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BIENVENIDA

 

Cuando la vi por primera vez me pregunté de dónde vendría. No podía proceder de ninguna parte, haberse creado de la nada en aquel hospital. Sabía que era inútil preguntárselo porque de todas formas no me respondería. Había pasado por un terrible trauma que seguramente no le permitía recordar nada. Traía todo lo necesario para sobrevivir aquí, pero parecía haberse olvidado también de servirse de ello. Tendríamos que enseñárselo todo. el problema era cómo, ya que no comprendía ni una sola palabra de nuestro lenguaje, ni uno solo de nuestros gestos. Yacía sobre la sábanas blancas con su cabeza voluminosa, con unos inmensos e interrogantes ojos negros, con unos labios de rosa pálida, con una piel de tersura, pero su cuerpo denotaba sufrimiento. Se movía incesantemente y con torpeza, aunque con vigor. Con su mirada buscaba algo, pero no parecía encontrar más que sorpresas. Debió de asustarse por algo o por alguien. Lloró.

Durante los días siguientes pude comprobar cómo mejoraba. Bajo su epidermis se adivinaban unos músculos poderosos y de la expresión de sus ojos fue desapareciendo ese matiz de extrañeza doliente. No obstante seguía buscando algo y todavía se atemorizaba con facilidad. Nosotros le sonreíamos y la tratábamos con ternura. A Rocío y a mí se nos había encargado su adaptación y teníamos que ganarnos su afecto. Como ella no era capaz de decirnos su nombre, la llamamos Bienvenida.

żDe dónde vendría ? No parecía reconocer nada ni a nadie de cuanto la rodeaba. Le dimos de comer, pero no apreciaba los alimentos y tuvimos que recurrir a los biberones, que devoraba. No identificaba su cuerpo. Se orinaba. Se defecaba. Nosotros estábamos obligados a limpiarla, a hacer que sobreviviera. Pronto nos encariñamos con ella y realizar todos esos trabajos nos resultaba más liviano. A fuerza de sonreírle, vimos que un día nos devolvía la sonrisa y sus ojos se alegraron como si hubiera encontrado algo de lo que estaba buscando desde el principio.

Una mañana despertó profiriendo sonidos desarmónicos que no eran lenguaje. Lo había hecho ya otras veces, pero entonces la disfonía de su voz era más patente, el volumen más bajo, el tono más agudo. Fuimos a verla y comprobamos que su aspecto no era bueno : sudaba copiosamente, presentaba ojeras oscuras. Le pusimos el termómetro y efectivamente tenía fiebre alta. Los médicos se volvieron locos. Era muy difícil diagnosticar una enfermedad con el único síntoma de la fiebre. Por otra parte, como ella no hablaba, no podían saber si le dolía algo. Le hicieron análisis de sangre : un virus. Lo resolvieron con antibióticos. Para evitar infecciones secundarias - dijeron. Con antipiréticos. Con analgésicos. Sin indagar en las raíces de su mal. Durante una semana sus ojos no exploraban nada. Sólo miraban al vacío.

żDe dónde vendría ? Rocío estaba convencida de que era una extraterrestre, con esa cabeza desproporcionada en relación a su cuerpo y sobre todo con esa mirada tan inmensa. Yo no quería utilizar la palabra extraterrestre, del campo semántico de la ciencia-ficción. Para mí era mucho más sencillo. Bienvenida procedía simplemente de otra dimensión de la que nosotros sólo podíamos ver la sombra, otra dimensión que también pertenece a la realidad, aunque no a la nuestra, sino a otra que se halla fuera de nuestras coordenadas de tiempo y espacio. Le dije que no se torturara con eso : no se puede pesar el amor ni calcular el área de la justicia.

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Jesús Orruño Pérez de Aguado

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