C.-BLAS HERNÁNDEZ: “EL SANDINO ISLEÑO-CUBANO”

 

Constituye este personaje de “leyenda” Blas Hernández otro de los paradigmáticos canarios-cubanos con protagonismo en la mayor de Las Antillas, estudiado en su personalidad, biografía y hazañas durante la Revolución de 1933, exhaustivamente, por el catedrático de Historia de América de la ULL, Manuel de Paz, citado, al que encaja dentro del acuñado “Bandolerismo rural-o social-”

Es el prototipo de la oposición tradicional campesina contra el régimen del dictador Gerardo Machado, por lo que a la definición de Lumen se contradice, entre otros, la del planteamiento del historiador cubano José Ibarra, quien responsabilizó al caciquismo rural de adormecer las pasadas rebeldías de los guajiros cubanos, comportamiento muy común en otros acontecimientos históricos cubanos. En consecuencia, sucedió que, paulatinamente, esta protesta tradicional fue sustituida por el creciente movimiento obrero de matiz comunista, más institucionalizado en la acción sindical en los bateyes o en los centros azucareros. Pero, al continuar la injusticia social en los campos de las comarcas centro –orientales de Cuba, persistieron las típicas protestas rurales coincidentes con el proceso de oposición general contra Machado .

Según analizamos en algunos artículos periodísticos publicados en los rotativos del momento editados en Canarias, en especial La Prensa Santa Cruz de Tenerife, durante marzo de 1933 , el citado jefe rebelde isleño Blas Hernández, hacía llegar una carta al representante del gobierno de Machado. En la misma ponía de relieve no sólo su afán en continuar la lucha de resistencia contra el régimen sino que amenazaba con “estar dispuesto a continuar en la misma actitud mientras no haya un cambio radical y que por ningún motivo abandonaremos el territorio nacional, pues estamos poseídos de un derecho por dos razones: Una por ser éste un gobierno ilegal, y otra, por que somos cubanos, unos por nacimiento y otros por naturalización. Además, somos dignos, honrados y estamos alzados en armas para reconquistar una patria libre e independiente, según quisieron hacer nuestros antecesores”

En mayo del mismo año, a escasas fechas de la caída definitiva del ya considerado dictador Gerardo Machado, un corresponsal norteamericano afincado en La Habana, informó que había unos 600 hombres en diversas comarcas de Santa Clara, y que más de mil personas estaban colaborando con los insurrectos entre dicha población y Camagüey. Los insumisos, en efecto, no sólo contaron con el apoyo efectivo de los campesinos, que en su mayoría integraban esta nueva fuerza considerada “mambisa” al modo colonial, sino que contaban con algunos lugares para refugiarse y, sobre todo, con la imprescindible ayuda de los habitantes de los aislados predios rurales de la región.

Blas Hernández, caería muerto en el asalto al Castillo de Atares, tiroteado por un capitán del Ejército cubano afecto a Batista en aquellos momentos, Mario Alfonso Hernández, ascendido desde soldado poco antes. Antes de dar muerte al epónimo héroe había preguntado por él, y al contestar Blas, que se hallaba herido en una pierna, fue abatido por herida de bala en el pecho y en el cráneo por el arma de fuego que portaba el citado capitán. Más tarde éste moriría asesinado en Pinar del Río por orden del ya líder cubano Fulgencio Batista Zaldívar en los inicios de su fulgurante carrera política.

Aparicio Laurencio, estudioso cubano del proceso revolucionario que tenía lugar, dijo de Blas Hernández, que es un guajiro sano y leal y honrado y no está acostumbrado a las intrigas palaciegas. Su hijo Mario, integrado en las fuerzas armadas cubanas con el grado de teniente, al ver el ambiente de frivolidad en que tratan de envolver a su padre, los viejos camajanes de nuestra política, los famosos bombines , le dice un día: “no me está gustando esto viejo. Por lo visto no se acaba nunca y yo no quiero pelear más. Vámonos (sic) de la Habana, vámonos para el campo de donde vinimos"

En La Habana Blas Hernández realizó diversos contactos con dirigentes políticos y, según su hijo Mario, estuvo en una reunión confidencial a la que asistieron el ex presidente Mario García Menocal y Carlos Mendieta. Llegaría serle útil al propio Grau San Martín y al mismo Batista, con quienes mantuvo amistad.

Pero, ¿en qué terreno ideológico, más bien popular, se movía este líder prototipo de luchador agrario que el Dr. Manuel de Paz, analiza en un capítulo exclusivo de un amplio tratado al respecto?

 

Como apuntó en agosto de 1925, la revista Carteles , un semanario cultural cubano y de opinión, en la que participaba el famoso escritor Alejo Carpentier, en aquellos años como redactor jefe: La antigua clase de sitieros cubanos, cultivadores de viandas y sembradores de árboles frutales, está desapareciendo rápidamente, por la dedicación de las tierras a los cultivos de caña y la extensión de los latifundios bajo la presión de los grandes centrales azucareros dominados por accionistas extranjeros, indiferentes a nuestros problemas sociales. El cubano campesino, antiguamente afincado en un pedazo de tierra, sostén de su familia por varias generaciones, ha sido desplazado de su asiento. Reducido, a la condición de jornalero que deambula de colonia en colonia, de central en central, de finca en finca, con la guataca al hombro y el machete al cinto, en solicitud de ser empleado en calidad de peón, por la temporada en que su trabajo sea útil.

En esta clase asalariada había miles de canarios, a los que llamaban “isleños”, como así hemos dicho y se constata de entre las numerosas cartas de ésta época que conservan los familiares de los mismos en estas Islas.

Paralelamente, los colonos agricultores de la caña de azúcar, que habían adquirido un considerable relieve en el seno de la economía rural tras la independencia, “hasta llegar a constituir una clase social, casi única, participadora (sic) del caudal de riqueza que generaba el país”, sufren, con la industria azucarera, en manos yanquis sobre todo, fuerte desplazamiento. Esto ocasiona una “nueva orientación de los consejos administradores de fincas azucareras, los cuales tienden, desde hace algún tiempo, a la adquisición de tierras suficientes en las cercanías de las centrales industriales respectivas, para surtir, sin necesidad de intermediarios, la capacidad moledora de las fábricas”. Este fue el campo social abonado donde se encuadran las intervenciones, las más de carácter altruista, en que media nuestro nominado isleño .

Pero ¿quién era Blas Hernández, y cual fue su papel como caudillo agrario en la Revolución del 33 y en otros acontecimientos posteriores?

Nuestro héroe, se ajusta, además, al esquema de rebelde agrario cubano que hemos analizado, según nos dice el historiador Manuel de Paz. Nacido en Canasí (Matanzas), en 1879, viviendo de muy niño en otras zonas de Cuba, por el forzoso desplazamiento de sus familiares cercanos a la búsqueda de “peonadas”, como fue Jagüey Grande. Su padre, Leandro Hernández, era natural de Barlovento, un municipio del Norte de la Isla de La Palma en Canarias, según todos los indicios. Su madre, Micaela Martínez, había nacido también en la citada población cubana de Canasí, si bien parece ser era también hija de emigrantes. Más tarde, Blas Hernández, contrajo matrimonio con María Bartola Peña Rodríguez, también de ascendencia canaria tanto de padre como de madre, de cuya unión nacieron diez hijos según Manuel de Paz en el trabajo de investigación citado.

El origen de la singladura rebelde de Blas Hernández al margen de otras intervenciones en acontecimientos cubanos, se sitúa a principios de agosto de 1931, cuando se alzó en Morón – actual provincia de Ciego de Ávila- en el contexto de un levantamiento general, relativamente importante, contra la dictadura de Machado. Pese al fracaso de esta insurrección, que en principio aglutinaba las diferentes fuerzas insurrectas cubanas en aquel momento (incluidas las progresistas lideradas por Antonio Guiteras), surge el grupo capitaneado por Blas Hernández que resultará herido en una acción militar de envergadura contra las propias fuerzas regulares afectas (sic) al gobierno cubano. Subsistió y se reforzó en apenas un año de lucha, llegando a formar un cuerpo armado de más de medio millar de hombres, coordinados a través de un estado mayor con 15 oficiales, estrategas y asesores, muchos de origen “isleño”.

Es destacable la actuación relevante de Rafael García, isleño, en cuya finca de Boca Chica (estratégicamente situada entre las provincias de Santa Clara y Camagüey), se restableció Blas Hernández de las heridas sufridas en dicho encuentro y buscará seguro refugio ante el acoso de las fuerzas que en general Machado envió en su búsqueda.

Manuel Padrón, pero especialmente Francisco Negrín García, conocido por el “Isleño Negrín”, lugarteniente de Hernández, son protagonistas de cruentos encuentros con las fuerzas del ejército regular cubano y de diversas acciones guerrilleras

 

Como ya se ha publicado , El 2 de febrero de 1934, el periodista canario-español afincado en Cuba, el popular Gómez Wangüemert, aportó algunas cifras sobre la disminución de la población extrajera en Cuba: " ...los extranjeros eran en 1919, 625.000 españoles y 324.929 de otras nacionalidades; el aproximado se ha recudido en 1933 a menos de 500.000 españoles y unos 170.000 de otras partes. Se calcula que hay más de 150.000 españoles menos. No es aventurado decir 200.000 ahora, por efecto del decreto del 50 por ciento. Como no lo es pensar que en este año de 1934, de seguir las cosas como van se irán de Cuba 50.000, causando perjuicios notorios".

El 6 de enero, 1934, ya autodisuelto el DEU (Directorio Estudiantil Universitario), una asamblea general del sindicato de estudiantes, a la vez que denuncia la conspiración contra revolucionaria financiada por capital foráneo y en contra de toda intervención extranjera, rechaza a Grau “por haber defraudado los ideales universitarios y por encontrarse poco capacitado para cumplir el programa revolucionario .

En la sección “Desde Cuba”, del periódico La Prensa , en información al respecto, constatamos esta resistencia estudiantil que se hace patente “contra el embajador yanqui” a través del diario Alma Mater , órgano de los estudiantes , que publica lo que sigue : El Señor Benjamín Sumner Welles, visitó la Embajada Española después de los lamentables sucesos de Atarés, y comunica al Embajador de esta nación que de ese castillo se había extraído un camión con muchos prisioneros que fueron fusilados de inmediato (entre ellos el epónimo Blas Hernández, nuestro canario rebelde)

 

Fue una especie de Zorro californiano para los más desfavorecidos, en aquellos primeros años de la década de los treinta, parecía que el campo cubano, tan relevante en el proceso emancipador de antaño, se había adormecido bajo el peso del caciquismo rural que había domesticado por consenso táctico sus pasadas rebeldías. Los episodios del bandolerismo social , se habían desplazado, en efecto, hacia las comarcas centro y orientales, las de más intensa inversión especulativa de capital norteamericano.

 

Aquí es donde surge, el que sería considerado coronel Juan Blas Hernández, un descendiente de canarios, ya aludido, que como tantos otros rebeldes agrarios de la historia de Cuba, llevaron a cabo lo que se define como el bandolerismo en defensa social de los más pobres. Es importante también la consolidación en las comarcas fronterizas de las Villas y Camagüey lo que podríamos definir como la "oposición tradicional campesina".

Blas Hernández, mantuvo con su "ejército", entre los años 1931 y 1933, una singular resistencia contra el gobierno de Machado, que le llevaría a ser reconocido por la prensa norteamericana como El Sandino de Cuba como queda dicho por su similitud con Cesar Sandino, el político revolucionario nicaragüense que enfrentó a EEUU.

 

La protesta campesina tradicional había comenzado a ser sustituida progresivamente por la acción obrera de los bateyes de las centrales azucareras, bajo el asesoramiento de las agrupaciones sindicales incipientes . Si bien, como vestigio del pasado, resurgía la figura de este caudillo rural que, al igual que sus antepasados, presentaba una formación política rudimentaria y confusa, siempre proclive a las sugestiones de los políticos urbanos y a una suerte de lealtades caóticas e imprevisibles.

Surgió la revolución del 1933. Una revolución de todas las clases como diría Wangüemert, tal como alude en el famoso artículo de elogio a la Constitución de la II República española, que por sus ideas progresistas alabó en sus escritos.

 

En este contexto se define la heroica figura de Blas Hernández, quien otra vez alzado, ahora contra el Gobierno surgido del golpe de Columbia, y como analiza nuestro periodista palmero , el renombrado Luis Felipe Gómez Wangüemert, la muerte de nuestro epónimo compatriota, y añade: "comprometido” caudillo Blas Hernández, también con ascendientes palmeros como quedó dicho, en el fracasado movimiento que produjo centenares de muertos. Se situaba donde el peligro era mayor y estuvo allí donde morir era cosa de un instante. Y así se le vio al frente de numeroso grupo de alzados contra el Gobierno de Grau, defendiéndose desde la Jefatura de Policía que había tomado, haciendo fuego sobre Palacio, mientras Palacio lo ametrallaba desde sus azoteas. Sin posibilidades de mantenerse allí, se encamina durante la noche hasta el Cuartel de San Ambrosio donde es atacado (sic) por la artillería de los buques de guerra "Cuba" y "Patria", y en consecuencia opta por dirigirse al siniestro castillo de Atarés, para morir impertérrito y bravo.

En la horrible confusión del desigual combate se mostró heroico y cuando se izaron las banderas blancas en demostración de rendimiento, las tropas que subían las laderas que llevan al castillo, “hallóle” (sic) erguido, esperando...”

 

¿Quién o quiénes dejaron sin vida a Blas Hernández? ¿Cómo ocurrió el suceso? ¿Por qué?, se pregunta nuestro periodista en La Habana. Lo ignoramos después de oír opuestas referencias. Cuando la fuerza armada se adueñó de Atarés, llevándose en camiones miles de prisioneros y en otros a cientos de heridos, vimos desde la loma de Caple, cercana a nuestra vivienda... a unos soldados que descendían del castillo con el cuerpo inanimado del guerrero oriundo de estas Islas Canarias. Le faltaba la estrella que estaba en la escarpela del sombrero de anchas alas que ya no cubría la inclinada cabeza del rebelde...

 

Por nuestra parte, añadimos una razón más a las numerosas que hemos aducido para que el señor Welles, implicado en los hechos de Atarés, sea expulsado de Cuba y se devuelvan los pasaportes al máximo enemigo del pueblo cubano. Y se añade, “puede decirse cuanto vale y significa en esta conturbada (sic) República que se ha puesto en pie para impedir los fusilamientos de los Consejos de Guerra sumarísimos”. Se habla de la nulidad de los celebrados en los campamentos de Columbia y en el barco “Patria”. “Y se asegura que antes de imponer sanciones contra los alzados en la noche del 7 del actual se impondrá la última pena a los criminales que fueron autoridad en el Gobierno de Machado y cometieron los horrores que son del dominio público. También se ha desmentido, oficialmente, que las fuerzas militares de Columbia exigieron determinados fusilamientos” (textual)

 

En aquel estado de incertidumbre revolucionaria surge la figura del padre Viera , un sacerdote canario muy popular, párroco de la Iglesia del Cerro y periodista conocido por Wangüemert, que sostiene y dirige la escuela “El Salvador” para niños pobres, ha hecho que estos sean los primeros en dirigirse al Jefe del Estado clamando perdón y suplicando que no se autorice con su firma ninguna sentencia de muerte.

En otra parte de la misma columna periodística se lee: “Fue detenido el Director del diario Ahora , al que se acusa de ser uno de los dirigentes de la última rebelión. Las asociaciones de periodistas gestionan su libertad”. A su vez se habla de inminente huelga general .

 

En nuestro mismo diario provincial y con fecha 13 aparecen noticias procedentes de La Habana, previo al congreso obrero de la CNOC, mostrando la difícil situación por que atraviesa Cuba, leemos: La Habana 12. Las fuerzas gubernamentales han ocupado la ciudad de Santa Clara para hacer frente al movimiento comunista, iniciado en dicha población. La ocupación se verificó sin novedad, haciendo explosión, poco después, una bomba en el lugar donde se habían emplazado las ametralladoras, sin que causase víctimas. En la provincia de Cienfuegos los revoltosos colocaron una bomba en el periódico Justicia” , produciendo daños materiales de consideración.

Al día siguiente se lee que el Embajador de España en La Habana, ha protestado del asalto y saqueo de las tiendas, especialmente de españoles.

Se añade que en la Universidad de La Habana se reanudarán las clases el día 15 del corriente mes.

Sin embargo, el mismo día 15 unos ochocientos estudiantes del Instituto de La Habana, armados de palos y piedras, asaltaron las oficinas de la United Press , en la manzana Gómez, causando graves destrozos en el edificio. Para el día 17 se llega a pedir la dimisión de la figura estrella: el ya coronel Fulgencio Batista .

En la primera página de nuestro rotativo , en información urgente por cable desde la capital cubana, se describe el agravamiento de la situación, con fuertes disturbios frente al Palacio Presidencial, dos atentados en la Junta revolucionaria, estudiantes heridos, explosión de bombas en la capital que conduce a la proclamación oficial de la Ley Marcial .

No obstante, esta gesta cubana revolucionaria de agosto de 1933, será considerada “como una revolución imposible”, a decir del Dr. de Paz, por varias causas en contra, unas externas y otras internas, que la condujeron irremediablemente al fracaso. Las externas fueron promovidas por los Estados Unidos y su agente en La Habana, Mr. Welles, sumamente interesados en mantener la plataforma de control del Caribe en Cuba, a través de la Enmienda Platt suficientemente anudada a la Constitución Cubana, para ejercerlo. Las causas internas, son tal vez más complicadas por constituir un proceso de movilidad social masiva. Los diferentes grados de libertad son directamente proporcionales a la complejidad del fenómeno y a sus imprevisibles consecuencias, pero que, en cualquier caso podría afirmarse que la otra mitad de Cuba, la del paisaje, alusivo a la frase de un ministro de la época, que dijo: “Cuba es La Habana, lo demás es paisaje”, no pudo o no supo integrarse en el proyecto revolucionario, con lo que, para un país eminentemente agrario y con una profunda tradición de lucha campesina, tal situación era un síntoma evidente de debilidad.

 

El embajador supremo Welles, aunque sus palabras no fueran sinceras, resumió la situación en Cuba a mediados de septiembre de 1933, sólo unos días después del golpe de estado de los sargentos, de la siguiente forma: “El gobierno de los Estados Unidos, cree que lo que es preciso en este momento de grave crisis, es no solamente la determinación de un programa de largo alcance, sino la inmediata cooperación de todos los grupos en Cuba para la formación, el mantenimiento, y el respaldo de un gobierno que responda a la voluntad del pueblo, antes de que todo vestigio de gobierno en Cuba sea destruido bajo el imperio del caos ”.

 

Para Sunner Welles, sin duda, la estabilidad democrática de Cuba pasaba por su sometimiento a las directrices de los Estados Unidos, pero, por simple analogía, el caos revolucionario producido en la Isla en los años cincuenta, sí contó con una sólida base campesina y, por tanto, es posible que la hábil integración de los sectores rurales en el nuevo complejo revolucionario (el que fue llamado Movimiento de 26 de Julio), tuviera bastante que ver con aquellos movimientos sociales de agosto de 1933, que condujo al pleno éxito del triunfo castrista, que llamaremos “la tercera revolución cubana”. Es la que se consolida en enero de 1959 y de la que hemos tratado en páginas precedentes, considerando, por obvio, que la primera revolución habida fue la que sustentó la lucha de independencia contra España , a fines del siglo XIX y desde la mitad del mismo, en la que estuvieron implicados también al modo de Blas Hernández, muchos otros isleños como el que fue llamado el Sandino de Cuba .

 

 

 

 

 

 

 

 

De Paz Sánchez, Manuel, Investigación ULL, por gentileza, 1995, p.194 y 256.

La Prensa , Santa cruz de Tenerife, 7 de marzo de 1933, p.1 y 6

Ibídem, p.1

De Paz Sánchez , Manuel , Investigación , por gentileza, citado, 1995, p. 267

Paz Sánchez, M.A. de et al: El bandolerismo en Cuba: Presencia canaria y protesta rural, Taller de Historia (CCPC), La Laguna, 1993 y 1994, 2 vols.

Ángel Aparicio, Laurencio, Libro Blas Hernández y La Revolución de 1933 , p 59, que cita De Paz.

La Prensa de Tenerife, 7, p.7

Ibídem, 5, p.8

 

Ibídem, p.331

Ibídem, 10, p.8, Para el día siguiente, 10 en La Habana, se declarará la Ley Marcial.

Ibídem, 13, p.8, Se ha ocupado la ciudad de Santa Cara por fuerzas gubernamentales.

Ibídem, 18, p.8 en sección. Últimas noticias

Ibídem, 17, p.1, en información a dos columnas, con la foto de Batista.

Ibídem, 16 de enero, p.1 a dos columnas. Dimite Grau y le sustituye Hevia.

Leal Cruz, Miguel, Tebeto XI, Archivo del Cabildo de Fuerteventura , Puerto del Rosario, Artículo, “Cuba 98: Guerra cubano-hispano-americana”, Introducción, p. 7 y s.

Seis llegaron a ser los generales cubanos de ascendencia canaria, con protagonismo de una forma u otra en los campos de batalla en la isla antillana..