CAMINO ANTIGUO: TRESVISO - SAN ESTEBAN DE CUÑABA (travesía)

 

Punto de partida: Tresviso.

Duración: 2 horas 30 minutos.

Desnivel: - 600 metros. Apenas cabe reseñar un par de repechos.

Dificultad: El camino antiguo que unía el pueblo cántabro de Tresviso con el asturiano de San Esteban de Cuñaba presentaba dos o tres trepadas de IIº (poco difícil). Sin embargo, obligaba a superar aéreas travesías e inclinadas laderas. Era el reino del primer grado (Iº), pues durante largos tramos era necesario valerse de las manos para mantener el equilibrio.

En la actualidad se han protegido todos los tramos expuestos con cables de acero. La inclinación del terreno pasa desapercibida ya que se salvan las travesías por un asentado camino. ¡Ojo!, no quiero decir que no haya que descender por canales muy empinadas, sólo pretendo reseñar que se han sustituido los pasos de Iº por un resbaladizo sendero de barro que sólo puede provocar alguna que otra culada.

Es cierto que este antiguo camino estaba en un absoluto estado de abandono. Pero no es menos cierto que presentaba un gran atractivo para los montañeros. La recuperación de los caminos pastoriles es digna de alabar. Recuperar es sinónimo de mantenerlos en su estado primigenio. Sin embargo, las tendencias modernas van por otro camino. Lo único que respetan, y no siempre (como ocurre por ejemplo con el acceso al refugio de la Vega de Urriellu) es el trazado original. De lo demás ... nada. Acero, chapas, presas, postes indicativos, voladura o tallado de la roca; todo un despropósito en aras de potenciar un uso turístico de la montaña agresivo con el medio.

Características: El camino antiguo de San Esteban a Tresviso recorría alguno de los rincones más agrestes de la Sierra de Cocón. Cortos y espectaculares tramos "muriaos" o "calzaos" se integraban en un ambiente solitario y salvaje. Este patrimonio, legado por los antiguos vecinos de estos dos pueblos de montaña, eran mudo testigo de un duro modo de vida respetuoso con el medio hoy en retroceso.

Los pastores asentados en los Picos de Europa han tenido que abrir caminos en la misma peña en busca de pastos con los que alimentar a sus rebaños. Esta red de sedos (pasos malos) está condenada a un nostálgico olvido, fruto de un progresivo despoblamiento de pueblos y majadas. Recorrer estos inverosímiles pasos ganados a la peña supone reencontrarse con el pasado. Abandonarlos y condenarlos al olvido significa borrar la huella de unas gentes ligadas a la historia de nuestras montañas.

No debe olvidarse que los Picos de Europa son un conjunto montañoso modelado por la mano del hombre. El actual estado de regresión de un modelo de vida tradicional pastoril afecta negativamente a la comprensión de este sector de la montaña cantábrica.

Sin embargo, las actuaciones llevadas acabo en nuestras montañas son, si cabe, más lesivas que la pérdida de ese modo de vida tradicional. Atentan contra nuestro patrimonio etnográfico, pues convierten antiguos caminos en auténticas vías - espectáculo; degradan el medio por favorecer la masificación de los últimos rincones vírgenes y, por último, potencian el turismo mal llamado "activo" en detrimento del montañismo.

Frente a las voces que claman por una explotación razonable de los espacios de montaña y acorde con sus valores, curiosamente fundadas en los principios éticos del montañismo, derivados del respeto a las reglas de juego impuestas por la misma montaña (alpinismo de renuncia, filtro del esfuerzo físico, respeto a la historicidad de una vía, escalada limpia); como digo, frente a estas voces, el Organismo Autónomo Parques Nacionales (responsable de la conservación de los espacios naturales) y las federaciones de montaña (responsables de divulgar los valores del montañismo) se ponen del lado de las posturas especuladoras. Apoyan el desarrollo turístico de la montaña y acometen obras que la degradan y la rebajan, desposeyéndola de todos aquellos valores deportivo - naturales cuya aceptación por los montañeros los define como tales.

La señalización de senderos en la media y alta montaña; el acondicionamiento de caminos (bien colocando ferratas o volando los tramos más expuestos); la instalación de refugios (en vez de potenciar el desarrollo de los pueblos creando una red de albergues en sus límites urbanos) y el sobreequipamiento de las vías de escalada (ignorando el espíritu de sus primeros ascensionistas y la evolución de nuestro deporte) se han defendido como actuaciones dirigidas al beneficio del montañero. Sin embargo, no hacen otra cosa que desprestigiarle como deportista, pues conllevan una humanización de la montaña que se traduce en una vulneración fraudulenta de las reglas del juego.

Ignoramos el pasado de los habitantes de nuestras montañas, nuestro patrimonio etnográfico; pero también ignoramos la historia del montañismo, del descubrimiento de las cumbres, y los fundamentos de todo deporte (esfuerzo y superación, evolución en suma). Así, las federaciones de montaña apoyan una concepción de la montaña que atenta gravemente contra los principios éticos del juego limpio, rebasando impunemente los límites que en cualquier otra disciplina deportiva acarrearían fuertes sanciones.

Con el agravante de que esta concepción de la montaña no sólo rebaja al montañero, sino que favorece una inasumible masificación de un medio frágil y con escasa capacidad de regeneración.

 

 

Descripción:

Accesos

  1. Tresviso. El acceso al pueblo cántabro de Tresviso tiene lugar por Asturias. La estrecha carretera de montaña que comunica este pueblo es continuación de la que sube a Sotres. Ésta se coge en Arenas de Cabrales. Remonta por el margen izquierdo del río Cares (sentido ascendente de la marcha) hasta el embalse de Poncebos. A la cabecera del mismo se pasa un túnel. Al otro lado se encuentra un cruce. El ramal de la izquierda remonta el desfiladero del río Duje, donde se asienta el pueblo de Tielve, y alcanza el núcleo de Sotres (a unos once kilómetros de Poncebos).
  2. Aún resta por salvar un fuerte desnivel hasta los invernales de La Caballar. Luego la pendiente se suaviza. Tras pasar el Jitu de Escarandi se inicia un corto descenso para, sin solución de continuidad, acometer un nuevo repecho por la derecha de una vega. Apenas se descienden unos metros y se llega al Hoyo El Tejo, donde encontraremos una explanada que es cruce de caminos. Hacia el Sur sube la pista minera de Ándara. Al Este, atravesando toda la explanada, baja la de Bejes. La carretera continúa hacia Tresviso cortando las laderas que caen sobre el Valle del Sobra (donde hace años se instaló una inútil presa).

  3. En Panes se coge la carretera que se adentra en el Desfiladero de La Hermida (en dirección a Potes). Dentro del desfiladero se encuentran las localidades de Estragüeña y Rumenes. No son más que casas aisladas sitas a la orilla de la carretera. El desvío a San Esteban de Cuñaba se esconde en esta última localidad, la de Rumenes. El cruce se oculta a la salida de una curva a mano derecha, junto a la antigua venta de Rumenes. La torre que se eleva al Sudoeste es la Torre Árguma, y por las laderas herbosas que cuelgan a gran altura sobre la carretera, atraviesa el camino antiguo que unía San Esteban con el pueblo cántabro de Tresviso.

La sinuosa carretera de montaña de San Esteban se adentra en la Canal de Ciercos. Aparte de las cerradas curvas del inicio, sólo han de reseñarse un par de giros sucesivos muy pronunciados. Sigue faldeando sobre el río San Esteban. Más arriba, en una curva muy cerrada a la derecha, se sigue de frente, dejando así la carretera principal que sube a morir a Cuñaba.

El ramal secundario de San Esteban baja al río del mismo nombre. Un corto pero durísimo repecho permite acceder al pueblo.

Camino antiguo: Tresviso - San Esteban (2 horas 30 minutos)

Tresviso es un bonito pueblo de montaña arrinconado en una pequeña vaguada de la soleada vertiente Sur de la Sierra de Cocón. Cuenta con ayuntamiento propio, único modo de solventar administrativamente su secular aislamiento. Su economía, eminentemente ganadera, gira en torno a la elaboración del quesu Picón. Similar al de Cabrales, pero con la ventaja de tener algunas de sus principales cuevas de maduración en la alta montaña.

Al Noreste del pueblo destaca la Horcadura del Canto, un modesto cotero que preside las abiertas laderas de esta parte de la sierra. Este bonito mirador está colgado sobre las inclinadísimas pendientes que se descuelgan sobre el pueblo asturiano de San Esteban de Cuñaba. En esta sombría vertiente norteña de la sierra, un complejo laberinto de paredes, canalones y pindias laderas, los pastores asturianos han encontrado múltiples pasos hacia lo cimero de la sierra; quizás el más sencillo (dentro de la común complejidad) sea el que sube por Encinas hacia las colladas situadas al Este de la Horcadura del Canto (1.272 m.).

Según entramos en Tresviso nos dirigimos al Ayuntamiento. Sin bajar a él, se sigue por la hormigonada pista que pasa por arriba del edificio, dejándolo, junto con la iglesia, a mano derecha. Subimos hacia el Norte, en dirección a la sierra. Más arriba, se coge un hormigonado ramal que sale a la derecha, hacia unas cabañas. En el entorno destaca la antena que da señal al pueblo. No hay pérdida, pues ya se encuentra el primer poste indicador, con la parte superior pintada de rojo.

Se pasa por la derecha de las cabañas. Una pila de cuchu borra parcialmente el camino. Continúa en llano por terrazas de pasto, atravesando un irregular bosquete. No se tarda en salir a la abierta ladera.

El camino antiguo de Tresviso a San Esteban de Cuñaba atraviesa a media ladera toda la vertiente sureña de las estribaciones orientales de la Sierra de Cocón. El primer tramo discurre entre un marcado camino que asciende en dirección a la base de la Horcadura del Canto y la pista que baja a los invernales de Prías.

Esta pista se utiliza para dar acceso a las praderías del pueblo. Discurre paralela a nuestro camino, pero mucho más baja. Mientras ésta inicia un largo descenso hasta los invernales de Prías, nuestro sendero afronta una ligera subida para situarse sobre los paredones que presiden esta zona de cabañas.

Ha de realizarse un corto descenso, protegido por los primeros pasamanos de acero, antes de continuar la cómoda travesía por las laderas de la sierra.

En la parte inferior de estas laderas destaca un camino carretero. Aunque tiene el ancho de una pista no es apto para vehículos. Durante muchos años fue la vía normal de comunicación de Tresviso con el Desfiladero de La Hermida. Su origen minero explica la existencia de algunas bocaminas en los alrededores. Con la construcción de la carretera, este antiguo camino carretero pasó a tener un uso más turístico que vecinal. Hoy es conocido como la ruta de Tresviso, aunque su nombre original es la Senda La Peña

A la izquierda de nuestro camino sale un difuso sendero. Está marcado con pintura amarilla. En el futuro las guías de montaña serán una triste sucesión de códigos de colores intercalados entre incomprensibles coordenadas de GPS. Las descripciones y reseñas de las rutas pasarán de los modestos manuales a la sufrida montaña, traducidas a un desagradable lenguaje de marcas de pintura que manchará nuestros blancos macizos.

El sendero secundario referido enlaza con la vía normal de subida (por la vertiente cántabra) a la Torre de Árguma. Presentaba una desviación, hoy prácticamente perdida y en desuso, que bajaba al Collao el Árguma.

Nuestro camino, obviamente, no tiene pérdida. Va dando vista al Cuetudave, piramidal montaña que se eleva en el extremo inferior de la Sierra de Bejes. En sus paredes destaca la Caseta de Electra de Viesgo, que recoge las aguas que a ella llegan por El Canal de Reñinuevu, rectilínea línea que corta las sombrías laderas norteñas de la Sierra de Bejes. Por un par de tubos de gran grosor se despeñan las aguas del Canal, que acaban estrellándose con gran fuerza sobre las turbinas de la Central Hidroeléctrica de Úrdón.

Tras cortar en llano la Canal de Coseñores, siguiendo con la inútil descripción de la ruta, a no ser mas que por señalar la toponimia más elemental, remonta unos metros trazando un par de bonitos tornos a salir al Collao del canto Morón. Se denomina Canto Morón al que baja separando las Canales de Coseñores y del Requejo. Las plácidas laderas empiezan a transformarse en profundas y accidentadas canales. Un fuerte descenso nos lleva a la Canal del Requejo. Durante la bajada se da vista a dos cuevas. Frente a su entrada el terreno alcanza un tono verde muy rabioso. Dicha tonalidad es fruto de la exuberante vegetación que brota en los lugares en que se concentran grandes cantidades de animales.

La cueva de abajo es el Tombu Su La Vara. La misma denominación se le asigna a la oquedad de arriba. No obstante, algún vecino de Tresviso la denomina Cueva Árguma. Tal vez por error suyo o por error nuestro en la comprensión de la información.

Se acomete un buen repecho por la Canal del Requejo. Una antaño aérea travesía por las peñas de la derecha de la canal, permitía el acceso a la cueva del Tombu Su La Vara de Arriba. Este abrigo del ganado se encuentra en el centro de las verticales caídas de la Torre de Árguma. Desde la cueva se ataca la incómoda, inclinada y caótica ladera del otro lado. La cantidad de caliza ha dificultado los trabajos de los urbanizadores del monte. Por el cegado canalón herboso que cuelga sobre nosotros iría la variante en desuso antes mencionada. Una estrecha vira permite alcanzar las proximidades del Collao el Árguma, donde se une a nuestra ruta.

Se entra en el tramo más agreste de la travesía. El camino desciende unos metros y queda colgado sobre una -otrora- imponente caída. La horcada que se ve más abajo es la Jorcá el Picayu.

Una breve travesía horizontal (la Pasá del Picayu), sobre lo que fue un acongojante desventío, finaliza en un destrepe donde se habían calzado unas piedras para facilitar el paso. Hoy una doble línea de cables ahogan cualquier tipo de sensación.

Tras el destrepe, el camino se comprime en un apretado y pindio canalón (la Canaluca del Picayo). En fila de a uno se sale a una canal herbosa, de gran inclinación y colgada sobre los verticales canalones que caen encima de los tejados de Urdón (en el Desfiladero de La Hermida).

La configuración del terreno nos empuja a una profunda horcada, delimitada entre los espolones orientales de la Torre de Árguma y una rolliza aguja.

Al otro lado se entra en El Árguma, una inclinada ladera herbosa que pende sobre el Desfiladero de La Hermida. En las paredes de la izquierda se encuentra la cueva del mismo nombre. Subiendo ladera arriba se llegaría a la Torre de Árguma (1.102 m.), bonito balcón natural para disfrutar de una auténtica perspectiva a vista de pájaro del pueblo de San Esteban.

Se atraviesa en sentido descendente la inclinada cuesta que baja de la Torre de Árguma. Presenta unos metros en que deben estremarse las precauciones (se habrá terminado el presupuesto para el cableado). Por una colladita se pasa a un terreno donde la inclinación de la ladera se suaviza. Abajo, en lo más profundo del desfiladero, descubrimos las casas de Rumenes.

Este tramo, antaño conflictivo en caso de niebla por su amplitud, ya no requiere ningún comentario, aparte de mencionar que estamos girando hacia la vertiente Norte de esta parte de la Sierra de Cocón. El terreno más vertical que se empieza a abrir a nuestros pies configura la parte superior de la Canal de Obreros. Cruzamos por encima de este embudo para descender a una collada que se encuentra a la derecha de un imponente porro. Este collado separa la referida Canal de Obreros (que baja al Collao del mismo nombre) de la Canal de Retriegapiernas. Nos tiramos a ésta. A medida que pierde altura va estrechándose hasta quedar colgada sobre un impracticable salto. Hemos de dejarla para subir por un canalón secundario que se une al principal por nuestra izquierda. Remontamos una corta pedrera alcanzando la pared del pared del otro lado.

Lo que era un bonito tramo muriao con travesía algo aérea incluida (IIº), hoy se ha eliminado a base de acero y piqueta. Una cóncava ladera nos deposita en un collado. Nos tiramos al otro lado por una inclinada pendiente. Con tendencia a la derecha, evitando el salto de este canalón, quedamos encerrados en una estrecha horcada. En la actualidad cuenta con un quitamiedos o mirador de madera, para disfrutar sin miedo del desventío que se abre sobre la escupidera inferior de la Canal de Retriegapiernas.

De nuevo han de destreparse unos metros. Durante años bastaron unas piedras bien asentadas para facilitar este sencillo paso. En pleno siglo XXI, es necesario destrozar el pasado a base de cableado. El angosto canalón al que accedemos, muy inclinado y que se va cerrando para configurar un auténtico embudo, es la Canal de Las Tejucas. En el estrechamiento inferior se forma un salto . Debe hacerse una breve travesía sobre esta zona más inclinada, dificultada por ser zona de desagüe de la canal (y entorpecido el paso por un cable tendido a una altura totalmente incorrecta), para alcanzar las rocas de la derecha del embudo. Para salvar este salto se han instalado más cables. ¿Cómo explicar hoy a la gente, que la primera vez que subíamos desde San Esteban buscando este camino, tuvimos que volvernos, no sin dificultad, en este punto? ¿Justifica el miedo o inexperiencia de unos, el ocasionar un daño irreparable a una ruta histórica que solo requiere aprender a manejarse un poco por las escarpadas montañas cantábricas? No ha de confundirse seguridad con comodidad. Actualmente existen mil formas de asegurar un paso sin dejar huella en la montaña, pero requiere acarrear el material y contar con guías o compañeros experimentados que sepan encordar sin riesgo a la gente. Y no olvidemos que dar la vuelta no es deshonroso; lo realmente triste es destrozar la montaña para las generaciones futuras, borrando todo rastro de nuestro pasado o destrozando una bella línea natural de trepada /escalada, para satisfacer una "conquista inútil", para presumir en el chigre o para completar la ración semanal de falsa adrenalina. Justificar estas actuaciones para democratizar la montaña, facilitando el acceso de todos al último rincón del más escarpado macizo, es olvidar que hay rutas con hermosas vistas de gran sencillez para disfrutar toda una existencia sin complicarse la vida; aparte de ignorar que estamos mostrando una imagen distorsionada y errónea de lo que significa la montaña, que parte de desconocer y negar millones de sensaciones que acompañan toda ascensión y que cualquier huella humana borra para siempre.

Afrontamos las últimas travesías. A riesgo de resultar pesado (y sé que lo soy), señalar que lo que hoy se pasa con las manos en los bolsillos, hace unos pocos años requería de nuestras manos y de los cuatro sentidos: ¿Dónde ha ganado aquí el montañismo?

Cruzamos unas peñas calizas e iniciamos el descenso al Collao Medio. Si seguimos a la derecha (Este), bajo las paredes donde se ocultan las canales de Las Tejucas y de Retriegapiernas, llegaríamos al Collao Obreros. El camino que une ambos collados continúa hasta la carretera del Desfladero de La Hermida.

Nosotros bajamos por una valleja que hay a la derecha del Collao Medio (Oeste). A la sombra de unos bellos ejemplares de hayas, se alcanza la parte inferior de la valleja. Aquí encontramos una bifurcación de caminos. El de la derecha baja al área recreativa de Robicores, lo mismo que el de la izquierda (que afronta una travesía por una zona de roca, para tirarse -a continuación- monte abajo). El camino marcado es éste. Cabe reseñar que, un poco antes del área recreativa sale un nuevo sendero a mano izquierda. Siguiéndolo se enlaza con una serie de pistas que bajan a San Esteban.

En el área recreativa de Robicores, al abrigo del monte del mismo nombre, se coge el asentado camino que, en llano, alcanza el mirador que da vista al pueblo de San Esteban, al que ya llegamos por una pista.

 

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