias del otro lado (IIš), retornando a la cresta por una marcada canaluca. Se sigue todo el cresteo hasta coronar los dos mil seiscientos cuarenta y dos metros de la Torre del Llambrión.
Quienes denuncian la existencia de trastos en las cumbres se llevarán una grata sorpresa. En la cima del Llambrión coexisten un vértice geodésico, un buzón de cumbres y una imagen de la Virgen de Corona. No entro en esta polémica porque ni da ni quita nada a la ascensión. Sí cabe señalar que el buzón es prescindible; no así el vértice geodésico (aunque parece ser que ya no son útiles, sí pueden considerarse parte de la historia de la cartografía de los Picos). Respecto de la imagen de la Virgen, no ha de olvidarse la religiosidad de estos valles. La Virgen de Corona es la patrona del Valle de Valdeón. Tampoco debe olvidarse que hace veinte años presidía la cima del Llambrión otra imagen de medio metro de altura (aproximadamente). Quizá no sea el mejor lugar para venerar a la Virgen, sometiéndola a los rigores de la alta montaña, pero no seré yo el que la quite de su pedestal. Quienes se sientan ofendidos por su presencia, deberían pensar que hay algunos montañeros que necesitarán ayuda divina para enfrentarse con el descenso de esta cumbre.
Desde el Llambrión no se ve el Collao Jermoso. Una caótica sucesión de montañas se agolpan en todas las direcciones. Domina visualmente las cumbres que rebasan la línea de los dos mil seiscientos metros. Mas lo que realmente llama la atención es el vasto pastizal que recubre la depresión de la Vega de Liordes, más allá del cuenco del Lago Cimero.
Torre del Llambrión - Las Colladinas - Lago Cimero - Lago Bajero (2 horas 30 minutos)
Retomo la descripción de la ruta en la bifurcación señalizada con flechas de madera (donde se tomara el desvío hacia el Hoyo del Llambrión). Siguiendo el camino principal, se afronta un largo ascenso hasta Las Colladinas. Recibe este nombre una sucesión de herbosas colladas que penden sobre la Canal de Asotín. Junto con el Collao Jermoso, cierran la cuenca cimera del Argayu Congostu. Se extienden a lo largo de las caídas occidentales de la Torre de las Minas de Carbón. Los cuetos que las delimitan por la derecha (Torre de Las Colladinas) son airosos balcones naturales sobre la Canal de La Sotín.
Al devolar la última de las colladas se inicia un largo descenso por una ladera tapizada de pastizal alpino. En caso de niebla, o si se camina de noche, ha de prestarse algo de atención. Traspuesta la collada el camino desciende directamente, vaguada abajo. No debe seguirse un sendero que continúa en llano sobre la extensa ladera de pasto. Esta variante no plantea problemas con días claros y despejados, pero no conviene perder el rastro del camino principal cuando la visibilidad es reducida.
La travesía por las Colladinas da paso a la vertiente sur de la Torre del Llambrión. Una aérea arista va enlazando las sucesivas cimas que delimitan un profundo jou: Tiro Tirso, Torre Sin Nombre, Torre Blanca, Tiro Llago. Toda la falda de la peña configura una cuenca de pedregosas laderas que descienden hacia la hondonada. El fondo del jou se oculta a la vista por culpa de una sucesión de lomas que el camino deja a mano izquierda. Antes de finalizar el largo descenso, se deja momentáneamente el trazado del sendero, desviándose a las llombas que impiden la vista del jou. En su lecho se descubre un viejo lago de montaña. La verde campera que lo circunda contrasta con sus azuladas aguas. El Lago Cimero es un recóndito oasis de vida que se esconde en un desierto de desnudas llambrias. Presidiendo el lago irrumpe la Torre de la Collada Ancha. A través de la collada que le da nombre (por detrás de esta peña), discurre la vereda que se dirige a los Tiros de Casares (entre el Madejuno y la Torre del Hoyo Oscuro).
Se retorna al camino principal. Aunque existe una bajada bastante directa al Lago Bajero, el hermoso trazado de nuestro sendero esconde rincones de singular belleza. Su recorrido es obligado para aquellos montañeros que aún no conozcan la Vega de Liordes.
El camino discurre a lo largo de una faja de terreno asentada sobre la muralla caliza que delimita el valle del Lago Bajero. Los escasos repechos hacen mella en nuestras cansadas piernas. Al principio la amplitud de las difusas vaguadas que se recorren, sólo permite una confusa representación de las caídas sobre la Canal de Asotín. Las escabrosas peñas se cierran sobre el sendero, reconduciéndole por un estrecho corredor que corta las paredes que se precipitan sobre la Canal de Asotín. Es preceptiva una parada para contemplar desde las alturas el pequeño valle del Lago Bajero. Completando el bellísimo marco, se recorta en el horizonte la sin par silueta de la Peña Santa. Desde esta atalaya cabe observar como el alargado valle en que se esconde el lago, discurre paralelo a la vaguada troncal de la Canal de La Sotín.
En el punto más alto del estrecho corredor existe una encrucijada de caminos. Por la vaguada de la izquierda baja la vereda que viene de los Tiros de Casares (o del Hoyo Oscuro). Por una falsa collada que cuelga sobre el camino que ha de seguirse, atraviesa la senda que se encamina a la Colladina de las Nieves. Para bajar a Liordes basta continuar por el camino principal (el único realmente evidente). Un corto descenso por plena peña nos deja prácticamente en la vasta collada de mullido pasto que separa la Vega de Liordes de la cabecera de la Canal de Asotín.
La profunda depresión de la vega de Liordes está regada por un permanente curso de agua que mana entre las escombreras de las antiguas explotaciones mineras. En la llamarga de las frecuentes charcas crecen llamativas flores que dotan a la planicie de un sinfín de tonalidades. El breve curso de la riega se adentra en las entrañas de una oscura cueva, descolgándose por un entramado de simas, sifones y galerías que vertebra el subsuelo de los Picos de Europa.
A la derecha de la collada (Noroeste) se extiende la Canal de L'Asotín. Nuevas señales marcan las distintas alternativas. Tan ineficaces como inoportunas. Quien no sepa encarar el descenso por dicha canal sin la simple ayuda de un mapa, no debería adentrarse en los escarpados macizos cantábricos. La línea de la canal es tan evidente que sólo la acción erosiva de una deslizante lengua glaciar pudo forjar tan rectilíneo embudo. Una sucesión de plácidas camperas va encaminando nuestro caminar por el fondo de una vaguada en ciernes. Un suave descenso que la misma configuración del terreno va guiando. Una pequeña subida interrumpe el monótono dejarse llevar por los verdes pastos. Sin afrontar el breve repecho, cabe adentrarse por un valle secundario que se abre a la derecha, bajo los farallones que no hace mucho se venían recortando. El valle está dominado por los derrubios de las peñas que lo presiden. Entre el extenso canchal se malconservan viejas construcciones pastoriles. A medida que se desciende hacia el fondo del valle, los pedregales van cediendo a favor del manto vegetal. En la cuenca inferior un límpido espejo refleja los asfixiantes rayos del sol.
El Lago Bajero no es muy profundo. De figura alargada, adaptándose a la configuración del pequeño valle, contrasta con la redondez del Lago Cimero, más propia del circular jou que lo cobija. En sus aguas vive una gran variedad de especies subacuáticas, proliferando con demasía los cabezones o renacuajos. Algún tritón aletea entre las jóvenes ranas. Una gran variedad de microfauna completa la compleja vida de los ecosistemas lacustres.
Lago Bajero - Canal de Asotín - Cordiñanes (2 horas)
El pequeño valle secundario donde se resguarda el viejo lago vive aislado e incomunicado en un rincón de la extensa canal a la que pertenece. Una vasta collada cierra la hermosa vaguada. La llamativa tonalidad verdosa que la recubre invita a subir a sus apetecibles pastos. Vestigios de antiguas construcciones de uso pastoril, evocan un pretérito pasado de gran trajín. En la collada que domina el secundario valle confluyen abandonadas veredas del ganado. Una gran vira corta los imponentes paredones que se yerguen sobre el lago, atajo de cabras y rebecos para subir al Lago Cimero. Una serie de traviesas se encaminan al Argayu Congostu, buscando los aterrazamientos que se intercalan entre el cauce de la Canal de Asotín y la Torre de las Colladinas. La aguja de la Señora del Tío Toribio espera quieta, indicando a los despistados montañeros las veredas de paso al argayo.
Mas para retomar el sendero que baja por toda la Canal de Asotín, basta devolar el canto que delimita el valle del Lago Bajero por la izquierda. Al otro lado se topa con la pisada senda que recorre la canal. Atraviesa las graveras que se extienden por la ladera que delimita el fondo de la vaguada por la derecha. Pierde altura continuadamente. En la boca en que se recupera la hermosa visión de la Vega de Asotín, cae hacia el lecho de la vaguada. Momento en que ésta se transforma en alargado canalón. La referencia visual de la vega aplana al cansado montañero. Hay que concentrarse en bajar, sin preocuparse de la distancia que nuestros engañosos sentidos anuncian. Ensimismados con la omnipresente Peña Santa, y acongojados por la amenazante penumbra del Corredor Norte de la Torre del Friero, alcanzamos la relajante planicie de la Vega de Asotín.
Aún resta una hora de marcha. La refrescante sombra de las hayas, los bajos voladizos y la sobrecogedora Rienda de Asotín, son la antesala de un hermoso valle, donde el montañero se reencuentra con los vecinos de la aldea de Cordiñanes.