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Teodoro

(cuento teológico)

Como en el universo conocido había miles de millones de galaxias y en cada galaxia millones de estrellas, el número de planetas cuantificables era casi infinito. En algunos de ellos, los científicos de Ganimedes hacían experimentos con nuevas formas de vida, basadas unas en el carbono, otras en el silicio y otras en elementos desconocidos para nosotros. Estos experimentos formaban parte de complejísimos programas de investigación cuya finalidad última era el conocimiento de Dios, basándose en la ciencia pura y dura, es decir, la Física, asistida de la Química, de las Matemáticas y de muchas otras disciplinas. En Ganimedes, las revelaciones divinas hechas por profetas orales o por mesías misteriosos, cuyas palabras eran trastocadas constantemente por nuevos emisarios y por intérpretes variopintos, y plasmadas en libros contradictorios e incoherentes pero sagrados (para que pudieran surgir nuevos exégetas siempre al servicio de los círculos de poder que esas revelaciones creaban), formaban parte de la Prehistoria. Por eso, a pesar de tanta investigación, no conocían a Dios, pero jugaban a las divinidades, como si, en la planificación y el desarrollo de estos esparcimientos, fueran a descubrir la esencia del Ser Supremo, que tanto se obstinaba en ocultarse, un Ser Supremo que se comportaba como ellos, que jugaba como ellos a crear mundos y a destruirlos, a crear vida y a matarla, a diseñar seres inteligentes que se pasmaban ante la precariedad de su existencia, la seguridad de su muerte y la duda sobre la transcendencia.

Los ganimedienses habían desarrollado varios programas, entre ellos el reciente programa Tierra, mediante el cual habían creado la vida en ese lejano planeta del Sistema Solar basándose en combinaciones y evolución posterior del elemento carbono con otros elementos simples como el hidrógeno y el oxígeno. Este programa estaba en funcionamiento desde hacía algunos años. En ese período de tiempo habían puesto en marcha millones de formas de vida diferentes, muchas de las cuales habían sido ya desechadas y, por lo tanto, eliminadas. En ese momento estaban especialmente interesados (y preocupados) por un animal que denominaban homo, que había evolucionado hasta unos extremos sorprendentes. Se les había escapado de las manos.

Había sido dotado de una inteligencia superior a la del resto de los seres vivientes, de tal manera que poseía, entre otras cosas, capacidad tecnológica y de lenguaje articulado. Tenía también capacidad de consciencia, lo que le permitía concebir no sólo imágenes de la realidad física que le rodeaba, sino de otra virtual ilimitada. Además contaba (al menos en teoría) con suficientes elementos como para distinguir entre el bien y el mal. Todo eso le ponía en condiciones de encaminarse a lo largo del tiempo hacia un estado de perfección por descubrir que quizás abriera nuevas vías para el conocimiento de Dios...................................

Jesús Orruño Pérez de Aguado

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