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José Ramón
LÓPEZ RODRÍGUEZ, "Sevilla, el nacimiento de los museos,
América y la Botánica", en:
GASCÓ, Fernando y José Beltrán (eds.) .--La
Antigüedad como argumento II. Historiografía de arqueología
e historia antigua en Andalucía, Sevilla 1995, pp. 75-97.
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| El creciente
interés que la Historiografía está suscitando
entre los estudiosos hace que cada vez sean más frecuentes
las alusiones a los museos anteriores a la era industrial. Sin embargo
--tal vez a causa de que el tema concita intereses paralelos--,
el nacimiento de los museos en el renacimiento tardío ha
sido con demasiada frecuencia estudiado desde el punto de vista
exclusivo de la Historia del Arte o de la Arqueología. También
con frecuencia el acercamiento a ellos se ha producido con la clara
intención de encontrar noticias sobre los materiales que
estos museos contenían. Así ha sido también
el caso español, donde se ha tenido con asiduidad más
en cuenta los datos que se pudieran obtener de ellos sobre ciertas
colecciones de pintores, sobre la escultura o sobre las lápidas,
que en sí mismos como conjuntos, es decir como museos. Ello
ha dado lugar a un fenómeno curioso: se han pasado por alto
una parte importante de ese coleccionismo manierista, la referente
a la historia natural, cuando en muchos casos fueron estas naturalia
las que consituyeron el núcleo fundacional de aquellos museos.
Como veremos a continuación, el museo tal como se entiende
en el siglo XVI está indisociablemente unido a estas colecciones
de objetos de la naturaleza, de tal forma y hasta tal punto que
conceptualmente el museo -incluso el de hoy- es deudor en su origen
de ellas.
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| Hay
un hecho que marca el siglo XVI desviando para siempre el curso
de la historia: el descubrimiento de América. Las consecuencias
del descubrimiento, que se van a ir dejando sentir de forma progresiva
según avanza el siglo en todos los campos, van a ser también
decisivas en el tema que nos ocupa. Las circunstancias históricas
hicieron que en una ciudad, Sevilla, elegida puerta de América,
confluyeran en perfecta simbiosis estos dos factores -coleccionismo
y tráfico de productos americanos- con la suficiente intensidad
como para proporcionarnos un caso paradigmático. En efecto,
ya a partir de la mitad del siglo XVI se aprecia en Sevilla, quizás
antes que en ningún otro sitio, esa línea de fisura
que va a desembocar en un coleccionismo "moderno", aglutinado
en torno a los objetos naturales y que veremos luego desarrollarse
con amplitud en las demás naciones europeas a partir del
siglo XVII. |
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| Las curiosidades
naturales no eran ciertamente novedad y ya habían sido objeto
de la atención de los coleccionistas de épocas anteriores.
Pero sin embargo el cambio ahora es radical: si en las colecciones
principescas del primer renacimiento las piezas eran estimadas por
su valor como joya, y si en ellas los objetos procedentes del mundo
natural se incluían por su valor mágico o mitológico
(el unicornio por ej.), ahora se comienza a dar valor al dato que
las piezas puedan aportar. Por ello, aunque la superstición
siga ejerciendo su influencia, comienza un creciente interés
por estas curiosidades de la naturaleza valorandolas en sí
mismas y no como preciosidad, a la par que -todo un símbolo
de los nuevos tiempos- es creciente el interés por la mecánica
plasmada en autómatas, relojes e instrumentos científicos(1).
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(1) ARACIL (1979), passim. |
| Es cierto que
se prima lo fantástico y se da facil cabida a lo insólito,
a lo maravilloso: huevos de avestruz, lenguas de serpiente, colmillos
de jabalí, dientes de tiburón, caparazones de tortuga,
piedra bezoar, olifantes, figuritas de mandrágora... Pero
justamente esta mezcla de superstición e historia natural,
con toda su carga de ingenuidad, es uno de los componentes que dan
personalidad a los nuevos museos, que adquieren un aspecto manifiesto
muy llamativo y excitante. «De las paredes, de los techos
colgaban en abigarrada mezcla toda clase de serpientes, cocodrilos,
pájaros, raras cornamentas, engendros con malformaciones,
huesos de animales primitivos (en el inventario designados, naturalmente,
como huesos de gigante), la defensa de un pez espada, etc.»
(2) |
(2)
SCHLOSSER (1988), p. 129.
(3) NAVAGERO (1983), p. 40. |
| Así
serán los museos que se van a formar en Sevilla durante el
siglo XVI. Pero con una particularidad: la procedencia de todas
esas "diversas cosas extrañas" de que estarán
llenos. En efecto, el interés que el manierismo despierta
por lo singular va a confluir en esta ciudad, en un complemento
perfecto, con la aportación ingente de materias que llegaban
a Sevilla procedentes de la recién descubierta América,
un nuevo continente lleno de maravillas exóticas que no dejaban
de sorprender por su rareza. «Vi yo en Sevilla muchas cosas
de las Indias y tuve y comí las raíces que llaman
batatas, que tienen sabor de castañas» (3), nos dice
el embajador Navagero en 1524. Objetos, plantas, animales nunca
imaginados, e incluso los mismos indígenas(4) procedentes
de las Indias occidentales, tenían que ser vistos con idéntico
renovado estupor con el que tiempo atrás se leían
las descripciones que Marco Polo hizo de aquellas otras Indias orientales.
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(4)
Jerónimo Münzer vio en Sevilla en 1494 a los primeros
indígenas que habían llegado de América. El
24 de enero de 1495 fue recibido en audiencia por los Reyes Católicos
y en el discurso que les dirigió, relatando sus anteriores
jornadas de su viaje dice: "Sevilla, lugar en que nos aguardaba
el espectáculo asombroso de los hombres traídos de
las Indias, descubiertos bajo vuestros auspicios, seres que hasta
hoy permanecieron ignorados de las gentes e insigne prodigio en
el que muchos no creen todavía": MÜNZER (1952),
p. 405. El mismo Navagero, tan parco en descripciones de gentes,
hace una excepción en este caso: «También vi
algunos jóvenes de aquellas tierras que acompañaban
a un fraile que había estado allí predicando para
reformar las costumbres de los naturales, y era hijos de señores
de aquellos países; iban vestidos a su usanza, medio desnudos,
y sólo con una especie de juboncillo o enagüetas; tenían
el cabello negro, la cara ancha, la nariz roma, casi como los circasios,
pero el color tira más a ceniciento; mostraban tener buen
ingenio, vivo para todo,», etc.: NAVAGERO, (1983), p. 40.
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| Si bien es cierto
que el interés por lo que llegaba de América se extendió
pronto por toda Europa(5), el caso de Sevilla es excepcional porque
esta ciudad tiene sobre las demás la enorme ventaja de la
primicia, al menos durante estos primeros tiempos. Aquí es
donde llegan directamente los barcos de Indias, donde tocan tierra
los nuevos bienes y desde donde son distribuidos al resto del orbe.
Aquí llegan incluso los frutos aún frescos como para
ser comidos(6). |
(5) Montaigne por
ejemplo tenía un pequeño museo americano: SCHLOSSER
(1988), p. 54.
(6) También nos lo dice Navagero, p. 40.
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| El flujo de todos
estos productos raros y su "sorpresa", no cesó
a lo largo de todo el siglo. Aún en 1600 el médico
Juan de Castañeda, en carta al botánico flamenco Carlos
Clusio o de L'Ecluse, le decía: «Hay aquí, (...)
las mayores curiosidades, que se pueden desear»(7); y en otra
posterior relata así la llegada de uno de estos cargamentos:
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(7) Carta de Juan de
Castañeda a Clusio, 20 oct. 1600: ASSO (1793), p. 55-56.
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«Con
esta flota, que ahora llegó, nos han traído yerbas,
más seis o siete peces de diferentes maneras, el uno de los
cuales me dice ahora un Maestre, que le vio en Honduras antes de
cogerlo, que como bola estaba sobre el agua, y más de mil
peces pequeños al rededor, y él solo se defendía
con la figura de la bola, y sus púas, y no son tan grandes
como las del Erizo, que habrá dos años traxeron de
allá ...»(8) |
(8) Carta
fechada en octubre de 1601: ASSO (1793), p. 58.
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| Indudablemente
todas estas "maravillas" fueron las que dieron cuerpo
a los museos sevillanos. Sin embargo la aportación no va
a ser plenamente indiscriminada, y pronto se manifestará
un doble centro de interés en esta relación: la cosmografía
y la botánica, siendo esta última la que mayores frutos
dará.
El mundo de las plantas desconocidas se reveló como una fuente
inagotable no solo de sorpresas sino de conocimientos. Además
tenía la ventaja de lo fácil de su transporte en forma
de semillas. De nuevo es Castañeda el que nos lo ilustra,
y hablado de una semilla dice: |
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«Otra está
sembrada, que deseo mucho ver, que me certifica, que como se lleguen
a ella, aunque esté un codo de alto, se marchita, y cae en
el suelo, y como el hombre se aparta, se va levantando, y reviviendo.
El Licenciado Zamorano me dice lo ha visto así.»(9)
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(9) Carta de Juan de
Castañeda a Clusio, marzo 1602: ASSO (1793), p. 61. |
| Esta curiosidad
por las plantas no era ociosa. Los que se interesaban por la botánica
eran médicos que esperaban descubrir, en este inusitado filón
de plantas nuevas, otras soluciones para las enfermedades con las
que se tenían que enfrentar en su práctica profesional.
Este afán por conocer es el que da origen a los herbarios,
a los jardines botánicos, y a la reunión en general
de cuanta noticia y objeto se pudiera conseguir. |
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| Pionero en este
interés fue Nicolás Monardes (Sevilla, 1508-1588).
Hijo de Niculoso de Monardis, miembro de una familia genovesa establecida
en Sevilla, Nicolás de Monardes estudió medicina en
la Universidad de Alcalá, adquiriendo fama más adelante
como médico en Sevilla, lugar en el que siempre ejerció
su profesión. Invirtió en negocios con Indias, formando
una compañía comercial que entre otras cosas comerciaba
con esclavos de Cabo Verde(10). |
(10) RODRÍGUEZ
MARÍN (1925), p. 25. |
| Estos
negocios, además de arruinarle, le proporcionaron la oportunidad
de tener contactos con el nuevo continente. En su Sevilla natal
estaba siempre pendiente de la llegada de barcos que le traían
noticias y plantas americanas de aplicación médica,
por las que se interesó vivamente y sobre las que escribió,
a partir de 1565, su obra clave titulada Historia medicinal de las
cosas que se traen de nuestras Indias occidentales que sirven en
medicina(11), que se publicó en tres partes entre 1569 y
1574 y que tuvo tanto éxito que en menos de un siglo se hicieron
cuarenta ediciones en seis lenguas(12). Así fue cómo
Monardes reunió un autentico museo de historia natural vinculado
con América. También plantó en su huerta especies
vegetales americanas aclimatándolas para poderlas usar en
su práctica médica(13). Según Bekman tenía
el museo ya en 1554(14), año en el que se muda de la calle
Francos a la calle Sierpes, por lo cual su museo es uno de los primeros
en Europa. Esto vale a su biógrafo Olmedilla para decir que
sirvió de modelo y estímulo a Argote y a Rodrigo Zamorano(15),
los cuales nunca llegaron en sus colecciones a igualar a la de Monardes(16).
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(11) MONARDES (1988).
(12) PÉREZ-MALLAÍNA (1992), p. 208.
(13) «Yo tuve los dias passados, un dolor de una muela, que
me dio pena toda una noche, y parte de un dia, y pedi de una huerta,
que en casa tengo, unas hojas de Tabaco, y asi mismo la rayz dicha,
y masquelas entrambas juntas, y desflemé , y quitoseme el dolor...»
MONARDES (1988), hoja 67 vuelta (el subrayado es nuestro).
(14) Como toda la bibliografía que trata de Monardes, tanto
la antigua como la reciente, menciona a Bekman, no hemos podido resistir
la tentación de citarlo nosotros también. Creemos que
el inicio de la cadena se halla en COLMEIRO (1858), p. 151, de quien
lo toman todos los autores posteriores. Colmeiro seguramente la toma
de Ignacio de Asso, quien dice: «Maxima etiam Monardo debetur
laus, quod in eorum numero fuerit, qui primi rerum naturalium collectiones
adornarunt; nam illius Musæum ad annum 1554 refert eruditus
Joannes Bekman in peculiari dissertatione de Musæis Germanice
edita [Beytrage zur Geschichte von Erfindungen, Leipsig 1782. 8.]».:
ASSO (1793), p. 14.
(15) Y tanto que podía servir de modelo. Por situar cronológicamente
al lector, permítasenos decir aquí que en la fecha referida
de 1554, en la que ya se dice que ya existía el museo de Monardes,
Argote de Molina tenía tan sólo seis años de
edad. Zamorano también contaba con seis años en aquella
fecha.
. |
| Paralelamente,
el descubrimiento de América despertará el interés
por la Cosmografía. Había nuevas tierras que era urgente
conocer y describir, a la par que era necesario un reajuste en la
concepción del mundo hasta entonces conocido, lo que supuso
un auge en los estudios de este tipo. Consecuencia de ello fue la
cátedra de Cosmografía que en 1552 se creaba en la
Casa de Contratación de Sevilla.
El primero en ocuparla fue Jerónimo Chaves (1523-1574), que
en aquella fecha contaba treinta años. Cosmógrafo
y astrólogo, catedrático de todas las matemáticas
y piloto mayor según Rodrigo Caro(17), maestro en artes y
en medicina según su testamento(18), Chaves dejó escritas
algunas obras sobre el tema, como la aparecida en 1548, su Chronographia
o repertorio de los tiempos... en el qual se tocan y declaran materias
muy provechosas de philosophía, astrología, cosmographía
y medicina, donde se mezclaban noticias históricas de los
papas o los reyes de España con los "cielos y los planetas
o estrellas errantes"(19).
Chaves donó testamentariamente su "preciosa librería"(20),
junto con su gabinete, al Monasterio de las Cuevas en Sevilla, ordenando
que todo fuera guardado en un aposento del Monasterio. Alguno de
los párrafos del testamento nos da noticia del contenido
de ese gabinete: |
(16) Afirmación tal vez exagerada:
OLMEDILLA (1897) pp. 9 y 10. Aparte de las afirmaciones mencionadas
en el párrafo anterior y repetidas por toda la bibliografía
existente, no tenemos datos sobre qué colección era
el sustento de este museo, ni cómo era su disposición |
| |
| |
| (17) CARO (1992), p. 105.
(18) CUARTERO (1950), Tomo I, p. 461. En la p. 460 añade
el calificativo de "poeta".
(19) CARO (1992) p. 106.
(20) MARTÍN RINCÓN, José, Protocolo de el Monasterio...,
tomo I, p. 474; citado en: CUARTERO (1950), tomo I, p. 460.
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«yten digo
que yo tengo en mi escritorio muchos y muy buenos libros e instrumentos
de mi arte y otras muchas cosas curiosas e vidrios y todo lo tengo
puesto por buen orden de manera que está adornado»(21).
|
(21) GESTOSO (1910)
p. 272. |
| Además
envía «una caja grande... llena de muchos mapas»
que estaba fuera ya del escritorio. La lista de libros incluidos
en la donación llega a 548 y los objetos que componen el
gabinete y que pasaron a la Cartuja son más de 350. Entre
ellos predominan logicamente los instrumentos relacionados con la
cosmografía y el arte de navegar (cuadrantes, astrolabios,
compases, agujas de marear, globos terráqueos y esferas celestes),
los mapas y los innumerables relojes de todo tipo, junto a otras
cosas curiosas (una «caja llena de conchas», «un
guebo de abestus», «quatro ydolos estranjeros de barro
negro»), algunas de ellas americanas: «cuatro cocos,
una concha de tortuga y un caracol, una caja llena de mochoacan»,
o «un bote de vidrio con arcachofas de las yndias en conçerba»(22). |
(22) «E luego
como se ynbentariaron todos los libros e otras cosas que de suso están
dichas y declaradas las hize llevar e se llevaron al dicho Monasterio
y entraron en poder de los dichos padres prior e monjes del.»
Este párrafo y la lista de inventario pertenecen al documento
que se redacta cuando se cumple la clausula testamentaria de donación
y el Monasterio la Cartuja de Sevilla se hace cargo de los bienes
que le han correspondido. Ver más adelante nota (25). |
| Las disposiciones
testamentarias aportan más noticias: por un lado el deseo
de mantener la integridad de la colección(23), pues con ese
fin se dona, y por otro el deseo de que ésta sea en cierta
forma pública, visitable: |
(23) Deseo que es común a otros
coleccionistas de la época: MORAN (1987), p. 30. |
| |
«yo dexo
e mando todo lo que está dentro de dicho escriptorio de la
manera questá en él ... para efeto que todo lo pongan
en vn aposento del dicho monesterio por horden como yo lo tengo
para recreación de los muy reverendos padres prior e frailes
del dicho monesterio para que lo puedan enseñar a cualquier
señor que vaya al dicho monesterio pero de tal manera lo
enseñaren que no consientan que se saque ninguna cosa porque
es mi voluntad que no se pueda vender ni dar a ninguna persona sino
que siempre esté en el monesterio»(24) |
(24) GESTOSO (1910)
p. 272.
|
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«Yten mando
al dicho Monasterio de la Cartuja una caja grande que está
fuera del dicho escritorio la qual está llena de muchos mapas;
mando que así como está se de al dicho Monasterio
y que en él tengan los dichos mapas en parte donde los puedan
mostrar y tomar recreaçión con ellos, y que no se
puedan vender ni enagenar ni den ninguna cosa de las que yo mando
al dicho Monasterio ni se pueda sacar del porque mi voluntad es
que siempre estén en el dicho Monasterio.»(25)
|
(25) Gestoso publicó solo un
parrafo del testamento, tal como se cita en la nota anterior. He podido
utilizar la transcripción completa mecanografiada del testamento
hecha por Dª Isabel Medrano, que amablemente nos ha facilitado
también el inventario que se hizo tras la muerte de Chaves
de todos los bienes que pasaron a la Cartuja. Los documentos originales
se encuentran en el Archivo de Protocolos de Sevilla. |
| A la vista de
estas sus palabras no podemos dejar de resaltar la importancia que
Chaves concede al "orden" en que su colección estaba
dispuesta. Tanto que lo cita tres veces en estos cortos párrafos,
pidiendo que se vuelva a recrear en el monasterio ese ambiente «por
horden como yo lo tengo». Aparece por tanto aquí un
tema de auténtica museografía que, juntamente a ese
deseo de que su gabinete sea público y que se pueda enseñar
"a cualquier señor" que vaya a verlo, se anticipa
en el tiempo a los rasgos que definen todo museo. |
|
| Mientras tanto
los estudios de Botánica se van a ir incrementando a lo largo
de esta segunda mitad de siglo, no faltando incluso el deseo de
establecer en Sevilla un Jardín Botánico, siguiendo
la tendencia general, pues poco antes se habían comenzado
a fundar los primeros jardines en Italia(26). |
(26) En 1544 el gran duque de Florencia
creó el de Pisa; en 1546 el senado de Venecia el de Padua;
en 1568 el de la Universidad de Bolonia, y en el mismo año
el de Roma: COLMEIRO (1875), p. 2.
|
| Así
es como, simultáneamente a las investigaciones de Monardes,
tenemos la noticia de la fundación del Jardín Botánico
de Aranjuez, que fue el primero en establecerse en España.
El médico naturalista Andrés Laguna se lo pedía
en 1555 a Felipe II en la dedicatoria de su traducción de
Dioscórides(27). Y no deja de ser singular que el propio
Felipe II, a la hora de recolectar plantas para Aranjuez, enviase
en 1568 un comisionado, un herbolario, a buscarlas en Sevilla. Nos
lo cuenta el médico Francisco Franco, catedrático
de la universidad hispalense, que fue consultado con tal motivo: |
(27) COLMEIRO (1875), p. 3; ASSO (1793)
p. 14.
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«Pues el
Rey Don Philippe nuestro Señor ha embiado un erbolario con
un Cathalogo de yerbas buscando los puestos de ellas, para llevarlas
a Aranjuez, en donde Su Magestad allende las grandes cosas, dignas
de tal Principe, que ha mandado hacer, así en edificios,
como en conservar los bosques con muchissima caza, hace grandes
jardines, para tener todo genero de plantas, así de las hermosas
que deleytan con la vista, como de las demás, que aunque
no sean hermosas, son útiles para el uso medicinal... Digo
esto como testigo de vista, porque el Señor Don Francisco
de Castilla me mandó llamar, para que me viese con el erbolario...»(28)
|
(28) Citado en: ASSO
(1793) p. 14. |
| El párrafo
pertenece al "Libro de las Enfermedades Contagiosas"(29),
justamente a la argumentación para solicitar del cabildo
que en Sevilla se hiciera un jardín como en Aranjuez. La
iniciativa no prosperó. Al menos a nivel oficial, porque
sí que hubo un auténtico jardín botánico.
Pero lo hizo Simón Tovar (1597) en un jardín
propio, del que editaba cada año un catálogo, cultivando
plantas medicinales y «muchas otras de las más notables
entre las exóticas».(30) |
(29) Sevilla, 1569,
p. 38.
(30) «Debía tener su jardín bien ordenado y
debía ofrecer bastante interés para aquella época,
supuesto que se apreciaban los catálogos anuales de las plantas
en él cultivadas»: COLMEIRO, (1875) p. 4. Ver también
COLMEIRO (1858), p. 152; RODRÍGUEZ MARÍN (1920), p.
25.
|
| Tovar murió
a principios de 1597 y su jardín botánico se consideraba
de tal importancia que fue Felipe II quien ordenó conservarlo:
«su magestad se sirve de que se conserven las yervas de la
güerta del doctor tovar»(31). |
(31) Actas Capitulares
de Sevilla, escribanía 1ª, cabildo de 9 de mayo de 1597:
citado en RODRÍGUEZ MARÍN (1920), p. 26. |
| Tocar el tema
del Jardín Botánico, estas "yervas de la güerta",
ha supuesto que nos apartemos levemente del curso de nuestro relato,
pero era algo necesario para comprender el ambiente científico
que se está desarrollando en Sevilla en las últimas
décadas del siglo XVI y que nos ha permitido afirmar en algún
párrafo anterior que los "naturalia" que nutren
los gabinetes no son ociosos. |
|
| Seguramente el
museo más famoso en Sevilla en la segunda mitad del siglo
XVI fue el de Gonzalo Argote de Molina (Sevilla, 1548-Las Palmas
de Gran Canaria, 1598), caballero Veinticuatro y Alférez
Mayor de Andalucía. De la descripción que de él
nos da Pacheco en su "elogio" podemos constatar que constaba
de una buena biblioteca(32), una armería, una galería
de retratos de hombres ilustres que expresan el vínculo intelectual
del museo(33), y un monetario, no faltando tampoco los fragmentos
de la antigüedad, pero sobre todo enriquecida con toda suerte
de curiosidades y rarezas: |
(32) Ver MILLARES
CARLO (1923), pp. 137-152; ORTIZ DE ZúÑIGA (1988)
IV, pp. 392-393.
(33) Al comienzo del libro de Monardes citado, hay un "elogio
a su retrato [de Monardes] que se encuentra en su museo", firmado
por Gonzalo Çatieco de Molina. Sobre la sustitución
de apellido Argote por el de Çatieco, Çático
o Zatieco, ver: MUÑOZ GARNICA (1866), p. XI.
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«Después
destos exercicios de las armas, se dio al estudio de las letras,
i hizo en sus casas de cal de Francos (con buena elección
a mucha costa suya) un famoso museo, juntando raros i peregrinos
libros de istorias impresas y de mano, luzidos i extraordinarios
cavallos, de linda raça i vario pelo, i una gran copia de
armas antiguas i modernas, que entre diferentes cabeças de
animales y famosas pinturas de fábulas i retratos de insignes
hombres, de mano de Alonso Sánchez Coello, hazían
maravillosa correspondencia.»(34) |
(34) PACHECO (1985), pp. 273-274. |
| Este es otro
de los rasgos que caracterizan a estos museos-biblioteca: están
vinculados al saber(35). Por ello se encuentran dentro de un entramado
del que participa el circulo de los íntimos e intelectuales
del momento. No solamente nos lo dice Pacheco hablando de Argote
en la obra citada: «Ilustrado su entendimiento con la leción
i comunicación de los más doctos de su tiempo...»(36),
sino que también podemos ver a Monardes, con toda su curiosidad
científica, examinando, estudiando las piezas de la colección
de Argote: Según palabras del propio Monardes, que puso al
pie de la lámina que representa un armadillo: |
(35) Por lo tanto, aunque en algún
caso y en una mirada superficial, justamente por su carácter
de gabinete de curiosidades, éstos a los que nos estamos
refiriendo puedan parecer museos de rarezas o caprichos, es decir
una mezcla de objetos museables con cosas sin valor, no hay que
olvidar lo que son en realidad: museos del saber. Y este saber busca
su saciedad en dos facetas complementarias de un mismo hecho: la
explicación del objeto por medio de los textos y el objeto
en sí como ilustración y complemento, como "fenómeno"
observable. Pretenden ser un "microcosmos" ordenado. La
disposición de los objetos en él es el medio para
conseguirlo.
(36) PACHECO (1985), pp. 273-274.
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«este animal
saqué de otro natural, que está en el museo de Gonzalo
de Molina, un caballero desta ciudad, en el qual ay mucha cantidad
de libros de varia lectión, y muchos generos de animales
y aves, y otras cosas curiosas, traydas así de la India Oriental,
como Occidental, y otras partes del mundo, y gran copia de monedas
y piedras antiguas, y diferencias de armas, que con gran curiosidad
y con generoso ánimo ha allegado»(37) |
(37) MONARDES (1988),
fol. 81. |
| La articulación
de la colección de Argote es clara y no carece de un cierto
carácter de transición, pues no faltando en ella ninguno
de los apartados o secciones que podríamos considerar esenciales
en un coleccionismo de prestigio, incorpora ya un rasgo tan moderno
como la gran variedad de animales que forman parte de las curiosidades
de procedencia exótica, provenientes de las Indias y otras
partes del mundo. |
|
| Es
interesante recalcar que, independientemente del valor que hoy nosotros
le queramos dar, sus contemporáneos lo consideraban como
muy importante(38). Tanto es así que Francisco Pacheco, en
sus Retratos, no encuentra mejor modo de expresarlo que facilitándonos
la siguiente anécdota referida a Felipe II: |
(38) Sin embargo no deja
de ser también significativo que a la hora de resumir su vida
en una cuartilla en su «Memoria autobiográfica para su
hijo Agustín», publicada en FERNÁNDEZ DURO (1901),
Gonzalo Argote sólo mencione de su actividad como hombre de
letras un «escribí seis libros de la Nobleza de Andalucía»,
mientras que todo el resto del relato de su vida se centra en cargos,
servicios, honores y hechos de armas. |
| |
«...obligaron
a Su Magestad, hallándose en Sevilla, año 1570, a
venir en un coche disfraçado, por orden de don Diego de Córdova,
a onrar tan celebrado camarín»(39) |
(39) PACHECO (1985),
pp. 274. |
| Gonzalo Argote
tenía entonces veintidós años. Hubiera sido
digno de ver a Felipe II, que alguna historiografía nos pintó
tan sobrio(40), divertido y disfrazado, examinando todas aquellas
curiosidades, seguramente también asombrándose...
No sabemos hasta qué punto, pero lo cierto es que inmediatamente
después de esta visita a Sevilla es cuando en la biblioteca
del Escorial, que estaba concebida también como museo y gabinete
científico, empiezan a llegar unos huesos de ballena, un
elefante y un rinoceronte, un armadillo, y cuadros naturalistas
de animales de Indias que fueron colocados en la antecámara
del rey a partir de 1572(41). |
(40) No así en su juventud.
El embajador Federico Badoaro, en su informe a la señoría
veneciana en 1557 dice de él: «Hace uso inmoderado
de ciertos platos, y, sobre todo, de pasteles. Se siente atraído
por las mujeres. Una de las diversiones es ir disfrazado, de noche,
incluso en medio de los asuntos más graves, y se divierte
con toda clase de juegos»: BADOARO (1952), p. 1113.
(41) MORAN-CHECA (1985), pp. 95-118.
|
| Cosmografía
y botánica se van a unir en otro personaje singular: Rodrigo
Zamorano (1542-?). Piloto mayor de la Casa de Contratación
y cosmógrafo de Felipe II, tenía en su casa tanto
un jardín botánico como un museo de curiosidades naturales
relacionado con Indias(42). Estando vacante la cátedra de
Cosmografía en la Casa de Contratación, se sacó
a oposición en 1590, ganándola Zamorano, quien la
leyó hasta 1594, aunque con muchas ausencias por sus ocupaciones
como cosmógrafo(43). Al igual que Chaves, escribió
una «Cronología o repertorio de la razón de
los tiempos»(44). |
(42) COLMEIRO, (1858), p. 155.
(43) RODRÍGUEZ MARÍN (1920), p. 23.
(44) Sevilla, 1585: GESTOSO (1910), p. 277.
|
| Tanto de su actividad
como botánico(45) como de su cámara de historia natural
nos da noticia el ya citado doctor Juan de Castañeda en carta
a Clusio, cuando hablando de los portentos que existen en Sevilla
dice: |
(45) Carta de 24 de abril de 1601: «El
licenciado Zamorano se entretiene en sacar aceite de romero y zumo
de orozuz...». ASSO publica también una carta de Zamorano
a Clusio. |
| |
«Hay aquí,
si hubiéramos quien lo cortara, y pintara, las mayores curiosidades,
que se pueden desear; así de todos los animales, y peces,
que tienen conchas, y defensas naturales al modo de Tortugas, o
galápagos, como caracoles, armadillos, nácar madre
de perlas, y otros animales muy diferentes, de los cuales por no
tener copia no se pueden embiar de ellos»(46) |
(46) Carta de 20 de
octubre de 1600: ASSO (1793), p. 55-56. En este párrafo se
ha mencionado otro matiz interesante: la propia rareza de las piezas
de colección para el naturalista. |
| Para concretar,
algo más adelante, el lugar donde se encuentran exactamente
esas curiosidades: |
|
| |
«Quien
lo ha juntado ha sido el Licenciado Zamorano, que como exâminador
de Maestres de la carrera de Indias, cada Maestre que va, tiene
a dicha traerle alguna cosa nueva o extraordinaria, y así
tiene las paredes de los portales de su casa, todas llenas de estas
conchas, peces, y animales muy de ver»(47) |
(47) ASSO (1793), p.
55-56; De aquí toman la noticia tanto RODRÍGUEZ MARÍN
(1920), p. 26, como GESTOSO (1910), p. 277. |
| Aquí se
interrumpe en el texto la descripción de este museo, pero
basta para imaginarnos el gabinete de Zamorano como las típicas
cámaras de la época, con sus anaqueles, paredes y
techos llenos de pieles, esqueletos y defensas de animales y otras
rarezas. |
|
| Gestoso, basándose
en unos documentos inéditos que posee, supone que el hijo
del maestre Zamorano, Rodrigo Zamorano de Ozeta, continuaría
el enriquecimiento del museo de su padre, pues en 1636 adquirió
el título de piloto mayor cosmógrafo y el de Catedrático
de cosmografía. «Es, por tanto, razonable suponer que
atendiera cariñosamente a la conservación de tanto
objeto raro y curioso, no solo por respeto a la memoria de su padre,
sino por propio gusto y enseñanza»(48) |
(48) GESTOSO (1910),
pp. 277-278. |
| Figura no menos
interesante, íntimo amigo y mentor de los personajes a los
que nos estamos refiriendo, autentico humanista que abarcó
dispares áreas del saber y encabezó la vida intelectual
de Sevilla fue Benito Arias Montano (Fregenal de la Sierra 1527--Sevilla
1598). Tras sus estudios en Alcalá, donde fue educado en
la exégesis bíblica y en el erasmismo(49), viajó
a Italia y pasó algún tiempo en una villa de la Peña
de los Ángeles, cerca de Alájar, en la sierra norte
de Huelva(50), lugar por el que siempre suspirará y al que
solo logrará volver de forma permanente al final de su vida(51).
Durante estos primeros años estuvo matriculado en la Universidad
de Sevilla, ciudad en la que el médico Francisco de Arce
le enseñará medicina y botánica. |
(49) Ver datos biográficos
en REKERS (1973), p. 7-19.
(50) Corrían malos tiempos para el erasmismo,
que fue considerado pronto sospechoso por la Inquisición,
que le dedicó un duro acoso, no librándose tampoco
Arias Montano de él. La Peña de Alájar significaba
un acercamiento a unos difusos ideales estoicos, cuyos tópicos
de estudio y retiro al campo se materializaron en este lugar. Ver:
GÓMEZ CANSECO (1992), p. 3-17.
(51) De su casa en la Peña da una breve descripción
Rodrigo Caro, pues conoció el lugar en 1621 cuando era visitador
de parroquias y conventos de fuera de Sevilla. CARO (1992), p. 102.
Algunos datos pueden encontrarse en GONZÁLEZ CARVAJAL (1832),
p. 96. Ver también M. Mora Mantero, Monografía de
la Peña, 1924; C. Doetsch, "La Peña, retiro predilecto",
Revista de Estudios Extremeños, 1928.
|
| En 1560 solicita
ingresar en la orden de Santiago, admitiéndosele en el monasterio
de San Marcos de León(52). A partir de aquí comienza
su fulgurante carrera: En 1562 fue seleccionado para participar
en la Delegación española ante el Concilio de Trento.
Su prestigio fue en aumento pues Felipe II lo llamó para
nombrarlo su capellán (1566) y encargarle (1568) la supervisión
de la Biblia Políglota, ambicioso proyecto presentado al
rey por el impresor de Amberes Plantino, personaje que va a tener
un gran peso en su vida. En la casa de Plantino o Plantin se reunía
lo mejor de la intelectualidad de Flandes, entre los que Benito
Arias Montano hará grandes amigos, terminando finalmente
por afiliarse a la "Familia Charitatis" o "del Amor",
secta secreta de carácter místico que contaba con
gran aceptación en aquel círculo(53). |
(52) JAVIERRE-PÉREZ (1976),
p. 106.
(53) Plantin había fundado en 1554 su imprenta con capital
aportado por los miembros de la Familia del Amor. REKERS (1973),
p. 101.
|
| En 1576 volvió
a España para hacerse cargo de la dirección de la
Real Biblioteca del Escorial, lugar donde permanecerá casi
una docena de años. Los últimos diez años de
su vida, tras dejar El Escorial, los pasó en su siempre añorada
casa de La Peña de Alájar, compartiendo su retiro
con una villa de recreo que tenía en Sevilla, a pocos kilómetros
de la Puerta de la Macarena, llamada "Valflorido" o "Campo
de Flores"(54). |
(54) Según GONZÁLEZ CARVAJAL
(1832). p. 110, la casa del campo de Flores estaba situada en el pago
de Miraflores, término de Sevilla «donde hoy se conserva,
conocida por las Casillas de Montano. Poséela en el dia el
Teniente Coronel Don José Valdés residente en Ecija:
y por los títulos de propiedad que este caballero conserva,
resulta que Arias Montano la compró de Don Diego Núñez
Pérez de Meñaca, Veinticuatro de Sevilla y Doña
María de Ayala su muger en 16 de Marzo de 1587, componiéndose
entonces la heredad de olivos y tierras calmas con casa principal
y casería. De un tronco de estatua de mármol, que existe
aún en la puerta de la casa, se dice haber sido la efigie de
Arias Montano. Pero yo más bien creo que fuese algún
monumento de antigüedad hallado o adquirido por aquel sabio varón,
que quiso adornar con él su casa».
La finca lindaba con la huerta llamada del "Corzo", que
era propiedad de Baltasar de Alcázar: SALAZAR (1959), p. 486,
nota 33. Rodrigo Caro denomina al lugar como "Charco Redondo":
CARO (1982), fol 144. vtº y 145. Estos nombres se han conservado
en la toponímia actual, pues en torno al arroyo de Miraflores
están situados los cortijos de "Las Casillas", "Charco
Redondo", y "Pino Montano". |
| Aunque su vida
profesional se centró en las lenguas orientales, sus conocimientos
en otras ramas del saber no eran flacos, y con su amplia erudición
podía explicar «los secretos de las ciencias naturales,
astronomía, botánica, zoología o incluso arte
militar»(55). De su actividad como botánico, de la
que Rodríguez Marín dice que era "harto perito"(56),
tenemos diferentes noticias. Sus contactos en Amberes además
sirvieron para crear un puente entre los botánicos sevillanos
y los de los Países Bajos, como Carolus Clusius. En 1594
terminó en Sevilla su Naturae Historia (que se publicó
póstuma en Amberes en 1601), donde describe las vicisitudes
del pueblo judío desde la caída hasta la resurrección,
«y es la primera parte de lo que se proponía escribir
para explicar cuanto en la Biblia tiene relación con las
Ciencias físicas y naturales»(57). El texto iba ilustrado
con comentarios arqueológicos. Pero además es de resaltar
que en el segundo volumen, que trataba de geología, física
y botánica, planteaba un sistema universal de clasificación
de todos los fenómenos naturales, lo cual no puede ser considerado
precocidad respecto a los avances que las ciencias experimentarán
cien o ciento cincuenta años más adelante, sino que
está en plena consonancia con las preocupaciones de esta
segunda mitad del siglo XVI, como hemos tenido ocasión de
ver en páginas precedentes, preocupaciones y metas que hallaron
en el museo su formulación más precisa. |
(55) El testimonio procede de un poema del canónigo
Francisco Pacheco dedicado a Pedro Vélez de Guevara, en el
que precisamente le propone retirarse a la Peña de Arias
Montano: GÓMEZ CANSECO (1992), pp. 15-16.
(56) RODRÍGUEZ MARÍN (1920), p. 26.
(57) COLMEIRO (1858), p. 155-6.
|
| Como hombre docto
y filólogo, también tocó temas de la antigüedad
clásica. Un testimonio significativo nos lo proporciona Espinosa
de los Monteros, quien, hablando de la lápida funeraria del
arzobispo Honorato de Sevilla, nos dice: |
|
| |
«La piedra
deste sepulcro estuvo muchos años en esta ciudad, sin ser
conocida, entre pedaços de ruinas de edificios, hasta que
nuestro gran sevillano Arias Montano la conoció, con la luz
de su celestial ingenio, y la llevó a su casa, donde la tuvo
en la veneración que era justo»(58) |
(58) ESPINOSA DE LOS
MONTEROS (1627), folio 106. |
| Esta piedra,
llevada a su casa, nos introduce en el tema de su colección.
También se llevó a su casa de Sevilla otra inscripción
que tomó del castillo de Utrera, según nos relata
Rodrigo Caro(59). Siempre se había interesado por la pintura,
y es conocido que en El Escorial intervino en la iconografía
de los frescos de la Biblioteca; tuvo un dibujo de Miguel Ángel
que representaba a Ganimedes que finalmente terminaría en
poder de Francisco Pacheco(60), y una colección de grabados
de sus amigos flamencos Pierre van der Borcht y Crispin van der
Broeck; y a sus manos pasó la colección del pintor
Pedro Villegas Marmolejo, quien nombrándolo su heredero universal,
le dejó su «librería de Romanos y Toscanos y
todas las tablas e lienzos e pinturas e retablos divinos e humanos
que se hallaren en las casas de mi morada, con todas las antiguayas...»(61).
|
(59) «En la torre colateral de la torre mayor del omenage, que
sale a la parte del medio dia del Castillo [de Utrera], estuvo una
inscripción, que yo siendo muchacho vi; llevola el Doctor Arias
Montano a una heredad suya, que tenía en Charco Redondo junto
a Sevilla, y de allí pienso, que se truxo, y está oy
en las casas del Duque de Alcalá, entre otros muchos pedaços
de bonissima antiguedad». CARO (1982), fol. 144 vtº-145.
La misma inscripción se menciona en el fol. 142.
(60) PACHECO (1956), tomo II, p. 35.
(61) "Copia del testamento del pintor Pedro Villegas, otorgado
ante Pedro de Almonacid, Escribano público de Sevilla en 6
de Diciembre de 1596", publicado en Archivo Hispalense, 1ª
época, vol.III, 1887, p. 223. |
| Además
tenía un nutrido monetario y otras curiosidades. Rodrigo
Caro menciona unos libros hebreos aparecidos en el expolio del cementerio
judío de la Puerta de la Carne en Sevilla acaecido en 1580,
los cuales le llevaron(62). Hebreo era también un siclo antiguo
de plata, que lega testamentariamente «por ser pieza rara
e importante» al relicario del Monasterio del Escorial(63).
|
(62) «y allí fuera en un
campo que está contiguo, que llamaban de Zebreros, donde agora
está una ventilla, y de nuevo han edificado casas, tenían
sus sepulcros muchos dellos [judios] de obra curiosa: los quales la
gente pobre de Sevilla el año de 1580, que fue necesitado,
y esteril, hallándose ociosa, dio en demolerlos. Hallaron en
los sepulcros cuerpos con estraños trages, joyas de oro y plata,
y en algunos se hallaron libros Hebreos; los quales llevaron al Doctor
Arias Montano.» CARO (1982), fol. 20 vtº.
(63) El testamento está publicado en GONZÁLEZ CARVAJAL
(1832), pp. 196-199. Nombró heredera de la Peña a la
Corona, aplicándolo al Alcázar de Sevilla. Del resto
de sus bienes nombró heredero universal a la Cartuja de Santa
María de las Cuevas. |
| Estos retazos
de la colección de Montano, sacados de aquí y de allá,
nos hubieran dejado en la duda de si Montano poseyó un auténtico
museo, aunque sabiendo de sus aficiones y conocimientos en botánica
y zoología hubiera sido permitido suponer una respuesta afirmativa.
|
|
| Por fortuna se
ha conservado un documento que es mucho más explícito
al respecto(64). Un año antes de su muerte, en 1597, Benito
Arias Montano pasó ocho días en Zafra(65), lugar no
muy lejano a la Peña de Alájar y en el que residía
su discípulo Pedro de Valencia(66). El objeto de la visita
era hacer donación de la colección poseída
por Montano al mencionado Pedro de Valencia «porque me ha
ayudado en mis estudios y en la composición de mis libros
y en otras cosas y siempre lo e thenido en lugar de hijo».
La donación se hace «ympartible» con el cuñado
y primo hermano de Valencia, Juan Ramírez Ballesteros «porque
lo e criado y thenido en mi cassa desde niño».
|
(64) La fortuna estriba no solamente
en que se haya conservado en perfecto estado en el Archivo Notarial
de Zafra, sino especialmente en que haya sido publicado por Antonio
SALAZAR (1959). De este documento proceden los entrecomillados que
se citan a continuación.
(65) «Arias Montano estuvo aquí ocho dias esta quaresma
y luego se bolvio por la Peña a su campo de flores a donde
está con salud». Carta de Pedro de Valencia al P. Sigüenza,
fechada en Zafra el 1 de mayo de 1597: SERRANO Y SANZ (1910), p. 11.
(66) GÓMEZ CANSECO (1993). Las páginas 17-51 están
dedicadas específicamente a la relación de Montano Y
Pedro de Valencia. Ver también: Jose López Navío,
"Nuevos datos sobre Pedro de Valencia y su familia", Revista
de Estudios Extremeños, XVIII, 1962, pp. 471-507; G. Morocho
Gayo, "El testamento de Pedro de Valencia, humanista y cronista
de Indias", Revista de Estudios Extremeños, XLIV, 1988. |
| El inventario
contenido en esta escritura(67) nos aporta tal información
y cúmulo de datos, que es casi como si el propio Montano
nos abriera la puerta de su casa. Comienza por la colección
de pinturas, entre las que destacan las ya mencionadas «piezas
de mano de Villegas al olio», veintidos pinturas con marco
dorado, a las que hay que sumar, entre otras, un autorretrato de
Villegas y otro de Arias Montano del mismo autor(68). También
había esculturas y relieves, entre los que se cuentan obras
antiguas y modernas, copias y originales y aunque los hay de tema
bíblico, predominan los retratos de personajes, como «doze
cabezas de emperadores de bronce con sus Pethos a la antigua y sus
pies de metal. Doze medallas de los emperadores vaziadas diligentemente
de medio Relieve guarnecidas de madera en flandes», no faltando
las piezas presumiblemente originales, «un heracles de bronçe
Rica Pieça. Un antino de bronçe que es escuela de
escultores. Una apalas de bronçe». |
(67) Otorgada el 1
de marzo de 1597 ante el escribano público Juan de Paz.
(68) Ver un comentario al legado de Villegas en: SERRERA (1991),
p. 61-63.
|
| También
dona su colección de monedas: «todas mis medallas de
oro y Plata y de bronce guarneçidas e por guarnescer q en
numero llegaran a myll»(69); y la biblioteca, concretamente
los libros de octavo, dieciséis y veinticuatro, los más
raros, ya que los de folio, medio y cuarto, que «suelen e
pueden ordinariamente tenerse en librerias publicas e de comunidades»
los tenía donados al convento de Santiago en Sevilla(70).
|
(69) Son interesantes estos detalles
sobre la forma de presentación de la colección. Las
monedas estaban "guarneçidas", es decir enmarcadas
o colocadas dentro de un soporte o panel.
(70) Se conocen dos catálogos de sus libros hechos por su propia
mano, pero muchos años antes: en 1548 y 1553. Ver: Antonio
Rodríguez Moñino, "La biblioteca de Benito Arias
Montano. Noticias y documentos para su reconstrucción",
Revista de Estudios Extremeños, 3, 1928, pp. 555-598. |
| El resto de lo
mencionado en el inventario estaba contenido en su estudio(71),
el cual --se dice explícitamente-- estaba dividido en "artificial"
y "natural". El primero comprendía «todos
los ynstrumentos matematicos q tengo q son muchos e de valor»,
que procedían unos de su estancia en Flandes y otros habían
sido adquiridos recientemente en la almoneda de Simón Tovar(72).
Eran compases «e otros instrumentos q se llaman teca matematica»,
a lo que hay que añadir los de geografía y astrología,
como esferas, globos celestes y astrolabios y «todos los demas
ornamentos de mi estudio q son muchos e de diversas artes».
También todas las piedras preciosas que «yo tengo en
el estudio artificial», tanto antiguas como nuevas, que pasaban
en número de doscientas cincuenta(73); y las «herramientas
todas hechas en alemania como son martillos tenazas limas herramientas
de platero vigornias tornillos carrioles e los ynstrumentos que
llaman mecanicos para hazer ffuerca compases de diversas maneras
e un relox de asiento e uno de los que tienen pesas».
|
(71) La palabra sólo aparece,
en este documento, a partir de que comienza a mencionar los instrumentos
científicos, y no cuando se ha referido a las pinturas o
esculturas.
(72) Había muerto a principios de ese mismo año.
(73) «rrubies esmeraldas cornerinas sardonicos amatistes jaspes
eliotropos agatas viriles zafiros jaspes orientales cristales e
otras muchas suertes».
|
| El estudio natural,
que contenía tanto minerales, vegetales como animales, se
subdividía en varias partes, como era habitual, y una de
ellas dedicada a los objetos marinos(74), denominada "la mar".
Merece la pena que leamos el párrafo completo: |
(74) En 1577 Felipe
II había mandado a Arias en misión secreta ante el rey
Sebastián de Portugal. En los primeros meses de 1588 partió
de Lisboa hacia la Peña. El embajador Juan de Silva daba noticia
al monarca castellano subrayando lo insólito del personaje:
«Mañana parte de aquí cargado de conchas de caracoles...».
GONZÁLEZ CARVAJAL (1832), p. 180.
|
| |
«...todas
aquellas cossas questan e se hallaren en mi estudio natural que
son tierras piedras metales minerales e medios minerales de diversas
suertes maderas de rresinas licores y rayces frutos animales gruessos
e partes de animales e de otras qualesquiera formas e suertes de
naturaleza e ansimesmo de todas las diversidades de cossas marinas
e maritimas que yo tengo en la parte de mi estudio nombrada la mar.»
|
|
| La intención
de Montano con esta donación está subyacente en todo
el documento(75), algo que se repite en otros muchos casos: la pervivencia
de su colección tras su muerte. Porque así queda claramente
establecido, ya que Pedro de Valencia y su cuñado Juan Ramírez
Ballesteros solo en aquel momento pasarán a ocuparse de ella.
Mientras tanto, dice Montano, «yo me constituyo en depositario
de todo ello». Y es condición que repite y subraya
mucho más explícitamente al referirse a los naturalia: |
(75) En varias ocasiones
se insiste en la indivisibilidad del legado («y confia dellos
que lo harán sin los dividir ny partir»), idea que -por
lo preciso de algunas condiciones- parece que estaba largamente meditada.
|
| |
«Y es mi
voluntad que dotas estas dhas cosas que ansi nombro naturales e
no artificiales de que hago dosascion al dho Pº de Valencia
las aya e goze en fin de los días de mi vida porque reservo
en mi el usufructo e aprovechamiento dellas por todos los días
de mi vida atento a que las voy acrescentando e mejorando para mayor
abundancia dellas e de su conoçimiento.» |
|
| Las últimas
palabras nos ponen sobre la pista. Montano está sumamente
interesado en esa parte de su gabinete, que va «acrescentando
e mejorando para mayor abundancia dellas e de su conoçimiento»,
porque está trabajando en aquellos días en un ambicioso
proyecto, su libro Naturae Historia, -que, recordemos, trataba de
geología, física y botánica, planteando un
sistema universal de clasificación de todos los fenómenos
naturales-, del cual ha terminado ya una primera parte que será
la que se publique póstuma. |
|
| Es muy posible
que la colección de Benito Arias se repartiera entre el Campo
de Flores y la Peña de los Ángeles. Pero el hecho
de que en las referencias existentes parezca que la epigrafía
estaba en la casa de Sevilla, mientras que ningún epígrafe
es mencionado en el documento de donación de Zafra antes
citado, nos da pie para sospechar que lo contenido en este documento
corresponde a lo que había en la Peña, lugar en el
que se encontraba por tanto el estudio natural y el artificial.
Esta sugerencia encuentra su respaldo en unas palabras de Rodrigo
Caro, que hablando de este último lugar dice: |
|
| |
«Allí
fabricó unas casas a su modo acomodadas, mas de poca duración.
Llevó a ellas mucha parte de sus libros y papeles, con gran
número de medallas y monedas antiguas y otras curiosidades
de mucha estimación»(76). |
(76) CARO (1992), p.
101. |
| Murió
Arias Montano a las tres y media de la mañana del 6 de julio
de 1598, en las casas de Ana Núñez Pérez, asistido
por Isabel Acosta, viuda de su amigo el botánico Simón
Tovar. Ocho años más tarde la Inquisición prohibía
todas las obras de Montano, que nunca más han vuelto a ser
reeditadas. De su villa de la Peña, ya en ruinas cuando poco
después la visitó Rodrigo Caro, solo queda la memoria.
Afortunadamente la colección donada fue llevada a Zafra,
pues fue reclamada a los cinco días de la muerte(77), luego
pasó a Madrid con Pedro de Valencia y puede ser que finalmente
llegase a Granada, pues en 1644 quizás la heredó Melchor
de Valencia que era Oidor en esa Chancillería(78). Del resto
nada se sabe, salvo el testimonio algo desolador de Espinosa de
los Monteros a propósito del epígrafe funerario de
Honorato que según vimos con anterioridad había sido
recogido por Arias Montano, dándonos de paso noticia de otro
erudito coleccionista: |
(77) SALAZAR (1959),
p. 484.
(78) Pedro de Valencia muere en 1620 siendo cronista real en Madrid.
Su mujer, Inés Ballesteros, siendo muy previsora hizo testamento
en 1624 en el que legaba su parte en la colección de Montano
al otro copropietario, su hermano Juan Ramírez Ballesteros
(que por aquel entónces se hacía llamar Juan Moreno):
«yten declaro que de las pinturas y demás bienes y curiosidades
que dexó el sr. Arias Montano y las mandó al dho coronista
pº de balencia, mi marido...». Pero Juan Moreno muere al
año siguiente asesinado y sin testar. De esta forma la colección
quedó completa en manos de Isabel Ballesteros. Cuando murió
en 1644 sus bienes se repartieron entre sus hijos, y es muy posible
que la colección pasase al hijo mayor, Melchor de Valencia,
que residía en Granada: LÓPEZ NAVÍO (1962), pp.
473, 474, 480-2. |
| |
«Después
de su muerte bolvio (la piedra) a estar en el primer olvido y desprecio,
hasta que el Doctor Ioan de Torres, Noble hijo desta gran Ciudad,
y muy diligente en adquirir memorias de antiguedad, la llevo a su
casa donde oy la tiene, entre el tesoro de tantos libros y curiosidades,
quantas no sera posible dezir, ni facil el verlas, por su mucho
numero.»(79) |
(79) ESPINOSA DE LOS
MONTEROS (1627), folio 106. Ya vimos que la lápida que procedía
del castillo de Utrera pasó finalmente a la colección
del Duque de Alcalá. |
|
* * *
|
|
| La muerte de
Montano marca también un hito, cierra un capítulo
de esta historia. El siglo XVII, desde sus comienzos, se anuncia
como muy distinto del anterior. Es todo un índice que el
nuevo dueño de la sevillana Casa de Pilatos, don Fernando
Enríquez de Ribera, la transformara radicalmente en los primeros
años del siglo, haciendo un nuevo camarín en la rehecha
planta alta, en cuyos salones, diseñados por Juan de Oviedo
y decorados por Pacheco, se reune en tertulia con pintores e intelectuales.
El nuevo siglo va a coleccionar ante todo pintura y va a dejar a
un lado las curiosidades de la naturaleza(80), que pasarán
a ser meros divertimentos en las casas adineradas, no solo en Andalucía
sino también en la Corte(81). |
(80) Con alguna excepción como
Lastanosa o el Conde de Benavente.
(81) Madame D'Aulnoy, que estuvo en España y supo pintar un
vigoroso retrato del Madrid de mitad de siglo, nos cuenta la siguiente
significativa anécdota visitando la casa de la duquesa de Monteleón:
«Las señoras estaban en una galería grande cubierta
de riquísimas alfombras. Todo alrededor se veían almohadones
de terciopelo carmesí, bordados de oro, más largos que
anchos, y grandes mesas de taracea, enriquecidas de pedrerías,
las cuales no están fabricadas en España; entredoses
de plata, y admirables espejos, tanto por su tamaño como por
sus ricos marcos, que los menos bellos eran de plata. Lo que de más
bello he encontrado allí son los escaparates, que son una especie
de armarito, cerrado con un gran cristal, y lleno de todo lo que es
posible imaginar de más raro, sea en ámbares, porcelanas,
cristal de roca, piedra bezoar, ramitos de coral, nácar de
perlas, filigrana de oro y mil otras cosas de valor. Vi allí
la cabeza de un pez sobre la que había un arbolito; no era
ni de madera ni de musgo; lo notable era el cráneo del pez,
que era bastante pequeño. La cosa me pareció sumamente
curiosa.» D'AULNOY (1986), p. 238. |
| En este nuevo
contexto lejos y olvidada quedará la ciudad de Sevilla, que
conocerá a mitad de siglo XVII los efectos desoladores de
la crisis económica, la peste y la perdida del monopolio
de Indias. Las colecciones que hemos mencionado se perdieron, todo
desapareció, pero no así el gran paso que aquí
se había dado: no deja de ser significativo que cuando en
Sevilla se pasa esta página de la historia, Europa toma el
relevo. El XVII europeo verá el nacimiento de los grandes
museos: el Museo Cospiano, el Calceolarianum, el Septalianum, el
Kircherianum, ...
Toda esta experiencia europea va a ser recogida en un libro teorico,
la "Museografía" de Neickelius donde se describe
un camarín ideal(82), con sus repositorios o anaqueles y
en ellos, los objetos por secciones que comprenden "cuadrúpedos
y aves", "peces, serpientes y lagartos", "minerales
o fósiles", "conchas y caracoles", "objetos
anatómicos, momias, niños pequeños diseccionados",
etc., etc.(83) |
(82) SCHLOSSER (1988),
p. 222-224.
(83) Pero, de todas formas, no hay mejor descripción que
las propias ilustraciones que aparecen en los catálogos de
algunos museos, que encontramos reproducidos en la edición
citada de Julius von Schlosser.
|
| En ellos, y el
texto de Neickelius es claro en este punto, existe un programa que
se manifiesta directamente en la disposición espacial de
los objetos. Es decir que es un programa expositivo en el sentido
museístico del término. Esta particular disposición
de los objetos -y el específico interés en ello que
hemos podido apreciar en los museos sevillanos, ya en el siglo XVI,
no lo olvidemos- es lo que diferencia un museo de una colección
y no su contenido. Son museos porque existe un orden, que en este
caso pretende organizar el saber, el estudio y las ciencias. Así
lo entendieron los contemporáneos, que a unas colecciones
llaman museo y a otras no.
Es evidente que, en relación a un coleccionismo anterior,
ha cambiado el valor del objeto. La importancia del descubrimiento
de nuevas tierras y continentes fue decisiva a este respecto pues
aceleró el proceso, aportando en muy poco tiempo gran cantidad
de nuevos objetos, especialmente en cuanto a fauna y flora se refiere.
La necesidad de integrar todo este mundo desconocido dentro de los
esquemas mentales operantes acerca de la realidad provocó
una fisura en la conciencia europea mayor de lo que a primera vista
se puede sospechar. En la segunda mitad del siglo XVI el cúmulo
de novedades es tal que se hace irrenunciable abordar el problema,
lo cual se va a hacer desde una faceta científica.
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| Las colecciones
se centran entonces en todo lo "curioso", tenga valor
mágico o no, y empiezan a llenarse de objetos que muestren
algo de inusual o extraordinario(84). Solamente cuando estas colecciones
comiencen a clasificar los objetos con el fin ya expresado de integrar
lo desconocido dentro de lo conocido es cuando surgirá el
museo, en el cual hemos de pensar siempre como una colección
que plantea una tesis científica sobre la realidad.
A partir de aquí se irá desarrollando lentamente,
en un proceso que durará siglos, el museo como concepto,
el cual, partiendo del campo de la historia natural, va a ir ampliando
su ámbito a todas las manifestaciones del saber o la actividad
humana. |
(84) Y empleamos aquí el termino
de "curioso" en un sentido diferente al que tenía
en las Wunderkammern, donde prima ante todo el aspecto de "preciosismo":
los objetos exóticos están siempre engarzados como joya,
o forman parte de algún otro conjunto, o están en cajitas
primorosas, etc. |
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| © José Ramón López
Rodríguez |
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| BIBLIOGRAFIA CITADA EN EL TEXTO |
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