La derrota sufrida en Cuba a finales de 1898 trajo la intranquilidad a estas Islas Canarias, donde se temía un desembarco de los yanquis en cualquier momento. De hecho las islas esstuvieron en el tapete reivindicativo del presidente norteamericano. Según el periódico Heraldo de Madrid, perdidas nuestras colonias, el gobierno para el que se necesitaba más tacto y más aptitudes era para el del Archipiélago canario, donde las rivalidades políticas entre Tenerife y Gran Canaria alcanzaban proporciones alarmantes. Perturbado por completo el equilibrio moral del Archipiélago a consecuencia de las luchas locales originadas por el caciquismo, el gobernador debería hallarse revestido de una energía y una autoridad suficiente para mantenerse al margen de las violentas imposiciones de aquellos que, con el apoyo de las altas instancias del poder, cometen con la más cínica impunidad todo género de abusos.
Los enconos políticos entre Tenerife y Gran Canaria, creado por las burguesías enfrentadas por intereses económicos y nunca por el pueblo llano, habían tomado alarmantes proporciones siendo necesario que la prensa nacional se ocupara de los asuntos isleños, antes que lo hiciera la inglesa, por aquello de que la ropa sucia debe lavarse en casa. Canarias vivía una psicosis de posible invasión yanqui. Así el 2 de Abril de 1898, la prensa provincial daba la noticia de la próxima llegada a Santa Cruz de fuerzas del Ejército procedentes de la Península, para reforzar la defensa de las islas. Animaba el editorialista a la población para que dispensara un recibimiento entusiasta a los soldados y añadía: "Los que al finalizar el siglo XVIII supieron repeler la invasión extranjera y conservar incólume este pobre rincón de Santa Cruz de Tenerife, también sabrán, al finalizar el siglo XIX, defenderlo en caso preciso, con igual tensión y energía, pero no por eso es menos justo regocijarnos de que vengan a auxiliarnos nuestros hermanos del continente, por lo que todos debemos prepararnos para recibirles con los brazos abiertos y, confundidos en estrecho abrazo".
Igualmente se creó en Canarias el Cuerpo de la Guardia Civil, institución de carácter militar y de la máxima confianza de los gobiernos españoles, que temían que Canarias optara también por la independencia del conjunto de España, y de hecho hubo intentonas al respecto, llevadas a cabo por isleños que habían residido en Cuba hasta la emancipación, pero fueron fácilmente sofocadas con la detención de su máximo representante Secundino Delgado Rodríguez, cuyo enorme sacrificio y decisión le llevó a ser considerado "a posteriori" como "El padre de la Patria Canaria".
Sin embargo, a partir de la Primera Guerra Mundial, se crean partidos llamados regionalistas, en el fondo imbuidos en en más puro nacionalismo entendido como reivindicación cultural e identitaria, para intentar reclamar otras soluciones eminentemente socioeconómicas que permitieran cambios estructurales en la crítica situación por la que atravesaba el Archipiélago bajo el más feroz caciquismo, herencia del sistema de la Restauración desde fines del siglo anterior. En 1917 se crea la "Liga Regional Tinerfeña" y en 1918 "La Agrupación Regionalista de Gran Canaria", que fracasarían en las primeras elecciones a las que se presentaron. Durante la etapa republicana y con motivo de la discusión en las Cortes del Título Primero de la Nueva Constitución, surgen proyectos conjuntos para dar soluciones a la problemática socieconómica canaria, que fracasarán, otra vez, por el problema de la capitalidad regional y el controvertido "pleito", ahora de moda otra vez.
El político y bien intencionado grancanario Franchy Roca, una vez producida la división provincial en 1927, diría al respecto: "...creo que un estado no encontrará en Canarias más que un obstáculo que es el de la capitalidad; fuera de ése todos son de fácil solución y planteamiento". Evidentemente es uno de ellos, pero la situación de hoy no es la misma de aquella época, aunque se le parece bastante.