De Roncesvalles a Zubiri.

Nos levantamos a las 06:00 a.m. luego de un descanso reparador. Las vitorianas, especialmente la gordita, se quejan de que alguien ha roncado pero nosotros hemos dormido tan profundamente que no hemos oído nada.

Salimos de Roncesvalles con linternas para asegurarnos de tomar la ruta marcada por las flechas amarillas. Avanzamos por una senda cómoda que discurre a través de un denso bosque de hayas, abedules, robles, avellanos y acebos. En el amanecer, nos parece estar viviendo dentro del paisaje de uno de esos cuentos infantiles en los que todo es posible; hasta que aparezcan misteriosos personajes voladores entre los árboles, suspendidos en esa atmósfera azulada que nos rodea.

De este modo hemos llegado al pueblo de Burguete/Auritz en el que pensábamos tomar desayuno; pero todo está cerrado. El pueblo duerme aún, ajeno al Camino y a sus peregrinos.

Siempre rodeados por un bosque impresionante por su densidad y belleza nos encontramos en Espinal/Aurizberri. Aquí, pasada la iglesia, encontramos el único bar/cafetería abierto y nos detenemos para desayunar. Coincidimos con otros caminantes, entre ellos los catalanes, y nos saludamos. Nos han cobrado 800 pesetas por dos tacitas de café con leche, unas tristes tostadas hechas con el pan que sobró ayer, un poco de mermelada y aún menos mantequilla. No decimos nada, pero más tarde, hablando con los jóvenes de Barcelona, comprobamos que a todos nos ha parecido caro.

Rumbo a Biscarreta/Guerendiaín, por tramos, la vegetación es menos densa y aparecen praderas donde pastan vacas de un color blanco/amarillento con sus ternerillos gordos y juguetones. También caballos y potrillos recién nacidos. La yegua lleva una campanilla al cuello y parece ejercer de jefa de la manada. Una fina capa de niebla se desliza a ras del suelo, cubriendo algunas zonas que toman un aspecto fantasmal.

De pronto el Camino se empina en una dura subida. Son los Altos de Mezkiritz. El ascenso se hace llevadero porque la senda discurre por una especie de túnel vegetal. Los flancos son de boj, que refresca el ambiente con su aroma; sobre el boj se alzan los avellanos y acebos y, sobre éstos, cerrando el techo como un dosel, las hayas.

En Lintzoaín nos refrescamos en la fuente que encontramos a la entrada del pueblo y, tras preguntarle a una lugareña sobre la potabilidad del agua, bebemos y llenamos nuestras cantimploras. Coincidimos con el matrimonio brasilero, son un poco más jóvenes que nosotros, charlamos, nos hacemos unas fotos y nos preparamos para la prueba más dura del día.

El ascenso al Alto de Erro es duro para quienes, como nosotros, no cuentan con una preparación física especial. De nada sirve la vegetación que sigue siendo hermosa y en ocasiones densa. Sólo algunos respiros te permiten recuperar fuerzas. Chelo sube bastante bien, yo me ahogo y me detengo de vez en cuando para poder tomar aire. Chelo camina, camina, camina y, de tanto en tanto, se vuelve para darme ánimos. Envidio al matrimonio brasilero que, con paso elegante y ritmo mantenido como de danza, poco a poco nos alcanzan y acaban superandonos en el ascenso.

Si dura ha sido la subida, más dura es la bajada. El sol comienza a calentar sobre nuestras cabezas y el camino discurre en gran parte sobre el borde de unos plegamientos rocosos que dificultan la marcha. Hay muchas piedras sueltas y puede decirse que es un auténtico "Camino de Cabras". Los dos acusamos ya el cansancio y ahora es Chelo quien peor lo pasa.

Por fin descendemos hasta el Río Arga que cruzamos por un puente medieval para entrar en Zubiri, nuestra meta para hoy. Nos dirigimos al Albergue de peregrinos, tomamos cama y nos relajamos con una buena ducha.

En todas las guías que hemos leído sobre el Camino de Santiago se dice que los albergues son gratuitos y se sostienen con las aportaciones voluntarias de los peregrinos. Aquí empieza nuestra sorpresa. En el de Zubiri no hay registro de peregrinos ni otro tipo de control pero, eso sí, si quieres quedarte y usar sus servicios de literas y baño, tienes que pagar obligatoriamente 500 pesetas por persona (10 soles, aproximadamente); en caso contrario ni siquiera te sellan la credencial. En ningún momento ha estado en nuestras intenciones utilizar la red de albergues sin dejar nuestra aportación; pero esta exigencia nos molesta. Lo comentamos con otros peregrinos y nos informan que, salvo en Galicia, donde sí son gratuitos de verdad y es una tierra en la que se vive la peregrinación con más autenticidad, en el resto del Camino te cobran como obligación.

Pasamos la tarde jugando cartas al "tute" con unos jóvenes catalanes, de Barcelona, que nos enseñan los rudimentos de este juego. Resultan unos compañeros excelentes, abiertos y simpáticos, con los que resulta fácil establecer una cordial relación de camaradería. Cuando estamos en pleno juego estalla una tormenta y comienza a caer agua como para inundar todo el pueblo de Zubiri. Nos refugiamos y, sentados en una larga mesa, todos los peregrinos comemos nuestros "bocatas" (especie de sanguchito hecho con un pan más seco y duro que el nuestro y relleno de embutido o tortilla), charlamos y nos vamos conociendo hasta que algún rayo o el agua hacen que nos quedemos sin electricidad y, por lo tanto, sin luz obligándonos a retirarnos a dormir.

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