LA HUERA - DERRABÁU - JUCANTU - BOYA L'IMPUEBU - COCOBA - RUBRIELLOS - VIDOSA (travesía)

 

Punto de partida: venta de La Huera.

Duración: 6 horas.

Desnivel: 1.100 metros (aprox.).

Dificultad: Iº. Señalamos una dificultad técnica de primer grado por lo inclinado del terreno. Las abruptas laderas del Desfiladero de Los Beyos estuvieron surcadas en su día por una amplia red de caminos pastoriles perfectamente acondicionados. Su actual estado de absoluto abandono ha convertido estos pasos en laberínticas sucesiones de riegas, cangas, maedas, cuestas y riscos.

Es una ruta fácil para montañeros, baste decir que a Derrabáu suben las vacas. El único problema radica en enlazar correctamente la sucesión de cangas, cuestas y traviesas que conducen a la majada.

Características: En el mismo punto donde se inicia la ruta se han grabado las palabras de Paul Labrouche comparando el Desfiladero de Los Beyos con otros afamados desfiladeros mundiales. El Jucantu, junto con La Conia, Canto Loto y La Plana, pueden ser considerados los más bellos miradores naturales para descubrir las entrañas de Los Beyos.

Hablar de majadas en las colgadas cangas que penden sobre el río Sella parece ridículo. Los pastores aprovechaban cualquier paré (peña abombada hacia el interior, dando forma a una plataforma resguardada de la lluvia donde se cobijan cabras y ovejas) para hacer sencillas construcciones de piedra con una finalidad ganadera. Sin embargo, en lo más alto, en la misma base del Jucantu, una amplísima collada de buen pasto esconde una de las majadas más importantes de la margen derecha del Desfiladero de Los Beyos: El Derrabáu.

Vestigios de la frenética actividad pastoril se encuentran a escasos veinte minutos de Vidosa. Las ruinas de lo que en su día fue el pueblo de Rubriellos son la triste imagen de un modo de vida que se extingue. Sólo un hórreo y una cabaña, esta sita a las afueras del antiguo pueblo, se conservan en pie gracias al empuje de Lorenzo y sus hijos. Prácticamente todos los rebaños de cabras, vacas y ovejas que se puedan encontrar entre los riscos del desfiladero pertenecen a esta familia de San Ignacio de Los Beyos.

El Aguasalio es una hermosa cascada. El agua se precipita al vacío desde una altura considerable, provocando un ruido atronador en días de persistentes lluvias. No obstante, su proximidad a la carretera hace que no sea necesario realizar esta esforzada travesía para disfrutar de sus encantos.

 

 

Descripción:

Accesos

La Huera y Vidosa son dos establecimientos hosteleros escondidos en las entrañas del sombrío Desfiladero de Los Beyos. Este desfiladero se inicia propiamente en Ceneya (donde sale el ramal de carretera que sube al pueblo de Amieva). Tras el caserío de Rañes la carretera se retuerce en estrechas y cerradas curvas a la sombra de verticales peñascos. En un corto tramo recto que se encuentra a continuación, un ramal cruza por un poco agradecido puente para encaramarse a lo alto de un peñasco. Es la entrada a San Ignacio de Los Beyos.

Seguidamente viene La Redonda, una pequeña pero en ocasiones caudalosa cascada que se ve al lado de la carretera. Pasada La Redonda se inicia un tramo de suave ascenso hasta dar vista a Vidosa. Esta antigua venta ha sido objeto reciente de reforma. Su gran atractivo es la cascada del Aguasalio, mucho más alta y estilizada que la anterior de La Redonda.

De Vidosa a La Huera no hay muchos kilómetros de distancia. En Vidosa un sólido puente cruza a gran altura sobre el río Sella. Al otro lado se encuentra un nuevo cruce. La estrechita carretera que sube a mano derecha permite acceder al pueblo de Viego. La general continúa por la margen derecha del río Sella (sentido ascendente de la marcha). En la vertiente opuesta se ven los restos del antiguo trazado de la carretera, sometido a la acción destructiva de los sucesivos argayos.

Otro colgado puente sobre el río Sella nos devuelve a la margen izquierda (sentido ascendente de la marcha) de esta primitiva frontera natural entre cántabros y astures. Apenas cuatrocientos metros más arriba, los ingenieros volvieron a desafiar la brecha abierta por este caudaloso río de montaña, devolviendo la carretera a la vertiente opuesta. A un lado de este puente se encuentra una inscripción alabando esta obra de ingeniería en pleno corazón de tan hermoso desfiladero. Al otro lado se encuentra la venta de La Huera, junto al cruce que sube a Casielles o a Viboli.

La Huera - Derrabáu - Jucantu (3 horas)

Cuatro son las grandes riegas que vierten al Sella aguas arriba de La Huera desde la vertiente de los Picos de Europa (margen izquierda del río Sella siguiendo el sentido ascendente de la carretera de León o margen derecha siguiendo el sentido descendente del río -criterio que debería ser el utilizado, pero que suele crear confusión cuando se describe una ruta en sentido contrario al curso de las aguas-). Por orden de proximidad a esta venta son: la riega Viarcellos, la riega Tres Puniellos, riega La Provía y La Escosal.

La primera de ellas se precipita al Sella a escasos cien metros de La Huera. Para subir a Derrabáu es necesario adentrarse en sus profundidades. El camino se inicia junto la inscripción que evoca las bellezas del desfiladero, según las palabras de Paul Labrouche. En el dudoso e hipotético caso de no dar con el sendero baste decir que pasa por encima del "cartel".

A unos diez metros de la inscripción se encuentra un camino bien acondicionado en su comienzo. En la actualidad está muy tomado por la maleza. Para evitar este inconveniente es preferible subir por la gravera que se forma entre el camino y la peña donde se ha colocado la inscripción. Se tira gravera arriba hasta chocar con un sendero que la cruza de izquierda a derecha. Entra en Los Cabidos, un estrecho paso sobre el "cartel". Al otro lado entra en una ladera colgada sobre el río Sella, en la vertiente contraria a la de la carretera pero a mayor altura.

El siguiente paso es entrar en la riega Viarcellos. Para superar el canto rocoso que nos separa de su cauce, debe ganarse algo de altura (el punto de referencia es un espino que crece en el canto). El camino, en tramos "muriáu" o "calzáu", acomete cortos tornos -ganados a la desnuda roca- para remontar los metros necesarios. Una vez a la altura del espino pasa al otro lado del canto, dando vista a la sombría riega Viarcellos. Hay que descender unos metros y enseguida se retoma el sentido ascendente a la par de la riega.

Riega arriba una gran pared nos cierra el paso. Sólo la fuerza erosiva del agua, actuando sutilmente con una paciencia infinita, y tras miles y miles de años disolviendo la "blanda" caliza, ha logrado abrir una profunda tajada. Al impaciente humano sólo le quedan dos opciones. A la derecha se forma un collado. Es el paso utilizado por los pastores para entrar en la riega Tres Puniellos. Una vez en su cauce, y siguiendo contracorriente por el angustioso cañón, evitando el fluir del agua y adentrándose en una especie de madriguera para salir a la parte superior de uno de los saltos de la riega, podían buscar las cangas de la derecha para salir a la riega La Provía; o volver hacia la izquierda y subir a la majada de Los Quiegos, en una cuenca herbosa que se forma al pie del Cuetu Naviosu.

La segunda opción, dejando la subida de Los Quiegos para otro día, sería tirar a la izquierda. A esta mano se encuentra La Canga, una estrecha franja herbosa que remonta pegada a la peña. Es necesario ir acostumbrándose a este tipo de terreno, pues es una constante en todo el desfiladero. Más que de una caída vertical desde las cumbres que lo presiden, debe hablarse de un vertiginoso escalonamiento; es decir, las verticales paredes calizas que caen hacia el río Sella se interrumpen constantemente, gracias a un entramado de cangas o traviesas herbosas que configuran ese característico escalonamiento beyusco. Estas cangas permiten pasar de una riega a otra y, lo que es más importante, constituyen la opción natural elegida por los pastores para ir ganando altura entre las paredes del desfiladero, conduciendo a sus rebaños a los pastos altos.

Como decíamos, se deja la riega Viarcellos y se remonta por La Canga. Ésta es doble, pues una estrecha franja rocosa separa una canga inferior de la superior, pegada a la pared de la derecha. Se sube por ésta. En la parte final, a la altura de unas construcciones de piedra aprovechando un resguardado paré, se pasa a la canga inferior (situada prácticamente al mismo nivel que la, en su inicio, superior) con la que llega a confundirse. Se alcanza la horcadita de salida.

Conviene señalar que una constante en las cangas es que la estrecha panda herbosa se halla delimitada entre una pared caliza y un canto rocoso. Éste puede no existir, abriéndose en su lugar un corte de diversa consideración. En la horcada de salida de La Canga este corte adquiere gran dimensión. Si nos asomamos a él, veremos el techo de la venta de La Huera sumido en las oscuras profundidades del Desfiladero de Los Beyos.

Al final de La Canga se remonta por las peñas de la derecha. Se conservan restos del antiguo camino. Se trata de subir al paré que se levanta sobre nosotros. Este abrigo para el ganado y la empinada ladera, antaño de pasto, que cuelga sobre el río Sella, reciben el nombre de La Traviesa.

Al llegar al paré se gira a la izquierda (retomando el sentido que seguíamos al subir por La Canga, alejándonos de la riega Viarcellos), en busca de un canalón oculto a nuestra vista.

Este empinado embudo se encuentra pegado al paré de La Traviesa. Una vez que alcanzamos su entrada se deja la traviesa que continúa en llano hacia la Canal de La Llerena y se gira a la derecha, embocando este sombrío estrechamiento. Esta costa subida obliga a valerse de las manos para mantener el equilibrio (Iº), complicando el paso de las vacas; de ahí que se le conozca como La Maeda (maeda: paso malo para las vacas).

Al final del canalón cogemos una breve canga que sube a la izquierda. La horcaduca de salida de este corto tramo se encuentra bajo un arbolín que crece en la peña. Al otro lado se vuelve a tirar a la derecha. Como en el caso de La Canga o de La Maeda, se trata de un giro para ganar altura, supondría subir paralelos a la riega Viarcellos. Pero en este caso se hace un nuevo giro, sin solución de continuidad, a la derecha, buscando una traviesa que seguimos en sentido opuesto al seguido en la canga de salida de La Maeda; es decir, que iremos en dirección a la riega Viarcellos.

De lo que se trata es de realizar una travesía colgada sobre La Maeda, cruzando un canalón de inclinada hierba que es la continuación superior de aquélla, separados ambos por un corte que nos ha obligado a este rodeo. Entre las peñas que se alzan en la parte cimera de la caótica ladera que hay sobre nosotros, se aprecia una zona verde en forma de triángulo invertido. Destaca asimismo el tono bermejo de la pared que hay detrás de ella. Se trata de Treslaguya, por donde deberemos pasar después.

Por el momento mantenemos la dirección, siempre buscando de nuevo la riega Viarcellos, pero ganando altura sin descanso. Poco a poco nos iremos adentrando en una amplia ladera inclinada, colgada sobre La Traviesa. El pasto ha degenerado en un tupido manto de matorral.

Se puede llegar hasta el canto que cae sobre la riega Viarcellos. Al otro lado del profundo canalón formado por la acción erosiva de esta riega, destaca una peña tomada en su mayor parte por la vegetación, es el Cuetu Naviosu. Bajo ella se encontraría la majada de Los Quiegos; sobre ella el Cuetu Palombu de Rúes, una esbelta aguja que se mantiene en equilibrio en los inexpugnables paredones cimeros del Desfiladero de Los Beyos.

No es necesario llegar al canto que da vista a las profundidades de la riega Viarcellos, sino que ha de buscarse una corta canal "avaguadada" que se halla en la parte superior de esta inclinada y tomada ladera del Robedal. Para entrar en ella no hay más que pasar unas matas de avellanos que se niegan a crecer.

Este tramo es pindio, con algo de llambria, pero corto. Sube paralelo a la riega Viarcellos (aunque a distinto nivel), hasta chocar con una nueva pared caliza. A mano derecha se abre otra nueva canga que se precipita sobre la riega. Nosotros debemos girar a la izquierda (alejándonos definitivamente de la riega), por otra canga herbosa que remonta pegada a la trabajada y vertical llambria que nos cierra el paso hacia las laderas superiores. Delimitando la canga por la izquierda, destaca una sucesión de bellas agujas. La más importante de todas es La Aguya, que da forma a la estrecha horcada de salida de esta cuesta herbosa algo tomada por la maleza que estamos subiendo. Este diente calizo es un "jito" natural que señala el paso hacia la impresionante travesía de Treslaguya.

Se pasa por la horcada que se forma a la derecha del solitario peñasco de La Aguya. Por la vertiente opuesta el sendero desciende unos metros entre incordiantes avellanos. Gira enseguida a la derecha, iniciando la travesía de Treslaguya. Se trata de una cuenca herbosa de gran inclinación que se precipita por un embudo vertical colgado sobre la caótica ladera inferior. Este paso sólo requiere un poco de cuidado en la parte final, donde el sendero está más perdido.

Para salir de Treslaguya existen tres cangas paralelas. La de la derecha, la que alcanza mayor altura, aparenta ser muy delicada. En la intermedia se aprecian restos de una de esas construcciones pastoriles para aprovechamiento de los escasos refugios naturales que se ofrecen al ganado. Nosotros hemos de dirigirnos a la de la izquierda, cuya horcada cimera se sitúa a un nivel inferior al de sus compañeras.

Una vez que se llega a la horcada se gira a la derecha. Se trata de subir enlazando las horcadas somitales de las dos cangas que hemos desechado. Para pasar de la segunda a la tercera debe superarse una corta trepada (IIº). Por tramos vuelve a encontrarse el rastro de lo que, en su día, tuvo que ser un buen camino ganadero de gran tránsito.

Se sube con la referencia del canto, con leve tendencia a la izquierda (hacia éste). Se llega a una alambrada. Un poco más arriba, entre dos peñas se forma un breve estrechamiento. Hay que remontar hacia la peña de la derecha. Una travesía por su cortada llambria nos deposita en la base del canalón que se sube sin más problema.

Se sigue ganando altura por todo el canto. Una zona más abrupta de peña puede salvarse por la derecha. Este último obstáculo precede a una collada de gran belleza. Llama la atención desde la mismísima carretera del Desfiladero de Los Beyos. Bajando de Oseja de Sajambre hacia Asturias, desde el mismo puente donde se encuentra el límite entre esta Comunidad Autónoma y la Provincia de León, se ve recortado en el cielo el canto que se acaba de subir (además de la majada de La Traviesa y la mancha verdosa del Robedal). Esta cresta, que desciende del Jucantu, se halla interrumpida por una amplia collada de verde pasto donde el desnivel se suaviza.

Sorprende encontrar en estos abismos tal extensión de pasto. Disimuladas entre las escasas rocas sobreviven las ruinas de lo que fue la majada del Derrabáu. Desde el cotero que cierra la collada se disfruta de una vista bellísima del desfiladero. Enfrente Peña Salón (omnipresente durante toda la subida) y detrás la inconfundible silueta del Tiatordos. También debemos familiarizarnos con la esbelta silueta del Carriá, caracterizado por las inclinadísimas e infinitas canales que penden de su cumbre. Abajo, escondido en un rincón de su falda, el pueblo de San Ignacio de Los Beyos.

Mirando hacia el Jucantu, el espolón que se levanta sobre la majada, vemos una amplia vaguada herbosa que desciende hacia la izquierda (La Cangona). Es una opción factible para bajar al abandonado pueblo de Rubriellos. Esconde las ruinas de la majada del Estosu. El camino principal de bajada (con el que vamos a enlazar tras subir al Jucantu) atraviesa sobre La Cangona por la ladera que cae de la cresta del Jucantu. Alcanza esta accidentada e interminable cresta en la Boya Reboyo.

A la derecha del Derrabáu baja otra extensa rampa de hierba. Desciende hasta el Valle Ñacero. Es el camino más sencillo para subir al Cuetu Nabiosu. Del Collao Nabiosu, cubierto entre árboles entre el cueto homónimo y el Cuetu Palombu de Rúes, se baja a Las Cruces, donde se puede enlazar con el camino que sube de Los Quiegos. De collado en collado se podría seguir hasta La Ingiesta El Güergu. Inclinada rampa que sube a la sombra de un bonito bosque para comunicar con la majada del Güergu. El collado que separa La Ingiesta de la majada está a la izquierda de la Porra Gonzalo (redondeado e inexpugnable cueto que separa la riega Tres Puniellos de la riega La Provía).

Una vez en el Güergu (que no es más que un paré con una abandonada construcción de piedra en su interior) se sale a la majada de Llagos por el Collao Valdelillo, dejando a la derecha la esbelta silueta de La Plana y Cuatro Picos.

La subida al Jucantu no presenta mayores problemas, aunque ya hace mella en nuestras mermadas fuerzas. Hay que evitar el espolón que baja directo de la cumbre. Puede bordearse por la izquierda, pero lo más aconsejable es hacerlo por la derecha. Así evitaremos una posible trepada de IIº para ganar la cresta cimera.

Se sube toda la campera que hay sobre la majada del Derrabáu. Según gana el terreno en inclinación se va girando a la derecha. Se trata de pasar al otro lado de un falso canto que se adivina a esta mano (éste formaría un triángulo con el espolón central cuyo vértice superior estaría en la cima del Jucantu). Buscando la parte más cómoda se llega a la cumbre del Jucantu (1.389 metros).

La vista más agradecida es hacia el Desfiladero de Los Beyos (hacia el río Sella), pues las más altas cumbres del Valdepino y del Canto Cabronero nos impiden disfrutar de la grandeza de las Peñas Santas y de la vertiente del río Dobra.

Como contrapartida podemos disfrutar de los collados y majadas que se asientan en el valle delimitado entre el Valdepino y el Jucantu: la verde collada en que se esconde la majada de Agüergo, donde baja el camino del Collao de Pasa (a la derecha del Valdepino, tras el que emerge la figura del Canto Cabronero) cortando la ladera de aquella montaña; la majada de Lloes, que se ve parcialmente en la collada inferior a la de Agüergo; la majada de Gioves, oculta a nuestra vista por el monte (bosque) del mismo nombre que se extiende a lo largo de toda la ladera Noreste del Jucantu.

Al Norte destacan Los Cuchillones, en cuya meseta superior sobresale parte de la mancha boscosa que se cobija en la ladera opuesta. En la vertiente Sur se descubren algunas de las cabañas de Baenu. A la derecha de Los Cuchillones está el amplio Collao Joniella, por donde pasa el "camín del carbón" a Los Hoyos del Canellín. El collado superior que se encuentra más a la derecha es el de Ordes, por donde atraviesa la pista que sube de Llerimundi. La majada de Ordes es la primera que se encuentra bajando por esta pista hacia Baeno. La importancia de este enclave ya viene de la prehistoria, pues junto a las cabañas se conserva el dolmen de Ordes.

Jucantu - Boya Reboyo - Boya L'Impuebu - Cocoba - Rubriellos - Vidosa (3 horas)

Del Jucantu se baja por la cresta Noroeste, a caballo entre el monte de Gioves y el camino que sube al Derrabáu por la Boya Reboyo.

El primer gran collado que se encuentra en el descenso de la cresta es la Boya Reboyo donde, repetimos, se coge el camino del Derrabáu. Una vez en esta collada debe continuarse por la derecha de la cresta hacia un collado que se ve dentro del bosque. Pasado este collado se vuelve al canto. Debe prestarse mucha atención, pues en este punto la cresta del Jucantu se bifurca. Se tomará el brazo de la derecha, cuyo inicio está dentro del límite del bosque. Algo más abajo, fuera ya de la mancha boscosa, podrá verse un ojal que se esconde en unas peñas a la derecha del canto.

El sendero, muy perdido, pasa junto a un tronco seco caído. Continúa descendiendo hasta la Boya L'Impuebu. Esta collada ("boya") es fácil de identificar, pues un resalte impide remontar por la cresta que se alza al otro lado. Al igual que en la Boya Reboyo, se trata de una collada de gran amplitud.

De la misma Boya arranca una canal que se precipita hacia el Sella. Por su cabecera iniciamos una travesía en busca de la base de la pared caliza que forma parte del último promontorio de la sierra del Jucantu (al Noroeste de la Boya L'Impuebu). El camino sigue en dirección al Carriá, en llano. Pasa junto a un árbol solitario, hacia un collado. Debemos dejarlo, pues aunque también baja a Rubriellos, es el camino más abandonado.

Nos tiramos hacia abajo, por el canto que cierra por la derecha la canal que baja de la Boya L'Impuebu al río Sella. Nada más pasar un corto destrepe por incómodas llambrias se gira a mano derecha, siguiendo una travesía en llano por la canga que se abre por este lado.

Caminamos en paralelo al sendero que se acaba de desechar (el que tomaba como referencia el árbol solitario), pero mucho más bajos. Más o menos nos avanzamos en dirección al Carriá, pico piramidal que se eleva al otro lado del desfiladero, del que caen pindias e interminables canales. Seguimos dejando un cierre a la izquierda, puesto para proteger al ganado que transita por esta inclinada traviesa, muy dado a arrimarse donde no debe.

Al final de la travesía cortamos la canga inferior, paralelos al doble collado en que ésta finaliza, buscando una vira estrecha que se esconde al otro lado. Otro cierre, delimitando toda la parte inferior de la canga que estamos cruzando, pretende evitar que el ganado se despeñe por el corte que separa esta inclinada extensión de pasto de la más estrecha vira inferior (a la que nos dirigimos). Lógicamente deberemos ir desviándonos hacia la derecha, en busca del punto en que más se aproximen canga y vira de descenso, procurando evitar el salto más alto protegido por la alambrada (siguiendo el cierre hacia la izquierda se llegaría a un árbol que crece en la peña, sobre un buen salto).

Al final de la alambrada (por la derecha) se coge el camino que entra en la vira. Éste, en tramos bien conservado, desciende retorciéndose en el interior de la estrecha vira de descenso, en dirección a una característica llambria tumbada (dentro de su verticalidad), oculta parcialmente por la peña que la precede.

En la parte inferior de la vira se forman dos canalones. Debe desecharse el segundo, el que baja pegado a la peña caliza que se acaba de mencionar. El camino baja a la canal que se encuentra en primer lugar para, sin solución de continuidad, dejarla y tirarse al canto que la separa del segundo canalón. Restos de un "camín muriáu" acondicionado en esta caótica cresta, confirman la opción elegida.

El camino deja el canto rocoso, cruza el canalón de su izquierda y entra en una oquedad de la peña. En esta covacha gira y continúa descendiendo por una gravera poco agradecida. Ya se divisa en toda su extensión la característica llambria que sorprende por su belleza. Es un punto imprescindible de referencia si se pretende subir a la Boya L'Impuebu, pues es perfectamente visible desde el Collao Cocoba. Basta con saber que el camino sube por su izquierda.

Entre la gravera hay un par de bloques fijos de caliza. Al llegar al segundo se continúa en llano totalmente a la derecha. El difuso camino se abre paso entre un mal terreno de llambria y varas de avellano. Cruza el canto por el que bajáramos al finalizar la vira. Un corto descenso, también muy engorroso por culpa de los avellanos, nos devuelve al canalón que nace entre la vira de descenso y el canto rocoso que se acaba de mencionar. Se baja lo que queda del embudo y se vuelve a torcer a la derecha hacia el Collao Cocoba (muy evidente). Nuevamente ha de hacerse mención de los avellanos que crecen sobre el camino, pero en esta ocasión la situación es mucho peor.

En el Collao Cocoba se conservan las ruinas de la antigua majada. Se disfruta de una bonita perspectiva de toda la bajada. La campera del Derrabáu sigue llamándonos la atención.

Si seguimos la línea del collado hasta dar vista al río Sella, encontraríamos una canga inferior que desciende hacia la derecha, ensanchándose a medida que pierde altura. Por ella discurre en cómodos zigzag el camino de las vacas. Nosotros, acostumbrados a caminar por extraños vericuetos, nos decantamos por el ¿atajo? de los pastores.

En el Collao Cocoba, mirando hacia el Sella, tiramos por la pradera que baja a mano derecha (Noroeste). En la parte inferior del prado hay que saltar una alambrada. Al llegar a la zona de árboles el camino corta la ladera de izquierda a derecha, para seguir en esta dirección, en sentido descendente. En el tramo aquí descrito son frecuentes los patinazos por lo inclinado del terreno. Después de una cómoda travesía vuelve a presentar un tramo malo, que invita a dar alguna que otra culada. Baja directo, sin tornos que suavicen su pendiente, hacia una collada/campera.

En esta disimulada collada vuelve a girarse a la derecha, continuando la travesía sobre la cuenca que se precipita al río Sella. Se busca el canto que cierra la vaguada por el otro lado (detrás se ve el pueblo de San Ignacio). El camino pasa cerca del collado superior al que tiene un paré acondicionado para el ganado, a la izquierda de un árbol que hay en el mismo. Baja por la cresta al collado inferior y se topa con una nueva alambrada. Si nos asomamos al corte veremos a nuestros pies el pueblo de Rubriellos.

Se coge la canga que baja hacia la derecha, junto al cierre a morir a un prado inclinado. Al final de la canga se gira a la izquierda. El camino, muy marcado, desciende en cómodos zigzag hasta el pueblo.

Se entra en este antiguo núcleo habitado pasando junto a un hórreo aún en pie. Su parte inferior se halla cerrada con paredes de piedra para guardar los cabritos. Pertenece a Lorenzo, un vecino de San Ignacio que sube todos los días a Rubriellos a vigilar sus cabritos. Dejando una cabaña a la derecha se llega a un cruce muy evidente. El camino que viene de la izquierda puede desviarnos a una línea de cangas que se extienden sobre el río Sella, a una altura insuficiente si se quiere subir a Derrabáu. En este caso, trepando por las paredes (IIº) se podría salir al Estosu (en La Cangona que sube a Derrabáu).

Como nuestra intención es descender a Vidosa, en el cruce que se encuentra en el pueblo tiramos a la derecha. Pasamos junto a lo que queda de uno de los hórreos del pueblo. El estado de abandono de este otrora núcleo habitado es lamentable. La maleza está volviendo a adueñarse de lo que la mano necesitada del hombre le había robado con su esfuerzo. Rubriellos no es sino una prueba más del despoblamiento del campo.

El camino baja con tendencia a la derecha (si se toma como referencia el río Sella). La única posible confusión (aunque dudosa) es un sendero que sigue de frente. Pero lo amplio del camino correcto y la solitaria cabaña de Lorenzo, sirven de referencia para no equivocarse. No obstante, si se elige la opción errónea basta tirarse prado abajo por las posesiones de este pastor.

Entre Lorenzo y sus hijos cuidan los rebaños de cabras, vacas y ovejas. Durante el invierno las suben al Derrabáu. En verano les busca puertos más altos y extensos en la zona de la Cordillera Cantábrica. Cuando nuestro amigo abandone esta dura y sacrificada vida, Rubriellos llegará a ser (si no lo es ya) un pueblo fantasma, y los últimos pasos abiertos por los hombres y sus rebaños en las peñas de Los Beyos se irán borrando irremisiblemente.

Para bajar a Vidosa no hay más que seguir el amplio camino del pueblo que atrás dejamos. Pero antes de finalizar la excursión, en un recodo del camino, cerca ya de lo que en su día fue una venta, se encuentra el sobrecogedor espectáculo del Aguasalio. Por un decrépito puentecillo, con las barandillas dobladas y corroídas por el óxido, pasamos renegando de las gotas de agua que se desprenden de un inmenso salto de agua. Lo sombrío del lugar no invita al chapuzón, pero no impide que nos maravillemos ante la belleza de este maravilloso rincón.

En Vidosa finaliza esta travesía. Las opciones de descenso son varias, pues los dueños del bar han habilitado varios recorridos para acceder a la cascada. Que cada uno busque el que más le guste.

 

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