ESPINAMA - SIERRA BELEÑA - SIERRA CARIELDA - PUERTOS DE ÁLIVA - TOBÍN - ESPINAMA (circuito)

 

Punto de partida: Espinama.

Duración: 5 horas.

Desnivel: 600 metros.

Dificultad: Ninguna, para principiantes.

Características: Recorrido por los extensos bosques de la cabecera del Valle de Liébana. Las frondosas manchas forestales que cubren las laderas que comprimen el curso alto del río Deva encierran un ecosistema de gran riqueza. La gran variedad de especies vegetales, representadas mayoritariamente por robles, hayas y acebos, da cobijo a una no menor diversidad zoológica.

No menos importante, muestra de los ecosistemas de alta montaña, es el pastizal alpino. Los Puertos de Áliva, de origen glaciar, son la muestra más perfecta de este tipo de manto vegetal que se puede encontrar en los Picos de Europa.

Este suave recorrido es bellísimo en cualquier época del año. Basta jugar con las estaciones para descubrir la mágica alternancia de formas y colores de nuestros bosques autóctonos.

Como no podía ser de otro modo, la caliza también reclama su protagonismo. No sólo se disfrutará de curiosas panorámicas laterales del Macizo Oriental, señor dominador de la Liébana; sino que además gozaremos de la compañía de las atormentadas torres del Macizo Central. Imponentes emergen sobre los valles; esbeltas, puras e inmaculadas nos presentan su cara más hermosa, ocultando -no sin esfuerzo- que en sus entrañas se ha consolidado un modelo agresivo de explotación turística, que las rebaja a un mero pasatiempo para las mañanas dominicales.

 

 

Descripción:

Accesos

Atravesando toda la villa de Potes (Valle de Liébana) se sale por la carretera que, paralela al curso del río Deva, remonta hasta el pueblo de Espinama (19 km.).

Espinama - Las Fuentes - Sierra Beleña (1 hora 30 minutos)

Esta bella travesía por los bosques lebaniegos corta a media ladera las estribaciones sureñas de la Sierra Carielda. La compleja red de pistas que la vertebran convierte este plácido paseo en un auténtico laberinto de cruces y bifurcaciones. Procuraré dar una descripción lo más detallada posible.

La ruta se inicia en una explanada que precede al cartel indicador de población de Espinama. Este amplio rellano cuenta con una nave con tres portones. A su lado una sencilla construcción de hormigón sirve para descargar la paja para el ganado. Apenas tres muros formando un cuadrilátero, con el frontal abierto, pero protegido con vallas cuando ha de quedar el forraje fuera del alcance del ganado.

Detrás de estas tres funcionales paredes pasa una pista. Arranca de la carretera unos metros más debajo de la explanada en que nos encontramos, pero desde ésta podemos acceder directamente a la pista. Nada más cogerla gira bruscamente a la derecha (Sur). Pronto gana altura con respecto a la carretera. Alternan las zonas de bosque con las extensas praderías. Conviene echar de vez en cuando la vista atrás para disfrutar de la esbelta silueta de Peña Remoña, caracterizada por las colgadas traviesas que penden bajo sus torres calizas. Detrás, a la izquierda, sobresale la Torre de Salinas. A la derecha de Peña Remoña, separada de ésta por la Canal del Embudo, se levantan los paredones de La Padierna.

Tras dejar atrás la entrada a dos prados, la primera a mano izquierda (donde el Parque Nacional ha financiado una obra de interés ganadero que no somos capaces a divisar desde nuestra posición) y la segunda por la mano contraria, ambas dotadas de una buena portilla de hierro, no tardamos en acometer el primer repecho fuerte del día.

Remontamos entre la línea de prados y el frondoso bosque de robles. Dejamos dos caminos que se adentran por la arboleda y subimos directos hasta el final, donde la pista se bifurca en forma de "Y". En el centro de la intersección llama la atención un curioso amontonamiento de piedras. Tomamos el ramal de la derecha internándonos en la mancha forestal.

Entre los robles empezamos a distinguir pequeños ejemplares de acebos. Una constante en nuestro paseo. Obviando una pista que sale a la izquierda, seguimos en llano, cortando a media ladera las boscosas vertientes sureñas de la Sierra Carielda. Entre los bellos ejemplares de roble y los protegidos acebos crecen pequeños conjuntos de avellanos.

Llegamos a un recodo del camino, enfocando directamente la silueta del Coriscao, enorme montaña a cuya izquierda se forma un imponente circo. Esta afamada cumbre se erige como la más esbelta de este sector de la Cordillera Cantábrica; mas, echando la vista a nuestra derecha, entre el ramaje de los árboles, recuperamos momentáneamente la vista de Espinama. Dominando la cabecera del Valle de Liébana emergen las atormentadas peñas calizas del Macizo Central: Pico San Carlos, La Padierna...

Pasada esta revuelta del camino encontramos la primera cabaña, al final de un buen prado. En plena espesura del bosque las praderías son ya una excepción a la ¿monótona? Compañía de los árboles.

Se nos presentan dos cruces seguidos. En el primero salimos por el ramal de la derecha y en el segundo elegimos la opción de la izquierda (evitando bajar al lado de la cabaña hacia Las Ilces), siempre buscando las pistas que continúan en llano, disfrutando de nuestra cómoda travesía por los bosques lebaniegos.

No mucho más allá nos entra una pista por la derecha, probablemente una variante de la que acabamos de dejar a esta mano y por la que también podríamos bajar a Las Ilces.

El bello paseo se ve interrumpido por un segundo repecho. Precede a una extensísima vaguada que deberemos atravesar en toda su integridad a media altura. Según nos acercamos a la riega que discurre por el centro del valle, adivinamos la presencia de una nueva cabaña con su correspondiente campera. El estado de abandono es evidente, de ahí que pueda pasarnos desapercibida. No así la compañía de los corzos que, asustados por nuestras voces, se adentran en la espesura del bosque, delatándolos el crujir de la reseca hojarasca bajo el peso de sus pezuñas.

Al cruzar la riega cogemos la pista de la derecha; evitando remontar monte arriba, nos vemos obligados a perder algo de altura. Esta tendencia descendente se confirma al dejar un camino / pista que sube a la izquierda. Abajo en el valle, se adivinan los tejados de las casas de Las Ilces. Este pueblo malvive en la parte más comprimida del Valle de Liébana. Son escasos los prados que han podido ganarse a las inclinadas laderas boscosas; sin embargo, un complejo entramado de pistas, algunas de las cuales presentan desniveles brutales, les abre paso a los pastos de los extensos puertos de las laderas norteñas de la Cordillera Cantábrica. En este sentido ha de reseñarse la que, por toda la vaguada del río Peñalba llega hasta la majada del mismo nombre. Este vasto puerto se esconde bajo el circo que se forma al pie del Coriscao, sobre la marcada vaguada que vemos quebrar las laderas de la margen derecha del río Deva. Dado que esta profunda vaguada ha sido horadada por la acción erosiva del río Peñalba, podemos reseñar -aunque resulte obvio- que Las Ilces presiden la desembocadura de este atormentado afluente del río Deva; interponiéndose entre ambos puntos la carretera que sube a Espinama.

Antes de doblar una de las múltiples lomas que descienden de lo alto de la sierra encontramos un bebedero. A continuación, tras recibir una pista por la izquierda, iniciamos una fuerte bajada. En un pronunciado giro a la derecha continuamos en llano, de frente, desentendiéndonos de la pista que continúa el pronunciado descenso hacia Las Ilces.

Comenzamos a bordear bajo unas peñas de oscura tonalidad. Por la derecha nos entra un buen camino. Un camino -aunque de gran amplitud- es también el que nosotros seguimos desde que abandonáramos la pista que descendía bruscamente hacia Las Ilces.

Nos adentramos en una nueva vaguada. Un bello, vasto y cuidado conjunto de inclinados prados, muy verdes por la cantidad de agua que brota por todos los rincones, domina la mayor parte de la hondonada. Una gran cabaña, con un poco acertado adosado moderno, parece reclamar la propiedad del fértil terreno. Hemos llegado a Las Fuentes. Nuestro camino se dirige en semicurva hacia esta inconfundible construcción; primero dejando el mayor de los prados a su derecha para, después, cortar casi en llano, escoltado por dos hileras de árboles, entre éste y la campera superior.

El acceso a Las Fuentes tiene lugar por Pembes. De ahí que al llegar al invernal enlacemos con una, en principio, algo estrecha pista. El bosque empieza a perder terreno a favor de los escobales. La vista, como durante casi toda la travesía, sigue acaparada por la imponente mole del Coriscao. A la izquierda de la marcada vaguada del río Peñalba empieza a destacarse la del río Lera.

En unos minutos damos vista a la Sierra Beleña. Totalmente libre de bosque sus peladas lomas se extienden hacia el Sudeste. Detrás, al Este de nuestra posición, podemos ver el Pico Jano, presidiendo las pindias laderas que caen sobre la margen derecha del río Deva. Su redondeada cumbre presenta un pequeño promontorio a la izquierda, donde se encuentran las antiguas minas.

Alcanzada la collada que da inicio a la Sierra Beleña, nuestra pista, ya bastante amplia, inicia un largo descenso hacia el pueblo de Pembes.

Sierra Beleña - Sierra Carielda - Puertos de Áliva (2 horas)

En la misma collada en que arranca la Sierra Beleña, entre la línea de bosque y las peladas lomas que configuran esta sierra, nos desviamos por un sendero de cabras que remonta por la loma de la izquierda. La senda discurre mayormente por las boscosas laderas que descienden sobre Pembes, pero sin perder la referencia de la loma principal, columna vertebral de la Sierra Carielda. Unos metros antes de salir a una abandonada pista, entre el bosque, divisamos al Noroeste la Horcada el Acebal, punto final de la sierra por la que iniciamos este ascenso. Al fondo emerge una fortaleza kárstica dominada por dos torreones: Peña Olvidada (izquierda) y Peña Vieja (derecha).

La intuida pista maderera en que entra nuestro sendero nos devuelve a la loma principal de la sierra, donde aquélla desaparece. Se trata de una constante a lo largo de toda la Sierra Carielda. Las innumerables pistas, abiertas en las laderas orientales de este cordal para el aprovechamiento maderero de sus tupidos bosques, desaparecen o se pierden parcialmente nada más alcanzar lo cimero del cordal.

Conviene en este punto reseñar un dato ya apuntado anteriormente. La Sierra Carielda nace en la Horcada el Acebal. Su columna vertebral se extiende hacia el Sur, separando los pastos de Espinama (Oeste) y Pembes (Este). En esta perfecta alineación Norte - Sur presenta tres cuetos bien diferenciados que apenas rebasan los mil trescientos metros de altitud. A continuación gira al Sudeste en un largo descenso en cuyo final se une a la Sierra Beleña. Es esta parte del cordal la que estamos remontando. Por el Sur y el Sudeste se desgajan gran cantidad de llombas y se intercalan pequeños cuetos, conformando la compleja sucesión de vaguadas que hemos ido atravesando en la primera parte de nuestra ruta. El hecho de hallarse totalmente cubiertas por una frondosa mancha forestal dificulta la orientación y una más fácil identificación de los accidentes del terreno.

Como decíamos, por los restos de la pista maderera alcanzamos la columna vertebral de la Sierra Carielda. Continuamos ascendiendo loma arriba, sobre las laderas que caen sobre Las Fuentes. Al abrigo de las laderas orientales se extiende una vasta extensión de praderías. Este conjunto de pastos pertenece a Pembes, cuyas casas podemos ver, a través de un chico agujero que se forma entre el entramado boscoso. El núcleo de cabañas que se asienta sobre la zona de prados se denomina Vao las Aguas. Entre ellas pasa la buena pista que de Pembes sube a los Puertos de Áliva.

La extensa vertiente en que se han levantado los pueblos lebaniegos de Pembes, Llaves y Vallejo, viene delimitada por la Sierra Carielda y el canto en que emerge la Peña Oviedo, característico promontorio de oscuras peñas de forma amesetada. Las paredes que presiden tan amplia vertiente pertenecen a Cumbre Abenas. Estas atormentadas crestas conjuntamente nominadas, cuenta con dos cumbres que se desgajan de su aparente unidad: el Castro Cogollos (izquierda), separado del núcleo de Cumbre Abenas por el Portillo Jollán; y el Corvo, delimitado entre la Canal de la Arenosa y el Collao de Cámara (pero que desde nuestra posición pasa desapercibido). Las laderas norteñas de Cumbre Abenas están formadas por unas amplísimas y alargadas pendientes de pasto que descienden sobre los Puertos de Áliva.

A medida que vamos ganando altura el sotobosque va cediendo terreno. Nos adentramos en el dominio de las hayas, que dan vida a bosques limpios de fértiles suelos cubiertos de hojarasca. Alcanzamos una nueva pista. Bordea por la derecha de uno de los destacados coteros de la sierra. A continuación inicia un corto descenso. Disfrutamos de un pequeño claro en el bosque en que los escobales vuelven a adueñarse de la situación.

Habiendo coronado lo cimero de la Sierra de Carielda, recuperamos la compañía visual de las grandes torres calizas del Macizo Central. De un lado todo el conjunto de torres que circundan la Vega de Liordes: Salinas, Peña Remoña y La Padierna. También irrumpen las fortalezas calizas que se alzan sobre los Hoyos de Lloroza: Peña Olvidada y San Carlos (aquélla unida a Peña Vieja por un murallón calizo de ingentes proporciones, y ésta, empastada con la alineación Torre del Hoyo Oscuro, Madejuno, Tiro Llago, Peña Blanca, Torre Sin Nombre, Tiro Tirso, Llambrión). En un plano anterior se interponen las paredes de escalada de los Picos de Valdecoro y, a su derecha, la redondeada figura del Cueto Redondo.

Según perdemos altura y nos acercamos a la marcada collada que quiebra la uniformidad de líneas de la sierra, la pista degenera rápidamente. Las cada vez más abundantes escobas se cierran sobre el sendero, creando un túnel natural sólo transitable por el abundante paso del ganado.

Pese a transitar por lo cimero de la sierra Carielda, el sendero busca las laderas orientales, evitando el duro repecho que supondría atacar directamente el cueto que se eleva sobre la collada que acabamos de dejar atrás. No obstante, en un difuso cruce de pistas retomamos la compañía de la llomba, tras girar por dos veces consecutivas a la izquierda.

Unos metros antes de llegar a la base arrancada de lo que fue un árbol, encontramos a mano izquierda una antena. Debe estarse muy atento porque apenas levanta tres metros. Si nos acercamos a ella veremos una abandonada caseta con una placa solar. El conjunto, muy tomado por el sotobosque, deja entrever los pueblos de Pido y Espinama.

Este punto del camino es importante, pues enlazamos con la única pista que nos entra por la vertiente Oeste. Se trata de una buena pista que sube desde Espinama. Para cogerla volvemos al tronco de árbol arrancado de cuajo por la base. Nos acompaña un buen trecho por lo cimero de la sierra, pero en cuanto se tira a la izquierda, ladera abajo (no confundirse con una breve bajada que se encuentra unos metros antes), nosotros -manteniendo la tónica- cogemos el sendero que no abandona la columna vertebral de la Sierra Carielda.

Aún queda un buen trecho, mas la ausencia de pistas en este sector del cordal, no plantea duda alguna respecto del itinerario. Eso sí, en los momentos en que el sendero se hace muy evidente y no se difumina entre la hojarasca, podemos seguir disfrutando del hermoso bosque lebaniego. Junto a bellos ejemplares de viejos robles, jóvenes -y no tan jóvenes- acebos empiezan a reclamar su protagonismo. Nos acercamos a la Horcada el Acebal. Por la abertura de los Puertos de Áliva (a la izquierda del Castro Cogollos) se nos muestra la Sierra de Juan de La Cuadra. Los últimos metros de la Sierra Carielda ceden al empuje de las escobas, que se adueñan del cotero final.

En la Horcada del Acebal, aparte de encontrar el primer cartel indicador de los límites del Parque Nacional de los Picos de Europa, enlazamos con la pista que sube de Pembes. Atraviesa en continuo ascenso el último tramo de escobas, buscando las peladas laderas del Castro Cogollos.

En un amplio y terroso cruce recibimos por la derecha la pista que viene de Mogrovejo que, a su vez -en las cercanías de la Peña Oviedo- se ha unido a la que sube de Llaves). Cortamos en llano las laderas de Cogollos, atormentadas por los pretéritos desprendimientos del cotero que las preside (Castro Cogollos). En su falda se cobijan los Invernales de Igüedri. En sus entrañas se retuerce la pista que subía de Espinama a las minas de Áliva. Hoy es, al igual que la que nosotros seguimos, una pista de incontestable interés ganadero, pero -asimismo- de uso turístico y vía de acceso al Hotel de Áliva. No se entiende cómo en pleno Parque Nacional, en uno de los pastizales alpinos más extensos y significativos de los Picos de Europa, donde quedan imperecederas huellas de su origen glaciar, se consienta en la pervivencia de una instalación hotelera.

Pero, ¿qué vamos a decir si en Fuente Dé sigue en funcionamiento un teleférico, que convierte los rincones más apartados de la alta montaña del Macizo Central en un paseo de turistas? La vieja polémica entre explotación y conservación sigue en pie. Ahora bien lo que ya no se entiende es que en un Parque Nacional, que maneja importantes partidas presupuestarias para contrarrestar la pérdida de ingresos procedentes de las actividades especulativas o lesivas con el entorno, se juegue a dos cartas.

Tras perder de vista los Invernales de Igüedri encaramos la portilla que señala la entrada a los Puertos de Áliva. Desaconsejamos esta ruta durante los meses invernales, pues el tramo que precede a la portilla es frecuentemente barrido por los aludes. Una cruz que se ha erigido junto a la fuente Covarance (a la que luego nos referiremos) recuerda a unos vecinos lebaniegos muertos por uno de estos desprendimientos de masas de nieve. En la vertical de la cruz se eleva una inclinada ladera cortada por nuestra pista. Remonta hasta lo cimero del Castro Cogollos. Durante la primavera es fácil encontrarse inestables amontonamientos de nieve que se han depositado sobre la caja de la pista.

Puertos de Áliva

Los Picos de Europa Han sido modelados gracias a la acción erosiva de los glaciares. Uno de los más importantes era el que bajaba por todo el valle del río Duje, pues se abría camino y delimitaba los Macizos Central y Oriental. Esta ingente lengua glaciar llegaba a las inmediaciones de lo que hoy son los invernales del Tejo (Sotres). Puede observarse con facilidad la configuración glaciar (en "U") del valle del río Duje; en contraste con la formación en "V" del desfiladero del mismo río (aguas debajo de los invernales del Tejo), debida a la acción erosiva del agua.

En Áliva se entrecruzan una sucesión de lomas, destacando entre todas ellas la Llomba de Toro (caracterizada por un peñasco en lo cimero de la misma), por donde viene la pista que viene de Sotres. Estas lomas no son sino vestigios de las antiguas morrenas que se formaban en los laterales (morrena lateral) o en el frente de las lenguas glaciares (morrena frontal). Están formadas por los materiales que arrancaba la lengua de hielo que, durante su avance, iba depositando en sus bordes externos.

La visita a los Puertos de Áliva es obligada. He de advertir que no se ha incluido en la duración de la ruta, pues da pie a múltiples alternativas (todas igualmente bellas); de ahí que el circuito que ideemos incrementará la duración de esta hermosa salida de montaña.

Voy a dar, someramente tres ideas:

  1. La pista que traemos se une a la que sube de Espinama en las orillas del río Nevandi. Podemos continuar ascendiendo por la pista resultante de la unión de ambas. Bordea por la derecha las llombas que nos cierran por el Norte, entre las que se cuela la riega que nutre el río Nevandi. En la primera oportunidad que se nos presenta nos tiramos a las vegas de la derecha. Entre la que se extiende bajo las laderas que caen del Collao de Cámara (que separa Cumbre Abenas de los primeros dos miles del Macizo Oriental) y la alargada llanura que se cobija en la falda de la Llomba de Toro, encontramos la Ermita de la Santuca de Áliva. Esta opción es obligada cada dos de julio, cuando se celebra la Santuca de Áliva. Misa, romería, bailes regionales (organizados por primera vez gracias a la labor desinteresada de la llastrina Carmen Granda -fuera de concurso-), concurso de cánticos (un ilustre coro de Villaviciosa alcanzó el primer premio, compartido con un coro cántabro, tras una interpretación magistral del himno de Asturias), carreras pedestres (con la primera participación femenina del siglo XXI a cargo de la villaviciosina Isabel Franco) y carreras de caballos.
  2. Siguiendo el curso del río Nevandi atacamos la llomba que lo cierra por la margen derecha (sentido ascendente de la marcha). Al otro lado se extiende una sucesión de lomas que se orientan más al Norte para girar, a continuación, al Noroeste. Es muy recomendable este itinerario porque se adquiere una visión de conjunto del puerto. El paseo podemos darlo por terminado en el Hotel de Áliva, dando vista al Chalet Real, bajo los espolones de Peña Vieja. Una cosa es que me manifieste en contra de la existencia de un hotel en la alta montaña y otra cosa es que no me guste el lugar donde esté emplazado o vaya a ocultar su presencia al que desconoce el lugar y no sea tan exaltado como el que esto escribe.
  3. La última alternativa, al igual que la anterior, también se desentiende de la pista que entra al vasto puerto. Sigue el curso del río, pero por su margen izquierda (sentido ascendente de la marcha). A esta mano se dejan unos chozos. Ataca la llomba que cierra por el Norte. Podemos decir que este tramo es prácticamente común con el anterior, sólo que uno por cada orilla de la riega. Remontada la llomba se abre una gran perspectiva del interminable puerto. Siguiendo las lomas que se extienden al Sudoeste se llega al Cueto Redondo (1.912 m.). En la amplia collada que se encuentra más al Oeste podemos coger el camino que baja al Collao Valdecoro (junto a los picos del mismo nombre) o seguir por lo cimero del cordal hasta la estación superior del teleférico de Fuente Dé (puerta para ascensiones como la de la Padierna o el Pico San Carlos).

Puertos de Áliva - Tobín - Espinama (1 hora 30 minutos)

Iniciamos el descenso a Espinama desde el punto en que confluyen las dos pistas principales del puerto; la que traíamos (que aúna las que suben de los pueblos de Pembes, Llaves y Mogrovejo) y la que hemos de seguir en este momento, que baja paralela al curso del río Nevandi.

El estrecho y alargado valle en que nos encontramos viene delimitado por las laderas occidentales del Castro Cogollos y por las laderas orientales del Cueto Redondo. Por el fondo de la vaguada arroyan las aguas del río Nevandi. Nuestra pista baja paralela a este curso de agua.

Cerca del cruce encontramos un bebedero. Sustituye a lo que era la fuente de los Asturianos, tapada por las obras de construcción de la pista que viene de Mogrovejo. El siguiente bebedero, próximo a aquél, es la fuente de Covarances. A su lado se ha erigido la talla de una cruz en recuerdo de unos vecinos de Espinama muertos por un alud.

La pista desciende por la margen izquierda del río Nevandi. Ambas líneas, curso de agua y pista ganadera, se dirigen a un embudo natural que cierra el valle. Entre las peñas, que comprimen el curso del río Nevandi al extremo, apenas dejando espacio para encajar el trazado de la pista, se encuentran unos pegoyos en que se fijan las Portillas de Áliva o Portillas del Boquejón; pues Boquejón de Áliva es la denominación de este breve episodio que asemeja un desfiladero. Las Portillas de Áliva señalan el límite Sur de los Puertos de Áliva.

Nada más pasar este breve estrechamiento entre peñas, giramos a la derecha, abandonando la acomodada compañía de la pista y cruzando el río Nevandi. Sin solución de continuidad nos encontramos caminando por un sendero muy pisado del ganado. En apenas unos metros hemos perdido totalmente la compañía del río. Descendemos dejando a nuestra derecha unos paredones. Enseguida damos por finalizado el tramo de descenso, enlazando con otro sendero que viene de los Invernales de Igüedri. Este conjunto de construcciones pastoriles se halla al otro lado del río Nevandi, atravesado por la pista de Espinama y dominando unas verdes praderas que buscan la compañía del río.

No tardamos en desentendernos del sendero, que sube buscando la vaguada de la riega del Aguasel, que se abre entre los Picos de Valdecoro y el farallón calizo que oculta el punto somital del Cueto Redondo. Continuamos a media ladera sobre el bosquete de avellanos que desciende hacia el cauce del río Nevandi. Tras pasar una zona de mala gravera, parcialmente tomada por un pequeño grupeto de estas matas arbustivas, nos tiramos ladera abajo buscando recuperar la compañía del río. Este brusco descenso, por veredas de los bichos, discurre por la línea que separa el tupido bosquete referido y las tomadas e inclinadas laderas que se extienden hacia los contrafuertes del Valdecoro.

El punto de destino es la marcada pista que vemos ladera abajo. Viene de los Invernales de Igüedri, aunque se desdibuja un poco mientras atraviesa las praderías de los invernales en dirección al río Nevandi. Según cruza este curso de agua, vuelve a hacerse muy evidente. Corta en llano las laderas por las que venimos bajando. Nuestra vereda muere en la pista, en el lugar en que ésta es atravesada por las tortuosas aguas del río Nevandi.

Una vez en la pista, seguimos en llano a la derecha. Encontraremos las marcas de un sendero de pequeño recorrido (SPR) que baja a Pido. Sobre nosotros se alza airosa la cumbre inferior del Valdecoro, que -desde esta posición- adquiere la figura de una estilizada e imponente aguja. A su derecha, abajo, nos deleitamos con la humedecida pared por donde se precipita la riega del Aguasel, dando vida a la cascada del mismo nombre.

Dejamos dos pistas que bajan a la izquierda, muy tomadas. Apenas la segunda podría hacernos albergar alguna duda sobre la ruta a seguir. Más adelante intuimos una nueva pista que también baja a mano izquierda. La entrada, muy tomada por la maleza, tampoco invita a descender. Seguimos, pues, en llano, enfocando a la aguja del Valdecoro.

Llegamos a un canchal formado por los desprendimientos de las paredes del Valdecoro. Por nuestra izquierda entra otra pista. Baja a unirse al ramal antes desechado y continúa descendiendo hacia Espinama. Pasado el canchal, la pista vuelve a adentrarse en la mancha forestal. El barrizal permanente en que se ha convertido nos impide extasiarnos con los sonidos del bosque, centrando nuestra atención únicamente en nuestras pisadas. Al doblar volvemos a divisar los Invernales de Igüedri y, a través del Boquejón de Áliva, los Picos de Cámara.

Iniciamos un largo descenso. La perfilada aguja del Valdecoro, con el cambio de perspectiva, empieza a mostrarse como el temido paredón que reclama la atención de multitud de escaladores (aunque alguno de ellos no marche muy contento por la presencia de abundante vegetación en la pared). Dejamos la pista que sube a la derecha y seguimos descendiendo. Diez metros más y acometemos un brusco giro a la izquierda (obviando la pista que sigue de frente). El tramo de bajada que nos lleva a la majada de Tobín es muy pronunciado. Antes de las cabañas nos entra una pista por la derecha.

Tobín está formada por dos o tres cabañas dispersas; mas lo que distingue este tipo de majadas de la zona no es el número de cabañas, sino la amplitud de sus praderías que, al ser terreno ganado al bosque, las hace fácilmente identificables desde laderas, sierras o cuestas lejanas.

La primera cabaña la pasamos por la izquierda. Nada más pasarla, a los cinco metros (más o menos) encontramos un nuevo cartel del Parque Nacional. La poco evidente pista que sale en llano a la derecha es la que continúa hacia Pido (adonde nos llevarían las marcas de pintura).

Nosotros abandonamos la ruta señalizada y seguimos de frente para abajo. Más prados y nueva cabaña. Aún encontraremos, ya metidos en la frondosidad del bosque, una tercera cabaña. Preside una inclinada pradera cuya silueta se recorta en las laderas del Castro Cogollos. Al poco de dejar atrás este bello pastizal, dejamos la pista que baja a la izquierda. Siguiendo la de la derecha vemos un corto tramo llano. Accedemos a un nuevo prado. La pista pasa por arriba de él, dando vista a otra pista que lo corta por más abajo. Es la misma que traemos. Unos cincuenta metros más allá de donde nos encontramos gira para volver hacia la campera, atravesarla y seguir monte abajo. En pleno giro nos desentendemos de ella decantándonos por un ramal muy deteriorado.

La nueva ¿pista? degenera rápidamente hasta acabar convertida en un camino, tomado en algún tramo por la maleza. No obstante, el haber divisado las casas de Espinama nos reconforta ante las naturales dudas de haber errado la buena senda.

Un brusco descenso, con gran cantidad de piedras incordiando nuestro pesado caminar (el tipo de piedra es más propio de las zonas por donde arroya el agua que de la caliza de los Picos de Europa). El camino vuelve a ir ensanchándose poco a poco, tal vez gracias a que hemos enlazado con el acceso a los prados que vamos dejando a la izquierda.

Ya sobre Espinama otro cruce nos llama a seguir de frente; pero ahora sí, giramos a la izquierda. Un corto descenso nos devuelve a la margen derecha del río Nevandi. Por un buen puente pasamos a la asentada pista que viene de los Invernales de Igüedri.

Entramos en Espinama. El ramal asfaltado que sube a la izquierda nada más pasar las primeras casas (enseguida -a la salida del pueblo- recupera el piso terroso propio de las pistas) es el que remonta hasta lo cimero de la Sierra Carielda y llega hasta la chica antena perdida entre el sotobosque.

La calle en que se ha convertido nuestra pista se estrecha entre las cuidadas construcciones, hasta el punto de tener que pasar bajo un corredor cubierto que une dos casas. Al otro lado se encuentra la plazoleta que precede a la carretera general que viene de Potes.

 

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