Waleriano Weyler y Nicolau, Marqués de Tenerife , desembarca en el Puerto de La Habana el día 10 de febrero de 1896, confirmado en el mando total y con amplios poderes de actuación, civiles y militares, siendo recibido con multitudinaria manifestación de apoyo en el mismo puerto y por las calles hasta el Palacio de Capitanía. Las principales peripecias de carácter oficial, desde su propuesta en España hasta su toma de posesión en Cuba, aparecen recogidos con carácter exhaustivo en los periódicos de la época nacionales entre ellos "Diario de Tenerife", y muchos extranjeros.
Como ya habían previsto los principales jefes cubanos en la ya considerada guerra como tal, Antonio Maceo y Máximo Gómez, la llegada del notorio general iniciaba una fase nueva en la estrategia militar española. Weyler sentía total desprecio por la "benevolencia" usada por Martínez Campos, que dio lugar a la llamada "invasión del oeste" y a las correrías de los principales jefes insurrectos cubanos en las mismas puertas de La Habana desde las provincias limítrofes, donde permanecían a la llegada y toma de posesión del nuevo Capitán General que ya conocía Cuba.
Más, como apunta el periodista norteamericano Philips Foner, evitar que Weyler pudiera vanagloriarse de posibles éxitos militares para ahogar la rebelión, en abierta guerra en toda la Isla, constituía el plan estratégico ideado por su oponente el General de color Antonio Maceo, llamado el Titán de Bronce. Ansiaba mostrar al mundo, y especialmente a la prensa de la época, lo fácil que resultaría aparecer con sus fuerzas en las mismas puertas de la capital en el preciso momento en que llegara el legendario Weyler. A estos efectos y para acallar las manifestaciones de júbilo prodigadas por los denominados voluntarios o españolistas, determinó atacar el poblado de Jaruco, días antes de la arribada del Marqués de Tenerife, fácilmente conquistado y con incautación de valioso material de guerra en fusiles Mauser, un arma poderosa para la época, municiones y otros.
Sin embargo dos meses después y como táctica bélica acordada procuró esquivar la batalla campal con los españoles, si bien a veces el enfrentamiento era irremediable, obligado por los esporádicos acosos del enemigo, cual fue la batalla de Cacarajícara, el 30 de abril. Allí perdió unos 200 hombres y más tarde 39 en Las Lajas en otro encuentro, producto de la estrategia usada por Weyler desde la trocha Mariel-Majana recién creada por el mismo, consecuencia del sistema ofensivo-defensivo.
El duelo entre Aaleriano Weyler y Antonio Maceo continuaba en el otoño sin que las fuertes lluvias de aquel año lo impidiera. El general y líder negro permanecía en las montañas de Pinar del Río, sin atreverse o por que no lo considerara conveniente, a romper la moderna línea fortificada con corriente eléctrica que atravesaba la Isla. Weyler, el 21 de octubre, dictó el famoso bando de concentración que alcanzaba a la región controlada por Maceo y que decía: Toda la población de Pinar del Río que viviera fuera de las fortificaciones de las ciudades habría de trasladarse en un plazo de ocho días, hasta los lugares designados por el Mando. A partir de aquel momento se consideraría rebelde a todo el que se encontrara fuera de una ciudad. Dos semanas más tarde el propio Valeriano Weyler emprendía la cacería feroz del que fue su más formidable enemigo en la guerra cubana: José Antonio de la Caridad Maceo y Grajal, general manbí de Santiago, tez oscura y enemigo de España, al que los cubanos llamaron y llamarán siempre El Titán de Bronce.
Pero una circunstancia inesperada nubló la estrella del valiente guerrero. El 29 de octubre recibió órdenes de Máximo Gómez, pidiéndole que atravesara urgentemente las trochas españolas y regresara a Camagüey en su ayuda. No era la primera vez que el general en jefe del ejército rebelde hiciera tal solicitud, que siempre logró sortear. Esta vez la cosa era más seria, pues se debía a serias desavenencias en la cúpula política del gobierno revolucionario cubano con la que Gómez discrepaba militarmente así como por su carácter individualista y egocéntrico. Conocía, al solicitar la comparecencia de Maceo, y era consciente del peligro que correría al atravesar las líneas españolas bien protegidas por la estrategia de Weyler, si bien también Maceo había llevado a cabo una organización militar eficaz con cien hombres bien entrenados en torno al mito de la invulnerabilidad del sistema de la trocha creada por Weyler y su ejército.
A la vista de estas circunstancias queda claramente descubierta la existencia de una gran crisis que ponía en peligro la misma Revolución cubana de liberación, que tan firme parecía unos meses antes, circunstancia que no es ajena a la táctica militar de Weyler. Maceo que se dispuso a acatar la orden superior, cuyo cumplimiento le costaría la vida, conociendo al viejo general dominicano, intuyó la gravedad de la situación y por tanto que tal requerimiento fue decidido sólo después de un cuidadoso análisis del prudente Máximo Gómez.
Antonio Maceo se dispuso a cumplimentar el llamamiento de su superior dirigiendo la marcha hacia la empalizada de Mariel que obligatoriamente habría de sortear. Era la línea preferida del general español transformada en un formidable obstáculo militar, equipada con luz eléctrica, torreones con vigilancia y guardada por cerca de 15000 soldados, y sin embargo no era un proyecto insalvable, puesto que el 18 de agosto, el asistente también de color que acompañaba a Maceo, Quintín Banderas, sigilosamente la había atravesado con cien hombres, aspecto éste que animó a Maceo en el plan proyectado, sin duda, a pesar del conocimiento que se tenía del nuevo armamento español, el temido fusil tipo mauser, y especialmente el enmarañanado(sic) servicio de información de Weyler, unido al prolífico plantel de traidores, servidores y rayadillos como llamaban en Cuba a los que abrazaban la causa española.
Su primer comunicado oficial a Madrid reflejaba claramente la gravedad de la situación, del que entresacamos:
"Cuando tomé el mando de esta Isla, Maceo estaba todavía en Pinar del Río- parece discrepar con otras fuentes- concretamente en Sabana del Mar, y el 11 en el molino de azúcar Laborí, cerca de Artemisa. Máximo Gómez, desde Oriente, se dirigía hacia Guayabal, a sólo 32 kilómetros de La Habana, por el Oeste, desde el molino Jamaica. Estaba acampado cerca del molino Portugalete, famoso por ser propiedad de Manuel Calvo, financiero que en la guerra anterior, había sido representante de los "voluntarios", y por estar muy próximo a la capital..., dónde reinaba el terror: mi predecesor, Martínez Campos, había tomado medidas contra un ataque enemigo... en Correos y en los principales edificios públicos, con equipos de "voluntarios" y de bomberos, y cada noche este admirable cuerpo vigilaba el sector externo de la ciudad, para impedir un ataque...La comida sólo podía llegar desde el campo a condición de "pagar a los rebeldes el impuesto que ellos pidieran ... Al dia siguiente de mi llegada, ellos, impidieron el aprovisionamiento de leche. Debería añadir que en la propia capital había conspiraciones, que entraban y salían municiones de diferentes tipos, y que... se había desvanecido todo respeto por la autoridad, y en todas partes se murmuraba contra España, en todas partes críticas y quejas...Nuestras distintas columnas, constituidas por contingentes aislados procedentes de cuerpos diferentes, y dirigidas por oficiales que no conocía, estaban deprimidas y no recibían alimentos de un modo regular. Había tal anarquía que, cuando los oficiales por un puesto militar, dejaban allí a algunos hombres y cogían otros nuevos. Las tropas tenían que abarcar un número enorme de granjas y pueblos... o sea que cuando un contingente era atacado, por los rebeldes, no contaba con ningún refuerzo positivo, y así se veían obligados a contemplar cómo ardían los cañaverales ante sus mismos ojos. Finalmente, la facilidad con que podían formarse guerrillas y fuerzas de voluntarios, para el bando español, concediéronse el grado de capitán o de comandante a cualquiera que lo pidera, producía... una gran falta de unidad en el mando, desistiendo muchos de ellos al cabo de poco, y lo que es más grave pasándose al enemigo con armas y municiones... Y cómo en el cuartel general no se tenía un conocimiento suficiente de todo esto, se comprenderá que el trabajo que el trabajo que me aguardaba era difícil e ímprobo ". (1).
Para agravar más aún la situación, la política yanqui-norteamericana "incentivaba", más claramente ahora, la ayuda a los rebeldes en armas, dinero e iniciativas. Las fuerzas del General Máximo Gómez, a quien Weyler conoció personalmente en Santo Domingo en 1865, (2) hacían gala de su capacidad militar en las mismas puertas de La Habana, burlando a las columnas enemigas que el nuevo mando envió en su persecución, con marchas y contramarchas, casi paralelas, que "despistaban" a los españoles. Maceo, el otro gran líder cubano de la guerra, que también luchó en la anterior contienda, "Guerra de los Diez años", llevaba a cabo planes de estudiada estrategia militar para desacreditar a Weyler ante la gran expectación creada con su llegada y sobre todo influir en los periódicos de la época, que trataban en sus primeras páginas la cuestión cubana, sabido como era que el nuevo general venía a "pacificar" la isla a " sangre y fuego " o a través de cualquier fórmula eficaz.
Evitar que Weyler se pudiera vanagloriar de posibles éxitos militares para ahogar la rebelión convertida en abierta guerra para toda la isla de Cuba, constituía el plan estratégico ideado por el General de color, llamado por ello "El Titán de Bronce".
José Miró Argenter su compañero infatigable, protector y lugarteniente a más de cronista en la campaña de Maceo, claramente explica en sus memorias la forma en que llevó a cabo el citado plan, puesto en marcha desde antes de la llegada del nuevo y temido Capitán General.
Consistía en: Primero.- Lidiar contra todas las columnas españolas que guardaban la comarca central del Pinar del Río; segundo.- Abrirse paso a mandoble allí donde encontraran resistencia sólida y tercero.- Encaminarse a la Provincia de La Habana, donde pensaban unirse a las columnas de Gómez, y hacer coincidir su presencia con las fechas de toma de posesión de Weyler en el mando del ejército español en Cuba".
Siguiendo la magnífica descripción militar que de este momento de la guerra aparece en el Libro "Fuerzas Armadas", Cuba, 1972, extraemos aquello que más concierne a nuestro protagonista nombrado por fuerzas vivas de Canarias "El marqués de Tenerife".
Para poner en práctica el plan ideado contra Weyler, Maceo encamina sus fuerzas hasta el Paso Real de San Diego de la provincia pinareña, en enero del mismo año 1896, entablando combate con la fuerte columna española de más de 2000 hombres al mando del Gral. García Navarro, quien, siguiendo órdenes superiores, las últimas de Martínez Campos, se retiró precipitadamente hacia La Habana, sin presentar batalla a los insurrectos, a donde habrían de reconcentrarse las tropas hasta la llegada del nuevo general en jefe.
Maceo le persiguió, siento interceptado por las columnas del Gral. Luque, y con una carga a "machete", famosa, y pérdidas para ambas partes, logró proseguir la marcha. Conquistada fácilmente la población de Candelaria, cuyos defensores "voluntarios" se unieron a las fuerzas de Maceo en su mayoría, continuó el avance hasta La Habana, en cuyas proximidades esperaría hasta el día doce de febrero, fecha anunciada para la llegada de Weyler, que viajaba en barco desde España.
Maceo ansiaba mostrar al mundo, y especialmente a la prensa, que resultaría fácil aparecer con sus fuerzas en las mismas puertas de la capital en el preciso momento en que llegara el legendario general. Contaba con unos dos mil hombres el día l7 de enero situados a sólo cinco leguas de su extra radio. A los efectos de acallar las manifestaciones de júbilo prodigadas por los "voluntarios" ante la llegada de Weyler, determinó atacar el poblado de Jaruco, fácilmente conquistado con la incautación de valioso material de guerra en fusiles, municiones y otros.
Informados los españoles que las fuerzas de Maceo y Gómez, se habían reunido en la Finca "El Boniato", lanzaron contra ellos cuatro fuertes columnas, concentradas en La Habana, obligando a las fuerzas mambisas a retirarse, y decidir sus jefes desplazarlas hasta la provincia de Matanzas limítrofe, a la espera de las decisiones que tomará Weyler. Efectivamente, el nuevo Capitán General, a su llegada, procedió a la reorganización del ejército español en Cuba, tal como había previsto. Creó tres cuerpos y un buen servicio de información y espionaje, sin olvidar la fundamental naturaleza defensiva usada como estrategia militar española a lo largo de la guerra cubana, así como la división de la isla en tres zonas.
Su meta fundamental era asediar a las fuerzas de los insurrectos en las provincias occidentales, especialmente Pinar del Río, para aplastarlas contra la línea de las trochas, sobre todo en la que él creará entre Mariel y Majana. Proceso que repetirá contra la de Morón- Júcaro, mandada construir por Martínez Campos, para controlar y derrotar a las fuerzas mambí, entre ambas trochas, y finalmente, confinados los insurrectos en el extremo oriental, serían finalmente derrotados por el ejército español mayoritario y mejor dotado que el mambí. Mientras tanto, la política de reconcentración ideada, continuaría funcionando para privar a los rebeldes del apoyo de los campesinos, así como por la falta de información y la miseria creada entre ellos que harían disminuir el deseo del pueblo cubano por resistir.(3).
Estos magníficos augurios de Weyler, estuvieron a punto de confirmarse en el verano del siguiente año, 1897, de no haber surgido el acontecimiento político, que sin duda marcó y cambió radicalmente el devenir de la guerra y su resultado político final: el asesinato del presidente del Gobierno español Cánovas del Castillo, en San Sebastián, el 8 de agosto de dicho año.
Con aquel objeto preconcebido Weyler, una vez comprobado in-situ lo grave de la situación, publicó una serie de bandos que afectaban prácticamente a todos los aspectos del quehacer cotidiano de los habitantes de Cuba, especialmente el de la "reconcentración", definitiva a fines del año, ya ideada por Martínez Campos y que nunca puso en práctica, y al que dedicamos un apartado sobre las consecuencias y resultados de esta política de desplazamientos humanos masivos.
El 19 de febrero, dos días después de la firma de tales bandos, sus principales enemigos en la contienda los generales cubanos Antonio Maceo y Máximo Gómez, se entrevistaron en Soto para discutir las órdenes dictadas por Weyler llegando a la conclusión que tales medidas, que afectarían mayoritariamente al pueblo cubano más pobre y miserable, serían a la larga beneficiosas a la causa, al comprender los mismos cubanos que el enemigo común a batir era el ejército español y su administración en la isla.
Ambos acordaron que a partir de aquel momento evitarían los encuentros con las tropas que Weyler formaba en las cercanías de La Habana y en su virtud modificaban la táctica a seguir y los lugares en que operarían, de tal forma que Gómez actuaba en las provincias centrales de la isla y Maceo continuaría la guerra en las región occidental. El día 23 de febrero, "El Titán de Bronce" ya estaba operando en el valle del Guamacaro de la zona de Matanzas, y en el molino La Perla celebraron el primer aniversario de esta Revolución con una fiesta.
La desaparición del general negro de la Provincia de La Habana, produjo el consiguiente rumor sobre su muerte, táctica que los españoles ya habían usado, más la acción de La Perla, el 25 de febrero, hizo ver que no era cierto.
El diez de marzo, Maceo y Gómez se encontrarían de nuevo, esta vez en el lugar conocido como "El Galeón", última en que ambos próceres de la independencia cubana se unieran, toda vez que Maceo moriría más tarde en lo que parece fue una emboscada. Ratificaron sus anteriores acuerdos sobre la guerra a seguir y Maceo se dirigió a Pinar del Río, atravesando la provincia de La Habana con gran burla para las tropas españolas, y al propio Weyler que había prometido pacificar la provincia de Pinar del Río, como primera medida de carácter militar.
Pero el general español, no aceptó tal afrenta con ligereza, y decidió encerrar a Maceo, construyendo la nueva trocha, que tenía ideada desde su salida de España, modernizada, y equipada con luz eléctrica, a través de la estrecha cintura de la isla que va de Mariel a Majana, situada en el límite provincial entre La Habana y Pinar del Río; en su afán de vencer a Maceo concentró gran número de tropas con olvido para otros puntos estratégicos de la isla en guerra general. Las acciones continuaban con singular ferocidad. Desde la región central, Máximo Gómez enviaba una circular, el l5 de abril, desde su cuartel general ambulante, declarando las órdenes a seguir en torno a la zafra del azúcar: " Los propietarios de los molinos que continúen moliendo... serán ahorcados inmediatamente. Sólo es necesario identificarlos". La función desempeñada por la "tea bendita", como la llamó el apóstol de la independencia cubana José Martí, muerto en misterioso combate en la localidad de Dos Ríos al inicio de la guerra, continuaba por sembrados, campos y haciendas, al objeto de hacer ver a cubanos y no cubanos que la guerra era total y definitiva.
Maceo esquivaba en la provincia pinareña la batalla campal como táctica a seguir ya acordada, si bien a veces se enfrentaba irremediablemente, obligado a librar encuentros esporádicos contra el acoso de los españoles, cual fue el caso de la batalla de Cacarajícara, el 30 de abril. Allí perdió 200 hombres y más tarde 39 en Las Lajas, consecuencia del sistema defensivo y ofensivo ideado por Weyler desde la nueva trocha. Máximo Gómez desde su cuartel oriental igualmente, permanecía a la expectativa sin deseo de enfrentamientos directos, pero no por ello inactivo, puesto que la táctica de "tierra quemada" asombraba al mundo por su incidencia negativa para la subsistencia y para la infraestructura económica, ya casi totalmente destruida. A mediados de 1896, Cuba presentaba un aspecto desolador con las haciendas azucareras inactivas. La mayoría de la población masculina se había unido a los rebeldes o a las fuerzas españolas de guerrillas para no morirse de hambre. Sin medidas sanitarias la viruela se extendía por todas partes, a la que se unía las fiebres típicas del verano en esta región tropical, anidando fácilmente con el hambre y la miseria.
Weyler luchaba contra todo tipo de adversidades además de otra seria dificultad en el interior mismo de La Habana por falta de verdadera adhesión a la causa española. El mismo dejó escrito: " Muchos gérmenes de separatismo, que conspiran para ayudar a los rebeldes por todos los medios. Las fábricas de tabacos son sus centros oficiales, pues allí, los lectores leen libros y artículos separatistas, junto con noticias, falsas o exageradas, del transcurso de la guerra, fomentando así entre los trabajadores el odio hacia España... Los sábados, después de recibir su paga semanal, se hace una colecta a favor de los rebeldes. Todo esto, dada la destrucción de las plantaciones de tabaco, sobre todo en Pinar del Río... y los empleados en paro, influidos por la propaganda, van, de un modo natural, a sumarse a las filas de la insurrección".
El duelo de Weyler y Maceo continuaba en el otoño, sin que las fuertes lluvias de aquel año lo impidiera. El general negro permanecía en las montañas de Pinar del Río, sin atreverse, o por que no lo consideraba conveniente, a romper la línea fortificada de Mariel-Majana. Weyler, el 21 de octubre, dictó una de las primeras órdenes de "concentración", para la región que controlaba Maceo que rezaba: "toda la población de Pinar del Rio que viviera fuera de las fortificaciones de las ciudades habría de trasladarse en un plazo de ocho días. A partir de entonces se consideraría rebelde a todo el que se encontrase fuera de una ciudad fortificada y se le trataría como tal. Los que tuvieran ganado habrían de llevarlo a la ciudad más próxima". Dos semanas más tarde el propio Weyler comenzaba "la cacería" del que fué su más feroz enemigo en la guerra cubana: José Antonio de la Caridad Maceo y Grajal, general mambí de Santiago, tez oscura, al que los cubanos llamaron y llamarán siempre "El Titán de Bronce", biografiado con variedad de detalles por el historiador cubano José L. Franco en "Apuntes para una historia de su vida", tres tomos, La Habana 1973. De él dice: "El general Maceo representa el sentimiento de lucha, el espíritu de sacrificio, la generosidad humana, la nobleza, el orgullo nacional y la intransigencia revolucionaria, en un siglo de combates" (4)
Las medidas tomadas por Weyler, no amilanaban a los mambises de Maceo, que habían recibido material de guerra- expedición de Leyte Vidal- y se hallaban dispuestos para combatir en una gran batalla contra las fuerzas españolas venidas a su encuentro desde la trocha de Mariel. El 14 de octubre, sólo unas dias antes de las "duras" instrucciones de Weyler, un corresponsal escribía: "En el presente, estando mejor organizados y bien abastecidos con armas y municiones - se refiere a los rebeldes bajo las órdenes de Maceo que han alterado sus tácticas, casi estáticas hasta aquel momento- y están ofreciendo resistencia a las tropas españolas. En los últimos días han tenido lugar cinco choques bastante serios... la crudeza con la que ambos bandos combaten, es una indicación de que la guerra ha entrado en una fase nueva y más activa."
Estas circunstancias, contribuirían sin duda a la decisión tomada por el General Weyler para dictar órdenes de carácter mas represivo al objeto de "controlar la situación adversa".
El primer combate de Maceo, tras recibir los nuevos suministros, tuvo lugar el 23 de septiembre en la localidad de Montezuelo. Los españoles se retiraron del campo de batalla con 68 bajas, pero fue en el decisivo combate de Ceja del Negro, el primero de octubre en el que los españoles, a pesar de la superioridad numérica, sufrieron una importante derrota, puesto que las columnas españolas fueron barridas por la eficaz artillería de Maceo - nuevos cañones de construcción norteamericana traídos a Cuba por filibusteros yanquis -. No obstante, la victoria de Maceo le supuso doscientas y más bajas, la mitad de sus efectivos, en aquel momento, con que se mantuvo frente a los continuos ataques del ejército español, más organizado y mayor en número; si bien su optimismo y espíritu de victoria no decaía, y de lo que siempre hizo gala el general mambí.
El 29 de octubre recibió órdenes de Máximo Gómez, pidiéndole que atravesara urgentemente las trochas y regresara a Camagüey en su ayuda. No era la primera vez que el general en jefe del ejército rebelde le hiciera tal petición que siempre logró sortear. Esta vez la cosa era más seria, pues se debía a las graves desacuerdos en la cúpula política del gobierno revolucionario cubano a la cabeza de Cisneros Bethencourt, canario de origen, con el que Gómez discrepaba militarmente y por su forma de ser individualista y egocéntrica; también por que el signo de la guerra cambiaba, favorable para el ejército español consecuencia de la nueva táctica empleada por Weyler en el mando.
Como bien apunta Philip Foner (5) " No había nada nuevo, en estas incongruencias del mando civil y militar cubanos. Durante muchos meses ciertos miembros del gobierno civil habían llegado a irritarse extremadamente por su propia falta de importancia a causa de la fuerte individualidad de Gómez; éste insistía obstinadamente en vigorizar la política que consideraba esencial para la victoria. Cada vez estaban más reticentes sobre la forma en que Gómez sumariamente desechaba sus planes para obtener dinero, haciendo excepciones para su política de destrucción... su política terca de destruir toda la riqueza. Hubo momentos de verdadera división entre los líderes revolucionarios, sin embargo el general en jefe dominó la disputa y sus oponentes renunciaron, obedeciéndole".
Gómez, al solicitar la comparecencia de Maceo, era plenamente consciente de la importancia que para la causa llevaba a cabo el general negro en la zona del oeste de la isla - pero también el peligro que implicaba cruzar las líneas españolas-. Como el mismo Gómez señaló a Estrada Palma, el hecho de que los españoles tuvieran que concentrar tantas fuerzas contra Maceo les había debilitado en muchos otros lugares estratégicos, dando lugar a que se reorganizaran y se hallaran a punto operaciones militares en Guantánamo, Santiago o Camagüey. También Maceo había llevado a cabo una organización militar eficaz "con hombres bien entrenados" y en su torno "el mito de la invulnerabilidad del sistema de la trocha que creara Weyler"
A la vista de estas circunstancias, queda claramente descubierta la existencia de una gran crisis que ponía en peligro la misma Revolución, que tan firme parecía unos meses antes, circunstancia que no es ajena a la táctica militar de Weyler. Maceo, que se dispuso a acatar la órden cuyo cumplimiento le costaría la vida, conociendo al viejo general dominicano, intuyó la gravedad de la situación y que tal requerimiento fue decidido sólo después de un cuidadoso análisis por Máximo Gómez.
Antonio Maceo, dispuesto a cumplimentar el llamamiento de su superior, comenzó la marcha hacia la trocha de Mariel, que obligatoriamente habría de sortear. Era esta la línea preferida de Weyler, transformada en un formidable obstáculo militar, equipada con luces eléctricas, torreones con vigilancia y guardada por cerca de 15000 soldados españoles, no era, sin embargo, un obstáculo insalvable, puesto que el 18 de agosto, el asistente negro de Maceo, Quintín Banderas, sigilosamente la había atravesado con cien hombres, aspecto éste que animó a Maceo, sin duda.
El 9 de noviembre el líder negro en su avance se encontró con las columnas de vanguardia de Weyler que logró sortear con habilidad y esfuerzo, perdiendo un tercio del contingente que le acompañaba. Al día siguiente quedó rodeado por el grueso de la fuerza española -18 batallones de infantería y 6 batallones de artillería, un total de 6000 hombres- al mando directo del propio general Weyler, contra el que Maceo sólo podía enfrentar unos 150 hombres, al haber perdido otros tantos en choques habidos con el enemigo, cómo asi apuntan fuentes cubanas.
El 11 de noviembre, después de burlar el acoso, Maceo se encontró ante la línea fortificada, totalmente contrariado, puesto que marchaba con retraso a lo previsto y al comprobar la verdadera fuerza de la trocha, que le impediría cruzarla con facilidad, se propuso permanecer oculto con sus hombres de máxima confianza, a la espera de información que le legaría el 25 del mismo mes.
El general Maceo, conocida la información optó por rodear la trocha por el mar a la altura de Mariel, en barco, con diecisiete hombres escogidos. En la noche del 4 de diciembre consiguieron pasarla, burlando la guarnición española y la cañonera costera - por la neblina existente -, yendo a refugiarse en La Merced, un trapiche abandonado para contactar con unidades rebeldes de la provincia de La Habana, previamente avisadas del plan que, puesto en marcha en la localidad de San Pedro, consistía en atacar la población de Marianao, muy próxima a La Habana, y una vez que se obtuviera éxito en la acción, podría significar, a decir de Maceo, la inmediata destitución del general en jefe español, Valeriano Weyler y Nicolau.
Sin embargo, es necesario recordar aquí el conocido tópico extraído del refranero español que dice: "El hombre propone y Dios dispone", a lo que habríamos de añadir, que es éste otro oscuro acontecimiento que la Historia guarda en sus todavía muchas de sus incógnitas indescifrables. Nos referimos al hecho valeroso protagonizado por Maceo, en cumplimiento de órdenes superiores, cruzando una línea militar tenida por inexpugnable, sin hombres, sin información, y conociendo que al otro lado le esperaba su mayor enemigo, que tenía como orden del día permanente, la caza y captura del general rebelde que más le "incomodó" en la contienda cubana a la que fue enviado desde españa con único fin: ganarla.
En la página num.436, de forma breve y escueta, "Fuerzas Armadas de Cuba", La Habana 1972, se analiza este lamentable hecho para la historia de la isla, por la pérdida del valeroso general, empecinado en liberar a Cuba e independizarla de España, texto que lo expresa, a partir del momento que Maceo cruzó la trocha por Mariel, de la forma siguiente: "Provisto de caballos por las fuerzas - insurrectas - de la provincia de La Habana al mando de Sánchez Figueroa -coronel jefe de la brigada del sur que había acudido a San Pedro de Hernández, Punta Brava- , se dirigió con 72 hombres a dicha población de San Pedro. Sorprendidos por numerosas fuerzas al mando del Coronel - español- Cirujeda, entablándose un combate que Maceo estimaba ganado por sus hombres - realmente disponía de pocas fuerzas-. Pero allí moriría cruzado a balazos, el héroe epónimo de la Nación, el revolucionario más consecuente y decidido de nuestras gestas libertadoras. Junto a él también caía -crueldades del destino -, el hijo del General en Jefe, Pancho Gómez Toro", que acompañaba a Maceo para reunirse con su padre, a requerimiento de éste. Añade dicho texto que " con esta muerte perdía la revolución - del 95 - al hombre capaz de librar el "Ayacucho cubano", antes de que el imperialismo norteamericano - al que Maceo defenestraba por temor a las apetencias ya desatadas sobre Cuba -desencadenara la intervención armada - en el Caribe -, y con la seguridad que al igual que en " la protesta de Baraguá ", el 15 de marzo de 1878, ante Martínez Campos -existe el convencimiento de que Maceo, jamás hubiera aceptado la afrentosa Enmienda Platt". El profesor cubano D. José Cantón Navarro, en su libro "Cuba: El desafío del yugo y la estrella", sobre la muerte del líder negro, en la página 68, indica: "Al morir el Titán de Bronce presentaba en su cuerpo 26 cicatrices de arma de fuego. Había peleado en más de 900 combates y le rodeaba una leyenda de invulnerabilidad, por lo que fue muy difícil para las tropas mambisas aceptar la realidad de su caída. Cuba perdía con él, no sólo a un jefe militar y guerrero extraordinario, sino también a un líder de pensamiento revolucionario radical y de una lealtad extrema a la causa independentista, a la unidad de las fuerzas patrióticas - por las que murió - y del pueblo en general, así como a los ideales anti imperialistas, latinoamericanistas e internacionalistas que guiaron su vida".
Otras fuentes de investigación histórica, profundizan y añaden datos sobre éste hecho de gran repercusión en la prensa y en el mundo de la época. España lo celebró como triunfo militar e incluso en Canarias, en cuya capital, Santa Cruz de Tenerife sede de la Capitanía General, a cuyo frente estuvo Weyler desde 1878 a 1883, hubo "todo tipo" de celebraciones. Al difundirse por esta capital la muerte de Antonio Maceo, el capitan general, un navarro de bigote felpudo y traza avinagrada, a decir de Raúl Roa, p.214, ya citado, organiza un ostentos" Te deum" y una demostración pública de júbilo. Muchos isleños permanecen ausentes de estos actos, al igual que ocurriera con la caída y muerte de Agramonte, ya que se sienten "canarios" y no españoles. Los peninsulares que desfilan al frente del desordenado cortejo portan la efigie del general Weyler. Llenan el aire con insultos, bravatas y groserías. Algunos manifestantes, ebrios de alcohol y de sevicia, proponen a gritos asaltar las casas de Ramón Roa, el cubano desterrado a Canarias por orden de Martínez Campos, y de su amiga Aurelia Castillo González. Ramón Roa, dice su nieto, les espero revólver en mano en la azotea de su casa santacrucera, en compañía del amigo isleño, su protector Manuel Rallo, que había desempolvado su escopeta de caza. Los provocadores sólo se atreven a merodear por las inmediaciones. Días después aparece embarrada de inmundicias la puerta del cabildo insular en señal de protesta, y es partir de aquel momento cuando la guardia civil española perseguiría a Roda a todas partes".
Es lógico, que este singular acontecimiento, desde cualquier perspectiva, produjera en los cenáculos políticos, la prensa y la opinión pública de la época, el consiguiente " revuelo " en cuanto a las opiniones vertidas sobre el hecho y sus consecuencias para la insurrección cubana derivada a plena guerra, en aquel momento favorable a España.
Los corresponsales tergiversaban las noticias a conveniencia de sus líneas de acción periodísticas. En la prensa neoyorquina, la que más de cerca seguía los acontecimientos, se dijo que Maceo había sido asesinado a traición o que le habían invitado a parlamentar y en el acto le habían matado, que no es de extrañar conocidos lo métodos y actuación de los servicios de información españolas en aquella guerra, que culminaron en la emboscada, si bien sobre esta muerte, se han barajado toda clase de conjeturas, incluso la muerte por uno de sus allegados: un tal Zertucha. (ver artículo en Cuba Nuestra, periódico digital sueco).
El Congreso norteamericano se reunió más de lo normal, y sus acuerdos oscilaban desde resoluciones pro-beligerancia cómo la de Cameron o actitudes más racionales como las del propio presidente Cleveland, tratando de frenar la oleada bélica, aunque, el día en que murió Maceo, fue obligado a admitir en su mensaje al Congreso el siguiente texto: " Habiéndose manifestado la incapacidad de España - todo lo contrario en aquel momento - para habérselas con la insurrección cubana... nuestro deber para con la soberanía de España será reemplazado por deberes más altos que difícilmente podemos vacilar en reconocer y cumplir", refiriéndose a la declaración clara de beligerancia, en la que intervendría Norteamérica con ayuda material y humana-. Sin embargo añadió: " Si España ofreciera a Cuba una verdadera autonomía - una disposición autonomista que, manteniendo la soberanía de España, satisfaciera (sic) todas las demandas racionales de los súbditos españoles - no habría un verdadero motivo que impidiera la pacificación de la isla ".
Como era de suponer esta propuesta de Cleveland, no satisfizo a los que realmente deseaban: "la guerra y sus consecuencias", proponiendo el senador Cameron el reconocimiento a la "República Cubana", que fue aprobada bajo la influencia que la prensa impuso en la versión dada a la muerte de Maceo, " cómo un crimen más cometido por los españoles en América", influyendo igualmente, entre los congresistas y opinión en general, las caricaturas grotescas que desde La Habana enviaban al periódico The World, sus dos empleados de confianza Remington y Harding, expresamente enviados para tal fín por el expresado rotativo considerado, a través de la línea editorial seguida por su director Hearst, incitador de la guerra, el más independiente del momento y más anti-español de la prensa yanqui-norteamericana, a quien España debería recordar la misma política defensiva para "la masacre" de indios en las reservas asignadas en aquellos territorios que fueron españoles.
Tras la muerte del líder negro Maceo, Weyler, muy optimista al considerar pacificada la parte oeste de la isla, puso en práctica su plan preconcebido cual era ocuparse de Máximo Gómez estacionado en la parte central y oriental.
Incluso antes de la muerte del líder negro, Weyler, creyendo próxima aquella pacificación occidental, dictó una orden el 19 de diciembre, por la que pensaba poner en ejecución la táctica ya planeada de invasión de oriente, de la que entresacamos: " ...Mi propósito es que, durante mi estancia en Pinar del Río, no quede un lugar o una montaña sin haber sido atravesada por la correspondiente columna - se refiere a las provincias de Habana y Matanzas, con la intención de operar rápidamente a su regreso de la zona de Pinar del Río -, y que se haya acampado en los sitios realmente sospechosos...". Era su objetivo peinar la zona con el propósito de evitar obstáculos en su próxima salida hacia Santa Clara y Camagüey.
En cambio, Máximo Gómez, había recibido la noticia de la muerte de Maceo junto a su propio hijo Francisco, que pretendían reunirse con él a su requerimiento, hallándose en Oriente, y creyendo que ambos habían sido asesinados, informado por la prensa de Hearst, se dispuso a movilizarse para atacar a los españoles. Con ferocidad y fuerte resentimiento, se dirigió con las fuerzas hacia la trocha de Morón- Júcaro, para internarse en Matanzas, cambiando su táctica, estática hasta aquel momento, con destrucciones económicas, a la de la acción directa, que favorecía los planes de Weyler. Desde su posición privilegiada en Oriente, controlado eficazmente por el general Calixto García, y desde el cuartel general de Gómez en Camagüey - casi la mitad de la isla estaba controlada en este momento a excepción de las ciudades -, llevaron a cabo la llamada Campaña de la Reforma entre Las Villas y Camagüey, ocupación que se efectuó con tanta contundencia que las numerosas tropas de Weyler no pudieron tomar aquel pequeño territorio defendido por un pequeño número de soldados cubanos, a decir del propio General Gómez.
En Oriente, Calixto García obtiene a principios del verano el éxito en la toma de la Ciudad de Victoria de Las Tunas y Guisa, importantes centros de abastecimientos y operaciones del ejército español, ciudades en las que los rebeldes cubanos lograron un importante botín en material de guerra e incluso con numerosos prisioneros.
Máximo Gómez, a principios de junio, siguiendo con su nueva táctica de ataque a los españoles, se desplaza hasta Jinamaguayú en la provincia de Camagüey, desde donde prepara y obtiene la victoria de Saratoga, contra una columna española que le buscaba. Generalizada la batalla, en la tarde-noche del día 9, con fuerte acoso de la artillería española, Gómez dispone que se acose al enemigo durante toda la noche a través de guerrillas, mientras otras cortaban la alambrada que impedía el ataque directo contra las columnas españolas, único modo de cargar a machete. Sin embargo, Gómez ordena la retirada refugiándose en el batey de la finca Saratoga, donde son acorralados durante más de treinta horas, esperando refuerzos, pero sorprendentemente los españoles emprenden la retirada por el camino real que va a la ciudad de Puerto Príncipe, hoy Camaguey (7).
Las circunstancias de la guerra hispano-cubano, no marchaban lo bien que deseaban los insurrectos y cubanos favorables a la independencia. Los contundentes éxitos de las fuerzas de Weyler, - en número, formación, armamento y disciplina, muy superior - marcaban el curso de los acontecimientos hacia el triunfo en estos momentos, junio, julio y agosto de 1897.
A tal respecto Hugth Thomas (8) nos aporta "... El optimismo español había crecido... A principios de verano el único cabecilla rebelde destacado que quedaba en el oeste de Cuba, Quintín Banderas, se hallaba rodeado. Máximo Gómez, en Santa Clara, no tenía muchos seguidores... y solamente la región de Oriente, fuera de las ciudades, era lo que quedaba a Weyler por someter...", por aquellas fechas. Sin embargo, añade, " el costo de la guerra en hombres y dinero... y conocido el peligro, siempre latente, de intervención de los EEUU, era motivo para la incertidumbre, aun teniendo en cuenta los claros éxitos militares españoles en Cuba...", y también en Filipinas.
La carta que el presidente de la junta cubana en Nueva York, Estrada Palma, escribió el 17 de junio al General Calixto García, en contesta a otra suya en que pedía "ayuda" para la guerra contra España, es sumamente esclarecedora; " Comprendo..., le decía, su difícil situación. La verdad es que las fuerzas de Oriente y Camagüey son las únicas que se han movilizado en su totalidad, tanto en esta guerra como en la pasada - de 1868 a 1878 -. Recordará Vd. que el general Rolof tuvo la idea de cruzar desde Las Villas hasta Camagüey para armarse y disponer allí un convoy de municiones. Desde luego, los hombres sin armas no pueden ahora cruzar la trocha... de no ser así ésa habría sido la manera racional de incrementar las fuerzas de las Villas... Ahora estoy haciendo una especial petición de fondos a los emigrados. Tengo poca confianza en el resultado por que, en realidad, aquellos a quienes les ayuda algún valor patriótico tienen unos recursos financieros cada vez más pequeños, y los ricos, con pocas excepciones, son sordos a la voz del deber. Muchos de ellos, sin duda, verían con gusto un nuevo sometimiento de Cuba a España... "
La única ayuda efectiva para la revolución cubana en estos momentos, era la prensa yanqui- americana y las continuas protestas del Secretario de Estado, Sherman, ante el gobierno español por los métodos de Weyler, a la que España contestó indicando " que si bien la guerra era dura, también había sido la civil americana, y se refería, a la invasión de los generales Hunter y Sheridan por el Shenandoah, a las actividades del general Sherman en Georgia, y a otros puntos oscuros de la historia de los EE.UU.". El mismo general Sherman, ya anciano, había defendido la política militar de Weyler, justificándola ante la táctica destructora de Máximo Gómez. (9)
Al comienzo de julio, éste general, impotente, se encamina hacia provincia de Oriente, donde tuvo que mantener la disciplina, decaída desde algún tiempo, acompañado de la conducta ambigua de numerosos comerciantes, poniendo orden y remedio, y procediendo a la destrucción de bienes económicos, que por pertenecer a familias extranjeras, en principio afines a la Revolución, no habían sido destruidos con anterioridad. Regresó nuevamente a Camagüey, después del fatídico mes de agosto para la causa española por el asesinato del presidente del Consejo de Ministros Cánovas del Castillo, día 8 en circunstancias históricas no suficientemente investigadas, para atacar y poner sitio al pueblo de Cascorro en el momento en que el general en jefe Valeriano Weyler, se hallaba ya bajo "la espada de Damocles " para su destitución y relevo, octubre del mismo año, no por motivos militares exclusivamente sino netamente políticos y de presión yanqui-americana. A partir de estos momentos, siguiendo los hechos, España perdería La Guerra de Cuba a pesar de las medidas de buena voluntad que siguieron a la destitución de nuestro protagonista.(10)
NOTAS A PIE DE PAGINA
(1).- Armiñan Pérez, Luis, Weyler, Ed. Gran Capitán, Madrid, 1940, y que igualmente apunta en las memorias que Weyler y Puga recoge en el libro "En los archivos de mi abuelo", Madrid, 1946, referidas a su padre.
(2).- Gómez, Máximo. Nació en Baní -República Dominicana - en el año 1836 y falleció en La Habana en 1905. Comandante de la reserva dominicana que el gobierno español trasladó a Cuba en 1865. Se unió a los rebeldes cubanos incorporándose a la guerra de "Yara" con grado de sargento, finalizando en la misma como Jefe máximo del ejército cubano en 1878. Intervino en todos los intentos insurreccionales posteriores contra España hasta 1895, año en que asumió, a requerimiento del ideólogo cubano José Martí, el mando de los insurgentes levantados en armas en Baire el 24 de febrero. Dirigió la guerra en calidad de Generalísimo del Ejército Libertador, planteando la "invasión de Cuba" junto a Maceo, desafiando el poderío militar español representado por más de 200.000 hombres, en el momento cumbre de rivalidad contra Weyler, al que había conocido y junto al que luchó en Santo Domingo, en el bando español.
Imprimió una disciplina austera al ejército mambí y logró, tras variadas peripecias que le favorecieron como fueron la ayuda USA, muerte de Cánovas, voladura del Maine, etc. la independencia de Cuba como territorio español en 1898. Llegó a presidente de la joven república, en 1901 a pesar de su origen extranjero domincano.
(3).- Foner, Philip S.,"La guerra hispano-cubano-norteamericana, 1895-1898 y el nacimiento del imperialismo norteamericano", Madrid 1975, aludiendo a la obra que dejó escrita el mismo general Weyler, "Mi mando en Cuba", Madrid, 1910, vol. II, p. 538-540, y que su nieto Weyler y Puga comenta.
(4).- Antonio María de la Caridad Maceo y Grajal, nació en Santiago en 1845 y murió combatiendo en San Pedro, Punta Brava, en dic. de 1896. De ascendencia africana, se incorporó a la guerra de Yara, en 1868, con toda su familia luchando durante los diez años que duró hasta el pacto de Zanjón, que no acató, protestando ante el mismo Martínez Campos en Baraguá, antes de marchar al exilio.
Asumió la dirección de la nueva y definitiva guerra de 1895 junto a Máximo Gómez y José Martí, liderando la campaña denominada como la "Invasión del oeste", desde oriente y que culminó en Mantúa la parte más occidental de la isla, provincia de Pinar del Río. Murió combatiendo en diciembre de 1896, próximo a La Habana, centro neurálgico de la administración española, cuando intentaba atacar la localidad de Marianao.
Su padre, Marcos, era de origen venezolano y también había muerto en combate durante la toma de Santa Cruz del Sur, en septiembre de 1873.
(5).- Foner, Philip S., obra citada, según interpretación considerada.
(6).- Efectivamente la táctica empleada ahora por España en la guerra, con la intermediación valiosa de Weyler, comenzaba a dar resultados, y sin lugar a dudas la muerte de Maceo, fue una importante victoria de los españoles, como antes fue la de Martí, Agramonte o el mismo hermano del líder, que podrían cambiar el curso de la guerra.
Sobre la muerte, gloriosa sin discusión, del general negro, y de las circunstancias en las que tuvo lugar, existen numerosas versiones, algunas de ellas verdaderamente epopéyicas.
Foner, describe el hecho de la siguiente forma, tomando referencias del historiador cubano José L. Franco; " el valiente y osado Maceo, una vez sorteado la trocha de Weyler por Mariel, y entablado contacto con las fuerzas rebeldes de La Habana -San Pedro -, decidió perseguir y aniquilar a los españoles, instalados en las proximidades y viendo un grupo de infantería enemigo, tras una alambrada a su izquierda, Maceo ordenó cargar a los cuarenta y ocho hombres que estaban alrededor de él. Los jinetes cubanos se vieron detenidos por la valla, y los soldados españoles de a pie concentraron fuego pesado de rifle contra ellos. Maceo ordenó al comandante Juan Manuel Sánchez, cortar la alambrada y envió al general de brigada Pedro Díaz con un pequeño grupo hacia la derecha en un movimiento de flanco. Después de dar estas órdenes, Maceo se inclinó hacia Miró, su ayudante y cronista, y gritó `esto va bien´. Estas fueron sus palabras puesto que una bala le dio en la cara. Dejando caer el machete, el caudillo cayó pesadamente de su silla mientras que al mismo tiempo unos doce hombres de la escolta del comandante Sánchez caían también bajo las balas españolas. Con el fuego enemigo en aumento, algunos de los rebeldes trataron de ayudar a Maceo y otros intentar detener a los españoles. El coronel Nodarse intentó colocar a Maceo, aún vivo, en un caballo y sacarlo de la escena de la batalla, pero mientras dos hombres alzaban a Maceo herido para colocarlo sobre un caballo, el caudillo recibió otra herida de bala, esta vez en el pecho. El jinete que trataba de sujetar a Maceo también fue desmontado por un disparo. El teniente Francisco Gómez Toro, el joven hijo del general en jefe de la contienda Máximo Gómez, acudió en ayuda de Nodarse para trasladar a Maceo cogido por brazos y piernas. Al ser herido el teniente Gómez, el coronel le ordenó que marchara del lugar, negándose, siendo herido de nuevo con mayor gravedad y yendo a caer sobre el cuerpo del general Maceo, exánime. El coronel Nodarse herido logró, no obstante, escapar de los españoles que se acercaban ".
Añade el mismo autor que " el cuerpo del Titán de Bronce fue abandonado al enemigo. Los españoles quitaron las ropas y otras cosas de valor del cuerpo de Maceo y de otros rebeldes muertos. Evidentemente no reconocieron que aquel era el cuerpo del fabuloso y legendario líder mambí, por que, de saberlo, hubieran aprovechado la oportunidad de mostrar su cuerpo en La Habana. Los españoles supieron ya tarde que uno de los cuerpos de los rebeldes muertos, y los cubanos, después de hacer huir a las tropas enemigas recobraron los cuerpos. El de Maceo fue llevado a una casa abandonada en las proximidades. A las 3 de la tarde de la mañana del 8 de diciembre de aquel año, el héroe negro de la independencia cubana, en las dos principales guerras, era enterrado, junto con Panchito Gómez Toro, en un lugar llamado Cacahual, en Santiago de las Vegas".
Días más tarde, el periodista destacado en La Habana, escribía el 14 de diciembre: "Weyler de forma accidental ganó la larga batalla entablada con Maceo. La muerte accidental del líder, a las puertas de La Habana ... es sin duda un gran éxito para nuestro general...No se puede negar que este acontecimiento producía un fuerte impacto en la causa revolucionaria, por ser (Maceo) el líder más popular y conocido por su gran influencia entre los cubanos". A partir de este momento, la guerra contra España la capitaneará totalmente el otro gran líder y viejo general dominicano que luchó junto a Weyler en Santo Domingo contra los haitianos ( 1864-65 ), Máximo Gómez.
(7).- Fuerzas Armadas, citado, p. 449 y 450.
(8).- Hugth Thomas, Cuba la lucha por la libertad, Volumen I, México 1973 p. 455.
(9).- Notas del autor.
(10).- En su excelente "Historiografía de Cuba", José Manuel Cabrera, analiza el libro de Bonsal, The Real Condition of Cuba Today, " en una patética descripción profundamente sentida, de miseria, angustia e increible mala suerte de la población campesina de Cuba bajo el mando de hierro del general Weyler", México, 1962, p. 290.