RESEÑAS DE LA CUBA PRERREVOLUCIONARIA

En el año 1944 y por primera vez en la historia de la Gran Antilla, hubo elecciones completamente libres, en las que triunfó el antiguo líder universitario y ahora dirigente del Partido Revolucionario Auténtico, Ramón Grau San Martín cuyo derrocamiento, durante su anterior mandato, había sido propiciado por la administración norteamericana para defender sus grandes intereses en la Isla, durante la "algarada revolucionaria" de 1933. De la misma se erigió presidente de Cuba, el sargento taquígrafo Fulgencio Batista Zaldivar, ascendido en dicho momento al grado de coronel y más tarde al máximo rango en el generalato.

La presidencia de Grau tuvo lugar bajo la bonanza azucarera de la postguerra mundial. Después de una resistencia política de un decenio, los comunistas influenciados por la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, se mostraron dispuestos a colaborar con el nuevo partido gobernante que prometía el desarrollo de la economía nacional y que defendía el "cubanismo" frente a la constante ingerencia norteamericana tras la independencia de España. Este cambio se produjo tarde y desde una posición ya desfavorable. De todas formas encontró apoyo en el movimiento obrero, cuyas fuerzas principales eran los comunistas y los llamados auténticos del partido de Grau (PRC), a decir de Adán Anderle, Historia de Iberoamérica, Tomo 2, Cátedra, 1988.

No obstante, Grau aprovechó la corrupción existente para ampliar su base electoral y consolidó sus propios intereses políticos, olvidando la promesa hecha para continuar el periodo revolucionario iniciado así como la necesidad de la defensa de mayor independencia nacional respecto a los EE UU, así como el cumplimiento de las reformas anunciadas durante su campaña electoral.

Poco después de la llegada al poder de los "auténticos" de Grau, tuvo lugar el ataque contra la unidad de los comunistas. Como primer paso estableció en el seno de su propio partido PRC-Auténtico un llamado Comité Obrero bajo la dirección de Eusebio Mujal, que llevó a efecto la política sindical del partido gubernamental en perjuicio de dicha unidad comunista. El comité, con el apoyo del presidente de la República, logró que en la central sindicalista se concediesen más cargos a los dirigentes más conservadores, lo que dio lugar a que en nueva conferencia sindical volviera a triunfar el sector mas radical con el líder Lázaro Peña, elegido ahora secretario general. En respuesta el Gobierno desconoció los resultados y convocó un nuevo congreso. En este diferente congreso, organizado en medio de presión, promesas y otros métodos coactivos, el sindicato pasó a manos de dirigentes considerados de "derechas".

Sobre incidentes de esta época, transcribimos algunos párrafos del artículo aparecido en la revista Bohemia, el 2 de diciembre de 1951, que firma el periodista cubano Enrique de la Osa, por los hechos ocurridos poco después del congreso de "los auténticos" de Grau San Martín, "fue una semana inolvidable. Se inició con el llamamiento hecho por los jerarcas del régimen gobernante que pretendían dar al país la sensación de que el Partido Revolucionario Cubano había cumplido ya su programa, teniendo necesidad de uno nuevo para ponerse a la altura de los tiempos y de lo que el pueblo esperaba de él para seguir manteniéndose en el poder después del año 1952. Allí dijo Carlos Prío solemnemente: " Tres funestos vicios proliferaron, que a poco más hubieran destruido la fe popular en el Partido Revolucionario Cubano, de no haber sido tan rica en resultados beneficiosos la política creadora auténtica, que eran la bolsa negra con el peculado y el gansterismo. Apenas tomé posesión empezaron a bajar los precios; luego, tras duras luchas quedó decapitada la hidra del peculado. Es sabido también que el crimen ha cesado, aunque sus raíces pueden conservar vigor... "

Esto fue dicho el domingo 18, y a decir de Enrique de la Osa, en el artículo de Bohemia que comentamos, cinco días después, el viernes, los hechos demostraron que no eran sólo las raíces del “pandillerismo” las que conservaban vigor, sino que sus ramas y frutos sangrientos estaban bien lozanos. La realidad, una vez más, se burlaba del pomposo programa auténtico. En aquel viernes trágico, por la mañana un grupo de jóvenes irrumpió a tiros en una tertulia de estudiantes del plantel de Artes y Oficios, con un saldo de cinco heridos, dos de ellos graves. Motivo aparente: discrepancia por el resultado de las elecciones en la federación de alumnos. En horas de la tarde, cuando el público acababa de enterarse por los periódicos vespertinos de los sucesos de la mañana, ocurrieron tres hechos violentos más, puesto que un grupo de individuos asaltó la farmacia de Jovellar e Infanta, lesionando al agente del orden que se interpuso; seis hombres y una mujer tomaron por asalto un tranvía, frente al Mercado Único, y como el personal del vehículo se resistiera, lo expulsaron a golpes; otro individuo fue tiroteado cuando iba al timón de su automóvil y falleció en breve tiempo. El último de estos sucesos estaba indudablemente relacionado con venganzas entre grupos. Cuatro atentados en un sólo día". Pero la semana no había terminado aún. El sábado se produjo la clásica vendeta política: el ex comandante de la Policía Nacional, Dámaso Montesinos, que fuera jefe de la sección radiorrespresiva (sic) bajo el gobierno de Batista y protagonizara numerosos abusos, apenas tomó el volante de su automóvil en las proximidades de su domicilio, tres individuos dispararon en ráfaga sobre él, salvando la vida por prodigio increíble, acribillado a balazos. Aspiraba a ser delegado por el Partido Acción Unitaria. Al tiempo que el discurso presidencia era vetado ante la opinión pública, el recluso Policarpo Soler y cinco más se fugaban espectacularmente del Castillo del Príncipe, sin disparar un tiro y sin que ningún agente de la autoridad les hiciera frente. Eran cinco pandilleros con abundante hoja penal.

El extracto del artículo citado, que antecede, nos da idea de la situación política que vivía Cuba en aquellos años, que estudiamos, además, en las crónicas y noticias que aparecen en dos periódicos tinerfeños: El Día y La Tarde.

En otro artículo del mismo Enrique de la Osa, que vivió personalmente los hechos, y sobre los que escribió en la revista Bohemia, observamos la continuidad del mundo criminal bajo el mandato de Prío Socarrás, situación que no sólo, afectaba a La Habana, sino alas regiones agrícolas del interior, y hasta Guantánamo en el Oriente cubano. A tal efecto y en el titulado "Un eslabón más", publicado en la citada revista habanera en mayo de 1947, entresacamos: " Hace poco tiempo cayó abatido a balazos en un platanal del realengo Vínculo de Guantánamo, propiedad de Lino Mancebo Rosell, el precarista Niceto Pérez. Según su esposa, que acudió al lugar del suceso para socorrerlo, sus últimas palabras fueron: Los Mancebo y la Guardia Rural me han matado.... En declaración hecha a la justicia, la viuda de Niceto Pérez, acusó como autores del crimen propietario de la finca, al hijo de éste conocido por Puchy y varios capataces de la misma. Añadió que varios números del ejército habían colaborado en el asesinato y que sus siembras y su hogar habían sido saqueados.

El eco del homicidio resonó en la prensa "terrestre y aérea de la capital". En su edición del dos de junio del mismo año, Bohemia informó ampliamente sobre el acontecimiento. La Confederación Campesina de Cuba levantó una campaña nacional para el esclarecimiento del crimen y llevó ante el presidente de la República a la viuda y huérfanos del precarista victimado. Fueron declarados huéspedes de honor de la Federación Estudiantil Universitaria y las organizaciones revolucionarios hicieron causa propia la de esta humilde familia campesina. Después de un largo proceso, poco transparente según el propio articulista, la viuda de Niceto Pérez, declaró a un reportero del diario "Prensa Libre" que "los Mancebo pretendían asesinar a los principales testigos del hecho, que somos –ella, Marina Trujillo- y el soldado Molina. Si el Gobierno no actúa con la suficiente energía en el esclarecimiento de este hecho de sangre, los hijos de Niceto Pérez, tarde o temprano, vengarán su muerte...".

Meses después, el 26 de febrero de 1947, salía Lino Mancebo Rosell del edificio de La Lonja de Comercio, en horas de mañana, tras asistir a una reunión del Instituto del Café, cuando cinco balas de pistola del calibre 45 lo acribillaron, llegando cadáver al Centro de Socorro. Un eslabón más de la cadena de atentados capitalinos, que sumaban ya los 53. Como en todos los anteriores, pese a lo concurrido del lugar, nadie vio a los autores. Inmediatamente se trató de capitalizar el suceso para beneficio político. Se pidió, por las fuerzas más reaccionarias, que se estableciera en Cuba el imperio de la ley. El representante del partido Liberal, Cesar Camacho Covani, exclamó que: " en Cuba ya no se puede vivir". Sin embargo, el único indicio facilitado por la Policía a la prensa y que resulta muy significativo para explicar la situación política cubana en aquellos momentos fueron unos cartelones que, recientemente, habían sido fijados en distintos lugares de la Ciudad con el siguiente texto " Se ofrecen 100 dólares de recompensa por la captura de Lino Mancebo alias el tiburón de la Maya, por el asesinato del campesino Niceto Pérez ". Pero nunca se identificó a los autores. Fidel Castro hallaría el terreno abonado para su ya proyectada revolución iniciada en las aulas de la universidad habanera.