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LA SALA

 

 

Era rectangular. Una mesa larguísima constituida por la adición de mesas más pequeñas formaba un rectángulo más estrecho en el interior de la sala. Estaba rodeada de sillas variopintas: unas tapizadas de tela verde, otras de escay blanco, otras eran negras con brazos. Sobre la plataforma de formica había carteras de cuero, carteras de plástico rígido, carpetas de cartón azul, libros de texto de Historia y de Inglés, de Física y de Religión..., montones de apuntes amarillentos, de exámenes corregidos y sin corregir y una variedad de papeles incatalogable: misiones en el tercer mundo, comisiones obreras, obsequio de un reloj de pulsera, catálogo de..., congreso de... en...; una bolsa con naranjas, el País, el ABC, el Ideal, el Comunidad Escolar... Un pilar del edificio sobre la pared del fondo dividía la estancia en dos rectángulos más pequeños y menos alargados. Una leyenda escrita a mano sobre un folio en el muro anunciaba en una de las partes: zona de no fumadores. Una flecha sobre el papel indicaba claramente cuál era el área en que no se debía fumar. Pero eso no era óbice para que los grandes ceniceros, cargados de colillas, aparecieran como vertederos a lo largo de toda la mesa.

El primero estaba allí, vestido con una bata blanca, de pie. El segundo estaba junto a él, con un traje gris. El tercero miraba por una de las ventanas embutido en unos vaqueros y un jersey marrón. El cuarto era una mujer tras unas gafas gruesas. Había muchos más pero no recuerdo bien el número asignado a cada uno. No importa.

- Mira el pájaro éste, ya ha faltao hoy otra vez.

- Este tío es un caso. Viene cuando le da la gana.

- ¿Te has dao cuenta de cómo huele?

- Bueno, eso es... Habría que hacer algo, hombre. Aquí el director... No sé pa qué coño le pagan.

- ¿Has visto cómo lleva la chaqueta?

- Eso no puede ser. Luego hablan de todos nosotros. Habría que hacer algo.

A ambos lados de la mesa, junto a sendos ventanales, en sendos espacios más anchos, había sendas mesas camilla, una en la zona de fumadores y otra en la de no fumadores. Junto a ésta, en asientos incómodos, trabajaban dos mujeres. Junto a aquélla, rodeada de un sofá, dos sillones y dos sillas, charlaban cuatro mujeres y un hombre, se cubrían con la falda de la mesa para aprovechar el calor del brasero.

- Yo no sé quién se lleva los periódicos. Ya ha desaparecido El País.

- Pero si está ahí, encima de la mesa grande.

- Ése es el de ayer.

- Mira, mira a esos socialistas, les van a dar p’al pelo. Mira las encuestas.

- Yo no creo en las encuestas.

- Ya iba siendo hora de que la gente se dé cuenta. Tanto choriceo y tanta chulería.

- ¿Tú a quién vas a votar, a guatemala o a guatepeor?

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Jesús Orruño Pérez de Aguado

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