UNA SONRISA DE SÍSIFO
"La lutte elle même vers les sommets suffit à remplir un coeur d’homme. Il faut imaginer Sisyphe heureux".
Albert Camus. "Le mythe de Sisyphe".
Respirar profundo y sin fatiga, sentir el paso del aire en cada órgano hasta llegar a los más recónditos alvéolos. Soplo en el rostro, en brazos y piernas. Sudor fulminado. Alivio para la incandescencia que castiga nuestro pecho. Rodar en llano.
Mis compañeros, sobre sus máquinas elementales, mueven las piernas poderosas grácilmente, casi dos pedaladas por segundo, subconscientemente, sin esfuerzo. Contemplo a quienes van delante dividiendo el paisaje con la policromía de sus maillots. Escucho el ruido del piñón ahora que se circula en silencio, porque ése es el lenguaje de las máquinas que nos comunican constantemente su perfección, o las voces intempestivas del colega que se pone a cantar alocadamente porque no puede contener una euforia repentina, o del otro, que cuenta un chiste malísimo archiconocido por todos : "ése sí que es bueno, ése no lo habías contado nunca".
Bebo el aire, lo saboreo. Dentro de un rato no voy a tener tiempo. Bebo también un trago de agua. La sexta parte de medio litro. Medio litro en una hora, si no hace mucho calor, si se transpira poco. Pero en caso contrario beber y beber para refrigerarse, para alejar al tío del mazo, que siempre nos espera, escondido, en cualquier puerto, en cualquier punto de la subida, presto a descargar su arma sobre nuestros cuerpos y reventarnos.
Pasan los chopos con sus cortezas amables, con sus hojas que nos aplauden titilando, pasan los pueblos con sus hombres de puro y boina, con sus niños de "Indurain, Indurain" y no nos molesta que a nosotros no nos conozcan por nuestros nombres. Pasan hembras rebosando belleza, la rubia que nos saluda y despide sonriendo. Tenemos tiempo de decírselo, de gritárselo : "tía buena, espérame en la meta".
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Jesús Orruño Pérez de Aguado