PONCEBOS - CANAL DE LA RUMIADA - TIELVE - MAJADA DE VIERRU - MAJADA LA POZA - MAJADA DE ARGANDOBÍN - EL ARRUDO - MAJADA DE ARNANDES - BULNES - PONCEBOS (circuito)

 

Punto de partida: embalse de Poncebos.

Duración: 7 horas 30 minutos.

Desnivel: 1.200 metros.

Dificultad: Poco difícil (IIº). Sólo tres metros separan esta ruta así catalogada de convertirse en un sencillo recorrido especialmente recomendable para gente que se inicia en el mundo del montañismo (véase principiantes).

La vertiente Sur de la Sierra de Maín se caracteriza por su fuerte inclinación. Una desigual franja caliza se extiende de punta a punta. En su configuración se intercalan peñas o contrafuertes que dificultan los accesos a la sierra. Dentro de esta vertiente cabe distinguir dos sectores: el oriental y el occidental.

El sector oriental se extendería al Este de Collao Pandébano. Es el más asequible. Presenta sencillas variantes para ascender a las majadas de la parte superior: Groseda y Sotarraña. La primera se encuentra sobre Canero (majada situada cerca del Collao Pandébano, encima del turístico aparcamiento que se ha habilitado en las pistas de concentración parcelaria); la segunda es la de más fáciles accesos. El más frecuentado es el camino que se retuerce en el sombrío canalón que preside la majada La Robre, conjunto de cabañas cuya cantidad y calidad le confieren el aire de núcleo habitado.

Por su parte, el sector occidental abarcaría el farallón rocoso que se expande al Oeste del Collao Pandébano. El pueblo de Bulnes se encontraría, más o menos, en el vértice en que confluyen las vertientes sureñas y occidentales de Peña Maín; éstas se hallan desgajadas de la meseta de Amuesa por la Canal del Tejo. En este sector occidental de la vertiente Sur de Peña Maín, colgado sobre la majada de Arnandes, se destaca provocador El Arrudo. Este paso, que constituye la más rápida comunicación pastoril con la majada de Argandobín, aprovecha traviesas y viras naturales de la peña para vencer los contrafuertes calizos de la sierra. Sin embargo, una vertical grieta de dos o tres metros, armada en su inicio con un estudiado y asentado amontonamiento de piedras, asemejando peldaños, obliga a una corta trepada de segundo grado (IIº). La dirección elegida para el circuito por la Sierra de Maín, hace que el paso del Arrudo haya de acometerse durante el descenso. La consecuencia lógica es un cambio de perspectiva, pues la destrepada, que obliga continuamente a echar la vista abajo para buscar el apoyo de los pies, incrementa el compromiso psicológico de todo descenso por la peña.

Características: La comunicación de los pueblos de montaña con el valle se articuló, durante siglos, a través de una extensa red de buenos caminos. El aprovisionamiento de materiales y otros elementos de primera necesidad requería del uso de caballerías, que facilitara el transporte de las pesadas cargas.

Entrado el siglo XXI son ya escasos los pueblos de montaña que no cuentan con un acceso, generalmente rodado, que incrementa notablemente la calidad de vida de sus vecinos. Lamentablemente, las nuevas vías de comunicación traen consigo un profundo abandono de los antiguos caminos vecinales, que se ven condenados a un progresivo estado de deterioro.

Aunque Bulnes fue hasta hace bien poco el paradigma de aislamiento, tampoco hace tantos años que se construyó la carretera que sube a Tielve (Sotres). Más reciente aún es el asfaltado de la pista que, desde este pueblo asturiano, pasaba al cántabro de Tresviso.

En el circuito que aquí se propone se recorrerán los antiguos caminos que no hace tanto transitaban las caballerías que transportaban, bien los productos que se bajaban para su venta en el valle, bien los bienes necesarios que se adquirían en las villas con el dinero procedente de la venta de aquéllos.

Para el aprovechamiento de las praderías de los pueblos se construían invernales. Si de lo que se trataba era del aprovechamiento estival de los pastos del puerto, los vecinos disponían de las cabañas, agrupadas en majadas. Una red de caminos vertebraba el puerto, enlazando las distintas majadas. Peña Maín no era una excepción. En sus verdes hondonadas o en recónditas camperas se establecían las más bellas majadas. Hoy propongo conocer los caminos que unían las de Vierru, Trisgüerda, La Poza, Jucarrera y Argandobín. De todas ellas, particularmente considero que la más hermosa es esta última.

Aparte de los caminos que servían para comunicar los pueblos con el valle o los que facilitaban la subida a las majadas, en el escarpado terreno de los Picos de Europa, no es infrecuente el acondicionamiento de pasos en la peña para salvar los malos pasos que dificultaban o imposibilitaban el acceso a determinadas majadas o a los extensos pastos colgados entre las montañas. Ejemplo de este tipo de inverosímiles sendas es El Arrudo.

Respecto de la panorámica, decir que se domina toda la vertiente Sur de Portudera.

Para el descenso se reserva la guinda del pastel; si bien, en la travesía entre las majadas de La Poza y Jucarrera, ya se adelanta un pequeño aperitivo. El marco incomparable que se contempla en torno a la majada de Argandobín, con la referencia ineludible del Picu Urriellu, supera con creces las expectativas de quien se acerca a esta Peña por primera vez.

La majada de Arnandes, contemplada desde El Arrudo - a vista de pájaro -, deja un recuerdo imperecedero que desvía, por unos momentos, la atención del omnipresente Naranjo de Bulnes.

 

 

Descripción:

Accesos

En Arenas de Cabrales ( a mano derecha entrando desde la capital, Carreña) se coge una sinuosa carretera de montaña que sube al embalse de Poncebos, en el río Cares ( 5 Km. ).

Embalse de Poncebos - Canal de la Rumiada - Tielve ( 2 horas )

En el embalse de Poncebos existen dos puentes, uno que lo salva por el centro y otro que se encuentra a su cabecera. El primero es independiente de la carretera, y permite pasar a un establecimiento hotelero. También da acceso a uno de los caminos que suben al pueblo de Camarmeña. El segundo es utilizado por la carretera para pasar a la margen derecha del río Cares ( sentido ascendente de la marcha ), adentrándose en un corto túnel.

La Canal de La Rumiada, por la que serpentea el antiguo camino que subía a Tielve, se levanta a la izquierda de la carretera, en las inclinadas laderas que caen sobre la cabecera del embalse de Poncebos. Era una canal muy peligrosa, debido a la cantidad de piedras que tiraban las caballerías que transportaban las cargas de los vecinos de Tielve y de Sotres. A ese riesgo de desprendimientos, hoy debido a las cabras que pastan en su parte alta, responde la instalación de una malla metálica junto a la carretera.

El camino se coge antes de llegar al segundo de los puentes referidos. Bastante desdibujado en su inicio, atraviesa la malla metálica que sujeta las piedras sueltas de esta ladera. Aún muy deteriorado llega a un ruinoso barracón que ha sustituido el techo artificial de teja, por el natural de la peña. A medida que se gana altura se va recuperando el trazado primigenio del camino, aunque ha de superarse un tramo inclinado, con mucha piedra suelta, por un sendero de cabras.

En la parte superior de la canal se conservan cortos y continuos tornos muriaos que se retuercen en la peña que pende sobre el río Cares. Superado este breve episodio de la Canal de La Rumiada, y tras un corto descenso, se inicia un cómodo caminar a través de las pedregosas laderas sureñas de Portudera.

Sin posibilidad alguna de pérdida, el camino se va adentrando en el desfiladero del río Duje, en cuyo curso se confunden la vertiente Sur de los Puertos de Era con la vertiente Norte de Peña Maín. Aquélla presenta inclinadas laderas, tanto más herbosa cuanto más al Este se encuentren, dominadas por una alineación de torreones pétreos de exagerada verticalidad; en la vertiente Norte de Peña Maín, la verticalidad no se circunscribe a las torres calizas de que carece, sino que es la tónica de las sombrías y herbosas laderas que se extienden hacia Cuetu Vierru. En este mundo de homogéneas verticalidades destaca El Eru Maín, panda herbosa que cuelga en el desgajado torreón que se erige sobre la mecedura de los ríos Duje y Cares.

A mitad de camino se desciende levemente a una horcada "jitada" con un poste de la luz. Al otro lado se trazan dos o tres tornos, también descendentes. Abajo, separada del río por la carretera se encuentra la cabaña de La Ballota. A su derecha arranca la pista que remonta a las inclinadas praderías en que se asienta la majada. En este tramo, el antiguo camino de Tielve presenta dos bifurcaciones. En la primera se deja el ramal que bajaba a La Ballota. El segundo cruce responde a un desdoblamiento del camino principal. Se sigue por el de la izquierda, acometiendo un amplio torno por el que se remonta hasta la majada Los Pozos.

Las aterrazadas camperas se hallan sustentadas por abandonados y deteriorados muros. La amplia y empinada canal herbosa que se eleva hacia el Norte, caracterizada por los desplomes del Cabezu Sonllanu, es la Canal de Llamedo.

De nuevo por terreno llano se continúa hacia Tielve. Cerca del pueblo se encuentra la majada de Pertecéu. Sus cuidadas praderías, asentadas sobre cuidados muros de piedra, buscan la horizontalidad que el sistema de terrazas garantiza en las inclinadas laderas del desfiladero.

Un reducido bosquete, que rodea las distintas camperas y en el que se intercalan las dispersas cabañas, favorece un leve alivio al sufrido caminante que atraviesa la soleada vertiente sureña de Portudera.

Cortando la vaguada que forma la apertura de Paré Pellitero, se llega a las praderías que preceden al pueblo de Tielve. Nada más pasar la reseca riega que recoge las aguas del Seu La Cruz y de la Canal del Puerco, se encuentra un sendero que se desvía a la izquierda. Cruza los verdes prados hacia las casas del pueblo, siendo el atajo utilizado por los pastores que aún utilizan el viejo camino aquí reseñado ( para acercarse a las majadas por las que atraviesa o para enlazar con los senderos o canales que se adentran entre las señeras y escarpadas peñas de esta parte de los Puertos de Era ).

El camino antiguo desciende suavemente, dejando a la derecha una nave. Ya con el ancho de una pista, se humedece con el agua que pinga de las tupidas enredaderas que cuelgan desde lo más alto de unas extraplomadas peñas. Dejando la pista que sube al pueblo de Tielve se baja a la carretera.

Tielve - majadas de Vierru - Trisgüerda - La Poza ( 2 horas 30 minutos )

Por el ancho puente de la carretera de Tielve se pasa a la margen izquierda del río Duje, donde arranca una pindia y hormigonada pista. A nuestra izquierda se deja el antiguo puente de piedra por el que se pasaba al molino contiguo.

Tras el repecho del inicio suaviza el desnivel mientras pasa sobre el cementerio. Enseguida se llega a un cruce. Se deja la pista que baja de frente y se sigue ganando altura por la de la izquierda. Toda esta zona es de mucho tránsito, debido a que se asciende entre fértiles praderías. Los continuos invernales, aislados o agrupados, están sujetos a un trajín constante. Ante uno de estos bellos conjuntos nuestra pista acomete una curva en herradura, hacia la izquierda.

Sigue ganando altura entre los invernales que se encuentran a este lado de las praderías. Pronto llega a su fin, a las puertas de uno de estos invernales. Atravesando unas llambrias pulidas por el agua, se continúa por el empedrado camino que pasa por la izquierda de la construcción.

En un cruce posterior puede desecharse el sendero de la derecha, que no es sino un mal atajo. De lo que se trata es de salir a una estrecha pista que corta la ladera unos metros por arriba de este punto. El tendido eléctrico sirve de referencia, pues una de sus pequeñas torretas se ha clavado a su vera.

Por las entrañas de un bosquete de avellanos, nuestro caminar se orienta hacia la única vertiente asequible del Cuetu Vierru ( 1.165 m. ). La pista, que más parece un buen camino carretero, va ganando altura protegida entre estas especies arbustivas. Cuando, por terreno más abierto, alcanza las primeras praderías de Vierru, queda reducida a dos marcadas rodadas. Atacan la cuesta directamente, paralelas a una muria, manteniendo un fortísimo desnivel. En una llana campera, donde se desdibuja momentáneamente, se asientan las primeras construcciones de las majadas de Vierru.

En torno al Cuetu Vierru se agolpan gran número de praderías de diferentes dimensiones. Varios manantiales y una permanente riega garantizan la riqueza de los pastos. Entre los prados se intercalan bellos conjuntos de cuidadas cabañas denominadas genéricamente con el topónimo de Vierru.

Abandonando el trazado de la pista, se afronta directamente la cuesta que cierra la camperuca por el Sur. Sobre ella destaca un nuevo conjunto de cabañas. Manteniendo la dirección se continúa ascendiendo, dejando a la derecha la muria de una extensa pradería; referencia algo confusa al principio por la abundancia de cabañas.

Al Este va quedando la Cabeza la Rasa. Esta cumbre cuenta con tres ingentes "jitos". Tales pináculos de piedra son de tal entidad que son perceptibles desde el mismo pueblo de Tielve. Por la vaguada que se destaca a la derecha de la Cabeza la Rasa se puede acceder directamente a su cima. No es el punto más elevado del conjunto de riscos en que se encuadra, pero al recortarse en su extremo Norte, domina visualmente las casas de aquel pueblo. La majada de Trisgüerda se encontraría al Sur - Sudoeste de este cabezo.

De las peñas que se extienden a la derecha de la cabeza la Rasa, en arco, destaca un cueto calizo. En la base de su vertical espolón se remarca una oscura cueva. Este peñón va marcando la dirección de nuestro ascenso. En su falda aún se alcanza a ver una última cabaña. Cuenta con una pequeña campera muriada. Entre este prado y la vasta pradería que se ha ido dejando a la derecha se forma un pasillo.

Al Sudoeste se destaca una solitaria collada con un coteruco a su derecha. Para acceder a él debe uno adentrarse en el pasillo que se acaba de referir. Un par de gruesos tubos de goma, que transportan el agua desde los manantiales de la peña a los invernales de Tielve, se cruza en el camino.

Pegado a la muria inferior aparece un buen sendero. Por tramos recupera el ancho de un camino. Se mantiene la dirección. A mano derecha se va dejando el Cuetu Vierru. Se cruza el cauce seco de una riega. Al otro lado se conserva un corto trozo de buen camino empedrado. Apenas unos metros hasta salir a una camperuca, donde vuelve a perder su configuración. Aunque, convertido en sendero, es fácil seguir su rastro ha de abandonarse. Se sube a mano izquierda, buscando recuperar el cauce de la riega que se acaba de cruzar. Cuanto más arriba el terreno se vuelve más pedregoso. Se destaca una piedra grande. Un poco más allá se gira, siguiendo el curso de la riega, a la derecha. En este punto suele haber un bidón azul. Una goma recoge el agua de un manantial que hay a su lado.

El terreno pedregoso por donde discurren las aguas de la incipiente riega se va estrechando, llegando a formar una pequeña cuenye a la sombra de los árboles. Al otro lado brota un nuevo manantial. Manteniendo la dirección se coge la vaguada por la que se sube al Collao Bernil. A este collado ya se ha hecho una somera referencia en párrafos precedentes.

Al abrigo de las peñas del homónimo cueto contiguo (1.174 m.), vestigios de un esplendoroso pasado ganadero, se conservan unas ruinas. Contrastan con el bebedero de reciente construcción con que cuenta este rincón.

Ha de acometerse la cuesta que se extiende al Sur del Collao Bernil, tomada en su mayor parte por un hermoso hayedo. El ascenso no es directo, sino que busca un sendero que corta la Cuesta Les Cuerres, en sentido ascendente, de derecha a izquierda. Este sendero se adentra en el bosque sobre la vaguada por la que se acaba de acceder al Collao Bernil.

Entre las hayas se encuentra la Fuente Les Cuerres. El sendero continúa por detrás de ella. Al final se llega a una vaguada, libre de árboles, que sube directa al Collao Les Cuerres. Hacia la mitad, más o menos, un marcado camino sale a mano izquierda, pasando a una menos evidente vaguada contigua. Desde el collado cimero se da vista a la majada Trisgüerda. Sus cabañas se cobijan en una hondonada, al abrigo de los vientos.

Para regresar al Collao Les Cuerres no hay más que seguir un camino, otrora muy transitado, que continúa hacia el Sudoeste, por la derecha del cueto que cierra el collado a que se acaba de acceder.

Devolando el Collao Les Cuerres se baja al jou del mismo nombre. En las camperucas del fondo se pierde algo el sendero. Basta atacar la cuesta que cierra por el Sur. Al Oeste, peñas calizas propias de la configuración cárstica de los Picos de Europa, cortan el avance. A medida que se va ganando altura se va dejando atrás la línea de bosque que se extiende por todo el jou y la vaguada que le precede. Más que una cuesta parece que se está acometiendo el ascenso a un coteruco. Antes de coronar se divisan, a mano derecha, tres árboles alineados. Entre los dos inferiores, pero más próximo al del extremo, pasa el camino de la majada La Poza. Inicia una larga travesía, en llano, hacia el Oeste, bajo los contrafuertes calizos de lo cimero de la sierra. Debe prestarse mucha atención, pues un sendero jitado, que remonta hacia el Sur, puede despistar nuestro rumbo.

Este sendero sube por toda la cuesta. En el cielo una peñerina ( cernícalo ), "inmóvil", desafiando la fuerza de la gravedad - combinando el aleteo de sus alas con la estabilidad de su cola - otea el suelo en busca de un despistado roedor sobre el que caer en cosa de segundos. Ascendiendo la collada que se ve a la izquierda del primer cueto calizo en que se inicia la sucesión de escarpadas lomas que se extienden, de Sur a Oeste, en arco sobre el camino de la majada de La Poza, se coronarían las dos cumbres señeras de Peña Maín, la Cabecina la Mesa ( 1.596 m. ) y la Cabecina Quemada que, con sus 1.609 m., es la máxima altura de la sierra.

Aunque puede observarse que voy reseñando las distintas cumbres de Peña Maín accesibles desde nuestra ruta, he optado por diseñar un recorrido en torno a los caminos de las majadas, dejando la "conquista" de las cumbres en un plano secundario.

Se inicia, pues, la travesía bajo los contrafuertes inferiores de las "Cabecinas". El sendero sigue una línea natural que busca la raya inferior que delimita la cuesta y la caliza. La travesía finaliza en el canto rocoso que impide ver la parte de sierra que se extiende hacia el Oeste, por encima de la línea de bosque. Al doblar el canto, donde el camino se recorta en la blanca caliza, se da vista a la majada de La Poza; a la que se llega en pocos minutos.

Este tramo recorrido de Peña Maín, al abrigo de su sombría vertiente Norte, domina las estribaciones del Macizo Oriental. A lo lejos se contemplan las sierras de Cocón ( presidida por el Cueto de la Cerralosa ) y de Nedrina (donde se destaca el Cabezo Vigueras ). Sin embargo, el centro de atención se halla en la bella vertiente Sur de los Puertos de Era. La altura ganada ofrece una perspectiva complementaria de la que se disfrutaba durante el paseo por el camino antiguo de Tielve.

Majada La Poza - Majada Jucarrera - Majada de Argandobín ( 30 minutos )

En la majada La Poza apenas se conserva una cabaña en buen estado. Se aprovechaban las oquedades de un diminuto jou para guardar el ganado. Para continuar la travesía por la vertiente Norte de Peña Maín, ha de retomarse el camino de las majadas. Éste mantiene, momentáneamente, el sentido descendente que presentaba al acercarse a esta majada. En la loma que ha de doblarse para dar vista al siguiente tramo de sierra, se adivina el trazado del camino.

Puede decirse que, tras perder un poco de altura, se continúa en llano a media ladera; siempre sobre la línea de bosque. Al otro lado de la descendente loma que cierra la majada por el Oeste se abre una profunda vaguada.

Hacia el Sudoeste, por la depresión que se forma a la izquierda de la Cabeza Jucarrera, se muestra - imponente - la mole de Los Albos. A medida que se avanza, van desfilando ante nuestros ojos otras señeras cumbres del Macizo Central: Neverón de Urriellu, Picu Urriellu, Peña Castil. Esta bella panorámica, tan breve como intensa ( por lo inesperado ) pronto se desvanece según se va perdiendo altura en busca del fondo de la vaguada. Antes de llegar a éste se encuentra un bebedero de abundante agua cristalina.

Antes de continuar con la descripción de la ruta, señalar que siguiendo la línea de la vaguada que nos corta, se coge un camino que - a través del bosque - baja hasta las praderías situadas al Sudoeste del Cuetu Vierru. En una amplia collada se bifurca. El principal busca las majadas de Vierru. Un sendero más perdido se precipita al Noroeste por una canal que lo lleva directo a La Ballota.

Nuestro camino, tras cruzar la referida vaguada, inicia el flanqueo de la Cabeza Jucarrera ( 1.569 m. ). Nuevamente se sigue la línea natural que separa la cuesta que sale del bosque, de los contrafuertes calizos de aquella cumbre. No obstante ha de hacerse mención a un jito difícil de obviar. Se trata de una antena, sita en el canto al que se dirige el camino de la majada de Jucarrera.

Antes de alcanzar el cantín en el que se halla la antena ( Muezca Jorada ), un marcado camino ataca las peñas de la izquierda. Al final, se trataría de una variante del camino que alcanza el colgado canto en que se ha enclavado la antena. En la misma vertical de este improvisado jito se unen ambas alternativas.

Se atraviesa una diminuta cuenye que precede a una vaguaduca. El sendero busca el collado que se ve de frente, desentendiéndose de una collada superior que, al adentrarse en la vaguada, se ve a la izquierda. El camino, una vez que alcanza aquel collado, presenta un trazado curioso. Lo mismo puede devolarse por un estrechamiento entre dos peñucas, que acometer un ridículo par de tornos que pasan sobre la peñuca de la derecha.

En uno u otro caso se habrá traspuesto la horcaduca, dando paso a la majada de Jucarrera, en la falda Oeste de la Cabeza así llamada. Se ha coronado lo cimero de la sierra, y se recupera la bella panorámica del macizo Central que, instantáneamente, se ha disfrutado durante la travesía.

Antes de sentarse a comer, confiados en la belleza del entorno, aconsejo descender por la vaguada que, nada más pasar las cabañas desciende al Oeste. En unos instantes se descubre la majada de Argandobín. Sorprende el tamaño de sus cabañas, por encontrarse en un rincón tan apartado de Peña Maín. Las verdes camperucas, protegidas por la caliza, planas como la palma de la mano, enlazan las distintas construcciones, que, curiosamente, aún se conservan en pie.

La posición escorada de esta majada, respecto de la línea central de Peña Maín, la convierte en un mirador privilegiado de Los Urrieles. Goza de una de las perspectivas más hermosas del Picu Urriellu. Su figura se ve enaltecida por la profunda depresión que se abre a sus pies. La rectilínea hondonada del Jou Lluengu, que se precipita sobre el valle glaciar de Valcosín, adquiere desde este punto su máxima expresión. Esta vaguada de ingentes proporciones, horadada por la incontenible acción erosiva de una lengua glaciar, remarca la verticalidad de las afamadas caras Norte y Oeste del Naranjo de Bulnes. Responde al mismo efecto óptico que se pretende cuando se sacan diapositivas en vertical. Esta posición de la cámara fotográfica pretende recalcar la verticalidad del encuadre. Del mismo modo la verticalidad del Jou Lluengu favorece el mismo efecto respecto de las ya de por sí extraplomadas paredes del Picu.

Creo que en este rincón de ensueño ya pueden perderse unas horas tomando un aperitivo.

Argandobín - El Arrudo - Arnandes ( 1 hora )

Según se baja de la majada de Jucarrera a la de Argandobín, se aprecia una vaguada que, precediendo a las primeras cabañas de esta majada, sale hacia el Sur ( mirando de frente al Picu Urriellu ).

Al otro lado de las peñas que protegen la majada de Argandobín, ha de dejarse un camino que sigue en llano ( por el que podría llegarse al Cuetu Medio ). Ha de bajarse toda la vaguada hacia la camperuca del fondo. A su derecha es fácilmente reconocible un "camín muriao" que tira hacia el bosque.

Con tendencia Oeste ( paralela a la línea del bosque ) cruza una redondeada y diminuta veguca en que se aprecia un débil hundimiento. Se deja la vallejuca a que da lugar y que desciende al Sur. Se pasa a la vaguada contigua y se desciende por ella. El sendero se adentra en el bosque, en dirección a Los Albos. La extensa y piramidal ladera del Bobio los delata.

La rama inferior de un árbol, cuyo grosor asemeja al del tronco principal, se ha desgajado de éste, incapaz de soportar su peso. A escasos metros la escena se repite, sólo que - en este caso - se trata de una caña superior. Junto a este árbol se busca un sendero que se cuela entre dos rocas. Con tendencia a la izquierda sale a una colladuca, en las entrañas del bosque. Enseguida hay que tirarse a la derecha, retomando la vaguada que desciende por esta mano y que se ha dejado unos metros antes ( en el ligero desvío a la izquierda iniciado en el segundo "tronco" caído ).

Se continúa el descenso, por un perdido sendero que se encauzaba en la vaguada. Atrás se va dejando la mancha boscosa. Antes de llegar a unos pequeñitos jous, a la sombra de un aislado bosquete, el sendero se desvía hacia la izquierda. Atraviesa unas alargadas líneas herbosas. Su ancho parece querer indicar que se trataba de antiguas camperas. Hoy, aparte de algún que otro matorral, aparecen tomadas por una dura y crecida vegetación herbácea, que no parece muy del agrado de cabras y ovejas. La dirección que se lleva toma como extenso punto de referencia el Collao Pandébano. Esta enorme collada de abundante pasto separa la Sierra de Maín de las laderas norteñas de las Moñas.

A la izquierda, en lo cimero de la sierra, se remarca el perfil del Cuetu Mediu. Nuestro sendero, que parece adivinarse entre las tomadas camperas ( probablemente gracias al frecuente paso de las cabras ), gira a la derecha, cuesta abajo. Esta tendencia apenas se mantiene unos metros. Apenas busca perder algo de altura ( siempre siguiendo el encauzamiento natural de estas tomadas líneas de campera ) para continuar por una canga herbosa. Se caracteriza ésta por su estrechez, como queriendo indicar que el sendero se acerca al corte rocoso de Peña Maín.

En efecto, nuestro caminar se precipita hacia una colgada boca que se forma entre dos coteros calizos. El sendero, prácticamente inexistente, se tira a la peñuca de la derecha. Sigue casi hasta el final del alargado contrafuerte calizo. No sigue la línea de cresta, sino paralelo a la misma, por su derecha, dando vista a las praderías y a la majada de Arnandes.

El Arrudo se retuerce en la estrecha peña, descolgándose hacia la desafiante caída que cuelga sobre Arnandes. Se desvía un poco a la izquierda, para embocar la grieta donde se encuentra la mayor dificultad. Un corto destrepe de segundo grado ( IIº ) hasta alcanzar una terraza, a cuyos pies crece un arbolillo desafiando las leyes de la gravedad. La roca es buena y los agarres también. La verticalidad del corto resalte impide ver el amontonamiento de piedras que, en forma de peldaños, acondicionan el paso.

Una vez el ¿sendero? se ha descolgado a la terraza inferior, gira a la izquierda, por una vira que corta el cotero donde se retuerce El Arrudo. La vira muere al pie de la impracticable llambria que se descuelga de la boca superior ( y que El Arrudo evita ). Por este resalte se descolgaban los troncos que se entresacaban del bosque que se extiende más allá del Arrudo.

Superado este mal paso, el sendero inicia una larga travesía descendente bajo las caídas sureñas de Peña Maín. La primera parte de la travesía acomete los escabrosos contrafuertes inferiores de la peña. Quizás pueda señalarse una dificultad de primer grado ( fácil ). La vereda se dirige hacia una evidente collada caracterizada por una cabaña con la consiguiente pradería muriada. A su derecha un vistoso cabezo

( Cabeza Matarredonda ) de hermosas vistas hacia El Picu. Devolando la collada seguiría hasta enlazar con el amplio y frecuentado camino que sube de Bulnes en dirección al Collao Pandébano.

Para bajar a la majada de Arnandes hay que tirarse a la vaguada que baja al Oeste de aquella collada. Un pisado sendero de tierra desciende por todo el fondo de la vaguada. Le precede otra vereda del ganado, también bastante evidente. Ambas se dirigen a la majada de Arnandes. Esta vereda evita perder altura. Corta a media ladera la cuesta que cae del Arrudo, no iniciando el descenso hasta que se halla próxima a la majada ( tras una desviación donde se coge un sendero de cabras que sube en dirección a una rampa herbosa que se va estrechando a medida que se acerca a una horcadita pegada a la peña ).

El sendero que baja por el centro de la vaguada busca rápidamente la línea superior de las praderías de Arnandes. Luego sólo resta un cómodo paseo, en llano, para llegar al bello conjunto de cabañas.

La majada de Arnandes presenta una importante concentración de cabañas. Tal vez lo reducido de su emplazamiento justifique su fisonomía. La silueta del Naranjo de Bulnes sigue reclamando el centro de atención. Aunque no goza de una perspectiva tan sugestiva de esta mole como la descrita desde Argandobín; no desmerece en nada. Simplemente cambia la espectacularidad ya descrita, por el contraste de tonalidades con el Monte La Varera. Esta hermosa mancha boscosa ocupa la parte inferior del canto donde se esconde el Collao Vallejo, extendiéndose a lo largo de la ladera contigua.

Arnandes - Bulnes - Embalse de Poncebos ( 1 hora 30 minutos )

En una de las cabañas de Arnandes una flecha indica la dirección a seguir. El camino que baja a Bulnes se adentra en las praderías de la majada. Desciende cortándolos por el centro. Muere en los verdes pastos, junto a una cabaña. Continuando el descenso, con tendencia a la derecha, se retoma una pisada vereda que baja a unirse con el camino que sube de Bulnes a Pandébano. La confluencia de ambas sendas tiene lugar al final de un diminuto valle formado por la acción de una caudalosa riega. Al otro lado, en un canto, se muestra altiva la cabaña del Cantiellu. Junto a ella se podría coger el sendero que, salvando algún que otro "seu", accede a Valcosín.

El empedrado camino que baja a Bulnes pierde rápidamente altura en cómodos tornos. Antes de llegar al pueblo, por una abertura de la peña ( a mano izquierda ) se ve la mole del Picu Urriellu; un espectáculo para los que a esta aldea de montaña se acercan gracias al funicular y una despedida para los que se han adentrado en este atractivo recorrido por las majadas de Peña Maín. Si alguno de aquéllos lee estas líneas, puedo aconsejarle que suba al pueblo de Camarmeña, donde se encuentra el Mirador del Naranjo, su silueta se recorta entre los imponentes desplomes de la Canal del Tejo. Las casas de Bulnes de arriba ( El Castillo ) quieren también adivinarse en las lomas superiores de esta canal.

Para bajar de Bulnes caben dos opciones. La primera es a través de la imponente quebrada de la Canal del Tejo, entre los acongojantes contrafuertes de Amuesa y de Peña Maín. La segunda opción sería coger el funicular que se adentra en las entrañas de Peña Maín. Particularmente recomiendo gastar el dinero del ticket del funicular en alguno de los bares del pueblo, donde nos obsequiarán con una buena cena con productos del lugar. Un bonito paseo por la Canal del Tejo serviría para ayudar a hacer la digestión.

 

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