COVADONGA - PEÑA SANTA DE CASTILLA: vía del Ojal (semicircuito)
Punto de partida: Covadonga.
Duración: 16 horas.
Desnivel: 2.300 m.
Dificultad: Algo difícil (IIIº). El abandono de los caminos y la proliferación de la maleza hacen que, durante el flanqueo del Porru Tresllué, haya que salvar un corto tramo muy incómodo en el que debe prestarse bastante atención. Graduaremos el tramo de Iº. Sin embargo, la verdadera dificultad se encuentra en la trepada a la Peña Santa, una larga vía con algún paso de tercer grado.
A modo de crítica, condenar el grado de deterioro de estos caminos. Mientras se dejan sin acometer labores de mantenimiento de senderos en las que sería suficiente evitar que éstos desaparezcan entre la maleza, se destinan grandes presupuestos para llenar la montaña de vías ferratas o para crear rutas de senderismo (aquéllas que requieren un trazado señalizado con marcas y postes orientativos) en la media y alta montaña. Si se desea potenciar el montañismo deben conservarse los senderos de acceso a la alta montaña, aquéllos que han respondido a las necesidades de subsistencia de las economías ganaderas, y de los que se han servido los primeros montañeros para acercarse a las cumbres más altas de Los Picos. Pero si lo que se pretende es depositar masas ingentes de ciudadanos en un medio hostil para el que no están preparados, haciendo necesario acompañar estas acciones de una compleja red de infraestructuras que amortigüe los peligros de la montaña, séase consecuente y no se vaya predicando el respeto a los espacios de montaña. Así, mientras en los Parques Nacionales se prohíbe, restringe o limita el acceso de los particulares a determinadas zonas; se crean aparcamientos, áreas de esparcimiento y centros de interpretación en el corazón del macizo que se trata de preservar. Al mismo tiempo se mejoran carreteras con una finalidad meramente turística, se mantiene el uso de los remontes mecánicos y se pactan acuerdos para perpetuar la conservación de los refugios de montaña. Esta actuación dirigida a favorecer el acceso de los ciudadanos a las maravillas de la naturaleza, provoca la pérdida de la esencia de lo que se pretende disfrutar. Exige una urbanización de la montaña incompatible con el montañismo. La naturaleza domesticada.
Muchas personas se inician en el montañismo o hacen salidas esporádicas a la montaña. Su campo de actuación debe limitarse a la baja montaña, a recorrer estos senderos y a empezar a familiarizarse con los peligros de la montaña. La conquista de más ambiciosas metas debería ir pareja a su mayor experiencia y a la dedicación y esfuerzo que le dediquen a esta actividad.
Es contradictorio que estos caminos del puerto bajo se vayan perdiendo por el abandono, en tanto que prolifera la masificación en la media y alta montaña. ¿Cómo puede haber masificación en las zonas altas de nuestras cordilleras, si los caminos que salen de los pueblos están dejando de existir? Sencillamente porque para subir a una cumbre ya no hay que caminar, basta coger un coche o un teleférico que nos lleve hasta la falda. Si un paso malo dificulta la marcha se vuela y ya está.
En esta ocasión se propone una ruta de gran exigencia para los simples montañeros. El desgaste físico que inevitablemente provoca el fuerte desnivel que hay que salvar, se ve agravado por la enorme distancia que separa Covadonga del núcleo del Macizo Occidental. El compromiso psicológico que para un montañero supone afrontar la trepada de una pared como la Norte de Peña Santa de Castilla, hace de esta ruta una de las más inolvidables que se pueden realizar en los Picos de Europa.
La posibilidad de vulnerar las reglas del juego, bien valiéndose de la carretera de Los Lagos para reducir artificialmente el desnivel en unos ochocientos metros, con el condicionante psicológico de carácter positivo que esta urbanización del monte conlleva (efecto que igualmente produce la presencia de un refugio de montaña en Vega Redonda, aunque puede disculparse si se prescinde de sus comodidades por hallarse ubicado en una zona de pastoreo donde tradicionalmente hacían majada los pastores y por no haber requerido el acondicionamiento, señalización, voladura o instalación de vías ferratas para su comunicación con el valle), o bien utilizando útiles de escalada no requeridos por los aperturistas de la vía (criticable en la medida que dejen huella de nuestro paso y disculpable en caso de rescate o si se trata de salvar una situación de peligro de despeñamiento por una sobrevaloración del nivel personal); como decíamos, esa vulneración de las reglas del juego, no es admitida en la descripción de estas rutas. Otra cosa es la actitud personal que se adopte con aquellas personas a las que no se haya logrado convencer a través de estas líneas.
En todo caso no puedo menos que aconsejar que se acometa toda ruta de montaña únicamente cuando nuestra preparación esté acorde con las dificultades, de este modo no sólo será más fácil salir de situaciones comprometidas, sino que además, se experimentará una sensación de satisfacción personal (tanto ante los éxitos como ante las retiradas a tiempo), a la que nunca podrá acceder quien haga de la montaña un campo de juego en el que todo vale para hollar la cumbre.
Características: La conquista de Peña Santa de Castilla desde Covadonga responde al esquema ideal de toda ascensión de alta montaña. Salida de la zona de valle, donde se asientan tradicionalmente los núcleos de población por tratarse de suelos fértiles y de gran riqueza, disfrutando de la belleza y suavidad de relieves de la baja montaña.
A continuación se adentra el montañero en el territorio más exigente de la media montaña, menos poblado, predominando las majadas sobre los pueblos. Sólo en espacios abiertos con presencia de praderas se han consolidado asentamientos humanos permanentes descongestionando la zona de valle.
Los dominios de la alta montaña se reservan a aquellas personas que desafían los rigores del clima y las verticalidades de las grandes montañas. Glaciares (neveros en las pequeñas cordilleras), abismos, canales, pedreras, simas y escasez de agua ponen a prueba la preparación de los candidatos a la cima, envolviéndolos en un halo de aislamiento y soledad que oprime los pensamientos y agarrota los músculos hasta su paralización por el miedo.
Gran parte de estos condicionamientos han desaparecido fruto de la explotación turística de la alta montaña; pero si renunciamos a disfrutar de la montaña tal y como ésta ha sido concebida, adentrándonos en la dinámica de acoso por una sociedad urbanizada, estaremos condenados a un mundo artificial sin lugar para los sueños.

Descripción:
Accesos
Covadonga se encuentra a unos once kilómetros de Cangas de Onís. Se toma la carretera de Arenas de Cabrales. Al llegar a La Venta se ha habilitado una rotonda. La primera salida permite entrar en Soto de Cangas. Aún restan siete kilómetros por el valle de Covadonga, donde se asientan los pueblos de La Riera y Muñigu (entre otros).

Covadonga - Orandi - Las Mestas - Tresllué - Pan de Colines (2 horas)
Covadonga es un Santuario Mariano. En una humilde concavidad de la roca, colgada sobre un estanque, se halla la figura de la Patrona de Asturias. A sus pies mana un estilizado salto de agua. Al romper en las rocas del fondo origina un estruendo en el que se confunden las oraciones y los murmullos de peregrinos y visitantes. En Su honor se ha erigido una basílica. Preside la parte final del valle en que se asienta el núcleo de Covadonga.
Este mágico rincón se esconde en el lugar más estrecho del desfiladero, de ahí que fuera elegido por Pelayo para hacer frente a los moros en la batalla que supuso el principio de La Reconquista. Se halla aprisionado entre Priena y el Monte Auseva, entre la desnudez de la pelada ladera de aquella montaña y la exuberante colección de tonalidades de este bosque. La belleza de Covadonga enamoró a D. Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, promotor de los Parques Nacionales. Como fue su deseo, la segunda reconquista, la reconquista de la naturaleza, también partió de Covadonga, con la proclamación del primer Parque Nacional en España, el de La Montaña de Covadonga, el 22 de julio de 1.918.
Covadonga aúna religión e historia con sus bellezas naturales, o al menos así lo afirmó el rey Alfonso XIII en su visita al Santuario el 8 de septiembre de 1.918: "Vamos a hacer algo único en el mundo: unir el arte de la Naturaleza a la Religión y a la Historia en el lugar de nacimiento de una Nación".
Dejando la visita de las distintas maravillas que encierra El Santuario, hay que situarse a los pies de la Santa Cueva, al amparo de la Virgen de Covadonga y escoltados por dos fornidos leones. La intención es remontar el Monte Auseva en busca del curso de agua que alimenta la cascada que se descuelga de este lugar de oración.
Una pista empedrada, por donde discurría el anterior trazado de la carretera de Los Lagos, conduce al cementerio. Al perder de vista Covadonga, y antes de llegar a un cotero calizo que obligaba a la antigua carretera a afrontar una cerrada y empinada curva, aparece el camino que sube a Orandi. No tiene pérdida, al menos si se sigue en sentido ascendente. En caso contrario cabe una posible confusión en el tramo inicial del descenso. Existe una engañosa bifurcación en que debe elegirse la opción de la izquierda, siguiendo el camino que baja paralelo a la traída del agua.
Toda la subida se desarrolla por un hermoso bosque. El sendero marca continuas revueltas, favoreciendo una ascensión muy cómoda. Su piso, de tierra y roca pulida, provoca frecuentes resbalones cuando está húmedo. El recorrido hasta la vega no es excesivamente largo.
Cerca de la parte final del recorrido se llega a una collada donde persisten los restos de unas cabañas. Desechando el camino que continúa ganando altura, no se tarda en entrar en la Vega de Orandi. Se trata de una bonita campera bañada por el río Las Mestas. Su merecida fama se debe a una gran cueva, en la que se adentra este río, que no vuelve a ver la luz hasta que revienta en las paredes calizas donde se encuentra suspendida la morada de La Virgen.
De Orandi a la majada que da nombre al río resta un placentero paseo. Un agradable caminar por piso de hierba, se acompasa con el murmullo del curso de agua que se va dejando a la derecha. A mitad de trayecto se encuentra el Campo del Escobio, una cabaña con un cierre que interrumpe el paso. Una rústica escalera de pocos peldaños, permite salvar este escollo. Cuando se está llegando al siguiente grupo de cabañas, el terreno se hace más abrupto. El camino principal cruza el río, sin embargo es mejor seguir por la misma orilla. La ausencia de puente podría dificultar el paso en períodos de abundante caudal. En este caso el sendero es más fácil de perder. Pero tampoco hay mayor problema, pues enseguida se da vista a la majada de Les Mestes y a su fuente. En todo caso conviene señalar que este sendero gana unos pocos metros al poco de separarse del principal.
En la zona de Les Mestes se encuentran varias agrupaciones de cabañas. Interesa reseñar tres de ellas. La primera de ellas recibe este nombre. Se encuentra en la margen izquierda del río que muere en Orandi. Es la primera a que se da vista cuando se sube desde Covadonga. Cuenta con un buen puente para acceder a las cabañas desde el sendero secundario aquí recomendado. La fuente de la majada se halla sobre éste, a unos cincuenta metros del puente.
A continuación se encuentra La Vega, segundo grupo de cabañas. En una de éstas vive un matrimonio de pastores. Aún siegan los prados del entorno. El último conjunto de estas construcciones es La Quintana. A gran altura respecto de las anteriores, está oculta entre la arboleda, en la ladera que cae del Porru Tresllué.
El sendero que se ha elegido para subir a Pan de Colines pasa junto a las cabañas de Les Mestes, pero se aleja de La Vega y de La Quintana, a las que sólo tiene como referencia. Tras dejar a la derecha el puente que entra en Les Mestes, se entra en El Pandal. Se trata de una loma de pasto, a tramos tomada por la maleza, que sube a mano izquierda. A nuestra espalda van quedando las cabañas y los prados de Les Mestes. La cuesta va dando forma a una valleja que remonta entre una pequeña sierra que nos cierra por el Norte y la loma propiamente dicha. A su vez, esta llomba se va configurando entre aquella valleja y una incipiente riega. Para dar vista a la riega hay que superar el primer tramo de ascenso hasta una abierta campera. Luego ya se puede ir tirando a la derecha con el fin de acercarse al regón. Se continúa el ascenso, dando vista al Porru Tresllué, para llegar a un bebedero. Un poco más arriba hay un bosquete de espinos, donde se gira a la derecha para iniciar la travesía bajo el Porru Tresllué.
Esta cumbre de fácil subida, se precipita en verticales paredones sobre el valle en que nace el río Les Mestes. La barrera rocosa se extiende sobre la ladera derecha de esta hondonada, para ceder en ímpetu al acercarse a lo cimero de El Pandal. El sendero que hay que seguir discurre bajo este farallón rocoso, por la parte superior del Monte Retortorio.
En los primeros metros de la travesía es fundamental enlazar con el buen camino. Aunque es sencillo ir encontrando restos difusos de veredas del ganado, éstas se van perdiendo entre las cotoyas. Sólo hay un sendero bastante marcado que permite afrontar con mayor comodidad este tramo. Ladera abajo destacan los tejados de La Quintana.
Dos grandes hayas se pegan a la peña. El camino pasa por debajo. Más adelante se encajona entre las rocas y un bosquete de espinos. Se hace muy difícil seguir el rastro del sendero. La maleza convierte este bonito rincón en una pesadilla para el caminante. Un cierre impide el paso al ganado. Se debe a que se entra en un tramo muy malo con algo de llambria. Consiste en una panda herbosa algo colgada sobre la ladera inferior. La senda, más que verla se adivina. Se remonta por una rampa hacia la peña, donde se descubre una pequeña oquedad. Un oxidado cierre dificulta la salida a terreno más abierto. Las molestias e incomodidades, junto con el único paso de la ruta que merece una especial atención, pueden darse por finalizadas.
El camino vuelve a hacerse evidente, tal vez porque se une con otro que sube de La Quintana, mientras se cruza una canal que se abre entre el farallón rocoso que culmina en el Porru Tresllué. A partir de aquí ya no hay pérdida, pues la senda continúa entre la pared y los escasos árboles que logran remontar hasta ella. Cuando se difumina el rastro, basta con ganar altura y pegarse a las verticales caídas del Porru Tresllué.
Esta referencia es válida hasta que se llega a una bonita cueva (Los Burdios). Se ha alcanzado la cabecera del Valle de Tresllué, donde nace el río Les Mestes, y la perspectiva de la Montaña de Covadonga es mucho más amplia, incluso se empiezan a divisar las primeras cumbres de más de dos mil metros: Cotalba, Los Poyones, El Requexón.
Una vez en la cueva resta afrontar el último tramo de travesía, en este caso descendente, para alcanzar la collada que separa el valle de la vega de Tresllué. Esta hondonada de verdes pastos acoge la majada de Tresllué. Está protegida de los vientos por pequeñas sierras calizas que se forman entre el Porru Tresllué y la Porra La Jermosa, aislada peña a cuya derecha destacan los suaves relieves de Pan de Colines.
Tresllué y Pan de Colines están separados por una roma llomba que va delimitando aquella vega por el Este. En la parte superior destacan unas empalizadas de madera donde se puede cerrar el ganado. A un lado se ha habilitado un bebedero.
Pandecolines, quizás reciba el nombre de las redondeadas colinas de pasto que separan la Porra La Jermosa del Porru Caballero, es la parte cimera de las tomadas laderas que caen al río Pelabarda. Su airosa posición favorece una vista preciosa del Macizo Occidental de Los Picos de Europa del que forma parte. Las cabañas están situadas al Este, fuera de la zona abierta al azote de los vientos, buscando el refugio del Porru Caballero.
Pan de Colines - Puente Pelabarda - Vega la Piedra (2 horas)
Una vez que se han coronado las suaves lomas que se extienden al Oeste de la Porra La Jermosa, y sin necesidad de llegar a la majada de Pandelescolines, se da vista a una línea de grandes torres (que superan los dos mil metros) que se extiende de Este a Oeste. La que más destaca es la Torre Santa María, caracterizada por las nieves perpetuas de Cemba Vieya. De este campo helado parte una vira diagonal hacia la izquierda que corta la pared por debajo de la cumbre, enlazando con la vía normal de la Grieta Rubia (oculta a nuestros ojos por encontrarse en la cara opuesta). A esta peña también se la conoce como Peña Santa de Enol o de Asturias, pues preside la vertiente asturiana del macizo. La máxima altura del extinto Parque Nacional de la Montaña de Covadonga (hoy Parque Nacional de los Picos de Europa), la Peña Santa de Castilla, se esconde entre la Torre de Santa María y la Torre de la Canal Parda (a su izquierda). Su mayor lejanía con respecto a éstas la hace pasar desapercibida, en tanto que se alza airosa sobre las tierras castellanas.
La larga crestería que se extiende al Oeste de la Torre Santa María está formada por la Aguja del Gua y las Torres de Cebolleda. A continuación vendría la verde campera que desciende hacia La Mazada. Los picos que se extienden al Oeste van perdiendo altura. Son El Requexón, con una imponente pared norte y una cumbre redondeada; Los Tres Poyones, cuya alineación Norte-Sur sólo permite apreciar la existencia de una torre; la Torre de la Canal Vaquera, separada de Cotalba, última cima que supera -por poco- los dos mil metros, por la Collada de Santa María. La cresta de esta piramidal montaña desciende hasta el Mirador de Ordiales, donde reposan los restos de D. Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa.
Un simple vistazo a la vertiente Norte del Macizo Occidental permite confirmar la idea de que se trata de un mundo caótico de "jous", sierras, majadas y montes. Su enorme extensión aúna la extrema longitud de las rutas de acceso a la alta montaña con la dureza de los desniveles. Su desordenada estructura y la facilidad con que se estancan los mares de nubes en la zona de media montaña, frenados por una barrera caliza que supera los dos mil metros, la hace merecedora de su fama de terreno complicado en que son frecuentes los extravíos por la niebla.
Pero hay un accidente geográfico reseñable y que favorece la delimitación imprecisa de una zona a la que algún autor denomina Precornión Norte (Montaña de Covadonga para otros autores), y que se correspondería -más o menos- con la zona del Puerto bajo del Macizo Occidental. Esta divisoria viene establecida por el curso del río Pelabarda.
Este río ha horadado un profundo cañón que se abre camino, en su abrupto caminar hacia el Dobra, entre el conjunto montañoso en que se asienta Pan de Colines y una modesta cordillera cuyas cumbres más admiradas (por su belleza) son Las Vidriosas y Los Gurbiñales. Aguas arriba del Puente Pelabarda el cañón se bifurca en dos angostos desfiladeros. El brazo de la izquierda (visto desde Pan de Colines) corresponde al Pelabarda, unido a una riega que nace en las inmediaciones de la Vega de Enol.
El ramal de la derecha ha sido erosionado por el río Pomperi, subterráneo en algunos tramos salvo en época de fuertes caudales. Entre ambos se encuentra la importante mancha forestal del bosque de Pome. En la loma cimera, ya libre de arbolado, se ha habilitado un mirador: el Mirador del Rey.
La Vega la Piedra es una bonita campera con cabañas. Su verdor la hace fácilmente identificable desde Pan de Colines. Esta pequeña llanada de buen pasto se asienta entre el río Pomperi y la sierra de Los Gurbiñales. Sobre las laderas más empinadas que caen de esta modesta cordillera hacia el Pomperi, marca el punto de inicio de un amplio valle que se extiende al Este de Los Gurbiñales, máxima altura del mencionado conjunto montañoso.
Para bajar al Puente Pelabarda hay que acercarse a la majada de Pan de Colines. Se atraviesa toda la vega, dejando las cabañas a la derecha. Más adelante la propia configuración del terreno nos obliga a girar, aún queda alguna cabaña, situándonos en línea con el río Pomperi. Llegados a este punto caben dos opciones: dejar el Paré Merín a la derecha o bordearlo por esta mano. La primera opción es más directa, pero obliga a bajar por una amplia ladera de árgoma sin rastro de sendero. La segunda alternativa da más rodeo, pero favorece la orientación y permite enlazar con buenos senderos. La verdad es que una amplia collada de buen caminar invita a bajar por la izquierda de Paré Merín. Recomiendo seguir esta ruta cuando ya se haya bajado en alguna ocasión hasta el Puente Pelabarda. El que afronte este descenso por primera vez ha de hacerlo siguiendo la segunda alternativa. Aunque he de confesar que yo lo he hecho al revés y me ha salido mejor la primera vez que la segunda (descontando la media hora que estuve dando vueltas por empezar el descenso nada más llegar al puerto de Pandelescolines, sin pasar por la majada). Pero también he de advertir que ya tenía una idea ¿clara? de la ubicación del puente y del trayecto que seguía el sendero que a éste bajaba.
El Paré Merín es un característico cotero en el que crece alguna haya. Se alza sobre la vaguada que emboca en dirección al río Pomperi. La ladera Norte presenta un incómodo terreno de rocas y maleza. El paré (abrigo para los animales) que le da nombre se encuentra en la cara opuesta, sobre la ladera que desciende hacia el río Pelabarda.
El sendero que sale de las últimas cabañas de Pan de Colines, vuelve a girar al Oeste, por una vaguada que se forma en la base de Paré Merín. La vereda comienza a perder altura, atravesando un terreno calizo, para dirigirse a las ruinas de Pelordoña. Esta amplia vega con arboleda se haya protegida por la inmensa mole de Piedras Negras.
Ahora hay que caminar en dirección contraria a la que se traía (pero a distinta altura, obviamente). Se mantiene el sentido descendente en busca del canto que cae del Paré Merín al río Pelabarda. Cerca de él se ha construido un buen bebedero. El abundante ganado que allí se dirige a beber permite la conservación de un destacado camino. Desde Pelordoña al bebedero, se atraviesa una amplia ladera, por debajo de la franja rocosa por la que cruza el sendero que viene de Pan de Colines. Esta ladera, delimitada entre el canto que desciende desde el Paré Merín y el que lo hace desde la zona de Pelordoña, se precipita en su parte inferior sobre el río Pelabarda.
Este amplio rodeo que se acaba de efectuar puede evitarse bajando directamente al bebedero por el Oeste del Paré Merín, sin llegar a Pelordoña. Existen veredas del ganado, pero es un terreno incómodo de árgoma y llambrias.
Una vez alcanzado el canto que cae del Paré Merín se deja el sendero. Este continúa en travesía, a media ladera, entre cotoyas y bajo la mirada vertical de este cueto. Se desciende vaguada abajo, dejando la cresta a la derecha y, por tanto, perdiendo de vista la majada de Pelordoña. Puede servir de referencia la presencia de un árbol seco tumbado por el viento que se ve valle abajo. La vaguada se haya cerrada en su parte inferior por un tupido bosque. Gran cantidad de acebos ocupan una parte del mismo. Entre los árboles se encuentra la majada de La Cobertoria.
Debe abandonarse la vaguada, saliendo del bosque por la izquierda. Enseguida se encontrará (más vale) un marcado sendero que se abre camino entre helechos y cotoyas. Sin pérdida, se desciende bruscamente hacia el Puente Pelabarda.
Este puente dista apenas unos metros de la mecedura de los ríos Pomperi y Pelabarda. Pese a su estado de abandono, se trata de una construcción sólida; lo que contrasta con la aparente soledad y aislamiento de este bello rincón.
A juzgar por la importante estructura que permite cruzar el río Pelabarda, éste debió ser un paso importante para los pastores y sus ganados. No es concebible que tan reseñada construcción sirva únicamente para traer el ganado a la margen izquierda del río. Es lógico pensar que exista un buen camino que comunique con las majadas del puerto.
No obstante la certeza de estas afirmaciones, la subida a la Vega La Piedra requiere un redoblado esfuerzo de atención para no perder el rastro del sendero. La facilidad de acceso que garantiza la carretera de Los Lagos ha condenado a esta vía de comunicación de los pueblos del valle con las majadas, a un creciente desuso y abandono.
Los primeros indicios de sendero aparecen a unos cien metros del puente. Como única referencia válida decir que la senda remonta por la ladera derecha (en el sentido ascendente de la marcha) del río Pomperi. Al principio presenta un tramo en el que ambos discurren paralelos, con una diferencia de altura de unos cien metros, para ir separándose a continuación. Sólo hay un punto en que el sendero vuelve al nivel del río, a partir del cual comienza a ganar altura con gran insistencia. Se trata de un agreste recorrido por una empinada ladera boscosa, dificultando cualquier otro intento de fijar referencias. Aunque el trazado presente tramos muy borrosos, si se tiene cuidado no es difícil seguirlo.
Al salir del bosque se cruza sobre el nacimiento de una riega. Se continúa la subida por una valleja presidida por un cotero, en cuya parte superior crece una haya. Al entrar en una campera, se mantiene la misma dirección, en busca de una collada caracterizada por unos grandes bloque pétreos. En esta zona de pasto cruza el camino de Ciarda hacia los acebos de la izquierda. Siguiéndolo se bajaría al río Pomperi para enlazar -posteriormente- con la pista que viene de la Vega de Enol, cerca del lugar conocido como el Pozo del Alemán.
Finalizado el repecho que sube de la campera al collado de salida, se empieza a adivinar la presencia de un buen número de cabañas entre las rocas. El camino se vuelve amplio y marcado. Es la Vega La Piedra, donde se enlaza con la ruta normal a Vega Redonda.
Se puede afirmar que aquí acaba la actividad montañera. No nos hemos alejado de la civilización, sino que nos hemos ido acercando a ella. A quince minutos de la majada se ha habilitado una zona de aparcamiento. Cuarenta y cinco minutos (escasos) más de marcha y se llega a la carretera de Los Lagos. Un centro de interpretación; baños; zona de acampada (permitiendo que los coches aparquen sobre el pasto; en tanto que una amplia explanada de asfalto construida con ese fin, sólo se llena cuando la capacidad de los estacionamientos que circundan Los Lagos ha sido rebasada); otras construcciones con las que no se sabe qué hacer; circuitos empedrados y vallados para pasear. Son los Lagos de Enol y de Ercina, dos lagos de montaña convertidos en una atracción turística. Es la zona más masificada de Los Picos de Europa (se acerca al millón de visitantes anuales). Sillas y mesas de camping, sombrillas, balones de fútbol volando de parte a parte de La Vega de Enol. La concepción urbana del disfrute de la naturaleza trasladada a uno de los rincones emblemáticos de un Parque Nacional de Alta Montaña.
Se ha sustituido la explotación minera por la explotación turística. Para justificar las fuertes contraprestaciones económicas por la pérdida de ingresos especulativos, se establecen zonas de reserva y prohibiciones que sólo afectan a las gentes que viven en los pueblos vecinos y a los montañeros que se acercan a las cumbres utilizando los senderos abiertos por aquéllas. Baste señalar que el río Pelabarda y las laderas que lo cierran son uno de los máximos candidatos a integrar la zona de reserva, es decir, el camino aquí descrito no podría volver a ser recorrido por montañeros.
Una red de caminos acondicionados encauza parte de este turismo de montaña a zonas más altas. A este fin responde la amplitud del que pasa por la Vega La Piedra. El senderismo llevado a la alta montaña. El acoso de este desierto calizo se completa con la creación, consolidación, mejora o ampliación de los refugios de montaña. De tal manera que se ponen las zonas más alejadas del macizo al alcance de los menos preparados. De un lado, proporcionando techo y alojamiento, evitando todos los inconvenientes de una salida de dos o más días; de otra parte, fomentando un apoyo psicológico que mitigue los efectos opresivos de los espacios alejados del mundo civilizado.
Es decir, el montañismo queda reducido exclusivamente al placer de caminar, una mera actividad física. Ya no hay una integración del deportista con el medio que le rodea, sino que se lleva a estos espacios protegidos con la categoría de Parque Nacional, el concepto que de parque se tiene en las ciudades: un espacio verde vertebrado por un entramado de calles-caminos; de tal manera que la protección del manto vegetal se confía a la prohibición de su uso por los particulares, quienes ven limitada su libertad de movimiento.
El problema de esta concepción de la montaña es que destruye aquellos valores que trata de mostrar. ¿Cómo entender qué es la alta montaña cuando se abren carreteras y se construyen remontes mecánicos dentro de sus límites; cuando cualquier obstáculo natural se vence a base de barrenos, cables o cuerdas fijas; cuando cualquier posibilidad de extravío se pretende evitar a base de señales y carteles indicadores; cuando la gélida y oscura noche se queda a las puertas del refugio? Hemos roto las reglas del juego, no por necesidad sino por vanidad. Cuando el hombre no se adapta a las exigencias de la montaña, sino que adapta las montañas a sus caprichos, puede afirmarse que hace dejación de su condición de montañero. La montaña deja de ser un fin en sí misma para pasar a convertirse en el marco en que se desarrolla una actividad física. Sólo se respeta la naturaleza en la medida en que no se opone a nuestras ambiciones de "conquista".
Vega La Piedra - Rondiella - El Jorcadiello - Jou Sin Tierri - Collao del Jou Santu (3 horas)
El camino carretero que cruza por la Vega La Piedra se adentra en un amplio valle. Obviamente no hay posibilidad de pérdida. La manía de la gente de coger atajos provoca la compactación del suelo y la apertura de caminos por los que arroya el agua, favoreciendo la erosión del terreno. Se han puesto barreras para intentar minimizar este impacto. Y ni las vacas las respetan. Deben evitarse los atajos, pero es dudoso que esta medida esté justificada en este caso, pues el trazado del camino ha sido diseñado para vehículos (recordar que había un proyecto de carretera al Mirador de Ordiales) y no para personas. Si "El Parque" no respeta el trazado de los caminos antiguos, y fomenta una red de senderos artificiales y artificiosos, en detrimento de aquéllos, toda medida que pretenda adoptar para evitar los efectos nocivos de la erosión y compactación del suelo serán inútiles; toda vez que lo único que consigue es provocar la masificación de los espacios de montaña, verdadero origen de estos males.
Tras devolar el Collao La Prida se entra en la vasta vega de Canraso. Esta llanura aún se encharca en días de fuertes lluvias, por el desbordamiento de una riega -subterránea en casi todo su trayecto-. Por la derecha, una empinada ladera muere al pie de una línea de paredes. Buscando sus puntos vulnerables suben las vacas a la majada de Las Fuentes de Cangas, al pie de Los Gurbiñales. La vía más directa es la de Paré Rubio; la más sencilla, que comunica esta majada con la de Rondiella, rodea por La Cuenye Los Pavos.
Rondiella es la primera majada que se encuentra. Sus cabañas, dispersas, están muy bien conservadas. Al llegar a la última, el camino afronta un nuevo repecho. Se deja, encaminándose a la vaguada que hay a su izquierda, paralela al mismo. La mejor referencia es la fuente de la majada. Se estructura es similar a la de Vega Redonda (donde está el refugio antiguo). Recientemente se ha construido un nuevo bebedero, a unos cincuenta metros del primitivo.
El camino de Vegarredonda transcurre por nuestra derecha, no lejos del lugar en que nos encontramos. Aún debe acometer una última cuesta antes de coronar el Collao Gamonal, donde ya se da vista a los refugios. El antiguo, redondeado y recubierto por una capa de color muy claro, está ubicado en la majada de Vega Redonda. El nuevo, que consta de dos módulos, se asienta en los Campos de Cuenye Cerrada.
No es necesario llegar a este collado, sino que basta dirigirse a la cresta que sube al pico que se encuentra a su izquierda. Desde la fuente se puede seguir una serie de franjas herbosas, paralelas -cómo no- al camino de Vega Redonda, que nos llevan a ese punto.
Se remonta toda la cresta, sin hacer cumbre. Un corto canalón muy destacado a la derecha de ésta no debe ser rebasado. Al otro lado se encuentra cerrado al ganado. Habrá de quedar a mano izquierda. Una zona de llambrias, dando vista al refugio de Vegarredonda, dificulta el caminar. Poco a poco se va marcando un sendero (cuidado de no confundirlo con otro que parte hacia el Sur). Rodea por la derecha una redondeada vega. Ésta es una diminuta imitación de la de Justillagar, a la que ya haremos mención, pues en sus entrañas nace y muere una inapreciable riega. Forma una depresión, escondida al abrigo de la minúscula pared Sur de la cumbre que se encuentra sobre el Collao Gamonal (y que se acaba de bordear).
Encaminados hacia el Este, descendemos unos metros hasta llegar a una bifurcación. A la izquierda se baja a Justillagar. Destaca una pared vertical por cuya base pasa la senda. De frente una loma nos impide dar vista a esta vega. Por la derecha (Sur) sale otro sendero. Muere al llegar a un cierre que impide el paso de las vacas. Superamos con cuidado el alambre espinoso y nos encaramamos a lo más alto de la llambria de su izquierda. Un rincón de ensueño. Estamos colgados sobre una enorme depresión de verde pasto: Justillagar. Está toda muriada, salvo en las zonas en que las verticales paredes que la rodean lo hace innecsario. Una cabaña preside toda la vega. Un manantial surte el pequeño arroyo que, retorciéndose en increíbles meandros (aunque la llamarga va desdibujando su peculiar curso), vuelve a desaparecer en la misma campera. Elevándose sobre el circo de peñas que la rodea, el imponente Cantulimpóu. Toda una montaña, a pesar de que apenas roza los mil ochocientos metros. A su derecha El Jorcadiello, collado al que se accede desde la vega por una amplia canal de pasto. A su izquierda Los Afrentadorios, paso para los Jous del Resecu.
Para ir al Jorcadiello buscamos un pequeño canalón (a su derecha), separado de aquel collado por un cueto. Antes de embocar al canalón encontraremos una o dos simas marcadas. Tampoco es necesario adentrarse en esta cuenye, pues un sendero jitado baja a la izquierda, a entrar en la canal de pasto antes mencionada (a media altura entre la vega y El Jorcadiello; justo cuando hay que salirse de la citada canal hacia el Este, si se quiere bajar a la vega de Justillagar). Este mismo sendero viene por nuestra derecha desde el camino de Vega Redonda (a mitad de trayecto entre los dos refugios), coincidiendo en su origen con el sendero marcado por "El Parque" para ir de Vega Redonda a la Vega de Ario.
Apuntada esta variante, la ruta continúa canalón arriba. Se aprecian restos de senda. Cerca del final se abre una horcada a su izquierda, comunica con El Jorcadiello, pero hay que perder algo de altura. Así que hemos elegido la salida por la horcadina que se viene viendo desde abajo. Un flanqueo por llambrias a la izquierda, por la cara Sur del pequeño cueto que separa ambas colladas, sin necesidad de bajar a una camperina, nos deposita en El Jorcadiello.
Bajamos unos metros hacia el Sur, entrando en una alargada campera, con el fin de enlazar con una canaluca/valleja que sube hacia el Sudeste. A nuestra izquierda va quedando la cumbre del Cantulimpóu que, por esta vertiente, no es más que una redondeada loma de llambria.
La vaguada de salida está muy bien marcada con jitos y pintura amarilla. La señalización ha corrido a cargo del "Parque". Se trata de una de las rutas (a la que ya se ha hecho alusión anteriormente) que permite ir de Vega Redonda a Vega de Ario por el Caleyón del Francés, en cuya parte final nos encontramos.
Al poco de remontar la collada cimera de este canalón, entre el Cantulimpóu y la, desde esta posición, imponente mole pétrea de La Altiquera, se encuentra un poste con muchos colores (creo que es para medir el nivel de la nieve).
Hagamos una somera descripción (de izquierda a derecha) del circo de cumbres que se divisan. Ya estamos familiarizados con el Cantulimpóu. El siguiente, más atrás, es El Conjurtao. A distinto plano, pues está más cerca de nosotros, el Porru de Llampa Mala, una redondeada cumbre donde destaca una covacha. Entrando en la línea de los dos mil metros, un par de cimas forman una cumbre amesetada: la Punta Gregoriana y La Torre Blanca de Los Cabrones. Nuevamente cambiamos de plano, pues llama la atención una cumbre triangular y estilizada: El Porru Garapozales. Sin ánimo de confundir a nadie, vuelvo a referirme a la línea de cumbres del plano posterior: Los Traviesos (o Torre del Alba) y La Torre de La Canal Parda (entre ambas, algo más cerca de nosotros, el Pico de Los Asturianos).
Sigamos la descripción desde la Torre de Santa María (con el característico campo de nieve de Cemba Vieya). A su derecha se forma una agreste crestería integrada por la Aguja del Gua y Las Torres de Cebolleda. A continuación, un conjunto de cumbres descendentes que van cerrándonos por la derecha son Los Argaos. La última mole rocosa es La Altiquera, entre ésta y aquéllos se abre el Collao La Fragua, por donde pasa el camino de herradura que sube de Vegarredonda al Jou Santu.
El Jou Sin Tierri es una profunda depresión sita bajo el Collao La Fragua. También fue objeto de extracción de mineral (de ahí el nombre del collado, debido a la fragua que existía en la cueva contigua: la de Los Romanos), quedando restos de los caminos mineros. La propia configuración del terreno nos conduce a este jou, siguiendo una vaguada herbosa. No se va por el fondo, sino por unas traviesas que transcurren por su ladera derecha. Debe señalarse que la ruta marcada no va al Jou Sin Tierri, ni siquiera llega al poste de colores, se desvía unos metros antes para bordear el Porru de Llampa Mala por el Norte.
La salida del Jou Sin Tierri se hace por el Sur, siguiendo uno de los caminos mineros que lo rodea por la izquierda. Parece que se dirige a un circo cerrado bajo una zona de curiosas llambrias, pero a medida que nos acercamos, vemos como se abre una canal hacia la izquierda. La parte superior presenta un tramo inclinado de llambrias pardas con roca suelta. Sobre ella la horcada de salida, que comunica con un breve canalón por el que se sale, en llano, a una zona más abierta. Girando a la derecha se inicia una travesía bajo una zona de llambrias. Se ataca la loma que nos cierra por el Sur-Sudeste. Detrás de ella sobresale La Torre de La Canal Parda (torre caliza plana por arriba) y La Torre de Los Asturianos (más aguja que torre). Se sigue la loma hasta la parte superior y se da vista al camino carretero que viene del Collao La Fragua por Las Barratrosas.
Enseguida se llega al Jou de Los Asturianos (entre la Torre de La Canal Parda y la Torre de Santa María) donde, por fin, se muestra en todo su esplendor la pared Norte de Peña Santa de Castilla. A su derecha La Torre del Torco, Las Tres Marías, La Torre de En medio y La Torre de La Horcada (que se verán con toda su majestuosidad una vez que se entre en el Jou Santu).
El Jou de Los Asturianos se halla separado del Jou Santu por una loma, donde muere el camino del "Parque". Sin embargo, un sendero muy marcado continúa hasta el Collao del Jou Santu, por la izquierda del jou. Es fácil de adivinar cuándo se ha llegado a este collado, pues, pese a estar al pie de la pared Norte de Peña Santa, una peña que se alza sobre nuestra posición, impide su contemplación. Lo que no evita es que disfrutemos de la hermosa vista del Macizo Central, con Torre de Cerredo a la cabeza. El Boquete es la horcada que se ve al Este, entre las más que verticales caídas de Piedra Lluenga y las estribaciones, no menos impresionantes, de Peña Santa. Toda la depresión que se forma entre El Boquete y el Collao del Jou Santu, también configura lo que es el jou así llamado.
En el Collao del Jou Santu se han acondicionado un gran número de rincones para hacer un vivac. Algunos tienen el tamaño suficiente para plantar la tienda. La dureza de la marcha de aproximación, la belleza de los atardeceres y la proximidad de La Peña, hacen de este lugar el sitio ideal para pasar la noche. La pobreza del amanecer se compensa, si tras un buen madrugón, nos coge en plena pared.
Es problemática la cuestión del agua. Hay una fuente cerca, La Fuente Las Balas, pero no aguanta bien los largos estíos. Se encuentra al Sudoeste del collado ("mirando" a Peña Santa a la derecha), un poco más baja que éste. Es fácilmente reconocible por el color rosáceo de la tierra en la que brota.

Vía del Ojal o del Nevero Central (1 hora 30 minutos)
La aproximación desde Covadonga es muy bonita, pero carece del encanto montañero que presentan otros accesos menos degradados. Caín representa la ascensión más agreste y Soto de Sajambre la más bonita. En la subida desde Soto de Sajambre también hay refugios de montaña. El primero se encuentra en Vegabaño, cerca del pueblo (cuarenta y cinco minutos caminando, aunque no está prohibido el paso de vehículos por la pista que sube a la vega -sólo el último tramo para proteger el pasto-). El segundo es de uso exclusivo de la guardería del Parque Nacional (o eso tengo entendido), no se le ve ninguna utilidad. Existía, asimismo, un refugio en Vega Huerta. Hoy sólo quedan las ruinas. La Comunidad Autónoma de Castilla-León nunca llegó a reconstruirlo, lo que es de agradecer. Gracias a ello Vega Huerta es uno de los lugares con más encanto de Los Picos de Europa. Además se demuestra que este tipo de instalaciones no es necesario, sino que responde a exigencias de comodidad no justificables. Los albergues deben concentrarse en los pueblos, siendo más discutible si debe acometerse un cambio de uso de las cabañas de los pastores para permitir la pernocta de montañeros.
Es obligado señalar que en Vega Huerta no necesariamente se encontrará la soledad de la alta montaña. Muchas cordadas acampan en la vega para intentar la cara Sur de Peña Santa (seiscientos metros de desnivel con vías de gran dificultad), pero la temporalidad de estas ascensiones permite disfrutar el aislamiento de un entorno tan privilegiado largas épocas del año. Debe también criticarse a aquellos montañeros/escaladores que dejan la basura tirada o escondida en la vega. Las sobras hay que bajarlas hasta los pueblos, donde el correspondiente servicio de recogida de basuras se hará cargo de las mismas.
Pues bien, si como hemos dicho la aproximación desde Covadonga no satisface las vivencias que una ruta tan dura debería reflejar, sí lo hará la ascensión a Peña Santa por esta vía; donde no queda rastro del paso de anteriores cordadas, conservándose la pared en el mismo estado en que la encontró el primer ascensionista. Al menos hasta que algún escalador decida, en aras de su libertad individual y de su seguridad, llenar la vía de hierros, cuerdas fijas o pintura.
En la escalada pasa lo mismo que en el montañismo. La falta de preparación se suple con ferratas o llenando la pared de clavos. Estas actuaciones suelen justificarse aduciendo razones de seguridad; pero lo único realmente seguro es desistir de la cumbre cuando no se tiene el nivel suficiente, físico o psicológico. Hay cordadas poco experimentadas que corren más riesgo en una vía sencilla de IIº-IIIº, que un buen escalador haciendo un solo integral (solo y sin cuerda) en una gran pared de extraordinaria dificultad (VIº-VIIº).
Al igual que ocurre con las carreteras, teleféricos, refugios o rutas señalizadas, en el caso de las ferratas o de las vías equipadas, no basta con desentenderse de los seguros. Este argumento sólo puede estar basado en la ignorancia. La presencia de cualquier elemento relacionado con el hombre brinda un apoyo psicológico incuestionable. Y la escalada es una actividad en la que el factor psicológico representa el 99% del éxito de una ascensión (al menos en los grados inferiores de la escala: IIº-IIIº). ¿Habéis pasado alguna vez un puente estrecho sin barandilla? ¿Habéis conocido el mismo puente con barandilla? Y no es necesario apoyarse en ésta para notar esa sensación de seguridad que proporciona.
Debe aceptarse la colocación de seguros cuando sea necesaria. Por ejemplo para llevar a cabo un rescate. Incluso hay corrientes que entienden que el material dejado por el primero que abrió una vía forma parte de la historia de esa montaña y debe ser objeto de protección. Una postura con bastante fundamento siempre y cuando se prohíba el uso de medios como el taladro que convierten la escalada en una mera actividad de albañilería.
Si tenemos en cuenta la gran variedad de material de escalada que puede ser retirado sin dejar huella (uñas, empotradores, etc.), debe concluirse que la seguridad en estas vías sencillas queda largamente garantizada respetando el derecho de los demás a disfrutar de la pared en las mismas condiciones en que la encontramos nosotros.
Pero en la montaña cada uno esgrime su libertad para hacer lo que quiera: la escalada no puede estar sujeta a reglas, cada uno ha de subir como quiera y donde quiera. Entonces, ¿por qué critican a los que desequipan las vías o inutilizan algún que otro seguro? El que sube a una montaña debe llevar todo el material necesario para subir y bajar por sus propios medios, y no debe confiarse de las informaciones que aseguran que tal o cual vía se encuentra equipada; pues cuando alguien deja material en la montaña corre el riesgo de que desaparezca (el abandono de una cosa acarrea la pérdida de su posesión).
La vía del Ojal es una vía de trepada (IIº con algún paso de IIIº) en la que no es necesario el uso de la cuerda (aunque el que sube por primera vez -si no va sobrado de grado- debería llevarla por si acaso). Si uno no se siente capacitado para subir sin cuerda (y tampoco quiere elegir otras opciones más sencillas que le ofrece La Peña o decantarse por otra cumbre más acorde con su capacidad), al menos que utilice para asegurarse material de escalada de poner y quitar. Si le queda algo en la pared, considérelo como una multa a pagar por no haber jugado limpiamente, ya le aprovechará al siguiente.
Entrando en la parte puramente descriptiva, decir que la vía del Ojal es la más directa dentro de las fáciles. Discurre por el centro de la pared Norte, dando la sensación de auténtica escalada. La presencia de abundantes neveros en la base de la pared le confiere un ambiente alpino que inculca en el montañero el temor de tener que enfrentarse a una gran montaña.
La ascensión se inicia en el Jou Santu, pero se trata de una ascensión visual. Conviene fijar alguna referencia de la vía. Ésta transcurre por la izquierda de un espolón que la separa de la Canal Ancha (marcado canalón a la derecha de la mole cimera cuya parte inferior queda colgada sobre una llambria vertical). Dibuja un zigzag en la pared. El primer tramo es muy confuso, pero no así el segundo, de derecha a izquierda, una amplia vira algo tumbada que se dirige a un triángulo muy evidente en el centro de la pared. Del vértice superior de esta figura geométrica, parte otra vira ascendente, apenas una raya en la pared, hacia la derecha, que se ciega antes de salir sobre el espolón que delimita la vía del Ojal por esta mano.
Una vez que se tienen estos puntos debidamente procesados en la cabeza, se inicia la ascensión. Primero se bordea el porru que cierra el Collao del Jou Santu, siguiendo el itinerario de aproximación a la vía normal de la Canal Estrecha. Al otro lado, tras un paso algo aéreo dando vista a la Fuente Las Balas, se sigue una línea de lomas de pura llambria. El camino pisado por los escaladores desciende a una zona de gravera, en busca de un pasillo encajonado entre bajas paredes donde suele conservarse un nevero gran parte del año. Nosotros no bajamos, sino que continuamos de frente ganando aún algo de altura por las lomas pétreas.
A partir de aquí sólo hay que ir buscando el terreno más apto. Tras un breve descenso por un terreno de pozos y torcas, se afronta la trepada de unas llambrias, aprovechando, a ratos, alguna canal de gravera que se forma entre aquéllas. De las llambrias se sale a un plano inclinado más tumbado de gravera, donde se asienta el Nevero Central. Este nevero, que también da nombre a la vía, se encuentra en el centro de La Peña (que no de la pared, propiamente dicha). Cuando se derrite, si es que lo hace, deja al descubierto una franja de llambrias de tono blancuzco.
La vía del Ojal (o del Nevero Central) adolece de un gran problema: el nevero que le da nombre. Éste aguanta hasta bien entrado el verano, incluso hasta septiembre u octubre (a la espera de nuevas nevadas). Existen tres opciones para ascender por esta vía.
La primera de ellas es esperar a que se derrita. Con un poco de suerte se podrá subir en agosto. Si hay que posponer la ascensión hasta el otoño, debe tenerse presente que los días son más cortos y las noches más frías. Teniendo en cuenta que la pared está orientada al Norte, se puede encontrar la roca muy fría (lo que dificulta el agarre de las presas y la sensibilidad de los dedos) e incluso pasos con hielo.
Una segunda opción sería entra por la derecha del nevero. Se comienza con una trepada vertical sobre una torca. Tapada parcialmente por la nieve, no deja que se estime su profundidad, pero la sensación es de una trepada muy aérea. Se llega a un puente de roca (puede encontrarse una cinta que alguien dejó ahí al efectuar un rápel). A partir de éste se inicia una travesía por llambrias sobre el nevero, hasta llegar al punto de arranque de la vía. Desaconsejo esta variante por dos motivos. Primero porque el hecho de hacer una travesía sobre el nevero, hace perder la perspectiva de la pared, haciendo difícil el encontrar el inicio de la vía. El segundo motivo radica en que, si no se va muy suelto, esta trepada aérea y sin una referencia válida, conlleva un desgaste psicológico por la dificultad de dar con los pasos en el descenso.
La última alternativa para resolver el problema del nevero central es llevar equipo para el hielo y practicar un poco de cara al invierno.
L a principal dificultad de la vía del Ojal se encuentra en el inicio. No sólo es el tramo más fuerte (IIIº), sino que además el punto de arranque no es evidente. Éste se encuentra, más o menos, a la mitad del Nevero Central, un poco a la derecha de su punto más elevado.
En este lugar donde el nevero suele alcanzar la máxima altura, se aprecia una oquedad en la base de la pared. Se entiende que la pared arranca del punto en que coge verticalidad, pese a que la precede una zona de llambria oscura e inclinada, pulida por el agua y la nieve, que obliga a agarrarse un poco. Acercándonos a esa cueva, vemos una rampa que sube hacia la derecha. Termina en una llambria bastante vertical que dificulta el paso a una vira ascendente. El conjunto de la rampa y la vira a que se da vista forman una diagonal perfecta que corta la pared de izquierda a derecha, en dirección a una zona de la peña de tonalidad verde por la presencia de gran cantidad de ¿musgo?
La vía del Ojal enlaza con el inicio de la vira que se acaba de citar, evitando la travesía de la llambria. Para llegar a este punto se inicia la trepada unos cincuenta metros a la derecha de la cueva, acometiendo unas llambrias bastante verticales de izquierda a derecha. A la salida de este paso se encuentran dos ojales, uno perpendicular al otro. El corto resalte en que se asienta el mayor, se salva por su izquierda, dando paso a una terraza con piedra suelta. Se continúa por una grieta. Muere en una llambria colgada sobre la zona del nevero, donde se inicia una nueva travesía -aérea-, de derecha a izquierda, nos deposita en el arranque de la vira a que antes habíamos hecho alusión.
Una vez en la vira, se trepa por ella sin posibilidad de pérdida. En la parte final se realiza una travesía en horizontal (siguiendo la misma orientación de la vira de izquierda a derecha de la pared), a gran altura sobre el Nevero Central. Se entra en un terreno más abierto. Una rampa, al pie del espolón que separa esta vía de la Canal Ancha, que -de derecha a izquierda- sube hacia el triángulo que destaca en mitad de la pared desde el Jou Santu. La trepada continúa por la línea que une el vértice inferior derecho de esta figura con el vértice superior. Una trepada muy vertical pero sencilla (IIº) y poco aérea.
Más adelante se encuentra la rampa de salida, esta vez de izquierda a derecha, sin sensación de altura y sin ninguna dificultad. Esta nueva vira queda interrumpida bruscamente, por lo que hay que salir trepando hacia arriba; pero apenas unos metros, porque a la primera oportunidad, más intuida que evidenciada, se deja la grieta para iniciar una travesía en horizontal hacia la derecha.
Por terreno inclinado con algo de grijillo en la llambria (debe prestarse mucha atención para no resbalar) se alcanza la cresta sobre la Canal Ancha (más concretamente sobre un ramal que arranca de ésta y que no tiene salida).
Se sube trepando por la cresta. En cuanto sea posible se destrepa un poco a la izquierda para coger una rampa de llambria. Se continúa ascendiendo por ésta hasta que una pared impide seguir de frente. Estamos en la vía normal (categoría que en su día tuvo la vía que acabamos de subir). Una corta trepada por la llambria de la izquierda y ya se da vista a la cumbre.
Tras pasar junto a una oquedad/ojal se encuentra un paso de IIIº (una llambria sobre la vertiente Norte). Este mal trago se evita subiendo a la arista, así nos lo recuerda una flecha pintada de amarillo. El que pintó la vía normal lo haría con toda su buena intención, pero flaco favor hizo a los que, después de él, se enfrentaron a La Peña. El que no tenga suficiente con los croquis y demás información de que puede hacer acopio, debería llamar a un amigo o contratar los servicios de un guía, pero no llenar la montaña de las huellas de su incompetencia.
Desde la arista se disfruta de una bonita vista de Carbanal y de Vega Huerta (pastos al pie de la cara Sur). Se vuelve a perder altura para iniciar un flanqueo bajo la cumbre. Por el primer canalón que se abre a mano derecha ya se puede trepar hacia la cumbre de Peña Santa de Castilla (2.593 m.).
La Peña Santa de Castilla es la Reina de Los Picos, la montaña más bonita e imponente de este conjunto calizo. Fue la máxima altura del extinto Parque Nacional de La Montaña de Covadonga (hoy Parque Nacional de Los Picos de Europa) y sigue siéndolo del Macizo Occidental de Los Picos de Europa.
Los montañeros asturianos soñamos con tener montañas de más de cuatro mil metros. Pero, ¿para qué? ¿Para llevar las carreteras y los teleféricos más arriba? Si queremos grandes montañas por qué nos empeñamos en empequeñecer las que ya tenemos?
Si el corazón de Los Picos de Europa está al alcance de senderistas y de turistas de montaña es culpa de los montañeros. Hemos cantado las maravillas de la montaña a los cuatro vientos, pero no hemos sabido enseñar a la gente que la montaña empieza en el valle. Hemos despreciado la baja y media montaña y a los que la recorren ("pisapraos"). Queremos alcanzar la montaña más alta y la más difícil; pero para ello la hacemos más pequeña y más fácil. ¿No es una contradicción? ¿Es más montaña El Cervino que La Peña Santa de Castilla? ¿Y El Cervino que el Llambrión? Cualquier montañero diría que sí, pero recordemos lo que escribía D. Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa (y conquistador de estas tres cumbres junto con su gran ascensión al Picu Urriellu):
<<Saint-Saud llama a la Torre Santa, "el Cervino de Asturias". Nosotros trasladaríamos el sobrenombre al Naranjo de Bulnes, y si no hubiera el tal Naranjo, a la Torre del Llambrión, que es más Cervino, mucho más que la Torre Santa.
Pero estas tres cumbres que acabamos de citar, si bien son aventajadas por el Cervino en altitud, que es casi el doble, no lo son mucho en cuanto a dificultad. Hablamos del Cervino actual, no de aquél que conquistó Whymper desde Zermatt, ni el que culminó Carrel, el bersagliere, desde la aldeíta italiana de Valtournanche; hablamos del Cervino de ahora, que sustenta sobre sus flancos cinco albergues magníficos; del que penden metros y más metros de cuerdas en sus paredes vertiginosas; en el que hay amarrados cables de acero; en el que se han volado con dinamita unas cuantas toneladas de roca, para tallar pasos...Ni en el Naranjo, ni en el Llambrión , ni en la Torre Santa; en cumbre alguna de los Picos de Europa, para nada ha modificado el hombre la gran obra de la Naturaleza. Aún puede practicarse el alpinismo, que han dado en llamar heroico, en las montañas españolas. Ya ha asomado la piqueta civilizadora por las cumbres del Pirineo central; ya hay cables de acero en el Pic du Midi d´Ossau; ya pasan de veinte los refugios edificados en la vertiente francesa; tras esto vendrán las Compañías de guías arreglando rutas y clavando pitones de hierro en que amarrar los cables; y luego llegarán los funiculares, esos sacrílegos armatostes, que profanan la excelsa belleza de la montaña, llevando a las cumbres rebaños y rebaños de gentes, la odiosa multitud de beocios atraída tan sólo por el menú de los hoteles...
Por fortuna, aún falta mucho tiempo para que el cosmopolitismo vano e insustancial, que ha llenado de vulgaridad (y de oro) los valles incomparables de Suiza, llegue hasta este paraíso montaraz en que comenzó a escribirse, con la Reconquista, la historia brillante de nuestra patria>> (Picos de Europa. Contribución al estudio de las montañas españolas por Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa de Asturias, y José F. Zabala. Club Alpino Español. Madrid, 1.918).
Collao del Jou Santu - Vega de Enol (3 horas)
En espera de la aprobación del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del Parque Nacional de Los Picos de Europa, que puede limitar, restringir o prohibir el paso por el entorno del río Pelabarda, reseñamos aquí una ruta alternativa para bajar a Pandecolines (haciendo mención de una variante más directa a Covadonga).
Del Collao del Jou Santu a la Vega de Enol, los dos itinerarios más directos son:
A) Por el Resecu
El principio de esta ruta es común con la de subida. La divergencia se produce en el Jou Sin Tierri, donde hay que desviarse hacia el Norte. La bajada a los Jous del Resecu tiene lugar por un empinado y rectilíneo canalón que se encuentra a la izquierda del Porru de Llampa Mala. Este pequeño cueto, sito al Sudeste del Cantulimpóu, ya ha sido mencionado al describir la ruta de ascenso al Jou Santu.
Una vez que se emboca el canalón (Canalón de Les Llampes), muy angosto al principio, pudiendo salvarse el estrechamiento por la ladera Oeste del Porru Llampa Mala, no hay pérdida posible hasta caer a los Jous del Resecu.
Estos jous están formados por pequeñas camperas situadas en la cabecera del valle del río Resecu. Al Este se eleva la Canal de Les Perdices, que muere en un collado a la derecha del pico Conjurtao. En el Oeste se encuentra la cuesta de Los Afrentadorios, por donde se pasa a Justillagar (dejando a mano izquierda la cumbre del Cantulimpóu).
Alcanzados los Jous del Resecu, nos adentramos en el valle. En unos diez minutos se llega al manantial donde nace el río. Al doblar el recodo se encuentra un bebedero de reciente construcción. Puede seguirse el cauce seco del río hasta las ruinas de la majada de Resecu Cima. Posteriormente el sendero, que se pierde frecuentemente, evita algunos saltos del río, pegándose a la zona de pared que cierra el valle por la izquierda.
Se mantiene la tónica de descender por la izquierda del cauce del río hasta llegar a una redondeada campera donde aquél se encajona. No debe confundirse con otra campera que la precede, también bastante amplia, en que es difícil seguir el rastro del sendero entre las peñas. Aquélla tiene restos de un cierre por su izquierda, junto al que pasa el sendero.
Justo en el inicio del cañón se remonta unos metros por la ladera contraria, para seguir en travesía sobre el cauce comprimido del río. El sendero se adentra en la primera barrera de llambrias inclinadas que forman el cañón por esta mano. Al salir de este tramo la vereda se haya a considerable distancia del cauce del río. Continuando a media ladera (el camino se pierde fácilmente), se busca un rellano sobre otra zona de llambrias, que nos impide la vista del siguiente tramo del cañón.
Al otro lado el sendero, ahora bien conservado, inicia un notable descenso, perdiendo la mitad de la altura que lo separaba del cauce del río. En la ladera opuesta (margen izquierda del Resecu) crecen gran cantidad de hayas. Se la conoce como Joyosa Les Texuques.
Más abajo, destacan dos reducidas camperas, a distinto nivel sobre el río, en cuyo cauce crecen algunos árboles. Se bordea la más alta por la derecha, pegados a un pequeño contrafuerte calizo. Enseguida, al doblar, se da vista a las ruinas de Les Texuques (Las Texucas). El sendero desciende suavemente hacia la majada, sobre un tramo muy bonito del río compuesto por una sucesión de bañeras (pozas) de agua cristalina.
Unos doscientos cincuenta metros antes de la majada se aprecia una senda que sube por la ladera de la derecha. Entra en Les Texuques de Arriba. Continúa al Jou La Fuente por donde se devola al Tolleyu.
Pasadas las ruinas de Les Texuques, todavía hay que seguir por la margen derecha del río. Aguas abajo el Resecu se sume de nuevo. Su curso subterráneo sólo permite que se conserven unas escasas bañeras de agua estancada en superficie. El bosque gana terreno, extendiéndose a ambas márgenes del cauce reseco. Sigue un tramo de grandes guijarros. Ahora el sendero discurre por este incómodo terreno de la cuenca del río. Pero no tarda en desviarse hacia la izquierda, antes de llegar a un árbol tirado. Con este giro se evitan los paredones que cierran la Vega del Bricial, a la que se entra por una sombría valleja.
La Vega del Bricial conformaba lo que en su día fue el tercer lago. Se trata de una extensa depresión que se encharca en días de fuertes lluvias o aprovechando el agua del deshielo. Recibe el agua del Lago Ercina, que brota en un manantial al Noreste de la vega. Tras un corto recorrido se sume de nuevo en el centro de la misma.
El agua del Resecu no llega al Bricial. Antiguamente lo hacía por La Meona, una grieta que se forma en las paredes que cierran la vega por el Sur. Hoy en día este espectáculo es dificilísimo de contemplar, pues la configuración kárstica de Los Picos hace que las aguas del Resecu se desvíen cada vez en mayor cantidad por cauces subterráneos.
La Vega de Enol no está muy lejos. La montaña que se levanta al Norte del Bricial, donde se encuentra el pico del mismo nombre, se halla en el centro de los lagos Enol, Ercina y Bricial. Hay que dirigirse hacia ella por la vaguada que sube por la izquierda de las cabañas del Bricial. Está delimitada entre éstas y una estrecha franja rocosa. A la altura de la majada se gira a la izquierda, contra la zona de peña. Un camino muy pisado la atraviesa, entrando en La Jelguera, una amplia y alargada llanada con muchos helechos, que se extiende entre la línea de bosque y la ladera de la montaña que se alza entre los lagos. Se cruza una zona de llambrias y se entra en la Vega de Enol.
B) Por Justillagar
La bajada a Justillagar se encuentra en El Jorcadiello. Recordar que esta collada se encuentra al Oeste del Cantulimpóu. Al descender por el Caleyón del Francés hay que desviarse a la derecha, en una zona de campera, antes de internarse en la zona más caótica del mismo.
En El Jorcadiello se coge una canal que emboca directamente a la Vega de Justillagar. Sin embargo, a mitad de camino entre El Jorcadiello y la vega, se deja la canal. Un breve canalón que se esconde a mano derecha, al pie de los paredones Noroccidentales de la mole del Cantulimpóu, da acceso a las suaves laderas que descienden hacia el fondo de la vega.
Justillagar es una campera privada. La cabaña se encuentra al Norte, bajo una peña que separa dos colladas. La salida de la vega ha de hacerse por la de la derecha. La otra collada, la que se forma entre la cabaña y un imponente paré (bajo el que sube el camino del Collao Gamonal), comunica con una canal que desciende suavemente hacia la majada de Rondiella.
Devolando la collada se encuentran las ruinas de la majada de La Vallisca. No es necesario llegar a ellas, sino que se debe descender al jou que hay a su derecha. Toda esta franja de media montaña dispone de abundante pasto. Puede apreciarse la gran concentración de majadas. En cada rincón es frecuente encontrar un buen número de cabezas de ganado, sobre todo vacuno. La consecuencia lógica es la proliferación de senderos que unen las distintas praderas.
Situados en el jou que se encuentra a la derecha de las cabañas de La Vallisca, se aprecia un sendero que sube al Noreste. Entra en un canalón que desciende bastante directo a Orrial. No obstante, vamos a describir un poco el descenso más usual. Tiene lugar por un collado que se abre al Noroeste del jou. Goza de una bonita vista. Al fondo, hacia el mar, la Sierra del Sueve. Ésta puede contemplarse en todo su esplendor gracias a un desfiladero que impide que otras cumbres más próximas se interpongan en nuestro campo de visión. Este cañón ha sido modelado por el río Pomperi. La ladera izquierda esta tomada por un hermoso hayedo; en tanto que sobre la ladera derecha, más pelada, destaca la cumbre del Diadiellu, con un pequeño paré a su derecha. En pleno desfiladero se encuentra una amplia vega, la de Redimuña, cerca del Pozo del Alemán.
Más a la derecha del Diadiellu, con una peña entremedias y en un plano más próximo, una extensa zona de pasto llama la atención. Se trata de la majada de Orrial, cuyas aguas vierten al río Pomperi. Para llegar a Orrial, desde el collado en que estamos, se tira campera abajo, pero con tendencia hacia la derecha. Una amplia vaguada desciende hacia una vega rodeada de llambrias. Tras recorrerla durante un corto tramo, se da vista a una zona de bloques que hay al izquierda. Entre las peñas pasa un sendero que viene de Rondiella. Nosotros tenemos que desviarnos a la derecha, hacia un collado que parece no tener salida al otro lado. Sin embargo, una bonita cuenye o estrechamiento entre peñas nos permite salir a otra vaguada, paralela a la anterior.
Se desciende otro poco por ella antes de volver a girar a la derecha, atravesando bajo una diminuta y alargada pared. Sólo resta atravesar, a media altura, la ladera/llomba de cotoya que nos separa de la majada de Orrial, y que desciende hacia el río Pomperi.
Pasadas las ruinas de la majada, se afronta un repecho para alcanzar el collado que se encuentra al Norte, a la derecha de la peña que preside la vega. Por fin se enlaza con un marcado sendero. Ha de tenerse mucho cuidado para no despistarse al llegar a una pequeñita campera, pues la senda gira bruscamente a la derecha. Sin solución de continuidad entra en otra camperita donde tuerce a la izquierda.
Lo que en principio parece una cómoda vaguada va degenerando hasta terminar dando forma a una inclinada ladera que se precipita sobre el río Resecu. Un cierre va quedando a la derecha del camino para evitar que las vacas entren en un terreno tan inclinado. Se llega a una horcadita donde se vuelve a dar vista al Diadiellu. No hay problema en tirarse por la ladera de la derecha y bajar a Les Texuques, pero la propia configuración del terreno nos va guiando a la vega que se encuentra en la falda de aquella cumbre. Otro repecho lleva al collado que se ve a la derecha del Diadiellu (Llaguiellu).
Una vez en el collado conviene echar la vista atrás, para contemplar la vega que se acaba de atravesar. Una característica línea de llamarga la parte por la mitad. Al fondo la Torre Santa María y las bonitas cumbres que se van alineando al Oeste, dan vida a un paisaje de ensueño.
El Monte Palomberu nos separa de la Vega de Enol. Desde el collado se baja siguiendo la franja de pared del Diadiellu. Al llegar a una llanada, con mucho barro por estancarse el agua, el terreno invita a girar a la derecha. No se tarda en volver a coger el rastro del marcado sendero (al Sudeste sale otra senda, no es más que una variante de la que se está describiendo, que evita la vega del Llaguiellu).
El camino se adentra en el bosque. Está muy pisado por lo que no es fácil perderse. Va uniendo bonitas camperas, escondidas entre la arboleda. Llega a un importante claro donde se divisa parte de la Vega de Enol (a tiro de piedra). Desciende bruscamente a una bella pradera. Todo recto, entrando en una zona en la que alternan los árboles con las camperas, y en la que el camino va como encajonado a través de un tramo rocoso, como queriendo evitar pérdidas de última hora, se llega a unas cabañas. En la loma que hay al Norte se encuentra la capilla de la Vega de Enol.
La Vega de Enol es un hermoso valle que se forma entre la Porra de Enol (al Norte) y el pico Mosquital (que junto con el del Bricial configuran la montaña que separa los tres lagos). La riqueza de sus pastos favorece el asentamiento de varios grupetos de cabañas. Un ramal de la pista que la atraviesa sube hasta el Refugio de Pastores (aún no se ha decidido a qué se destinará este edificio). Desde la vega se disfruta de una de las perspectivas más bonitas del Macizo Occidental. Pero lo que realmente maravilla de este rincón es el Lago Enol, con unos veinticinco metros de profundidad. De sus aguas dulces a desaparecido finalmente la figura del cangrejo de río, aunque cuenta con alguna que otra variedad de peces. Sobre la superficie pueden verse ocasionalmente las fochas y los patos (ánade real, normalmente) que se acercan desde el lago vecino, donde anidan.
Cuando se afronta una ruta tan larga como esta de Covadonga a la Peña Santa de Castilla, no es descabellado pensar en un segundo vivac (el primero en el Jou Santu es más que probable) en la Vega de Enol. Un buen baño antes de preparar la merecida cena, garantiza una milagrosa recuperación para acometer descansado la última jornada, ya de cómodo y bellísimo descenso al valle de Covadonga.
Vega de Enol - Moroñes - Pan de Colines - Covadonga (3 horas)
Desde Covadonga a la Vega de Enol se sube en dos horas cuarenta minutos por Severín (por tanto, unas dos horas y cuarto para bajar). Aquí se describe el rodeo por Pan de Colines, no sólo por la belleza de este puerto, sino también porque tratamos de hacer ver la vuelta a que obligaría la eventual prohibición de paso por el río Pelabarda. No obstante, como ya se advirtiera anteriormente, haremos una breve referencia al camino de Severín.
Al Este del Refugio de Pastores de la Vega de Enol hay un grupo de cabañas al abrigo de unos fresnos. Dejándolas a la izquierda se coge un sendero que no tarda en perderse. En llano, quizás bajando ligeramente, se continúa en busca de la continuación del sendero, que se adentra por una zona rocosa. A unos cincuenta metros ladera abajo se encuentra un bebedero; otro tanto para la cabaña (a la sombra de los correspondientes fresnos). La entrada a la senda está muy pisada y muriada. No desesperen los senderistas que hasta aquí también ha llegado la patrulla de pintores.
Después de remontar este tramo de llambrias, continúa la travesía en busca de una barrera rocosa que interrumpe la ladera. El sendero la cruza por la parte más vulnerable, a unos cincuenta metros de su parte inferior. No hace falta mencionar las hermosas vistas de que se va disfrutando en este flanqueo sobre la Vega La Cueva (dando vista a la cueva que le da nombre, que no se aprecia desde la pista de Pandecarmen) y la alineación de cumbres del Macizo Occidental.
Vencida la muralla rocosa, no tarda en divisarse una amplia collada, a la derecha de una pequeña redondez caliza donde crece alguna haya. Desde la collada sube una cresta que va dando forma a la ladera que se viene bordeando, en la que sólo crece un árbol. Forma parte de la sierra que se alza sobre la Vega de Enol, presidida por la Porra del mismo nombre.
Llega el momento de efectuar una parada, para ir fijando las distintas sierras o vaguadas que hay que rodear o recorrer. Entre el Porru Caballero y el Porru La Jermosa, se extiende el puerto de Pan de Colines. Al fondo, empequeñecida por la distancia, la sierra caliza de Los Porros de Vizcalluenga.
A la derecha del Porru La Jermosa (aislada peña caliza enclavada en una suave loma de pasto) se divisa una sierra en que alternan la caliza con el matorral: La Sierra La Cuenca. Más a la derecha sube una valleja cubierta de árboles, con una campera tomada por la maleza en su parte inferior. Siguiendo la vaguada con una imaginaria línea recta se divisan en el horizonte las cumbres del Pienzu y del Mirueñu (máximas alturas de la sierra costera del Sueve). Por esta valleja habrá que remontar para iniciar la travesía hacia el Porru La Jermosa.
Retomando la marcha, se deja atrás la collada y se desciende vaguada abajo, en dirección a la majada de Moroñes, cuyas camperas destacan en la parte inferior. Al entrar en una abierta pradera, siempre siguiendo el sentido descendente de la vaguada, hay que desviarse ligeramente a la derecha, a fin de encontrar el sendero que atraviesa la barrera de cotoyas que corta el paso.
Un hoyo, a cuya izquierda crece un árbol, interrumpe el descenso. Se bordea por las rocas de la derecha (mal terreno), buscando una valleja más transitable por la que se efectúa el último tramo de bajada hasta el sumidero de Moroñes.
Una vez en la redondeada depresión en la que se sumen las aguas de la majada, se gira a la derecha, por los pastos que suben hasta las ruinas de Moroñes. Se dejan éstas a mano izquierda, mientras se camina por el centro de la campera. Nada más pasar una gran haya se tuerce a la izquierda. Sin ánimo de confundir al personal ha de reseñarse un inmediato giro a la derecha, entre espineras. Bordeando un jou donde crece un tronco seco, el sendero se adentra en el bosque.
El sendero da paso a un camino bastante ancho que, a su vez, adquiere forma de pista a la salida del bosque. Se dirige a la majada de Fana, donde nace la riega que, sumida en la cabecera de la vaguada de entrada a las cabañas, renace más abajo para ir dando vida al río Pelabarda.
Para coger el camino de Severín debe llegarse a la majada de Fana, una de las más renombradas del Parque Nacional. Hace unos años, "El Parque" ha acometido la construcción de un corto tramo de pista que comunicara la carretera de Los Lagos con la majada. Como una curiosidad de esta vega, destacar un huerto en el que se han plantado árboles, que por cierto, ya están muy creciditos.
Al Noroeste de Fana se encuentra la Vega Fondos, alargada depresión escondida entre desconocidas sierras. Por la ladera que la cierra por la derecha sube en travesía un marcado sendero hacia un collado. En línea recta, sin mayores problemas de pérdida se llega a la majada de Severín (en el trayecto se encuentran un par de bebederos), donde puede optarse por mantener la misma dirección, en cuyo caso se bajaría a Les Mestes por El Pandal; o bien entrar por un collado que se encuentra a la derecha de la majada. Da paso a una vaguada. A mitad de valle, el sendero lo abandona por la izquierda. Pasa al lado de la majada del Collao Argomal. Para observar los restos de las explotaciones mineras de la zona habrá que entrar en el Collao Argomal desde el final de la vaguada que viene de Severín. Desde este collado se da vista a la más importante majada de Les Llaceries, también comunicada con la carretera de Los Lagos. Al final de la camino empedrado/pista que sube desde esta carretera, debe entrarse en un prado bien cerrado de la majada (hacia el Oeste). Al otro lado se entra en una valleja cubierta por el bosque que desciende prácticamente hasta Orandi.
Retomando la descripción de la ruta de descenso donde la dejamos, decir que no es necesario entrar en la majada de Fana, aunque si se quiere caminar por un terreno más cómodo es la opción aconsejable. Entre Moroñes y Fana, a la salida del bosque, se forma una incipiente vaguada que, a medida que pierde altura se va haciendo cada vez más profunda, dando forma al desfiladero del río Pelabarda. En lo cimero de las laderas de su derecha, se encuentra la Sierra la Cuenca. Más al Oeste el Porru La Jermosa, precediendo al puerto de Pandecolines.
Para llegar a Pan de Colines, debe rodearse la Sierra La Cuenca por detrás. El primer paso será alcanzar una vega, oculta a nuestra vista, que se interpone entre la Vega Fondos y la majada de Acebeo. Como señaláramos la forma más cómoda de llegar a ella es entrar en la vega de Fana. Por detrás del primer grupo de cabañas (hacia el Oeste) entra el sendero a esta vega.
Pero también se puede bajar a la majada de Acebedo. Se halla resguardada en el centro del valle que baja de Fana al Río Pelabarda. En la ladera que la cierra por el Norte, que forma parte de la cresta que nace en la Sierra La Cuenca y muere en la vega de Fana, se adivina una vereda de ganado que sale de las mismas cabañas de Acebéu. Aprovechando esta senda se remonta toda la ladera. En la parte de arriba el sendero parece bifurcarse, debe seguirse el ramal de la derecha, para alcanzar la cresta, entre rocas y matorral. En la vertiente opuesta se esconde la vaguada que buscamos.
Ésta remonta por la derecha de la Sierra La Cuenca, a la sombra de una dispersa mancha boscosa. Al llegar al final de la vaguada se gira a la izquierda, continuando el faldeo de esta sierra. Saliendo al Norte entre las hayas se entraría en la vaguada que finaliza en la Canal de Severín (y que da paso a la majada del mismo nombre). Nuestra travesía termina en una doble collada, entre la Sierra La Cuenca y el cueto calizo del Cantu Abedul. Por la collada de la derecha se puede descender, valle abajo, hasta la majada de Tresllué. Pero para completar el rodeo es mejor devolar por la collada cimera. Junto a un espino se coge el camino que acomete el último tramo del flanqueo de La Sierra La Cuenca, sobre el puerto de Tresllué. Siguiéndole se alcanza otra bellísima collada, entre esta sierra y el Porru La Jermosa. Sólo resta bordear esta peña por el Sur, dando vista a los desfiladeros del Pelabarda y del Pomperi, para llegar a las suaves lomas de Pan de Colines.
De Pan de Colines a Covadonga la ruta es común con la de descenso.