COLIO - COLLAO JUMALES - MONTE LOVIA - PICO LAS AGUDINAS (ida)

 

Punto de partida: Colio.

Duración: 3 horas. El regreso puede efectuarse en unas dos horas y media, aunque caben otras alternativas igualmente sugestivas, que situarán la duración total del circuito en unas seis horas.

Desnivel: 1.200 metros (aprox.).

Dificultad: Fácil (Iº). La aproximación a la base de Las Agudinas tiene lugar por un terreno poco agradecido para caminar, pero de gran atractivo montañero. Busca la línea de peñas que delimitan los derrubios del Canchorral de Hormas por la derecha, adentrándose en un terreno, sino difícil, si agreste y tomado -en ocasiones- por la maleza. La vía de ascenso aquí reseñada para alcanzar la cima es la más directa. Contrasta con la suavidad de las vegas que se asientan sobre la plataforma que se extiende entre el Portillo del Rey y el Pico de las Agudinas.

Características: Colio se asienta en uno de los valles secundarios más orientales de la Liébana. Lógicamente me refiero a la sucesión de valles que se desprenden de la alineación de altas cumbres del Macizo Oriental que presiden el curso del río Deva. Los cortos ríos que manan de las entrañas de este macizo, se descuelgan por las faldas sureñas de este sobrecogedor conjunto calizo. Bajan paralelos a morir al cauce principal del río Deva. En su discurrir han labrado pequeños y hermosos valles, protegidos de los rayos solares por extensos bosques, que -en la actualidad- alternan con un irregular mosaico de praderas que circundan los pueblos lebaniegos.

A estos pueblos de montaña se accede desde la carretera principal que sube a Espinama, más conocida como carretera de Fuente Dé, por servir de acceso al complejo turístico enclavado en el circo glaciar en que nace el río Deva; un despropósito en uno de los valles más ricos de España, y donde los pueblos tratan de integrarse en el paisaje, respetando el tipo de construcción tradicional de este rincón de Cantabria.

Siguiendo el curso descendente de este río, en los valles que acogen los afluentes que se le unen por la izquierda, se encuentran los pueblos de Pembes y Llaves; Mogrovejo, con su torreón medieval vendría a continuación; Tanarrio y Brez, en la vertical del sector más agreste del macizo; más al Este, escondido en un profundo valle, el solitario pueblo de Lon, que recoge las aguas que se precipitan por las Arredondas, amplia canal que separa Silla Caballo de la Rasa y los Llambriales Amarillos; en el valle contiguo se asienta otro bello pueblo, con casas de adobe, Argüébanes. Pueblos como Redo o Vallejo me han quedado en el tintero, debido a sus malas comunicaciones o a su dependencia de un núcleo principal que los hace pasar desapercibidos, aunque no por ello dejan de tener su encanto.

No se puede proceder a una enumeración de algunos de los pueblos que restan por citar sin hacer mención a la Villa de Potes. Este núcleo de población se erige en el centro neurálgico de la Liébana. Se asienta al pie del Cueto Baro o Cueto Arabedes, donde se han erigido unas antenas visibles desde lejos. En sus laderas se sostienen difícilmente las casas de Rases. Al Noroeste del "pico de las antenas", se extiende una sucesión de lomas por la que discurre la pista de Trulledes (Puerto de Potes). A este tronco principal confluyen las pistas que remontan desde los pueblos que esta sucesión de lomas vertebra. Por su izquierda (mirando en dirección al Macizo Oriental) recibe las pistas que vienen de Argüébanes; por su derecha, los pueblos más reseñables son Viñón y Colio. Más al Este, en la falda de las estribaciones del Macizo Oriental, aún se encuentran pueblos como Pendes y Cabañes.

Colio se esconde en un pequeño valle de transición, a caballo entre la suavidad de relieves que circundan los pueblos de Pendes y Cabañes y los marcados valles que se descuelgan de las señeras cumbres del Oriental. Las cimas que dominan su valle, oscilan entre los mil trescientos y los mil setecientos metros, modestas montañas que ocultan parcialmente cimas más altivas como el Samelar (2.227m.). Sin embargo, en el caótico cuenco del que se descuelgan las aguas que fluyen por este valle, se puede contemplar uno de los fenómenos más espectaculares de los Picos de Europa. Este circo que preside la cabecera del valle de Colio, presenta imponentes tajadas y profundas caídas, que otorgan a este rincón del macizo, el sobrecogedor ambiente de la alta montaña.

Cuentan los viejos del lugar que cuando la niebla se adueña de la montaña y la oscura noche cae sobre sus cumbres, se oyen estruendosos ruidos que sobrecogen al valle. Son los diablillos de Colio que, aprovechando la soledad que la montaña recupera en días oscuros y lluviosos, se dedican a empujar enormes bloques pétreos a fin de despeñarlos sobre las casas del pueblo.

El imperio de la razón, que ha intentado dar una explicación coherente a mitos y leyendas, presenta un panorama menos poético, pero no por ello menos interesante. Los bloques entre los que se ocultan los diablillos, se amontonan desordenadamente en un pequeño circo. Esta cuenca se halla delimitada entre el Pico de las Agudinas, El Acero y la cresta oriental del Picón. Las laderas que se incardinaban en este triángulo se han ido precipitando sobre la cubeta primigenia, acrecentando su diámetro. Con el paso de los siglos se ha ido formando un enorme canchal, que responde al nombre de Canchorral de Hormas. Los bloques, inestablemente desprendidos sobre una capa de arcilla, van resbalando hacia la boca inferior del circo, única salida natural del Canhorral. Esta boca natural se precipita hacia el valle a través de dos blancas lenguas, pulidas por el arrastre incesante de los bloques calizos. Nos encontramos ante un auténtico glaciar de rocas que, al romper sobre el valle, arrastra todo lo que se encuentra a su paso. Así aconteció hace más de cien años, cuando al ceder los bloques que obstruían la boca del Canchorral, se extendió sobre Colio una masa demoledora de barro, rocas y agua que no se detuvo hasta chocar con el cauce del río Deva.

 

 

Descripción:

Accesos

Entre Potes y la entrada / salida del Desfiladero de la Hermida, se encuentra la localidad de Tama. Allí, escondido tras los tablones de madera de una sierra, se encuentra el desvío en que arranca la carretera de montaña que sube a Colio. Presenta dos cruces reseñables. El primero se halla junto a una ermita. Desechando el ramal de la izquierda (que sube a Viñón) se continúa de frente, pasando junto a uno de los árboles singulares de Cantabria. La segunda bifurcación ya es la de Colio. Se deja la carretera principal, que sigue hacia Pendes y Cabañes, y se toma el ramal de la izquierda que, en unos cientos de metros, alcanza el pueblo de Colio.

Colio - Collao Jumales - Pico Soliveño (1 hora 45 minutos)

Colio es un pequeño pueblo de montaña que vive a la sombra del Pico Paña. Sus viejas construcciones alternan con casas señoriales que sorprenden al viajero que a sus puertas llama. En su recuerdo quedan los vestigios de un pasado glorioso. Una antigua fachada da fe de la existencia en el pueblo de una Escuela militar de Caballería. Un pueblo ganadero y pastoril que explota racionalmente las riquezas de su entorno. Una montaña apenas degradada reclama un lugar de privilegio en un valle integrado en el medio, respetuoso con su cultura, su pasado y que tiene muchas más cosas que ofrecer que un armatoste mecánico que se erige erróneamente como motor turístico de una comarca de exuberante belleza cultural, natural y paisajística.

Se bajan unos metros por la carretera por la que se ha llegado al pueblo. Enseguida se coge la pista hormigonada que sube al barrio de La Parte. Ésta cruza el reseco cauce del río La Sorda, internándose en una incipiente mancha forestal. En suave ascenso se va acercando a este barrio de Colio.

Nada más pasar una poco agraciada construcción, grande y que hace las funciones de cuadra, donde se encuentra una placa con el nombre del barrio, se toma una pista, también hormigonada que se empina a mano izquierda. No hay que entrar en las casas del pueblecito, antiguas construcciones que se dejan a la mano contraria.

La pendiente pista que ahora se inicia es la que sube a unirse al ramal principal que, por todo lo cimero de la sucesión de lomas que se extienden al Sudoeste (y que se inician en el Pico de las Antenas, cueto que domina la Villa de Potes), comunica los pueblos de los valles lebaniegos con el puerto de Potes, vasto pastizal que se forma en la cuenca que configuran las faldas sureñas del San Carlos / Sagrado Corazón y el Samelar.

Habiendo fijado precisamente la ubicación del Collao Jumales, primer punto de referencia de nuestra ruta, no hay mayor problema en seguir por la pista. El Collao Jumales es una gran collada sita al Sur de la peña homónima. Ésta, junto con el Pico Soliveño, son los dos primeros cuetos calizos que irrumpen por el cordal que delimita el río la Sorda por la derecha. Se encuentran al Oeste de Colio, en la línea de cumbres que baja desde Las Agudinas. Del mismo Collao Jumales, desciende una marcada vaguada que busca el cauce del río la Sorda, no lejos del barrio de La Parte.

La pista que continúa hacia el puerto, amplia y asentada, se une -como decía- a la que viene de Potes. Encara la blanca caliza de la peña Jumales. Al llegar al segundo de los bebederos que se encuentran a la par de la pista, se deja su compañía para alcanzar el Collao Jumales. Tampoco hay mayor inconveniente para continuar por ella, bordeando la peña, y entrar por detrás de ella, directamente al Monte Lovia.

Sin embargo, a fin de evitar el largo rodea a que obliga la pista, cabe optar por una subida más directa. Ha de buscarse una pista secundaria que entra en la ya citada vaguada que desciende del Collao Jumales al río de La Sorda. Este abandonado ramal se coge en un tramo suave y serpenteante de la pista principal (con dirección Sudoeste) en que se va dejando a la espalda el pueblo de Colio. La entrada al breve tramo de pista secundaria está cubierto por una fina capa herbosa. Al entrar en él se produce un brusco cambio de sentido con respecto a la dirección que se traía.

La antigua caja entra a morir a la vaguada de referencia. Su parte derecha (sentido ascendente de la marcha), viene delimitada por una alargada muralla caliza en que se asientan dos peñascos. El de la derecha es el superior, caracterizado por una pulida llambria. Es el Pico Soliveño. La Peña Jumales queda sobre el collado a que asciende esta vaguada a la que ahora se ha accedido, a la izquierda de este conjunto pétreo. Entre la Peña Jumales y el Pico Soliveño se empieza a intuir la presencia de una canal por la que se remonta al Monte Lovia. En la base de esa muralla caliza se descubren los postes indicativos que vienen delimitando el Parque Nacional de los Picos de Europa.

Por la vaguada remontan diversas veredas del ganado; no obstante, la comodidad de la pista del puerto, ha propiciado un mayor desuso de estos senderos. Con la primavera la maleza y los helechos se adueñan de las sendas, siendo frecuente despistar su trazado. Este inconveniente lleva a los montañeros a buscar otras alternativas, decantándose por la comodidad de las pistas. Es la pescadilla que se muerde la cola: cuanto menos se frecuenten esta veredas, más se irá adueñando la exuberante vegetación de su rastro, de tal modo que estos antiguos senderos terminan perdiéndose entre la maleza.

Desde el Collao Jumales (1.008 m.) se disfruta de una más amplia vista, dominando una buena parte del valle del río Deva. Al otro lado de la collada se destaca la pista del Puerto de Potes, primera opción apuntada.

Entre la Peña Jumales (1.189 m.) y la peña que precede al Pico Soliveño (1.226 m.), se forma una marcada canal herbosa. Su collada cimera presenta una mata de arbolado que la recubre, es el Monte Lovia. Del Collao Jumales parte una senda que se adentra en la canal. Se afrontan los primeros tornos. Una alambrada impide el paso del ganado a una canaluca secundaria que sale a mano derecha. Se salta el cierre y se trepa por la vereda que se retuerce entre las peñas que dominan el canalón. La salida tiene lugar por la vertiente de Colio, sobre la muralla rocosa que cierra la vaguada de subida al Collao Jumales. La senda pasa junto a un peñasco, donde dobla para dar vista al Pico Soliveño. Pegada a la peña que lo precede, la que se viene bordeando, se encamina a una collada, también poblada de árboles, sita a la izquierda de aquel pico. En las llambrias que se van dejando a la izquierda ha crecido una tupida hiedra que se pega a la caliza dando vida a una vertical manta vegetal, que durante la floración es muy apreciada por la abejas.

Por la izquierda del Pico Soliveño se entra en el Monte Lovia. Previa al bosque se forma una bonita campera, tomada por el felechal durante el estío, donde se retoma la vista del Canchorral de Hormas. A su derecha la aislada cumbre del Acero, mostrando su vertiente más salvaje, en cuyas paredes se forman inverosímiles canales sólo recorridas por las pastoras más atrevidas. En Colio las mujeres debieron ser más lanzadas que los hombres, al menos aún son más parlanchinas a la hora de recordarnos los viejos pasos pastoriles por la peña.

Monte Lovia - Pico de Las Agudinas (1 hora 15 minutos)

El Monte Lovia se extiende por una plataforma, en forma de vasta collada, asentada al Oeste de la Peña Jumales y del Pico Soliveño. Por el Sudoeste viene cerrando la pista de Trulledes (Puerto de Potes). Al Noreste se descuelga la Canal de la Javariega, hacia la zona más caótica del río la Sorda, bajo los despeñaderos del Canchorral.

Se atraviesa el bosque hacia el Noroeste. La estrecha franja que se oculta bajo esta mancha forestal no da pie a problemas de orientación, pues pronto se sale a una cuesta abierta tomada de matorral. Presidiéndola se yergue una peña caliza. Se comienza a remontar la cuesta con tendencia a la derecha, en busca de una canaluca herbosa que se forma a este lado de la peña.

Algunos árboles se desgajan de la mancha boscosa, secos troncos aislados en medio del matorral. Al otro lado del río la Sorda, aparte de la omnipresente peña del Acero, se alza airosa la Pica Paña. La alragada vega que se cobija en su falda la delata. En las caídas sureñas del Acero, separando las canales más agrestes del entorno de Colio, irrumpe una peña que asemeja el cuerno de un rinoceronte. La llaman en Colio el Pico la Nariz, al que se accede por unas traviesas que se forman en la cara Sudeste del Acero, y que se cogen en la Cuesta la Vega, vasta cuesta que separa La Vega (la reseñada vaguada que se forma en la falda del Pico Paña) del Pico Acero. Los pastores de Colio también hablan de su accesibilidad desde las canales que se descuelgan por la margen izquierda del río la Sorda.

La canaluca que se toma al final de la cuesta que sobresale del Monte Lovia, no se libra de la presencia del matorral. Las cabras y ovejas han trazado marcadas veredas que remontan por su centro. En la parte inferior se encuentra una alambrada que dificulta el paso. Aparecen las primeras sendas que se desvían al canto que delimita la canal por la derecha, colgado sobre subcanales que se precipitan sobre los derrubios del Canchorral. Cuando por el canto, cuando por la canal, se va ganando altura. En la parte superior conviene salirse de la canal por el canto de la derecha. En cuanto los pequeños cortados que lo delimitan dejan opción, se cogen unas traviesas que dan vista al valle. Flanquean por el Sudeste la peña que cierra por la derecha la collada cimera de la canaluca de subida. El terreno es incómodo. Difusas veredas proliferan entre la vegetación.

Debe remontarse hasta una collada que se forma a la izquierda de una peña caliza. A esta mano, algo más arriba, se destaca un coteruco formado por tres desiguales agujas. Se desecha una colladina mucho más baja, junto al último coteruco antes de descolgarse sobre las vertiginosas lenguas del Canchorral.

Devolando la collada se da vista a los Diablillos de Colio. Este glaciar de piedra se muestra en toda su grandeza. La ruta que se sigue atraviesa a media altura las inclinadas laderas de oscura hierba que vierten a la cuenca del canchorral. El movimiento del canchal se deja sentir en los argayos que arrastran la cubierta vegetal.

La zona superior de las laderas que se atraviesan viene configurada por dos verdes colladas, separadas por un grueso torreón calizo. De las dos colladas sólo se ve la primera, quedando su hermana oculta tras esta peñona. Bordeando el peñón por su base, dando vista al Canchorral, se accede a la collada postrera, desde la que se acomete la ascensión a Las Agudinas. No es preciso señalar la ubicación de esta cima, por obvia.

Bajo la cima de Las Agudinas se destaca una vertical pared, en cuya base quiere apreciarse un pequeño circo. A su izquierda se remarcan dos pequeños picachos. Entre la cumbre y el primero de ellos, se descuelga una vertiginosa grieta que configura la pared por la izquierda, y en cuya base se forma un cuevucu. La línea de cumbre se completa con un hombro algo más romo. Entre esta llomba cimera y el segundo picacho, se adivina la rampa de salida.

Bajo este conjunto se forma una franja intermedia de gran inclinación. Un alargado canto rocoso, que desciende de izquierda a derecha, delimitando el circo que se cobija en la vertical de la cima, quiebra la uniformidad de esta franja. En la parte inferior de la peña se asienta una panda herbosa, bastante amplia que, aunque inclinada, cede en bravura respecto de la franja superior. La colgada panda se sostiene sobre una pequeña muralla rocosa que delimita las laderas que caen hacia el canchal. Esta alargada franja caliza sólo cede a la altura de la collada desde la que se inicia el asalto a la cumbre.

Una brevísima canaluca de hierba permite acceder a la panda herbosa. Se remonta toda la canga en busca de la zona intermedia de la montaña. La fuerte pendiente se salva en forzados zigzag, donde se intuye el paso de los bichos. La cresta que corta esta franja de izquierda a derecha, se deja a esta mano. El punto de referencia es un arbolillo que nace en la parte superior de este disimulado canto. A medida que las veredas de las cabras se acercan al punto de referencia, se hacen más evidentes. La pendiente se vuelve más impetuosa, obligando a hacer uso de las manos (Iº). Una travesía ascendente hacia la derecha, lleva hasta el árbol solitario. Se da vista al cuevucu que se forma en la parte inferior de la quebrada brecha que corta las paredes inferiores de la cima. Una nueva travesía, esta vez de derecha a izquierda, conduce a la rampa de salida, que se afronta en sentido inverso. Ésta muere al lado del morro cimero, al que se sube en breves instantes.

La vista que se domina es espectacular. Aparte del hermoso Valle de Liébana, se nos muestra una de las vertientes más sugestivas del Sagrado Corazón. Su bella silueta se recorta en el horizonte, engalanada en un marco incomparable. Una vega de relajante placidez, sorprende por lo inesperado. Su suavidad de relieves contrasta con lo caótico del Canchorrral. Viene delimitada dentro de un triángulo comprendido entre tres evidentes vértices naturales. Los dos inferiores se corresponden con Las Agudinas (1.738 m.) y con el Portillo del Rey (1.809 m.). En el vértice superior se encuentra la alargada crestería del Picón (1.976 m.). Esta cresta viene configurada por un tipo de roca distinto a la caliza propia de los Picos. Se trata de conglomerado de tipo pudinga, con cantos redondeados.

Tras el Picón emerge la imponente muralla pétrea de Paré Corvera. Su punto somital se corresponde con la cima del Alto de Las Verdianas, que se eleva ligeramente sobre los dos mil metros (2.024 m.). Entre Paré Corvera y la más modesta crestería del Picón se extiende la Canal del Valle, que remonta desde las Minas de La Aurora, sobre el Puerto las Brañas (Bejes), hasta el Collao la Llaguna. La charca que se forma en esta collada no es sino el terreno encharcado de una antigua bolera.

Tras la línea que une las cimas del Picón y del Portillo del Rey, se extiende una alargada franja de pastizal que se descuelga sobre Trulledes (Puerto de Potes). Es una bonita opción para regresar a Colio, completando un bonito circuito. Reseñar que Trulledes es una cuenca que se forma en la base de la Canal de San Carlos. Esta canal sube al Collao homónimo, el que separa el Sagrado Corazón y el Samelar. Por la parte inferior de la canal aún se pueden observar los restos de las pistas mineras. Al mismo puerto llega una amplia pista, de fortísimo desnivel, que viene de Potes, recibiendo en su trayecto los diversos ramales de los vallles limítrofes, como ya he dicho en más de una ocasión.

 

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