AVÍN - LAGO CORTEGUEROS - CAMPLENGO DUBIA - CABEZO JORCADELLÍN - CABEZA PANDESCURA - COLLAO PANDESCURA - COVALIERDA - CASTRO - ERMITA DE CASTRO - AVÍN (circuito)
Punto de partida: Avín.
Duración: 6 horas.
Desnivel: 900 metros.
Dificultad: Ninguna, para principiantes.
Las ascensiones a las cumbres del Cabezo Jorcadellín y de la Cabeza Pandescura presentan bellas trepadas de primer grado (Iº), sobre todo aquélla. Sin embargo, no creo necesario catalogar la dificultad de la ruta con el término fácil (que en la escala de la escalada se corresponde con el referido primer grado, un grado intermedio entre la marcha y la escalada), dado que la "conquista" de estas dos hermosas cumbres es opcional y puede obviarse sin merma del interés de nuestro recorrido por la baja montaña de los Picos de Europa.
Características: El Pico Jorcadellín y El Pandescura se integran en un modesto cordal que cierra la margen izquierda del río Casaño. Este conjunto de peñas calizas no forma espectaculares canales ni presenta profundos abismos sobre el río. Dominan un mundo de suaves relieves y marcadas vaguadas que contrasta con la compleja configuración del puerto de Llerosos que vierte sobre este bello curso de agua.
Pero es esta suavidad de líneas del puerto bajo de los Picos de Europa la que otorga fama y renombre a estas modestas cimas. Las agrestes pero diminutas peñas calizas que se recortan en este cordal, que pasarían inadvertidas en el núcleo del macizo, emergen como atractivos cuetos sobre las vegas del entorno. Asemejan exquisitas setas que se alimentan de los nutritivos hongos del subsuelo; pues calizo es el substrato mineral que yace bajo las verdes camperas.
La configuración cárstica del macizo puede observarse en su doble vertiente: en la formación de pequeños jous, algunos de los cuales se inunda, dando vida a un ecosistema lacustre de gran riqueza; y en la existencia de una ingente red de simas y cavernas de interés mundial. Ejemplo de la primera manifestación es el Lago Cortegueros, cuyo actual estado de bonita charca es muestra del destino geológico de estos oasis de vida, previo a su ulterior estado de desecación.
Cuevas y simas también encontraremos durante nuestro paseo. En Covalierda disfrutaremos de los encantos de la espeleología. Si la ruta aquí descrita es ideal para montañeros principiantes, el conocimiento de esta chica oquedad es de lo más aconsejable para aquellos que nunca se hayan adentrado en las oscuras profundidades del subsuelo. No presenta peligro alguno, pues es tan pequeña que la luz del exterior la ilumina casi por completo; sin embargo, permite a los analfabetos en estas lides abrirnos a este mundo de la oscuridad.
Más interesante es la "cueva del oso"; que ni es cueva (es una sima), ni encierra un oso en sus entrañas (las últimas investigaciones lo desmienten con rotundidad). Desgraciadamente el hundimiento del suelo que la cubre ha anegado temporalmente el acceso al esqueleto dormido.
Otro punto de interés es la Ermita de Castro que, escondida al abrigo de los árboles, se oculta a los curiosos ojos que transitan por el valle del río Güeña.

Descripción:
Accesos
El pueblo de Avín se asienta en el valle del río Güeña. No dista más de un kilómetro de Benia, capital del concejo de Onís. Al igual que ésta, es atravesado por la carretera que une Cangas de Onís con Arenas de Cabrales. Es el último núcleo de población que se encuentra antes de iniciar el ascenso al Alto de Ortiguero, a unos 17 kilómetros de Cangas de Onís.
Avín - majada de Jayas - Lago Cortegueros (1 hora 30 minutos)
Onís es un concejo que vive de cara a la montaña, pero desprestigiado turísticamente por carecer de las infraestructuras y de la mentalidad turístico-agresiva de sus concejos limítrofes (Cangas de Onís y Cabrales). Cuenta con los mejores accesos a los Lagos y al sector oriental de este macizo (Occidental), pero son aproximaciones montañeras, que hay que ganarse con esfuerzo y respeto al entorno y eso, desgraciadamente, no vende; ni siquiera -lo que me parece inexplicable- desde las políticas conservacionistas del Parque Nacional de los Picos de Europa ni desde las políticas ético-deportivas del montañismo moderno representado en las federaciones de montaña, más preocupadas en ofertar una alta montaña al alcance de cualquiera, a costa de degradarla y de desposeerla de los valores que dieron nacimiento a este deporte.
Nuestra ruta se inicia en este recogido pueblo. Hemos de dirigirnos al último grupo de casas que se encuentra a la derecha de la carretera, entrando por la calle que las precede (sentido de la marcha Cangas de Onís - Cabrales). Caminamos junto a una finca "muriá". Cuenta con un hórreo (por el tamaño) o panera (por el número de pegoyos). Al final de la muria nos encontramos un cruce de caminos. Nos tiramos por el de la izquierda, por el que bajamos al río Güeña.
Un viejo puentecillo de piedra nos permite alcanzar la otra orilla. El sendero, desecho por el agua que arroya en días de lluvia, remonta al abrigo de un hermoso bosque autóctono. No tarda en salir a una pista. Viene del camping que se encuentra a las afueras del pueblo. Seguimos a la derecha. Apenas disfrutaremos unos metros de la comodidad de la pista, pues hemos de coger el primer camino que nos encontremos a mano izquierda.
Atravesamos una zona de castaños. Luego pasamos junto a una cabaña en cuya construcción ha predominado el ladrillo, antes de atacar el corto repecho que nos lleva a una collada. Al otro lado se esconde una amplia vega. La tomada cuesta que se alza al fondo es el Cabeza Cardosas / Nani Cardosas / Cabeza de Alda o La Cuestona. Si volvemos la vista atrás podemos descubrir las casas de Benia, capital del concejo.
Según llegamos a la collada giramos a la derecha. El camino degenera rápidamente en un mal sendero de cabras que se pierde parcialmente entre los tupidos bosquetes del entorno. Debe prestarse atención para no despistarse con una senda que, por la izquierda, baja a la vega. Podemos decir que seguimos la línea del collado, atacando el canto que lo cierra por el Sur.
Nuestro sendero, bastante empinado, va dejando a la derecha una antigua muria que se halla en deplorable estado de abandono. Atrás, en los cordales que cierran por el Norte el valle del río Güeña, se recorta la silueta del Hibeo. Esta cumbre caliza con forma trapezoidal emerge en un mar de oscuras lomas de matorral.
La senda, abierta en la pura llambria, llega a un buen bebedero. Podemos rellenar las cantimploras en el manantial que lo alimenta. A escasos metros la exuberante vegetación se adueña de los restos de una cabaña. Si logramos atravesar el tupido túnel que se forma entre las cotoyas, no tardaremos en alcanzar la majada de Jayas. El grupo de cabañas que forman la majada precede a una rica nozaleda. Por la izquierda una sucesión de amplios prados "muriaos" nos devuelve la silueta de la Cabeza de Alda.
Ascenderemos suavemente sin perder la referencia de la muria de los prados. Poco a poco nos vamos desviando ligeramente hacia la derecha a fin de alcanzar una amplia collada. El camino, empedrado, recobra su fisonomía primigenia. En la collada no encontramos sino ruinas de cabañas.
Al Noroeste damos vista al pueblo de Castro, por donde tiene lugar el descenso. Las escasas casas, deshabitadas en su mayoría, contrastan con la vecina Benia. Lógicamente la fertilidad del valle bañado por el río Güeña permite cobijar una mayor población con mejores condiciones de vida.
Hacia el Sur emergen tres pequeñas torres. Las principales son las de los extremos, el Zarangüezu / El Porrón (a la izquierda) y la Cabeza Pandescura (a la derecha). En el medio se queda, más chico, el Pico Jorcadellín.
Proseguimos la marcha atravesando la ladera que cae sobre una profunda riega. Este curso fluvial recoge las aguas que arroyan desde las vegas de Cueva Dubia y Camplengo Dubia, asentadas en la plataforma amesetada que precede los cuetos antes citados. Dirigimos nuestros pasos a un gran invernal, levantado en una esquina de un no menos gran prado.
La travesía la efectuamos entre la línea de prados y la tomada ladera que desciende hacia el afluente del río Güeña. Ladera abajo dejamos una cabaña en cuya construcción también ha sido útil el ladrillo. Cuenta con una puerta corredera para acceder a la tenada.
Una vez que se alcanza el gran invernal que se tiene como punto de referencia, seguimos en llano, dejando atrás los extensos prados. No obstante, al doblar llegamos a nuevos prados. El camino asciende por su izquierda y pasa junto a una cabaña. Superada ésta salimos a una cuesta.
Por la derecha queda delimitada por una cresta rocosa donde descubrimos una cueva. Por las lomas de la izquierda entran pistas que, por la dirección que traen, deben venir de los Hoyos de Alda. Al final de la cuesta destacan dos colladas. Las rodadas que se intuyen en la hierba del suelo se dirigen a la más amplia. Devolando al otro lado se retoma el camino carretero que baja, en sinuosos tornos, a la majada de Cuevascares. Estas cabañas se resguardan al abrigo de una larga franja rocosa, que delimita por la derecha la vaguada que se forma en los Collaos Pontigos.
Si entramos por la collada que devola hacia Cuevascares, apenas descenderemos unos metros para, sin solución de continuidad, girar a la izquierda y remontar a una nueva collada que se encuentra a esta mano. Al otro lado descubrimos el Lago Cortegueros.
Si, por el contrario, al finalizar la cuesta salimos por el sendero que entra directo a la collada contigua a la de Cuevascares, alcanzaremos primero la hondonada del lago.
Del Lago Cortegueros apenas queda una bonita charca. La pureza y riqueza de sus aguas alimenta una abundantísima población de ranas. La sobreproducción de huevos excede la capacidad de la lagunilla, de manera que los encontramos esparcidos por la campera circundante y alrededores.
Lago Cortegueros - Collao Veranzas - Collaos Pontigos - Camplengo Dubia - El Jorcadellín - Pico Jorcadellín - Cabeza Pandescura (2 horas)
Atacamos la cuesta que se extiende al Sudeste del Lago Cortegueros. Tras el duro repecho del inicio podemos suavizar la pendiente caminando hacia el Este. Nunca debe perderse la referencia de lo cimero de la cuesta, donde se forman curiosas figuras de oscuras peñas. Se trata de llegar al Collao Veranzas. Si siguiéramos a media ladera, pasándonos de largo esta collada, toparíamos con la incipiente riega que desciende de la misma hacia los Hoyos de Alda, enlazando con el camino que viene de Canales por las minas de Alda.
El Collao Veranzas es una vasta collada que se forma entre Paré Veranzas (797 m.), alargada crestería caliza que se extiende al Este de la collada homónima, y el canto cuyas laderas nororientales acabamos de flanquear. Las caídas sudoccidentales de esta cuesta están dominadas por la aludida muralla pétrea en que se cobija la majada de Cuevascares.
Al Sur del Collao Veranzas se forman los Collaos Pontigos. Son dos, perpendiculares a aquél y separados por una suave colina (739 m). A ellos nos dirigimos. Para pasar al segundo, el sendero bordea por la izquierda de la loma que los separa, sobre la amplia vaguada que vierte al río Casaño. Alcanzado el segundo collado el sendero gira a la derecha. Inicia una travesía a media ladera dando vista a la majada de Cuevascares. Debe atravesarse una zona de resbaladizas llambrias antes de llegar al Collao Los Buitres.
Devolando el collao Los Buitres, pequeño collado que deja un modesto coteruco a la derecha, damos vista al río Dubia, que nace en las camperas de Cueva Dubia, al pie del Zarangüezu /El Porrón.
En el Collao Los Buitres el sendero se desvía hacia la izquierda, obligado por la vaguada del río Dubia. Continúa a media ladera hacia una zona caliza, a la altura de la riega, momento en que la cruza. Remonta por la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) del incipiente curso de agua. En unos metros sale a las camperas de Cueva Dubia.
La majada se esconde entre las peñas de la izquierda, en un brazo de campera que se adentra entre la zona cárstica. Nosotros deberemos ir desviándonos hacia la derecha, casi obligados por la configuración del terreno, para iniciar el flanqueo del Zarangüezu.
El rodeo de este porro calizo nos lleva a la majada de Camplengo Dubia, una extensa y plana campera. Las ruinas se disimulan entre las rocas que cierran el pastizal por la derecha.
Iniciamos un nuevo flanqueo, esta vez del Cabezo Jorcadellín. Debemos buscar los senderos superiores, pues tenemos que subir hasta el collado que se forma entre este pico y el Cabezo Pandescura, último porro del cordal, erigiéndose como máxima cota del mismo.
Esta corta subida, desde Camplengo Dubia hasta la verde collada que separa el Pico Jorcadellín de la cresta que cae del Cabezo Pandescura, se ve recompensada con el descubrimiento de un idílico rincón. Bajo la protección de los contrafuertes del Pico Jorcadellín perviven las ruinas de lo que fue la majada que dio nombre a este peñasco. A la derecha de esta nueva collada de pasto emerge airoso un hongo pétreo que nos presenta su cara menos amable. Por primera vez divisamos el desfiladero del río Casaño, que se abre entre nuestro cordal y las estribaciones del puerto de Llerosos.

Para coronar lo cimero del Cabezo Jorcadellín (918 m.) basta atacar la cresta que se alza sobre las ruinas de la majada. Es más larga de lo que aparenta. En las zonas herbosas que se intercalan entre la desnuda y poco uniforme caliza, descubrimos los pasos de los bichos, que suben a airearse a esta peña. Esta ascensión es algo aérea para tratarse de una sencilla trepada de primer grado. Desde su cumbre se disfruta de un primer plano del Zarangüezu. Es una bonita perspectiva de este conjunto montañoso del que se destaca, por primera vez, la Cabeza Saldaña, piramidal cuesta que se encuentra a su derecha, y cuyas largas laderas bajan a morir al río Casaño.
Si nos decantamos por la "conquista" de la Cabeza Pandescura, arrancaremos -igualmente- del Jorcadellín (collado). Los senderos más pisados bordean aquella peña para alcanzar el collado del mismo nombre, extensa collada que se adivina a la derecha del Pandescura. He de precisar, por si alguien decide no subir a esta cumbre y se dirige directamente al collao Pandescura, que el rastro del camino se pierde fácilmente entre la maleza.
Apenas seguimos el camino principal de la collada unos metros. Sin darnos ni un respiro acometemos la empinada cuesta herbosa que remonta paralela a la cresta que cae del bolo cimero de la Cabeza Pandescura hacia la collada del Jorcadellín. Alcanzamos la base de los extraplomados paredones sobre los que se asienta la coronilla herbosa que caracteriza la cima. En sus entrañas se abren unas pequeñas cuevas que son aprovechadas por cabras y ovejas para cobijarse. Subimos por una vira (que es paso de ganado) que se encuentra a la izquierda, pegada a la pared. Sale a ganar el punto en que confluyen la cresta que nos venía cerrando por la izquierda y la cuesta que da acceso a lo más alto de la peña (1.004 m.).
La Cabeza Pandescura abarca una panorámica muy amplia del Macizo Occidental de los Picos de Europa; no obstante se ubica en sus extremos nororientales. Muy evidente destaca la hormigonada pista que sube a Soñín de Arriba. Esta pista se coge en el pueblo de Demués. Faldea por una alargada sierra hasta alcanzar el Collao Reguero. Allí gira para bordear la cuesta que lo separa del Collao Lincós. El último tramo corta en sentido ascendente las laderas del Cabezo Los Negros, uno de los más bellos miradores del Oyo la Madre, donde nace el río Casaño. La majada de Soñín de Arriba se esconde entre esta cuesta y el Cantón.
Cabeza Pandescura - Collao Pandescura - Fuente Los Pastores - Covalierda (45 minutos)
El descenso al Collao Pandescura lo hacemos por la vía normal. Se bajan unos metros al Oeste para, enseguida ir girando al Sur. Se trata de ganar la horcada que precede a una escarpada crestería descendente que se orienta en esta dirección. Apenas cabe reseñar un par de fáciles destrepes (Iº). Desde la horcada hasta el Collao Pandescura deben evitarse unos resaltes y canalucas muy empinados y tomados por el matorral. Lo mejor es ir tirando a la derecha Y buscar una empinada pendienta herbosa por donde bajan senderos del ganado. No hay mayor problema, pues siempre vamos dando vista a esta llanada de pasto. Por nuestra izquierda baja una cuesta herbosa hacia la majada de Bustaselvín / Selvín o Silvín, donde se coge la embarrada pista que baja al Collao Reguero.
Cruzamos el Collao Pandescura hacia unas peñucas que lo cierran por el otro lado. Mantenemos la dirección para iniciar un largo descenso por un cordal de suaves lomas que se extiende al Noroeste.
Al llegar a la primera collada (Llano la Cruz), cogemos un camino que bordea las colinas subsiguientes por la derecha. Si afrontásemos el flanqueo de estas lomas por la izquierda, accederíamos a un segundo collado (majada de Les Berrugues/Las Berrugas). Encontraríamos los primeros prados "muriaos", presididos por una cabaña dotada de placa solar. Aquí llega un ramal secundario, procedente de la pista principal que sube de Demués a la majada de Soñín de Arriba. Elegida esta segunda opción deberíamos dejar el camino que continúa por lo cimero de la sierra (hacia Demués) y Tirarnos por las laderas de la derecha. Buscaríamos el fondo de la vaguada que nos cierra de frente y la seguiríamos hasta su final en la cueva de Covalierda.
El camino que atraviesa las laderas nororientales de las colinas que se destacan de las romas lomas que descienden del Collao Pandescura, antes apuntado, pasa junto a la Fuente de los Pastores, manantial de frescas y cristalinas aguas que brotan de las mismas entrañas de la peña. Continúa en suave y cómodo descenso hasta alcanzar un collado en que se da por finalizado el flanqueo descendente de las primeras colinucas del cordal. Pronto descubrimos que nos hemos ido separando de lo cimero del mismo, en donde se destacan las primeras cabañas. Éstas se asientan a la cabecera de una vaguada que desciende hacia nuestra posición. Finaliza en un cerrado circo, formado por el canto calizo que viene delimitando la vaguada por la izquierda. Nuestro sendero, que al adentrarse en los primeros afloramientos calizos va adquiriendo la categoría de buen camino, discurre sobre los paredones frontales del circo en que muere la vaguada referida. No hemos de llegar a este punto, sino que en la collada que precede la zona cárstica descenderemos a mano izquierda, entre cotoyas, buscando lo más profundo de la vaguada. La configuración del terreno nos va empujando hacia el pequeño circo que recoge las aguas que arroyan por toda la valleja. Allí descubrimos una lúgubre boca. Adentrándonos en sus entrañas se hace evidente la gran importancia ganadera de esta enorme entrada a la peña. En Covalierda encontraremos una amplia plataforma, abundantemente abonada por los excrementos de las cabras y ovejas que allí se cobijan. Podemos seguir otra rama que, a su izquierda, desciende unos metros a la zona más profunda de la cueva. El piso, en toda su extensión, también cuenta con una gruesa alfombra de nutritivo abono.
Covalierda - Pruneda - "cueva del oso" - Castro - Ermita de Castro - Avín (1 hora 45 minutos)
Situados de nuevo en el camino que cruza sobre los paredones de Covalierda, disfrutamos de unos primeros metros en llano muy cómodos. No tardamos en ir desviándonos con tendencia a la izquierda para iniciar un brevísimo descenso que finaliza en otro camino más amplio (viene de la majada de Covalierda). Enfrente, en una gran pradera y al abrigo de un coteruco, descubrimos las primeras explotaciones ganaderas (Prau Colláu). Las amplias camperas del entorno cuentan con buenos accesos, de ahí que el camino al que nos acabamos de incorporar, al término de un corto tramo de bajada, vaya adquiriendo el ancho de una pista.
Más adelante una nueva pista nos entra por la derecha. Unidas estas cajas terrosas recientemente abiertas para el servicio de los pastos, nos conducen hacia Corigos. Grandes y solitarios invernales, cobijados al abrigo de pequeños conjuntos arbóreos, dominan vastas camperas de buen pasto. No entramos a los prados, sino que la pista desciende bruscamente por su izquierda. Sin solución de continuidad acomete un duro repecho que nos planta en la pista principal, donde giramos a la izquierda.
Por terreno muy abierto, por la derecha de un nuevo mosaico de verdes prados, encaminamos nuestros pasos al valle del Güeña. Esta suavidad de relieves quiebra por el Norte. Un nuevo afloramiento calizo irrumpe estableciendo el límite de la línea de pasto. Forma un reducido jou (439 m.). Junto a él, aprovechando los prados del entorno, aún se levanta un invernal, es la zona de El Pandal. Atravesando las praderas, atraviesa una pista que se desgaja de la troncal por la que se viene caminando. Aprovechando este ramal desgajado de la amplia pista que baja a Benia, se libra la línea de cierre que vienen delimitándola. Tirándose pradera abajo se baja a la veguca inferior, recogida bajo el xerru calizo y rodeada de manchas de avellanos (el paso por las praderías puede ocasionar daños evitables; recomiendo seguir por la pista principal unos metros, de este modo, al "saltar" la almbrada se pasa directamente a una zona de bosquete por la que se puede bajar a la hondonada que precede a la cueva sin pisar las praderas). Siguiendo la línea de un regato que se encharca en días de fuertes lluvias, se llega al pie de la peña. En el recóndito circo se abre la boca de la gran cuevona de Pruneda. Consta de dos enormes plataformas abovedadas. En la superior, que aún recibe la luz del exterior, un cercado de madera permite encerrar los cabritos. La sala inferior, en la zona de penumbra, es la de mayores dimensiones. El conjunto es bastante más imponente que la más chica cueva de Covalierda.
Se retorna a la pista. Bordea el xerro que esconde la cueva de Pruneda por la derecha. Pronto inicia el largo descenso hacia Benia, adentrándose en un tupido bosquete que oculta un mal terreno pedregoso. No obstante, no tardamos en empezar a caminar junto a nuevos pastos ganados al monte. Más abajo vemos un invernal a la izquierda de la hormigonada pista. A mano derecha se levanta otro invernal. Entramos al prado en que éste está ubicado por una buena portilla (no olvidemos dejarla cerrada). Esta campera es propiedad del único vecino de Castro, pueblo que se encuentra en la parte inferior del prado. Nosotros bajamos unos pocos metros dando vista a las casas de Castro para adentrarnos en el bosque que vamos dejando a mano derecha. Esta diminuta mancha forestal parece transportarnos a otro mundo. Nos recuerda los extensos hayedos que se asientan en la vertiente Norte de los Picos de Europa; y, sin embargo, no es más que un rincón de escasos cincuenta metros cuadrados. En sus sombrías humedades se forma un jou. En las peñas de enfrente (según se llega a él) se encuentra la boca de la "cueva del oso", cerrada por una portilla. Ya hemos advertido que se trata de una sima. La entrada está constituida por un pozo de gran verticalidad, donde se ha instalado una escalera de hierro para permitir el paso de los turistas.
Hoy no es posible acercarse a esta portilla. La tupida red de galerías que recorre el subsuelo de los Picos de Europa y una incesante acción erosiva del agua, que se filtra entre la porosa caliza, ha debilitado las paredes de la sima, cediendo ante el peso del manto vegetal de la superficie. El bonito jou que se escondía a la sombra del bosque ha degenerado en un argayo, en un pozo de grandes proporciones. La entrada a la "cueva del oso" se ha trasladado a lo más hondo de este sumidero, siendo nuevamente necesario el empleo de la cuerda para descender a ella.
El intacto esqueleto del "oso" dormido, cubierto por una película de fría agua, seguirá durmiendo su sueño durante otro largo período de tiempo.
Retornamos a la pista. El primer ramal que sale a mano derecha entra al pueblo de Castro. No obstante, desechamos esta entrada y optamos por el ramal contiguo, diez metros más abajo. Tras un corto descenso encara un fuerte repecho que nos sube al pueblo. Atravesamos en llano entre las casas, aprovechando las nueces que nos ofrecen los nogales que hemos ido encontrando por el camino.
La calle que cruza todo el pueblo entra en una pomarada al final del mismo. Giramos a la izquierda y nos tiramos prado abajo, pegados al cierre y procurando dañar lo menos posible el pasto. Ya divisamos la Ermita de Castro. Detrás se destaca igualmente el pueblo al que nos dirigimos, sin prisa pero con alguna pausa (posa decimos los montañeros). La ermita se ha construido en un cueto al abrigo de un hermoso bosque. Esta mancha forestal impide que sea vista desde el Valle del Güeña.
Al final de la pomarada el sendero gira a la izquierda, entrando a un nuevo prado donde se ha instalado un depósito del agua. Pasamos junto a éste y bajamos a un camino bastante marcado. Nos desviamos momentáneamente de él para acercarnos a ver la ermita. En su interior sólo se conserva el retablo. La ausencia de bancos le da un triste aire de abandono.
Nuestro camino continúa entre los robles que cobijan a la ermita. A mano izquierda, en un claro del bosque, dejamos una hondonada de verde pasto, fácilmente encharcable, por donde discurre la traída del agua (a juzgar por el emplazamiento de nuevos registros). El camino inicia un largo descenso. Para volver a Avín deberemos abandonarlo, bajando por una vereda que sale a mano derecha. La precede otra senda, que se desgaja del camino principal, en llano, también por esta mano. Nuestra vereda, que puede pasar desapercibida, es muy estrecha y se adentra en un cotoyal (aunque está de pasar). Reconforta ver al lado el pueblo de Avín. Pasamos junto a una cabaña e iniciamos el último tramo de resbaladizo descenso hasta el río Güeña.
Nada más alcanzar la margen izquierda de este curso de agua, lo cruzamos por un buen puente. En la orilla opuesta el sendero gira a la izquierda. No tarda en hacerlo hacia la derecha, separándose del cauce del río. Por encima de una vallejuca que vierte al Güeña (donde destaca un amplio y empedrado camino que sube a la cueva que se esconde bajo el puente de la carretera por el que se entra a Avín), acomete el último repecho del día que nos conduce a las casas del pueblo.