SOTO DE SAJAMBRE - PUERTO DE BEZA - CANAL DE MISA - LAS SEGADAS - PEÑA BEZA - CEBOLLEDA - CANTO CABRONERO (vía normal y variante de la Cara Sur) - CANAL DE MISA - COLLADA DE BEZA - EL OLLA - PUERTO DE BARCINERA - VEGABAÑO - SOTO DE SAJAMBRE (semicircuito)

 

Punto de partida: Soto de Sajambre.

Duración: 7 horas 15 minutos.

Desnivel: 1.100 metros (aprox.).

Dificultad: Poco difícil (IIš).

Características: El circuito ideado es algo forzado. Plasmando el itinerario en el plano, el resultado es un trazado algo extraño y sinsentido. Pero las líneas de los mapas no representan la belleza de la montaña. Es cierto que se podría diseñar un circuito en redondo más atractivo a la hora de fijar nuestras historias montañeras en nuestros desgastados planos; pero he preferido desviar la atención de la línea más recta para poder reconocer alguno de los pasos más espectaculares y bellos del valle de Soto de Sajambre, sin prescindir -en esta ocasión- de coronar dos de las cimas más señeras de este sector de los Picos de Europa. En ambos casos se plantea una alternativa a la vía normal.

No es momento de cantar las maravillas del valle de Soto de Sajambre. Tanto este pueblecito de montaña, como el Canto Cabronero se han labrado el reconocimiento del colectivo montañero. A la misma altura se encuentra Vegabaño, una de las vegas más renombradas y visitadas de la Cornisa Cantábrica. En este apartado simplemente voy a referirme a la larga travesía que, colgada sobre el valle, alcanza el Prau Las Segadas. Sorprende por lo inesperado de su existencia. En lo que parece una inexpugnable fortaleza natural, cuya vertiente Sur presenta un frente de varias centenas de metros cuasiverticales, el ganado ha ideado un paso que corta las abismales caídas en toda su integridad. Pero lo que más llama la atención no es el atrevimiento de cabras y ovejas, sino el tratarse de una sencilla travesía que permitiría el paso incluso del ganado vacuno. En plena pared se forma una sucesión de verdes colladas enlazadas por una vereda muy frecuentada por los pastores y sus rebaños.

Teniendo en cuenta que el flanqueo por las caídas sureñas de Peña Beza se inicia prácticamente sobre el puerto a que da nombre esta montaña, en tanto que finaliza en la misma vertical del Puerto de Barcinera, no es difícil de imaginar la variedad de paisajes que se pueden contemplar desde este interminable mirador. En la base de la pared llama poderosamente la atención una hondonada en que alternan los bloques calizos desgajados de la peña, un hayedo que se comunica con la más extensa mancha forestal que domina todo el valle y colinas de campera en que se cobija la majada de El Olla. La hermosura de este emplazamiento contemplado a vista de pájaro, reafirma mi intención de completar el recorrido con la visita de este rincón, pese a obligar a idear un forzoso rodeo.

 

 

Descripción:

Accesos

A la salida del Desfiladero de los Beyos, por cuyas entrañas fluye el Río Sella, se abre el Valle de Sajambre, ya en la Provincia de León. Oseja ostenta la capitalidad del valle. No ha de llegarse a este pueblo, sino que unos quinientos metros antes (entrando desde Asturias), se toma el desvío a Soto. La estrechita carretera de montaña que sube a esta localidad tiene una longitud de unos cuatro kilómetros.

Soto de Sajambre - Senda del Arcediano - Collada de Beza (1 hora 15 minutos)

La carretera que llega a Soto se convierte en la columna vertebral del pueblo. Al final gira a mano derecha, salvando el riachuelo que recorre el fondo del valle en que está enclavado Soto por un puentecillo. En ese momento ha de seguirse una pista que sale por la izquierda de las últimas casas. Enseguida acomete un giro muy pronunciado, donde recibe el degradado ramal del recién remozado lavadero, en que se encuentra el primer poste indicador de la Senda del Arcediano.

La pista presenta un desnivel muy acusado. En apenas unos minutos se gana una considerable altura respecto del pueblo. El fuerte repecho, aliviado por la sombra que proporcionan buenos ejemplares arbóreos que crecen al lado de la pista, no tarda en suavizarse. A mano derecha arranca un camino / pista secundario. No es más que un atajo de la pista principal. Ésta se desdobla, algo más arriba, en dos ramales. El que sigue de frente sube hasta Güembres. Este conjunto de invernales, sito en una abierta collada, es una encrucijada de caminos. Dejando la pista, que continúa a morir a las praderías de Rodiles, pueden señalarse tres caminos principales. El que baja por el pequeño valle que se abre al otro lado de la collada, rodeando las muriadas praderías de Güembres. Se adentra en el bosque, en cuya espesura se oculta la majada de Cerezaledo, recorriendo el valle en toda su extensión. A la salida del mismo inicia el descenso hacia Ribota. Durante el trayecto se encuentran enclaves tan atractivos como las ruinas de la Ermita de San Pedro o el salto homónimo, una de las cascadas más bellas de la Provincia de león, al menos hasta que los tubos de una minicentral la degradaran visualmente y la dejaran sin caudal. El segundo de los caminos que arrancan de Güembres es el que, recorriendo la mancha forestal que se extiende paralela a la crestería de Peña Loto, entra en la antigua majada de Jusierra. Un tercer camino sube, por la cabecera del valle de Cerezaledo, hacia el Collao la Mosca (más o menos siguiendo la dirección de los postes de la luz). Este collado da paso al de Pandemones, donde finaliza la pista abierta sobre el trazado de la Senda del Arcediano.

En la bifurcación de la pista principal que sube desde Soto de Sajambre, resta por hacer referencia al ramal de la derecha. Es el que ha de seguirse. Ocasionalmente se encontrarán las marcas de pintura del SGR Senda del Arcediano. En una portilla pintada de verde recibe el camino reseñado como atajo. Con una pendiente muy suave, va marcando la línea divisoria entre las praderías y la cuesta. Una muria, interrumpida intermitentemente por una sucesión de esbeltos árboles, va acompañando el discurrir del camino. Como telón de fondo, las esbeltas torres calizas del Macizo Occidental, presididas por la todopoderosa Peña Santa, irrumpen por detrás de la línea de bosque que delimita el valle de Soto por el Este. Este límite oriental del valle viene configurado por dos colladas, entre la que se intercala el promontorio de la Cotorra de Escobaño. Por la collada de la derecha entra la pista de Vegabaño. En la otra collada (Puerto de Barcinera), en la falda de la fortaleza de Peña Beza, se encuentra el paso hacia Carombo (sito en la misma cuenca del río Dobra).

Al final de un breve repecho existía una cabaña, entre los árboles, al lado del camino. La silueta de la ingente mole de Beza, que emerge al Noreste, altiva sobre las copas de los árboles que flanquean la Senda del Arcediano, enmarcaba visualmente uno de los rincones más característicos de esta senda. Lamentablemente apenas se conservan unas ruinas de aquella vieja cabaña, que pasan desapercibidas. Una vez que el camino enllana se recibe una pista por la izquierda, sin que dé lugar a confusión alguna. El camino continúa hasta llegar a Valdelosciegos. A diez metros de un solitario invernal, se encuentra un bebedero. Simplemente se ha habilitado un cuenco donde se detiene momentáneamente el agua de un regato que cruza sobre la senda.

Enseguida se llega a un importante cruce, pues en el se desdoblan las rutas de la Senda del Arcediano y de la Jocica (ambas muy frecuentadas por los montañeros) o, lo que es lo mismo, los caminos del Puerto de Beza y del Puerto de Barcinera (ambos enclaves de gran interés ganadero). Antes de la bifurcación el camino sale a terreno más abierto, permitiendo una panorámica completa de Beza. Esta cima se erige en el punto somital de una auténtica fortaleza natural. Presenta dos frentes bien definidos. La muralla Sur domina todo el valle de Soto. Alterna la caliza con la vegetación. Una canal herbosa que se adentra en plena muralla quiebra la uniforme formación constituida por franjas horizontales. La traviesa principal, en el tercio superior de la peña, presenta una sucesión de colladinas por donde discurre El Travesedo, un antiguo camino de ganado que cruza bajo la cumbre de Beza hasta alcanzar el Prau de las Segadas. He de reseñar que este paso sólo es evidente una vez que se llega a él.

La muralla occidental del conjunto de Beza es más modesta. Es la parte más vulnerable de esta ingente fortaleza; no obstante, en esta cara de la peña se encuentra la Canal de Misa, vía habitual de subida para acceder a las vastas camperas que se esconden en el interior de las defensas naturales de Beza. En esta vertiente Oeste se forman las laderas que caen hacia el Puerto de Beza.

Tras este breve respiro, aprovechado para ubicar un poco mejor el objetivo del día, se reinicia la marcha en busca del cruce de caminos. La pista cruza sobre una riega. Veredas muy pisadas remontan hacia una campera. Ascienden por el pasto entre varios espinos. Hago mención a este rastro de los bichos por tratarse de un atajo muy frecuentado por los montañeros. Sin embargo, el cruce dista escasos metros de este desvío. La pista gira bruscamente a la izquierda. El camino que sigue de frente sube hasta el Puerto de Barcinera. Sólo presenta un tramo algo confuso al llegar a Llagubeño. El sendero se pierde en la campera. Basta subir a la izquierda, en dirección a la peña de Beza, por toda la campera. Unos veinticinco metros más arriba, se tuerce a mano derecha, reintegrándose al bosque, por un sendero que se cuela entre bloques pétreos que se desprendieron en épocas pretéritas de los paredones que dominan el valle.

Por su parte la Senda del Arcediano sigue el recorrido de la pista. Pronto va ganando altura merced a una sucesión de revueltas. Un falso llano permite un respiro. Abajo queda el serpenteante trazado que busca suavizar el desnivel. La pista se encamina en dirección (algo desviada a la derecha, pero a su altura) a una peñuca caliza que irrumpe sobre la riega que desciende por el valle. Presenta una característica oquedad en su parte inferior. Tuerce suavemente a la derecha, paralela a la caja del antiguo camino. A esta mano sigue desviándose, abandonando la referencia del cotero y enfocando al Jurcuetu (solitaria peña sita al Oeste de Beza, entre la Collada de Beza y el Collao Pandemones). Aumenta el desnivel. Por la derecha cierra un terraplén terroso de un metro (aproximadamente). Inicia un tramo recto entre espineras, momento en que se abandona la compañía de la pista y se pasa a la campera que la delimita por la derecha, cruzando la tomada caja del antiguo camino.

Se remonta por toda la campera, donde proliferan las espineras. La pista se adentra en el bosque y afronta el último repecho antes de llegar al Collao Pandemones. La montaña que se eleva a la derecha de éste es el Jurcuetu. Entre esta peña y la de Beza se abre la Collada homónima. Pero un peñón que se encuentra frente a nuestra posición, impide la visión de esta collada. Por su derecha se remarca una vallejuca. En su parte inferior se forma un pequeño afloramiento calizo. Por su base cruza un marcado camino; no ha de perderse la referencia, pues es el que ha de cogerse. La campera por la que se sube está muy tomada. No se conservan los vestigios de la antigua senda pastoril. Las únicas veredas se desvían a mano derecha. Son sendas del ganado que vienen de Llagubeñu. Cuanta más altura se coja, más cerrada se presentará la cuesta. Para evitar este inconveniente cabe desviarse ligeramente a la derecha de la línea de subida.

Alcanzado el marcado sendero que se ha reseñado, se inicia una travesía, bajo las peñas de referencia, en llano, en dirección al Collao Pandemones. Llega a una riega, en que se suceden los hundimientos terrosos. Abandonado el sendero principal, que continúa hacia el Collao Pandemones (Los Collaos), se remonta por el cauce de la riega. Ésta desciende por una canal herbosa que se forma entre los contrafuertes del Jurcuetu y del peñón que impide la vista del puerto de Beza. Antes de llegar a estos contrafuertes que delimitan la valleja por la derecha, se sale en llano a esta mano, retomando el sendero. Va ganando altura en cómodos zigzags, aunque disimulado por el desuso. Al final flanquea bajo el morro cimero y, por una cuenye que se forma a su derecha, alcanza el Puerto de Beza.

En las laderas que caen de la esbelta muralla Sur de Peña Beza, una collada irrumpe la uniforme diagonal que forma la falda de la montaña. De refulgente tonalidad, genera un fuerte contraste con el color pesado del matorral que cubre toda la ladera. Este rincón aislado en mitad de una vasta extensión de cuesta, que precede a una mancha boscosa que se extiende por las laderas posteriores, cobija lo que se denomina El Olla, antigua majada y punto de paso del Camino de los Rocinos, que se recorrerá durante el descenso.

Se acomete el último tramo de ascenso a la Collada de Beza, a la que se llega en cinco minutos. Esta amplia collada se abre a la derecha del Jurcuetu, y al pie de la falda occidental de la fortaleza de Beza. Desde la collada se da vista a la cabecera de una vaguada que baja hacia el Oeste. Un buen bebedero destaca en el descenso desde la Collada de Beza hacia esta vaguada que se forma entre el Jurcuetu y la cresta que sube a La Conia (donde se ha instalado una de las torretas de la luz). Por pleno valle remonta la Senda del Arcediano que, tras alcanzar el Collao Pandemones, sobre la majada que le da nombre, rodea el Jurcuetu por el Oeste hasta embocar el cauce de esta vaguada.

Enfrente de la Collada de Beza (Norte), una larga muria desciende desde la muralla de Beza, recorre una collada que se encuentra a la altura de la de Beza, y continúa por la cresta que se extiende hacia La Conia. En la collada una portilla permite el paso a la otra vertiente, entrando en tierras asturianas. Se conoce esta portilla como la del Tarabicu o la de Beza. Era el paso de los de León hacia Asturias por lo que se conoce como la Senda del Arcediano. Por ella pasaban (y pasan) los vecinos de Amieva con sus vacas para llevarlas hasta Carombo, en sentido inverso al descrito (de Asturias hacia León). El paso por tierras leonesas se circunscribía estrictamente al Camino de los Rocinos, por donde tenían reconocido derecho de paso. La morra que emerge al fondo corresponde al Valdepino, solitaria montaña que se eleva sobre la vasta majada de Tolleyu, extensa cubeta de pasto que se cobija al Sur de esta peña y al Este de los dominios de La Conia (uno de los balcones más impresionantes del Desfiladero de Los Beyos).

Collada de Beza - Canal de Misa - Las Segadas - Cueva Las Segadas - Peña Beza (2 horas)

La Canal de Misa es una corta tajada que se forma en la muralla de Beza. Su situación se delata merced a una alargada calva terrosa que arranca desde la misma Collada de Beza. La canal que se abre en plenos paredones, prácticamente en la vertical de este característico argayo de la falda de la montaña, es nuestro inmediato objetivo. Se remonta directamente por la pelada franja hasta su final. A medida que se va ganando altura, se empieza a abrir ante nuestros ojos un mundo infinito de amontonados cordales, sierras, peñas y altivas montañas. Todo un sector de la Cordillera Cantábrica y cordales astur-leonés, donde se destacan especialmente Ten y Pileñes y el imponente circo que forman los abismos semicirculares del Tiatordos.

Desde el final de la calva terrosa hasta la peña, apenas restan unos metros de cuesta. No tardan en descubrirse veredas de los bichos que se dirigen a la canal (incluso puede encontrarse algún jito). Conviene señalar que hay un camino muy marcado que se desvía demasiado a la derecha, y que puede llamar a confusión. Se adentra en una serie de canalucas paralelas y secundarias a la de Misa que, aunque confluyen con ella, presentan algún resalte de segundo grado (IIš). Por toda la canal de Misa sube un pisado camino, no en vano es el paso más utilizado por multitud de montañeros para acercarse al Canto Cabronero. En la parte superior una cresta caliza, a modo de proa de un buque corta la canal en dos. Se puede remontar directamente por la canaluca que se forma a su izquierda o trepar por las llambrias de su derecha (Iš). Ambas opciones son sencillas y se vuelven a unir en las inmediaciones de la collada de salida.

Vencida la Canal de Misa llama poderosamente la atención la esbelta torre del Canto Cabronero. Ésta es una de esas montañas que cambia de aspecto según el lado desde la que se mire, presentando desde esta collada cimera de la Canal de Misa una de las perspectivas más hermosas. La Peña de Beza es la ingente mole que se levanta a la derecha. Entre ambas montañas se interponen las Peñas de Cebolleda. El conjunto se completa con una sucesión de vaguadas, vegas y brazos de pastizal que envuelven todo el conjunto calcáreo del protegido interior de la fortaleza de Beza.

Antes de continuar con la descripción de la ruta, conviene detenerse unos breves instantes para ubicar inicialmente el arranque de las vías de subida al Canto Cabronero. La vía normal busca una rampa muy destacada que se forma a la izquierda del torreón occidental (al que se da vista). La ruta de los rebecos que se va a describir para el ascenso, se inicia en una canaluca que se encajona al lado opuesto, entre dicho torreón y una peñuca que se desgaja del mismo. A medida que se vaya subiendo por el canto en que nos encontramos hacia la Peña de Beza, se irá apreciando una panda herbosa colgada que sobresale por la derecha del torreón, pasto colgado que ha de alcanzarse para salir a la cresta cimera.

Refiriéndose a la peña de Beza, no está de más hacer una breve reseña de la vía normal. Entre la mole de la cima y la antecumbre que la precede por el Oeste se forma una canal herbosa, que degenera en lúgubre canalón en el estrechamiento a que dan lugar los contrafuertes norteños de la peña. A su derecha, se intuye una canaluca, también herbosa más modesta, se adentra en la vertiente occidental de la antecumbre, desapareciendo entre sus laderas. La vía normal busca esta canaluca. La remonta en toda su integridad. A su fin, se desvía al canto de esta antecumbre para pasar a la canal contigua. A su final se inicia una travesía ascendente bajo la cumbre de la Peña Beza. Reseñar un estrechamiento en plena llambria que da lugar a más de un acaloramiento (paso aislado de IIš), más que por la dificultad técnica, por lo forzado de la posición. Una vez en la cresta se sigue sin más inconvenientes hasta la cumbre.

A la derecha de la mole de Beza se abre una amplia collada de verde pasto. A ella hay que dirigirse. Basta seguir el canto en que se encuentra la collada de salida de la Canal de Misa. Precediendo a la collada de referencia, una pequeña calva de tierra, en una hondonada, débilmente se mantiene sobre uno de los canalones que se despeñan sobre el Puerto de Beza.

La collada cimera presenta una muria, reforzada con una alambrada, para impedir que las vacas pasen a la vertiente Sur de la peña. El cierre se extiende desde los resaltes inferiores de la antecumbre de Beza hasta una llambria, es decir, a lo largo de toda la collada. Por esta llambria puede pasarse la alambrada par situarse al otro lado de la muria, en lo que es el inicio del Travesedo. El sendero traza un primer arco hasta una collada contigua. Se puede decir que nos encontramos en el vértice de la fortaleza de Peña Beza, en el punto en que confluyen las murallas Sureñas y occidentales de la Peña. Este primer contacto con el Travesedo ya da muestras de lo que nos espera. La cuenca que se forma entre ambas colladas, se descuelga en un abismal canalón, escoltado por dos compactos coteros, a través del que se muestran los lejanos tejados de Soto de Sajambre.

Al doblar la primera collada del Travesedo, ya se da vista a toda la travesía hasta el Prau de las Segadas. Un pisado sendero corta toda la muralla sur de Beza, de collada en collada, hasta situarse en la misma vertical del Puerto de Barcinera, límite oriental del valle en que está enclavado el pueblo de Soto. De nuevo se hace precisa una pausa para tomar los necesarios puntos de referencia. Al final de la cresta somital que domina esta muralla Sur de Beza, parece desgajarse una peña. Por la cara a que se da vista se intuye el trazado de una vereda que, en zig-zag, remonta hacia lo cimero de la cuesta. No conviene perder de vista esta referencia, pues la vía de salida hacia la cresta somital de Beza.

El sendero del Travesedo es tan bello como sencillo, aunque no permite ir haciendo el tonto. Con las pausas precisas para contemplar el panorama, se camina ágilmente ganado metros a la travesía. Bellos estratos de la roca sorprenden a la vuelta de cualquiera de los collaos. Vegabaño, una rica vega rodeada de profundos hayedos, es la antesala del Jario, altiva montaña que cierra por el Sur el valle de Soto. Entre los primeros planos gran variedad, que llega incluso a mostrar una compacta llambria, donde cuelga un arbolillo y en cuya base se abre una cueva para el ganado más arisco.

El sendero acomete un breve repecho, comprimido entre la peña y dos árboles que penden en el vacío más angustioso de toda la travesía. Alcanzada la collada de salida de esta pequeña cuesta, se llega a la desviación. Antes de coger la vereda que corresponde, conviene continuar por El Travesedo hasta la collada contigua. Si la vista hacia el Este era hermosa, siempre acompañada por el conjunto de la Torre Bermeja y los Moledizos, en esta nueva collada de la travesía, alcanza el grado de sublime. La Peña Santa, la reina de los Picos, se muestra en todo su esplendor. Nos brinda el esbelto perfil que, dicen, ha dado nombre a todo el Macizo: El Cornión. Aún se puede bajar hasta lo que sería la última collada, entrando en el Prau Las Segadas. La panorámica de toda la vertiente occidental del Macizo de la Peñas Santas obliga a un merecido descanso. Desde Cotalba hasta la Torre Bermeja, pasando por el Requexón, la Torre de Enmedio o Las Garitas, sin mencionar rincones del entorno de Carombo, La Duernona o la Punta Extremera.

El Prau Las Segadas es una extensa e inclinada panda de pastizal alpino que se asienta sobre las verticales caídas que cuelgan sobre el Puerto de Barcinera. Por la izquierda cierra todo el canto que se inicia en la misma Peña de Beza que, si bien cede en altura, no lo hace en bravura. Porros cada vez más imponentes e inexpugnables se suceden, a medida que el canto va girando buscando la referencia de Carombo, en la margen derecha de río Dobra. En la parte superior de Las Segadas llegó a haber construcciones pastoriles para recoger el ganado, de las que aún hoy se conserva algún resto.

Por el Prau de Las Segadas se puede descender hasta el antiguo camino de Llaviñeru. Basta pegarse a los paredones de la izquierda. En la parte inferior se precipita en un vertiginoso canalón que, muy probablemente pende de un vertical abismo; pero en este punto se coge una traviesa que se abre a la izquierda. La salida coincide, prácticamente con el inicio del Seu La Jaya, vira herbosa bastante amplia, que permite alcanzar la parte superior de los paredones que van delimitando el descenso del Prau de Las Segadas por la izquierda. Sólo resta descender toda la cuesta que, alternando con un canchal de desiguales bloques pétreos, ocupan el único claro del bosque que se extiende a lo largo de la cuenca del Dobra. El camino de Llaviñeru da vuelta por los Porros de Canal de La Vieya. Discurre por un asequible canto, ya dominado por la vegetación, continuación natural del que ha ido delimitando el descenso por la izquierda. El problema de acometer este descenso radica en el estado de abandono del camino de Llaviñeru. Su rastro es muy difuso y difícil de seguir, siendo complicado enlazar con él si se desconoce su trazado. Decir, en todo caso que, durante toda la travesía por el hermoso hayedo que se extiende desde el Puerto de Barcinera hasta la vuelta Los Porros, el camino mantiene la altura.

Retomo la descripción de la ruta donde la dejé, en la collada en que se deja El Travesedo y se remonta peña arriba, antes de dar vista a Peña Santa. Una vereda de cabras se dirige a la cueva Las Segadas, sobre el tramo del Travesedo que se acaba de subir (sin tener en cuenta el desvío aconsejado hasta el Prau de Las Segadas; es decir, que el ascenso se inicia sobre el tramo de sendero donde se encontraban los dos / tres árboles que se toman como referencia para marcar el desvío). La senda llega a este primer abrigo de la peña y gira a la derecha, trazando el primer zig-zag. Este nuevo tramo es más escabroso, presentando una fácil trepada (Iš). Se sale a una panda más abierta, manteniendo la dirección momentáneamente. En cuanto sea posible se deja la panda de pasto, acometiendo un nuevo giro, esta vez a la izquierda. En esta ocasión se entra en un segundo abrigo para las cabras, al que precede un paso de llambria (Iš) que puede considerarse el paso más delicado del ascenso. Bajo el covacho se forma un embudo que se precipita sobre El Travesedo, siendo aconsejable no dar un mal paso. En todo caso recordar que hay senda, no se trata de un paso peligroso, siempre y cuando no decaiga la atención.

Se atraviesa todo el abrigo y se siguen unos pocos metros en la misma dirección hasta alcanzar una canaluca que se abre al otro lado. En su inicio quedan restos de un cierre de alambrada. La canal muere en la cresta somital de la Peña de Beza.

Al salir a la cresta el Canto Cabronero reclama nuestra atención, al igual que aconteciera a la salida de la canal de Misa; pero su silueta dista mucho de la que se contemplara en aquella ocasión. Bajo las paredes del Cabronero se extiende el laberíntico canchal de los Palombares. A su derecha se inicia un canto descendente en el que se destacan tres colladas o pasos. El superior, pegado a la pared oriental del Canto Cabronero es la Voz de Los Cabreros. En el inferior se remarca un frecuentado camino del ganado. Este camino viene de Llaviñero, antigua majada que aún conserva un buen bebedero sita al Sur de esta collada (Voz de Llaviñero). Este evidente camino es continuación del que entra por Barcinera y dobla los Porros de canal de La Vieya. Corta toda la ladera Este del Canto Cabronero, la que cae sobre el Dobra. Al finalizar la travesía puede descenderse hacia Sabugo (majada muy renombrada de la Senda del Arcediano, que esconde una imagen de la Virgen en una cueva que se encuentra en la margen derecha de la riega que nace en el Tolleyu), a través de La Ingiesta.

A la izquierda del Canto Cabronero se perfilan dos guapas colladas de exuberante pasto. Están separadas por la Peña de Cebolleda. Se recorrerán durante la travesía de la Peña de Beza al Canto Cabronero.

Para alcanzar la cima de Beza se sigue toda la cresta, por momentos se divisa la cruz de la cumbre. Se avanza cuando por plena cresta, cuando por la derecha. Solamente al final, en los contrafuertes que preceden a la cima, ha de perderse algo de altura con respecto a la cresta (siempre por el lado que mira al Cabronero), pues el avance por ésta está cortado. Se trepa el morro final (Iš, tanto el flanqueo bajo la cresta como la arrancada hacia la cumbre) y se corona la Peña de Beza (1.963 m.). Aunque la vista es hermosa y muy abierta, Peña Beza mira a Soto. El verde valle, dotado de todas las tonalidades imaginables de este ansiado color, encierra en sus entrañas el contrapunto rojiblanco que le otorgan los tejados y fachadas del pueblo.

 

 

Peña de Beza - Peña de Cebolleda - Canto Cabronero (sector occidental de la cara Sur) - 1 hora -

De la misma cima de Peña Beza hay que tirarse en dirección al Collao Llanu, verde campera que precede a la Peña de Cebolleda. Ésta se interpone entre la cumbre en que nos encontramos y el Canto Cabronero. El descenso tiene lugar por un poco definido espolón. La vegetación alterna con los afloramientos calizos y con rocas sueltas. Cada montañero ha de ir buscando el terreno que le sea más propicio, sin haber una única línea de bajada definida. Puede ser necesario el uso de las manos, siempre dentro del primer grado (fácil).

Sin embargo, antes de empezar a complicarse la vida, tratando de buscar la línea más lógica de descenso, conviene -como viene siendo habitual- aumentar el tiempo de estancia en la cumbre, a fin de adquirir una idea precisa de la correcta ubicación de la vía de subida al Canto Cabronero. Esta señera montaña está compuesta por tres cimas. La principal es la oriental, donde puede apreciarse la cruz de cumbre. Es el punto culminante de las paredes que dominan las vastas laderas que caen hacia el Dobra. La cima occidental configura el torreón que se yergue airoso sobre la majada Llanu, es decir, forma la inconfundible silueta que se recorta en el horizonte al coronar la Canal de Misa. Entre ambas cimas, se intercala un promontorio intermedio, que dota a la montaña de la ondulada cresta somital que la caracteriza cuando se contempla desde el Norte / Sur. Precisamente esta cara de la montaña es la que se observa desde Peña Beza. La verticalidad de sus paredes se precipita sobre un canchal que se extiende a lo largo de toda la base de la montaña. El desnivel de este abismo calizo se hace más acusado a medida que se busca su límite oriental. Lógicamente, si la línea somital mantiene la altura, en tanto que la línea que recorre la base de la montaña, formada por los derrubios de la peña (Los Palombares), desciende acusadamente desde el Collao de Cebolleda hasta la Voz de Los Cabreros (al pie de la cima oriental), la consecuencia obligada es la majestuosidad de este sector oriental de la vertiente Sur del Cabronero.

Fijando el foco de atención en el sector occidental de las caídas sureñas, no pasa desapercibida una panda de hierbas alpinas, que se pegan a la peña dotándola de esa fuerte tonalidad verdosa que contrasta con el grisáceo tono de la caliza, aquí menos homogéneo. La riqueza nutritiva de esta mancha herbosa, que cuelga en el vacío aislada de los extensos pastos circundantes del Canto Cabronero, la convierten en un rincón muy apetecido por el ágil rebeco. El rastro dejado en la peña por estos animales, nacidos para desenvolverse con soltura por las escarpadas cumbres cantábricas, sirve a los humildes montañeros para descubrir una subida asequible hacia la cumbre del Cabronero.

El inicio de la vía no es perceptible desde Peña Beza. Tiene lugar por una canal que se forma entre la torre occidental del Cabronero y una peñuca que se desgaja de ésta hacia el Sur. En la hocadita cimera de la canal, se inicia una travesía colgada sobre Los Palombares, que finaliza en la zona inferior de la mancha de pasto que tamiza la pared. Remonta por toda la panda herbosa en dirección a la estrecha franja caliza que la cierra por arriba, atacándola por el punto más vulnerable, una canaluca que corta esta barrera caliza en que se asienta la cresta somital.

Una vez descrita la vía de subida al Canto Cabronero, se inicia el descenso hacia el Collao Llano. Todo el pasto que recubre tan bella collada, se continúa por una amplia y alargada vaguada que se abre camino entre los contrafuertes de Peña Beza y de la Peña Cebolleda. Vegas, majadas y vaguadas, abrazan los peñascos cársticos que afloran por toda la vertiente noroccidental de la fortaleza de Beza, meros contrafuertes que se deslizan entre los frecuentados pastos, desgajados de las tres montañas troncales de la sierra, que se erigen en auténticos vigías de tan hermoso conjunto: Peña Beza, Peñas de Cebolleda y Canto Cabronero. La cuenca que se cobija al Sudoeste de esta alineación de afamadas peñas, viene configurada por un laberinto caótico de irregular terreno cárstico de complejo caminar.

Para atacar la Peña Cebolleda basta seguir la línea de la collada hasta pegarse a las llambrias de su base. Una pequeña grieta de apenas dos o tres metros, permite trepar a una plataforma. Ésta se encuentra bajo un tumbado llambrial, caracterizado por los omnipresentes canalizos que forma el agua al arroyar por esta roca fácilmente diluible. Se atacan las inclinadas llambrias, con tendencia a la derecha, a fin de buscar el terreno más sencillo. En la parte superior del llambrial, se alcanza una nueva terraza, punto de inicio de una vira que se dirige hacia la izquierda. En la peña que la delimita por arriba, se aprecia una canaletuca. Su arranque se ve dificultado por un resalte de llambria. El rastro de los bichos invita a coger la vira que se acaba de referir. Apenas se sigue un par de metros en travesía. Enseguida se afrontan un par de pasos en trepada, para -en horizontal sobre el tramo de vira que se acaba de recorrer- volver a la canaletuca, ya sobre el resalte que dificultaba el acceso directo. Al final de esta canaluca un breve desvío con tendencia a la izquierda, lleva a la brecha de salida. La dificultad de la vía puede llegar a considerarse como poco difícil (IIš), rayando con la mera catalogación de primer grado (fácil); aunque por su brevedad, por su ausencia casi constante de sensación de altura y por tratarse de un paso de cabras, no dé impresión de estar siquiera afrontando una trepada.

La conquista de la Peña Cebolleda no invita al descanso. En cuanto se corona la meseta cimera, ya se está buscando el camino de descenso hacia el Collado de Cebolleda. Se cruza toda la plataforma de la vasta peña en dirección al torreón occidental del Canto Cabronero. La bajada tiene lugar por una difusa vaguaduca que emboca a aquel collado. En la parte de abajo, lo mejor es salirse a su derecha, por donde se desciende casi andando (todo lo más arrastrando un poco la culera por la llambria).

El Collao de Cebolleda ya reclamó nuestra atención desde la cresta de Peña Beza. La riqueza de su pasto, contrasta fuertemente con la blanquecina caliza del entorno. Este manto vegetal se continúa hacia el Noroeste, cubriendo las extensas laderas que dominan la falda occidental del Canto Cabronero. Al otro lado de la collada se alinean un par de peñas, empequeñecidas por la grandiosa presencia de la primera torre del Cabronero, que emerge tras de ellas. Un pisado camino se remarca en la pradera. Discurre en llano, paralelo a los dos peñascos, dominando las laderas que caen al Noroeste. Pasada la segunda peña, hay que desviarse a mano derecha, acercándose a los primeros contrafuertes del torreón occidental del Canto Cabronero. Pronto se da vista a la canal herbosa en que se inicia la vía de subida. Caso de no entrar por ella, se continuaría por la misma base del referido torreón. Se descendería por una hondonada, donde suele acumularse bastante nieve, hasta encontrar la rampa de acceso a la vía normal, que asciende rodeando el torreón del Cabronero por el Sur.

Se remonta toda la canal hasta alcanzar la horcada de salida. Todo el rastro del paso de los rebecos, que se dispersa por la canal, se concentra en el embudo cimero, de tal modo que, al iniciar la travesía colgada en plena cara Sur, se hace evidente la vereda trazada por estos gráciles animales. El tramo más delicado es el más sencillo técnicamente (corroborando la importancia del elemento subjetivo en la escalada). Una panda terrosa, cubierta del peligroso grijillo, recibe los argayos de la pared superior. Ha de atravesarse a media altura. Por debajo, se encuentra la escupidera, un embudo donde confluyen las aguas que arroyan del torreón superior en días de fuertes lluvias. La boca inferior se precipita en un salto indescriptiblemente pulido y vertical, del que sólo se intuye el vacío que pende sobre los derrubios de Los Palombares. El paso deja un poco de margen, pues no transcurre por el borde del vacío, sino cortando la ladera por la mitad; pero un mal resbalón tendría nefastas consecuencias. La inclinación y la configuración del terreno no permite buscar agarres para las manos, se trata de una travesía que ha de realizarse caminando.

La parte técnica de la subida se desarrolla por una tendida vira, encajonada entre la impracticable peña que la delimita por la izquierda y la cada vez más seria caída que se adivina por la derecha. El paso puede catalogarse de IIš, aunque no es especialmente aéreo. Sale al inclinado campo que pende en el centro de la pared Sur. La parte inferior de este oasis vegetal es la más inclinada, obligando a hacer un uso constante de las manos (Iš). Ha de subirse directamente, en dirección a la cresta cimera. En la parte superior, la colgada ladera cede en inclinación, permitiendo mantener una posición erguida. La salida a la cresta se halla obstaculizada por una muralla caliza cuasivertical. No obstante, presenta una marcada canaluca que la quiebra, por donde se puede trepar. De nuevo se puede hablar de una dificultad de segundo grado. El factor psicológico apenas influye en el montañero, protegido por la panda herbosa que se acaba de remontar. La longitud del tramo tampoco es excesiva, cuatro o cinco metros. En cambio, sí ha de tenerse muy en cuenta la presencia de alguna presa o apoyo que no ofrecen las suficientes garantías.

La salida a la cresta somital tiene lugar entre la cima occidental y la central del Canto Cabronero, aunque más próxima a aquélla. Por el "filo" de la arista se busca la cima central. Apenas unos metros separan la vía ascendida del punto de salida de la vía normal de la Cara Norte, que discurre por una canal que entra por esta vertiente de la montaña cuando aún no se ha iniciado el ascenso a esa cima central. El cresteo es sencillo. La verticalidad de la muralla rocosa que domina la panda herbosa de subida, no se corresponde con una más tendida cara Norte, donde el pasto se pega a los más irregulares cantos rocosos.

El descenso de la cima central hacia la oriental, aunque sencillo, se torna más agreste. La pared sur adquiere la grandiosidad de los abismos de la alta montaña de los Picos de Europa. En la cresta irrumpen los primeros peñascos que impiden el paso. El flanqueo se acomete por la vertiente norteña, evitando los abismales desplomes de la vertiente contraria.

La cima principal presenta una arista más definida. La trepada (pasos aislados de IIš) tiene lugar por una vira que corta, paralela a la línea de cresta, pero algo más baja, por la vertiente Norte de la peña. El paso es sencillo, pero está obstaculizado por algún resalte (que no supera el metro o metro y medio de altura) comprimido por las llambrias que caen de la cresta. El final de la vira entra en una zona de llambria. El frecuente paso de los montañeros ha posibilitado la formación de una vereda. Aunque la caída ya se hace notar, el paso es amplio y franco. Se remontan unos pocos metros hasta volver a la arista cimera, ya cerca de la cumbre principal del Canto Cabronero (2.000 m.).

La vista que se disfruta desde esta cumbre es una de las más afamadas de la montaña cantábrica. Desde hacía muchos años, una gran cruz presidía el punto culminante de tan bella montaña. Por causas que desconozco fue retirada. En su lugar se puso un pequeño buzón en forma de piolet. Hoy en día la cruz original vuelve a ocupar su lugar. No se trata de entrar en la polémica de la colocación de cruces y buzones en las cumbres, muy criticada por algunos sectores de montañeros. Simplemente pretendo reseñar el acierto en la colocación de una pequeña placa en el centro de la cruz. Recoge unos versículos de la Biblia con los que se pretende ensalzar con palabras divinas un panorama que embelesa los sentidos humanos ("Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis, porque yo os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron" -San Lucas, 10, 22-24-) Las sugestivas palabras que rezan en la placa, llevan a pensar a los montañeros que tienen la suerte de subir cuando la niebla lo domina todo (el montañismo no puede reducirse a la contemplación de las bellezas naturales, sino que encierra un complejo e intrincado laberinto de sensaciones, que quedan atrofiadas si se reduce al tópico de "hacer cumbre" en monótonos días soleados), que alguien les está tomando el pelo.

Canto Cabronero - majada Llano - Canal de Misa - Collada de Beza (1 hora)

Se retorna por la cresta hasta la cima central. Al final del tramo de descenso de ésta, se encuentra una collada en que confluyen dos canales que remontan por la cara Norte de la montaña. Esta collada precede a la horcada de salida de la vía de ascenso. De las dos canales se baja por la de la izquierda, más encajonada y directa. La canal de descenso es bastante empinada. La zona superior presenta un piso herboso. A medida que se va perdiendo altura, empiezan a predominar los afloramientos calizos. Crean fáciles resaltes, que se evitan por la derecha. Bajo cada resalte aumenta la presencia de piedra suelta, llegando a formar una pequeña gravera en el cauce de la canal en la parte inferior. Las destrepadas aumentan progresivamente de dificultad (dentro de la facilidad de la vía), pasando del primer al segundo grado (con el factor positivo de tratarse de pasos cortos y sin riesgo de caída). En el embudo inferior de la canal se forma un pequeño salto de unos dos o tres metros. Aunque puede destreparse (IIš), siempre se evitó por su izquierda. Basta cruzar el embudo de gravera, por encima del resalte inferior. Por las peñas que delimitan este estrechamiento por la izquierda, se hace una travesía, saliéndose de la canal y entrando en las laderas inferiores.

Para completar el descenso hay que pegarse a la pared del torreón occidental del Cabronero. En un marcado hombro / collada se coge la rampa de bajada. Un camino muy pisado de los montañeros no permite albergar dudas. Sí se puede uno detener a observar la ubicación de la majada Llanu. Dentro de la vasta extensión de pasto que se extiende por toda esta vertiente de la fortaleza de Beza, se destaca una verde llanada en que se sumen varias riegucas secundarias. Con una orientación de 225š (Sudoeste), indica la dirección que ha de mantenerse.

La rampa de descenso finaliza en una vaguada de terreno pedregoso, a la que ya se ha hecho mención, haciendo alusión a la cantidad de nieve que acumula. Esta hondonada se extiende al Oeste de la torre occidental del Canto Cabronero. Al cruzar esta valleja se pierde momentáneamente la referencia de la majada, que no tarda en recuperarse al salir a las abiertas praderas.

Por una larga cuesta de excelente pasto, se va perdiendo altura. A medida que se desciende se van remarcando pisados senderos en el terreno. La amplitud de éstos se debe más a la acción erosiva del agua que al paso frecuente de ganado y montañeros. Sin embargo, la acción destructiva del agua es la consecuencia del paso de hombres y animales. Éstos desgastan la cubierta vegetal, en tanto que el agua arrastra las partículas de tierra que, en ausencia de vegetación, no pueden ser retenidas.

Las ruinas de la majada Llanu se descubren a la izquierda de la explanada por la que pasa nuestra ruta. Al resguardo de un peñasco calizo de prototípicas llambrias, se aprecian los restos de las antiguas construcciones de la majada. De las riegas que arroyan por su entorno, varias conflluyen en la llanada inferior de la majada, donde se sumen por el entramado cárstico que subyace al manto vegetal.

La humedecida vega se sustenta en una barrera de llambria que cae hacia el Oeste. Esta franja rocosa delimita por el Este un amplio valle, que recoge las lenguas de pastizal alpino que envuelven la Peña de Beza. En el centro del canto rocoso que cierra el valle por el Oeste, se observa la collada cimera de la Canal de Misa (180š -Sur-).

Para descender al valle debe atravesarse la franja de llambria que cae al otro lado de los pastos de la majada Llanu, dejando a la izquierda la peña que la cobija. Un amplio camino se abre paso entre la peña. Entra de derecha a izquierda, en dirección a una cueva que se esconde en las paredes Noroccidentales de esta compacta peña caliza.

El valle al que ahora se accede se cruza a media ladera, manteniendo la altura. Por tramos se destaca un estrecho sendero que se dirige a la canal de acceso a la collada cimera de la de Misa. Las nieves primaverales, sometidas a un progresivo proceso de deshielo, alimentan la riega que se desliza por el fondo del valle.

La travesía finaliza al pie del canto que delimita el valle por el Oeste. Sin preocuparse por un sendero frecuentadísimo que baja paralelo a la línea inferior del canto, se sube una canal a lo cimero de la cresta. En el estrechamiento superior, se retoma el rastro de la senda que pasaba a la Canal de Misa. Esta vereda se pierde de año en año, pues la mayoría de los montañeros parecen decantarse por una canal que se encuentra en la vertical de la Portilla del Tarabicu.

El descenso por la Canal de Misa es común con la ruta de subida. Por debajo de la canal se extiende la cuesta caracterizada por el descarne terroso. Por su izquierda, paralela al mismo, existe una vaguada. En su parte inferior, a la altura de la collada de Beza, no pasa desapercibido un haz de sendas que la cortan. Todas confluyen en un único camino, el Camino de los Rocinos.

Collada de Beza - El Olla - Camino de los Rocinos - Puerto de Barcinera - Vegabaño (1 hora 15 minutos)

En la Collada de Beza se coge una de las sendas del ganado que continúan hacia el Este a media ladera. Transitan por la cuesta que cae de los paredones de Peña Beza, dando vista al valle de Soto. El punto de referencia en el horizonte son Los Moledizos y el Alto los Verdes, un conjunto montañoso que se eleva por encima de los dos mil metros y que irrumpe por encima de la marcada vaguada del Frade. A su derecha sólo collados, bosques y suaves montañas. Por detrás pueden verse, muy lejanas, las Torres del Friero, Torre del Hoyo de Liordes y Torre de Salinas, en el macizo Central de los Picos de Europa.

Se camina en llano, buscando la senda más marcada de todas las que atraviesan la ladera en paralelo. Se trata del Camino de los Rocinos, donde los vecinos de Amieva tienen derecho de paso con sus ganados por tierras leonesas. Por el Puerto de Barcinera bajan a los pastos de Carombo, compartidos desigualmente por Amieva, Sajambre y Valdeón y regados por el río Dobra.

Al doblar la ladera pronto se descubre la majada de El Olla. Sita en una collada de verde pasto, se destaca en la inclinada ladera que se viene recorriendo. La precede una peñuca junto a la que pasa el camino. Las ruinas de la majada se encuentran al final de la loma de campera que configura esta planicie de pasto que se destaca en la cuesta. Están en el límite entre el pasto y el canchal que domina la hondonada del Olla.

En las ruinas de la majada ha de tirarse hacia la izquierda, adentrándose en el bosque que crece entre los bloques calizos. Por encima de nuestra posición siempre se yergue la fortaleza de Beza. El camino no tarda en unirse con uno más marcado, continuación del que se traía, que no llega a las cabañas, sino que entra en plena hondonada, dejándolas a la derecha. Muchos jitos y alguna marca de pintura. Poco a poco, entre el bosque, va desviándose a la derecha, hasta quedar sobre las laderas que caen al valle de Soto. Una alambrada cierra el camino para que los animales no se precipiten sobre una pequeña caída que acompaña, momentáneamente, a la senda (sin riesgo alguno ni sensación de altura). Dando vista al pueblo de Soto se inicia un largo descenso. Un gran claro del bosque, por una ladera cubierta con las amarillas flores de las cotoyas, precede el último tramo de bosque antes de enlazar con el camino que sube de Valdelosciegos por Llagabeñu.

Una vez en este camino, muy ancho, se sigue de frente. Sin apenas subida se llega al Puerto de Barcinera. Un jito de límite de pastos caracteriza este claro del bosque. Sobre las tupidas hayas sorprende la silueta de Peña Santa de Castilla. A su izquierda, en un plano anterior se encuentran las Garitas, que se elevan sobre el nevado Collao Viejo. Por detrás sobresale la cima de la Torre del Torco, un doble porro de cumbre amesetada.

Siguiendo la línea de la collada de Barcinera, se sale a una pista. Se sigue de frente, pues el ramal de la izquierda baja a Carombo, en la margen derecha del río Dobra. Este ramal se desdobla en dos no lejos de Barcinera. Por la derecha se continúa el descenso hacia Carombo. El camino de la izquierda, era el que antiguamente se utilizaba para ir a Llaviñeru. En la actualidad presenta tramos totalmente tomados por las nacientes hayas o por el tupido matorral. Antes de llegar a los Porros de Canal de la Vieya, algunos pastores se desviaban para subir directos al Prau Las Segadas.

La pista de Vegabaño rodea casi en llano, apenas un repecho reseñable tras obviar un abandonado ramal que sale a la izquierda de la pista principal, toda la cabecera del valle de Soto. Corta las laderas occidentales de la Cotorra de Escobaño, metida de lleno en un hermoso hayedo. En una campera se pierde su rastro, aunque parece salir a mano izquierda. Nosotros hemos de bajar unos metros de frente y saldremos a Vegabaño, una vasta extensión de campera en medio del bosque. Varias cabañas recién arregladas dominan este rincón de la vega. La montaña que se extiende al Sur de la vega, que es la misma que cierra el pueblo de Oseja por el Este, culmina en la cima del Jario.

Recomendación: En la campera en que se pierde la pista, antes de llegar a Vegabaño, puede atacarse la loma boscosa que se ha venido rodeando. Se sube una ladera hasta ganar la cresta cimera. Siguiéndola hacia el Este en toda su integridad se saldrá a una calva. El peñasco que sobresale de la línea de bosque es la Cotorra de Escobaño. Domina visualmente la cuenca del Dobra y es uno de los mejores balcones para contemplar la Peña Santa.

Recomendación 2: Una vez en Vegabaño se coge la amplia y pisada pista que viene de Soto. Seguirla, iniciando un largo rodeo de la vega. Gana altura suavemente. Presenta un par de bifurcaciones seguidas, ya dentro de la mancha forestal. Coger siempre el ramal de la izquierda. Por el bosque, pero sin perder nunca la referencia de la vega se llega al refugio de Vegabaño, donde se recupera la bella silueta de Peña Santa.

Vegabaño - Soto de Sajambre (45 minutos)

En Vegabaño se coge la pista que baja a Soto. Desciende levemente hasta llegar a una explanada. La barrera que la precede impide el paso de los vehículos a la vega. Una vez que se deja atrás este provisional aparcamiento, en la salida de la primera curva a la izquierda, se coge el antiguo camino de Soto (la entrada es un poco pindia y estrecha), con lo que se evita el larguísimo rodeo que da la pista de acceso de los vehículos.

Nuestro camino, que desciende por las laderas norteñas del valle, dando vista entre las hojas de las esbeltas hayas a la fortaleza de Beza, sale una pista de reciente construcción. Se sigue hacia la derecha, pues se busca el fondo del valle. Una cabaña a la vera del camino, aprovecha las primeras praderías ganadas al bosque. Pronto la pista desciende entre la línea de bosque y la de pradería. Brevemente, pues vuelve a internarse en el hayedo. Alcanza el fondo del valle, donde una riega, que ocupa la caja de una pista que entra por la derecha (procedente de una vega sita en la cabecera del valle), corta el paso. Se vadea sin problema y se inicia el largo descenso por las praderías de Soto hasta volver al pueblo.

 

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