COVADONGA - ORANDI - LES MESTES - PAN DE COLINES - ORBIANDI - VIZCALLUENGA - NARVES - ESPADAÑAL - PEÑALBA - COVADONGA (circuito)

 

Nota: Este circuito tiene dos tramos comunes con otras dos rutas del catálogo. En vez de remitirnos a las mismas, hemos entendido que es más cómodo para el lector que repitamos aquí sus contenidos en lo que pueda sernos útil. En todo caso reseñar que el tramo original es el central (Pan de Colines - Narbes).

 

Punto de partida: Covadonga.

Duración: 5 horas 30 minutos.

Desnivel: 750 m.

Dificultad: fácil. El abandono de los caminos y la proliferación de la maleza hacen que, durante el flanqueo del Porru Tresllué, haya que salvar un corto tramo muy incómodo en el que debe prestarse bastante atención. Graduaremos el tramo de Iº.

Características: Se trata de un bonito recorrido por las majadas del puerto bajo de la Montaña de Covadonga. Destacar la Vega de Orandi, donde el río Las Mestas desaparece en las entrañas de la tierra para volver a la vida en Covadonga, a los pies de Nuestra Señora. Otro rincón que no desmerece del anterior es Pandelescolines, una abandonada majada arrinconada en una esquina de un extenso puerto, desde la que se contemplan las cimas más señeras del Macizo Occidental. Se asienta en la cordillera que cierra la margen derecha del río Pelabarda.

 

 

Descripción:

Accesos

Covadonga se encuentra a unos once kilómetros de Cangas de Onís. Se toma la carretera de Arenas de Cabrales. Al llegar a La Venta se ha habilitado una rotonda. La primera salida permite entrar en Soto de Cangas. Aún restan siete kilómetros por el valle de Covadonga, donde se asientan los pueblos de La Riera y Muñigu (entre otros).

Covadonga - Orandi - Las Mestas - Tresllué - Pan de Colines (2 horas)

Covadonga es un Santuario Mariano. En una humilde concavidad de la roca, colgada sobre un estanque, se halla la figura de la Patrona de Asturias. A sus pies mana un estilizado salto de agua. Al romper en las rocas del fondo origina un estruendo en el que se confunden las oraciones y los murmullos de peregrinos y visitantes. En Su honor se ha erigido una basílica. Preside la parte final del valle en que se asienta el núcleo de Covadonga.

Este mágico rincón se esconde en el lugar más estrecho del desfiladero, de ahí que fuera elegido por Pelayo para hacer frente a los moros en la batalla que supuso el principio de La Reconquista. Se halla aprisionado entre Priena y el Monte Auseva, entre la desnudez de la pelada ladera de aquella montaña y la exuberante colección de tonalidades de este bosque. La belleza de Covadonga enamoró a D. Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, promotor de los Parques Nacionales. Como fue su deseo, la segunda reconquista, la reconquista de la naturaleza, también partió de Covadonga, con la proclamación del primer Parque Nacional en España, el de La Montaña de Covadonga, el 22 de julio de 1.918.

Covadonga aúna religión e historia con sus bellezas naturales, o al menos así lo afirmó el rey Alfonso XIII en su visita al Santuario el 8 de septiembre de 1.918: "Vamos a hacer algo único en el mundo: unir el arte de la Naturaleza a la Religión y a la Historia en el lugar de nacimiento de una Nación".

Dejando la visita de las distintas maravillas que encierra El Santuario, hay que situarse a los pies de la Santa Cueva, al amparo de la Virgen de Covadonga y escoltados por dos fornidos leones. La intención es remontar el Monte Auseva en busca del curso de agua que alimenta la cascada que se descuelga de este lugar de oración.

Una pista empedrada, por donde discurría el anterior trazado de la carretera de Los Lagos, conduce al cementerio. Al perder de vista Covadonga, y antes de llegar a un cotero calizo que obligaba a la antigua carretera a afrontar una cerrada y empinada curva, aparece el camino que sube a Orandi. No tiene pérdida, al menos si se sigue en sentido ascendente. En caso contrario cabe una posible confusión en el tramo inicial del descenso. Existe una engañosa bifurcación en que debe elegirse la opción de la izquierda, siguiendo el camino que baja paralelo a la traída del agua.

Toda la subida se desarrolla por un hermoso bosque. El sendero marca continuas revueltas, favoreciendo una ascensión muy cómoda. Su piso, de tierra y roca pulida, provoca frecuentes resbalones cuando está húmedo. El recorrido hasta la vega no es excesivamente largo.

Cerca de la parte final del recorrido se llega a una collada donde persisten los restos de unas cabañas. Desechando el camino que continúa ganando altura, no se tarda en entrar en la Vega de Orandi. Se trata de una bonita campera bañada por el río Las Mestas. Su merecida fama se debe a una gran cueva, en la que se adentra este río, que no vuelve a ver la luz hasta que revienta en las paredes calizas donde se encuentra suspendida la morada de La Virgen.

De Orandi a la majada que da nombre al río resta un placentero paseo. Un agradable caminar por piso de hierba, se acompasa con el murmullo del curso de agua que se va dejando a la derecha. A mitad de trayecto se encuentra el Campo del Escobio, una cabaña con un cierre que interrumpe el paso. Una rústica escalera de pocos peldaños, permite salvar este escollo. Cuando se está llegando al siguiente grupo de cabañas, el terreno se hace más abrupto. El camino principal cruza el río, sin embargo es mejor seguir por la misma orilla. La ausencia de puente puede dificultar el paso en períodos de abundante caudal. En este caso el sendero es más fácil de perder. Pero tampoco hay mayor pérdida, pues enseguida se da vista a la majada de Les Mestes y a su fuente. En todo caso conviene señalar que este sendero gana unos pocos metros al poco de separarse del principal.

En la zona de Les Mestes se encuentran varias agrupaciones de cabañas. Interesa reseñar tres de ellas. La primera de ellas recibe este nombre. Se encuentra en la margen izquierda del río que muere en Orandi. Es la primera a que se da vista cuando se sube desde Covadonga. Cuenta con un buen puente para acceder a las cabañas desde el sendero secundario aquí recomendado. La fuente de la majada se halla sobre éste, a unos cincuenta metros del puente.

A continuación se encuentra La Vega, segundo grupo de cabañas. En una de éstas vive un matrimonio de pastores. Aún siegan los prados del entorno. El último conjunto de estas construcciones es La Quintana. A gran altura respecto de las anteriores, está oculta entre la arboleda, en la ladera que cae del Porru Tresllué.

El sendero que se ha elegido para subir a Pan de Colines pasa junto a las cabañas de Les Mestes, pero se aleja de La Vega y de La Quintana, a las que sólo tiene como referencia. Tras dejar a la derecha el puente que entra en Les Mestes, se entra en El Pandal. Se trata de una loma de pasto, a tramos tomada por la maleza, que sube a mano izquierda. A nuestra espalda van quedando las cabañas y los prados de Les Mestes. La cuesta va dando forma a una valleja que remonta entre una pequeña sierra que nos cierra por el Norte y la loma propiamente dicha. A su vez, esta llomba se va configurando entre aquella valleja y una incipiente riega. Para dar vista a la riega hay que superar el primer tramo de ascenso hasta una abierta campera. Luego ya se puede ir tirando a la derecha con el fin de acercarse al regón. Se continúa el ascenso, dando vista al Porru Tresllué, para llegar a un bebedero. Un poco más arriba hay un bosquete de espinos, donde se gira a la derecha para iniciar la travesía bajo el Porru Tresllué.

Esta cumbre de fácil subida, se precipita en verticales paredones sobre el valle en que nace el río Les Mestes. La barrera rocosa se extiende sobre la ladera derecha de esta hondonada, para ceder en ímpetu al acercarse a lo cimero de El Pandal. El sendero que hay que seguir discurre bajo este farallón rocoso, por la parte superior del Monte Retortorio.

En los primeros metros de la travesía es fundamental enlazar con el buen camino. Aunque es sencillo ir encontrando restos difusos de veredas del ganado, éstas se van perdiendo entre las cotoyas. Sólo hay un sendero bastante marcado que permite afrontar con mayor comodidad este tramo. Ladera abajo destacan los tejados de La Quintana.

Dos grandes hayas se pegan a la peña. El camino pasa por debajo. Más adelante se encajona entre las rocas y un bosquete de espinos. Se hace muy difícil seguir el rastro del sendero. La maleza convierte este bonito rincón en una pesadilla para el caminante. Un cierre impide el paso al ganado. Se debe a que se entra en un tramo muy malo con algo de llambria. Consiste en una panda herbosa algo colgada sobre la ladera inferior. La senda, más que verla se adivina. Se remonta por una rampa hacia la peña, donde se descubre una pequeña oquedad. Un oxidado cierre dificulta la salida a terreno más abierto. Las molestias e incomodidades, junto con el único paso de la ruta que merece una especial atención, pueden darse por finalizadas.

El camino vuelve a hacerse evidente, tal vez porque se une con otro que sube de La Quintana, mientras se cruza una canal que se abre entre el farallón rocoso que culmina en el Porru Tresllué. A partir de aquí ya no hay pérdida, pues la senda continúa entre la pared y los escasos árboles que logran remontar hasta ella. Cuando se difumina el rastro, basta con ganar altura y pegarse a las verticales caídas del Porru Tresllué.

Esta referencia es válida hasta que se llega a una bonita cueva (Los Burdios). Se ha alcanzado la cabecera del Valle de Tresllué, donde nace el río Les Mestes, y la perspectiva de la Montaña de Covadonga es mucho más amplia, incluso se empiezan a divisar las primeras cumbres de más de dos mil metros: Cotalba, Los Poyones, El Requexón.

Una vez en la cueva resta afrontar el último tramo de travesía, en este caso descendente, para alcanzar la collada que separa el valle de la vega de Tresllué. Esta hondonada de verdes pastos acoge la majada de Tresllué. Está protegida de los vientos por pequeñas sierras calizas que se forman entre el Porru Tresllué y la Porra La Jermosa, aislada peña a cuya derecha destacan los suaves relieves de Pan de Colines.

Tresllué y Pan de Colines están separados por una roma llomba que va delimitando aquella vega por el Este. En la parte superior destacan unas empalizadas de madera donde se puede cerrar el ganado. A un lado se ha habilitado un bebedero.

Pandecolines, quizás reciba el nombre de las redondeadas colinas de pasto que separan la Porra La Jermosa del Porru Caballero, es la parte cimera de las tomadas laderas que caen al río Pelabarda. Su airosa posición favorece una vista preciosa del Macizo Occidental de Los Picos de Europa del que forma parte. Las cabañas están situadas al Este, fuera de la zona abierta al azote de los vientos, buscando el refugio del Porru Caballero.

Pan de Colines - Orbiandi - Vizcalluenga - Narves (2 horas)

El descenso es común con la ruta de ascenso hasta el bebedero construido junto a la empalizada (más o menos). A la izquierda de la loma en que éste está ubicado se va formando una vaguada que se prolonga hacia el Oeste. Queda así delimitado un mundo caótico de peñas, monte y majadas de gran belleza. La línea curva imaginaria que de Pandelescolines se extiende por esta vaguada constituiría su doble límite Este y Norte. Por el Sur y por el Oeste se descuelgan vertiginosas canales, antaño frecuentadas por los pastores, hacia los ríos Pelabarda y Dobra. Ambos límites hidrográficos confluyen en la Mecedura Bajera, vertiendo aquel río sus aguas al cauce principal del Dobra. La cumbre principal de esta zona montañosa es la de Piedras Negras, cuya mole se eleva sobre la majada de Pelordoña.

El camino de Orbiandi busca la vaguada, pero no entra en ella directamente, sino que lo hace por la ladera de la derecha. Para encontrar el sendero hay que seguir descendiendo por la loma, llegando a un cotero calizo un poco desplazado a la izquierda de la misma. Se bordea por esta mano, siempre sobre la ladera que vierte hacia la vaguada; ladera que, a continuación, se atraviesa en dirección a un tupido bosquete que crece en un verde rellano.

En este punto el sendero se vuelve muy difuso. Como se hiciera en la peña caliza, se inicia el bordeo del bosquete por la izquierda. No se tarda en acometer el descenso hacia la vaguada (se pasa al lado de un árbol seco). Por un cada vez más tupido cotoyal, se alcanza un canalón que muere en el Jou del Agua.

La vaguada de referencia que desciende delimitando las caídas norteñas de Piedras Negras, va girando suavemente en busca del río Dobra. Pero su configuración en forma de plácido valle, como queriendo disimular su atormentado destino, no le permite perder el suficiente desnivel como para depositar mansamente sus aguas en el Dobra; sino que al asomarse a este río, nos encontramos con dos líneas transversales en el plano trazadas a distinto nivel. Para unir ambos puntos, valle y cauce fluvial, ha sido necesaria la formación de un plano vertical de llambrias y canalones donde los pastores han abierto los más inverosímiles pasos. Sólo la conformación cárstica del macizo ha impedido la formación de una hermosa cascada alimentada por la riega que debía descender marcando hermosos meandros por el valle.

La engañosa vaguada, que conduce a un destino incierto, presenta en el centro una loma/collada que la separa en dos partes bien diferenciadas. En la primera se forma el Jou del Agua. La riega que desciende por la vaguada choca con una llomba que le cierra el paso. Encarcelada en un escondido jou, lejos de encharcarse dando vida a una hermosa laguna, se sume buscando siempre un cauce con tendencia descendente, ya sea superficial, ya sea subterráneo.

Al otro lado del promontorio se encuentra la Canal de Orbiandi, el valle propiamente dicho. Aprovechando los pastos del fondo se habían levantado dos majadas: Orbiandi de Arriba y Orbiandi de Abajo. Las laderas de la derecha pertenecen a una modesta sierra presidida por el Porru Joulagua (944 m.).

El sendero que traemos atraviesa el Jou del Agua y remonta la pequeña llomba que interrumpe el fluir de la riega. Una vez arriba, no es necesario, aunque sí recomendable, seguir todo el valle hasta quedar colgados sobre el desfiladero del río Dobra. Apuntada esta opción, buscamos la collada que precede a la cumbre cimera de la sierra que cierra la Canal de Orbiandi por la derecha (léase todo seguido y sin respirar, después procédase a su comprensión). Atravesamos toda la ladera sobre el valle de Orbiandi en cómoda subida, tratando de seguir la senda principal, que se cruza y confunde con otras abiertas por el ganado. Tal profusión de senderos se debe a que, precediendo a la collada de salida, se ha construido un bebedero donde las vacas van a saciar su sed.

La vasta collada que se encuentra en las inmediaciones del Porru Joulagua está formada por una bonita llanada de pasto, interrumpida por una gran variedad de acumulaciones de espineras, de ahí que se la conozca con el nombre de Llano les Espineres. Se devola hacia el Noroeste. Al otro lado se abre todo un mundo de jous y peñas, entre los que se deberá ir girando hasta terminar sobre las canales que caen, con orientación Sudoeste, sobre el río Dobra.

Analizando el sendero con más detalle cabe fijar alguna referencia más concreta. Del Llano les Espineres desciende una difusa vaguada (Noroeste). El camino pasa a la derecha de dos árboles secos y de uno caído. Un poco más adelante se abre otra vaguada a mano derecha (donde crece un haya -que se vea-). Obviándola y continuando de frente se divisa un "coterucu" con un árbol al pie. Debe rodearse por la izquierda. Se pasa una collada, iniciándose un descenso hacia un redondeado hoyo donde crecen más hayas. No hay más que bordearlo por la derecha (debe tenerse cuidado para no seguir un camino muy pisado que, sin completar el rodeo, remonta una corta cuesta), para salir por una cuenye que se encuentra al Sudoeste del jou. Como curiosidad reseñar que en este tramo se conservan trazos de un amplio camino empedrado.

Pasado este complejo sector se sale a terreno más abierto. Amplias vaguadas descienden hacia el cañón del río Dobra. Enfrente se extiende la Sierra de Amieva (llamada Viscoba/Bescoba en la parte más noroccidental), de suaves relieves, que se tornan en complejos y escabrosos en la zona horadada por el cauce impetuoso de este río.

Dejamos a mano izquierda las vaguadas que vierten al Dobra, siguiendo en dirección Noroeste. En la sierra que se ve al fondo se encuentran Los Porros (de Vizcalluenga). Marca el punto final del angosto cañón del río Dobra. Sobre las verticales caídas hacia este cauce fluvial destaca una bonita aguja a la que delata el tono bermejo de sus paredes.

Separando las cóncavas laderas que se precipitan hacia el desfiladero, se eleva una peña en cuya ladera Noroeste crecen dos árboles: uno muy frondoso y otro totalmente seco. Obviamente también se dejan a mano izquierda. Poco a poco nos vamos acercando a la majada de Busnuevu (aunque queda bastante baja con respecto al sendero que transitamos). Las ruinas, cobijadas a la sombra de los árboles, contrastan con el antiguo esplendor de su vida pastoril, del que dan fe sus prados trabajosamente delimitados mediante murias. Ensimismados en estos sentimientos nostálgicos alcanzamos la collada que se encuentra sobre la majada (Norte).

Esta majada está separada de las cabañas de Vizcalluenga por una alargada sierra. Sus laderas norteñas descienden sobre los pastos de Narbes; en tanto que las sureñas lo hacen, precipitadamente, sobre las frías aguas, cómo no, del río Dobra.

De la collada, evitando una zona rocosa, se sube a ganar lo cimero de la sierra. Se continúa por todo el cumbre; pero al llegar al cueto final, el más voluminoso, se inicia un flanqueo por su derecha, dando vista a la hermosa majada de Narbes.

Al final de la sierra se forma una confusa collada. Cotoyas, cabañas, prados y caliza alternan desigualmente. Siguiendo la línea de la collada se encuentra el algo transitado sendero que, por Los Porros, pasa a Jucárabu. Dos vaguadas se forman a derecha e izquierda. Ésta sigue la tónica dominante y responde a la llamada del Dobra. Por ello, debemos girar a la derecha (Noreste). El giro debe hacerse al llegar a una cabaña. Entre ésta y la muria de los prados que caen a la derecha de la collada, pasa el sendero que baja de Los Porros. Cada vez más marcado encara una larga ladera. A mano izquierda, al otro lado de la zona de pasto delimitada con murias, se halla resguardada la majada de Vizcalluenga.

Se baja por toda la ladera hasta la hondonada en que se ha construido el bebedero de Narves. Las cabañas se esconden al abrigo de la arboleda, en la franja en que confluyen los pastos con las caídas orientales de la cordillera de Los Porros. La majada se ha erigido aprovechando una fértil hondonada que cuenta con un cauce particular. Una riega nace, crece, riega la vega y muere en el escaso espacio que permite la configuración del terreno. Pastos y arboleda alternan con desigual profusión. Verdes camperas, agua y sombra donde resguardarse en las horas centrales del día hacen de esta majada una de las más importantes de la zona, llegando a soportar una gran carga ganadera.

Narves - Collao Cebeo - Espadañal (30 minutos)

Salimos de la hondonada de Narves subiendo a una vasta collada de campera, entre grupos de árboles. A la izquierda, a la misma mano que se van dejando las cabañas, sale el camino de Ñajuentes, entre un haya (derecha) y un impenetrable bosquete de acebos y avellanos (izquierda)

Se continúa al Norte bordeando un jou por la izquierda. Al llegar al primer grupo de árboles se toma, en un desvío escasamente perceptible, un sendero que baja a mano derecha. Enfrente, al Norte, se ve la majada de Espadañal. Se trata de ganar el canto de la sierra que la precede (Sierra Los Torneros) y que va ganando altura hacia el Este. Hay que acceder, más o menos, a la mitad de la cresta (mejor por defecto que por exceso, pues en caso de no dar con el camino basta ir remontando la cresta hasta dar con él). Dado que el sendero está muy abandonado vamos a tratar de hacer una detallada descripción de la ascensión. Suele haber un poste indicativo, muy deteriorado, en el punto en el que se ha de pasar a la otra vertiente.

Una vez que dejamos el sendero principal que va a Ñajuentes, descendemos hacia una tomada campera (Noreste). Poco a poco la vereda va tomando sentido ascendente, iniciando la subida a la sierra, y deja el tronco seco y sin vida de un árbol a la derecha. De la mancha boscosa que hay al otro lado del canto de la sierra, sobresalen las copas de dos árboles, a diferente altura (destacando más la del de abajo). El poste indicador quedaría en la cresta, en el medio de ambos puntos de referencia.

Una vez en la cresta debe encontrarse un camino acondicionado que desciende por la vertiente opuesta. Está "muriao" por lo que destaca bastante. El desuso de este paso ha provocado que se encuentre parcialmente tomado por la maleza. En caso de no dar con él se puede subir a lo cimero de la sierra y, por un sendero de cabras muy empinado, bajar directos al Collao Cebeo (Norte).

La Sierra Los Torneros está separada de la majada de Espadañal por una vaguada que arranca del Collao Cebeo. Este collado separa asimismo la referida sierra de la Peña Cebeo. El camino que cogemos en el canto se adentra en un bosquete y sale a campo abierto, en plena vaguada por debajo del Collao Cebeo. Para ir a la majada de Espadañal no es necesario subir a él, sino que se atraviesa la vaguada en llano, en dirección a un bebedero. Una vez en el bebedero debe cogerse el sendero superior (hay otro que pasa por encima de nuestra posición y que viene del collado). Más adelante se gira a la derecha a ganar una amplia collada entre un grupo de cabañas próximas a las estribaciones de la Peña Cebeo (y a la sombra de unos árboles) y el cierre de los prados.

Reseñar que del Collao Cebeo se devola hacia Las Mestas. Por esta majada pasa el río que entra en la cueva de Orandi. Resurge de las entrañas de la tierra en una grieta de la Santa Cueva, a los pies de la Virgen de Covadonga. Esta variante es muy bonita también, aconsejable si no se conoce la vega de Orandi. Debe advertirse que para bajar a Las Mestas no debe bajarse directamente desde el collado, vaguada abajo hacia el Este, sino bordear la Peña Cebeo (Noreste) hasta un collado más pequeño. La vaguada que se abre al otro lado permite bajar a Las Mestas/Les Mestes (el sendero esta muy tomado por los helechos y por la maleza).

Una y otra alternativas, por Espadañal o por Orandi, no hacen sino bordear la sierra que se forma entre la Peña Cebeo y la Peña Sienra (última cumbre de esta alargada cordillera que se halla colgada sobre Covadonga).

La majada de Espadañal se extiende a lo largo de una alargada loma. La mayoría de sus cabañas busca la sombra y el cobijo de pequeñas arboledas. Los pastos ya se hallan delimitados con murias, a diferencia de la libertad con la que se mueve el ganado por Narves, quizás porque antes se segaban los prados.

Espadañal - La Raíz - Peñalba - Covadonga (1 hora)

De la collada de Espadañal se baja al Norte, pero dejando a la izquierda el cierre de los prados. Se entra en una vaguada donde encontramos las ruinas de un nuevo grupo de cabañas, es la majada de La Raíz.

Se continúa por todo el valle (Noroeste), dejando siempre a la izquierda el cierre de los prados. Una hermosa campera precede al collado de salida de la vaguada. Alcanzado éste se da vista a la majada de Soperi, en la ladera de enfrente.

El camino sale a mano derecha. Pierde altura en amplios y cómodos tornos, destacando por su estado de conservación. Pero enseguida se pierde al entrar en la campera de la vaguada que desciende hacia la riega que nos separa de Soperi.

Esta vaguada está delimitada por dos lomas. Si atravesamos la de la izquierda llegaríamos a una imponente cueva, donde nace la riega a la que estamos descendiendo. Esta enorme concavidad se oculta en una sombría franja rocosa que interrumpe el valle que baja del Collao Cebeo (entre Espadañal y la Sierra Los Torneros).

Sin embargo, la bajada más directa se tira a la loma que nos cierra por la derecha. Se baja por la llomba hasta llegar a una peña caliza con hayas que la interrumpe. Giramos a la derecha y retomamos el sendero. Antes de llegar a la riega se enlaza con el camino que viene de Soperi.

Ya no debería haber pérdida, pues el resto de la ruta hasta Covadonga coincide, de nuevo, con el SGR 105. Se desciende por la ladera de la margen derecha de la riega. Tras un corto repecho, bastante alejados de ésta, damos vista al pueblo de Llerices y al valle de Covadonga. Continuamos a media ladera. Pasamos por una majada, sólo quedan ruinas, y seguimos bordeando la Peña Sienra hasta llegar a Peñalba.

Peñalba es una hermosa majada, asentada en una no menos guapa collada. La extensión de la zona le proporciona una gran riqueza de pasto, favoreciendo el cercado de los prados. Una vez en la collada debemos seguir las praderas de la derecha (Este), atravesando la alambrada. Cogemos el final de una pista que se dirige a otro grupo de cabañas, en un cotero. A su derecha una enorme campera. No conviene atravesarla, pues la pista/camino gira a la izquierda para evitarla, pasando por debajo de ella.

Al dejar la majada entramos en un hermoso bosque, dando vista a la Basílica de Covadonga. El tramo de descenso que nos resta, por una buena pista, es un bonito paseo al abrigo de los árboles. Además de descubrir gran variedad de pajarillos, que acompañan nuestro caminar con melódicos cánticos, cabe la posibilidad de divisar alguna que otra juguetona ardilla saltando de rama en rama. Abundante es asimismo la presencia del jabalí, que incluso busca comida en los alrededores de Covadonga. Más esquivo y difícil de observar por sus hábitos nocturnos es el tejón.

A la entrada de Covadonga nos entra una abandonada pista por la izquierda. Viene de Muñigu y pretende ser la caja de la solicitada variante que solucione los problemas de tráfico en el Santuario. Lo mejor es quedarse en Covadonga y disfrutar de los rincones y bellezas que esconde, aparte de la obligada visita a la Santa Cueva, donde se cobija la imagen de la Virgen de Covadonga.

A los que quieran seguir andando hasta Muñigu, decir que la pista va degenerando y estrechándose hasta acabar convertida en un mal sendero que, sobre la carretera de Covadonga, atraviesa un tupido cotoyal antes de llegar al pueblo de Muñigo.

 

VOLVER A CATÁLOGO