GAMONEO DE CANGAS - CAÑA VALLES - MAJADA DE FANA - PORRA DE ENOL - LAGO ENOL - LAGO ERCINA - COMEYA - LLANU CANTU - COLLAO PERÉU - GAMONEU DE CANGAS/ ONÍS (circuito)

 

Punto de partida: Los Gamonedos. Se habla de Gamoneo de Cangas o de Onís en función del concejo al que pertenecen. Éste consta de dos pueblos: Esprón y Remís; por su parte, Gamonedo de Cangas comprende los pueblos de Las Cuerrias, Los Cuetos y Sogaedo.

Duración: 6 horas 30 minutos.

Desnivel: 750 metros.

Dificultad: Sencilla ruta de montaña apta para principiantes. El camino del puerto, prácticamente perdido en algunos tramos por el desuso, obliga a empezar a familiarizarse con el uso de los mapas y con el manejo de la brújula. No obstante, la posibilidad de pérdida no es traumática y queda circunscrita, prácticamente, al tramo comprendido entre El Humedal y la majada de Fana. Las causas, tanto positivas de las escasas repercusiones de una eventual desviación de la ruta, como negativas del desuso de los caminos pastoriles, han de buscarse en la existencia de una carretera de montaña que muere en el entorno del Lago Ercina.

El progresivo abandono del puerto, favorece la proliferación de cotoyas y demás matorrales. Esta triste realidad hará especialmente penoso el recorrido de alguno de los bellos rincones de este circuito. El árguma que se extiende por las cuestas de la media montaña del Macizo Occidental de los Picos de Europa, convierte las más hermosas montañas en engorrosas ascensiones rehuidas por los montañeros. Para evitar en lo posible este natural inconveniente, recomiendo los meses otoñales o invernales como los más propicios para esta bonita ruta. En todo caso, el matoral sólo causará algún que otro quebradero de cabeza durante la ascensión a la Porra de Enol y, eventualmente, en la aproximación a Llanu Cantu.

Características: Los Lagos de Enol y de Ercina son uno de los puntos con más afluencia de turistas del Parque Nacional de los Picos de Europa. Aquí se propone una ruta que incluye estos bellos lagos de montaña entre sus atractivos. La sobreexplotación turística a la que están sometidos, provocará una fuerte impresión al que se acerca por primera vez a este privilegiado entorno. Si bien, la coincidencia en algunos tramos con una ocasionalmente saturada carretera de montaña, puede dar una pista de lo que va uno a encontrarse más arriba, que en nada se parece a la soledad que durante el recorrido de los cada vez menos frecuentados caminos del puerto se puede disfrutar. La promoción del Parque Nacional, llevando las infraestructuras turísticas a las entrañas del macizo montañoso que trata de preservar, no parece muy acorde con el espíritu que ha de regir en estos espacios protegidos, que parecen anclados en las aspiraciones trasnochadas que inspiraron la creación de nuestro primer Parque Nacional: el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga. Baste señalar el sueño del Marqués de Villaviciosa, D. Pedro Pidal, promotor de la red de Parques Nacionales españoles, de construir una carretera de montaña que subiera hasta la Vega de Ario y otra que facilitara el acceso a su balcón preferido, el Mirador de Ordiales. En Gijón se anunciaría la salida de los autobuses con destino al corazón de la Montaña de Covadonga. No cabe hablar de una dura pugna entre conservación y explotación; sino de una concepción anticuada de la conservación de la naturaleza en que estaba implícita la voluntad de mostrar los valores naturales más significativos de nuestra geografía. Eran los años heroicos de la conquista de los Picos de Europa. La media montaña estaba poblada de pastores, que aprovechaban la bonanza del estío para subir a las majadas del puerto; pero las escarpadas torres calizas aún estaban prácticamente vírgenes. Las Tres Marías (Macizo Occidental), por ejemplo, no fueron ascendidas por primera vez hasta mediados del siglo XX. Aún era impensable que el modelo turístico que degradaba las montañas alpinas desde hacía más de un siglo, pudiera consolidarse en una tierra en que lo rural era objeto de desprecio.

La divulgación a las sociedades modernas de los valores naturales que encierran los Parques Nacionales, ya no requieren de la instalación de infraestructuras agresivas que faciliten el acceso de una sociedad ociosa a sus rincones más recónditos; limitando la conservación a reducidos espacios con valores especialmente relevantes donde se prohibe el acceso de las personas. Los medios de locomoción ya no tienen comparación con los de principios del siglo pasado. Decía Ricardo Cassin, uno de los alpinistas más destacados de la primera mitad del siglo XX, que en la actualidad un viaje al Himalaya puede compararse al esfuerzo que a esta figura del alpinismo suponía acercarse al Macizo del Mont Blanc desde Lecco, su pueblo natal. El conocimiento de las montañas, los modernos materiales y la existencia de guías, grupos de montaña -en la mayoría de los pueblos- y federaciones de montaña territoriales, son suficientes por sí solos de garantizar a cualquier persona el disfrute de nuestras montañas. Los Parques Nacionales han de fomentar el conocimento de los valores naturales que encierran los ecosistemas que representan. No bajo continuas prohibiciones, que dan pie a la creación de pequeños espacios -isla, incomunicados entre sí y rodeados de un ecosistema que soporta una fuerte presión turística; sino recogiendo teorías que se van consolidando en reducidos grupos, preocupados por la conservación de los espacios de montaña, que propugnan una explotación racional de este frágil ecosistema, como la del filtro del esfuerzo físico. Aparcamientos, centros de información y demás infraestructuras turísticas, deben concentrarse en los núcleos habitados, potenciándolos y convirtiéndolos en los verdaderos centros turísticos del Parque. Las distancias y los desniveles alejarán las ingentes masas humanas del núcleo más frágil del macizo montañoso, favoreciendo la protección que se pretende, sin merma de sus valores intrínsecos. La misma escabrosidad del terreno servirá para amortiguar el acoso humano sobre el entorno de las zonas que, puntualmente, haya que excluir del paso de los hombres. Se lograría así una protección más homogénea, respetuosa con los valores que encierra la alta montaña y potenciadora de las medidas restrictivas ocasionales que sea perentorio adoptar.

Las prohibiciones sólo son concebibles en casos extremos, justificados y que habrán de ser convenientemente explicados y difundidos. Es difícil comprender que se restrinja el acceso a determinados rincones (donde apenas se conservan los antiguos caminos ganaderos por la escasa presencia de pastores, turistas o montañeros), cuando se consiente la masificación de su entorno, favoreciendo la extensión de esta lacra a los rincones que se tratan de preservar, por el efecto de atracción que conlleva "lo prohibido".

 

 

Descripción:

Accesos

A unos diez kilómetros de Cangas de Onís, por la carretera de Arenas de Cabrales (común en los cuatro primeros kilómetros con la que sube a Covadonga), se encuentra el pueblo de Mestas de Con. La estrechita carretera de montaña que comunica Los Gamoneos, arranca del mismo núcleo de Mestas, a mano derecha. Al poco de salir del pueblo se encuentra un cruce. Se coge el ramal de la izquierda, que se adentra por todo el valle del río Tabardín.

En pleno valle, se encuentra Llano de Con. Nada más pasar un pequeño núcleo de casas, donde aún se conserva un bonito hórreo, y que no distan mucho del pueblo que se acaba de citar, la carretera pasa

- inadvertidamente - sobre el río Argañéu. Entre el angosto desfiladero que baja formando este río, y el más abierto que viene configurando el cauce principal del río Tabardín, se eleva una enorme mole montañosa. Por sus laderas inferiores, cubiertas de árboles, sube el camino antiguo de Gamoneo de Cangas. No son sino las estribaciones de un subcordal, que remonta hacia el Sur, donde se asientan Los Gamoneos.

El estrecho y sinuoso tramo de carretera, que no es más que una antigua pista asfaltada, gana altura por las peñas del desfiladero del río Tabardín. Es decir, remonta por la vertiente oriental del subcordal antes referido. No tarda en entrar en una zona más abierta de praderías donde se encuentran los pueblos de Gamoneo de Onís (Esprón y Remís). En el cordal que cierra el desfiladero del río Tabardín por el Este se resguarda el pueblo de Demués.

Gamoneo de Cangas - La Frecha - Caña Valles (1 hora 30 minutos)

Había dejado la descripción del acceso a Los Gamoneos citando los pueblos de Esprón y de Remís, pertenecientes al concejo de Onís. La carretera sigue ganando altura hasta coronar una amplia collada de verdes praderías. Devolando la collada se entra en tierras de Cangas de Onís. Una bifurcación permite bajar, por la derecha, a los pueblos de Los Cuetos y Las Cuerrias. El ramal de la izquierda baja a la más solitaria aldea de Sogaedo.

Al Sur de la collada que marca el límite entre los concejos de Onís y de Cangas de Onís, se alza airoso un modesto cueto. Se halla por encima de la línea de praderías y destaca por el tono blancuzco de su caliza. La Corona el Canto (724 m.), que así llaman a esta peña, se integra en el ya mencionado subcordal que se forma entre los ríos Tabardín y Argañéu. Al Sur de este cueto se esconde el Collao Peréu. Sigue una línea de cuesta que remonta hasta la Porra Uberdón (1.055 m.). Esta piramidal cuesta se integra en un cordal principal formado por una alineación de cumbres, cuestas y sierras que se orienta de Este a Oeste: Cabeza los Negros, Cuetu Salgaréu, Porra Uberdón (donde se interrumpe, formando una franja de paredones, más retirada, sobre la que se ha habilitado el Mirador de La Reina y bajo la que atraviesa la pista de Comeya), Sierra La Caña, Sierra Mala, Los Cuchillares, Cuesta Cárcoba, Cuesta Cavia y Priena. A partir de ésta, el cordal va perdiendo progresivamente altura, cerrando por la derecha el Valle de Covadonga, hasta morir en la mecedura del río Covadonga con el Güeña, en los alrededores de La Venta de Cangas.

En el ramal que baja a Sogaedo se coge una pista que sale a mano izquierda. Se adentra entre las praderías. Se atraviesan éstas, doblando la loma que desciende por la vertiente Oeste de La Corona el Canto. Se trata de acceder a la vaguada que se forma al otro lado, que desciende desde el Collao Peréu hacia el río Argañéu. No hay más que cruzarla para coger una marcada y pisada senda de cabras que se encuentra al otro lado. Un reducido bosque que se forma en el centro de la vaguada, en cuyas entrañas se esconde un bebedero, puede servir de referencia para coger el camino reseñado.

La senda corta a media ladera las laderas que caen del pico La Muda (850 m.). Éste no es sino el primer promontorio de la línea de cuesta que remonta desde el Collao Peréu hasta la Porra Uberdón. El camino, muy cómodo por no presentar apenas desnivel, cruza algún reguero ocasional. Las llambrias humedecidas obligan a pasar con cuidado. Se camina dando vista al profundo cañón del río Argañéu. En sus laderas orientales destaca una bella agrupación de cabañas intercalada en una rectangular sucesión de prados. Este hermoso rincón se denomina Pioru. Una hormigonada pista llega hasta allí desde Sogaedo.

Un corto y retorcido descenso lleva a una de las dos riegas principales que alimentan el río Argañéu. Éstas se hallan separadas por la Cuesta Los Acebos. La que ahora se cruza por un rústico puentecillo, viene de la cuenca que se forma entre el Collao Uberdón y el Collao La Caña (Caña Valles).

Nuestro sendero acomete un duro repecho hasta una verde y amplia collada que se destaca entre la abierta mancha forestal que la cobija. Devolando la collada se adentra por las inclinadas laderas que forman la margen izquierda (sentido ascendente de la marcha) de la segunda riega antes referida. Ésta, que aguas abajo da vida al río Argañéu, tras unirse con la anterior, nace en los alrededores de la majada de La Frecha.

El sendero llega, muy perdido, a la orilla de la riega. No hay más que cruzarla y atacar la empinada ladera de la margen opuesta. Se sube todo para arriba hasta chocar con el Camino de La Frecha

(o Camino Real). Éste viene de Soto L'Ensertal, pueblo situado en el valle del río Güeña al que se accede desde Mestas de Con, por el ramal desechado al acceder al valle del río Argañéu. Tiene también comunicación con la carretera general de Arenas de Cabrales en un cruce que se halla a mitad de camino entre Corao y Mestas, común en su inicio con la carretera de Teleña.

Por el camino de la Frecha se llega a la majada que le da nombre. Pasadas las cabañas y los prados de la majada se encuentra una buena fuente. El trazado del sendero, amplio y empedrado, toma sentido ascendente para, en cómodos tornos, dirigirse hacia la Cuenye La Frecha. Esta profunda tajada separa Sierra Mala de la Sierra La Caña. Al otro lado se encuentra la carretera de los Lagos, que serpentea cortando las vertientes sureñas de estas dos sierras, salvando uno de los desniveles más fuertes y renombrados de su trazado: la Huesera.

Sin llegar a la cuenye, sale un ramal a mano izquierda. Remonta por la vaguada que se extiende al Este, formada entre el cueto en que culmina la Cuesta los Acebos (801 m.) y la Sierra La Caña. A la altura de la collada cimera se gira a la derecha, acometiendo la dentada cresta caliza que nos cierra por esta mano (Sierra La Caña). Por una horcadita se pasa a la vertiente opuesta, sobre la carretera de los Lagos. Se continúa en travesía hasta confluir con el asfalto en el Collao La Caña (Caña Valles).

Caña Valles - majada de Fana (1 hora)

En el Colláu La Caña se bifurcaba la antigua pista minera. El ramal que subía a las minas de Buferrera, en el entorno del Lago Ercina, sirvió de base para construir la actual carretera. Otra pista se dirigía a las explotaciones de Comeya. Aún se conserva, pero tiene prohibido el paso a vehículos particulares. En una de sus revueltas se ha vallado una parcela de terreno. Se trata de un comedero de aves necrófagas, buitres principalmente, aunque es frecuente la presencia de varias especies de córvidos. Un poco más arriba la pista alcanza el Collao Uberdón, entre la Porra del mismo nombre y el Pico Castiello. Ya fuera del alcance de nuestra vista empieza el descenso hacia la Vega de Comeya.

El camino antiguo del puerto trasponía el Collao La Caña. Apenas disfrutaba de unos metros en llano (por donde ahora va la caja de la pista de Comeya), para, enseguida, girar a la derecha y remontar retorciéndose por una larga valleja. Por la collada cimera pasa hoy la carretera de los Lagos, y es la que precede al Mirador de la Reina.

El sendero de Fana se retoma en El Humedal. Tal vez se siguiera el camino que se acaba de referir y, una vez a la altura de lo que hoy es el Mirador de la Reina, desviarse a la derecha. Por Dúa se bajaría al Humedal. Esta opción, aunque evita el duro asfalto, obliga a un mayor rodeo. Para nuestros intereses es mejor seguir el trazado de la carretera, que sube más directo al Humedal. No hay que olvidar que la antigua pista minera fue construida en el siglo XIX. Pronto se convirtió en uno más de los caminos del puerto, afectando, probablemente, al uso y a la fisonomía de senderos más antiguos y próximos a la misma. Sin embargo, parece lógico que existiera una senda, más o menos importante, que subiera por lo que hoy es la carretera de los Lagos hasta el Humedal.

En Caña Valles hay un pequeño aparcamiento. Se deja el perdido camino que atravesaba la Sierra La Caña y se entra en el sufrido asfalto. Se gana altura cómodamente, dando vista al Valle de Huesera, donde se encuentra la rampa más renombrada y dura de la carretera de los Lagos. Mucho más abajo, en la cabecera de un profundo valle, se alza altiva la Basílica de Covadonga. Con el tiempo que se lleva de camino, no es difícil que ya se hayan disipado las nieblas que se adueñan de las tierras bajas, y que pronto se retiran de los pies de la Virgen de Covadonga; quizás permanezca aún el húmedo y frío manto blanco que cubre la villa de Arriondas, donde se unen los ríos Piloña y Sella. Al fondo, recibiendo los primeros rayos del amanecer, la Sierra del Sueve, dominadora del Mar Cantábrico.

Pronto se termina tan plácido caminar. La carretera llega al Humedal. Las empapadas camperas así denominadas se hallan bajo la Cuesta Dúa. En el Humedal se deja el pesado asfalto y se retoman veredas del ganado. Voy a describir un poco el lugar para no errar el desvío. Tras una curva a la derecha algo estrechita, se entra en un corto tramo algo recto entre camperas. La humedad del terreno ha afectado a la carretera, que cuenta con un agregado reciente que corrigió un progresivo hundimiento del asfalto. La campera de la derecha desciende suavemente. Algo más empinada es la ladera de la izquierda, que remonta hasta una loma superior. Cortándola por la mitad, gracias a una durísima rampa, asentada sobre un muro de contención, se aprecia la Cuesta Dúa. Hacia ella se dirige la carretera. Así, al final del corto tramo recto afectado por la acción del agua, aquélla gira a la izquierda (en este punto ha de abandonarse). Siguen un par de revueltas antes de encarar la citada cuesta de Dúa. Superada ésta, pasa por una collada al pie de una cabaña, y se comienza el falso llano que lleva al Mirador de La Reina.

Una vez que se deja la carretera, conviene detenerse para ubicar el Collao la Becerrera, por el que devola el camino de Fana. Éste se encuentra al Sur (185º). Se trata de una amplia depresión del escabroso canto que nos cierra en esta dirección y que se recorta en el cielo. A su derecha se forman pequeños collados que pueden despistar el punto exacto de referencia, aunque todos dan paso, mejor o peor a la Becerrera de Teón. La vertiente Noreste del Collao la Becerrera es muy escarpada.

De la campera del Humedal se sale por una disimulada cuenye, donde se retoma un pisado camino. Al otro lado se encuentra una alargada y bella vaguada de pasto. Un pequeño jou configura dos colladas, al pie del Collao la Becerrera. La característica proliferación de pozos que se extiende al Este, cortando la salida de esta vaguada hacia la hondonada que precede al Mirador de la Reina, quizás tenga algo que ver con el topónimo Jou de la Gallina que aquí se ubica.

Nuestra senda se desvanece en la primera collada de la verde vaguada, donde crecen resistentes espineras. Girando a la izquierda, bajo las escabrosas laderas que caen del Collao la Becerrera, se dirige a una segunda collada. Precediéndola se forma un pozo donde crecen unas hayas. Trazando una línea imaginaria paralela a la collada, se encuentra otro viejo ejemplar de haya. Junto a él se coge una difusa vereda de los bichos. Debe prestarse atención porque es fácil de perder. Gana altura rápidamente. La crecida hierba cubre los irregulares afloramientos calizos que tapizan la empinada ladera que se acomete. Más que el problema de pérdida, se trata de buscar el camino más adecuado para progresar. Una vez en lo alto del cordal no es difícil ubicar el Collao de la Becerrera (caso de haberse desviado a los collados contiguos). A la izquierda de esta collada irrumpe una peña caliza que la delimita por esta mano.

El próximo punto a alcanzar es una collada que se encuentra más al Sur. Entre ésta y nuestra posición se forman dos jous. El primero, algo desplazado hacia el Oeste, pero en la falda del canto en que nos encontramos, es la Becerrera de Teón. En el fondo se forma una campera que recibe el agua de gran número de surgencias que humedecen las llambrias y líneas de vegetación que la circundan. El segundo jou referido es el Sellón de Fana. Menos profundo que el de la Becerrera, está formado por una sucesión de planas camperas.

El camino, por llamarlo de alguna manera, de Fana baja a la collada que separa ambos jous. Desde el Collao la Becerrera hay que perder unos metros. Manteniendo el sentido descendente, se corta la ladera "avaguadada" que cierra la Becerrera de Teón por el Este. La finalidad es clara, buscar uno de los pocos tramos conservados del antiguo camino, que entra en llano, de izquierda a derecha, al collado que separa los dos jous mencionados. Como afirmara anteriormente, no es que haya gran problema de pérdida, sino que es conveniente seguir los rastros del sendero, para avanzar con rapidez y soltura por el complicado terreno cárstico de la media montaña del extinto Parque Nacional de la Montaña de Covadonga.

De las plácidas y abrigadas camperas del Sellón de Fana parte una marcada vaguada hacia la collada que ya se divisaba desde el Collao la Becerrera. Nuevamente se encuentran cortos y bellos tramos, incluso empedrados del viejo camino. Traza algún que otro torno para evitar las llambrias de una fina riega. Al final de la vaguada se alcanza el Collao el Sellón, donde ya se da vista a la majada de Fana.

En este punto conviene señalar que la carretera de los Lagos discurre siempre por el Este de nuestra ruta. En el Mirador de la Reina inicia un largo rodeo ascendente, bordeando un jou que a su vez cuenta con diminutos pozos. Encara un par de ensanchadas revueltas y corona el Collao Teón. Éste se encuentra entre el Arco de Teón (comúnmente llamado "Cabeza / Trompa de Elefante", por asemejarse a la trompa de este paquidermo) y Cantu Fuerte. Por su parte, la Becerrera de Teón y el Sellón de Fana, se cobijarían al Oeste de esta última peña. Es decir, que el camino de Fana bordea por el Oeste el cordal presidido por el Cantu Fuerte; en tanto que la carretera de los lagos lo haría por la vertiente oriental.

Desde el Collao del Sellón a Fana se baja en pocos minutos. Fana es una hermosísima majada de vastas camperas. Característica del lugar es una muriada plantación de árboles, en cuyo interior se esconden unas ruinas. A la majada llega una pista, relativamente reciente. Viene de la carretera de los Lagos y sólo es apta para uso agrícola.

El nombre de Teón, que ha sido usado como acompañamiento de otros topónimos, se atribuye a una majada visible desde la carretera, pero oculta a nuestros ojos por cobijarse en la vertiente oriental de Cantu Fuerte. Desde Fana, la primera cumbre del cordal que culmina en aquella cumbre, quedaría a la derecha del Collao el Sellón. Más a la derecha reclama nuestra atención una llamativa y diminuta brecha. El paso aparenta muy pisado del ganado. Permite acceder a la majada de Teón.

Majada de Fana - Porra de Enol (1 hora)

La Porra de Enol es el punto prominente de un cordal que se extiende al Sudeste de Fana. En esta dirección asciende una extensa vaguada de verdes camperas, al amparo del alargado cordal de referencia. Para una inequívoca orientación baste señalar que por la parte superior de la vaguada se adentra la carretera de los Lagos. La ruta de ascenso discurre por una vaguada que se marca paralela a la ya referida. Corta las laderas norteñas de la sierra dominada por la Porra de Enol, a mayor altura del punto en que la carretera se pierde de vista, al adentrarse en la falda de la Porra de Enol. Una reducida mancha boscosa crece en el centro de la evidente línea de subida. Pasada ésta se forma una hondonada, donde gira y se amplía la vaguada, remontando en busca de la vasta collada que precede a la Porra de Enol.

Señaladas estas referencias no hay mayor problema en acometer la ascensión, aunque voy a dar unas someras notas.

Se empieza a ganar altura, suavemente, por las camperas de Fana. Se asciende en paralelo a la sierra ya reseñada. A mitad de camino, más o menos, si se toma la carretera como referencia, a la altura de los últimos árboles, una laja caliza invita a pensar que esconde un bebedero. Pasado este engaño natural debe afrontarse la cuesta de la derecha. Una vez que se ha ganado suficiente altura, los coches circulan alegremente a nuestro nivel, hay que empezar a desviarse hacia la izquierda. La marcada vaguada que se adivinaba desde la majada de Fana se desdibuja completamente, pero no se pierde la referencia del bosquete que la cubre. Por toda la cuesta cruzan miles de senderos del ganado. La travesía hacia el bosque presenta los primeros afloramientos cársticos. La misma tendencia del terreno, en busca de la más vasta vaguada que remonta hasta la collada cimera del cordal, nos lleva a enlazar con buenas sendas del ganado. Llegan a formar verdaderos caminos de gran amplitud. En la hondonada donde se coge la vaguada principal, la que ya sube directa a lo cimero de la sierra, vuelven a cruzarse multitud de veredas. Más arriba se encuentra la respuesta al inesperado tránsito del ganado. En las peñas de la derecha, bajo una mancha forestal bastante extensa (no reseñada en su momento por no servir para ubicar la ruta de ascenso), se oculta una oscura cueva que da cobijo a cabras y ovejas.

El ascenso continúa vaguada arriba, abierta entre dos líneas de árboles. La que preside la cueva y la que se cobija al abrigo de la porra de Enol. El árguma se adueña de los recobecos que quedan libres entre las dominantes llambrias. Un terreno muy incómodo de recorrer. Deben buscarse las veredas del ganado, que frecuentemente aparecen y desaparecen dejándonos en mitad de ninguna parte. El esfuerzo merece la pena. Coronada la collada cimera del cordal se sigue toda la cresta. Ésta se va estrechando. Al final no queda sino un promontorio calizo. Trepando por las llambrias o evitándolas por la izquierda, se llega al punto somital de la Porra de Enol (1.279m.).

Domina el Lago del mismo nombre y la vega contigua. Al fondo toda la vertiente norte del Macizo Occidental. Un conjunto de peñas, riscos, vegas, lagos, majadas y desfiladeros que enamoraron

a D. Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa. En sus entrañas deseó reposar eternamente, no sin antes dar a conocer su excelsa belleza mediante la proclamación del primer Parque Nacional de España, el de la Montaña de Covadonga.

Porra de Enol - Vega de Enol - Lago Enol - Lago Ercina (1 hora)

La Vega de Enol es una profunda depresión glaciar que se forma entre la Porra homónima y la inmensa mole rocosa que se alza entre los tres lagos (Enol, Ercina y el reseco Bricial), compuesta por las cumbres del Bricial y del Mosquital.

La bajada a la Vega de Enol obliga a regresar hasta la collada contigua. Luego no hay más que tirarse ladera abajo, entre las peñas, buscando un pisado sendero que facilite el paso por este escabroso terreno. Como antes ocurriera no existe un único sendero; aunque el principal, tras perder bastante altura, se va tirando hacia la derecha, cortando una rectilínea franja abierta en la ladera, para pasar a unos cincuenta metros sobre la Casa de Pastores.

Por toda la Vega de Enol atraviesa una asentada pista. De momento, en espera de lo que se decida en el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional de los Picos de Europa, se permite el tránsito privado por ella hasta el aparcamiento habilitado al pie de Pandecarmen. Es muy utilizada por quienes se acercan hasta el refugio de Vegarredonda.

Cruzando la pista se llega a una capillita, en las suaves lomas de la vega. Cerca de ésta, en uno de los bellos grupos de cabañas que se asientan en la vaguada de Enol, se coge un pisado sendero que se dirige al lago. Bordea éste por su derecha. En caso de perder su rastro basta caminar por la orilla del lago, pues durante unos metros sus aguas anegan la vereda. Se continúa rodeando el lago hasta llegar a la majada de La Piedra el Llagu.

En la orilla del Lago Enol se asientan dos majadas, ésta y Los Acebos (justo enfrente, al pie del Cerro Sohornín). Una tercera majada, la que da nombre al cerro, sita a su derecha. Está enclavada sobre una collada, ya más alejada del lago. El Cerro Sohornín se eleva al Norte de este embalse natural de agua dulce. Entre esta montaña y la Porra de Enol se forma el Collao Les Veleres, por donde entra la carretera de los Lagos. Ésta desciende hasta situarse al nivel del Enol, punto por el que desagua. La riega se adentra en una lúgubre hoz, dando vida a una cascada que se precipita sobre la Vega de Comeya. Fruto de la actividad minera en el lugar, hoy se conserva un paso que salva el salto de la riega gracias a un túnel que muere en una cueva natural. Esta bajada por El Escalero se encuentra en la margen derecha de la riega. Sin embargo, para el circuito que aquí se describe, he preferido decantarme por una bajada menos espectacular, pero no por ello menos bella. Obliga a un mayor rodeo que permite hacer una visita al Lago Ercina.

Para llegar a éste, es necesario remontar la morrena que los separa. Desde la majada de La Piedra el Llagu, se empieza a ganar altura, cortando la llomba de La Picota. Una senda peatonal, financiada por el Parque para completar un bello recorrido por el entorno de los lagos, asciende suavemente hasta un mirador habilitado en lo cimero de la morrena, dominando las azules aguas del Enol y las más verdosas del Ercina. Por la ladera opuesta baja hasta el aparcamiento de La Tiese.

Según el tiempo y las fuerzas cabe acercarse hasta el Lago Ercina. Aunque apenas ronda los dos metros de profundidad, entre la vegetación que se va adueñando de él se cobija una abundante población de fochas. El blanco escudete frontal contrasta con el negro plumaje de su cuerpo. Más llamativo es el ánade real. La verde cabeza del macho, resaltada por un collar blanco le vuelve fácilmente reconocible. Especies acuáticas que reclaman un lugar en "el reino encantado de los rebecos y las águilas" (D. Pedro Pidal).

Lago Ercina - Vega de Comeya (30 minutos)

Siguiendo la explanada del aparcamiento de La Tiese, se baja al muro de contención de una lagunilla desgajada del Ercina. Se atraviesa por encima del muro y se empieza a subir por la llomba que cierra por el Este. Por lo cimero de esta modesta morrena discurre una pista. Baja a la majada de La Llomba, en el valle que se abre a nuestros pies. Pasa la collada que cierra el valle y vuelve a perder altura hasta caer a la majada de Belbín. La piramidal cumbre que se eleva al fondo es La Jascal (en el puerto de Llerosos).

Ganada la llomba debe girarse a la izquierda, siguiéndola en toda su integridad. Pronto empieza un ligero descenso. En cuanto gira a la izquierda, continuando su serpenteante descenso en dirección a la Porra Uberdón (Noroeste), ha de dejarse. Con dirección Norte (en línea recta hacia el Cabezu Salgaréu), tras cruzar un pedregoso terreno (parece haber sido rellenado con la tierra sobrante de las obras llevadas a cabo por el Parque en Buferrera), se va configurando una hermosa vaguada. Al fondo, un grupito de árboles, da cobijo a las ruinas de una antigua majada.

Antes de continuar con la descripción de la ruta he de dar unas notas para ubicar correctamente los picos que se acaban de mencionar. La Porra Uberdón y la Cabeza Salgaréu son dos cuestas que delimitan por el Norte la Vega de Comeya. Distan bastante entre sí. Una alargada cresta (que en realidad es la que marca el límite Norte de la vega) se extiende de una a otra. La Porra Uberdón (1.055 m.), de forma piramidal, apenas presenta algún afloramiento rocoso. Por su parte, la Cabeza Salgaréu (1.135 m.) va precedida de una barrera caliza. El cueto occidental de esta blancuzca muralla rocosa se denomina Joulagua (1.084 m.).

A medida que el sendero se adentra en la vaguada, va haciéndose más amplio y evidente. Desciende en marcados tornos, buscando peligrosamente el canto que delimita la vaguada por la derecha. Llega a tocarlo en un punto. Un ramal secundario lo traspasa entrando a un profundo y cegado jou. Sólo un angosto valle se extiende hacia el Sudeste. Lógicamente, nunca ha de abandonarse la verde y suave vaguada. Una incipiente riega empieza a abrirse camino por el centro de la hondonada. De la recóndita majada apenas unas ruinas permiten explicar la existencia aislada de los árboles que la guardaban.

Una línea de piedras parece querer indicar la dirección correcta. En todo caso, al final de la vaguada, se gira a la izquierda, evitando bajar de frente por la pindia ladera. En llano, a esta mano, no tarda en reencontrarse el rastro del antiguo camino. La vista es excepcional. Bajo nuestros pies La Rondillina. Una idílica veguilla, con abundante caudal de agua. Una bonita riega nace y muere en la misma campera, trazando exquisitos y retorcidos meandros. Más a la izquierda, siempre dominando la escena a vista de pájaro, más cabañas. Las antiguas construcciones pastoriles poco a poco se empiezan a confundir con los también pretéritos vestigios mineros. También la toponimia minera se funde con la autóctona: La Fábrica, La Comicosa. Y la causante de todo esto, la Vega de Comeya.

Comeya es un inmenso tremedal. Este terreno de turbera acumula un gran caudal de agua que lo encharca parcialmente. La caudalosa riega que la recorre se difumina a lo largo de un extenso llamargal intransitable. Bajo los paredones sureños de la vega se forma una pequeña laguna. Algunos patos bajan del Lago Ercina para encontrar aquí su sustento. Todo el agua se sume en una gruta que se abre en el extremo noroccidental de la vega. El terreno no encharcado genera un rico pasto donde se concentra una gran cantidad de cabezas de ganado. Rodeada de montañas por todos los lados queda al abrigo de los fuertes vientos. Al Norte cierra la línea de cresta que une, como ya señalara, la Porra de Uberdón y la Cabeza Salgaréu. Por el Sur los relieves son más accidentados. Las verticales paredes han sido desafiadas por la fuerza erosiva del agua. El sobrante de los lagos de Enol y de Ercina, ha esculpido un auténtico tajo en los imponentes paredones que sustentan la meseta de los Lagos. La cascada que se descuelga por este lúgubre cañón, se sume, dejando nada más que el seco cauce de un primigenio río. Por la vega atraviesa una rectilínea pista minera. El barracón que dominaba la vega desde el centro ha sido derruido, perdiéndose la única referencia que orientaba a pastores y montañeros cuando el tremedal, cubierto por la nieve, acogía la lechosa niebla invernal.

Tal es el valor de este tremedal, que durante un corto período de tiempo llego a prohibirse el acceso al mismo. Así aconteció durante la vigencia del Plan Rector de Uso y Gestión del extinto Parque Nacional de la Montaña de Covadonga. Pocos meses más tarde, con la ampliación del área protegida mediante la declaración del Parque Nacional de los Picos de Europa, todo volvió a quedar como estaba, un caos total. Los Picos de Europa recibieron el honor de albergar la figura del primer Parque Nacional de España; y viven en el deshonor de contar con el único que nunca entró en funcionamiento.

El amplio camino que baja a la Vega de Comeya no tiene pérdida. Baja con tendencia hacia la izquierda. Bajo un imponente paredón parece encarar definitivamente el descenso a la vasta depresión. A mano derecha deja un coterucu. Una aguja, de grandes dimensiones y dominada por una doble peña, se deja a la izquierda. Entre este conjunto de peñas se descuelga el primitivo camino, que al entrar en la campera, entre los espinos se difumina definitivamente. En línea recta hacia abajo se alcanza una evidente collada, donde gira la pista que viene de Comeya para dirigirse al Escalero. En la campera se malconservan dispersas gran cantidad de cabañas.

Comeya - Llanu Cantu - Collao Peréu - Gamoneo de Cangas / Onís (1 hora 30 minutos)

El camino más recomendable para subir a Llanu Cantu depende directamente de las labores de desbroce que acometa el Parque. Digo esto porque las laderas de acceso a esta vasta collada están totalmente tomadas por las cotoyas.

Llanu Cantu (901 m.) es la collada intermedia entre la Porra de Uberdón y la Cabeza Salgaréu. Esta extensa llanada se extiende a lo largo del punto más bajo de la recortada línea que las une, recorrida en toda su extensión por una alambrada que trata de impedir que el ganado se descuelgue por la inclinadísima vertiente Norte de la Sierra Biforcos.

En la roma collada en que he dado por finalizada la descripción de la ruta en el apartado anterior, se presentan dos alternativas: seguir la abandonada caja de la pista minera que desciende hacia la Vega de Comeya; o bien bajar a mano derecha a la Rondillina. Recomiendo esta segunda alternativa. En este caso, es obligado dirigirse al manantial que nutre la redondeada y chica vega para disfrutar de sus frescas aguas cristalinas. A mano derecha se deja la Cuenye Cubiliega, por donde desciende la riega que recoge las aguas de la cuenca más abierta que se forma entre las majadas de Soñín y el monolito del Cantón. Reseñar que Soñín comprende dos núcleos de cabañas: Soñín de Abajo (al Sudeste del Cabeza Salgaréu) y de Arriba (entre la Cabeza Los Negros y El Cantón).

Tomando dirección Noroeste, se buscan las veredas del ganado que atraviesan bajo las estribaciones calizas del Joulagua. Se continúa ganando altura por las laderas sureñas de la Sierra Biforcos hasta salir a la cresta cimera. En caso de no llegar directamente a Llanu Cantu, baste señalar que, paralela a la línea de alambrada se encuentra una senda que viene del Cabezu Salgaréu.

En Llanu Cantu se devola hacia la vertiente norteña de la sierra. Un muy marcado camino entra casi en llano a un colladín, al pie del Cantu del Utre (965 m.). Luego inicia una larga travesía descendente cortando las vertiginosas caídas nororientales de la Porra Uberdón, el Picu Bruxeru y el promontorio de La Muda. La senda muere en el Collao Peréu, al pie de La Corona el Cantu.

Para pasar a Gamonedo de Cangas, al otro lado de esta peña caliza, se descenderá por la vaguada de la izquierda, enlazando con la vía de subida. Por la vaguada oriental, donde se encontrará un bebedero, se puede bajar a Gamonedo de Onís. En la parte inferior conviene desviarse hacia la izquierda, por una senda de los bichos, para evitar la zona más inclinada de la vaguada. Enseguida se enlazará con el empedrado camino que viene de la majada de Soñín de abajo por Entrepeñas.

Debo hacer otro breve inciso para una mejor comprensión del entorno. Del Cabezu Salgaréu se desgaja un nuevo subcordal, de reducidas dimensiones. Orientado hacia el Norte pronto pierde altura. Sus contrafuertes separan las dos riegas principales que nutren el caudaloso discurrir del río Tabardín. Cuenta con dos remarcadas colladas. En la superior se encuentra Escarandi (por donde pasa uno de los senderos que sube a la majada de Soñín de Abajo); mientras que en la inferior, adonde llega una pista de reciente construcción, se destacan las verdes camperas de Entrepeñas. El camino principal del puerto, que también sube con dirección a Soñín de Abajo, se dirige a esta collada inferior. Su trazado se ha visto afectado en parte por la construcción de la pista.

Una vez que se ha enlazado con el camino de Entrepeñas, sólo resta un bello paseo, entre bosquetes y praderías, por el entorno de la majada de Peréu, hasta llegar al pueblo de Esprón (Gamonedo de Onís).

 

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