PIDO - FUENTE DÉ - HOYOS DE LLOROZA - COLLADA BLANCA - TORREBLANCA - TIROS DE CASARES - LIORDES - FUENTE DÉ - PIDO (semicircuito). ASCENSIONES ALTERNATIVAS O COMPLEMENTARIAS: LA TORRE SIN NOMBRE Y TIRO LLAGO
Punto de partida:
Pido.Duración: 11-12 horas.
Desnivel: 1.700 metros.
Dificultad: I:.Ruta de larga duración. Mundo caótico de llambrias que ralentizan la marcha y reflejan el sol acrecentando la sensación de calor asfixiante. La falta de agua puede ser un problema. Ausencia de senderos en la zona de alta montaña. El excesivo número de "jitos" puede favorecer la pérdida de la ruta elegida. La posibilidad de realizar la marcha en dos jornadas se ve dificultada por la escasez de agua.
Características: Ruta de gran dureza y de gran belleza. El paseo de Pido a Fuente Dé, entre bosque y con llegada a un circo glaciar es especialmente hermoso. También lo es la subida, salvando un murallón de 700 metros, hasta los Hoyos de Lloroza. Del resto de la marcha apenas se disfrutará, dada la dureza del entorno de la alta montaña del Macizo Central. Un mundo de llambrias sin apenas vegetación. Compensa la vista del Picu Urriellu y la ascensión a una de las cumbres que sobrepasan los dos mil seiscientos metros. La Torreblanca es una de las pocas atalayas que permiten contemplar el Lago Cimero. El inventario de lagos de montaña se completa con el rodeo sobre los Pozos de Lloroza y con la perspectiva aérea del Lago Bajero.
Mención aparte merece la Vega de Liordes. Un oasis de verdor rodeado de cumbres que superan con creces los dos mil metros de altura. Un arroyo recorre toda la depresión, hasta sumirse al pie de la Torre de Salinas. Es normal encontrar grandes grupos de rebecos que no se asustan con nuestra presencia. A la vega suele llegarse a la caída de la tarde, cuando prácticamente no queda gente en el lugar, convirtiéndose el recorrido sobre la vega en un placentero paseo. No menos agradecida resulta la última hora de marcha entre el murmullo de las hojas de los árboles. La zona de valle resulta un descanso a la vista (tras una maratoniana jornada sometida a la dura prueba de la reflectante caliza). También produce un efecto relajante sobre el resto de los sentidos.
Sin embargo, esta ruta presenta su lado oscuro. Fuente Dé es uno de los núcleos de explotación turística de los Picos de Europa. El recorrido hasta su circo glaciar se ve interrumpido por la carretera de acceso al teleférico. Una vez en la cabecera del valle nos encontraremos con gran número de construcciones hoteleras, destacando el Parador Nacional.
Toda la subida hasta El Cable se realiza bajo las continuas idas y venidas del remonte. El recorrido hasta Cabaña Verónica se ve degradado por la masiva afluencia de gente que accede desde el teleférico. Esta pérdida de entidad de este entorno de alta montaña se hace más molesta por el continuo circular de todoterrenos por las antiguas pistas mineras.

Descripción:
Accesos
Desde Potes, seguir una carretera que asciende por todo el Valle de Liébana, remontando el curso del río Deva. Pasa por los núcleos de población de Camaleño (el más importante), Los Llanos y por un barrio de Cosgaya (donde se encuentra el Hotel del Oso). A unos 19 Km. de Potes se encuentra el pueblo de Espinama. Unos 200 m. más arriba, por la carretera que sube al teleférico de Fuente Dé, se encuentra el desvío a Pido.
Pido - Fuente Dé (1 hora)
Es de señalar el aspecto cuidado de los pueblos de Liébana, y Pido no es una excepción. Enclavado en la cabecera del valle del río Deva, actualmente está integrado dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa. El queso de Pido es una de las muchas variedades de queso que se elaboran en el Valle de Liébana. En las afueras del pueblo se ha establecido una quesería en la que se pueden adquirir estos productos gastronómicos.
Precisamente a esta pequeña industria hay que dirigirse para subir a Fuente Dé, por una pista que sale de la parte alta del pueblo hacia el Oeste. Pasada la quesería se desechan dos valles (con sus correspondientes riegas) y, consecuentemente, las pistas que por ellos remontan; el primero se orienta hacia el Sur y el segundo hacia el Oeste. Encaminando nuestros pasos en dirección Norte, no es difícil observar la impresionante muralla que cierra el circo de Fuente Dé y que sirve de referencia.
Algo más adelante, se encuentra una nueva pista que sube a mano izquierda. Tampoco hay que seguirla, pero hay que tenerla en cuenta, pues por ella se puede realizar la subida más bonita a la Vega de Liordes desde Liébana. Sube a los invernales de Las Berrugas, donde enlaza con la ruta Fuente Dé - Puerto de Pandetrave. Esta pista atraviesa bajo las laderas que caen de Remoña y de Salinas. Entre ambas torres se abre la Canal de Pedabejo que da paso a la Vega de Liordes.
Por terreno hormigonado se sale a la carretera de acceso al teleférico. Coincide con nuestra ruta durante un buen tramo. Pasado el kilómetro 22, una nueva pista baja al fondo del valle, por donde se deslizan suavemente las aguas del río Deva. Se cruza su cauce, buscando las laderas que caen por su derecha (en el sentido ascendente de nuestra marcha). De este modo, al abrigo de un hermoso bosque, se dirigen nuestros pasos al lugar del nacimiento del Deva: Fuente Dé.
La pista entra en el circo. Restos de la explotación minera contrastan con las nuevas infraestructuras de la explotación turística. De aquélla hemos heredado una red de caminos que comunican el valle con la alta montaña de los Picos de Europa, aparte de hondas heridas en la roca muy difíciles de cicatrizar; de ésta, un medio artificioso de abrir al turismo un espacio frágil, sujeto a cambios climáticos muy bruscos.
Fuente Dé - Lloroza (2 horas)
Fuente Dé es un antiguo circo glaciar. Al Oeste se elevan las verticales paredes de Remoña, caracterizadas por unas líneas transversales por donde discurren los pasos de los rebecos. Separando Peña Remoña de las no menos impresionantes caídas de la Padierna se encuentra la Canal del Embudo, un sombrío canalón por cuyas laderas son fácilmente divisables unos tornos. Se trata de Los Tornos de Liordes, restos del camino minero que subía a las minas abiertas a las puertas de la Vega de Liordes.
Al Norte continúa un murallón que se eleva por encima de los mil ochocientos metros. En su parte cimera se ha construido la estación superior del teleférico. En ese punto confluyen las masas de gente que utilizan el remonte mecánico con las que, por la pista minera que sube de Áliva, acceden en todoterreno.
Sin embargo, los montañeros disponen de tres alternativas evidentes para alcanzar a pie la meseta superior. La primera de ellas es por La Celada, sólo recomendada para los que pretendan dirigirse a la Colladina de Las Nieves (collada situada al Norte de La Padierna) o al Pico San Carlos (cumbre caliza, plana por arriba, que destaca a la derecha de aquélla). Esta subida busca una rampa herbosa, con abundante pedrera, que atraviesa la pared de Esta a Oeste (no puedo facilitar más datos por no haberla recorrido, aunque me han dicho que presenta una trepada fácil en la salida). Al principio de esta canal destaca una evidente brecha que corta el murallón en dos partes: la Canal de La Jenduda, que constituye la segunda alternativa de subida, a la izquierda de la estación superior del teleférico. En la parte inferior del embudo presenta un resalte de unos tres metros. Se puede trepar por la izquierda (II:). Justo al lado contrario suele encontrarse una cuerda fija, aunque no siempre puede fiarse uno de su estado. Un montañero debe confiar únicamente en su capacidad para afrontar un mal paso. El resto de la ascensión consiste en un empinado estrechamiento, acotado entre pulidas paredes, donde debe prestarse especial atención a la caída de piedras. La salida, por verdes y pequeñas vegas llanas, completa una vía de gran espectacularidad.
La tercera opción para salvar el murallón pasa junto a los casetones de las minas. Se trata de una abandonada construcción escondida en un collado sito en la vertical de la estación superior del teleférico. Si bien la presencia de esta edificación puede pasar desapercibida desde la vega, la marcada pista minera de acceso a la misma, común en su inicio con los Tornos de Liordes, delata su posición. Tras la zona de minas, se inicia una travesía sobre las canales herbosas que caen al valle, por donde se bajaba el mineral (quedan restos de los pilares para el cableado), ganando una amplia ladera de pasto que sube al Collao Valdecoro. Para salir a El Cable (estación superior del teleférico) hay que coger una travesía herbosa (que entra de derecha a izquierda) entre impresionantes paredones, que sube a buscar una rampa que corta la pared en que se asienta la caseta del remonte.
Esta última alternativa será la escogida para llegar a Lloroza. Se coge una pista que sale al Oeste de la vega de Fuente Dé, por la derecha de un bosque de avellanos que crecen sobre la escorrentía que cae de la Canal del Embudo. Atraviesa en ligera subida toda la ladera que se adentra en esta canal, llegando a un cruce. Tras un pronunciado giro a la izquierda se inician las treintaicuatro revueltas por las que bajaban los bueyes cargados con el mineral desde el Collao de Liordes. Siguiendo de frente, la otra desfigurada pista minera alcanza una pequeña ladera, constreñida entre peñas y colgada sobre una franja rocosa que cierra el circo de Fuente Dé por el Norte. Al inicio de la ladera nace un riega que nutre la cascada que se precipita sobre la vega. En verano suele quedar reducida a una línea de agua que arroya por la pared. Este manantial, que atraviesa el camino de subida, es un buen lugar para coger agua, dada la dificultad de encontrarla más arriba. La presencia de abundante tiraña no debe condicionar el relleno de las cantimploras, pero hay que buscar el manantial evitando el agua que arroya. La tiraña es una planta carnívora. Sus hojas, de tonalidad verde clara, se abren como si de una estrella de mar se tratara. Son muy pegajosas, atrapando a los insectos que se posan sobre ellas (si se observa siempre tienen los restos de las partes que no aprovechan de sus víctimas). Del centro emerge una flor de color violeta entre los meses de abril a julio,según la altitud. El agua que entra en contacto con esta planta puede provocar fuertes descomposiciones al que la beba.
La pista continúa subiendo, marcando dos tornos antes de llegar al casetón de las minas. En el segundo de ellos (se trata de un giro a la derecha), arranca el difuso sendero que emboca a La Jenduda (o a La Celada). Pasada la collada en que se asienta la edificación de referencia, se inicia un descenso hacia una bocamina. Hay que subir un poco por la gravera que se encuentra a su derecha (evitando un sendero más evidente que sigue en llano), para iniciar una travesía algo aérea en su comienzo. Continúa atravesando por la cabecera de una de las canales que cae hacia Fuente Dé para entrar en una canal herbosa. El camino asciende dando continuos giros hasta alcanzar el collado cimero. Se remontan unos pasos en la vertical del collado. Una trepada de un metro para salvar una roca con tierra entre cotoyas y se prosigue con la travesía. Se llega a una segunda collada. El sendero transita bajo una corta franja rocosa, saliendo a la amplia ladera que sube al Collao Valdecoro. Al poco de dejar la zona de peña se encuentra una reducida cuenca con la roca desnuda por donde arroya algo de agua (hallándose en su base una corta parcela de llamarga). Unos metros antes de entrar en este terreno se gira a la izquierda, iniciando una nueva travesía (en sentido inverso al que se traía) sobre la franja rocosa que se acaba de pasar por abajo. Encima de nuestra posición una muralla de paredones verticales. Pegado a ellos sube un sendero (al Este), hacia el Collao Valdecoro. Nuestra senda continúa la travesía al borde de un abismo cada vez más evidente que se va abriendo sobre el tramo de ascenso ya superado. Más arriba la vereda se separa de éste, arrimándose a las paredes de la derecha (la muralla rocosa que viene del Collao Valdecoro), dando vista a la rampa de salida, bajo la caseta del teleférico. Para llegar a ella hay que remontar una pedrera, siempre pegados a la pared. Sigue una travesía ascendente hasta el inicio de la rampa, por terreno empinado e incómodo. Goma, cristales, trozos de madera, cables... todo tipo de porquería nos obliga a pasar este tramo con un elemento indispensable para nuestra seguridad: la vacuna contra el tétanos.
Antes de que la misma cabina del teleférico pase dos veces sobre nuestras cabezas, ya se abrá llegado a la parte superior de la rampa. La travesía prosigue, buscando una traviesa alta que corta una pequeña pared, a la derecha de otra travesía inferior que entra en una apetecible colladina.
Al doblar se da vista a una canaluca con llambrias. Se trepa por ellas (I:) saliendo hacia la derecha (cuando aquélla gira en sentido contrario) sobre una característica llambria tumbada. Una nueva travesía hacia el Este, por una plataforma de llambria que rodea una peña de escasa altura, y ya se da vista a la estación superior del teleférico. Este tramo es mucho más interesante que el que precede a la rampa de salida, pues la cantidad de mierda acumulada es también mucho mayor.
Al llegar a El Cable se coge una pista que sale al Norte. En este tramo es normal encontrar gran cantidad de gente y un trasiego muy molesto de todoterrenos. La pista rodea los Hoyos de Lloroza.
Hoyos de Lloroza - Torreblanca (3 horas)
Los Hoyos de Lloroza son una sucesión de pozos que con las lluvias otoñales y con la nieve del invierno se llenan de agua hasta bien entrada la primavera. Sus reducidas dimensiones les impiden acumular agua suficiente para aguantar la falta de precipitaciones del verano. Sólo en el caso del último de estos pozos, el que se encuentra más al Norte, puede hablarse de una verdadera laguna de montaña. Tiene el tamaño justo para conservar un nivel de agua que permita la vida lacustre durante todas las estaciones.
Aunque rodeados de altas montañas, estas se encuentran algo alejadas. Se exceptúa el caso de Peña Olvidada, abruptas paredes de escalada que culminan en una cima de contornos suaves y muy amplia. Tras ella se oculta Peña Vieja, máxima altura de Cantabria. Por el Oeste arranca la Canal de San Luis, donde destaca el marcado sendero de subida. Esta canal se abre entre La Padierna y el Pico San Carlos. La Padierna no presenta la inaccesibilidad que aparenta desde la vega de Fuente Dé. Desde esta posición se presenta como una corta cuesta que cierra por la izquierda la vasta Colladina de Las Nieves. Ambos accidentes geográficos no se encuentran sobre la Canal de San Luis, sino que se hallan separados de ésta por una loma de llambria. Todo lo contrario que en el caso del Pico San Carlos, que cierra la canal por su derecha. Se trata de una imponente mole caliza (aunque desmerece un poquito si se la compara con Peña Olvidada, entre otras cosas porque ésta está más cerca) bastante plana por arriba. La precede una amplia meseta de caliza a la que se le denomina Torre de Altáiz.
Una pista minera rodea por el Este los Hoyos de Lloroza. En una curva muy cerrada a la derecha se inicia una corta y dura rampa. De la curva sale (hacia el Oeste) el camino que sube por la Canal de San Luis. Al final de la rampa se encuentra la Horcadina de Covarrobres, al pie de las paredes de Peña Olvidada. En plena horcada existe un cruce de pistas. La que viene del Cable; la que baja hacia el Este (que entra en los Puertos de Áliva y continúa a Espinama o a Sotres); y la que tenemos que seguir. Ésta atraviesa la ladera de gravera que cae de Peña Olvidada sobre los Hoyos de Lloroza. Al Norte de éstos, da un pronunciado giro encaminándose a Fuente Escondida (al pie de la Torre de Altáiz). Se trata de La Vueltona, punto de inicio del camino que sube a Horcados Rojos.
Tras el cómodo llanear por la pista, el camino comienza con un fuerte y continuado repecho. A mano izquierda aparece una profunda cueva. En su interior hay una poza donde se puede coger agua, pero la cantidad de ovejas que allí entran a beber me hacen dudar de la salubridad del agua. Según se gana altura, se va abriendo, también a nuestra izquierda, la hondonada del Jou Sin Tierri. Sobre él, al Oeste, se hace evidente una línea de cumbres que desde Lloroza quedaban tapadas por el Pico San Carlos. Éste es el primero del cordal, el que se encuentra más hacia el Sur. Le siguen la Torre del Hoyo Oscuro (más redondeado); el Madejuno (más estilizado); Tiro llago, que según se vaya viendo más de frente va a presentar una doble torre separada por una profunda brecha; el último de la serie es la Torreblanca, que da impresión de accesibilidad por lo tumbado de sus laderas de grava y llambria.
Antes de continuar con la descripción del camino es conveniente hacer una somera referencia de la línea de cumbres que lo cierran por su derecha, pese a que se presentan bastante desfiguradas por transitarse por su pedregosa falda, sin la amplia perspectiva que da la lejanía. La primera de ellas, a la que ya se ha hecho mención es la Peña Olvidada. A medida que nos alejamos de ella va perdiendo entidad, configurándose como un contrafuerte, eso sí muy largo, de las caídas sureñas de Peña Vieja, segunda de las cumbres que se alzan sobre nuestra posición. De ésta no destaca una cumbre definida, sino una enorme barrera de grandes paredes, quebradas por profundas canales por donde se descuelgan los aludes. Resultado de la acción erosiva de hielos, vientos y lluvia, es la enorme pedrera de su base, por la que corta el camino que hemos de seguir.
La siguiente cumbre a la que debemos de hacer referencia es Santa Ana. Desde abajo sólo se divisa un conjunto de torreones, paredes, agujas (La Canalona y Bustamante) y pedreras. A medida que se va ganando altura, empezará a destacar La Canalona, evidente abertura por la que sube la senda que da paso a la vertiente Noroeste, por donde se ataca bien la Peña Vieja, bien las Torres de Santa Ana.
Más destacada aparece la Torre de Horcados Rojos. Enorme monolito con bonitas vías de escalada que presenta una característica tonalidad rojiza. Sin embargo, queda oculta su vía normal, que arranca de Horcados Rojos. Éste es uno de los sitios más renombrados de los Picos de Europa, porque desde él se ve el Picu Urriellu. Hacia ese punto se dirige el camino que tenemos que subir. Es lugar de paso de una de las rutas clásicas de Picos: El Cable - Horcados Rojos - Vega de Urriellu - Sotres. Está considerada como una de las más duras que se realizan en este macizo, y sin embargo el desnivel de subida apenas supera los 500 metros. El gran problema es que el uso de un remonte mecánico permite a la gente situarse cómodamente en los mil ochocientos metros. La falta de forma no se deja sentir hasta que alcanzan el Jou de los Boches (donde es imposible el retorno para una persona cansada). La cercanía del refugio estimula a los cansados montañeros. El descenso hasta Sotres llega a ser lamentable, y no digamos nada de cuando se bajaba a Poncebos. Si el recorrido se realiza en los meses de septiembre/octubre un repentino y no descartable cambio del tiempo puede convertir el Jou de Los Boches en una ratonera. Por otro lado, la gente se empeña en realizar el descenso por los Horcados Rojos, una empinada ladera de llambria y roca donde se ha tenido que habilitar un pasamanos de acero; cuando por la Collada de Santa Ana (al Norte de la torre del mismo nombre) se baja hasta en moto.
Al Oeste de los Horcados Rojos se levanta la piramidal figura del Tesorero, punto de confluencia de las Provincias de Asturias, Santander y León. Las estribaciones de esta cumbre y de la Torreblanca se unen en la Collada Blanca.
Prosiguiendo con la descripción de la ruta, decíamos que el camino nace en La Vueltona iniciando una fuerte subida. Llega a una zona de descanso, saliendo a mano derecha existe un manantial, pero no conviene fiarse, pues casi siempre está seco (mana abundante agua en primavera). El camino retoma el sentido ascendente. Se entra en una zona de tornos por una ladera caótica. Al final de la cuesta se encuentra la desviación hacia La Canalona. Siguiendo al Oeste, bajo las paredes de la Torre de Los Horcados Rojos, el camino permite un ligero respiro. Sigue una corta cuesta hasta una collada. Nuevo y último cruce, pues se termina el camino. A la derecha los Horcados Rojos; a la izquierda el refugio de Cabaña Verónica, pequeño habitáculo metálico que bien podía haber sido desguazado con el navío del que procede, pues prácticamente no presta servicio ni a los amantes de los refugios (tiene ocho plazas, creo).
A partir del refugio ya no hay caminos evidentes, sí muchos "jitos", tantos como piedras. A derecha y a izquierda, por arriba y por abajo. Para andar por los Picos recomiendo aprender a manejar el mapa y la brújula y confiar únicamente en la propia experiencia, siendo conscientes de los propios límites, desconfiando de la falsa sensación de seguridad que proporcionan los refugios y las zonas masificadas (?enumero los muertos y los accidentes que hubo sólo en esta zona?). Antes de seguir la marcha mirad la cantidad de agua que os queda y el cansancio acumulado, pues se inicia la parte más complicada de la ascensión y aún resta una compleja vuelta. Hasta la Vega de Liordes es un continuo sube y baja por llambrias y pedreras y con varias horas por delante.
Una vez en el entorno del refugio, se continúa por las lomas pétreas que hay al Oeste. Tras un corto descenso, se gira a la derecha, enseguida se retoma el rumbo Oeste, perdiendo algo de altura para iniciar el rodeo de los Hoyos Sengros. Se trata de una travesía con alguna que otra trepaduca, buscando traviesas entre las llambrias a fin de alcanzar la Collada Blanca.
Esta collada cierra por el Oeste los Hoyos Sengros, amplia depresión cerrada por el Sur por la línea de cumbres Madejuno - Tiro Llago - Torreblanca. En la Collada Blanca se inicia la larga crestería que sube a esta última cima. La ascensión se inicia por su izquierda, ganando la cresta únicamente para atacar el torreón final. Se trata de ir buscando el terreno más favorable. La larga crestería presenta tramos más complicados al inicio y en los dos torreones que preceden al de la cima. Ello permite acceder a la arista en el tramo intermedio, pero volviendo a las graveras y llambrias de la izquierda para evitar este par de torres. Hago mención de esta alternativa porque existe una ruta así marcada con "jitos". En todo caso, no hay ningún paso difícil, casi toda la ascensión se hace caminando o con alguna que otra trepada de primer grado.
La Torreblanca disfruta de una bonita vista. Queda colgada sobre el Lago Cimero y permite contemplar una panorámica completa de la Vega de Liordes. Sin embargo, la posibilidad de admirar los otros dos macizos de los Picos de Europa queda muy limitada. Quedémonos con las peladas llambrias de este macizo y con el verdor de las redondeadas cumbres de la Cordillera Cantábrica. Al Sur La Meseta Castellana.
De Torreblanca continúa una clásica crestería de escalada hasta la Torre del Llambrión (III:). Pasa por la Torre Sin Nombre (una torre plana en mitad de la arista) y Tiro Tirso. La Torre del Llambrión es, con sus 2.642 m., la segunda cima de los Picos de Europa, después de Torre de Cerredo (2.650 m.).
Torreblanca - Tiros de Casares (2 horas)
El descenso de la Torreblanca se efectúa por el mismo lugar que el ascenso, pero al acercarse a la Collada blanca, en vez de girar hacia ella (izquierda), hay que hacerlo hacia la derecha, rodeando el mayor de los Hoyos Sengros en busca de una collada que cierra el jou por el Sur. Un nuevo rodeo, evitando un pequeño jou por la izquierda, nos lleva a una zona de llambrias sobre una profunda depresión.
Por el Sur cierran las imponentes paredes del Madejuno y del Tiro Llago.
Hay que descender hasta lo más profundo del jou, lo que no es fácil. Existe un canalón muy marcado que baja por el Oeste. Con un poco de suerte puede encontrarse una vía muy accesible por las llambrias que quedan colgadas sobre este estrechamiento.
Una vez en el fondo del jou se toma dirección Este, dando vista a la mole de Peña Vieja (destaca el sendero de subida a la peña en la gravera inferior de la cumbre), para subir a una collada que cierra la vaguada en ese sentido. En la collada se gira a la derecha, en dirección a la pared del Madejuno. Característica de esta peña es una vira ascendente que corta la pared. Se trata de la vía normal (II:). Trepando por la vira se alcanza una marcada brecha por la que se accede a la arista.
Como decíamos, se sube en dirección Sur hacia la torre del Madejuno. No se tarda en ir girando al Este a fin de ganar la loma que nos cierra por este lado. Se alcanza una horcadina con algo de verde. En este punto suele enlazarse con la línea de "jitos" que viene de Cabaña Verónica. No queda más que rodear la ladera del Madejuno que mira al Este. El terreno sigue siendo muy malo, más llambrias que caen sobre un nuevo jou; pero la referencia es muy buena, pues ya se da vista a los Tiros de Casares, marcada horcada que separa la Torre del Hoyo Oscuro del Madejuno (al Sur). Las llambrias se pasan a media altura, sin bajar al jou. Pasado este tramo se sale a un pisado sendero por el que se llega a los Tiros de Casares.
Tiros de Casares - Vega de Liordes (1 hora)
Devolando los Tiros de Casares se encuentra un marcado sendero. Se baja toda la vaguada hasta el Hoyo del Sedo, saliendo por la collada que lo cierra por el Suroeste (230:). Durante toda la bajada se va dando vista a las Peñas Cifuentes, hermoso cordal que cierra por el Este el Valle de Valdeón. Aparte de Remoña, que nos quedaría más al Sur, componen esta sierra la Torre de Salinas, la Torre del Hoyo de Liordes, la Torre del Hoyo Chico (muy pequeñita) y la Torre del Friero ( de izquierda a derecha). A nuestra derecha se deja la Horcada Ancha, amplia collada por la que se pasa al Lago Cimero.
Alcanzada la collada que se va divisando desde que se alcanzan los Tiros de Casares (al otro lado del Hoyo del Sedo, inconfundible por no haber otro durante el descenso), se baja, en menos de tres minutos, al amplio y transitado camino que viene de Collao Jermoso.
Una vez en él se gira a la izquierda, entrando en el Sedo de la Padierna. Antes de iniciar este corto descenso sobre el inicio de la Canal de Asotín, conviene asomarse para ver el Lago Bajero (al Noroeste). Pasado el sedo se llega a una amplia collada que marca el acceso a la Vega de Liordes. Es una encrucijada de caminos. El que viene de Collao Jermoso (por el que acabamos de descender); el que baja por la Canal de Asotín (a la derecha según se baja del sedo); un tercer camino que sigue de frente (algo difícil de encontrar desde este punto por perderse en la pradería) y que nos llevaría al Collao de Remoña sin necesidad de bajar a la vega de Liordes; y el camino que tenemos que tomar que rodea la Vega de Liordes por el Este, a media ladera.
Este último camino lleva directo a la collada de Liordes, donde se cogen Los tornos de Liordes para bajar a Fuente Dé. Pero conviene desviarse para tomar un agua fresca y cristalina que, seguro hechamos de menos. La fuente se encuentra al inicio de la riega que cruza toda la vega, un poco más allá de una solitaria roca junto a la que han levantado un palo de colores para medir la altura de la nieve. Cerrando la fuente por el Sur se aprecia claramente una escollera de las minas.
Vega de Liordes - Pido (2 horas 30 minutos)
La Vega de Liordes es una depresión de pasto donde en su día pervivió un lago de montaña. Queda cerrada por las Peñas Cifuentes, a las que ya se ha hecho referencia. Un arroyo recorre toda la vega, siendo aprovechado por los rebecos y la gran cantidad de ganado que aquí sube a pastar durante el verano.
Para bajar a Fuente Dé es necesario alcanzar el Collado de Liordes. Se trata de una inconfundible abertura que separa La Padierna (que por esta cara vuelve a presentar verticales paredones) de Remoña y que se encuentra al Este - Sureste.
Desde la collada se da vista al valle de Fuente Dé, unos ochocientos metros más abajo. Dado lo avanzado de la ruta, el descenso puede hacérsenos muy largo e interminable. Está formado por 34 tornos, pero se puede bajar recogiendo té de puerto (en este caso conviene llevar pilas para los frontales). El té es una planta pequeñita y con varias flores de color amarillo-verdoso. Tiene un olor penetrante. Para su consumo debe dejarse secar a la sombra de quince a treinta días. Con un poco de suerte, al caer la tarde, puede disfrutarse con la presencia de los treparriscos, aves de montaña de color grisáceo, pero con unas alas que presentan una gran variedad de colores. Se alimentan con los insectos que atrapan en los resquicios de las peñas. Su pico y sus garras están especialmente adaptadas al entorno.
Al final de los tornos se enlaza con el camino minero de subida. Se baja a la vega y se disfruta de otro bonito paseo por el bosque (si la mayada nos lo permite).
ASCENSIONES ALTERNATIVAS O COMPLEMENTARIAS: LA TORRE SIN NOMBRE Y TIRO LLAGO
Se trata de dos cumbres que se integran en la clásica crestería Madejuno - Torre Blanca - Llambrión. Aunque la catalogación final de la crestería alcanza el tercer grado (algo difícil), la ascensión individualizada a cada una de las cimas que se coronan en dicha travesía no supera el segundo grado en sus respectivas vías normales. Es frecuente la coincidencia entre cordadas que afrontan la integral del cordal y simples montañeros que ascienden alguna de sus cumbres aisladamente. El material de escalada utilizado por aquéllos y el montaje de rápeles, pone en evidencia la exclusión popular de los grados inferiores de la tabla de escalada (IIš y IIIš) de la consideración de escalada en sentido propio. Tradicionalmente se consideró que la escalada empezaba en el segundo grado, relegando el concepto de trepada (en general trepar es escalar) para el primer grado.
TORRE SIN NOMBRE
Dificultad: Poco difícil (IIš). La ascensión presenta pasajes bastante aéreos. La angustiosa sensación de vacío se contrarresta con la seguridad que proporciona una roca de excelente calidad. Pese a la abundancia de buenos agarres y apoyos, el ambiente en que se desarrolla la escalada aconseja incrementar artificiosamente la dificultad de la vía, catalogándola como de tercer grado (algo difícil). Una sobrecatalogación del nivel técnico de exigencia que responde a la dificultad del montañero de deslindar el aspecto físico/técnico del compromiso psicológico de toda escalada.

La Torre Sin Nombre es un amesetado torreón que se incardina entre Torreblanca y Tiro Tirso. Su plana cima es el único accidente que parece individualizar esta asimilada torre del conjunto de la cresta en que se integra. De altura incierta, se erige en una de las cimas más relevantes de los Picos de Europa. En la edición de 1.987 del Mapa Topográfico Nacional (Hoja 56-III), se le asigna una altura de 2.642 m., equiparando a esta "innominada" con la segunda cima del Macizo Central -y por extensión del conjunto de los tres macizos-, la Torre del Llambrión. En la edición corregida de 2.002, se omite toda referencia a la Torre Sin Nombre. Resulta curioso observar, cómo en este mismo mapa la Torreblanca se decota en ocho metros, pasando de los 2.617 m. a los 2.609 m.; en tanto que la cima de Tiro Tirso mantiene sus 2.639 m.. En el mapa de M. A. Adrados se le asigna una altura oficiosa de 2.638 m., dos metros por debajo de Tiro Tirso, tercera cumbre de los Picos de Europa.
La ascensión a la Torre Sin Nombre puede afrontarse desde la misma cima de Torreblanca, siguiendo la clásica arista que continúa hasta Tiro Tirso. Esta perspectiva lineal, desdibuja la figura amesetada de aquella torre. Se presenta ante nuestros ojos como una doble cresta afilada de blanquecina llambria. Un estrechamiento sirve de visagra de engarce de las desdobladas inclinaciones calcáreas que configuran el lomo cimero de la torre. El punto somital de la Torre Sin Nombre se encontraría en el extremo occidental de este eslabón de la escabrosa cresta, sobre el descuelgue que se precipita sobre grueso gendarme que la desgaja de la voluminosa mole de Tiro Tirso.
Entre Torreblanca y la Torre Sin Nombre se intercala una redondeada antecima que, siguiendo la tónica de la cresta, se descuelga vertiginosamente sobre las umbrías del Hoyo del Trasllambrión, por su vertiente Norte, y sobre los cristalinos reflejos del Lago Cimero, a través de los más cálidos abismos de la vertiente opuesta.
Se inicia el descenso por la cresta occidental de Torreblanca, en dirección a la referida antecima que precede el torreón de la Torre Sin Nombre. El terreno es franco, apenas algún tramo de primer grado. Una fina arista que culmina en un compacto promontorio, altera la monotonía de la descompuesta cresta descendente. Una inclinada placa de llambria se descuelga vertiginosa por la vertiente sureña de la arista. Se entuba en los canalones que se alternan entre los abismales desplomes que delimitan el circo glaciar del Lago Cimero, recogida cubeta en cuyo fondo se reflejan las transparentes aguas de una lagunilla circular. Una hermosa bavaresa, por la vertiente del Lago Cimero, permite flanquear con seguridad los escasos metros de arista cegados por el peñasco que la interrumpe. Las manos hacen presa en el filo del corte, creando la contraposición de fuerzas que permite a los pies pegarse como lapas a la inclinada llambria. Ausencia total de apoyos suplida con creces por una sencilla técnica que garantiza una adherencia óptima en la pulida llambria. Interrumpe la colgada pasada una "joroba" pétrea a caballo de los inmensos vacíos del Hoyo del Trasllambrión y del Lago Cimero. Sin dejar la vertiente sureña de la arista, las manos buscan agarres en lo alto del peñasco. Una sucesión de buenos apoyos dan seguridad a la corta travesía que permite salvar este corto y aislado episodio de la cresta. Al otro lado del compacto peñasco se retorna brevemente al lomo de la arista. Un sencillo destrepe lleva prácticamente a la redondeada antecima de la Torre Sin Nombre.
La cresta recupera la suficiente amplitud como para mitigar la angustiosa opresión del inminente vacío. Reseñar un par de descompuestos estrechamientos (Iš) que pueden encontrarse en los distintos puntos de enlace entre los elementos de la cresta. Evitan una peligrosa relajación en los sencillos tramos que se intercalan entre los pasos de segundo grado.
La antecima queda cortada sobre la horcada de la que emerge el espolón oriental de la Torre Sin Nombre. En vez de afrontar la escalada directa de este vertical torreón, hay que descender a enlazar con la vía normal de la cara Norte (vertiente del Hoyo del Trasllambrión), a fin de coger una canaleta que se pierde por ese costado de la montaña.
Sin llegar al corte de la cresta, se baja a una terraza que se encuentra en el flanco derecho de la arista. En este reducido plano, nace un canalón que se descuelga sobre los gélidos abismos del microglaciar del Trasllambrión. Converge, unos veinte o treinta metros más abajo con un segundo canalón que arranca de la horcada que separa la antecima en que nos encontramos del espolón oriental de la Torre Sin Nombre. Estos dos brazos, se funden en un tronco común que se precipita entre las verticales paredes de la cara Norte. Por esta acanaladura discurre la vía normal que recorre esta sombría vertiente de la torre. Ha de destreparse hasta la plataforma en que confluyen los dos canalones que caen de la cresta, con la canal matriz por donde asciende la vía normal.
Desde la terraza se bajan dos o tres metros del estrecho canalón. El terreno es sencillo, permitiendo bajar de cara al valle. En un peñasco del canto que delimita la angostura por la izquierda (que delimita las dos acanaladuras convergentes), pueden encontrarse un par de cordinos donde los escaladores emplazan uno de los múltiples rápeles que jalonan la clásica crestería referida en su momento. A la altura de esta instalación, el canalón se abre ligeramente por el lateral derecho (sentido descendente de la marcha). Por las inclinadas llambrias de este lado se destrepa, evitando uno de los dos resaltes del mismo. Buenos y abundantes apoyos y presas. Se retorna al fondo de la angostura en el estrechamiento inferior, en el segundo resalte que se encuentra antes de bajar a la amplia plataforma en que se enlaza con la vía normal. Es el mismo terreno el que va reconduciendo al montañero a la ceñida escarpadura.
Un par de excelentes agarres aseguran el inicio del descuelgue (IIIš, justificando artificiosamente la sobrecatalogación de la vía). Los pies se fijan a los laterales del encañonamiento con una sencilla oposición. La verticalidad se va atenuando a medida que el canalón desemboca en la amplia plataforma central, nudo donde convergen los tres canalones repetidamente mencionados.
Desde la terraza donde se iniciara el destrepe a la vía normal de la cara Norte, se podía analizar el inicio de la trepada al torreón. Para entrar en la canaleta que sube por el flanco derecho de la torre, ha de superarse un corte vertical de tres o cuatro metros. Este resalte se evita por la izquierda, entrando en colgada travesía a la terraza superior. Esta pasada se hace más evidente desde la actual posición.
Se sube un par de metros por el canalón contiguo al que se ha destrepado (el que sube a la horcada de la cresta previa al espolón oriental de la Torre Sin Nombre). Se sale trepando por los bloques que lo delimitan por la derecha. Puede encontrarse una pequeña cinta o cordino para rapelar. Se pasa al otro lado y se trepa directamente a una pared de verticales llambrias. Una grieta corta la parte inferior de la pared de izquierda a derecha. Entra directa a la terraza donde arranca la vira de subida, sobre el resalte que la ciega. La grieta sirve de improvisado pasamanos donde las manos van haciendo presa. Colgados sobre un muro vertical, una serie de desiguales apoyos (en cuanto a longitud, pues todos presentan un ancho más que suficiente para asentar toda la puntera del pie) guían la aérea travesía (IIš).
En la terraza donde finaliza la travesía (improvisada reunión para los montañeros que suben en cordada) se intuye el resto de la trepada. La canaleta que sube a la izquierda de la plataforma entra directa en el centro de la pared. El tramo de salida a lo cimero de la torre presenta gran verticalidad. A su izquierda se intuye una prolongación de la vira de subida que busca un terreno más tendido.
Se deja la segura terraza y se entra en la canaleta de su izquierda (IIš). Ha de tenerse cuidado si sube gente delante, sobre todo si van encordados. El movimiento de la cuerda desplaza gran cantidad de piedras, que se precipitan sobre los montañeros de abajo. La abundancia de piedra suelta no es un indicativo de la mala calidad de la roca; al contrario, se trata de piedras encajonadas en la canaleta de subida (que incluso pueden utilizarse, con suma delicadeza, como apoyo para los pies), que no afectan a la progresión de la trepada. En la compacta llambria de los laterales se encuentran las rugosidades de la roca que facilitan la segura fluidez de los movimientos.
La canaleta llega al centro de la pared. Se desvía hacia la izquierda, evitando la verticalidad del morro cimero. La salida de la vira ofrece una bella travesía aérea por la llambria que la delimita por la derecha. Esta travesía puede continuarse por unas inclinadas y pulidas lajas, bajo el compacto morro de la cresta somital. La abundante piedra suelta y la tierrilla que recubre la llambria en las zonas en que las piedras se han precipitado sobre el silencioso vacío que se funde con los umbríos heleros del Trasllambrión, rompe la tónica dominante de la reconfortante calidad de la peña. Es preferible evitar esta travesía y tirarse en dirección contraria, al filo del espolón que cierra la trepada por la izquierda. Se sale a una nueva terraza (nuevo emplazamiento donde las cordadas suelen fijar una última reunión) colgada en el vértice del espolón oriental de la Torre Sin Nombre. Apenas tres metros la separan de la cresta cimera. Se trepa directamente (IIš) por el compacto mogote pétreo, con ligera tendencia a la derecha. Con el inmenso vacío que espera a nuestro regreso, se corona la arista somital del torreón. La cresta es suficientemente amplia. Separando los dos volúmenes de la estilizada torre, se encuentra uno de los rotos estrechamientos (Iš) que enlazan los distintos elementos de la cresta a que ya se ha hecho alusión anteriormente.
La cima de la Torre Sin Nombre, ensombrecida por el próximo volumen de Tiro Tirso, guarda celosa la posición predominante que pudiera deducirse de algunas mediciones. Nuestros ojos parecen desmentir las erróneas mediciones y devolver las cosas a su verdadero estado. La Torre Sin Nombre es un destacado torreón que se integra en las cumbres que rebasan la barrera de los dos mil seiscientos metros, pero vasallo de los tres grandes señores de los Picos de Europa: Torre Cerredo (2.650 m.); Llambrión (2.642 m.) y Tiro Tirso (2.639 m.).
Su posición intermedia en una dentada cresta reduce ostensiblemente el abanico que abarca su hermosa vista. Como en todos los cordales, el protagonismo panorámico lo acaparan las montañas de los extremos, en este caso la Torre del Llambrión, Torreblanca (como punto sobre el que gira la orientación de la cresta) y, en menor medida, el Madejuno (pues aunque se considera el inicio de la clásica cresta, se integra en un cordal más amplio que se extiende más al Sudeste). Queda sentarse en la inclinada llambria que cuelga sobre los desplomados abismos de la vertiente del Lago Cimero, para disfrutar con los envidiados chapuzones de los más sensatos montañeros que no se han engolado en las peñas que rozan con sus puntas el azul de los cielos cantábricos.
TIRO LLAGO
Dificultad: Algo difícil (IIIš). El proceso de catalogación es el inverso al supuesto anterior de la Torre Sin Nombre. Las diversas guías consultadas proponen una dificultad de tercer grado; incluso he coincidido con alguna cordada que recomienda realizar dos rápeles para el descenso. No faltan las opiniones contrarias, a las que me sumo, que sostienen que es una cumbre sencilla en la que basta "estar de trepar". Propongo una dificultad de segundo grado (IIš); apuntando la referida divergencia de criterios en la medida en que pueda ser de utilidad.

El paso inferior, catalogado de tercero, se afronta por el extremo izquierdo de un corto muro semicircular bastante protegido. No hay sensación alguna de vacío y los agarres y apoyos son abundantes. El corto tramo apenas roza la verticalidad en el arranque (dos primeros movimientos). La catalogación de tercero me parece un poco forzada, máxime cuando otras cimas del entorno -con una dificultad similar- son consideradas de segundo grado (Madejuno, Torre Sin Nombre, Tiro Tirso y Llambrión); cumbres que por presentar trepadas más aéreas que la del Tiro Llago pueden resultar en conjunto más duras y exigentes que la vía normal de este tiro.
La segunda parte de la trepada aparece ya catalogada como de poco difícil. Es la zona más airosa de la vía normal. La vira de subida corta en diagonal un inclinado plano que cuelga sobre los desplomados abismos del torreón principal de Tiro Llago. Aunque la trepada es algo aérea, no se nota la acuciante presencia del vacío inmediato. La llambria es ligeramente tendida entorno a la vía de trepada, alejando la inminencia del abismo intuido. Se asemeja bastante a la zona superior de Torre Cerredo. El mayor problema radica en evitar desprender las sueltas piedras que se estancan en la vira de subida; piedras que obligarán a tantear con especial atención los apoyos del único y breve resalte de la trepada, un estrechamiento, algo abierto a las gradas que se asientan sobre el vacío, que da entrada al sector más marcado de la mencionada diagonal de subida. Durante el descenso este breve trecho puede dar más problemas que el destrepe catalogado de tercero.
La clásica crestería Madejuno - Torreblanca - Tiro Tirso - Llambrión presenta dos sectores claramente diferenciados. El primero abarcaría las cumbres del Madejuno y Tiro Llago, deviniendo opcional la ascensión a Torreblanca, separada de este conjunto por una desdibujada cresta en que apenas se puede reseñar algún tramo de primer grado. El segundo de los sectores en que se desdobla la integral de este cordal, abarcaría desde la cima de Torreblanca (donde se retoma el contacto con los aéreos pasajes de la escabrosa arista) hasta la mole de Tiro Tirso. En este caso quedaría como opcional la trepada al Llambrión, desgajado de aquél por una profunda brecha que lo individualiza del cordal y que interrumpe la crestería. La cumbre de Torreblanca se erige así en el eje central, sobre el que gira la desdoblada alineación de cumbres.
Desde los lejanos puertos de la Cordillera Cantábrica (sector del Coriscao: Puerto de San Glorio / Mirador de Llesba - Puerto de Pandetrave), sólo el último de los dos sectores apuntados adquiere la atormentada fisonomía de una afilada alineación de torres colgada sobre abismos de oscura caliza. Tiro Llago (2.561 m.) se muestra como una montaña solitaria, aislada de las torres contiguas del Madejuno y Torreblanca. Su cima amesetada, ligeramente combada, preside la blanquecina panda sudoriental. Esta confusa faz de la montaña, lejos de mostrar la verticalidad que parece presidir este tramo de la arista, presenta un engañoso flanco tendido.
Lejos de esta plácida visión, la vertiente de Cabaña Verónica ofrece su imagen menos amable. Este tiro es fácilmente reconocible por el doble torreón que lo configura. El de la izquierda es más estilizado que la compacta mole somital. Una sombría tajada desgarra ambos pináculos, precipitándose sobre la hondonada que recibe los desprendimientos de la fría cara Norte de la montaña. La cresta que lo fija al Madejuno, característica peña que irrumpe sobre la abertura de los Tiros de Casares (inconfundible por la diagonal que recorre su cara Norte -vía normal de subida-), es una atormentada sucesión de irregulares torres integradas en el abismal filo que desafía a los escaladores y atemoriza a los montañeros. Al Noroeste de la torre principal de Tiro Llago, apenas reseñar un dentado contrafuerte que precede la más asequible línea de cresta que se extiende hasta la Torreblanca, cerrando la extensa ladera de pedrera y llambria que delimita la vasta depresión lunar de los Hoyos Engros por el Oeste.
Si bien puede crestearse desde Torreblanca para acercarse a la vía de subida al Tiro Llago, existe asimismo la posibilidad de aproximarse a esta montaña sin pasar por la Collada Blanca. El camino que se cogió en La Vueltona, tras flanquear los lleraos inferiores de la Torre de los Horcados Rojos, llegaba a una collada donde se bifurcaba (en verano sorprende un improvisado puesto de venta de bebidas). El de la derecha se dirigía a Horcados Rojos, en tanto que el de la izquierda subía a Cabaña Verónica. Este último sendero, hablando con rigor, no se dirige a la cúpula metálica reconvertida en singular refugio, sino que muere en una collada contigua, situada unos metros al Oeste, desde la que no se divisa el cucurucho metálico. La ruta hacia la Collada Blanca se encarama a las lomas calcáreas que se extienden al Poniente. Si se pretende ir directamente a Tiro Llago, se traspone la collada (por la zona de muretes de piedra levantados para proteger un posible vivac o la instalación de tiendas de campaña) y, en ligero descenso, atravesando las llambrias Sudorientales del lomo pétreo que delimita la misma collada por el Oeste, se entra en una estrecha arista alomada de pulida llambria blanquecina, que remonta paralela al cordal que se encamina a la Collada Blanca. Una vez que se corona se va girando al Sudoeste. Esta sucesión de llombas calizas que se eleva sobre una mundo caótico de verticales llambrias y profundas torcas (donde la calenturienta imaginación humana ha ideado una de esas rutas "entrerrefugios" alejadas de toda lógica e inmersas en la más compleja orografía de los Picos de Europa) es el único pasaje que puede orientar nuestros pasos. En la zona en la que se entra se desdibuja parcialmente dada su amplitud, pero poco a poco se va perfilando, a medida que se encamina a la cara Norte de Tiro Llago. Llega a estrecharse al extremo al bordear sobre los abismales desplomes que ciegan una inabarcable torca, anegada de heleros perpetuos, que se recoge en un apartado de la depresión de los Hoyos Engros (vasta hondonada que esta sucesión de lomas morrénicas delimita por el Este). Se sigue la cuerda cimera de la llomba (la imaginaria ruta "entrerrefugios" se ha descolgado por una cresta secundaria que pierde altura por la vertiente oriental, encaminándose a los Tiros de Casares), hasta el morro final. Desde él se baja directamente (Iš) a la collada que se encuentra al Sur de la enorme cubeta de los Hoyos Engros. Los muros de piedra que protegen las esporádicas acampadas llegan a extremos cuasiartesanales, sólo superados en grandeza por las pequeñas torcas naturales modeladas por el hielo y el agua. Se sigue la línea de la collada y se remonta por un espolón (Iš) que sube directo a la cresta que separa Tiro Llago de Torreblanca, a la derecha del referido contrafuerte Noroccidental de aquel tiro. No se llega a coronar la cresta, sino que antes se llega a una horcada donde se inicia impropiamente la ascensión a Tiro Llago.
En esta misma horcada se entra desde la Torreblanca. Se destrepan (Iš) los primeros metros de su cresta nororiental (la que desciende hasta la Collada Blanca separando los Hoyos Engros del Hoyo del Trasllambrión). Por las canaletas de la derecha (Iš, con piedra suelta y llambria -en ocasiones- quebradiza, aunque tumbada), bajo el desplomado triángulo que se forma entre aquella cresta y la que se extiende hasta el Tiro Llago, se entra a las pedreras de las laderas orientales de Torreblanca. Se atraviesan por veredas trazadas por el paso de montañeros, para retornar a la cresta que se dirige a Tiro Llago (abandonada en la misma cima de Torreblanca en busca de un terreno más sencillo para bajar de su pirámide somital), a caballo de la vertiente de Verónica (Hoyos Engros) y la del Lago Cimero.
Se crestean los primeros metros, hasta llegar a un sorprendente espectáculo natural: un ojal de ojales. Una escultural estructura de arcos, ojales y torcas que se abren al límpido cielo, colgada sobre las espeluznantes caídas que circundan el oculto Lago Cimero. A partir de este punto se continúa en travesía por la vertiente de los Hoyos Engros. No se retorna a la cresta, sino que el largo flanqueo encauza al montañero en la horcada en que se había detenido la anterior descripción.
Conviene en este momento realizar unos apuntes sobre los accidentes de la peña, a fin de tener una idea de conjunto antes de proceder a la reseña de la vía de subida. Han de fijarse los tres marcados canalones que vertebran el Tiro Llago y sus contrafuertes. El más largo desgaja los dos torreones cimeros del Tiro. Resquebraja todo el lateral de la cara Norte. Es una evidente línea de fractura que desgarra, de arriba abajo, el torreón principal de la aguja contigua. Un segundo canalón, sombrío y profundo, pero más modesto que el anterior, separa unos dentados contrafuertes de la mole del torreón somital. Esta incompleta angostura, que delimita la cara Norte de Tiro Llago por la derecha, muere sobre las inclinadas llambrias quebradizas que caen sobre las torcas y heleros de la base de la pared. La tercera a canaladura, a la derecha de la anterior, entra en la estrecha horcadura que interrumpe los perfilados contrafuertes laterales de Tiro Llago. Es muy cortita y da paso a una hondonada que se recoge en la vertiente opuesta de la montaña. A su derecha los recortados peñascos remontan a coronar el arranque de la asequible cresta que se extiende hasta la Torreblanca. La horcada en que se ha detenido la descripción da forma a una evidente muezca que se aprecia en esta parte derecha de los contrafuertes, situada a mayor altura que la horcadita que corona la breve acanaladura que los quiebra a tajo.
La horcada en que confluyen las dos aproximaciones reseñadas (desde Cabaña Verónica y desde la Torreblanca) no es la más sencilla para entrar en la pequeña hondonada que se oculta en la cara sudoccidental de los contrafuertes desgajados del lateral derecho de la mole de Tiro Llago. Ha de destreparse (IIš) una estrecha canaleta con abundante piedra suelta. Ha de tenerse cuidado, si se va acompañado, para no tirar piedras sobre los compañeros. La entrada es más franca por el tercero de los canalones antes referidos, el más pequeño. Se trata de una estrecha acanaladura que alcanza la ceñida horcada que da paso a esa curiosa hondonada que sorprende en la cara oculta de los peñascos. Sin embargo, es el mismo terreno el que va encaminando al montañero a la horcada superior. Pese al obligado destrepe es, pues, la opción más evidente. En caso contrario, si se remonta por el espolón desde la collada sureña de los Hoyos Engros, en la parte superior, hay que desviarse hacia la izquierda para entrar en la breve angostura que permite pasar andando a la vertiente oculta de la montaña.
El pequeño hoyo a que se accede, aislado en la vertiente del Lago Cimero, presenta un anfiteatro de pedrera que se extiende por la falda sudoccidental de los contrafuertes contiguos a Tiro Llago. El fondo de la hondonada está cerrado por una cresta que impide contemplar el lago. La vista queda limitada a las cumbres y aristas de las Peñas Cifuentes.
Finalizado el destrepe, se bordea el hoyo por la parte alta de la gravera, pegados a la base de los contrafuertes del Tiro Llago. La primera horcada, nada más doblar el primer peñasco, culmina la sombría canal que entuba los vientos de la vertiente de Verónica; siendo la entrada -como dije- más sencilla pero menos evidente si uno se deja llevar por el terreno. Se sigue rodeando el recogido jou. La gravera se estrecha en una desdibujada canal que sube directa a los desplomados paredones occidentales de Tiro Llago. Se sube casi hasta la pared, dando vista - a mano izquierda- a una segunda horcada que se abre en las peñas se vienen flanqueando por la vertiente del Lago Cimero.
Se devola la horcada, pasando a la parte final del segundo de los canalones reseñados, el que desgaja la torre principal de los escabrosos contrafuertes laterales. Esta sombría angostura se precipita sobre los heleros inferiores de la montaña. Frías paredes se ciernen sobre el montañero, encauzándole por la vertiente Norte de la montaña. El paso de la ceñida horcada supone retornar a la vertiente de los Hoyos Engros.
Se destrepan por el canalón los dos o tres metros que forman el resalte final del mismo, desviándose a la derecha por un cegado ramal lateral. Este breve brazo lateral del canalón principal está cerrado por un pulido muro semicircular de unos cuatro o cinco metros. En el extremo izquierdo se aprecia una zona de trepada asequible. Se trata del tramo catalogado de tercer grado. Se sube a una pequeña terraza y se afronta la vertical arrancada. Cuenta con una buena grieta donde hacer presa con las manos. Más arriba se suceden las buenas presas, que -al mismo tiempo- hacen las veces de apoyos. Superado el tramo, en un peñasco, suele haber un par de cordinos para rapelar.
Se entra en una zona sencilla (Iš) sobre el cegado brazo del canalón principal, por la que se suben unos pocos metros. Enseguida hay que tirarse al espolón que delimita por la izquierda este inclinado cuenco superior, de llambria quebradiza y grijillo. Se dobla esta cresta (por una grieta) y se pasa a las gradas colgadas sobre la abismal cara Norte de Tiro Llago. Una fácil y corta travesía da paso a la evidente vira diagonal que corta esta parte superior de la pared. Un estrecho resalte (IIš), abierto por el lateral del desventío y con abundante piedra suelta (posiblemente el tramo más aéreo de toda la trepada) es la puerta de entrada al encauzado pasillo de la vira de subida. Ésta se deja (aunque puede seguirse toda la vira hasta salir a la cresta somital) para trepar por una segunda canaluca ( manteniendo la consabida atención por la cantidad de piedra suelta que puede caer sobre nuestros compañeros) que sale a su derecha y que lleva directa a la cima de Tiro Llago.
La cumbre es bastante amplia, hasta el punto de contar con espacios habilitados para vivaquear. Hay que encaramarse en una peñuca para contemplar la hermosa lagunilla circular del Lago Cimero. De todos los picos de la crestería en que se integra es, a mi modo de ver, el menos agraciado en cuanto a vista; pues, aunque todos gozan de una panorámica similar, Tiro Llago se haya en una posición, aparte de intermedia en el largo cordal, poco definida entre las destacadas torres que se intercalan entre su cima y el Madejuno. Me quedo con la curiosa e inesperada trepada, que recorre rincones que sorprenden al que se acerca por primera vez a esta montaña.