TIEMPO  DE  PASIÓN

“ In nomine Dei ”.

Y Él hablaba al mundo, al mundo de entonces, al mundo de ayer, al mundo de siempre. Y Él anunciaba el Despertar y la Vida a través de la muerte. Y Él se inmoló sobre el altar del sacrificio y de la Cruz, para que en su Pasión, el pueblo, que Dios el Padre le había confiado, fuese rescatado, el pueblo de sus hermanos descarriados, que había que volver a llevar sobre el sendero de la Luz hasta la Casa del Padre. Los hijos en penitencia sobre la Tierra.

Y vino el Hombre, el Hombre lleno de Consciencia Crística, el Enviado Divino, el Santo de los Santos, el Mártir de los Mártires, y nosotros lo reconocimos en Su Verdad, que estaba en nosotros, y que Él nos revelaba por Su Nacimiento y Su Vida, Sus Acciones, Su Muerte, Su Resurrección. Él vino para amarnos y para enseñarnos el Amor. Él se encarnó por nosotros y se hizo hombre para comprender mejor y hacernos comprender: Él extendió Sus manos Crísticas para suavizar nuestros sufrimientos y tomarlos sobre Él. Imploró al Padre por nosotros, sus verdugos, para que, por una extrema prueba de Amor, nosotros pudiéramos aprender a amarnos los unos a los otros.

Sus brazos, grandes como el mundo, nos ciñeron en un único abrazo de Amor del cual nosotros hemos intentado y todavía intentamos deshacernos, prefiriendo la soledad y la desolación.

Hermanos, ¿por qué no intentamos, también nosotros, amarlo como Él nos ha amado y nos ama? ¿Por qué no probamos a llevar con paciencia y resignación nuestra cruz como Él hizo con la suya para enseñarnos? ¿Por qué no pedimos perdón a Dios para nuestro hermano que nos ha ofendido y que, pueda ser, nos ha llevado a la cumbre de la desesperación y del dolor, como Él hizo por nosotros muriendo en la cruz? ¿Por qué no gritamos a todos que Su Verdad es la única Verdad, que Su camino es el único camino, que Su Vida es la única Vida? Él nos tiende siempre la mano desde lo Alto de Su Cruz; tendamos la nuestra con ardor para coger la Suya y así no sentirnos perdidos.

¿Es posible que no hayamos comprendido, que no comprendamos todavía que Él quiso deliberadamente, de forma determinada, subir y sufrir sobre esta cruz para que los ciegos pudiesen abrir sus ojos y ver, al fin, el verdadero Camino que conduce a la Vida: El Camino del Dolor?

Acoge con alegría, hermano, el peso de tu cruz, para que tu yugo se vuelva para ti una dulce carga. Tú, nunca podrás atravesar desnudo un matorral de espinas sin salir con arañazos en tu carne, y tu exilio terrestre es parecido a un matorral espeso en el que te debates desgarrando el cuerpo y el Alma para salir de él. Pero, ¿cuál será tu alegría cuando, aún martirizada tu carne, consigas retirar todas las espinas?

El Maestro, el Cristo quiere darte con Su sacrificio la visión real de lo que es la vida terrestre. Él te habla de Amor, tú abres tu corazón mudo a la esperanza y Él te ofrece hasta Su sufrimiento para que tú puedas aprender en su Pasión terriblemente dolorosa.

Hoy, después de 2.000 años, Su Amor Crístico, Su Cruz Crística, dominan toda la Tierra. Es a Su Amor, a Su Cruz, a lo que tú debes aspirar con todo tu ser, y si tu cruz es ligera, no vaciles en llevar también la de tu hermano, ya que cuánto más pesada sea tu fatiga, más corto será tu camino.

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Una nueva Semana Santa se aproxima en el tiempo. Supongamos que, de pronto, Jesús el Cristo se presentara de nuevo en la Tierra. ¿Quiénes serían los nuevos acusadores? ¿El nuevo Sanedrín de los Últimos Tiempos podría ser confirmado por los psiquiatras y por los parapsicólogos? ¿Quién sería el Caifás que presidiría el Tribunal y propondría dirigir el dedo de la acusación y de la condenación contra el Hijo del Hombre, Príncipe Celeste de la Nueva Jerusalén, que descenderá del Cielo?

¡No se sabe! Pero ya, en algunos individuos, se perfilan las tendencias. Están dispuestos a establecer el diagnóstico que no sería nada diferente del que condujo a Jesús hacia la cruz.

Estoy seguro de que serían los antes citados quienes compartirían la Obra del nuevo Sanedrín y que, con los sabios y las lumbreras del nuevo poder temporal político-religioso, acusarían, otra vez, “al Elegido de Dios”.

Esto, ciertamente, sucedería así, si al volver sobre la Tierra, el Hijo del Hombre volviese a expresarse con el mismo lenguaje, tuviese los mismos comportamientos y el mismo dinamismo espiritual, moral y político que en el pasado. El diagnóstico sería, sin ninguna duda, éste: “patológicamente anormal, neurótico, mitómano, paranoico, esquizofrénico”.

Otros sabios darían como sentencia lo que sigue: “mentiroso, timador, etc.”. La acusación se volvería más grave si el Hijo del Hombre practicase el arte de curar la carne y el espíritu, haciendo prodigios y milagros. Entonces, a la acusación de los primeros se añadiría la otra, que vendría de los otros iluminados, no mejores que los primeros. Su sentencia sería: “¡Es el diablo! ¡Es Satán! ¡Está poseído por el demonio! ¡Herético!”.

De hecho, el Sanedrín de los últimos tiempos intentaría, por todos los medios, de incriminarlo, de eliminarlo de una forma diferente de la primera vez. El pueblo se limitaría solamente a aprobar la acción de los grandes del nuevo Sanedrín, al que concede, ciegamente, una confianza y adhesión ilimitadas.

Así debería repetirse, de nuevo, la historia. Es así como sucedería si el Hijo del Hombre volviese sobre la Tierra con sus vestidos y su metodología de enseñanza de antaño.

¡Pero no sucederá así! Porque Él no volverá sobre la Tierra con sus mismos vestidos, ni enseñará con la misma metodología. Tendrá un rostro diferente, unos vestidos diferentes y una metodología de enseñanza también diferente. Tendrá a su disposición una cohorte de Seres angélicos y potentes, así como la consolación de hombres y de mujeres terrestres dispuestos a recibirlo y a seguirlo. El nuevo Sanedrín se verá turbado fuertemente y no economizará nada para tentar de acusarlo y de designarlo, a los ojos de la gente, como un Ser clínicamente enfermo y obsesionado espiritualmente.

Sin embargo, esta vez no tendrá éxito. No tendrá éxito, porque el Hijo del Hombre vendrá para juzgar y no para ser juzgado. El nuevo “Caifás” no tendrá ni el tiempo de quitarse sus vestiduras, y los otros no tendrán la posibilidad de conspirar contra Él, ni contra los que le han amado, que están de nuevo vivientes para servirlo en la edificación del Reino de Dios sobre la Tierra.

Su Juicio será severo, y la condenación pesada. No utilizará látigo, porque no sería suficiente para echar a los nuevos mercaderes de Su templo, pero traerá con Él medios más convincentes, mucho más eficaces que el látigo.

No habrá un nuevo Pilatos, ni corona de espinas. No habrá la cruz del suplicio, ni fuerzas reunidas en un poder político-religioso capaz de detener Su paso triunfal en el mundo que Él vino a visitar con humildad y gran Amor, y que Él corregirá con Justicia y Verdad, para que el verdadero testimonio sea dado sobre lo que fue dicho y escrito según la Muy Santa Voluntad de Dios Muy Alto y Glorioso.

Esta es la nueva Semana Santa que debe anidar en todos los corazones y solazar los Espíritus, porque ahora ya se revela la promesa de que el Dolor será sustituido por el Amor, la Justicia y la Esperanza.
 

 

JOSÉ GARCÍA ÁLVAREZ
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