EMBALSE DE PONCEBOS / BULNES - BALCOSÍN - CANAL Y MAJADA DE CAMBURERO - LAGO DEL RASO - HORCADA ARENERA - NEVERÓN DE URRIELLU - HORCADA ARENERA - JOU DE LOS CABRONES - CUESTA DEL TRAVE - AMUESA - BULNES / EMBALSE DE PONCEBOS (circuito con ascensión)

 

Punto de partida: Embalse de Poncebos / Bulnes. En la actualidad, el pueblo asturiano de Bulnes ha sido dotado de un funicular que ha supuesto el tragicómico final a su secular aislamiento. Desgraciadamente los horarios de uso de este remonte mecánico son muy reducidos. Los verdaderos perjudicados son los vecinos; pero también se ven afectados los montañeros que tratan de adentrarse en las entrañas del Macizo Central. Una ruta como la que se va a describir en posteriores apartados, requiere iniciar la marcha a muy temprana hora, con el fin de evitar que las horas centrales del día ( las de más calor y cuando el sol es más dañino ) sorprendan al montañero en plena ascensión, afectando negativamente a sus mermadas fuerzas. Cuando el funicular se pone en funcionamiento, es demasiado tarde para iniciar determinadas rutas, como es el caso de la que aquí se recoge.

De otra parte, el horario de cierre no da pie para que, a un paso normal, dé tiempo (la mayoría de las veces) a completar el circuito. No es descabellado prever que el descenso de Bulnes permitirá rememorar tiempos pasados tan denostados por los vecinos de esta aldea de montaña.

Siempre que no se opte, pues, por pernoctar en Bulnes, el punto de partida más socorrido será la zona de aparcamiento incontrolado del entorno de Poncebos. El que dude de su capacidad para acometer este duro circuito desde este lugar, afrontando uno de los desniveles más significativos de los Picos de Europa, no debería intentar este recorrido por la alta montaña asturiana. El antiguo camino de Bulnes presenta un trazado bastante cómodo. El desnivel, relativamente suave, sirve para ir calentando los músculos. El frescor de la mañana, no hace mella en el cuerpo del montañero. Un buen desayuno, un par de horas, al menos, antes de iniciar la marcha y una hídratación constante, son suficientes para contrarrestar esta hora adicional de ascensión.

Cuando este bello recorrido por la Canal del Tejo se convierte en una dura prueba donde el montañero ya da síntomas de cansancio, debería replantearse si está preparado para salvar un desnivel tan interesante. Muchas veces no basta con retocar el desnivel que ha de afrentarse buscando subterfugios o elementos mecánicos ajenos al medio, pues en la mayoría de las ocasiones, sólo se pretende disimular la falta de preparación y el cansancio llegará en el momento más inoportuno, en la zona de alta montaña. La mayor proximidad lleva a la gente a forzar un poco para alcanzar la cumbre, gastando unas fuerzas que no le sobran, olvidando que toda ascensión termina en el valle. Para adentrarse en el mundo de la alta montaña debe estarse en forma, no llegar nunca al agotamiento. Sólo quienes tienen conocimientos deportivos y experiencia en la montaña, están capacitados para forzar su cuerpo al límite. Con una adecuada preparación técnica, física y psicológica, de la que generalmente carecen los montañeros ocasionales de fin de semana, aseguran unas garantías mínimas para solventar situaciones imprevistas y comprometidas, generalmente debidas a un cambio del tiempo.

En el Jou de los Cabrones existe un refugio de montaña. No soy partidario de este tipo de instalaciones, que no hacen sino matar las sensaciones que ofrece la alta montaña, derivadas de su aislamiento del mundo urbano; pero, en la medida en que su construcción es legal, no queda más remedio que reseñar la existencia de unas instalaciones que son aceptadas por la gran mayoría del colectivo montañero.

Duración: 11 / 9 horas. El tiempo estimado para completar el recorrido dependerá del lugar en que se inicie la marcha.

Desnivel: 2.300 / 1.900 metros, según que el punto de partida se fije en el Embalse de Poncebos o en el pueblo de Bulnes,respectivamente.

Dificultad: Poco difícil (IIº). Durante todo el recorrido habrán de superarse gran cantidad de trepadas (¿lógicamente?, en el descenso del Jou de los Cabrones -donde se ubica el mencionado en su momento refugio de montaña-, los pasos se encuentran asegurados con cuerdas fijas; una antigua cuerda puede también encontrarse en una llambria que dificulta la ascensión al Lago del Raso -yo no me fiaría de ella, ¡tiene más de ocho años!-). Es preferible desenvolverse con soltura por terreno irregular y pedregoso. Especial cuidado ha de tenerse con el cansancio acumulado, que hace decaer la atención y favorece el dar un mal paso.

Lo dicho en el párrafo precedente es aplicable para la trepada al Neverón de Urriellu. Larga trepada (primer grado -Iº-, incluso andando en muchos sitios) entre llambrias, con algo de piedra suelta y con dos o tres pasos de segundo grado. Sólo cabe reseñar una breve canaleta de pulida llambria, donde los montañeros suelen perder un poco de fluidez.

Características: Las dos majadas más importantes que se descubrirán en la ruta son las de Camburero y Amuesa. Aquélla gozó de gran popularidad durante el primer cuarto del siglo XX, desde la primera ascensión al Naranjo de Bulnes en 1.904 hasta la apertura de las primeras vías en la cara Sur del mismo monolito, debidas a los vecinos de Bulnes y de Camarmeña. En 1.923 llegó a construirse un refugio de montaña entre las cabañas. El acoso del Picu Urriellu llevó a su demolición, pues los escaladores reclamaban las comodidades al pie de la pared. Tampoco han corrido mejor suerte las cabañas de los pastores que, ante el declive de la actividad pastoril, se encuentran en un absoluto estado de ruina y abandono.

Por su parte, la majada de Amuesa aún se conserva en un aceptable estado. Su ubicación en una vasta meseta de pasto, uno de los pastizales más extensos con que cuentan los vecinos de Bulnes, ha favorecido su secular aprovechamiento. Aún hoy una familia de pastores hace majada, hasta que el reseco estío les obliga a bajar al pueblo ante la ausencia de agua en la vega. Por Amuesa pasó D. Pedro Pidal y su guía Gregorio Pérez ("El Cainejo") la víspera de su ascensión al Picu. Venían de la Garganta del Cares e iban a dormir a la majada de Camburero. Pero muchos siglos antes ya se tienen referencias de esta hermosa meseta que pende sobre el afamado curso del río Cares. Las crónicas hablan de Amosa cuando relatan la retirada de los últimos supervivientes de la Batalla de Covadonga.

En Amuesa también había un refugio de montaña. Pasaba desapercibido, pues era una cabaña más, pero destinada a una finalidad lúdica. Al construirse un refugio en el Jou de los Cabrones, su utilización fue decayendo. En la actualidad se encuentra totalmente abandonado. El montañero sigue demandando las comodidades de la gran ciudad en el núcleo de los macizos.

El Lago del Raso, una recóndita cubeta glaciar, es la joya de nuestro recorrido. Sus cristalinas aguas se esconden en un profundo jou, circundado por estilizadas torres e infinitas paredes de llambria que se elevan hacia los azules cielos asturianos. La vegetación se va adueñando del fondo del lago, anunciando la irreversible inminencia de la desaparición de este oasis de azulado reflejo.

Los Picos de Europa conservan abundantes vestigios de su pasado glaciar. El ejemplo típico de lo que es un glaciar se encuentra en el Jou Negro. En este circo que se forma entre Torre de Cerredo y la Torre de los Cabrones, pervive un campo de nieve que representa, a escala, los elementos de estas auténticas masas de hielo. Entrado el verano, la nieve se retira y deja a la luz las morrenas lateral y frontal del glaciar, es decir, las acumulaciones de sedimentos que se forman a los lados y en el frente de la lengua de hielo, respectivamente. La Llomba de Entrelagos (La Picota), la llomba de Belbín o la Llomba de Toro (en Áliva) son claros ejemplos de lo que fueron morrenas de un glaciar, a gran escala.

La verdad es que el Jou Negro queda un poco desplazado del itinerario a seguir. Su visita, recomendable para los que no lo conocen, obligaría a dar un rodeo en una ruta que no favorece los excesos. En todo caso, puede sustituirse el ascenso al Neverón de Urriellu por esta visita a un rincón de gran belleza.

Vestigios de la erosión glaciar dominan prácticamente la totalidad del recorrido. Las ingentes lenguas glaciares que se nutrían de las cuencas superiores, han modelado todas las canales y jous que han de recorrerse. La más importante debió ser la que se descolgaba por el Jou Lluengu, entre el Neverón y el Picu Urriellu. El más bello rastro de su paso se encuentra en Balcosín, un valle glaciar por donde discurre el camino de Camburero.

En el entorno de Camburero se disfruta de una de las siluetas más sugestivas del Picu. Es el mismo perfil que ofrece a los vecinos de Camarmeña (para ver el Naranjo de Bulnes el mirador más accesible es el que se encuentra en este pueblo, donde se muestra en toda su majestuosidad, permitiendo a los turistas disfrutar de un símbolo que no sólo está reservado para incansables montañeros). Otra perspectiva del Picu se presentará al subir al Neverón de Urriellu. La afamada pared Oeste se yergue majestuosa sobre la Vega de Urriellu. Una moderna construcción para el cobijo de montañeros quiebra la paz y soledad de la alta montaña, un mundo de caliza ni siquiera hollado por las majadas de los pastores. Es difícil integrar en el medio una edificación ajena a él y que no responde a un aprovechamiento tradicional de sus recursos, sino a una explotación turística o a una concepción urbana de la montaña.

Por último, he de hacer un breve comentario sobre el Jou de los Cabrones, otro de los rincones más queridos de los Picos. Esta depresión de nutritivo pasto del que se alimentan los rebecos, se recoge bajo la piramidal torre de los Cabrones. Las agujas que se recortan en su arista Este separan esta verde y alargada explanada del Jou Negro. Los imprevisibles aludes invernales dieron buena cuenta de las primeras construcciones que se levantaron en la vega. Pero el hombre es tozudo y no ha parado hasta salirse con la suya, desoyendo los consejos de la montaña.

 

 

Descripción:

Accesos

En Arenas de Cabrales, a mano derecha según se entra (dirección Cangas de Onís - Panes), se coge la carretera de montaña que sube al Embalse de Poncebos. La distancia que separa ambos puntos es de unos cinco kilómetros.

Embalse de Poncebos - Bulnes (2 horas)

En la cabecera del embalse un puente devuelve la carretera a la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) del río Cares. Sin solución de continuidad ha de atravesarse un corto túnel. A la salida se encuentra una bifurcación. El ramal de la izquierda se corresponde con lo que es la carretera de montaña que sube al pueblo asturiano de Sotres. Continúa hasta morir en la parte cántabra del Macizo Oriental de los Picos de Europa, a las puertas del pueblo de Tresviso. Cruzando el puente que se haya al inicio de esta vía de comunicación ( actualmente en obras ) se entra en los Llanos de Torbanes. Junto a la confluencia de los ríos Cares y Duje, se ha habilitado una explanada para aparcamiento, donde se abre la boca inferior del funicular que sube a Bulnes. Obviamente, si se opta por valerse de este medio mecánico de comunicación para acceder al pueblo de Bulnes, no ha de tenerse en cuenta el tiempo estimado para este apartado.

Si el montañero se decanta por el transporte tradicional, a pie por la Canal del Tejo, deberá seguir el tramo asfaltado que remonta por la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) del río Cares. Después de pasar junto a dos instalaciones hoteleras, arranca con fuerza la reciente carretera de montaña que sube hasta el pueblo de Camarmeña. Siguiendo en llano, a la par del río, no tarda en encontrarse un nuevo túnel. A la salida se establece temporalmente una caseta de información del Parque Nacional. Entre las moles que cierran la otra margen del tortuoso curso de agua, se va perfilando un ingente desfiladero. Se trata de la Canal del Tejo, que se abre camino entre Peña Maín y las caídas orientales de la meseta de Amuesa. Poco a poco se va descubriendo el retorcido trazado de la senda que se adentra en esta profunda tajada. El camino se coge en el mismo tramo asfaltado por el que se viene transitando. Baja a mano izquierda hacia el cauce del río. Cruza a una considerable altura sobre las cristalinas aguas del Cares por el Puente la Jaya. Tras unos breves tornos se adentra en la Canal del Tejo, paralelo al afluente que discurre por sus entrañas.

El Puente el Zardu sitúa el trazado del sendero en la margen izquierda (sentido ascendente de la marcha) del impetuoso curso de agua. Superado un largo repecho, donde el camino traza unas cómodas revueltas, se recupera el nivel del río. Al poco de retomar el sentido ascendente, en un giro a mano izquierda, se encuentra una bifurcación. Pasa desapercibida, pues el antiguo camino que remontaba por las Salidas de Bulnes está bastante olvidado y su entrada ya no es evidente. En la actualidad el trazado discurre por el Pardu las Robres (topónimo que parece referirse al color marronuzco de la peña). No obstante, ambas alternativas vuelven a confluir en el Posadoriu.

Hasta la campera de Colines de Abajo no se recupera la compañía del río. En Colines de Arriba, junto a un invernal se encuentra el desvío que sube a Bulnes de Arriba (El Castillo). Para llegar a la Villa (Bulnes de Abajo), basta disfrutar del suave paseo a la orilla del ronroneante curso de agua. Antes de llegar al pueblo, el camino se pierde bajo la caja de pista que se ha abierto desde la boca de la estación superior del funicular.

El tiempo señalado al principio de dos horas no se corresponde únicamente con la duración estimada del ascenso al pueblo, sino que engloba conjuntamente los recorridos de subida y de bajada. Desglosados individualmente, darían un tiempo estimado de 1 hora 15 minutos para la ida y de unos 45 minutos para la vuelta. Ésta sería la duración suplementaria del circuito que se está describiendo si se opta por iniciarlo en la zona de Poncebos.

Bulnes - majada de Camburero (1 hora 30 minutos)

Pasado el cementerio del pueblo y la derruida casa rectoral, un puente da paso al núcleo principal de la aldea, abandonando el empedrado camino que sube al Collao Pandébano. Por las callejuelas que no abandonan la compañía del río se llega a un antiguo molino. Detrás de éste, a mano derecha se recupera el trazado del sendero que subía a la majada de Camburero. Remonta hacia el Sudeste cortando la ladera herbosa que cae sobre el río que ha acampañado nuestro caminar por las profundidades de la Canal del Tejo. Al otro lado del tortuoso afluente se ven las cuadras del Ríu Arriba, a las que se accede gracias a un rústico puentecillo de madera. El sendero continúa ganando altura hasta adentrarse en un angosto cañón. La torrentera que lo recorre alimenta el cauce principal del río Tejo, en los alrededores de las cuadras del Ríu Arriba. El recibimiento no puede ser más espectacular, un lúgubre salto de agua corta el acceso al cañón. Ha de cogerse el lineal trazado de la senda que trepa por la ladera opuesta (no es más que un atajo del sendero principal, que bordea una peña más a la izquierda, dando vista al verdor del valle de Bulnes). Al final del repecho se gira a la derecha, a fin de alcanzar la parte superior de la Cascada de Cantusierra, que imposibilitara el avance por el río.

El sendero se adentra en el cañón, pasando junto a una abandonada y bajita construcción. Asciende cruzando continuamente el cauce de la torrentera, lo que dificulta su seguimiento en días de fuertes lluvias (aunque en este caso no debería acometerse una ruta como ésta por la alta montaña) o durante los fuertes deshielos primaverales. A la salida del cañón puede seguirse el reseco cauce del torrente, o bien decantarse por el sendero más pisado que va ganando altura por la ladera de la derecha. Esta opción no tiene mayor trascendencia.

El desdibujado cañón ha ido girando hacia la izquierda, perdiendo su comprimida fisonomía. Encauzado entre las peñas va orientándose hacia el Sur. Los bajos contrafuertes que dominaban sus márgenes llegan a un punto de inflexión en que se yerguen vertiginosamente hacia las alturas. Dominada la cuenca de la torrentera por los ingentes paredones que la flanquean, el fondo del valle enllana y se amplía. Se entra en Valcosín, un valle glaciar de gran espectacularidad. Esta alargada llanada permite un respiro al sufrido caminante. Lo que fue el cauce de la riega, aún conserva la traza de hermosos meandros que surcan el valle. El camino discurre por su izquierda. Pronto empieza a picar hacia arriba. Al principio de forma imperceptible, pero enseguida se hace notar en las piernas del montañero.

En la cabecera del valle irrumpe el estrechamiento de La Garganta. El sendero ya presenta un ascenso evidente y continuado. Las aguas de la riega vuelven a fluir a la superficie. Se acompaña su curso hasta que éste interrumpe el avance merced a un pequeño salto. Por las colgadas laderas de la derecha atravesaba el antiguo camino de las vacas (que se cogía unos cincuenta metros antes de llegar al salto de agua). No obstante, puede treparse por la roca de la izquierda de la pequeña cascada. La salida, bien por el cauce del torrente, bien por un pasillo de llambria sobre éste, entra a terreno más amplio. Apenas unos metros más arriba se entra en el Jou Baju.

Por la izquierda (Sudeste) remontan las herbosas Canales de Valleyu. De frente no hay salida posible, un vertiginoso embudo sombrío, donde pende un bloque pétreo desafiando la ley de la gravedad (Sur-Sudeste) infunde temor en el simple montañero. A mano derecha (Oeste) asciende la angosta y pendiente Canal de Camburero. El sendero, de uso frecuente pastoril, primero, y vía de acceso de los montañeros a la Vega de Urriellu, después, emboca sin confusión a la entrada del canalón de Camburero. En la actualidad vive una fase de mayor abandono, iniciada a raíz de la ¿mejora? del camino de la Terenosa. A base de picar y de volar peñas, se consiguió suavizar el trazado y suprimir los pasos de llambria del antiguo sendero que subía a la Vega de Urriellu desde la majada de la Terenosa.

La fuente de la majada se encuentra en la parte alta de la canal. Es difícil de encontrar. Además, la tendencia de los últimos años parece indicar que no es muy fiable. Su caudal disminuye alarmantemente de año en año, presagiando un no demasiado lejano final. Sita en el último estrechamiento de la canal, mana en la base de una piedra y, sin fluir al exterior, vuelve a sumirse. Para complicar aún más el dar con ella, dicha piedra se halla en pleno pedrero. La mejor referencia es un bloque calizo que se encuentra a su altura. El manantial, que no es sino un afloramiento de una riega que desciende por toda la Canal de Camburero, sumida en su mayor parte, brota entre el mencionado bloque y el camino. Un jito colocado sobre la fuente ayuda a su identificación.

El último tramo de canal es más abierto. Pese a estar dominado por la gravera, el sendero asciende en continuas revueltas por la parte izquierda, evitando la zona de pedrera, En unos minutos se alcanza el collado de salida.

Majada de Camburero - Lago del Raso (1 hora 30 minutos)

La Canal de Camburero muere en una irregular planicie cerrada entre peñas. Por la derecha ascendían los antiguos caminos pastoriles que daban paso a la Majada de Acebuco. De frente (Oeste) se eleva majestuosa una estilizada aguja de grandes proporciones. A sus pies se inicia un profundo canalón. Unos bloques empotrados parecen cegarlo. A la salida del mismo parece adivinarse una evidente línea que va ganando altura hacia la izquierda. Recorre toda la falda de la imponente muralla caliza que culmina en el Cueto del Albo. Siguiéndola se alcanzaría la zona superior de la cuenca del Lago del Raso. La aparente dificultad del embudo que la precede obliga a buscar otra vía evidente de subida.

Hacia el Sudoeste se eleva una solitaria peña. A su izquierda se remarca una empinada, rectilínea y estrecha canal de gravera. En su base se forman unas pequeñas oquedades. Una amplia vaguada remonta directa por su derecha. Ésta presenta un fuerte desnivel. Las abundantes pandas herbosas que la constituyen, alternan con grandes canchales de abundantes bloques calizos. Entre la falda del vertical farallón calizo de la piramidal cuesta de los Albos y la peña que se acaba de referir, irrumpe un heterogéneo y complejo mundo de lomas, cantos, jous y peñas de gran complejidad.

Una vez ubicada la vaguada de subida se plantea el problema de la aproximación a su base. La planicie en que muere la Canal de Camburero, se halla cerrada por una franja irregular que se extiende desde el Sur hasta el Oeste. Sobre ella se asienta el caótico mundo que se acaba de describir y, cómo no, la vaguada de subida. Buscando su base quiere adivinarse una travesía, que corta de izquierda a derecha sobre la barrera que cierra el circo de Camburero. Bajo la falda de la solitaria peña que se toma como referencia, alcanza el inicio de la vaguada que conduce al Lago del Raso.

Fijados todos estos puntos de referencia se reinicia la marcha. En la collada cimera de la Canal de Camburero, el sendero gira a la izquierda (Sur). Pasa entre unas peñas y baja a una bella vega de buen pasto. La cruza por el Oeste y se dirige a la barrera que cierra el avance hacia la zona del lago. Poco a poco se empiezan a descubrir las antiguas construcciones de la majada. Cabañas y rediles para el ganado que apenas se mantienen en pie. La plataforma de lo que fue el antiguo refugio y que hoy ya nadie echa de menos.

El sendero se aleja de la majada ganando altura al pie de la peña. Una abertura se forma a mano derecha, permitiendo adentrarse en la larga travesía que corta sobre la barrera que cierra la majada de Camburero. El marcado sendero que se deja, que durante muchos años fue la vía normal de subida al refugio de la Vega de Urriellu por la vertiente asturiana, dobla la peña para adentrarse en las interminables pedreras del Jou Lluengu. Quizás sea aconsejable seguirlo unos metros para disfrutar, en toda su grandeza, de una de las siluetas más bellas y espectaculares del Picu Urriellu.

Decía que se abandonaba el antiguo sendero de la Vega de Urriellu en una abertura de pasto que se abre a mano derecha. A la izquierda se ve una pequeña cueva en un diminuto pozo, que queda algo a contramano. La breve cuenca de pasto que invita a iniciar la travesía pronto termina en una zona caliza. Una vereda de los bichos da paso a las inclinadas laderas que se han de atravesar. La travesía mantiene una continua tendencia ascendente. El terreno, herboso, está dominado por el matorral. Junto a un coteruco, se forma una boca que parece querer descolgarse sobre la majada de Camburero. A la izquierda una franja caliza cierra el paso. A fin de mantener el sentido ascendente de la marcha, ha de vencerse este obstáculo calizo. Una grieta lo quiebra por la parte más estrecha. Apenas tres o cuatro metros de trepada. La salida de la brecha se hace por la llambria de su derecha. La tonalidad marronácea que adquiere la llambria por el paso continuo de cabras y ovejas facilita encontrar el paso más sencillo.

Superada la trepada se mantiene la tendencia. La llambria empieza a ganar terreno sobre el matorral. Más arriba ha de salvarse una canaluca de trepada. Apenas presenta un resalte inferior de un par de metros algo vertical. Nuevamente, la llambria desgastada por el paso de los animales, evidencia su frecuencia de uso. Algunos jitos, aislados y ocasionales, confirman la dirección seguida.

Se continúa la marcha, siempre con tendencia ascendente hacia la derecha. Enseguida se llega a la rectilínea canal de gravera que se forma a la izquierda de la aislada peña que se tiene como referencia. Un llambrial la delimita por esta mano. Se atraviesa y se entra en la canal. Se remontan unos metros por su centro. Sobre esta posición ya se divisan perfectamente las cuevas que se abren en la base de la peña. Se sale por la derecha de la canal, recuperando la tendencia mantenida hasta el momento. Sobre la llambría se asientan los primeros bloques calizos desgajados de las peñas circundantes. A la derecha de las cuevas se encuentra la vaguada de salida. Su inicio parece complicado. Un plano de fuerte inclinación, quiebra la pendiente configuración herbosa de la vaguada. Sobre este resalte, de unos diez metros, se asientan un par de bloques de grandes dimensiones, un poco desplazados de la línea de la vaguada.

Una loma lleva a la base del resalte. La trepada se inicia por su derecha, evitando unas llambrias de tres o cuatro metros más verticales. El terreno alterna caliza y roca descompuesta con algo de pasto. La abundancia de grijillo requiere prestar mucha atención a los apoyos del pie. Los tramos más delicados (Iº-IIº) se encuentran uno al principio y el otro al final del resalte.

En la parte superior de este obstáculo la línea de la vaguada se vuelve evidente. A mano derecha se dejan los bloques calizos que se destacaban desde abajo. Sobre la línea del horizonte, que se recorta en el cielo, irrumpe una esbelta aguja. Su carcomida base parece haber sido tallada por el hombre prehistórico, moldeándola a golpe de piedra para darle forma de punta de lanza. No ha de perderse nunca este pináculo de vista, pues marca el punto en que se esconde el lago. El jou en que se encuentra se cobija a los pies de este vigía pétreo.

La vaguada presenta una pendiente considerable. Sobre el pasto que la recubre florecen gran cantidad de piedras de diverso tamaño. La inclinación del terreno hace que se desprendan con facilidad.

El acceso al lago se interrumpe bruscamente. Un llambrial se interpone en el centro de la línea de subida. Es el tramo más delicado que resta hasta la trepada del Neverón. En la llambria se traza un zigzag muy marcado. Una vira ascendente de derecha a izquierda corta la llambria. Un recodo sombrío señala el giro para acometer una segunda travesía, esta vez de izquierda a derecha. Se alcanza la base del llambrial buscando la base de este zigzag natural. Algunos compañeros prefieren trepar por las terrazas herbosas que se asientan a la derecha de la llambria, pues la ascensión resulta más sencilla. Sin embargo, la referencia no es tan evidente. La primera travesía no plantea ninguna dificultad. Se trata de una vira herbosa que va ganando altura entre las llambrias. Al llegar al recodo empieza la trepada. Tras un tramo algo vertical se sale a unos sencillos y tumbados canalizos. Se cruza la llambria hacia la derecha, ganando altura. En este punto se encuentra una antigua cuerda dejada hace muchos años. Recorre el llambrial de arriba a abajo. Prefiero desentenderme de ella y completar la travesía hasta alcanzar una canaluca herbosa que alcanza la parte superior de la barrera cárstica.

Por encima de este resalte continúa la línea de vaguada. No obstante, pronto vuelve a desdibujarse definifivamente. Un auténtico canchal, formado por enormes bloques pétreos, va a configurar el último tramo de la ascensión. Con la esbelta aguja indicando la posición del lago no hay mayor problema que buscar la vía de subida mas cómoda entre el pedregal. Ya se ha ganado una considerable altura. La vista que se disfruta se centra en la amplia abertura del Collao Pandébano, tras el que se descubren una serie de sierras menores. Muy abajo va quedando la majada de Camburero y Los Collaos (paso hacia la majada de Acebuco). Los infinitos paredones de los Albos (cuyas cimas son mucho más bajas que la del Neverón de Urriellu) avisan, sin embargo, que aún queda mucho por subir.

Sin ceder en el esfuerzo se coronan las horcadas cimeras de la vaguada. La visión de la hermosa cubeta glaciar en que se asienta el lago distrae el cansancio acumulado durante la ascensión. Suaves camperas, comprimidas entre bloques calizos descienden hasta el fondo del jou (1.865 m.).

Dos estilizadas agujas la cierran por el Sur. Al Oeste se elevan verticales paredes de deslumbrante belleza. Un ingente canalón se descuelga entre este paraíso de escaladores. Durante el invierno la nieve cubre toda la depresión. Al llegar la primavera la nieve se precipita sobre la cubeta inferior, tapando el fondo del lago. El deshielo funde el manto superior, formando una capa de agua que cubre la helada superficie. Los rayos del sol le dan una tonalidad azulada, de gran trasparencia, semejante a la del hielo comprimido de los icebergs. Con el verano el jou recupera toda su gama de colores. Las cristalinas aguas recuperan una tonalidad azul oscuro, que se combina con las reminiscencias verdosas de la vegetación que se está adueñando del lago. Las camperas circundantes invitan a tomar un merecido descanso; antes de reemprender la marcha hacia el compacto torreón que emerge por el Sudoeste.

Lago del Raso - Horcada Arenera (1 hora)

La inmensa mole de los Albos domina la cuenca del lago. De sus cumbres, sólo el Cueto y el Pico del Albo parecen dar vista a esta cristalina charca. A su izquierda una pared de verticales llambrias oculta la cumbre del Neverón del Albo. La salida hacia la Horcada Arenera tiene lugar por el único sitio posible. En la falda de esta antecima que oculta parcialmente el conjunto de los Albos, nacen las laderas que forman el circo del Raso.

Hay que remontar por ellas en busca de la horcada que se abre entre la base de esta pared y un coteruco que se forma a su izquierda, y que cierra el frontal del lago. La barrera caliza que configura este cotero, se extiende por la parte inferior de la ladera de salida, obligando a una ascensión en arco, de derecha a izquierda.

Devolando la horcada se entra en un nuevo mundo de jous. La vasta abertura de la Horcada Arenera, entre las Torres Areneras (que completan el conjunto de los Albos) y el Neverón de Uriellu se extiende al Sudoeste. Sin embargo, es preferible bajar al Sur. Buscando las zonas de campera del fondo del jou, se atraviesa éste a fin de enlazar con el camino que viene de la Vega de Urriellu, atravesando las caídas norteñas del Neverón de Urriellu.

De la torre cimera del Neverón de Urriellu descienden dos cordales. En el primero se asientan el Diente de Urriellu y la Corona del Raso. Esta crestería se extiende al Noreste del pico. El segundo, orientado al Norte, forma la loma caliza que delimita la Horcada Arenera por la izquierda. Su uniformidad se ve alterada por un peñón que se eleva en la base del torreón cimero del Neverón. De este peñón se desprende un subcordal que dificulta la configuración del terreno. Este canto intermedio da vida a dos hondonadas laterales. Tomadas en su mayor parte por gravera, son atravesadas a media altura por el camino de la Vega de Urriellu. Al doblar el subcordal presenta una zona de llambria que obliga a efectuar fáciles trepadas. Superado el flanqueo de la segunda vaguada de gravera inicia el corto ascenso a la Horcada Arenera, pegado a las peñas de la izquierda.

Desde la Horcada Arenera, se muestra a nuestros ojos la grandeza de Torre Cerredo. Éste muestra su cara menos agradecida, por donde discurre la vía normal. La forma amesetada de su cima es inconfundible. A su derecha, más escarpado, se presenta la Torre de los Cabrones. Entre ambas torres se formaría el glaciar del Jou Negro. En el mismo cordal se encontrarían los Picos de Dobresengros y los Cuetos del Trave (separados por la verde Collada del Agua). Al Este de aquéllos se esconde el Jou de los Cabrones.

Horcada Arenera - Neverón de Urriellu (1 hora)

Una vez alcanzada la Horcada Arenera, debe remontarse toda la loma de buena llambria que se eleva a su izquierda. El peñasco que la interrumpe, y que precede la torre del Neverón, se evita por la derecha. En la gravera se asienta una vereda muv marcada por el paso de anteriores montañeros. Al llegar a la horcada posterior, al pie de los paredones verticales del Neverón, se inicia un flanqueo por la cara Oeste de la montaña. El arranque obliga a una trepada por una buena llambria, sin caída ni dificultad. Da acceso a unas viras que recorren todo el inclinado llambrial. La abundancia de piedra suelta obliga a extremar las precauciones (Iº). La travesía finaliza en un canalón con abundante piedra suelta. Se cruza saliendo por una rampa que hay al otro lado. Todo este flanqueo lleva a alcanzar una llomba pétrea, de gran inclinación, que se descuelga sobre la depresión que se cobija al Oeste del Neverón, por donde discurre el camino de Torre de Cerredo. Viene delimitada por el canalón que se acaba de cruzar y, por su derecha, por un marcado y sombrío corredor, que sigue la línea de la cresta que cierra nuestro avance por el Sur.

El ataque a la cumbre tiene lugar por esta llomba. Su configuración en terrazas favorece la proliferación de grijillo en las partes menos inclinadas. Apenas reseñar una travesía en llambria a la derecha y, sobre todo, una canaluca vertical, lavada por el desaguar del agua en épocas de deshielo de la pared o en días de fuertes lluvias (IIº, sin sensación de altura, pero con escasos agarres para el grado). Finalizada la trepada se coronan unas peñucas que presiden la parte más vertical de la ascensión. El ascenso evita un canalón que sube directo a la cumbre, y busca a su derecha un cuenco de gravera que se forma bajo la arista cimera. La llambria que lo cierra por arriba se trepa en un par de pasos saliendo a la mencionada cresta de la cima. A mano izquierda se encuentra la cumbre. Enclavada en el núcleo central del macizo, tiene una vista espléndida sobre la Vega de Urriellu. Esta torre se eleva unos 600 metros en vertical sobre esta depresión de pasto de altura. Al otro lado de la vaguada, se yergue imponente la pared Oeste del Naranjo de Bulnes; aunque no llega hasta los 2.555 m. de la cima del Neverón.

Neverón de Urriellu - Horcada Arenera - Jou de los Cabrones (1 hora 30 minutos)

La destrepada del pico se hace por el mismo lugar por el que se subió. En la misma horcada se retorna el camino del Jou de los Cabrones. Al tratarse de un sendero que une dos refugios es normal encontrar marcas de pintura y abundancia de jitos. Se empieza a descender hacia el Noroeste. A unos cien metros de la horcada se encuentra una bifurcación. El sendero de la izquierda se adentra en el doble jou que se abre a esta mano. Es el que se dirige a Torre de Cerredo. Cruza todo el primer jou por la izquierda. Tras una corta subida, al dar vista al jou contiguo (al pie de la vía de subida al Neverón), remonta por su derecha a salir por una collada que se encuentra al Oeste. Sigue ganando altura suavemente y llega a la vaguada que se abre entre el Neverón de Urriellu (que consta de una doble cumbre, el torreón cimero y una alargada cresta que lo caracteriza) y la Torre la Párdida. Al otro lado dobla la loma que cae de esta última torre hacia el Norte. Existen dos variantes, la más utilizada remonta la vertiente de la loma a que se da vista y pierde altura por la cara opuesta. Apenas reseñar un destrepe junto a un cuevón que hay en la vertiente Oeste. Baja a las romas colinas que cierran el Jou de Cerredo por el Norte. Se llega a la base de la Torre de Labrouche (aguja que junto con el Risco de Saint-Saud, preceden a la torre de Cerredo). En este punto se gira al Norte y se da vista al Jou Negro. Es uno de los rincones más espectaculares de los Picos de Europa. Una maqueta de glaciar que se descuelga desde las verticales paredes del techo de los Picos. Se bordea por el Este. Una travesía permite alcanzar la collada que se forma al pie de las agujas de Cabrones (en la arista Este de la torre cimera). El descenso al Jou de los Cabrones tiene lugar por un inclinado canalón, siempre pegándose a la peña de la derecha.

He reseñado este largo rodeo para bajar al Jou de los Cabrones, porque se aconseja la visita al Jou Negro en el apartado relativo a las características de la ruta. Obviamente, incrementa la marcha considerablemente y sólo se aconseja a los que no conozcan tan bello rincón o a quienes obten por desistir de la cumbre.

Decía que a unos cien metros de la Horcada Arenera se encuentra una bifurcación de caminos. Descrito ya el ramal que se desvía hacia la izquierda, procedo a hacer lo propio con el que continúa bajando de frente. Se trata del camino normal para ir de la Vega de Urriellu al Jou de los Cabrones. Se encaja en una vaguada que favorece la orientación. Basta descender manteniendo la dirección. Al final se abre una profunda depresión a mano derecha. Difuminada la vaguada se rodea aquélla por la izquierda y se remontan unos metros, a ganar una de las colladas que da paso al Jou de los Cabrones.

Entre los Cuetos del Trave y el grupo de los Albos, se forma una enorme depresión. Se debe a la acción erosiva de una lengua glaciar que se abrió paso separando ambos conjuntos. Lógicamente, siguiendo por esta extensísima vaguada se llegaría a la Canal de Amuesa y a Bulnes. Pero se trata de un mundo caótico de canalones, torcas y llambrias muy complejo. No se recomienda adentrarse en este maremagno si no se posee un adecuado conocimiento del entorno y del desenvolvimiento por la alta montaña.

En esta hermosa depresión, una alargada y ondulada vega de pasto alpino, se encuentra una fuente de fresca agua cristalina, abundante y pura. En días de mucho calor, en que se ha perdido bastante líquido, no es recomendable beber el agua sola. Lo mejor es mezclarla con un poco de zumo o, en su defecto, con unos gramos de sal. Se busca el efecto de las modernas bebidas isotónicas. Algunos montañeros suelen llevar sobres de sales. Lo más natural, en todo caso, parece la primera opción.

Jou de los Cabrones - Cuesta del Trave - Amuesa (1 hora 30 minutos)

El descenso tiene lugar por el camino normal. La instalación del refugio garantiza la existencia de senderos muy pisados y señalizados. Suele plantear dudas a los montañeros en la zona de la Cuesta del Trave, pero el único inconveniente es que acaban subiendo por lo más costoso.

Del jou salen dos senderos, ambos conducen al mismo sito, a la collada donde se empieza el descenso. El sendero se pega a las peñas de la izquierda (contrafuertes de los Cuetos del Trave). Un profundo jou se salva en una algo aérea travesía en llambria por esta mano. La "enorme" dificultad ha llevado a instalar cuerdas fijas. No se trata de menospreciar a los que no se atrevan a pasar por sitios como éste, sino de criticar actuaciones personales innecesarias que los demás no deberían estar obligados a soportar. El montañismo es un deporte, una actividad lúdica. Como todo en la vida requiere aprendizaje. Matizando las dificultades no se progresa; por el contrario, se crea una visión distorsionada de las propias capacidades y una dependencia enfermiza de los materiales que garantizan la seguridad. En la medida en que la falta de capacidad se traduce en la instalación de seguros, ferratas o cuerdas fijas, que afectan a terceros que se han esforzado en prepararse para superar estas dificultades, es criticable esta forma de actuar. Sé que muchas de estas instalaciones son llevadas a cabo con buena intención, procurando facilitar el acceso de otros a la montaña. Aunque la finalidad parece loable, el resultado es perjudicial. Se contribuye a la masificación de la alta montaña, se altera la dificultad de los pasajes (las montañas difíciles siempre han atraído a los montañeros, precisamente por su dificultad, por el reto que supone enfrentarse a los propios límites y miedos) y se crea una sensación fraudulenta de aparente facilidad que lleva a los principiantes a menospreciar y desconocer el componente psicológico del montañismo. Facilitar el acceso a la montaña se traduce en enseñar la diversidad de ecosistemas de nuestro entorno, no en llevar a cualquiera al rincón más apartado y difícil, alterando las barreras naturales de la propia montaña para adaptarla al nivel de cualquier turista de fin de semana.

Por una hordaduca, entre llambrias se entra en una vega. Por la vaguada de la derecha discurre la vía normal al Cueto cimero del Trave. Se atraviesa la vega y se mantiene la tendencia. El sendero se pega a los contrafuertes de los Cuetos del Trave. Hacia el Este se extiende toda la hondonada del Jou Lluengu, que separa estos cuetos de los Albos.

Tras un corto descenso por gravera, otra trepaduca precede a una travesía que muere a los pies de una canaluca. Se sube hasta la horcadita cimera. Al otro lado el descenso adquiere una fuerte inclinación. La parte inferior requiere un nuevo destrepe (más cuerdas fijas). Se pasa junto a una torca. De nuevo han de echarse las manos al suelo. Continúa una travesía a media altura cruzando una gravera. El flanqueo se continúa por una zona de llambrias inclinadas y con grijillo (Iº). Una zona confusa, donde el camino se vuelve algo difuso, entre pozos y bloques calizos, da paso a la ladera que se forma entre los dos cuetos más noroccidentales del Trave. Éstos se hallan separados por una marcada "V", una grieta de ingentes proporciones. En la torre más próxima a nuestra posición se abre la lúgubre boca de una oscura cuevona. Se desciende la ladera buscando la compañía de la base del canto que desciende del último / primer Cueto del Trave.

El sendero enllana y pasa junto a una peña. Enseguida se gira a la izquierda, se atraviesan unas llambrias tumbadas y con buena adherencia y se entra en la Cuesta del Trave. Esta loma herbosa no es sino la continuación del canto que desciende al Este del Cueto del Trave. Abajo ya se divisa la meseta de Amuesa. La loma cimera de la cuesta se recorre prácticamente en toda su integridad. Al acercarse al canto rocoso que gira, dirigiéndose hacia la majada de Amuesa, ha de bajarse por la ladera de la izquierda. En el canto mencionado se forman dos colladas. Al entrar en la zona más pedregosa de la ladera, el sendero vuelve a buscar la referencia del canto. Entra en la collada superior. En esta collada se coge el camino que baja a la majada de Orandi. Pasada la majada este sendero continúa. Por la concha el Bobio (una evidente rampa), entra en la ladera homónima, es decir, en la parte inferior de la inmensa y piramidal cuesta de los Albos. La atraviesa en toda su integridad. Al otro lado se encuentra la majada de Acebuco. Por los Collaos se bajaría a la majada de Camburero.

El camino de Amuesa desciende perdido entre el pasto de la vaguada que baja al Oeste de la collada. Pronto vuelve a retomarse el marcado trazado. Bordea el canto inferior de la Cuesta del Trave, dando vista a la Charca de Amuesa. Enseguida alcanza la segunda collada que se abre en el cresterío. Restos de una charca que se reseca entrado el estío. La vista de la piramidal figura del Albo es bellísima. Sin perder la referencia del canto, la siguiente collada es la Collada Cima, final de la Canal de Amuesa y que precede a la majada del mismo nombre, a la que no es necesario llegar.

Canal de Amuesa - Bulnes (1 hora)

En Amuesa aún se hace majada. El camino que sube por la canal, muy transitado por pastores, ganado y montañeros no tiene pérdida. Una vez que se emboca la canal se coge un camino muy trillado. A unos cien metros del Collado Cima, se encuentra la fuente. Apenas suele brotar un hilo de agua.

Pasada la fuente se recibe por la izquierda el camino de la majada. Un poco más abajo existe un segundo bebedero para el ganado. Se encuentra en la parte más estrecha de la canal. Poco a poco, ésta se va abriendo. El camino se tira a la parte de la derecha, aunque puede bajarse por un sendero trazado por la misma gravera que se extiende bajo las peñas que delimitan la canal por su izquierda. Ambos confluyen en la parte inferior de la Canal de Amuesa.

El duro recorrido entra en la parte más plácida. Una pequeña vega, tomada por los helechos, es la antesala de un extenso valle glaciar. La vasta vega inferior se abre entre los contrafuertes orientales de la meseta de Amuesa y las vertiginosas caídas del Bobio. Esta vega intermedia es de gran belleza y amplitud. Una planicie que descansa nuestras sufridas piernas. Al final se encuentra un canchal de grandes bloques, desgajados de los paredones superiores. Las pequeñas vegas contiguas preceden el breve descenso a la Fuente Los Tornos. El bebedero mana abundante agua.

El camino se acerca a las praderías superiores de Bulnes. Pegado a su muria, llega al barrio de arriba (El Castillo). A mano derecha se deja la primera casa / cuadra del pueblo. Al llegar al núcleo principal se gira a la izquierda, iniciándose la bajada hasta Colines de Arriba. Un puente bastante reciente permite salvar el río que emboca tortuoso la Canal del Tejo. Junto al invernal de la otra orilla, se enlaza con el camino que viene de La Villa. Si se decide no usar el funicular, no queda más remedio que disfrutar los últimos cuarenta y cinco minutos de este circuito por los vestigios glaciares de los Picos de Europa.

 

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