ESTRATEGIAS DE APRENDIZAJE
Mª Inmaculada Ramírez Salguero
Dpto. de Psicología Evolutiva y de la Educación
Universidad de Granada
1. INTRODUCCIÓN
Antes de entrar de lleno en el análisis de las estrategias de aprendizaje, es
conveniente tener muy claro que se entiende por aprendizaje y que suponen sus
estrategias. Así pues, comenzaremos diciendo que, aunque caben posturas
diferentes respecto a cómo definir el aprendizaje, siguiendo a Mayer (1988),
podemos observar dos perspectivas básicas, una cuantitativa y otra cualitativa.
1ª. Desde el punto de vista cuantitativo, supone un cambio relativamente estable
de la conducta del que aprende provocado por su propia experiencia (directa o
diferida ≺por observación≻) en relación con el medio. La información se presenta
ante el sujeto, quien la procesa y procura almacenarla en la memoria, para
después responder a interrogantes o resolver problemas; de forma que, si el
procesamiento es adecuado creará muchos nodos (resultado del aprendizaje) y
exhibirá unos recuerdos y unas buenas transferencias (ejecución).
2ª. Una visión cognitiva, más cualitativa, señala que el proceso de aprendizaje
no es únicamente cuestión de cantidad sino también de calidad: atención global
y/o selectiva, organización y elaboración; lo cual incide en los resultados de
aprendizaje que puedan lograrse: nodos, lazos, conexiones internas y/o externas,
etc.
Sin embargo, es posible añadir a esos dos puntos de vista básicos una tercera
perspectiva, la experiencial o fenomenológica; “... desde esta perspectiva el
aprendizaje es definido por los individuos implicados en él ... descrito de este
modo, puede ser categorizado de diferentes maneras ... un estudiante puede
describir el aprendizaje como una memorización literal de conocimientos
conseguida casi siempre mediante repetición y recitación, mientras otro puede
describirlo como un proceso interpretativo dirigido hacia la comprensión de la
realidad” (Schmeck, 1988:3).
El aprendizaje, en sus diversas concepciones, también lleva implícito en sí la
idea de utilización o empleo de conductas para tratar de incidir sobre el
procesamiento de la información, tal y como podemos apreciar en las
descripciones de los modelos más recientes del continuum enseñanza-aprendizaje.
No obstante, el aprendizaje puede tener diferentes modalidades o niveles, desde
lo más elemental ligado a lo biológico, hasta lo más depurado de base puramente
psíquica.
Recordemos que las diferentes teorías aparecidas a lo largo de la historia, en
su momento, creyeron ser exclusivas y últimas, cuando, como se pudo comprobar
poco tiempo después, no eran más que complementarias y provisionales: Teorías
Estimulo-Respuesta (E-R): Thorndike (1898), Pavlov (1927), Skinner (1938), etc.;
Teorías Mediacionales y Observacionales: Woodworth (1958) y Bandura (1960)
respectivamente, etc.; y Teorías Cognitivas: Köhler (1932), Vigotsky (1936),
Ausubel(1965), Bruner (1966), etc. Para su mejor comprensión baste observar, por
ejemplo, la clasificación de Gagné (1970:127) (Cuadro 1).
Precisamente, el nuevo enfoque cognitivo se refleja con precisión en el modelo
que proponen Weinstein y Mayer (1986), cuyos elementos integrantes se definen a
continuación:
- Características del profesor: conocimiento que tiene de la materia y del modo
de enseñar, necesarios para utilizar las estrategias de enseñanza que él
seleccione.
- Estrategias de enseñanza: conducta del profesor mientras enseña (qué es lo que
presenta, cuándo y de qué modo).
- Características del que aprende (alumno): conocimiento previo de hechos,
procedimientos y estrategias necesarios para el desarrollo de actitudes.
- Estrategias de aprendizaje: conductas que lleva a cabo el alumno mientras
aprende y que durante el proceso de codificación inciden sobre el procesamiento
cognitivo y afectivo.
- Proceso de codificación: procesos cognitivos que tienen lugar durante el
aprendizaje (selección, organización e integración de la información.)
- Resultados de aprendizaje: conocimiento que ha adquirido el que aprende y que
depende tanto de las estrategias de enseñanza como de las estrategias de
aprendizaje.
- Ejecución: conducta en las pruebas de retención y de transferencia.
El modelo tiene un alto interés en tanto que acentúa dos tipos de actividades
que inciden directamente sobre el proceso de codificación y aprendizaje: las
estrategias de enseñanza, cómo el profesor presenta el material en determinado
tiempo y manera, y especialmente, las estrategias de aprendizaje, el modo en que
el alumno organiza y elabora el material que se le ha enseñado. El hecho de que
el alumno utilice unas determinadas estrategias de aprendizaje influye
directamente sobre el proceso de codificación, el cual lo hace a su vez sobre
los resultados de aprendizaje, y estos finalmente, sobre la ejecución o
actuación ("performance").
Otro modelo interesante es el de Entwistle (1981, 1985, 1987), fundamentado en
los resultados de sus propias investigaciones y en los de otras muchas llevadas
a cabo en Australia, Suecia y Reino Unido. La idea central se imbrica
fuertemente en una de las preocupaciones fundamentales de la Psicología de la
Educación actual: adecuar las exigencias del proceso educativo a las
características cognitivas de los sujetos que aprenden y en especial a sus
estilos cognitivos; definiendo éstos en un sentido muy próximo al adoptado por
Vega (1986) al conceptualizarlos como variables individuales en los modos de
percibir, pensar y recordar. De tal forma que:
- El alumno, en función de sus características propias, se ve predispuesto a
percibir la tarea propuesta por el profesor de una determinada manera,
percepción que también dependerá de la propia tarea (interés, dificultad, etc.)
y determinará estilo y el proceso de aprendizaje adoptado por el alumno, así
como los resultados del aprendizaje. Los cuales, a su vez, pueden modificar o no
las percepciones anteriores del alumno en relación con la tarea.
- Los resultados del aprendizaje pueden modificar las características
comportamentales de los estudiantes (motivaciones, expectativas, etc.). Los
estilos de aprendizaje adoptados por los alumnos pueden verse afectados por la
decisión del profesor sobre qué, cuándo y cómo presentar la tarea y por los
propios resultados obtenidos. Las decisiones del profesor dependen de sus
características (personales, de experiencia, etc.) y de los elementos
propiamente contextuales (institucionales, de recursos, requerimientos, etc.).
Los resultados modificarán o no el enfoque adoptado por el profesor (objetivos,
estrategias didácticas, etc.).
Este modelo es importante en la medida que enfatiza tres elementos básicos: la
perspectiva experiencial y, consecuentemente, el papel de la percepción de la
situación (ambiente, tarea, enseñanza), la noción de estilo de aprendizaje
(enfoque), y el papel de las estrategias de aprendizaje asociadas a los enfoques
(integrar/enfoque profundo, memorizar/enfoque superficial).
Recientemente, Entwistle (1987) ha incorporado a su modelo distintos conceptos
importantes en relación a una adecuada descripción de las variables que inciden
sobre el aprendizaje en el aula: influencia de la institución educativa, del
ambiente familiar, de las características psicológicas del alumno (aptitud y
actitud hacia el aprendizaje), etc; enfatizando el hecho de que estas variables
interactúan con las percepciones del alumno respecto al entorno de aprendizaje.
Lo cierto es que todos los modelos siempre han dependido del momento y la
situación educativa concreta; por ello, acorde a los parámetros educativos
actuales (ratio profesor/alumnos, recursos materiales y espacio-temporales), tal
vez, los modelos de aprendizaje más deseables sean tres: el
receptivo-significativo de Ausubel (1967), por descubrimiento de Bruner (1973) y
el versátil (perfecta combinación de los dos anteriores). Todos ellos entienden
que las personas aprenden mediante la organización de la nueva información y su
conformación con la anteriormente existente (sistemas ya codificados). Al
concepto general, situado en la cima del sistema de codificación, es a lo que
Ausubel denomina subsumidor (organizador previo), porque todos los demás
conceptos se hallan subsumidos (incluidos y jerarquizados) en él. La diferencia
de enfoques reside en que mientras Ausubel cree que el aprendizaje debe
progresar deductivamente, Bruner piensa que debe hacerlo inductivamente. La
eterna cuestión: ¿análisis o síntesis?. Y, ¿por qué no los dos?, como supone la
visión versátil (ecléctica).
No obstante, si bien los modelos tienen la misión de establecer el marco
teórico-científico de reflexión sobre las cuestiones problemáticas a plantear y
afrontar, en este caso el aprendizaje, quienes verdaderamente los vitalizan,
optimizan y operativizan, son las estrategias de aprendizaje.
2. ESTRATEGIAS DE APRENDIZAJE
Actualmente estamos sumergidos en la era de la revolución tecnológica y, por
ello, el número de conocimientos culturales y técnicos, de teorías y
habilidades, de modelos y estrategias, etc., aumentan de modo exponencial;
siendo por lo que la educación se enfrenta al gran reto de transmitirlos
relacionando a la vez lo teórico con la vida real, problema cada vez más difícil
de solucionar. Además, curiosa y paradójicamente, hallándonos de pleno en la era
de la comunicación social, nos encontramos con los niveles más altos,
históricamente hablando, de incomunicación personal; lo que agrava sobremanera
esta problemática. Aunque, ésta, tan sólo podrá ser abordada desde la
perspectiva de una educación activa y participativa que siente las bases de un
sólido aprendizaje continuo, que asista a lo largo de todo el ciclo vital,
circunstancia que exigiría aprender a aprender; lo que supone, en definitiva,
saber utilizar las estrategias de aprendizaje más adecuadas en cada momento (McKeachie,
1985).
La verdad es que, en general, nuestros alumnos dedican muy poco tiempo al
trabajo autónomo, especialmente a las consultas, y su actividad se reduce casi
exclusivamente, en la mayor parte de los casos, a escuchar (no oír siquiera) al
profesor, empleando como única estrategia de aprendizaje, tomar notas y
memorizar los apuntes para los exámenes; lo cual denota interés por las clases
de tipo expositivo, una alta orientación en sus actividades de trabajo y un
procesamiento pasivo de la información.
Por otra parte, no sólo se trata de una cuestión de índole práctica, sino además
es una imposición de la perspectiva cognitiva frente a la conductista,
interesada por el procesamiento de la información y su almacenamiento en
memoria, destacando cómo los resultados del aprendizaje no dependen
exclusivamente del modo en que el profesor presenta la información, sino además
del modo en que el alumno la procesa, la interioriza y la guarda (Weinstein y
Mayer, 1986). Según estos mismos autores, las estrategias de aprendizaje pueden
ser entendidas como cogniciones o conductas que influyen sobre el proceso de
codificación de la información, facilitando la adquisición y recuperación del
nuevo conocimiento.
En 1978 O'Neil publicó los resultados de un ambicioso programa de investigación
en estrategias de aprendizaje, cuyo proyecto incluía una importante revisión de
los trabajos de investigación publicados, así como la propuesta y evaluación de
diversos programas sobre estrategias de aprendizaje. El autor señalaba que
muchos estudiantes no disponían de unas estrategias de aprendizaje efectivo,
intensificándose al mismo tiempo la sofisticación de nuestra sociedad
tecnológica, indicando que los problemas de educación y entrenamiento
aumentarían, lo cual parece ir cumpliéndose de forma inexorable.
Por ello, los profesores no deben considerar sólo el ámbito de la enseñanza,
sino además el del aprendizaje, ya que resulta fácil comprobar que muchos
estudiantes malgastan su tiempo intentando aprender, mediante la pura
memorización, el material de estudio que se les proporciona, lo cual indica que
no disponen de estrategias de aprendizaje efectivas y que es necesario que
alguien se las enseñe; de lo contrario, los estudiantes seguirán utilizando
estrategias ineficaces y no transferibles, viendo enormemente limitado su
desarrollo personal, cognitivo y profesional.
Las estrategias de aprendizaje se vinculan, pues, a la consecución de un
aprendizaje efectivo, tal como indican Dansereau y O'Neil y otros muchos
autores. Así por ejemplo, para Rigney (1978), es posible e importante enseñar a
gran parte de los estudiantes a ser effective learners; es decir, a ser personas
eficaces en la adquisición, retención y recuperación de la información y en la
ejecución o actuación. Para Gulik (1978) las estrategias de aprendizaje son, al
igual que para O'Neil, una condición necesaria para que tenga lugar el
aprendizaje eficaz, junto a otros factores básicos: la instrucción de alta
calidad y la buena motivación de los estudiantes.
En la investigación especializada en estrategias pueden recogerse multitud de
definiciones al respecto; no obstante, es factible detectar un único núcleo de
significado, aunque con algunas diferencias en los niveles denotativos de los
términos empleados; en otras palabras, el nivel de generalidad concedido al
concepto de estrategia varía según el tipo de definición formulada. Por ello, se
recogen aquí dos grupos claramente diferenciados y delimitados de definiciones:
sintéticas y analíticas.
a) Sintéticas.
En este caso, las estrategias se presentan en un sentido general, aunque
asignándoles un papel concreto, siendo fácil detectar tanto macroestrategias,
habilidades ejecutivas, etc., como microestrategias, habilidades no ejecutivas,
etc. Aquí la terminología es tan variada como para el caso de las definiciones
analíticas: estrategias cognitivas, estrategias de aprendizaje, etc.
Las estrategias cognitivas son entendidas como operaciones y procedimientos que
puede usar el estudiante para adquirir, retener y recuperar diferentes tipos de
conocimientos y ejecución ... suponen del estudiante capacidades de
representación (lectura, imágenes, habla, escritura y dibujo), capacidades de
selección (atención e intención) y capacidades de autodirección (autoprogramación
y autocontrol) (Rigney, 1978:165).
O'Neil y Spielberger (1979), a diferencia de Rigney, prefieren utilizar el
término estrategias de aprendizaje, pues en él incluyen las estrategias de tipo
afectivo y motor, así como las estrategias propiamente cognitivas; aunque de
hecho reconocen tres características básicas de este dominio: la gran diversidad
terminológica, el limitado acuerdo existente respecto a sus conceptos
fundamentales y el estado de arte en que se encuentra.
Sin embargo, ello no impide que puedan establecerse algunas distinciones; por
ejemplo, respecto a un tema muy próximo conceptualmente, tal como el de los
estilos cognitivos. Perkins (1985), comentando el problema de la generalidad o
especificidad de las habilidades cognitivas, señala una posible distinción entre
estilos cognitivos y estrategias; los primeros están más íntimamente unidos a la
conducta general de la persona, a su modo de pensar, de percibir, etc.
(dependencia/independencia de campo; reflexividad/impulsividad, etc.), mientras
las segundas son conductas más específicas aplicadas en un momento determinado
de un proceso (como, repasar un texto que se acaba de leer).
Considerando el aprendizaje como un proceso de comunicación, las estrategias de
aprendizaje son un protocolo fundamental o marco organizativo de las
comunicaciones, utilizado por los estudiantes para mejorar la recepción y
facilitar el procesamiento de la información que sobre el tema les va llegando (Gulick,
1979:249). Otros autores no sólo conectan el concepto de estrategia con el de
aprendizaje, sino también con el de inteligencia; así, Baron (1986) comenta la
idea de que las estrategias pueden ser un componente crucial de la conducta
inteligente, pues ésta consiste, en gran parte, en una tendencia a utilizar
determinadas estrategias de aprendizaje, comprensión o solución de problemas.
Sin embargo, tal como hemos podido observar en las definiciones recogidas, el
substrato básico radica en el aprendizaje y en el procesamiento de la
información.
En este sentido Dansereau (1985:120) afirma que una estrategia efectiva de
aprendizaje puede ser definida como un conjunto de procesos o pasos que pueden
facilitar la adquisición, almacenamiento y/o utilización de la información. Las
estrategias pueden operar directamente sobre la información (primarias) o
indirectamente (secundarias o de apoyo), mejorando el propio clima
cognitivo-afectivo del sujeto. Asimismo, Weinstein y Mayer (1986) o Weinstein
(1988) definen las estrategias como conductas o pensamientos activados por el
alumno para facilitar el proceso de codificación de la información, de modo que
se pueda mejorar la integración y recuperación del conocimiento.
Derry y Murphy (1986) entienden por estrategia el modo de abordar una
determinada tarea de aprendizaje, desde la determinación del plan de actuación
para resolver con éxito la tarea, hasta la aplicación de procedimientos
específicos para adquirir el conocimiento o superar cada una de las fases o
etapas de la tarea, incluyendo la propia conciencia del que aprende acerca de lo
que hace y el control que de ello se deriva sobre la actividad del aprendizaje.
En otro términos, las estrategias de aprendizaje son los procedimientos o
procesos de pensamiento que utilizamos las personas en situación de aprendizaje
con objeto de adquirir nuevos conocimientos.
Derry y Murphy formularon en 1986 un planteamiento de diseño de sistemas de
instrucción para mejorar la habilidad de aprender, utilizando como guía la
teoría de Gagné, la de Sternberg y la teoría metacognitiva. El análisis de estas
teorías les llevó a la conclusión de que la mejora de la habilidad para aprender
necesita el desarrollo no sólo de habilidades de aprendizaje específicas, sino
también de un mecanismo de control ejecutivo que acceda a las habilidades de
aprendizaje y las combine cuando sean necesarias; planteando diversas
posibilidades en cuanto al diseño curricular para estas estrategias:
independiente (detached) (Weinstein, McCombs, Dansereau), incluido en el
curriculum normal (embedded) (Jones), o una solución de compromiso entre ambas
(incidental learning model) (Derry). Aunque, advierten que cualesquiera de las
posibilidades debe considerar que esas habilidades, sobre todo las de control
ejecutivo, son difíciles de entrenar, desarrollándose y automatizándose
lentamente. Por ello, sus investigaciones representan una integración de las
diversas taxonomías existentes, incorporando estrategias de: memoria, lectura y
estudio, solución de problemas y afectivas.
McCormick et Al. (1989) abordan la cuestión de las estrategias cognitivas en el
marco del aprendizaje en una línea actual de transición de los contextos de
laboratorio a las situaciones académicas de la vida real. En este ámbito han
tenido lugar dos avances importantes:
1º. El desarrollo de modelos complejos de pensamiento calificable como
competente; lo cual ha permitido identificar con mayor precisión las estrategias
más importantes.
2º. La elaboración de diseños de instrucción que promueven una actuación
competente, evaluando el valor y efectividad de la instrucción en contextos
naturales.
En relación al primer apartado los autores señalan tres modelos representativos
del enfoque de procesamiento de la información: el modelo de resolución de
problemas de Baron, el modelo de componentes de Sternberg y el del buen
utilizador de estrategias de Pressley et Al. Y, en relación al segundo apartado,
destacan: el modelo de Pressley, que manifiesta la necesidad de enseñar todos
los componentes del uso correcto de estrategias (estrategias, metacognición,
motivación y conocimiento), el modelo de la universidad de Kansas, focalizado en
la educación especial, pero con aplicaciones más generales (estrategias de
memoria y comprensión, incluyendo el parafrasear, formularse preguntas,
mnemotécnicos, imaginación visual, control de errores, etc.), y el modelo de
entrenamiento en habilidades de solución de problemas aritméticos de Derry et
Al., que incluye una enseñanza de la planificación en la resolución de
problemas, de la autocomprobación y del autocontrol. En opinión de los autores,
la instrucción en estrategias se está convirtiendo en un aspecto central de la
educación y de la enseñanza profesional.
En base a lo expuesto, se puede afirmar que las definiciones recogidas subrayan
el papel de las estrategias como factores facilitadores, tanto del procesamiento
profundo de la información como del aprendizaje consecuente. Del análisis del
concepto estrategia se desprende la idea de que todas esas actividades o
procesos no actúan al mismo nivel cognitivo y que el grado de generalidad
tampoco es el mismo en todas y cada una de ellas. Es decir, que implícitamente
estamos admitiendo una cierta jerarquía de tales estrategias y la posibilidad de
clasificarlas.
b) Analíticas.
En este caso, las estrategias no son simples conglomerados de habilidades,
reglas o hábitos, sino que se trata de habilidades de alto orden que controlan y
regulan las habilidades más específicamente referidas a las tareas o más
prácticas (Nisbet y Shucksmith, 1987:21).
Resnick y Beck (1976) distinguen entre actividades de tipo amplio, utilizadas
para razonar y pensar (estrategias generales), y habilidades específicas,
dedicadas a realizar una tarea (estrategias mediacionales). En un sentido más
preciso, Sternberg (1983) diferencia entre habilidades ejecutivas (útiles para
planificar, controlar y revisar las estrategias empleadas en la ejecución de una
tarea, como identificar un problema) y habilidades no ejecutivas (utilizadas en
la realización concreta de una tarea, como comparar). Kirby (1984) distingue
también entre microestrategias, más específicas de cada tarea, que pueden ser
enseñadas con relativa facilidad, y macroestrategias, más relacionadas con
diferencias estilísticas, influenciadas por factores emocionales y
motivacionales y difícilmente modificables mediante la enseñanza.
Por otra parte, Snowman (1986), recogiendo los términos militares de estrategia
y táctica, señala que una estrategia de aprendizaje es un plan general formulado
para abordar con éxito los objetivos de una tarea y una táctica de aprendizaje
es una técnica específica al servicio de la estrategia para afrontar la tarea de
modo fáctico. Ciertamente, las dicotomías pueden formularse, pero operan más en
el nivel teórico que en el práctico, de hecho gran parte de las investigaciones
se centran en estrategias puntuales y existe un importante grupo de autores que,
implícita o explícitamente, integra ambos polos del continuum en una única
definición de estrategias (Weinstein y Mayer, 1986; Weinstein, 1988; Dansereau,
1978; Rigney, Munro y Crook, 1979, etc.).
Para González y Turón (1992:388), las estrategias de aprendizaje son procesos,
planes de acción, generales o específicos, que sirven de base para facilitar el
aprendizaje y conocimiento cuando realizamos distintas tareas intelectuales.
Denominadas por Paris et Al. (1990) habilidades bajo consideración (skills); es
decir, capacidades, destrezas o acciones que el sujeto, como un estratega,
selecciona y utiliza consciente y deliberadamente para alcanzar unas metas
particulares.
Se han identificado numerosas estrategias de aprendizaje cuyo desarrollo
capacita a los alumnos para ser aprendices independientes, creativos y
eficientes, con capacidad para resolver problemas. Entrenándolos adecuadamente
en dichas estrategias pueden mejorar su rendimiento cognitivo y paliar muchas de
las dificultades que se les presentan, especialmente, a los de rendimiento
académico bajo. Siguiendo a los investigadores de mayor relieve en este campo (Flavell,
1976; Dansereau, 1985; Weinstein y Underwood, 1985; Weinstein y Mayer, 1986;
Beltrán, 1986; Pintrich, 1989, Monereo, 1991; González y Tourón, 1992; Justicia,
1996), las podríamos clasificar en tres grandes categorías: primarias,
secundarias y versátiles (Cuadro 2).
2.1. ESTRATEGIAS PRIMARIAS
Son aquellas que operan directamente sobre la información: recogiendo,
analizando, comprendiendo, procesando y guardando información en la memoria,
para, posteriormente, poder recuperarla y utilizarla dónde, cuándo y cómo
convenga. En general, éstas son las siguientes:
1. Cognitivas (microestrategias): Facilitadoras del conocimiento.
1.1. Atención: Exploración, fragmentación, selección y contradistractoras.
1.2. Comprensión (técnicas o habilidades de trabajo intelectual): Captación de
ideas, subrayado, traducción a lenguaje propio y resumen, gráficos, redes,
esquemas y mapas conceptuales. A través del manejo del lenguaje oral y escrito
(velocidad, exactitud, comprensión)
1.3. Elaboración: Preguntas, metáforas, analogías, organizadores, apuntes y
mnemotecnias.
1.4. Memorización/Recuperación (técnicas o habilidades de estudio): Codificación
y generación de respuestas. Como ejemplo clásico y básico, el método 3R: Leer,
recitar y revisar (read, recite, review). U otros tantos, como el nuestro
propio, L-L/S-T/R-R-R : Tras haber entendido los enunciados o títulos de cada
bloque de contenido o núcleo conceptual de información, centrarse exclusivamente
en el primer apartado leyéndolo comprensivamente, volver a leer subrayando,
traducir a palabras propias resumiendo, recitar y repasar/revisar; y, así,
sucesivamente con cada bloque de contenidos.
2. Metacognitivas (macroestrategias): Facilitadoras del conocimiento, de la cantidad y calidad de conocimiento que se tiene (productos), su control, su dirección y su aplicación a la resolución de problemas, tareas, etc. (procesos).
2.1. Conocimiento del conocimiento: de la persona, de la
tarea y de la estrategia.
2.2. Control de los procesos cognitivos:
2.2.1. Planificación: Diseño de los pasos a dar.
2.2.2. Autorregulación: Seguir cada paso planificado.
2.2.3. Evaluación: Valorar cada paso individualmente y en conjunto.
2.2.4. Reorganización (feedback): Modificar pasos erróneos hasta lograr los
objetivos.
2.2.5. Anticipación (forward): Avanzar o adelantarse a nuevos aprendizajes.
Como se ha podido observar, las estrategias cognitivas tienen por finalidad el
desarrollo de las habilidades cognitivas, representan lo que Monereo (1991)
denomina microestrategias. En palabras de Beltrán (1995), éstas son una especie
de reglas o procedimientos intencionales que permiten al sujeto la toma de
decisiones oportunas de cara a conformar las acciones que caracterizan el
sistema cognitivo. Las tareas cognitivas más elementales suponen la adquisición,
procesamiento, comprensión, estructuración y grabado en memoria de la
información, para su utilización posterior.
Las habilidades aluden directamente a las distintas capacidades intelectuales
que resultan de la disposición o capacidad que demuestran los individuos de
hacer algo. Las habilidades son, como indican Hartman y Sternberg (1993), los
obreros (workers) del conocimiento. Pueden ser numerosas, variadas y de gran
utilidad a la hora de trabajar en las distintas áreas de contenidos y cuya
actividad específica se ve afectada por multitud de factores que dependen de la
materia, de la tarea, de las actitudes y de las variables del contexto donde
tienen lugar. Precisamente, la actuación estratégica se refiere a la selección,
organización y disposición de las habilidades que caracterizan el sistema
cognitivo del individuo.
Por ejemplo, Weinstein y Mayer (1986) las estructuran en tres apartados: 1º)
Estrategias de repetición, ensayo o recitación, cuyo objetivo es influir en la
atención y en el proceso de codificación en la memoria de trabajo (a corto
plazo), facilitando un nivel de comprensión superficial. 2º) Estrategias de
elaboración, que pretenden una comprensión más profunda de los contenidos de los
aprendizajes, posibilitando la conexión entre la nueva información y la previa,
ayudando a su almacenamiento en la memoria a largo plazo, para conseguir
aprendizajes significativos. 3º) Estrategias de organización, que permiten
seleccionar la información adecuada y la construcción de conexiones entre los
elementos de la información que va a ser aprendida, lo que fomenta el análisis,
la síntesis, la inferencia y la anticipación ante las nuevas informaciones por
adquirir.
Las estrategias metacognitivas hacen referencia, por una parte, a la consciencia
y conocimiento del estudiante de sus propios procesos cognitivos, conocimiento
del conocimiento, y, por otra, a la capacidad de control de estos procesos,
organizándolos, dirigiéndolos y modificándolos, para lograr las metas del
aprendizaje (Flavell, 1976, 1977; Flavell y Wellman, 1977). Son, para Monereo
(1991), macroestrategias, ya que no son estrategias específicas, sino generales,
de dirección mental, por lo que su grado de transferencia es mayor; de ahí su
dificultad de aprendizaje y enseñanza. Lo que Flavell, Leonard y Kreutzer (1975)
denominan metamemoria.
En general, supondrían aprender a reflexionar, estando integradas por variables
de la persona, la tarea y las estrategias.
Las variables de la persona estarían formadas por nuestros conocimientos y
creencias acerca de cómo somos y cómo son los demás, como procesadores
cognitivos, estando directamente relacionadas con los componentes cognitivos de
la motivación (percepción de autoeficacia, creencias de control, expectativas de
rendimiento, etc.). Markman (1973, 1975), por ejemplo, observó que los niños
pequeños no son capaces de predecir su comportamiento en la mayoría de las
tareas cognitivas y que tienen dificultades para identificar contradicciones e
incoherencias presentes en una historia. Asimismo, Pramling (1983) confirmó que
los niños del segundo ciclo de Educación Infantil relacionaban el aprendizaje
con hacer cosas o crecer, pero nunca con algo que tuviera relación con el
conocimiento o que el aprendizaje proviniera de la experiencia.
Las variables de la tarea incluyen la consciencia acerca de sus demandas:
magnitud, grado de dificultad, estructura, si es conocida o no, esfuerzo que
requiere, etc.; adquiriéndose también de forma progresiva la comprensión de su
influencia. Hay estudios experimentales que confirman el grado de dificultad que
entraña reconocer ciertos aspectos asociados a las demandas de las tareas, de
manera que los aspectos que implican mayor dificultad o complejidad se aprenden
después que los más fáciles o simples (Moynahan, 1973; Kreutzer, 1975).
En este mismo sentido, Miller (1985) analizó los factores que, según los niños,
influyen en la atención que prestan a las tareas escolares cuando las hacen en
casa y en la escuela, llegando a la conclusión de que, para los de 5 a 8 años,
los factores más importantes eran estar callados (no hacer ruido) y centrados en
lo que explica el maestro (interés por la tarea), no moverse de su sitio y
observar lo que hace el profesor (aspectos extrínsecos a la tarea de aprender).
Sin embargo, los niños mayores, atribuyen la falta de atención a factores que
suelen tener un carácter más psicológico, como la falta de motivación, la
dificultad de la tarea o el hecho de desviar el interés hacia otras cosas ajenas
a la escuela (aspectos intrínsecos de la tarea de aprender).
Mazzoni y Cornoldi (1993) demostraron que el conocimiento previo sobre la
facilidad o dificultad percibida o estimada de una tarea, afecta a la
distribución del tiempo de estudio, de manera que a las tareas fáciles se les
dedica menos tiempo que a las tareas difíciles. De igual forma, Dufresne y
Kobassigawa (1989), en otro estudio experimental, manipularon el grado de
relación entre los componentes de una lista de pares asociados, observando que
el tiempo de recuerdo de los ítemes menos relacionados entre sí, los más
difíciles, superaba el tiempo dedicado al recuerdo de los pares más
relacionados.
Todas estas apreciaciones ponen de manifiesto que el grado de percepción de las
variables concernientes a las tareas afectan al modo de realización de las
mismas, de forma que, a medida que el sujeto va teniendo una mayor conciencia de
las variables de la tarea, se incrementa su eficacia de realización.
Las variables de las estrategias van referidas al conocimiento estratégico
cognitivo, metacognitivo y de los medios que pueden propiciar y facilitar el
éxito, tales como: repetir elementos de una lista, ordenarlos por categorías,
comprender un determinado contenido, relacionarlos son otros, recordar una
determinada cuestión, resolver tal o cual problema, etc. Estas estrategias se
adquieren con el dominio de las habilidades específicas implicadas en los
distintos campos del conocimiento, colaborando a la mejor organización del
aprendizaje y a la obtención de resultados eficaces.
El conocimiento de las variables de estrategia se refiere al conocimiento
procedimental, extraído de la experiencia, resultante de la ejecución de tareas
anteriores. A partir del conocimiento de las características y requisitos de las
tareas, las características personales y las estrategias que hay que emplear, es
cuando se puede empezar a planificar, regular, evaluar y reorganizar el proceso
cognitivo coherentemente. Así, pues, la metacognición supone el conocimiento y
control de los propios estados y procesos cognitivos (Brown, Bransford, Ferrara,
Capione, 1983).
Las actividades de planificación están integradas por el establecimiento de
metas de aprendizaje, subdivisión de la tarea en pasos, generación de
interrogantes ante el nuevo material, identificación y análisis del problema,
planteamiento de hipótesis de trabajo, determinación de la dosificación del
tiempo y el esfuerzo necesarios, etc.
Las actividades de dirección (monitoring) y autorregulación incluyen la
autodirección y autocontrol cognitivo durante todo el proceso de realización de
una actividad cognitiva, siendo capaz de seguir el plan trazado.
Y, las estrategias de evaluación permiten comprobar la eficacia del proceso
cognitivo, mientras que las de reorganización facilitan su modificación en su
defecto.
El desarrollo de las actividades de control cognitivo, de autoconciencia acerca
de cómo se conoce y de automanejo de la propia actividad cognitiva, permite a
los alumnos asumir la responsabilidad de su propio aprendizaje, que, para Nisbet
y Shuckmith (1986), es la clase del aprender a aprender. Precisamente, estos
autores, describen la metacognición como el séptimo sentido que lleva a aprender
a aprender; es decir, la capacidad de reconocer y controlar la situación de
aprendizaje. Lo que no debe confundirse con el aprendizaje de habilidades
específicas para el estudio es ser capaz de organizar, dirigir y controlar los
procesos mentales y ajustarlos a las exigencias o contexto de la tarea. En este
sentido, Nickerson et Al. (1987) indican que la actuación de los expertos,
respecto a los novatos, es de mayor énfasis en la planificación y la aplicación
de estrategias, una mejor distribución del tiempo y los recursos, y un control y
una evaluación cuidadosa del progreso.
Los hallazgos de diferentes investigaciones confirman que los niños muy pequeños
poseen un grado considerable de conocimiento metacognitivo que se va
desarrollando gradualmente durante su proceso de maduración, de ahí la
conveniencia de que los estudiantes, desde muy corta edad, dentro del currículo
y no como apéndice del mismo, se inicien en la práctica del autoexamen y el
control de su autoeficacia, distribuyendo cuidadosamente el tiempo y los
recursos de que disponen.
Numerosos trabajos han demostrado el efecto favorable del entrenamiento en
estrategias metacognitivas en diferentes áreas del currículo: en lectura (Brown,
Armbruster y Baker, 1985; Brown y Palincsar, 1987; Campione y Brown, 1990;
Chipman, Segal y Glaser, 1985; Jacob y Paris, 1987; Sánchez, 1993); en escritura
(Bereiter y Scardamalia, 1987; Castelló, 1995; Hayes y Flower, 1980; Higgins,
Flower y Petraglia, 1992; Saunders, 1989); en el uso de gráficos y mapas (Moore,
1993; Schofield y Kirby, 1994); en física (Pirolli y Bielaczyc, 1989; Pirolli y
Recker, 1994); en la solución de problemas (Borkowski, 1992; Chi et Al., 1989;
Bielaczyc, Pirolli y Brown, 1995; Klahr, 1985; Swanson, 1990).
Estos trabajos, al mismo tiempo, han desarrollado diversos métodos de enseñanza
para llevar a cabo el entrenamiento en metacognición. Los métodos tienen
distinta fundamentación teórica y se basan en la observación, la comparación y
la reflexión sobre el modo de ejecutar tareas, hechas por otros (los profesores
o el grupo de iguales), o sobre la propia ejecución de los estudiantes
concerniente a tareas relacionadas con el aprendizaje escolar. Entre los
métodos, podemos citar: el role-playing, la discusión, el debate, el método de
explicación o enseñanza directa (Duffy et Al., 1986); el modelado y el método de
andamiaje, derivado de los supuestos que inspiran el trabajo de Vigotsky (1978)
(Collins, Brown y Newman, 1989); el método de entrenamiento cognitivo, basado en
el diálogo, la explicación directa, el modelado (un ejemplo de este método lo
tenemos en el programa ILS -Informed Strategies for Learning- propuesto por
Paris y colaboradores, 1984); el método de aprendizaje cooperativo, entendido
como una ayuda al aprendizaje cuando los alumnos realizan tareas en común (Slavin,
1991); o el método de enseñanza recíproca, basado en la interacción del trabajo
en situación de pareja (díada), en la que uno de los integrantes del par adopta
el rol de líder (Palincsar y Brown, 1984).
Las estrategias metacognitivas deben enseñarse simultáneamente a la enseñanza de
los contenidos de las diferentes materias escolares (Hartman y Sternberg, 1993),
integradas en alguno de los métodos de interacción didáctica. Una parte de ellas
se centran en el maestro y otras les corresponde desarrollarlas a los propios
estudiantes, dependiendo de quién tenga la responsabilidad y el control de la
actividad de aprender en cada momento de la situación de aprendizaje-enseñanza.
Las técnicas centradas en el maestro incluyen: preguntar, decir en voz alta lo
que se hace al tiempo que se realiza, anticipar los pasos que se van a seguir,
preguntarse por el valor y el interés de cada uno de ellos, justificar las
decisiones que se toman, proporcionar diferentes ejemplos, analogías, gráficos,
esquemas y justificar su valor procedimental para adquirir el conocimiento. En
suma, modelar y justificar previamente el aprendizaje que queremos que realice
el alumno después de forma individual.
Las estrategias centradas en el alumno incluyen marcarse objetivos y planificar
las tareas, hablarse a sí mismo a lo largo del aprendizaje para autopreguntarse
y cuestionarse cada paso de la actividad de aprender, pensar en voz alta,
detenerse a reflexionar y revisar lo realizado previamente, anticipar y prever
etapas y resultados, evaluar resultados parciales y finales, preguntarse por qué
las tareas se hacen bien o mal, a qué se puede deber, si está en manos del
alumno proponer soluciones y cuáles.
Finalmente, decir que la metacognición juega un papel muy importante en el
aprendizaje escolar contribuyendo a incrementar la eficacia en el rendimiento
académico de los estudiantes, por lo que la enseñanza de la metacognición debe
constituir un elemento más del currículo escolar, junto a la enseñanza de las
diferentes materias escolares; aunque, la metacognición no es la panacea para
solucionar todos los problemas del aprendizaje escolar. Sin embargo, la
comprensión de los procesos de pensamiento implicados en el aprendizaje de las
diversas materias y la estimulación de la actividad reflexiva de los estudiantes
sobre el propio proceso de aprendizaje, son instrumentos eficaces de enseñanza
en manos de los profesores. La enseñanza de la metacognición es un instrumento
más, un medio de indudable valor e interés al servicio de la enseñanza, que, en
cualquier caso, no debe constituirse en objetivo de instrucción por sí misma.
2.2. ESTRATEGIAS SECUNDARIAS O DE APOYO
Son aquellas que tratan de crear el mejor ambiente o clima posible, las mejores
condiciones y el mejor apoyo a las estrategias primarias (cognición y
metacognición); que, de lo próximo a lo distal, procuran el conocimiento y
domino de sí mismo en su espacio y su tiempo, para conocer y dominar lo que le
rodea en el espacio y en el tiempo. Éstas son las siguientes:
1. Personales (De ajuste personal y social):
1.1. Motivación: Atribución causal, búsqueda de éxito, motivación intrínseca,
curiosidad, autoeficacia y autorrefuerzo.
1.2. Afecto: Control emocional, autoestima y responsabilidad.
1.3. Actitudes sociales: Formación, mantenimiento, cambio y habilidades
sociales.
2. Espaciales (De ajuste espacial): Lugar de estudio: ubicación, postura y
oxigenación; más adecuados.
3. Temporales (De ajuste temporal): Distribución del tiempo: Establecimiento y
respeto del calendario y el horario de trabajo.
Y, en general, todas aquellas que puedan contribuir a mejorar las primarias:
relajación, control de la ansiedad, organización de los materiales y recursos,
etc.
En suma, las estrategias de apoyo tratan de sensibilizar personalmente al
aprendiz con lo que va a aprender en tres ámbitos: motivación, afecto y
actitudes. El conocimiento y la motivación adecuados (cognición-afectividad),
favorecen todo un mundo rico en afectos que facilitan la formación y cambio de
actitudes (comportamiento); es decir, el tipo de motivación operante (intrínseca
o extrínseca), influye en el curso de la autorregulación afectiva y, en último
término, en el rendimiento intelectual.
2.3. ESTRATEGIAS VERSÁTILES
Estas estrategias hacen alusión a la perfecta integración de los dos tipos
anteriores, sin que, en ningún caso, se deba interpretar como un simple
sumatorio de los mismos. El sentido “versátil” supera la concepción ecléctica
convencional, añadiéndole la facultad de autooptimización, favoreciendo su
adecuada interacción e interrelación y, sobre todo, como si del manejo de
ordenadores (software) se tratase, versátil da la idea de asequible, adaptable,
motivable, moldeable, aplicable, contrastable y favorable a un proceso de
enseñanza-aprendizaje recurrente e interactivo.
En suma, entre todas las estrategias de aprendizaje se consigue, por una parte,
el conocimiento, y, por otra, su adecuada utilización: autocontrol y
autorregulación cognitivo y metacognitivo; actuando sobre los procesos
implicados en el procesamiento, estructuración y recuperación de la información,
lo que representa probablemente el aspecto más importante del aprendizaje y del
rendimiento académico en contextos escolares.
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