SIERRA DE AMIEVA: SAN ROMÁN - LA COLLADA DE AMIEVA - CANAL DEL CHUERCU - PORRÓN DE VALLUENGU - LOS MURLLOS - LOS REDONDOS - PRIMIELLU - VALLE COSAGRE - SAN ROMÁN (circuito)
Punto de partida: San Román.
Duración: 6 horas.
Desnivel: 600 metros. El suave desnivel aquí apuntado puede resultar algo engañoso. Debe tenerse en cuenta que se coronan cuatro cumbres, entre ellas la más alta de la sierra. La consecuencia lógica es la de tener que afrontar pérdidas de altura, más o menos significativas, que incrementarán el desnivel acumulado de la ruta.
El hecho de elegir el pueblo de San Román como punto de partida, contribuye a incrementar la dureza de la ruta. Nuestra intención es la de recorrer las cumbres más destacadas del extremo Sudoccidental de la Sierra de Amieva. Este sector del cordal es más asequible desde el pueblo de Amieva. Si se parte de San Román habrá que remontar La Collada de Amieva para, a continuación, comenzar a perder altura para enlazar con la pista hormigonada que sube desde Amieva hasta la Central del Restaño.
La única ventaja de tomar el pueblo de San Román como punto de referencia radica, aparte de las hermosas vistas que nos ofrece, en la posibilidad de afrontar una travesía de toda la Sierra de Amieva, desde el Porrón de Valluengu hasta el Porru El Collao La Cueva, pues el regreso será más cómodo. Pero esta opción la dejamos a la imaginación, ganas y fuerzas de cada individuo.
Dificultad: Poco difícil (IIº). En el extremo Sudoccidental de la Sierra de Amieva se forma una escarpada alineación de cumbres. Aunque su altura es poco significativa en relación con las dos cumbres señeras de la sierra (Los Redondos y El Primiellu), su configuración más accidentada las vuelve más bellas estéticamente.
La ascensión más delicada es la del Porrón de Valluengu. Se ha elegido una vía algo más compleja que la sencilla vía normal, por la belleza de sus pasajes. La trepada por la Canal del Chuercu no es difícil (la catalogación de IIº tal vez sea un poco exagerada), pero sí adquiere gran espectacularidad.
La travesía del Porrón de Valluengu al techo de la Sierra de Amieva, Los Redondos, se desenvuelve por un terreno de fuerte inclinación. La graduación de primer grado (Iº), fuera ya de los dominios de la escalada, creo que es la más acertada.
Los parajes que aquí se describen contrastan con una sierra de suaves relieves, entre los que se intercalan pequeñas paredes verticales, que no alteran la sencillez de los recorridos más habituales. Mención aparte merecen las vertiginosas laderas que se descuelgan sobre el río Dobra, cuyo recorrido exige una mayor experiencia montañera y un gran conocimiento del medio.
Características: La aislada posición de la Sierra de Amieva la hace merecedora de una reconocida fama por sus hermosas panorámicas. El punto de referencia son las escarpadas torres calizas del Macizo Occidental de los Picos de Europa. Omnipresentes se alzan el Canto Cabronero y el Valdepino. Pierzu, Carriá y Mota Cetín son otras de las clásicas montañas que nos acompañarán durante toda la ruta.
Pero en este recorrido, aparte de estas hermosas vistas, lo que se quieren mostrar son pequeños y espectaculares rincones que se esconden en el sector más accidentado de la Sierra de Amieva; aparte
-claro está- de la vertiente que da al Dobra.
Capítulo aparte merece la ascensión al Porrón de Valluengu. Este modesto torreón presenta vías tan breves como espectaculares. Aquí se describirá la ascensión por la Canal del Chuercu y el descenso por la vía normal. Ninguna de ellas desmerece de las expectativas que crea la bella silueta de esta torre caliza.

Descripción:
Accesos
Nada más pasar el Puente Romano de Cangas de Onís (entrando desde Arriondas) giramos a la derecha en el primer cruce. Enfocamos toda la Avenida de Castilla, saliendo por la carretera del Pontón. A unos once kilómetros se encuentra el pueblo de Precendi (inmediatamente después de Santillán). Algo más allá del edificio del Ayuntamiento, se coge una estrecha carretera de montaña de acceso a los núcleos de Sames, Carbes y San Román.
Sames es el primer pueblo que nos encontramos. Es la capital del concejo de Amieva. El siguiente es Carbes, al que se llega después de haber obviado el ramal asfaltado que baja a la iglesia de Mian. Esta aldea se encuentra al pie de las torres calizas del Castiello.
La carretera parece desaparecer entre las casas, pero si atravesamos el pueblo prácticamente en llano, de derecha a izquierda, regresaremos al piso asfaltado de la carretera que sube a San Román. Ésta serpentea por la falda del Picu Castiellu. Una vez que ha alcanzado una considerable altura, se va desviando en busca del Cuetu Mayo, pequeño conjunto de agujas calizas donde se ha habilitado una escuela de escalada. A escasos metros de este ingente jito natural arranca la pista que sube al Collao Sañín, entre el Picu Castiellu y las laderas que caen del Porru El Collao La Cueva, primera cumbre de la Sierra Bescoba.
Pasado el Cueto Mayo aún quedan por remontar unos metros hasta alcanzar los tubos que alimentan la Central Hidroeléctrica de Camporriondi. Por estas tuberías se precipita el agua procedente de la Central del Restaño.
Resta un corto tramo descendente hasta el pueblo de San Román. Durante el descenso podemos ir viendo La Collada de Amieva. A su izquierda se elevan las laderas de la Sierra de Amieva; mientras que a la derecha se encuentra un característico conjunto montañoso presidido por La Corona (1.042 m.).
Detrás de La Collada se ve la peculiar figura del Porrón de Valluengu, empastado con la majestuosidad del Macizo Occidental de los Picos de Europa. A medida que nos acercamos al pueblo de San Román, iremos perdiendo de vista la silueta de nuestro primer objetivo del día.
Al llegar al cartel de San Román cogeremos el ramal asfaltado que sigue en llano. Sin embargo, quiero reseñar ahora que el camino que se pasa a describir hasta La Collada de Amieva, presenta tramos perdidos entre las cotoyas y los avellanos y, lo que es peor, obliga a superar uno de los barrizales más hermosos que he sufrido en mis recorridos por las montañas cantábricas. A los amantes de los buenos caminos les recomiendo coger el tramo asfaltado que, nada más pasar el cartel de San Román, baja a la derecha. Atraviesa las casas del pueblo y enlaza con la hormigonada pista que sube a La Collada.
Como suele suceder, aquellos que gustan caminar por amplios y buenos caminos dejan de conocer bellos rincones. Subir por la pista de La Collada supone obviar el rodeo por la Ería de San Román, donde se disfruta de una de las más bellas perspectivas del pueblo.
San Román - Ería de San Román - La Collada de Amieva - Cotada de La Visitancia - Canal del Chuercu - Porrón de Valluengu (2 horas 30 minutos)
Antes de proceder a la descripción de la ruta de ascenso, conviene hacer unas precisiones respecto de la de descenso. Esta curiosa forma de comenzar la andadura permite ubicar con precisión el Valle de Cosagre (por donde discurre el camino de regreso). Entiendo que es fundamental partir con una idea precisa de la ruta de descenso, pues si bien el Valle de Cosagre es fácilmente identificable desde San Román, se desdibuja a medida que nos adentramos en él.
El pueblo de San Román se asienta en las soleadas laderas de la Sierra Viscoba. El Porrón, cumbre que preside el conjunto de paredes calizas que se alzan sobre los últimos prados de la Ería de san Román, marca el punto final de esta sierra. Constituyen la Ería de San Román el mosaico de prados que se extiende al Este del pueblo.
A la derecha del Porrón el cordal se vuelve más modesto y las laderas que caen sobre La Collada aparentan más accesibles, apenas una cuesta uniforme de matorral. Este sector de la sierra culmina en otra prominente cuesta. De nuevo irrumpe la caliza. Este conjunto heterogéneo de cuestas y peñas calizas forma parte del Primiellu. Desde nuestra posición son difíciles de descubrir las suaves líneas de esta montaña, pues sólo nos muestra sus contrafuertes más accidentados. Sin embargo, no cuesta trabajo ubicar el Valle Cosagre. Entre las peñas cimeras arranca una canal que se extiende por toda la ladera de la sierra. Esta cuesta no destaca por la configuración del terreno, predominando el matorral como en el resto del cordal, sino por su orientación. Corta las uniformes laderas de la Sierra de Amieva, ensanchándose a medida que se acerca a los prados superiores de La Collada. A la izquierda de la parte central de este valle se alza solitario un peñón calizo. Cobija las Cuevas de Cosagre, oquedades de interés ganadero que se ocultan a la vista de los curiosos visitantes que no pasan del pueblo.
Detrás del Primiellu, a su derecha y en apariencia a menor altitud, sobresale parte de Los Redondos, máxima altura de la Sierra de Amieva. La zona somital presenta una inclinada cuesta que desciende hacia una zona de torres calizas. Entre esta zona de cortadas paredes y los contrafuertes del Primiellu se forma un extenso circo de inclinadas laderas. En la parte inferior se asientan las vegas de Seorio, una plataforma de verdes pastos donde se conserva una talla de la Virgen de Covadonga.
Toda esta parte de la sierra que se extiende más allá del Porrón es la que los vecinos denominan propiamente Sierra de Amieva y alcanza hasta el extremo sudoccidental del cordal.
A continuación se pasa a realizar una somera descripción de la primera etapa del circuito.
Elegido el ramal de carretera que alcanza la parte alta de San Román, se encuentra una oportuna explanada para dejar los vehículos. Cruzamos en llano este apartado rincón del pueblo, dejando un hórreo a mano derecha. Una buena plataforma de hormigón, que cuenta con un bebedero, sirve de área de esparcimiento de los vecinos de la casa favorecida con esta obra. Enseguida enlazamos con la pista que se adentra por la Ería de San Román, tras recibir por nuestra derecha la empinada callejuela que sube desde la entrada inferior del pueblo, pasando junto al lavadero.
La pista que da acceso a estos prados del pueblo, en su inicio, más parece un buen camino carretero de bonito piso empedrado. No obstante, pronto degenera en un cómodo piso de tierra, más agradecido para caminar pero menos estético.
A medida que nos alejamos de San Román, vamos disfrutando de las más bellas panorámicas de este pueblo, enmarcado con la bella silueta del Pierzu, destacada cumbre que irrumpe entre las montañas de la margen izquierda del río Sella.
En un cruce de cuatro pistas no tenemos más que seguir de frente. Del inicial camino carretero sólo quedan dos profundas rodadas que serpentean en leve ascenso entre el verdor de la ería. Al final no podemos sino intuir su rastro. No hay que avanzar muchos metros antes de dar vista al último trayecto de la pista, un insignificante tramo abierto por la pala para permitir el acceso a los prados más inclinados de la ería, ganados a la ladera de la sierra.
No hay que llegar a él, sino que en cuanto se da vista a la entrada del inclinado prado giramos hacia la derecha. En una esquina del prado que se está atravesando, que parece no haber visto en años una guadaña, quiere adivinarse la existencia de un abandonado sendero. Tras salvar una descuidada muria, seguida de una alambrada, entramos en un terreno muy desagradable. Cotoyas y avellanos forman tupidas barreras que ciegan nuestro sendero. No obstante, con un poco de atención no debe plantearnos problemas seguir la buena senda. En todo caso, la mejor referencia es la muria o, en su defecto, el cierre de los últimos prados de la ería, que iremos dejando siempre a la izquierda. Aunque por tramos se oculte entre la arboleda o entre la maleza, es una referencia válida.
Al final, los últimos prados de la ería se hermanan con los que comunican con La Collada de Amieva. En aquéllos destaca una cabaña que se acompaña de otra muy chiquita. En los prados de la derecha encontramos otra cabaña. Nuestro sendero, de nuevo muy marcado, entra separando las murias de ambos conjuntos.
Para alcanzar La Collada, seguimos el cada vez más amplio camino que discurre paralelo a la muria del nuevo mosaico de prados. Marca el límite entre los pastos y las tomadas laderas de la sierra. Más adelante el embarrado camino, cuya caja parece sugerir que se trata de una abandonada pista, gira a la derecha, dirigiéndose a La Collada. A partir de este momento las praderías nos cierran tanto a derecha como a izquierda; siendo preferible entrar en los prados de la loma de la izquierda, pues los escasos doscientos metros que nos separan de la hormigonada pista de La Collada de Amieva, vienen precedidos de un barrizal inmundo.
Sobre La Collada, de Amieva para los de San Román, o de San Román para los de Amieva, se levanta el Picu La Cuesta. Esta piramidal cuesta de matorral precede a La Corona, máxima altura de este modesto conjunto montañoso. La escarpada y alargada cumbre de La Corona, cuya tonalidad caliza la diferencia de su compañero el Picu La Cuesta, es llamada Abogueru por los vecinos de Amieva. En San Román reservan este topónimo para un inexpugnable porro calizo que se perfila en la arista que cae de La corona sobre este pueblo.
Devolando La Collada damos vista al pueblo de Amieva. Comenzamos un largo descenso atravesando las laderas inferiores de la Sierra de Amieva. Para ubicar con precisión el Porrón de Valluengu, vamos a hacer una rápida descripción de la alineación de cumbres que forman este cordal.

Las dos cumbres señeras de la Sierra de Amieva son el Primiellu (1.230 m.), que cuenta con un vértice geodésico, y Los Redondos (1.244 m.), a su derecha, máxima altura del cordal. A continuación vendrían Los Murllos (1.175 m.), que no es sino una antecumbre de Los Redondos.
El Rellu (1.088 m.), alargada cresta que inicia la parte más modesta y escarpada de la Sierra de Amieva, viene delimitada por dos evidentes colladas, aquí llamadas "bocas": la Boca La Divina (a su izquierda) y la Boca Valluengu (a su derecha), ambas en la cota de los 1.039 metros.
La Boca Valluengu separa El Rellu de la esbelta y solitaria torre del Porrón de Valluengu. En la punta sudoccidental de la Sierra de Amieva sólo resta una escabrosa crestería donde apenas pueden resaltarse tres promontorios (1.063 m., 1.058 m. Y 1.060 m., respectivamente). A estos tres cuetos se les asigna el nombre genérico de Les Texuques, y se hallan separados del Porrón de Valluengu por la Boca del Osa.
El largo descenso por la hormigonada pista que pasa por La Collada nos lleva a enlazar con la pista que sube de Amieva. Seguimos de frente, dando por finalizado el piso rayado que evita que las ruedas de los vehículos patinen en las cuestas. No mucho más allá encontraremos otro cruce. El ramal que viene por nuestra derecha también procede de Amieva, en este caso de un cruce que precede en unos cincuenta metros al pueblo (según se sube por la carretera que le da acceso y que se coge en Ceneya, puerta del Desfiladero de Los Beyos). De nuevo seguimos de frente, atravesando entre las bellas praderías de La Cotada de La Visitancia.
Por la amplia abertura del Collao de Angón, collado al que se dirige nuestra pista, damos vista a las cumbres del Macizo Occidental que forman el Jou de Pozas. Destaca la Cabra Blanca, por la línea transversal por donde discurre su vía normal (que sube a ganar una expuesta arista) y el Diente, a su derecha, separados por una profunda brecha. Junto a esta cima, que hace honor a su nombre, se encuentran las Garitas, en cuya descendente crestería se empasta el Camperón.
A la derecha de la pista llama la atención un gran invernal, situado en un no menos gran prado donde crece un árbol solitario. Lo curioso de esta construcción es que se encuentra totalmente rodeada por una muria, con continuos huecos, que la separan de la vasta pradería.
Antes de finalizar el repecho que se inicia junto a este característico lugar, sin haber recuperado la vista del Diente y de la Cabra Blanca (perdida mientras desviábamos nuestra mirada hacia tan curiosa construcción ganadera), nos tiramos por la desaprovechada camperuca de la izquierda, un trozo de prado a la orilla de la pista muy pisado del paso de los bichos. Sobre nosotros ya se alza airosa la torre del Porrón de Valluengu. El camino no es evidente, pero se dirige a una cabaña (la precede un poste de madera por donde va una línea de la luz).
Pese al estado de abandono de esta vereda, acrecentado por la presencia de matas de avellanos, no se tarda en descubrir su marcado trazado, una vez que se adentra entre las murias de los prados. Al otro lado de este pasillo se llega a la cabaña, que nos queda un poco a la derecha.
Hacemos un nuevo inciso para describir la canal por la que ha de atacarse el Porrón de Valluengu. Las verticales paredes de este torreón calizo vierten sobre las verdes praderas de la Cotada de La Visitancia están delimitadas por tres canales. Por la izquierda desciende la herbosa Canal del Calero, pindia y en curva. Desde esta posición queda oculta a nuestra vista.
En este momento nos interesan las otras dos canales que se alzan sobre nosotros. Quiebran las imponentes paredes inferiores del Porrón de Valluengu, formando dos escalofriantes tajadas de aspecto inexpugnable. La de la derecha es la Canal del Chuercu, por donde discurre la vía de ascenso. La de la izquierda presenta un resalte en su parte inferior. Según nos han contado los pastores del lugar, para superarlo hay que adentrarse en una cueva que hay en su base y que permite salir arriba del corte.
Siguiendo con la descripción de la aproximación a la base de la pared, decir que delante de nosotros (la cabaña -decíamos- nos queda algo a la derecha) tenemos un prado, cerrado con una antigua muria. En su interior perviven las ruinas de una cabaña. Se bordea el prado por la derecha. El terreno, malo y tomado por los avellanos, dificulta el avance. Al otro lado del prado ya se da vista a la lengua que desciende de la Canal del Chuercu, por donde debemos subir para entrar en la misma.
Conviene advertir que si en vez de bordear el prado por la derecha, nos tiramos más a la derecha aún, por un sendero que pasa junto a la cabaña (fuera ya de la línea de la Canal del Chuercu), encontraremos una ladera más abierta bajo los resaltes de Les Texuques. En este caso, tras remontar unos cincuenta metros por la cuesta, deberemos volver hacia la izquierda, hacia la hondonada que se forma bajo las paredes que protegen el torreón del Porrón de Valluengu.
Atacamos la lengua que desciende de la sombría tajada de la Canal del Chuercu. A medida que nos acercamos a este oscuro callejón la cuesta se hace cada vez más empinada. Restos de pasos de cabras nos embocan a esta imponente quebrada. La Canal del Chuercu está formada por dos verticales paredes que no distan entre sí más de tres metros. Genera en el sufrido montañero una sensación de opresión y congoja que se acrecienta con la sombría humedad de esta tajada natural en la peña. Sin embargo, las cabras encuentran aquí su refugio, y así lo testimonia una evidente vereda que marca cortos zigzag en la pedrera del inicio. Llega a una diminuta oquedad donde estos ágiles animales encuentran habitáculo.
En estas húmedas y sombrías paredes encuentran los tejos condiciones ideales para sobrevivir. Agarrados a la peña penden sobre nosotros. Encaminamos nuestros pasos a un breve canalizo de fuerte inclinación. La trepada, dificultada por el resbaladizo barro del paso de las cabras y por la humedad del terreno, se hace muy delicada.
Encima de nosotros se levanta un chico espolón calizo caracterizado por la presencia de un tejo. Hacia él nos dirigimos. Superado el canalizo, una corta rampa herbosa, pero dotada de una fortísima inclinación, nos separa de una cómoda plataforma en la base del espolón.
Mientras tomamos un respiro echamos la vista atrás y contemplamos la bella silueta del Carriá. El panorama queda restringido dentro de los estrechos límites que delimitan las sombrías paredes de la canal. Antes de reemprender la marcha nos giramos y nos ponemos de cara a la pared.
La Canal del Chuercu, ahora oculta a nuestra vista, continúa por la derecha de este contrafuerte calizo. Un salto que da acceso a un rellano tomado por los avellanos impide progresar por ella. Este obstáculo nos obliga a cruzar la canal en busca de una horcadita que hay a la derecha, en el canto que delimita la canal por esta mano. Obviamente desechamos una atractiva, soleada y llamativa rampa herbosa que sube a nuestra izquierda.
Salimos, pues, de la canal, a ganar el canto que la cierra por la derecha. Entramos en las más abiertas cangas de Les Texuques, dando vista al Canto Cabronero (2.000 m.). Desde esta horcadita podemos recorrer con la vista los diferentes pasos que nos separan de la cumbre.
Esta salida de la canal que se acaba de efectuar nos permite salvar un corto tramo vertical que llega a una zona tomada por los avellanos. Para alcanzar este lugar se trepa por el canto en que nos encontramos (o, mejor aún, ganamos altura por más a la derecha) hasta alcanzar una horcada superior donde se inicia la travesía hacia la zona de avellanos. No conviene olvidar que estamos haciendo una descripción visual, que siempre que sea posible, ha de preceder al inicio / reinicio de la marcha.
De nuevo en la Canal del Chuercu, ya no seguimos por ella, que sube a morir a la Boca del Osa, sino que simplemente la cruzamos. Por su izquierda seguimos en travesía entre las peñas para ganar una vira herbosa que corta el Porrón de Valluengu de derecha a izquierda; vira paralela, pero más alta, a la amplia rampa que salía, también a la izquierda, de la Canal del Chuercu tras el canalizo (y que desechamos en su momento). La vira muere en una horcadita donde enlaza con la vía normal.
Una vez fijados visualmente estos puntos de referencia sólo resta ir uniéndolos paso a paso. El canto rocoso que cierra la Canal del Chuercu por la derecha y que ahora acometemos, presenta un escar extremadamente chico, pero vertical. Lo rodeamos por la derecha para alcanzar la horcada que se halla detrás. Iniciamos así una travesía para volver a la canal. Al otro lado ya se ve la inclinada vira herbosa de salida, precedida de la travesía que se inicia junto a un alargado paré con el techo muy bajito.
La Canal del Chuercu ha de cruzarse en sentido descendente, colgados sobre el salto del canalón, pero protegidos por las incordiantes varas de un bosquete de avellanos. Alcanzamos el paré y seguimos por la vereda de los bichos que nos lleva a la vira de salida.
En la misma horcada cimera, que marca el final de la vira, se abre en las peñas de la derecha un nuevo canalizo herboso. Trepamos por él para ganar las cangas superiores del torreón. Siempre en sentido ascendente topamos con la alargada llambria que protege la cresta de la cumbre. La bordeamos por la derecha para no complicarnos la vida y cresteamos para llegar a la trabajada cruz de la cima del Porrón de Valluengu (1.092 m.). Esta cruz, para bien o para mal -según gustos-, se debe a la iniciativa personal de "Tito el del Siete", recientemente fallecido, y encargado durante muchos años de la Central Hidroeléctrica del Restaño. De sus manos salió también la talla de la Virgen que preside las vegas de Seoriu.
La vista del Porrón de Valluengu presenta profundos contrastes. Por un lado la suavidad y verdor de los pastos de la Cotada de La Visitancia que buscan el referente del soleado pueblecito de Amieva; del otro lado el angosto y profundo cañón del río Dobra, desgajando las Sierras de Beza y de Amieva del núcleo cárstico del Macizo Occidental.
Porrón de Valluengu - Boca de Valluengu - Boca La Divina - Los Murllos - Los Redondos (1 hora 30 minutos)
Al Norte-Noreste del Porrón de Valluengu se recortan las siluetas de Los Murllos y de Los Redondos, configurándose aquella cumbre como una antecima de la máxima altura de la Sierra de Amieva.
Desandamos las inclinadas cangas superiores del Porrón de Valluengu en busca del canalizo por el que subiéramos. Es fundamental dar con la entrada a este canalizo. Para montañeros poco habituados a estas lides no es desaconsejable que suban marcando con jitos u otras señales el camino de descenso. Dichas señales son para uso particular, y deberían ser retiradas cuando ya hayan hecho su servicio.
Destrepamos el canalizo y alcanzamos la horcadita donde se unen la vía normal y la de la Canal del Chuercu. A mano derecha (vía normal) se forma una concha herbosa, bajo la pared que cae de la cumbre del Porrón de Valluengu. Al otro lado de este cuenco, a nuestra altura, se recortan dos evidentes colladas, separadas por un coterucu. La de la izquierda está cerrada a esta mano por una estilizada aguja de diminutas proporciones. El paso a la Boca de Valluengu se encuentra en la cresta que cae de esta esbelta aguja hacia la izquierda. Una traviesa, paso de cabras y ovejas, entra en llano desde la concha herbosa hasta esa cresta.
Al doblar al otro lado enlazamos con una vira que desciende hacia la Boca de Valluengu, entre el Porrón de Valluengu y El Rellu. Por la vertiente del Dobra se descuelga un inclinadísimo canalón, presidido por una cueva que cuelga en los imponentes abismos del Rello. Por la vertiente de Amieva se va configurando la inclinada, pero más accesible, Canal del Caleru.
Iniciamos el flanqueo del Rello, para alcanzar la collada que se encuentra en su parte opuesta: la Boca La Divina. Para evitar las cangas más inclinadas de esta crestería, lo mejor es perder altura. Un sendero muy evidente de los bichos nos lleva a un espino solitario. Desde aquí contemplamos la rampa de subida a Los Murllos.
La vía de acceso a la cumbre de Los Murllos busca una rampa herbosa que remonta por la izquierda de los contrafuertes que caen sobre la Boca La Divina. La rampa se desdibuja entre el mundo calizo de la zona superior.
Situados en el solitario espino seguimos unos cien metros por la senda del ganado. La dejamos y empezamos a remontar por las incómodas laderas del Rello, para recuperar la altura perdida. Para enlazar con la rampa de subida no es necesario llegar a la misma Boca La Divina, pero es conveniente si se quiere disfrutar de otro acongojante canalón sobre el Dobra.
Desde la misma collada, siguiendo el rastro de los bichos, iniciamos una travesía hacia la rampa de subida. El terreno, muy inclinado, esconde algunas piedras sueltas, por lo que hemos de tener cuidado de no desprenderlas sobre nuestros compañeros.
Más arriba la rampa se estrecha. A mano derecha sube un canaluco que presenta un resalte en su parte inferior. Mantenemos la dirección unos diez metros más y trepamos por las peñas de la derecha para entrar en la canaluca por encima del salto. Al final de este canalizo, acometemos una nueva travesía hacia la derecha, poco aérea sobre el mismo, para ganar la cresta de la cumbre.
He de advertir que la subida aquí descrita no es la más sencilla, pues siguiendo unos metros por la desdibujada rampa de ascenso entraríamos en un terreno que, aunque inclinado, no presenta dificultad, y sube a ganar la cresta cimera más cerca de la cumbre. La diversidad de opciones se debe a que esta vertiente de la Sierra de Amieva está muy trillada por las cabras y ovejas, que dejan el rastro de miles de veredas. Cada montañero ha de escoger la que más se adecue a sus capacidades y evitar las que se desvían en demasía de su ruta.
Cresteamos, en un magnífico ambiente poco acorde con la modesta altura de estas peñas, hasta alcanzar la cima de Los Murllos. Continuamos por la arista sin detenernos, en dirección al pueblo de San Román. En las pindias laderas que caen hacia el Dobra crece gran número de árboles.
Llegamos a una horcadita que precede a unos bloques calizos, que nos obligan a abandonar el cresteo. Cogemos una vira descendente (Iº, aunque algo expuesto para este grado) por la vertiente de Amieva. Lo peor son los cuatro primeros metros, donde la peña te echa hacia fuera. Poco a poco se va alejando de los bloques calizos de la arista y se hace andadera. Bordea hasta alcanzar la horcada que ocultaban las peñas calizas de la cresta, aguas vertientes a Amieva y aguas rompientes al Dobra.
Un promontorio, donde encontramos el primer cartel que va delimitando el Parque Nacional de los Picos de Europa, se interpone entre nosotros y Los Redondos. Superado este obstáculo, acometemos el ascenso a esta cumbre siguiendo nuevamente el rastro de los bichos, pegados a las caídas que dan vista al Dobra.
En Los Redondos la Sierra de Amieva adquiere nueva configuración. Lo que hasta aquí era un estrecho cordal, caracterizado por escabrosas crestas e inclinadas caídas sobre las praderías de la Cotada de La Visitancia; se transforma ahora en amplios valles y bellas vegas aptas para el ganado caballar y vacuno. Desaparece el concepto de cresta y ganan terreno las cuestas y las vaguadas.
Los Redondos - Vo de Timarru - Valle de Cosagre - Ería de San Román - San Román (2 horas)
Siguiendo la línea del Parque Nacional bajamos a la Vo de Timarro. Si anunciábamos un cambio en la configuración de la sierra, hemos de reseñar que esta transfiguración geográfica se corresponde con una alteración toponímica. Es decir, que las colladas que en el extremo sudoccidental del cordal se denominaban "boca", ahora pasan a designarse con el vocablo "vo" / "voz". La Vo de Timarro es el collado que separa Los Redondos del Primiellu. Hacia el Dobra se extiende una alargada vaguada de verdes camperas, que se abre camino entre las laderas de estas dos cimas señeras de la sierra. Este valle recibe el nombre de Campera Llarga.
Desde la Vo de Timarro bajamos hacia el Sudoeste. Aún perviven los tornos del antiguo camino que subía a la majada de Timarro. Las ruinas de este antiguo asentamiento ganadero se esconden más allá de Campera Llarga, precediendo los abismos que miran al Dobra.
La ladera que cae sobre el pueblo de Amieva está interrumpida por una alargada plataforma, integrada por tres vegas. Se trata de Seoriu. No es nuestra intención descender a ella; pero por si alguien se decide a conocerla, he de advertir que la atractiva ladera que nos lleva a esta bella llanada de pasto queda interrumpida por una muralla rocosa, en la que se abren multitud de oquedades aprovechadas por el ganado, que pasa desapercibida desde nuestra posición. Lo mejor es ir desviándose hacia la izquierda, entrando por un estrecho sedo que da paso a las camperas de esta parte de Seorio.
Nada más descender -siguiendo con la descripción de nuestra ruta- el tramo mejor conservado del camino de la Vo de Timarru, giramos a la derecha e iniciamos una larga travesía bajo los paredones del Primiellu. Entre estos contrafuertes se forma una corta canal herbosa a la que pueden dirigirse los que aún estén arrepentidos por no haber subido al Primiellu. Nosotros continuamos en llano. Enseguida empiezan a hacerse muy evidentes las veredas del ganado que se dirigen a las dos colladas que se ven al final de la travesía.
El sendero más evidente no busca ninguna de las dos amplias colladas que cierran nuestra travesía, sino que alcanza una horcadita intermedia. Si todavía queda alguien arrepentido de no haber subido al Primiellu en las dos oportunidades que la peña le ha ofrecido (desde la Vo de Timarru o por la canaluca que se abría entre los soleados paredones de esta montaña), aún puede desviarse hacia la cumbre. Basta que se dirija a una canaluca que se forma a la izquierda de los paredones del Primiellu. La horcadita de salida da paso al Valle de Cosagre. En este rincón se forma una pequeña y esbelta aguja.
La parte alta del Valle de Cosagre se estrecha entre las peñas del Primiellu, adquiriendo forma acanalada. Para subir a esta cumbre existe un sendero del ganado. Destaca una pequeñita franja de roca parda. Al final del valle se encuentran las camperucas que preceden a lo cimero del Primiellu.
Nosotros, sitos en la horcadita intermedia entre las dos bellas colladas que marcaron el final de nuestra travesía bajo los imponentes contrafuertes del Primiellu, debemos seguir unos metros hasta llegar a una nueva collada que nos tapa la vista del Valle de Cosagre.
Bajamos todo el valle. El punto de referencia son los prados que se extienden a la derecha de la Collada de San Román. La vereda de la Ería de San Román deja a la izquierda la muria de estas cuidadas camperas, discurriendo por el límite entre éstas y las laderas de la sierra.
Todo el valle de Cosagre está tomado por el matorral. Los senderos del ganado suelen cruzar en horizontal, siendo difícil encontrar alguna vereda que siga la dirección de esta cuesta. A la derecha se encuentran las Cuevas de Cosagre, adonde se dirigen la mayoría de los senderos. Nosotros iremos perdiendo altura de colladuca en colladuca. En estas colladitas se forman pequeñas camperas libres de matorral. En la última collada, fuera ya del desdibujado valle y la más extensa de todas las que nos hemos encontrado, brota un manantial en las entrañas de la peña. El agua discurre por una canalización natural donde se remansa, antes de entrar en contacto con la húmeda tierra y formar una incipiente riega.
Desde esta collada descendemos los últimos metros hacia los prados que nos separan de La Collada de Amieva. Una original muria sigue la línea de cumbre, separando las vertientes de Amieva y de San Román. Antes de llegar a esta zona de praderías, enlazamos con el sendero que nos lleva a la Ería de San Román. Giramos a la derecha e iniciamos una travesía por las tomadas laderas de la sierra.
Llegamos a la muria de los primeros prados de la ería, en la ladera que cae de la Vo de Pozu Redondu (collada en lo cimero de la Sierra de Amieva que precede los inconfundibles contrafuertes del Porrón). En la parte baja del prado hay dos cabañas, una muy chiquita (oculta a nuestra vista según la perspectiva). Pegados a la muria bajamos hasta llegar a su altura. En la entrada al prado cogemos un camino que sale en dirección opuesta. En no más de cinco metros enlaza con el de subida. Nuevo giro a la derecha, ya por terreno conocido, aunque no me canso de recordar que nunca debemos perder la referencia de la muria del prado donde se asienta la cabaña chiquitita. Entramos en el mal terreno no ganado por los vecinos al monte. Atravesando los bosquetes de avellanos y bordeando la tupida cotoya acercándonos a la muria de referencia, alcanzamos la alambrada que nos cierra el paso. Salvado el espinoso alambre y la abandonada muria contigua, entramos en la Ería de San Román. Sólo nos queda disfrutar del bello paseo hasta el pueblo.