LA OPERACIÓN "SARAS"
George
Adamski | Primer encuentro | Desarrollo
de la Operación "Saras" | Avistamiento oficial
La prueba de la Base Edwards | La muralla del silencio
| Caza y captura de un Ovni | ¿Por
qué esconden la Verdad?
|
El mes de julio de 1.951, George Adamski, un americano
de cabellos canos, mirada profunda, rostro enjuto, 1 metro 65 de estatura
y unos 70 años, dirigía el restaurante "Palomar Garden's"
situado muy cerca del Observatorio de Monte Palomar. George Adamski había sido profesor de Filosofía y Ciencias hasta el año 1.939 y en realidad daba más la sensación de ser profesor que director de restaurante. Su afición por la Astronomía había nacido en el año 1.930, afianzándose a lo largo de su contacto con el ejército el tiempo que permaneció de servicio durante la Gran Guerra. Recién terminada la Segunda Guerra Mundial, cambió su trabajo y a partir de 1.946 pudo dedicar sus ratos libres a los estudios de Astronomía y Ufología, investigando de un modo progresivo y regular los fenómenos astronómicos y los platillos volantes. |
| Para su labor utilizaba dos telescopios, uno de 6 pulgadas y otro de 15 pulgadas. Ambos telescopios llevaban adaptada una cámara Hagge-Dresden-Graflex. Con ellos, cada noche escrutaba los cielos de California. Desde el verano de 1.951 al verano de 1.952, se produjo una avalancha de avistamientos ovnis en la zona del desierto de California. Adamski, desde su observatorio particular, a mil metros de altura, con una visibilidad de 180 grados, tiró más de 500 placas y consiguió unas doce fotografías aceptables de objetos no identificados. Algunas de naves en forma de cigarro puro y otras en forma de disco, que han llegado a convertirse en prototipos dentro del campo ufológico. | ![]() |

Una vez mostradas sus fotografías, Adamski
supo que había entrado en un camino sin retorno y que debía
andar hasta el final. El año 1.952 se convirtió en el de
su especial iniciación, merced a sus paseos y excursiones en solitario
desde Monte Palomar al desierto de California. Cada vez sentía más
el apremio interior de que algo le sería inevitablemente revelado
y tenía la certeza de que antes de terminarse el año se encontraría
con alguna de las naves extraterrestres que surcaban el espacio exterior
y se aproximaban a la Tierra cumpliendo un programa muy preciso.
Programó, para el 20 de noviembre, como
parte de sus excursiones habituales al desierto californiano, un viaje
con otros amigos. Concretamente, Alice Wells, Lucy McGimnis, Albert Pailey
y su señora y el doctor George Williamson y su esposa. Emprendieron
la marcha en dos coches e iban provistos de mapas, telescopios, cámaras
fotográficas y prismáticos.
Tomaron la carretera que conducía a Desert
Center y luego se desviaron hacia Parker. Los dos coches se pararon a la
altura del kilómetro 18. El suelo era volcánico, sin vegetación.
Cerraron los coches y anduvieron errantes, de un lado para otro. De ven
en cuando miraban hacia el cielo, otras veces inspeccionaban el horizonte
con los catalejos... Nada.
Se comieron unos bocadillos que habían
preparado y volvieron a pasear por los márgenes de la carretera.
Adamski observaba con sus catalejos hacia la vertical de la bóveda
celeste. Fue entonces cuando la vio. A mucha altura, enorme, tropezó
con una nave alargada. Se apartó los catalejos y la distinguió
a simple vista.
Avisó a los demás y todos observaron
la nave detenidamente. Tenía un gran halo anaranjado en torno. Adamski
dijo a los otros que tenía la impresión de que no se acercaban
más para evitar que pudieran verlos los que pasaban por la carretera.
Cogieron los coches y se adentraron en el interior
del desierto, hasta que no pudieron seguir. Pararon y sacaron el instrumental
que Adamski llevaba: un telescopio de seis pulgadas, un trípode,
una cámara Kodak, los accesorios para el telescopio, placas de fotografías...
Una vez situado el instrumental, los demás se apartaron unos metros
de donde estaba Adamski.
La astronave se detuvo en la vertical en que
se encontraba éste con sus aparatos. Unos minutos después
se produjo como un destello en la gran nave y apareció un disco
pequeño de unos 12 metros de diámetro. Descendió,
sin ruido alguno, sobre el terreno. Podía percibirse un leve zumbido
en los oídos, casi imperceptible.
Una vez aterrizado, fue visible su forma sólida,
idéntica a otros que Adamski había visto y fotografiado.
Enfocó su cámara y disparó sus siete placas. Estaba
aproximadamente a unos 500 metros de donde estaba él y unos 800
del resto del grupo.
Cuando Adamski retiró su cara del objetivo
de la Kodak, vio una forma humana que se apartaba del platillo y le hacía
gestos con un brazo en alto indicándole que se acercara. George
Adamski le obedeció instintivamente y comenzó a caminar en
dirección al ser que había descendido de la nave espacial.
Cuando estuvo a unos metros vio perfectamente sus facciones, su vestimenta.
Adamski lo describiría así después:
Era un hombre bello, joven, de un cutis barbilampiño,
de cabellos largos hasta la espalda, rubios, de nariz prominente, ojos
verdes, manos delgadas, mediría un metro setenta o setenta y cinco...
Llevaba un traje brillante, marrón, con un cinturón de unos
veinte centímetros, dorado, unos botines flexibles de color rojo
y acoplados al buzo por otro anillo dorado...
El ser que había bajado del disco, hizo
señas a Adamski para que se acercase más; le tendió
la mano. Adamski fue a estrechársela, pero el visitante le rozó
simplemente la palma. Cuando el director del restaurante le preguntó
en inglés de dónde venía, el extraterrestre movió
la cabeza en sentido negativo. Entonces, Adamski comprendió que
debía comunicarse de modo telepático. Se concentró
y señaló al Sol.
El extraterrestre sonrió y Adamski se
dio cuenta de que ese era el camino para entenderse y continuó pensando.
Representó en su mente Mercurio y trazó una órbita
en torno al Sol. El extraterrestre no respondió. Trazó otra
nueva órbita, la dibujó con la mano y pensó en Venus...
El visitante volvió a sonreír.
Señaló el Sol, describió un círculo en el aire,
luego otro, y se señaló a sí mismo como parte del
segundo círculo. Adamski entonces pensó la palabra Venus
y el extraterrestre asintió con la cabeza. Adamski continuó
el diálogo realizando sus preguntas mentalmente y recibiendo las
respuestas en idéntica forma.
Éstas fueron algunas de las preguntas
y respuestas:
A.- ¿Cuáles son los objetivos de
vuestros viajes?
E.- No venimos con fines agresivos o violentos.
De vuestro planeta nos llegan radiaciones perniciosas y fuertes, fruto
de las continuas pruebas atómicas. Estas radiaciones afectan también
al espacio exterior. Si continúan vuestras explosiones, conduciréis
al planeta Tierra a una enorme catástrofe.
A.- ¿Cómo viajáis en el
espacio?
E.- Utilizamos grandes astronaves como la que
has visto y como las que tienes fotografiadas. Son portadiscos que nos
permiten largos viajes interplanetarios con plena comodidad y rapidez.
Desde la nave podemos enviar otros discos tripulados o guiados electrónicamente
a distancia.
A.- ¿Qué fuerza utilizan vuestras
naves?
E.- La energía magnética, la energía
solar.
A.- ¿De dónde proceden las naves
que vemos?
E.- Algunas de Venus, otras de otros planetas
del Sistema Solar, o de otros sistemas planetarios de la galaxia.
A.- ¿Por qué no aterrizan en las
ciudades terrestres y establecen contacto oficial con nosotros?
E.- La humanidad no está todavía
preparada. Nosotros no queremos causar ningún tipo de daño
a la especie humana y si el encuentro se produjese de modo brusco, produciríamos
una terrible revolución.
A.- ¿Hay algunos hombres en contacto con
vosotros?
E.- Sí, los hay. Algunos han sido llevados
de la Tierra voluntariamente a otros planetas. También hay entre
vosotros seres de otros planetas en viaje de investigación y estudio,
visten como vosotros y no los podríais distinguir... Graba bien
el mensaje que hoy te traigo; es de vital importancia para el desarrollo
de nuestro contacto con el planeta Tierra. Se lo deberás llevar
de modo privado y personalmente hacérselo llegar a las autoridades
máximas de tu país. Utiliza el vehículo que ya conoces
en el Pentágono...
A.- ¿Debo escribirlo?
E.- No hace falta que lo escribas. Hazlo cuando
llegues a casa. Se te grabará en la mente de modo indeleble...:
"La Confederación ha dado permiso para realizar una prueba física
ante las autoridades de las dos superpotencias del Planeta. Una de las
pruebas tendrá lugar en el Aeropuerto Nacional de Washington el
25 de diciembre próximo. Deberán asistir autoridades máximas
del poder civil, militar y religioso. La prueba, si es bien aceptada y
difundida, facilitará el desarrollo de un programa de ayuda de la
Confederación de la Galaxia con vuestro Planeta."
Luego, el extraterrestre se encaminó al
disco. Adamski quiso seguirlo, pero el venusino le dijo que no lo hiciera,
porque sería peligroso para su físico.
El disco era semejante a una campana casi de
cristal. En el interior se distinguían bultos que se movían.
El aparato no estaba posado en el suelo, flotaba a unos 30 o 50 centímetros
del terreno volcánico del desierto. La cúpula era parecida
a un anillo oscuro y terminaba en una bola.
El extraterrestre se llevó una de sus
placas fotográficas y le prometió devolverla en el próximo
encuentro. Le indicó que algún día podría entrar
en uno de sus discos. Subió por una portilla metálica al
disco; éste se cerró, aumentó su brillo y comenzó
a elevarse lentamente en sentido vertical.
Adamski y sus amigos que se habían aproximado
vieron que la nave tenía dos anillos que giraban el uno en el sentido
de las manillas del reloj, el otro en sentido contrario. Debajo del disco
había como tres esferas metálicas. Se alejó hacia
la astronave en unos segundos. La nave lo reabsorbió y partió
describiendo un ángulo de 90 grados a una velocidad de vértigo.
Estaban todos como traumatizados, absortos. No
hablaron nada. Subieron a sus coches y regresaron.
Adamski repetía mentalmente el mensaje
que tenía que hacer llegar al Pentágono y a la Casa Blanca.
Por primera vez, le sucedía algo extraño: Veía el
mensaje escrito como en una pantalla que salía de su cerebro...
No lo podría olvidar...
Se había cubierto otro aspecto del programa
"Saras": Utilizar a un ser humano en la ejecución del mismo. Adamski
supo de modo claro y definitivo que esta verdad cambiaría su vida,
sus relaciones con los demás habitantes del planeta, con las autoridades
americanas... Pero, así lo había aceptado y no le importó
lo que sucediese en el futuro. Lo que él y sus amigos habían
visto y presenciado era cierto y lo haría saber, le dejasen
o no, se lo creyesen o no.
Desarrollo de la Operación "Saras"
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Adamski transmitió verbalmente el mensaje
recibido en el encuentro del día 20 de noviembre, ante seis amigos
suyos y utilizó el vehículo de transmisión del mensaje
hacia las autoridades por medio de su contacto de Monte Palomar.
Según las referencias que, de regreso, le llegaron, las autoridades no se tomaban en serio su mensaje y pidieron alguna prueba definitiva de que tal hecho se produciría. Y desde luego, pedían identificación del cómo, el cuándo y el dónde. Telepáticamente, una de las noches de primeros de diciembre de ese mismo año tuvo una nueva cita, esta vez para él solo, de noche y en el desierto californiano. Así pues, la noche del 8 al 9 de diciembre se dirigió sin material alguno, ni máquina, ni telescopios, al mismo lugar del encuentro, en Desert Center. Esperó a que pasara la medianoche y salió del coche, aparcado en la carretera. Se adentró en el desierto. Cuando estuvo varios kilómetros en el interior, se paró. En la línea de vuelo Este-Oeste, vio acercarse una luz. Se detuvo a enorme altura sobre la vertical. Luego descendió en picado, se paró a unos metros delante de él y quedó haciendo un pequeño remolino, sólo perceptible por las gamas de luz en forma de halo que circundaban al objeto. |
Se abrió un lateral y volvió a aparecer
el mismo ser de la primera vez. Le tendió la mano de la misma manera
y le invitó a seguirle dentro del aparato.
La nave era completamente circular en su interior. Mediría
unos 12 metros y dentro iban tres tripulantes. Adamski recibió la indicación
de situarse en un asiento anatómico que había pegado al circuito
central, una especie de giroscopio que comunicaba las dos superficies.
En su frente había una enorme pantalla en la que
se podía ver todo el terreno en círculo sobre el que se encontraba
la nave. Su anfitrión de cabellos rubios iba vestido de la misma manera
y los demás tripulantes llevaban el mismo traje de vuelo.
En un momento determinado, sobre otra pantalla que había
en un panel derecho, apareció un nombre: Orthon. Adamski preguntó
mentalmente qué significaba y percibió que era el nombre de su
contacto y su guía en la operación. Después apareció
otro nombre: Saras. A su pregunta la respuesta fue la siguiente:
"Es el nombre del planeta Tierra para nosotros. También
el nombre del programa que se está llevando a cabo y en el que estás
incluido. También el nombre de la gran Operación que se inicia
ahora y que terminará un día que tú no verás. En
el antiguo idioma de vuestro planeta, "Saras" significaba repetición.
Sois el "Planeta de la Repetición". Vuestro karma os lleva de un modo
atávico a la repetición de las mismas equivocaciones planetarias."
Volvieron a proyectar sobre la pantalla otras
dos palabras: Solex Mal. A su pregunta, le respondieron:
"Es el idioma hablado telepáticamente
en otras épocas en vuestro planeta. Era un idioma sintético,
ideográfico. Es también la lengua y el idioma de toda la
gente del espacio externo. Es una lengua simbólica, con escritura
figurada. Esta fue la lengua que se perdió, la lengua a que hace
alusión la parábola de la Torre de Babel."
Adamski se sentía radiante. No podía
apartar su vista de la pantalla. Se dio cuenta de que habían levantado
el aparato y sobrevolaban toda la zona desértica...
Luego, vio sobre la pantalla, como en una película,
que se colocaba la placa fotográfica que el primer día había
sido llevada por el ser de Venus. Tenía una imagen de la nave fotografiada
muy clara. Vio que la imagen desaparecía y se desvanecía
sobre el fondo verde. Luego, vio una mano escribiendo sobre la placa. Apareció
la mayor parte de la misma cubierta de unos signos. Debajo, cuando estuvo
totalmente escrita, volvió a aparecer una expresión que ya
le había sido proyectada antes: "Solex Mal".
El fondo de la placa varió al ultravioleta
y al infrarrojo. En el infrarrojo volvió a aparecer la imagen del
platillo que se había desvanecido. En el ultravioleta, vio aparecer
la placa totalmente escrita en su idioma. El texto íntegro decía
así:
"OPERACIÓN SARAS"
"El Gran Consejo accede a dar la prueba definitiva
del contacto. Tendrá lugar el próximo día 25 de diciembre
a las 12, hora solar, en la base de Edwards, en California. Varias de nuestras
naves serán visibles y harán ejercicios de materialización
y desmaterialización. Sólo podrán estar presentes
tres personas. Aterrizaremos en la terminal del Aeropuerto, dirección
Este-Oeste. No habrá otro ejercicio táctico de alto nivel.
Paz. Por la Confederación y el Consejo, ORTHON."
Nuevamente volvió a variar de color la
pantalla y apareció su placa primitiva, con los signos "Solex Mal".
La pantalla se apagó. Adamski preguntó
qué debía hacer. Le respondieron:
"Ésta es la segunda vez que te comunicarás
con altas personalidades de tu país. Hazles llegar verbalmente este
mensaje. Y presenta como prueba esta placa que has visto y que te entregamos.
La operación cifrada de la placa es solamente para ti y no debes
comunicarla. Lo único que permanecerá será el negativo
con el texto en idioma Solex Mal. En su día, y como prueba de este
mensaje y de tu participación, se descifrará el texto íntegramente."
La nave se volvió a detener una hora después
en el Desert Center. Orthon le acompañó hacia la rampa. Le
despidió con el brazo en alto. Vio que la nave quedaba herméticamente
cerrada y que iniciaba un cambio de luz y una aceleración del giro
de sus anillos. Luego, en unos segundos, se desvaneció hacia arriba,
como absorbida materialmente.
Adamski respiró profunda y acompasadamente,
mirando en la dirección en que se había alejado la nave.
Volvió a su coche y regresó a Monte Palomar.
Avistamiento oficial: Alto Secreto Militar
Tres días después de este nuevo
encuentro, Adamski utilizó su contacto de Monte Palomar para transmitir
el contenido del mensaje. El encuentro entre George y personalidades de
alto nivel político y militar tuvo lugar en una de las dependencias
del Pentágono. Asistieron a esta reunión con él seis
personas: dos altos cargos políticos, dos militares de alta graduación,
un eclesiástico desplazado desde Nueva York y un astrónomo.
La reunión fue secreta, tanto para la
Casa Blanca como para el Capitolio, pero no para la Central de Inteligencia
(CIA). Este hecho marcaría de modo definitivo todo el proceso OVNI
en los Estados Unidos en el futuro.
Adamski repitió verbalmente el mensaje.
Uno de los militares dijo que no se expondrían sin una prueba definitiva
y física, como ya le habían indicado anteriormente. Entonces,
Adamski extrajo de su bolso la placa que le había sido devuelta
y expuso:
- Ésta es la prueba física que
me ha sido permitido traerles. Es el texto íntegro del mensaje que
les he transmitido, en un idioma que no me ha sido autorizado indicarles.
Puedo permitirles que hagan una copia de la placa, en mi presencia, pero
no puedo dejarles la placa, ni concederles cualquier otro tipo de manipulación.
Una vez efectuado el revelado en presencia de
todos, le fue entregada la placa a Adamski y le dijeron que antes del día
indicado decidirían sobre la forma y las personas que presenciarían
la prueba. Luego, Adamski y su amigo fueron acompañados al exterior.
La Noche de Navidad, en la base Edwards, en California
Oriental, el personal habitual de los radares y la torre de control del
aeropuerto había sido sustituido por personal militar. El gesto
fue interpretado como una muestra de benevolencia y gratitud de los altos
mandos en una fecha tan señalada.
La realidad era muy otra. Se trataba de controlar
cualquier posible filtración desde el exterior hacia el interior
de la base y viceversa, para el caso de que realmente se produjera el avistamiento
previsto para las doce horas.
Dos horas antes de la cita, tres altas personalidades
entraron a la base en coche oficial. Eran un alto cargo de una agencia
de noticias, un eclesiástico de alta jerarquía de la Iglesia
Metodista y un pariente cercano del Presidente Truman, que había
presidido la reunión en que Adamski presentó sus pruebas.
Treinta minutos antes de la hora prevista, en
el mismo coche oficial que les había llevado a la base, se desplazaron
hasta la pista situada en el lado oriental. Una vez llegados al lugar,
pararon el coche y esperaron.
A la hora señalada, un punto luminoso
comenzó a agrandarse en el horizonte. Detrás de él,
otros cuatro. Venían en la dirección Este-Oeste a una gran
altura. De un modo vertiginoso e imprevisto se agrandaron sobre su trayectoria
de caída, como una pelota luminosa que se aproxima al ir cayendo
en forma elíptica.
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Las luces de las naves, sincronizadas como si perteneciesen a un solo aparato, se agrandaron hasta tener un tamaño aparente de dos metros, quedando suspendidas en el cielo oscuro a varios metros sobre el suelo, frente al coche donde estaban los tres sobrecogidos espectadores. Repentinamente, las luces cambiaron de color. Pasaron del blanco al amarillo y al anaranjado, mientras descendían suavemente, como flotando. Quedaron levitando a un metro del suelo, como colgadas del espacio, formando un triángulo. Eran naves de unos 12 metros, en forma de campana, semitransparentes, y a su trasluz podían distinguirse bultos en su interior. |
Se oyó el ruido de un caza acercándose
y en ese mismo instante, las naves comenzaron a apagarse, a desvanecerse como
una nube de humo, ante los ojos atónitos de los tres personajes. Cuando
el ruido de los motores del caza se apagó, tras aterrizar, las naves
volvieron a emerger de la oscuridad de la noche, en el mismo sitio en que se
encontraban antes. Esta maniobra de aparición y desaparición se
repitió dos veces. De un modo súbito, las naves hicieron un cambio
de luz. Se volvieron más brillantes y amarillas. Los tres testigos percibieron
un pequeño zumbido y la nave que ocupaba el vértice del triángulo
hizo un flash luminoso en dirección al coche por tres veces consecutivas;
las restantes naves lo repitieron. Luego, la nave primera despegó en
vertical y seguidamente las otras. Se colocaron a unos 200 metros sobre el suelo
y volvieron a variar su intensidad luminosa hasta llegar a ser un brillo casi
blanco. Después, en décimas de segundo, fueron materialmente absorbidas
en el espacio hasta convertirse en puntos luminosos como las demás estrellas.
Por último, las dejaron de ver.
El pariente de Truman debía dar cuenta esa misma
noche al Presidente, que estaba al tanto de la operación. El mismo coche
oficial en que habían llegado, les sacó de la base.

Evidentemente el suceso de la base Edwards era
importante y grave. Lo suficiente para que el informe que se redactó
fuese calificado de "Alto Secreto". La conclusión sobre las naves
del espacio, después de estos hechos, sin que hubiera una sola disensión,
quedaba definida en el informe. Y así pasó al Directorio
de Inteligencia. Pero, el buen camino por el que iban las conversaciones
con miras a dar publicidad al informe y poner en conocimiento del público
de los Estados Unidos estos hechos, encontró un freno súbito
en el general V. H. Éste, al tener en sus manos la información,
dijo:
-¿Cómo vamos a dar a conocer esto
al público? Ni siquiera tenemos una prueba física definitiva
en nuestro poder: una nave. Además, la gente no está preparada;
cundiría el pánico y podría provocarse una enorme
estampida...
El propio general mandó quemar el informe.
Pero, una fotocopia se salvó de la quema y estuvo en poder de uno
de los enlaces en el Cuartel del Proyecto SIGN, que venía investigando
los OVNIS desde finales de los 40. La presencia del informe y la copia
fue testificada por un teniente coronel implicado en un departamento de
información en la Oficina del secretario de la Fuerza Aérea.
También existe prueba de este hecho en la NICAP.
Entonces nació el Proyecto GROUDGE, y
marcó toda una campaña de propaganda, de acciones subterráneas
contra los testigos de avistamientos o encuentros, y de intervención
directa en cualquier caso, deformando, manipulando o anulando cualquier
informe que se recibiese, existiendo orden terminante de controlarlos todos.
Como si los tripulantes de los Ovnis supiesen
lo que se estaba tramando, durante la última parte del año
1.952 y todo el año 1.953 hubo una avalancha de avistamientos, informes
y testigos. Fue el momento en que la CIA decidió intervenir de modo
drástico y definitivo, no sólo actuando según proyectos
y planes propios, sino interviniendo las comisiones de la Fuerza Aérea
y de la Armada que investigaban a los objetos voladores no identificados,
imponiendo la Muralla del Silencio. Hubo muertes en extrañas circunstancias
y esta guerra de fondo se dirigió también contra testigos
civiles por vía de presión legal o extorsiones de tipo profesional
y económico. Una de estas víctimas sería el propio
George Adamski.
Objetivo mundial: Caza y captura de un Ovni
En el mundo hay una serie de organismos y organizaciones,
encabezados por la CIA norteamericana, cuyo propósito, taxativo,
es desarrollar operativamente una campaña de ridiculización
de la realidad Ovni. Es una operación a nivel internacional, con
artículos en prensa, programas de Radio y Televisión, facilitación
de cierto material para confeccionar libros, de modo que se manipulen informes
sobre Ovnis, incluso los facilitados por entidades importantes, para presentarlos
como confusiones o alucinaciones de gente estúpida.
Esta campaña ha puesto su mayor empeño
durante años en hacer ver a la masa del planeta que todas las observaciones
Ovnis, sean las que sean, siempre serán visiones de aviones, de
prototipos militares secretos, de Venus, de globos sondas, de efectos ópticos
o de pájaros...
Sin embargo, no hay que prestarse a equívocos.
La iniciativa de la CIA sobre el control informativo del tema ufológico
no pretendía ni pretende enterrar los informes a todos los niveles.
Solamente les interesaba triturarlos a nivel público, pero, al mismo
tiempo, conseguir ellos los máximos resultados positivos, en privado.
Para ellos, desde los años 50, no cabe
la menor duda de que los Seres que tripulan los Ovnis poseen una gran superioridad
tecnológica, y si esos seres diesen sus conocimientos a cualquier
país del planeta, ese país conseguiría una hegemonía
total sobre los demás. Con esta reflexión, compartida por
los encargados de la Seguridad de los Estados Unidos, Rusia y la NATO,
en todos los frentes se dio una orden: Caza y captura de un Ovni a cualquier
precio, para desentrañar su secreto antes que cualquier otra potencia.
La pregunta que se viene formulando a lo largo
de las últimas décadas es ésta: ¿por qué
nosotros, los del público, no estamos enterados oficialmente de
que los platillos volantes existen verdaderamente? ¿Por qué
se mantiene escondida la verdad?
Naturalmente, existen muchas razones que inducen
a los gobiernos y organismos de los variados países del mundo a
no querer admitir la existencia de los Platillos Volantes. Consideremos
las tres más importantes:
1ª.- Pánico.-
El pánico causaría el inmediato derrumbamiento de nuestros sistemas.
Todos saben muy bien lo que pasó, cuando hacia el final de los años
30 fue transmitido en los Estados Unidos un programa de radio que anunciaba
la invasión marciana. Era tan realista, que millares de personas se dejaron
invadir por el terror y solamente después de un par de días la
vida volvió a su ritmo normal.
Han pasado sesenta años y las autoridades de la
Tierra no han hecho la menor tentativa para producir un programa educativo sobre
nuestros visitantes espaciales. Mientras tanto, nos han prodigado continuamente
películas imbéciles de horror e invasión, en las cuales
los extraterrestres aparecen regularmente representados como bultos viscosos
de protoplasma, como monstruos y como seres perversos que al final los terrestres
consiguen derrotar gracias a su superior inteligencia. ¡La gente haría
mejor en procurar liberarse del condicionamiento de la televisión y del
cine!
2ª.- Política.- Durante muchos
años, tanto Oriente como Occidente han estado buscando capturar y desmontar
un platillo volante para descubrir cómo funcionan. Desde luego, si uno
de los dos bloques mundiales hubiera descubierto el secreto de la propulsión
de los discos antes que el otro, habría obtenido una ventaja más
que platónica. Está claro que, tanto los americanos como los rusos,
tienen ya algún platillo experimental, copiado meticulosamente de los
observados.
3ª.- Económica.- De este sector viene una gran oposición, porque si los platillos volantes están en condiciones, que lo están, de aprovechar otra forma de energía gratuita para su propulsión, y este conocimiento fuera accesible a la humanidad, podría provocar el caos económico. Si se supiera que ya no tendríamos necesidad de servirnos del carbón, del petróleo ni de la electricidad para nuestra vida diaria, las industrias de todo el mundo saldrían perjudicadas, muchas serían inútiles y superadas inmediatamente. Y claro, eso no le conviene a muchos magnates de la industria que ejercen su influencia en gobiernos y agencias especializadas en crear confusión por el estilo de los tristemente célebres "hombres de negro".
Ciertamente, los servicios dedicados a disuadir
cuentan con mentes ya entrenadas en el arte del engaño y el desprestigio.
Para confundir a la masa y lograr desacreditar definitivamente el hecho
real de la existencia extraterrestre, han recurrido a una última
argucia: han hecho construir burdos prototipos militares, copias en su
fuselaje de los originales. Luego, los han hecho aparecer en lugares bien
visibles y en circunstancias ya estudiadas para que pudieran ser observados
con la claridad suficiente como para que, después, ciertos "investigadores"
puedan averiguar que son Ovnis terrestres. Se escriben artículos,
se escriben libros y al final se siembra la duda hasta en los más
crédulos. Y, objetivo conseguido: NO HAY OVNIS EXTRATERRESTRES.
Pero, esos cerebros maquiavélicos no se
saldrán con la suya, porque las pruebas de la operancia extraterrestre
en nuestro planeta serán cada vez más contundentes, aplastantes
y masivas, al cumplirse una tras otra las fases de la Operación
"Saras".