Resulta una institución blasfema y fuente de prostitución, si ella no es alimentada por el carisma, antes espiritual y luego material. A menudo, la unión entre el hombre y la mujer terrestres, tiene lugar por simpatías exclusivamente exteriores, o peor, por intereses puramente materiales. La quiebra de estas uniones es inevitable, porque el amor no existe. El amor vive y sobrevive, solamente si el espíritu está en perfecta sintonía entre hombre y mujer. Si esto existe, el matrimonio, como vosotros lo llamáis, se convierte automáticamente en indisoluble, y la felicidad es grande.
El matrimonio debe ser un complemento real, una recíproca fuente de seguridad y ayuda. Vuestra institución matrimonial no refleja los valores eternos de la ley universal. La adulteración de este bien inmenso está en vuestras costumbres, en la irrefrenable libídine, en la exclusiva necesidad de satisfacer el sexo, en el orgasmo progresivo de la insatisfacción.
Estos valores negativos llevan el amor a la muerte o empujan a hombres y mujeres en acciones sodomíticas aberrantes. Son pocos los que sobre vuestro planeta están vinculados por el verdadero amor.
Woodok