COSGAYA - PEMBES - PUERTO JOLLÁN - CANAL DE PEROPERI - CUMBRE ABENAS - SENDERO LA CABRA - PUERTO JOLLÁN - HORCADA EL ACEBAL - SIERRA CARIELDA - COLLAO TOJO - LAS ILCES - COSGAYA (semicircuito)
Punto de partida: Cosgaya.
Duración: 9 horas 30 minutos.
Desnivel: 1.300 metros.
Dificultad: Poco Difícil (IIº). Toda la dificultad de la ruta se centra en la subida de la cara Sudeste de Cumbre Abenas y el consiguiente descenso por la misma vertiente de la montaña. Aquí se reseñan los dos recorridos más sencillos, que se abren paso entre las verticales paredes que miran hacia el Valle de Liébana. Ambas vías, tanto la Canal de Peroperi, como la Senda la Cabra, siguen los senderos utilizados por estos animales para aprovechar los colgados pastos de esta vertiente del conjunto de cimas que conforman Cumbre Abenas. Quizás la catalogación de segundo grado (IIº) sea un poco exagerada; pero si señalo una dificultad de Iº (fácil), puede que más de uno se vea sorprendido por los imponentes parajes. Podría decirse que se trata de una trepada de primer grado (Iº) en un ambiente propicio para una auténtica vía de segundo grado (IIº).
Características: Por viejos caminos se llega a los pueblos de Pembes y Las Ilces que, pese al empuje turístico del Valle de Liébana, aún conservan el encanto ancestral de los pueblos de montaña lebaniegos.
De gran belleza son las praderías ganadas por los vecinos de estos pueblos al monte, para cuyo aprovechamiento se han construido gran número de invernales de considerable tamaño. A reseñar el invernal de Las Fuentes, por lo inesperado de su emplazamiento, y el Vao de las Aguas, conjunto de invernales sitos en un lugar privilegiado que conjuga las fértiles praderías con el aprovechamiento maderero del bosque, siempre bajo el continuo fluir de una abundante riega de agua cristalina.
No menos agradecido es el largo recorrido por los excelsos puertos de Pembes y de Llaves, antesala de las imponentes caídas de Cumbre Abenas, donde las cabras han ideado pasos que se escapan a nuestra imaginación.
No lejos de nuestra ruta, en los alrededores de la Peña Oviedo, se están llevando a cabo excavaciones arqueológicas. Se completan con los yacimientos de La Calvera, muy próximos entre sí; ambos en la pista que baja a Mogrovejo.
La vista que acompaña todo el recorrido es sublime. Sin dejar de mencionar la presencia casi constante del Coriscao, el Valle de Liébana es el valle del Macizo Oriental de los Picos de Europa, donde éste se erige como un gran macizo de escarpadas torres calizas. Sin embargo, coronada la cresta somital de Cumbre Abenas, también se domina el frontal del Macizo Central que irrumpe sobre los Puertos de Áliva.
Las bellas torres que rodean el circo de Fuente Dé reclaman su protagonismo durante el regreso al valle.
Por último, no puedo pasar sin mencionar los hermosos bosques que acompañarán gran parte de nuestro caminar. Frente a los más abiertos robledales de las estribaciones de la Sierra Beleña, los más tupidos bosques de robles, hayas y acebos de la Sierra Carielda. Especial mención merece el tramo comprendido entre los ríos Peñalba y Lera, en las estribaciones norteñas de la Cordillera Cantábrica (sector del Coriscao) que han obligado a la extensión del Parque Nacional de los Picos de Europa más allá de sus límites naturales.
Respecto a la fauna que se puede encontrar, la más variada es aquélla ligada a los hábitats forestales. Frecuente y fácil de ver es el asustadizo corzo. Más difícil de observar es el jabalí, aunque son patentes las huellas que deja en la tierra, que levantan con su hocico en busca de raíces o lombrices, cual labriego roturando sus propiedades. Con mucha fortuna pueden verse los pájaros carpinteros, cuyo acompasado picotear de los troncos nos alerta de su presencia.
Fuera del ámbito forestal sorprenderá la silueta en vuelo del buitre leonado. Ya en el mes de marzo su planeo se completa con el de su primo lejano el alimoche, recién llegado de sus cuarteles de invierno. En vuelo contrasta el tono blanquecino de su cuerpo con el negro de la punta de sus alas.

Descripción:
Accesos
Cosgaya dista 14 Kilómetros de Potes. El Valle de Liébana, en que se asienta esta villa, no es sino un compendio de valles. Los principales son tres. En el primero se encuentra el pueblo de Frama. La carretera que lo recorre en su totalidad es la que comunica con Palencia. El desvío se coge en Ojedo, inmediatamente antes de entrar en Potes.
El segundo valle troncal de la Liébana es el de Vega de Liébana. Por este valle remonta la carretera que sube al Puerto San Glorio (continúa hacia León por Riaño). Para tomar esta carretera es necesario entrar en la villa de Potes y salir por la primera desviación que se encuentra a mano izquierda.
Si, una vez que se entra en Potes, se atraviesa toda la villa, la carretera que continúa más allá de sus límites (común en los primeros doscientos cincuenta metros con la que sube al monasterio de Santo Toribio de Liébana) se adentra en el tercero de los grandes valles lebaniegos, el de Camaleño. Este valle ha sido horadado por el incesante fluir del río Deva, que baja delimitando los Picos de Europa por el Sur. La carretera que se adentra por este hermoso valle, al abrigo de las altivas torres calizas del Macizo Oriental, es la que debe seguirse durante los catorce kilómetros antes señalados.
Cosgaya - Campo Las Santas - Pembes (1 hora)
El pueblo de Cosgaya está enclavado en una collada sobre la carretera general que sube a Espinama (más conocida como carretera de Fuente Dé). Cuenta con dos barrios: Areños y Treviño, éste también sito en una collada sobre la margen derecha del río Deva.
De los tres núcleos el único que es atravesado por la carretera general es el barrio de Areños. Tanto éste como el pueblo de Cosgaya están experimentando un espectacular despegue turístico.
Según se entra en Cosgaya (barrio de Areños), se levanta a mano derecha el Hotel del Oso. Este renombrado hotel es fácilmente reconocible por la piscina y la cancha de tenis; aunque su reputada fama obvia más explicaciones. Pasado el hotel se cruza el río Deva por el primer puente que se encuentra. Nuevamente a la derecha, se sigue por un tramo asfaltado que continúa por un lateral del hotel. Un poco acorde depósito con la bella y cuidada construcción hotelera llama la atención. A la altura de la piscina y de la cancha de tenis se inicia un corto repecho que lleva al cementerio. La pista continúa, encontrándose unos veinte metros más arriba la primera bifurcación. Se cruza una riega, dejando la pista que remonta en fuerte repecho, monte arriba, paralela a su curso.
Se va dando vista a la carretera que sube de Potes. En la ladera de enfrente destaca el hormigonado ramal que sube al barrio de Treviño. El bosque que se atraviesa, muy abierto, no entorpece mayormente la bella vista.
Al llegar a una curva cerrada a la izquierda se deja la pista principal y se sigue de frente, por una pista más estrecha y con el piso de hierba al principio. Se dirige hacia una pequeña plantación de pinos. La pista pronto degenera en un buen camino. Sobre el tortuoso terreno de la margen izquierda del río Deva, ya en la zona de praderías, puede verse la solitaria iglesia de Llaves y Vallejo.
El camino, muy cómodo, continúa atravesando el viejo robledal que cubre las estribaciones de la Sierra Beleña. El cabezo redondeado que se eleva sobre el barrio de Treviño es el Pico Jano. En el promontorio que se destaca a la izquierda de la cumbre se encuentran las minas.
En una zona abierta de bosque ganan terreno las primeras escobas. Una armadura trata de contener el inevitable deterioro de este antiguo camino. Olorosas matas de tomillo se confunden con los aromas de la fresca mañana.
Una solitaria encina preside una verde collada. Un extenso valle se abre a nuestros ojos. Por la izquierda viene delimitado por la boscosa Sierra Carielda. Una suave línea, sólo interrumpida por la amesetada roca oscura de la Peña Oviedo, cierra el valle por la derecha. Al fondo emerge la silueta de las torres cimeras del Macizo Oriental. Se aprecian tres núcleos principales. El primero está formado por una alineación de espolones que culmina en las cumbres del Prao Cortés y del Pico homónimo. A su derecha se levanta la Morra de Lechugales y Silla Caballo. La Horcada del Jierro las separa del anterior conjunto. Entre ambas cumbres se forman los circos cimeros de la Canal de Lechugales. La vertical pared que se divisa a la derecha de Silla Caballo, caracterizada por su tonalidad anaranjada, es el Mermeju La Tabla, que apenas rebasa los dos mil metros. Delimita la Canal de Lechugales por esa misma mano. Al fondo restan los Llambriales Amarillos y el San Carlos, a cuya derecha se enmarca la Canal de Juanfría.
Una loma intermedia divide el valle en dos vaguadas bien definidas. En la que se extiende bajo la falda de la Peña Oviedo se asientan los pueblos de Llaves y Vallejo. En este momento nos interesa la que limita con la Sierra Carielda, que se puede apreciar en toda su extensión. Puede dividirse en tres franjas bien diferenciadas. La inferior, que ocupa una tercera parte del valle, acoge la zona de praderías. En el centro de este mosaico verdoso se interpone el pueblo de Pembes. La franja central está dominada por las manchas forestales. Grandes invernales presiden las cada vez más dispersas praderías. El grupo principal de estas construcciones ganaderas, entre la línea de bosque y la de praderías, es el Vado las Aguas.
Por encima de la línea de bosque, donde apenas las escobas aguantan la presión ejercida por el hombre sobre la foresta, se encuentra la franja que corresponde al puerto. El puerto Jollán comprende las alargadas laderas que conforman las laderas del Castro Cogollos y del sector más Occidental de Cumbre Abenas.
El conjunto de verticales paredes y espolones que preside el valle integra el topónimo de Cumbre Abenas. El modesto cueto que se desgaja a su izquierda es el Castro Cogollos, separado de aquella cumbre por el Portillo Jollán.
La amplia y verdosa collada en que nos encontramos contó, en tiempos pretéritos, con una ermita. Decía un vecino de Pembes: "Yo, que aún soy joven, ya no la conocí; pero ni los más viejos del pueblo se acuerdan de ella". Este joven de ochenta y nueve años cumplidos fue quien nos facilitó el topónimo del collado. Se trata del Campo Las Santas (fonéticamente se le escapaba siempre la "s"), confirmando la tradición que recoge la existencia de la ermita.
Por la loma de la izquierda del Campo Las Santas se retoma el camino. Se continúa por el abierto bosque que cubre la falda de la Sierra Beleña; dando vista continuamente al pueblo de Pembes. En las laderas de la izquierda del camino se encuentran los primeros prados. A seguidas sale una pista a la izquierda de acceso a los prados y entra otra por la derecha. Se sigue de frente en suave descenso. Algún castaño disperso tiñe con sus alargadas hojas el suelo de la pista.
En un terreno ya dominado por las praderías entra a nuestra pista un nuevo ramal por la izquierda. No mucho más allá recibe otra pista por la derecha. A los diez metros se encuentra la única bifurcación conflictiva. La pista principal se desdobla en dos brazos, uno descendente y el otro que continúa en sentido ascendente. Pese a que ambos llevan al pueblo de Pembes paso a describir el ramal de la izquierda, el que asciende levemente.
Al par del camino, aprovechando pequeños retales de las vastas praderías, se agolpan cuidadas huertas. Por la izquierda se recibe una nueva pista, que comunica con las praderías más apartadas del pueblo, ganadas al bosque que cubre la Sierra Carielda. Un asentado puente permite salvar el curso del Río del Valle, dejando la pista que sube paralela a su cauce. La nuestra, muriada, afronta los últimos metros antes de llegar al pueblo de Pembes.
Pembes - Vao las Aguas - Puerto Jollán - Peña Oviedo (2 horas)
Las construcciones de piedra que se encuentran al entrar en Pembes evocan un ancestral pasado ganadero. El piso hormigonado pone de manifiesto el interés y preocupación por conservar estos pueblos de montaña. Una vez que se entra en el pueblo se mantiene la dirección que se trae, aunque cabe desviarse, momentáneamente, por el primer ramal que sube a mano izquierda, para acercarse a una buena fuente de agua cristalina.
En una intersección de callejuelas, donde los viejos del pueblo suelen sentarse a conversar, nuestro caminar se desvía hacia la izquierda. Atrás se deja la estrecha calle hormigonada, sombría y comprimida entre antiguas cuadras de piedra parda. El acceso a la nueva y abierta calle ascendente tiene lugar por un breve pasadizo formado por la confusión de las antiguas construcciones entre las que se cuela. Sin desviarse del nuevo rumbo adquirido, se alcanzan las edificaciones más altas del pueblo. Una amplia explanada precede a la pista, aún hormigonada, que busca las praderías que se encuentran sobre Pembes. Se llega a una bifurcación. Se toma el ramal de la izquierda, entre el depósito de agua y un portón, y paralelo (por breves instantes) a un encauzado reguero de agua.
La pista se adentra entre las praderías. Su caja, ancha y asentada, no permite albergar mayores dudas sobre el itinerario a seguir. Cuenta con canalizaciones transversales protegidas con madera para desviar el agua de lluvia evitando su deterioro. La pendiente, creciente, no se suaviza hasta que, después de un marcado giro a la izquierda, se acerca a la línea de bosque.
En una cómoda travesía llana sobre las praderías de Pembes se levantan los primeros invernales. El abundante caudal de agua que arroya incesante por este rincón les da nombre: el Vao las Aguas. El voluminoso tamaño de estas construcciones da fe de la riqueza ganadera de los pueblos lebaniegos. La altura ganada favorece la contemplación de bellas panorámicas. La nevada cumbre del Coriscao emerge tras la boscosa Sierra Carielda.
El bosque vuelve a recuperar el terreno perdido. En la curva a la derecha que se encuentra al final del Vao las Aguas, se aprecia el tenue trazado de una pista que baja a una campera. El tipo de árbol que en tan fértil terreno se ha desarrollado contrasta con los del entorno. Así, la campera llamada del Duérzanu ha adquirido fama por contar con una plantación de roble americano. La pista que la atraviesa continúa hacia lo cimero de la Sierra Carielda. No es más que una pista maderera, que - además - da acceso a unas pocas praderías perdidas en la frondosa mancha forestal.
Por encima del Vao las Aguas sólo se encuentran aislados invernales. Monte arriba, y tras uno de los pronunciados giros a la izquierda, se encuentran dos pistas que salen a la derecha. La primera, muy abandonada, baja al cauce de una riega. La siguiente da acceso a un invernal que pasa desapercibido desde la pista principal que se trae.
Pronto se llega a una nueva revuelta de la pista principal. Sin completar el giro sale un ramal, sin duda más estrechito que la caja de aquella pista, pero bastante asentado. Conduce a unas praderías, atravesando sobre el invernal antes referido.
En la siguiente desviación que, cómo no, se encuentra a mano derecha, se abandona la amplia pista que se sigue desde Pembes. Reseñar que ésta continúa hacia los Puertos de Áliva, pasando por la Horcada el Acebal.
La poco marcada pista a que ahora se accede, dista escasos metros del ramal previamente descrito; hasta tal punto que unas rodadas unen ambas vías en su inicio. La nuestra, un poco más alta, corta las laderas orientales de una cuesta boscosa que se levanta a la izquierda de las praderías en que aquél muere. La hojarasca de la pequeña mancha forestal que la cubre se amontona sobre la abandonada caja, volviéndola poco apta para el paso de vehículos.
A la salida del bosque extensas laderas remontan hacia el Castro Cogollos. La horcadita que se forma a su derecha, donde se percibe el trazado de un sendero, es el Portillo Jollán.
Afrontando un nuevo repecho hacia la pista que sube de Mogrovejo, nada más pasar una curva de herradura de gran amplitud, se encuentra un cartel de los que vienen marcando el límite exterior del Parque Nacional de los Picos de Europa. Aún hay que ganar algo más de altura, antes de iniciar la travesía hacia la izquierda que conduce a la pista antes citada.
La pista de Mogrovejo corta las laderas que caen de Cumbre Abenas. Su caja, amplia y bien asentada, asemeja a la de la pista de Pembes. Ello es debido a que se trata de pistas de gran importancia ganadera. Comunican los pueblos de Pembes, Llaves y Mogrovejo con los extensos puertos donde sus vecinos suben sus rebaños en los meses favorables. Todas ellas, unidas, continúan en dirección a los Puertos de Áliva, uno de los más ricos, extensos e importantes de los Picos de Europa.
Una vez que se enlaza con la pista de Mogrovejo se toma dirección Este, cortando los amplios pastos del Puerto Jollán o de Pembes. Una fosa cubierta con tubos cilíndricos evita el paso del ganado por la pista. A ambos lados se extiende una interminable alambrada. Marca el límite del puerto. Al otro lado se entra en los dominios de Llaves.
En este universo de inclinadas laderas que caen de Cumbre Abenas, sorprende la presencia de una vasta vega completamente plana. Una solitaria roca irrumpe a la izquierda de la pista. A esta mano, antes de iniciar el descenso hacia la Peña Oviedo, unas rodadas remontan toda la vega en dirección a la vertical vertiente Sudeste de Cumbre Abenas. Luego gira a la derecha y atraviesa a media altura, entre la línea de la peña y la pista de Mogrovejo, dando vista al pueblo de Llaves y a la Peña Oviedo. Poco a poco, en un suave y continuado descenso, se va perdiendo ésta de vista, llegando a un seco bebedero. La alejada silueta del Macizo Oriental, que se recortaba en los azules cielos cántabro - astures vista desde Cosgaya, irrumpe ahora con toda su majestuosidad, incrementándose su excelsa belleza por la proximidad.
A este mismo bebedero, pero dando un largo rodeo, se puede llegar también siguiendo la descendente pista de Mogrovejo. Pasada la verde vega que preside el puerto de Llaves, se inicia un largo descenso hacia la Peña Oviedo. Cerca de la collada que se enmarca a su izquierda, por donde pasa nuestra pista, se recibe la que sube de Llaves. El atractivo de esta variante radica en las excavaciones arqueológicas que se están llevando a cabo en esta zona (justo en la collada, al pie de la pista), que se complementan con los hallazgos de la Peña La Calvera, también al pie de la pista que baja a Mogrovejo. La línea del Parque Nacional une esta peña con la Peña Oviedo (1.309 m.).
En la misma collada en que se inicia el interminable descenso hacia Mogrovejo (con vistas hacia la villa de Potes), se coge una pista que remonta en fuerte pendiente por la loma de la izquierda (Noroeste). A la sombra de los últimos robles, sale a unos prados donde se conservan curiosas construcciones de piedra. A destacar la más alejada de la pista, pegada a las peñas del canto que la cierra por la derecha, con el techo de tapinos herbosos.
Pasados los prados, se abre el encharcado terreno de una hermosa collada, en cuyas efímeras charcas se reflejan las nevadas cumbres del Macizo Oriental. Disfrutando del paisaje se llega al seco bebedero de referencia.

Canal de Peroperi - Joracón de la Miel - Sendero de la Cabra (2 horas 30 minutos)
La imponente vertiente Sudeste de Cumbre Abenas, que se alza sobre nuestra posición, presenta su punto de inflexión en el Joracón de la Miel, máxima altura de la montaña.
La cumbre del Joracón de la Miel se esconde tras el punto somital del escalofriante paredón central de Cumbre Abenas, caracterizado por los tonos anaranjados de su base. Todo el sector del cordal que se extiende a su izquierda domina el valle que se forma entre la Sierra Carielda y la Peña Oviedo, donde se asientan los pueblos de Pembes, Llaves y Vallejo. Por su parte, las crestas que se encuentran a su derecha, presiden las boscosas laderas que descienden sobre el río Belondio, cuya vaguada baja separando el pueblo de Tanarrio (laderas de la margen izquierda del río) de los pueblos de Redo y Mogrovejo (en las laderas de su margen derecha); es decir, se alza sobre las vertientes orientales de la Peña Oviedo.
Aunque nuestro destino inmediato es la Canal de Peroperi, procederé ahora a hacer una descripción de los pasajes por los que se cuela la Senda de la Cabra. Siempre es preferible realizar un breve recorrido visual antes de iniciar la marcha.
Bajo la pared central de Cumbre Abenas se forma una pindia ladera que se estrecha en su base, a modo de embudo, entre dos peñas calizas. En la de la derecha se quiere percibir una característica oquedad. De ese estrecho embudo cae una lengua que desciende hacia nuestra posición. En pleno embudo se adivina el trazado tortuoso de la Senda la Cabra. Superado el estrechamiento el sendero gana altura hacia la izquierda, siguiendo la línea natural que se forma entre la pindia ladera que se extiende sobre el estrechamiento y los contrafuertes calizos de la peña que la delimita por la izquierda.
Continúa su tendencia ascendente, entre agujas y llambrias quebradizas, marcando una diagonal (de derecha a izquierda) bajo la franja rocosa de la suave cresta cimera. Esta muralla caliza presenta una estratificación horizontal. Bajo ella cuelga una pindia ladera. Dos cantos delimitan una canaluca intermedia, un ligero plegamiento que se forma en el centro de la colgada panda herbosa. Aunque desde nuestra posición no puede observarse, ha de señalarse que la senda principal, la más marcada, no abandona su tendencia ascendente hacia la izquierda, completando la diagonal que se extiende en busca de las colladinas que se forman a la izquierda de la franja rocosa horizontalmente estratificada. Sin embargo, una difusa vereda secundaria, en un recodo del sendero, acomete las llambrias de la derecha, iniciando un vertiginoso ascenso entre los resaltes de la canaluca antes descrita (el desvío se encuentra tras pasar un ceñido estrechamiento entre la peña y una aguja que se desgaja a su izquierda). La senda salva la base del espolón al que ha de encaramarse, gracias a un zigzag aún bien trazado en la misma llambria. Deja el espolón merced a una travesía que entra en la vaguada de su derecha, por la que sube directa a una cuevuca que se adivina en la base de la franja rocosa (en una zona más pulida, donde ya no se remarcan los estratos horizontales). Alcanzado el paré en que se cobijan las cabras, inicia una aérea travesía a la derecha, cortando la muralla rocosa para coger una amplia rampa ascendente que sale a la cima que precede al Joracón de la Miel.
Una vez reseñados los vericuetos por los que se adentra la Senda la Cabra, paso ahora a hacer lo propio con la Canal de Peroperi.
A la derecha del Joracón de la Miel se perfila una cresta descendente que se interrumpe en el último morro del cordal, El Corvo. La compacta pared caliza de esta peña la destaca del heterogéneo entramado de riscos, paredes y canales del resto del cordal. La angosta Canal de La Arenosa separa esta blanquecina cumbre del conjunto de Cumbre Abenas.
Entre el Joracón de la Miel y El Corvo, un oscuro torreón de peñas pardas se desgaja de la caliza cresta cimera. Este contrafuerte del cordal delimita dos marcadas canales, una a cada lado del mismo que se intercalan entre la Senda la Cabra y la Canal de La Arenosa.
La de la izquierda no es sino un - en apariencia - impracticable canalón, que se estrecha en un profundo resalte vertical al alcanzar su parte superior. La evidente canal que se remarca a la derecha de este torreón de oscuras rocas pardas, entre el canalón antes descrito y la inclinadísima línea diagonal de la Canal de La Arenosa, que delimita visualmente la compacta caliza del Corvo; aquella marcada canal es la de Peroperi.
Para alcanzar la base de la canal no es preciso atacar directamente la loma que se eleva sobre el seco bebedero en que finalizó el anterior tramo del recorrido. Se puede continuar unos metros por la pista que a éste llega desde la vega del puerto de Llaves. Enseguida hay que desviarse a la izquierda, sorteando unas pequeñas hondonadas, para ascender por la ladera que cae de Cumbre Abenas.
Se remonta toda la ladera hasta enlazar con un sendero que atraviesa en horizontal bajo los paredones de Cumbre Abenas, desde la Senda la Cabra hasta una inclinada canaluca secundaria que, a la izquierda de una estilizada aguja, permite acceder a la Canal de La Arenosa.
Se sigue esta senda de los bichos. Un corto descenso nos acerca a la entrada a la Canal de Peroperi. Existe una variante de entrada que acomete una fácil traviesa que evita perder más altura. No obstante, la diferencia de tiempo y esfuerzo es mínima. La Canal de Peroperi se acomete por el mismo centro, evitando una canaluca secundaria que se destaca a su izquierda.
La fuerte pendiente herbosa del principio, presenta unas intermitentes líneas de gravera y llambria por donde arroya el agua que durante el deshielo o en días de fuertes lluvias se encauza por la canal. Una llambria corta el avance. Una muy pisada vereda de los bichos traza una vira ascendente hacia el canto de la derecha. Alcanzado éste se vuelve a girar a la izquierda para ganar la parte superior de la llambria que forma este resalte de la canal. La travesía es algo delicada por la gravilla y por el piso terroso de la vereda.
Evitando este salto que interrumpe la canal, se continúa por el cauce seco que encauza las estacionales aguas que acumula la canal. Pequeñas llambrias se intercalan entre las abundantes piedras sueltas arrastradas por el agua. Viendo que el regón emboca hacia la parte más escabrosa de la cresta cimera, pronto se inicia un desvío por las pendientes laderas herbosas de la izquierda. La fuerte inclinación, insuficiente como para subir agarrado, pero excesivamente pindia como para mantener una constante progresión en posición erguida, presenta un manto de humedecida y sombría hierba alpina de apenas unos centímetros. Aisladas islas de resbaladiza roca se intercalan entre el oscuro manto vegetal. La ascensión viene definida entre el canto rocoso de la izquierda y una canaluca que se va destacando por la derecha, siempre en dirección a la cresta que separa la Canal de Peroperi del impracticable canalón que se veía desde el bebedero a que llegaba la pista del puerto de Llaves (cresta que traza una línea perpendicular a la de la cresta cimera de Cumbre Abenas).
Se corona así una plácida collada sita a la derecha de un risco de oscuras peñas. Trepando entre las rocas se puede subir a lo más alto. Este cotero no es sino el altivo torreón de rocas pardas que, desgajado de la línea de cresta de Cumbre Abenas, delimita las dos canales intermedias entre la Senda la Cabra Y LA Canal de La Arenosa. La vista del Valle de Liébana es hermosa.
Volviendo a la collada contigua se continúa por una vereda del ganado, que remonta por el filo de la cresta, a caballo entre la Canal de Peroperi y un vertical embudo natural sobre el que se trazan multitud de pasos de cabras y rebecos. Un peñasco calizo intermedio se salva gracias a una fácil travesía (Iº) por la derecha. La vereda, cada vez más marcada, acomete el último repecho para alcanzar la cresta cimera de Cumbre Abenas.
Extensas laderas descienden suavemente hacia el interminable mosaico de lomas y vegas que conforman los Puertos de Áliva. El contraste con la vertiente Sudeste de la montaña causa un fuerte impacto. Los Picos de Cámara, sobre el Collao del mimo nombre, se elevan por encima de los dos mil metros. Sin embargo, es ahora el Macizo Central quien acapara el centro de atención.
Por la ladera derecha de la cortada cresta somital remonta un pisado sendero que conduce a la cima del Joracón de la Miel (1.917 m.).
El descenso no se inicia en esta misma cumbre, sino que ha de seguirse la cresta hacia la cima contigua. A su izquierda, cinco metros más abajo, se encuentra la horcada de salida de la amplia vira que corta los paredones de Cumbre Abenas. En la caliza que separa esta horcada de lo cimero del cordal, apenas unos metros, ya se hace evidente el trazado del sendero. Una vez en la horcada hay que tirarse por la amplia vira herbosa que desciende a mano derecha. La franja rocosa que se forma en la cara Sur-Sudeste de Cumbre Abenas se va haciendo cada vez más ancha a medida que se pierde altura. En ella se descubre un cuevuco con el suelo abonado con los excrementos de cabras y ovejas. Esta presencia de las cabras - principalmente - garantiza el fácil seguimiento de la vereda a ellas debida. En la parte inferior de la rampa es necesario desviarse a la derecha. Una estrecha traviesa corta la pared Sudeste que cae de la cresta somital de Cumbre Abenas. El tramo, bastante aéreo con repecto a su escasa dificultad, finaliza en unas cuevucas muy frecuentadas por las cabras.
Se entra en la parte más compleja del Sendero la Cabra. Hay que descolgarse por una canaluca que se precipita directa ladera abajo, hacia donde se divisa la marcada senda que corta en diagonal la vertiente Sudeste de Cumbre Abenas. Nuestro sendero destrepa (Iº / IIº) retorciéndose en pronunciados y continuos giros, procurando evitar los pequeños resaltes de la colgada acanaladura. Más abajo se va desviando hacia la derecha, en una airosa travesía (Iº) que entra en el espolón que cierra la colgada vaguada de descenso por esta mano. Destrepa por el mismo espolón (Iº / IIº), mas el último resalte, un salto de un par de metros, lo salva gracias a un largo zigzag (Iº) asentado por el paso de las cabras en plena llambria. Bajo el resalte inferior del espolón pasa el pisado sendero principal. Alcanzado éste se entra en una estrecha canaluca. Continúa el sendero con marcada tendencia descendente hacia la izquierda, ya sin pérdida por lo frecuentado del mismo. Así se llega al embudo de salida, caracterizado por una oquedad que se forma en la peña de la izquierda. Loma abajo se regresa al bebedero que he utilizado como punto de partida.
Puerto Jollán (1 hora)
Una vez en el reseco bebedero ya tantas veces referido, se coge la pista que en suave ascenso corta las inclinadas laderas que caen de la ya familiar vertiente Sudeste de Cumbre Abenas. Cuando gira e inicia el descenso directo a la pista de Mogrovejo, se puede seguir en llano, por veredas del ganado, a media altura, hacia el Puerto Jollán. Una línea de alambrada marca el límite administrativo de los pastos. Siempre manteniendo la altura se enlaza al final con la pista principal que sube de Mogrovejo. Atravesando una zona de escobas se da vista a los Picos de Valdecoro, caracterizados por la marcada vaguada en que nace la riega del Aguasel. Ladera abajo se descubre la pista que sube de Pembes. No es necesario llegar al entronque de ambas; sino que se puede atajar tirándose ladera abajo.
Por la pista que baja a Pembes se llega a la Horcada el Acebal (1.379 m.). Pasada la amplia collada la pista acomete una curva de herradura, continuando su descenso cortando la vaguada en que se descubre una alargada nave ganadera.
Horcada el Acebal - Sierra Carielda - Las Fuentes - Las Ilces (1 hora 45 minutos)
Por la Horcada el Acebal pasa el límite externo del Parque Nacional de los Picos de Europa. Al Sur cierra un pequeño coteruco (1.379 m.) que se erige como primer promontorio de la Sierra Carielda. Por la derecha de este cueto tomado por las escobas (justo al lado opuesto donde la pista de Pembes inicia su completo giro), se dibuja en la campera un incipiente sendero que se adentra entre los escobales. Emboca directamente hacia las copas de unos árboles que sobresalen tras las escobas. Nuestra ruta se reintegra a los dominios de los bosques lebaniegos, compañía que ya no se abandonará hasta -prácticamente - llegar a Cosgaya.
En algún tramo puede suscitarse alguna duda, pues el sendero se difumina entre la hojarasca. En el hipotético caso de albergar algún sentimiento de pérdida, debe buscarse siempre lo cimero de la sierra. Tarde o temprano se recuperará el rastro del sendero.
Por la columna vertebral de la sierra, constante referencia del camino, se enlaza también con una pista que viene remontando las laderas occidentales de la sierra. Sube desde Espinama y muere junto a la base arrancada de un árbol. A mano derecha, hay que fijarse bien, pues se halla semioculto por el sotobosque, se encuentra un pequeño repetidor. Pasada la altura del repetidor se inicia un suave descenso por la izquierda de un cantín de la sierra. Enseguida se intuye la caja de una pista maderera muy antigua, aunque - en principio - puede pensarse que se trata de un difuso sendero forestal.
Se entra en una alargada llanada, siempre al abrigo de los árboles. Caminando en silencio no es difícil sorprender al asustadizo corzo. El repicar de los pájaros carpinteros en los troncos de los viejos robles, en busca de diminutos animalillos que se esconden entre la madera, quiebra la monótona sinfonía que ofrecen las hojas de los árboles al arrullo de la brisa.
Pasada la plácida llanada se continúa el suave descenso por la izquierda del canto de la sierra. La senda, que va recobrando su primitiva fisonomía de pista maderera, gira a la izquierda. Su caja se halla tomada por incipientes arbolillos. Ha de seguirse de frente (sin acometer dicho giro) para enlazar con una nueva pista maderera, más evidente. Lo que se acaba de describir no es sino una intersección de pistas. El tronco principal sube por toda la vertiente oriental de la sierra. Al llegar a este punto se bifurca. Un ramal - perdido - remonta la sierra hasta el repetidor (el que se viene recorriendo); el otro continúa la línea de sierra hacia el Sur (el que ahora se pasa a conocer).
Se continúa el descenso hacia una marcada collada de la sierra. La precede un curioso túnel natural formado por las escobas. De la pista ya no queda sino un buen camino. La collada se ha visto agraciada con un enorme claro dentro de la mancha forestal que cubre la mayor parte de la Sierra Carielda. A nuestra retina retorna el claro verdor de las praderías del valle de Pembes. Por la izquierda de Cumbre de Abenas sorprende la irrupción del conjunto calizo de peña Olvidada y Peña Vieja. A la derecha del Corvo se extiende la vertiente más hermosa del Macizo Oriental.
El cueto que se eleva al Sur de la collada en que nos encontramos, se salva por su izquierda afrontando un corto repecho. Pronto se recupera el sentido descendente. Se deja un acebo a la derecha. El sendero no tarda en recuperar el ancho de una pista. Precediendo a una curva a la izquierda, donde la pista se desvía definitivamente de la espina dorsal de la Sierra Carielda, en busca de sus laderas orientales, se coge una vereda que se tira monte abajo. A la derecha se va dejando una vaguada que baja paralela a nuestro sendero. Un tupido manto vegetal le de un bonito tono verdoso.
La loma central de la Sierra Carielda se va estrechando. Entre el ramaje se descubren las casas de Pembes. El sendero domina las dos vertientes de la sierra. Entra en una camperuca. Esta redondeada llanada, en cuyo centro crece algún ejemplar de roble, se halla rodeada de escobas. Debe prestarse mucha atención pues, a los pocos metros de entrar en la campera, entre las escobas, baja una pista a mano izquierda.
Vista y no vista. Nada más pasar la línea de escobas es necesario dejar la pista, desviándose por un sendero que baja a mano derecha. Sin perder nunca la referencia de la loma estructural de la Sierra Carielda se llega al Collao Tojo.
El sendero muere en una pista. Al Sudeste se extiende la pelada Sierra Beleña. He de advertir que esta sierra también cuenta con una importante riqueza forestal, pero la ausencia de especies arbóreas en su ladera Sudoeste, permite identificarla con facilidad.
La pista que separa las sierras Beleña y Carielda inicia un largo descenso hacia Pembes. Nosotros, en cambio, seguimos en llano hacia la derecha. Disfrutando de una bella perspectiva del Coriscao, se llega al invernal de Las Fuentes. La vaguada en que se asienta presenta una hermosa pradería que se extiende por todo el fondo de valle. El camino que se ha de seguir la corta por la mitad, dividiendo esta inclinada pradería ganada al bosque en dos fértiles camperas.
Al poco de abandonar la hermosa vaguada de Las Fuentes se inicia un corto flanqueo presidido por una peña de oscura tonalidad. Un cierre muy deteriorado precede una bifurcación de caminos. Sobre nuestra posición se yergue la negra peña que sobresale del bosque. Se deja el camino que continúa en llano (siguiéndolo se llegaría a Espinama) y se coge el que baja a mano izquierda. No se tarda en dar vista al pueblo de Las Ilces.
En un rincón, donde un grupo de avellanos reclama su protagonismo, se enlaza con una empinada pista. Se mantiene la tendencia descendente.
A la izquierda se dejan dos pequeños cerezos y se entra en las primeras praderías. Las verdes camperas ganadas por los vecinos de Las Ilces al monte, si bien no tienen comparación con la riqueza y extensión de las que se recorrieron a lo largo del valle de Pembes, son de gran belleza y de una amplitud considerable, sobre todo si se tiene en cuenta lo cerrado de esta parte del Valle de Liébana y de las pequeñas dimensiones del pueblo de Las Ilces.
La pista cruza las praderías del pueblo. Antes de llegar a este escondido núcleo habitado, un sombrío rincón, al pie de unas escabrosas peñas, y bajo el influjo de la fría humedad de una riega, quiebra la homogénea belleza del conjunto de praderías abiertas en el bosque.
La entrada a Las Ilces tiene lugar al lado de la iglesia. Ésta preside el pueblo. Nuestra pista, que al penetrar en el pueblo adquiere piso de hormigón, se comprime en retorcidas revueltas, atravesando todo el pueblo para salir a la carretera de Espinama.
Las Ilces - Cosgaya (1 hora 15 minutos)
El pueblo de Las Ilces se asienta en la inclinada ladera que cae sobre la margen izquierda del río Deva. En sus entrañas aún se conservan viejos hórreos, en peligro por un progresivo abandono del campo y por la aparición de nuevas formas de proteger y conservar los frutos de la tierra.
Una serpenteante pista homigonada se cuela entre las casas alcanzando la iglesia del pueblo. Esta pista arranca de la misma carretera que sube a Espinama. Del pueblo de Las Ilces se baja a esta vía de comunicación. Apenas cruzarla se accede a un inclinado puente por el que se salva el tortuoso cauce del río Deva. Como curiosidad señalar que una vez que se rebasan los límites geográficos externos de los Picos de Europa, la pista se interna en los límites administrativos del nuevo Parque Nacional así nominado.
Un puentecillo, a seguidas del anterior, se ha construido sobre el cauce del río Peñalba. Flanqueándolo, dos pistas suben a mano derecha. La segunda que se encuentra remonta paralela al cauce de este río. Tras un duro y largo repecho llega a un cruce con varias alternativas. A la derecha, pasando junto al próximo invernal del Mato, se continúa hasta Pido. Para subir a la majada de Peñalba debe continuarse con el pronunciado ascenso, por las laderas que caen sobre la margen izquierda del río Peñalba (sentido ascendente de la marcha), salvando desniveles y rampas brutales. Resta un último ramal, que se dirige hacia la izquierda, que, tras un interminable flanqueo en llano, comienza a descender al pueblo de Cosgaya.
Nuestra pista, desentendiéndose de la descrita en el párrafo precedente, sigue en llano, señalizada como Sendero de Pequeño Recorrido (SPR), paralela al curso descendente del río Deva. Discurre permanentemente por la margen derecha de dicho río. Por la margen opuesta se va viendo constantemente la turística carretera de Fuente Dé.
Al poco de pasar una riega que se precipita sobre este antiguo camino, es obligado echar la vista atrás para contemplar la bella figura de Peña Remoña, escoltada por la Torre Salinas (a su izquierda) y la Padiorna (derecha). El marco se completa con una última mirada a las colgadas casas del pueblo de las Ilces.
En un tramo recto que enfoca el muro de contención de la carretera, se encuentra una bifurcación. La pista de la izquierda baja al río Deva, salvando su cauce gracias a un puente que la comunica con la carretera. No debe plantear dudas si se recuerda que nuestro camino / pista baja siempre por la margen derecha del río.
El curso del río Lera, que arroya sobre nuestro camino, puede acarrear más de un problema si baja crecido, pues no se ha contemplado la habilitación de un puente en el lugar.
Dando vista a una pequeña plantación de pinos, un nuevo puente permite pasar a la orilla opuesta del río Deva y salir a la carretera. Pero debe mantenerse la tónica de no abandonar la margen derecha del río.
Al final se enlaza con una pista mucho más ancha y asentada. Es la que viene del cruce en su momento descrito, en las inmediaciones del invernal del Mato. Siguiendo de frente ya no se tarda en salir a la carretera de Espinama, tras dejar a mano izquierda una planta de tratamiento de aguas.
La carretera, nada más salvar el cauce del río Deva (lugar en el que nuestro camino desemboca al duro asfalto), presenta una curva a la izquierda. Deja a esta mano un peñón. A la salida del giro, entre la peña y una tomada campera, baja una vereda al río Deva. Para completar la jornada puede seguirse, pues permite acercarse a contemplar un bello salto de agua de este cauce fluvial.
De nuevo en la carretera se afronta una interminable recta. Al final se encuentra el cartel indicador de Cosgaya. El ramal asfaltado que, a pocos metros, sube a mano derecha, es el que da acceso a este pueblo. Nosotros seguimos por la carretera general al barrio de Areños, fijado como punto de partida de nuestro circuito.