EL CARES DE CANTABRIA: URDÓN - CASETÓN DE ELECTRA DE VIESGO - EL CANAL (DE REÑINUEVO) - CUEVA DEL NACIMIENTO - CAÑIMUELLE - LA LLOSA CIMA - TRESVISO - BALCÓN DE PILATOS - URDÓN (circuito)
Nota: la inclusión de esta ruta en el catálogo ha de agradecerse a la iniciativa del veterano montañero "Paco" Tessier. Él mismo se encargó de reunir un bonito grupo para reconocer el terreno. A instancias de este clásico del montañismo asturiano se procedió a recopilar en estas páginas la información obtenida. Delegando la guía del grupo en Enrique Loreau, los montañeros José A. Castro y Ricardo Miyar se dedicaron a recoger las notas pertinentes. Rubén ("Peruyeru") e Inés Vega fueron un constante apoyo durante toda la jornada.
Punto de partida: Urdón.
Duración: 7 horas 30 minutos.
Desnivel: 825 metros. Este dato es engañoso y no debe ser tenido muy en cuenta. Desde Urdón hasta el Casetón de Electra de Viesgo se salva un desnivel de 400 m. Aunque gran parte del recorrido subsiguiente se realiza por el muro del Canal, lo abrupto del terreno obliga a evitar las verticales caídas hacia el río Urdón, ganando y perdiendo altura sin descanso. Un terreno largo y rompepiernas que provoca un fuerte desgaste físico y psicológico. Con las fuerzas mermadas deben acometerse aún los 400 m. (más o menos) de desnivel que separan el pueblo de Tresviso de la Cueva del nacimiento.
Dificultad: No se trata de una ruta de montaña; otra cosa es el interés que despierte en los montañeros cualquier obra de ingeniería que se desarrolle en el marco incomparable de los Picos de Europa. Es importante destacar este dato, pues de él se deriva que no sirva de aplicación la escala de dificultades aplicable a los recorridos de montaña.
Sí es cierto que el camino construido para el servicio del Canal se asemeja a los pasos abiertos por los pastores en la baja y media montaña; pero el hecho de discurrir frecuentemente bajo el nivel de la corriente de agua, le hace quedar expuesto a fisuras, pérdidas de agua o al arrastre del caudal sobrante. Los tramos sometidos a la acción erosiva del agua han perdido su configuración original, derivando en un mal sendero irregular en roca viva, en ocasiones cubierto con grijillo o con los materiales arrastrados, y constantemente humedecido.
El verdadero problema que se encuentran los montañeros, y que ha hecho desistir a más de uno, radica en el hecho de tener que caminar por el muro del Canal. La tendencia instintiva a fijar la mirada en el muro deriva en miedo a un vacío que se intuye, pero que no puede cuantificarse sin desviar la vista. El agua que por el otro lado fluye constantemente, fomenta una sensación extraña que puede provocar mareo. En todo caso conviene advertir que esta influencia es distinta según el sentido ascendente o descendente en que se afronte el recorrido. En días de excesivo caudal el agua rebasa sobre el muro, lo que hace más delicado el paso, debiendo prestarse atención al poner el pie para que no se vea arrastrado por la corriente, ocasionando el consiguiente desequilibrio. También son peligrosos los tramos del Canal cubiertos con musgo. Debe indicarse además que no todo El Canal está protegido con pasamanos. Mantener esta tensión durante mucho tiempo da lugar a un desgaste psicológico, más agotador que el mero cansancio físico.
Por último ha de hacerse referencia al peligro intrínseco que conllevan los sobrantes de agua, que pueden sorprender al montañero encerrándolo en una trampa mortal.
Características: Todo el interés de la ruta se centra en el recorrido de una ingente obra de ingeniería que cuenta con casi un siglo de existencia. El trazado para el aprovechamiento hidroeléctrico del río Urdón atraviesa las sombrías laderas norteñas de la Sierra de Bejes. Espolones calizos y paredes verticales de unos cientos de metros han hecho necesaria la construcción de una amplia red de túneles. El exceso de caudal en épocas de deshielo da vida a un panorama de gran espectacularidad por la formación de cascadas artificiales; aunque ha de advertirse que a mayor caudal más peligroso se vuelve el recorrido por El Canal.
La ruta atraviesa salvajes rincones de gran belleza. Unos de origen natural (dentro de lo artificioso del trazado) como los paseos a través de las manchas boscosas que se descuelgan de lo cimero de la Sierra de Bejes: hayas, robles, avellanos y algún que otro madroño ofreciendo sus frutos; otros debidos a la mano del hombre como el Corredor de Matallana y el Puente sobre el Río Chico. Lo que "Paco" Tessier ha llamado el Cares de Cantabria Finaliza/comienza en la Cueva del Nacimiento, que nutre de agua a la Central Hidroeléctrica de Urdón.
Para completar el circuito nos hemos decantado por la Senda de La Peña, conocida como Ruta de Tresviso. Este amplio camino (en alguna guía se habla de pista apta para vehículos) se debe al esfuerzo de las Compañías mineras. No debe olvidarse que el Macizo Oriental de los Picos de Europa fue el más afectado por la explotación minera. Consecuencia favorable de esta actividad fue la comunicación de los pueblos de Bejes, Sotres y Tresviso. Una de estas vías de comunicación hoy se ha convertido en una ruta turística de gran interés. Une el pueblo cántabro de Tresviso con el Desfiladero de La Hermida en el lugar en que el río Urdón vierte sus aguas al Deva. El rincón más afamado de esta ruta es el llamado Balcón de Pilatos, colgado sobre el desfiladero del río Urdón.

Descripción:
Accesos
Urdón no es un pueblo, aunque la señalización de la carretera así parezca indicarlo. Apenas se conservan tres o cuatro construcciones: una casa habitada y dos edificios en aparente estado de abandono. Un poco más metido en el cañón de Urdón, sobre el río del mismo nombre se halla una central hidroeléctrica de Electra de Viesgo.
Este rincón se esconde en el interior del Desfiladero de La Hermida. Nada más pasar el límite provincial de Cantabria se abre, a mano derecha, un profundo cañón cerrado por paredes de gran verticalidad. Esta imponente quebrada ha sido modelada por la acción erosiva de un modesto e impetuoso curso de agua, el río Urdón.
El conductor ha de ir muy pendiente, pues a la salida de una curva a la derecha se encuentran de golpe la Ruta de Tresviso y la zona de aparcamiento.
Estas referencias son válidas si se remonta el curso del río Deva desde Panes. En cambio, si se entra en el Desfiladero de La Hermida por Potes, obviamente, Urdón se encontraría justo antes de entrar en Asturias. Dista unos dos kilómetros de la localidad de La Hermida. Si en Urdón desemboca este río al Deva; en La Hermida es el río Corvera quien vierte sus aguas a este cauce principal. Ambos cursos de agua bajan delimitando la Sierra de Bejes.
Urdón - Canal de Las Aileras - Casetón de Electra de Viesgo (1 hora)
El Cuetudave es una abrupta montaña que se eleva, a modo de apéndice, en el extremo nororiental de la Sierra de Bejes. Su aparente unidad se desglosa en un entramado caótico de collados, canales, senderos y verticales paredes en las que penden inclinadas pandas herbosas frecuentadas por el ganado. Sobre una de las más acongojantes caídas, cual si de un nido de águilas se tratara, llama la atención el Casetón de Electra de Viesgo. Marca el punto de inflexión del Canal, cuyas aguas -que hasta el Casetón se habían deslizado mansamente- se precipitan en caída libre en la oscuridad de unos tubos de gran grosor. El terrible impacto que se produce al final del macabro trayecto, mueve las potentes turbinas de la Central Hidroeléctrica de Urdón.
La plataforma del Casetón de Electra de Viesgo se asienta en la parte superior de un espolón que separa las canales de Las Aileras y de Los Vertederos (en la cara Noroeste del Cuetudave). Aquélla es la primera que se va abriendo a nuestros ojos. Su parte inferior parece una inclinada ladera, en tanto que su parte superior se va estrechando hasta acabar cerrada en un circo rodeado de cientos de metros de lisas verticalidades.
Para acceder a la Canal de Las Aileras se coge la pista que remonta por la margen derecha (sentido ascendente de la marcha) del río Urdón. Dejando a un lado el ramal que entra en La Central, la pista rodea esta edificación. En la parte posterior cruza el río por un buen puente. Nada más alcanzar la otra margen del río, se abandona el camino que continúa en llano por el desfiladero, y se toma otro que sube por la ladera de la izquierda.
Salvados los primeros tornos, inicia una travesía ascendente cruzando de parte a parte la Canal de Las Aileras. Durante la travesía, en los paredones que se elevan sobre nuestra posición, se ven los tubos por los que se precipita el agua del Canal. Una protegida escalera metálica sube uniendo los anillos o plataformas que se han acondicionado en torno a los tubos.
El camino sigue ganando altura en cómodos zigzag, esta vez por la parte derecha de la Canal de Las Aileras, comiendo -en cada giro a la izquierda- terreno al canto que separa esta canal de la de Los Vertederos.
Superada la parte más abierta de la canal, al pie de unas peñas que ocultan los tubos a nuestra vista, se llega a una bifurcación. El camino que sigue de frente entra en la Canal de Los Vertederos. Más arriba, en la zona del Calombo, se unirá al nuestro. Esta variante es desaconsejable por volverse intransitable con los desagües del Canal.
Dicho esto, conviene girar a la izquierda una vez que se ha llegado al cruce. El camino, "muriáu" a tramos, se retuerce en la cada vez más estrecha Canal de Las Aileras, apurando las peñas de su izquierda. Parece no llevar a ningún sitio. Cuando se acerca el final del embudo, cruza hacia las paredes del otro lado, en dirección a los tubos. Una travesía, cada vez más aérea, pero amplia y protegida con barandillas lleva a la boca de los túneles. Una sucesión de galerías trabajadas en plena caliza, con ventanas al vacío para favorecer la iluminación, conduce a los tubos. Apretados contra la peña, unos estrechos escalones buscan terreno más abierto. Siempre protegidos por una barandilla, los peldaños ceden en bravura y se acercan al Casetón. En ocasiones puede verse brotar un espectacular salto de agua en los paredones que se encuentran a nuestra derecha. Dicho torrente se precipita sobre el camino que entra en la Canal de Los Vertederos, haciéndolo impracticable.
Desde esta atalaya se contempla en toda su grandeza el desfiladero del río Urdón, separando la Sierra de Bejes de la Sierra de Cocón, donde está enclavado el pueblo de Tresviso. Muy evidente la Senda de La Peña, que sube a este pueblo y por la que se ha previsto el regreso. El último pico de esta modesta sierra, cuya ladera Este vierte al río Deva, es la Torre de Árguma.
Del núcleo propiamente dicho del Macizo Oriental destaca el Mancondíu, pese a no alcanzar los dos mil metros. Entre éste y el desfiladero se aprecia el Monte La Llama y los pastos de las majadas de Trúea, La Cerezal y La Llama, cortados por la pista minera que sube de Bejes a Sotres (por el Jitu de Escarandi).
El Canal de Reñinuevo: desde el Casetón de Electra de Viesgo hasta la Canal de Perilluenga (3 horas)
En la plataforma del Casetón se cogen unas escaleras que remontan sobre El canal hacia un poste de hormigón, restos de un antiguo tendido telefónico. Por la inclinada e incómoda ladera que asciende a nuestra izquierda, donde alterna la caliza con un tupido manto herboso, se puede alcanzar la cumbre del Cuetudave. El sendero de servicio del Canal inicia un primer descenso hasta quedar por debajo del nivel de éste. Un paso delicado, barrido por la fuerza de las aguas, permite acceder a la zona del Calombo. Se trata de una inmunda pedrera, sita en la parte superior de la Canal de Los Vertederos. Un amplio camino cubierto de vegetación, vence en retorcidos zigzag la ladera izquierda de esta canal, hasta unirse con el nuestro. Esta variante, ya reseñada, ha sido desechada por peligrosa.
El sendero, algo desdibujado en la zona pedregosa, remonta a una horcada para enlazar con El Canal. Se toma por primera vez contacto con su muro de contención. Un recorrido corto y sombrío hasta el Túnel del Cantilluco. Nuestro destino fluye contracorriente por las entrañas de la desnuda roca. Un pasillo de hormigón, apoyado en la fría y oscura corriente de agua y sujeto por gran cantidad de tentáculos que se aferran a la caliza del túnel, evita un flanqueo que se reputa imposible por el exterior del agujero. El uso de una pequeña linterna es aconsejable pero no necesario.
A la salida del tenebroso pasadizo El Canal, arañando la peña, gira hacia las caídas occidentales del Cuetudave. Es el punto más crítico de la travesía. Nuestro segundo contacto con el muro del Canal no deja lugar a las dudas. El tramo es bastante largo y tiene una caída considerable, no obstante está protegido con un psicológico quitamiedos durante gran parte del trayecto.
Quienes no se hayan habituado a este tipo de caminar, más propio de equilibristas que de montañeros, tienen una vía de escape al llegar a la Planchada de Osina. Se trata de un falso techo que cubre El Canal. Más que para acceder al otro lado del mismo, la ubicación de estas inclinadas planchas de hormigón en lugares estratégicos, frecuentemente en oscuras vallejas por donde arroya agua o arrastran graveras y todo tipo de materiales, hace pensar que están pensadas para evitar la caída de troncos, piedras o bloques al Canal.
La Planchada de Osina se encuentra en una zona abierta de campera, intermedia entre la pared desnuda que se acaba de atravesar y las laderas boscosas de la Sierra de Bejes. Recibe su nombre del collado superior, al que se accede subiendo por un sendero de tierra que se pierde entre los pastos.
La Sierra de Bejes nace en el Collao de Hoja. Va perdiendo altura paulatinamente en una sucesión descendente de suaves relieves, donde alternan bosque y pastos, decorados con un mosaico de antiguas cabañas. Al llegar al Collao de Osina, irrumpe la mole del Cuetudave quebrando la configuración de la sierra.
Del collado cae hacia el Este la Canal de Osina. Comunica con el pueblo de La Hermida gracias a la existencia de una antigua calzada romana que busca la protección de los contrafuertes del Cuetudave. Su estado de conservación es aceptable, salvo en el bosque contiguo al Collao de Osina, en que está prácticamente perdido. Un sendero baja atravesando los prados cimeros de la canal. Al llegar a las ruinas de una cabaña se gira a la izquierda para enlazar con la calzada.
El tramo de Canal que resta hasta la Canal de Perilluenga atraviesa a media ladera toda la Sierra de Bejes. Por su muro de contención hay que adentrarse en la mancha boscosa que cubre la ladera Norte de la sierra. En el momento en que éste se interrumpe en la boca del Túnel de los Muertos, el primero que se encuentra, debe seguirse un sendero que sale a mano derecha, llegando a una caseta en lamentable estado de abandono. El túnel es corto, por lo que no tarda en retornarse al muro del Canal. Sólo un curioso arco, construido sobre el curso de agua, rompe con la monotonía del trayecto.
Un largo caminar por este estrecho pasillo de hormigón se interrumpe al chocar con el agujero de salida de un segundo túnel. A la derecha del Canal un sendero remonta a la horcada que lo preside. Se inicia una larga travesía por el interior del bosque. El camino, muy abandonado y tomado por la maleza, aún conserva los restos de su esplendor pasado. Su amplitud original y el asentamiento de su base mediante amontonamientos de piedras, perfectamente alineadas y encajadas ("camín muriáu" o "calzáu") permite que pueda seguirse su rastro en la actualidad.
Perdida la referencia del Canal, el único punto remarcable es un collado pelado, en que la maleza ha ganado la partida al bosque. Aún se conservan las torretas del antiguo tendido telefónico. La fijación correcta de este promontorio permite vencer las dudas que puedan surgir en un cruce de caminos que lo precede. Desechando el ramal que baja al Canal, se remontan unos metros para alcanzar esta abierta plataforma de la Corona de Matallana. Este claro del bosque obliga a hacer una posa para contemplar el paisaje. Al otro lado del desfiladero vuelve a disfrutarse con el retorcido trazado de la Senda de La Peña. También se puede echar la vista atrás y descubrir cuan lejos va quedando el Casetón de Electra de Viesgo y la línea horizontal que El Canal va formando en las verticales paredes del Cuetudave.
De nuevo en la oscuridad del bosque, se inicia un suave descenso. No tarda en aparecer una nueva bifurcación. Estamos en Matallana, donde la maleza va cubriendo los restos de una cabaña. El color claro de su lateral queda camuflado en la espesura del monte. El camino de la izquierda sube hasta lo cimero de la sierra.
Haciendo un nuevo inciso en la descripción de la ruta, conviene señalar que existe una senda que une el Collao de Osina con el de Hoja. El amplio, pero abandonado camino de Matallana, alcanza las cabañas de la parte alta de la sierra enlazando, a continuación, con aquella vereda. Si se asciende por ella hacia el Oeste, en la última majada se coge una pista que viene del Collao de Hoja. Cabe, sin embargo, buscar un camino que sale al Sudoeste de la majada, antes de dar vista a la pista. Bordea la sierra por la vertiente de Bejes. Fuera ya del bosque llega a una antena. Por un canalón que corta el murallón rocoso de Tresacueva, se retuerce en inverosímiles tornos para bajar al barrio de La Aldea (Bejes).
En Matallana, retomando el hilo de nuestra narración, se coge la senda que desciende, pasando junto a una oquedad sita al pie de la cabaña, al Canal. Un corto tramo por el muro del mismo precede a uno de los episodios más espectaculares de esta magna obra de ingeniería, que data de los albores del siglo XX: el Corredor de Matallana. El mismo pasillo de hormigón ideado en el Túnel del Cantilluco, se desentiende ahora de lo que es el interior del túnel y pende al exterior colgado sobre el vacío. Una débil barandilla y la confianza en el ingeniero que lo ideó son la única garantía de no dar con nuestros huesos en el fondo del barranco.
El corredor, tan corto como intenso, da paso a una nueva horcada. De nuevo sobre el nivel del Canal, se inicia una travesía con algo de caída sobre el mismo. Este bonito tramo, abierto en plena pared, finaliza en el Túnel de Las Tablas, bonito puente que devuelve el trazado del sendero al muro del Canal.
Pasado uno de los falsos techos que cubren la corriente de agua (también hay un poste con dos marcas de pintura) ha de buscarse un difuso camino que baja a mano derecha. Lo poco evidente del cruce hace que se pueda seguir caminando por el muro. A los pocos metros éste queda interrumpido, colgado en una pared vertical. Una vez que se acierta con el desvío, el camino vuelve a hacerse evidente, pese a estar muy tomado por la maleza.
Rápidamente comienza a perder altura en continuas revueltas. El pronunciado descenso sirve para evitar un enorme espolón rocoso que desciende de la parte alta de la sierra hacia el río Urdón. Alcanzada su base, el camino remonta por el canalón que se abre al otro lado. Se pasa junto a una llambria en la que se han pintado dos flechas, una para cada sentido de la marcha. El ascenso continúa hasta ganar una nueva horcada, aún bajo el nivel del Canal.
Se transita por la parte más abrupta y escarpada de la sierra. El bosque va perdiendo empuje cortado por las verticalidades del terreno. Este mundo caótico de espolones y desventíos obliga a un nuevo descenso hacia la Canal Negra. Tras un bonito pasaje tallado en la roca, se da vista a uno de los pasos más escalofriantes de la ruta. La senda cruza bajo un húmedo y oscuro paredón, donde apenas se sujetan pequeños tapinos herbosos, y en cuyos abismos El Canal abre sus ojos como queriendo mirar la profunda congoja que tan inhóspito rincón provoca en el montañero.
La temida travesía no es tan fiera como aparenta. A sus pies arroya la riega Somantillo, que desciende entre grandes bloques hacia el río Urdón. En llano, por un tramo ganado a la roca, se accede a Peñas Negras. Una fisura en El Canal ha barrido literalmente el camino. Cruzar las inclinadas llambrias humedecidas por un constante fluir de agua es sumamente peligroso. Esta dificultad se soslaya perdiendo unos metros y atravesando por la parte más vulnerable del encajonamiento.
Un bosquete de avellanos va ganando la partida a las duras escabrosidades del terreno. Aprovechando la firmeza de sus troncos puede remontarse para recuperar el trazado original del camino. El ascenso continúa hasta volver, una vez más, al nivel del Canal.
Prácticamente se puede dar por concluido el flanqueo de la Sierra de Bejes. Sin embargo, aún queda un último rodeo al Pico Perilluenga para enlazar con la canal del mismo nombre. Sobre nuestra posición se aprecia un angosto canalón que baja desde una mancha de avellanos en forma de triángulo invertido. Los paredones que hay a su izquierda forman parte de las caídas occidentales de la sierra. La aguja que se alza a su derecha, empastada con la caliza del fondo es el Pico Perilluenga.
No se tarda en abandonar El Canal. Pasadas dos planchas de hormigón, se coge un camino que sale a mano derecha (otro antiguo poste al que se baja sirve de referencia). Antes de adentrarse en la oscuridad del canalón conviene hacer una posa para echar un vistazo al panorama. En pleno desfiladero destaca una caseta solitaria, se trata de Reñinuevo. También puede apreciarse la Canal de Trúea, una inclinada panda que desciende cortando las paredes orientales del desfiladero, de izquierda a derecha, desde los verdes pastos de las majadas de La Llama hasta lo más recóndito del cañón de Urdón.
Nada más reemprender la marcha ha de salvarse un paso delicado. El continuo goteo proveniente del Canal ha pulido las llambrias del camino, humedeciéndolas en un corto y empinado tramo de descenso, tallado en la roca y con unos metros de caída.
A continuación ha de atravesarse el canalón que se abre paso entre las caídas occidentales de la Sierra de Bejes y el Pico Perilluenga. Sin más complicaciones, entre avellanos, se retoma el muro del Canal. En un falso techo, junto a un cartel que anuncia del peligro de la corriente de agua (su aparente lentitud es engañosa), se enlaza con el camino que baja por la Canal de Perilluenga.
Por esta canal puede salirse al pueblo de Bejes (La Aldea). Se remonta un primer tramo hasta alcanzar la cabaña que se halla protegida por la caliza del Pico Perilluenga. Un falso llano precede a la segunda parte de la subida. Salvando el tupido bosquete de avellanos (al que se ha hecho referencia unos párrafos antes, otorgándole -por la distinta perspectiva- la forma de un triángulo invertido) de la Cagiga de Los Garamales se alcanza el Collao de Hoja. Para bajar al pueblo no hay más que seguir la pista del Dobrillo (cabañas sitas en la parte alta de la cuesta que hay a la derecha del collado, que alternan con antiguas construcciones mineras; la majada intermedia es la de Andueo). Sin embargo, devolando rectos hacia la otra vertiente (se deja la pista a la derecha) baja una senda más directa por Tresacueva, pegada a un murallón rocoso que corta el paso a la Sierra de Bejes. Sólo un retorcido camino de herradura lo atraviesa en dirección a una pequeña antena (ya se ha hecho mención a este bello recorrido al hablar de Matallana).
Canal de Perilluenga - Reñinuevo - Cueva del Nacimiento - La Llosa Cima - Tresviso (2 horas)
El sendero que baja por la Canal de Perilluenga cruza El Canal y continúa perdiendo altura con respecto a éste. A la sombra de un tupido bosquete se encamina a un paredón en que se ha pintado una marca roja. A partir de aquí, lo abrupto del terreno hace que el bosque vaya en retroceso. No desaparece por completo, pues constantemente se atraviesan pequeñas manchas forestales más o menos aisladas.
Por un pequeño puente que pasa casi desapercibido se cruza la riega Carcabá. Un escondido rincón apretado entre paredes calizas y salpicado por las gotas de agua que desprende la riega al romper entre las peñas. Esta lluvia de agua vaporizada no es sino un preludio de lo que se va a encontrar hasta el final del Canal: el reino del agua.
Más adelante, en un abismo calizo, se ha excavado una galería, abierta al vacío. Sólo en el centro se conserva un falso túnel, simulando un sólido apoyo para aguantar el peso de toda la techumbre. Hasta el túnel, del techo pinga el agua que se filtra del Canal; pero a la salida del mismo, las incómodas gotas se juntan para formar un chorro que se descuelga en el centro de la galería. El paso suele salvarse con una buena mojadura de hombro por el miedo a pisar muy cerca del aéreo borde del voladizo.
Para alcanzar la Caseta de Reñinuevo hay que superar una profunda quebrada tajada por el río Chico. Un corto puente, colgado sobre este curso de agua (Puente sobre el Río Chico), une las laderas separadas por la fuerza erosiva del agua. Pero la belleza del lugar no se descubre hasta que no se pone el pie sobre este puente y uno se detiene a contemplar e entorno; aunque el estruendo atrone nuestros oídos unos metros antes. Si bonito es el encajonamiento del río, que fluye comprimido entre sombrías bóvedas pulidas unas decenas de metros por debajo del emplazamiento del puente; este espectáculo se queda "chico" en comparación con el bello trazado del Canal. Corta un imponente paredón asemejando la brecha abierta en la piel por el filo de una navaja. No brota sangre, pero la corriente de agua -que rebasa el muro- va formando una cortina de espuma que se precipita sobre el cauce del río. Un árbol solitario que crece en las inclinadas laderas completa un cuadro digno del mejor pincel.
Antes de llegar a la Caseta de Reñinuevo (Reñunuevu/Reñonuevo/Reñonuevu) restan por atravesar unos corredores de hormigón de escasa entidad. En cualquier punto de esta travesía se goza de una perspectiva más amplia del indescriptible conjunto que se crea en torno al Puente sobre el Río Chico. La plataforma sobre la caseta permite un leve respiro en el repecho que, en cortos zigzag, devuelve el trazado del camino al muro del Canal.
Un corto túnel obliga a dejar momentáneamente la compañía del Canal. En la sombría oscuridad de un nueva mancha boscosa, al otro lado del túnel, se encuentra otro falso techo. Cruzando El Canal y subiendo riega arriba se entra en la Canal de Trúea. La salida de esta canal ha de hacerse buscando los farallones rocosos que la cierran por la derecha. Da paso a la solitaria cabaña de Trúea. Esta majada comparte con otras dos una vasta extensión de pasto que llama la atención desde el mismo Casetón de Electra de Viesgo. La majada principal es la de La Llama, siendo el conjunto de cabañas de La Cerezal algo menor. Sobre ellas cruza en llano la pista que sube desde Bejes a Sotres.
Se acomete el último tramo por el muro del Canal, hasta que éste queda interrumpido por un par de poyos de hormigón. Un buen sendero baja hacia el cauce del río Urdón. El Puente La Bárdina (un puente doble) salva el curso del río, pero lo hace sobre un estruendoso salto de agua. El camino empieza a ganar altura por la margen derecha del río (sentido ascendente de la marcha), adentrándose en La Bárdina del Nacimiento.
Desentendido ya del trayecto del Canal, que discurre por la ladera opuesta, permite, sin embargo, contemplar otra maravillosa cascada artificial. Si bien el salto no es excesivamente alto, la belleza de este nuevo espectáculo radica en el amplio abanico que cubre el manto espumoso. Rebasando holgadamente el nivel del muro de contención del Canal, el agua se precipita estrepitosamente sobre el cauce del río Urdón. Pequeños árboles resisten aislados el embite de la torrentera.
Por fin se da vista a la Cueva del Nacimiento. Una rampa de hormigón permite acceder a la misma, pero ha de abandonarse el camino que sube a Tresviso. En la cueva se forma un embalsamiento de agua subterránea que nutre sobradamente el caudal del Canal. Del río Urdón apenas se aprovecha un pequeño flujo de agua que se desvía hacia la cueva.
Retomando el camino, las piernas comienzan a notar cómo se incrementa la dureza de la pendiente. El cañón del río Urdón se estrecha hasta el extremo volviendo el paso intransitable. Esta angostura es el trágico destino común de los valles del Sobra y de Valdediezma, cuyas fuentes de claras aguas cristalinas alimentan un incipiente riachuelo capaz de quebrar y delimitar estas atormentadas sierras menores de los Picos de Europa.
La única salida posible supone vencer las paredes de la derecha. Una sucesión de escalones, protegidos por una barandilla, permite vencer un importante desnivel en apenas unos metros. La dureza de este tramo hace honor a su nombre: Cañimuelle.
Pronto la pendiente se suaviza. Por una ladera más tumbada (los Vallejos de Trescañimuelle), fuera ya de las verticalidades del cañón de Urdón, continúa el sendero en cómodos tornos. Alcanzada la Jorcada Cañimuelle se devola hacia la majada de la Llosa Cima
Sus cabañas se asientan en el centro de una marcada vaguada. Consta de pocas pero curiosas construcciones. Destaca una extraña plataforma de hierba (a modo de huerto) sobre un sólido amontonamiento de piedras que, tal vez, cobije un habitáculo para guardar los animales. Un poco más allá el camino pasa entre una cabaña en ruinas y un inteligente aprovechamiento arquitectónico de gran simpleza para uso ganadero.
Por los prados se cruza toda la vaguada en dirección a una solitaria cabaña. El sendero, "muriao", traza cortas revueltas para acceder a una valleja poblada de robles. Se remonta todo el Monte Robredo hasta salir al Prau Lleu. El amplio y cómodo camino que sube desde la Llosa Cima por todo el bosque Robredo, se interrumpe repentinamente al entrar en esta campera.
Si se cruza el prado hacia el Noreste se encuentra -al otro lado- un mal sendero. Este se coge en el punto de confluencia de los restos de dos murias. En caso de perder el rastro de la nueva vereda, señalar que para llegar a Tresviso hay que subir siempre tendiendo al Noreste. Una pista corta nuestro sendero; basta con atravesarla. Se continúa ganando altura hasta encontrar la caja abierta de una nueva y reciente pista. Por ella ya se sale a la carretera que entra en Tresviso.
Tresviso - Urdón (1 hora 30 minutos)
Este antiguo camino minero no tiene ninguna pérdida. Todos los años es recorrido por gran cantidad de montañeros. La elección de esta ruta para completar el circuito tiene la ventaja de permitirnos disponer de una completa panorámica del Canal de Reñinuevo, pues su trazado se abre camino por las escabrosas laderas de la vertiente opuesta del desfiladero del río Urdón.
La senda se inicia en la parte baja del pueblo de Tresviso, por la pista que pasa sobre el cementerio. Da acceso a unos prados e inicia un primer tramo de bajada hasta los invernales de Prías.
El descenso propiamente dicho comienza en un marcado giro a la derecha, sobre la Canal de La Cerrosa, pasada la zona de minas. La pista continúa directa hacia un escalofriante vacío, torciendo a la izquierda obligada por el abismo que se abre a sus pies. Este primer contacto con las verticales caídas que vierten sobre el río Urdón es lo que se conoce como el Balcón de Pilatos.
Más abajo se da vista a una inclinada ladera que se va estrechando paulatinamente. En ella se ha trabajado el trazado de la Senda de La Peña, que pierde altura en continuos tornos hasta alcanzar el vértice inferior. Entra así en La Bargona, un tramo ganado a la pared que cierra la Canal de La Cerrosa.
Retorciéndose por el interior de esta pedregosa canal, el camino emboca hacia el río Urdón. Destacar la presencia de un bonito y estrecho "juracao". Interrumpida la canal por la acción erosiva del río, el camino se desvía en llano a la izquierda. Traza los últimos tornos por las Canalucas del Grezo, antes de hermanarse con el cauce del río.
Tras cruzarlo remonta por la margen derecha hasta el Puente de Los Vertederos. Un bello puente de piedra sobre la riega que desciende tumultuosamente por la canal homónima. Un descansado paseo por Entrelospuentes cierra el circuito en las inmediaciones de la Central Hidroeléctrica de Urdón.