8º.- A LOS INCRÉDULOS

Hombres de la Tierra, queréis ver y tocar para creer: ¡Veréis y tocaréis! ¡Tocaréis la podredumbre de vuestros frutos y veréis el terror de vuestros oprobios! Veréis, sí, veréis el árbol de la vida escarnecido por la esterilidad y palparéis la negra calígine sobre la cual habéis preferido acostar las gracias de los cielos. El fruto de vuestras obras nefastas será amargo, más amargo cada vez, con una amargura que ni vuestras copiosas lágrimas podrán borrar nunca.

Corrupción, perdición de almas frágiles que, cotidianamente, precipitan en el vórtice turbulento de actos criminales edificados con cínico egoísmo. Habéis antepuesto al bien un terrible y creciente mal que os llevará irremediablemente hacia el apocalíptico efecto de las causas negativas que habéis animado y alimentado.

¡Veréis y tocaréis!

Ya lloráis las nefastas y delictuosas aventuras de vuestros jóvenes hijos, y todavía, en verdad, no han sido cogidos totalmente en el torbellino de los mayores efectos que están madurando.

Terrestres incrédulos, ¿de qué os quejáis? Si apenas estáis empezando a recoger lo que habéis sembrado con inconsciencia, con odio e hipocresía. Especuláis sobre los males que habéis edificado y despreciáis el coraje que deberíais aceptar para poderos decir a vosotros mismos: Mea culpa, mea culpa.

¡Os habíamos advertido de poner, en tiempo útil, las cosas en su justo lugar! Pero habéis reído y encogido las espaldas, apáticos a nuestros numerosos y afligidos mensajes de aviso. Ahora estáis obligados a doblegar vuestras espaldas al látigo que habéis animado y creado dolorosísimo, a causa de vuestra incapacidad de creer en la palabra sublime de la verdad de Cristo. La realidad apocalíptica se os aparecerá en toda su luz purificadora y os invadirá el espanto, por el miedo de tener que dar cuentas de vuestras obras negativas.

¡Veréis y tocaréis!

La divina justicia está en marcha y los Elegidos están esparcidos por el mundo para realizar “nuevos hechos”, y para dar conocimiento a los hombres de la vuelta al mundo del Hijo del hombre, y que no habrá salvación para los impíos.

Nosotros estamos sobre la tierra preparados para ejecutar los designios profetizados, que todos los hombres verán y tocarán. Nosotros estamos sobre la tierra con aquellos que, una vez más, en este tiempo, son los artífices preparadores para el triunfo del nuevo pacto entre Dios y los hombres, y para la instauración del Reino divino en la Tierra.

¡Veréis y tocaréis!

                                                                   Un extraterrestre

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