Los supervisores o programadores de vuestros delictuosos y dolorosos advenimientos políticos, económicos, científicos y bélicos, sabéis muy bien quiénes son y dónde están. Las tensiones y las violencias son suscitadas por cálculos precisos brotados en monstruosos cerebros pertenecientes a las dos mayores potencias de vuestro planeta. Desde ciertas instituciones de supervisión y programación salen las fuerzas corruptoras que envuelven hombres y pueblos para ponerlos al servicio de una estrategia, los efectos de la cual fueron previstos con prioridad. La corrupción es el denominador común, que desarrolla el valor de la fuerza necesaria para alcanzar una meta deseada.
Nosotros tenemos la posibilidad de observar desde muy cerca los planes de estos institutos, con poderes absolutos y con disponibilidad de medios ilimitados. La mayor o menor conquista de un poder político, económico o científico, depende del mayor o menor bienestar de estos supervisores o programadores. Una revolución o una guerra, sea fría o caliente, es programada, fermentada y desarrollada por éstos.
Su poder de corrupción es, diabólicamente, corroborado por una enorme disponibilidad de dinero o por privilegiadas concesiones de fuerza y de dominio. Los hombres corruptibles son sus mejores colaboradores, a los cuales conceden asistencia, protección y seguridad de movimientos en todos los sentidos. Si el programador decide la muerte de un Jefe de Estado, esto no puede dejar de suceder. Sobre vuestro planeta es norma decir: “El fin justifica los medios”.
Tenemos elementos y conocimientos suficientes para poder accionar en el preciso momento y desarraigar desde los mismos cimientos este mal tan pernicioso. Tal como ya os dijimos muchas veces, nuestras fuerzas vigilan. Estamos esperando el desarrollo de un determinado proceso según los planes de los Maestros Divinos que nos guían y sostienen en esta obra de amor y justicia universal. Nuestros operadores en la tierra son muchos, y fieles en su misión.
Procurad predisponeros, porque nadie podrá saber el día y la hora de nuestra intervención.
Woodok