FIDEL CASTRO: ¿ASCENDENCIA CANARIA MATERNA?

El primer trabajo desempeñado por Ángel Castro Argüís, padre del líder revolucionario cubano, en la nueva República de Cuba, ahora bajo la tutela norteamericana (como tal llamada “república neo colonial”), fue al parecer el de cortador de caña, actividad de lo más normal en aquellos momentos y que llevó a cabo en una hacienda de la United Fruit. Consiguió ahorrar lo suficiente para adquirir un trozo de tierra en la pequeña población de Birán, al oriente de Cuba que después engrandeció hasta convertirla en una respetable hacienda, según ha manifestado su propio hijo Fidel, de 14 mil hectáreas de superficie, llamada Macanas.

La favorable coyuntura azucarera que deparó para la isla la primera guerra mundial (1914-1917) que se tradujo en excelentes precios para el azúcar, unido a otros factores de suerte, produjo las consecuencias para que se produjera el periodo fructífero que sigue. Ángel Castro, una vez superada la crisis que motivó el crack bancario de 1921 ( llamado Moratoria por los cubanos y canarios allí residentes, crisis repetida más tarde en 1929), se vio como un millonario emergente dispuesto a prestar dinero a interés contra la garantía de títulos de propiedades de extensas fincas, a través de los famosos contratos de “retovento” tan típicos de la cultura hispana colonial. Testimonios probatorios que lo confirman son las manifestaciones de un directivo de la United Fruit durante aquellos momentos: Don Hogking, gran amigo de Ángel Castro de quien dijo: “Este gallego trabajaba mucho, aunque a veces se le iba la mano en los negocios con la Cía. Fruit para la que trabajaba”.

Hacia 1910 se casó con una maestra de Birán, María Luisa Argote con la que tuvo dos hijos: Pedro Emilio y Lidia, manteniendo la felicidad del hogar hasta que un buen día, según este directivo de la United Fruit, apareció una carreta con emigrantes españoles, al parecer canarios, hombres y mujeres en una de las que Ángel puso sus ojos y decidió contratarlos a todos en la finca. Mantuvo relaciones íntimas con la mujer, llamada Lina de tan sólo 18 años, mientras que Ángel tenía 43, llegando a contraer matrimonio con ella hacia 1918, previo al divorcio con su legítima esposa Maria Luisa Argote.

Basándonos en la magnífica investigación llevada a cabo por Santiago Aroca, en diversos lugares de Cuba y de otros lugares de América y en España, concretamos que: de la unión con Lina, cubana de ascendientes canarios y cordobeses surgió una nueva y eufórica fase de los negocios de Ángel, pues según testimonios orales la describen como una mujer alta y resuelta que recorría las posesiones de los Castro a lomos de caballo, armada con un fusil americano Winchester. Rara vez se la veía en la casa familiar como esposa hogareña, que varios ancianos de Birán recuerdan como una vivienda de madera levantada sobre pilares de piedra al estilo gallego, y donde convivían las personas y los animales domésticos como era norma de aquella época. El propio Fidel Castro, años más tarde, recordó esta peculiar forma económica de subsistir en momentos de crisis, cuando decidió en 1991 que los cubanos criaran en los aledaños de sus casas animales domésticos o comer hierbas de contenido alimenticio.

En Birán su padre había instalado una carnicería, una estafeta de correos, un mercado de productos generales y un bar, denotando una posición social de arraigo y preeminencia.

De la relación de Ángel con Lina nacieron seis hijos, entre ellos Fidel, que vino al mundo el 13 de agosto de 1926. Más tarde aparecieron Raúl, Enma, Juanita, Ángeles y Ramón. El origen del futuro líder revolucionario es curiosamente, más que simplemente acomodado, rico, con una hacienda enorme que generaba grandes beneficios dinerarios. Contrariamente, la mayoría de cubanos malviven en chabolas y bohíos trabajando en época de zafra del azúcar en condiciones pésimas con salarios insuficientes, que dejan de cobrar cuando finalice el corte de la caña, que duraba sólo unos cuatro meses al año.

La relación familiar no es buena, y se irá distanciando con el paso de los años, puesto que los intereses hacendísticos de Ángel Castro chocan frontalmente con las apetencias revolucionarias de su hijo, cuyos actos revolucionarios más importantes tienen lugar en la zona donde radican las plantaciones familiares.

El mismo Fidel Castro nos ha dejado constancia personal de las circunstancias de esta etapa de la vida familiar cuando dice: “Llegué al mundo poco después de las dos de la madrugada, en una noche de ciclón, plagada de truenos, relámpagos y lluvias torrenciales”. Respecto a sus orígenes ha reconocido haber nacido en una familia rica, cuando dice “ recordar haber tenido varios pares de zapatos, cuando los demás niños iban descalzos y no haber tenido falta de nada en la vida”. Fidel asegura que la riqueza de su padre también servía para comprar a los políticos del momento.

Una vez que triunfó la revolución emprendida por él y sus colaboradores en Sierra Maestra, años más tarde mantendría una conversación con un gran amigo natural de estas Islas Canarias: Francisco González Casanova que constituyen una altísima valoración del aporte hecho a la cultura nacional por los miles de inmigrantes llegados desde el Archipiélago canario a las mayor de las Antillas.

Dejó dicho el presidente cubano:

Por encima del Trópico de Cáncer, frente a las costas occidentales de África, en una línea invisible, pero privilegiada, que rodea el globo terrestre y sobre la que se sitúan algunos de los últimos paraísos del mundo, se encuentran las Islas Canarias.

Tierra legendaria para los antiguos navegantes y para los autores clásicos, que situaron allí el edén o el Jardín de las Hespérides, hoy continúa siendo una joya natural, anclada en el Atlántico.

Desde esas volcánicas ínsulas, en momentos tan pretéritos como cuando ocurre el primer viaje del Gran Almirante Cristóbal Colón, llegaron hasta aquí oleadas sucesivas de sus hijos para aportar esfuerzos y cultura al surgimiento de la nacionalidad criolla.

El canario fue por excelencia el más humilde de los inmigrantes. El no marchó a Cuba en plan de opresor o explotador, vino a trabajar y a luchar a nuestro lado, ayudó a forjar el país con su laboriosidad proverbial, sufrió con nosotros, combatió, creó una familia, y se dignificó también, al fin, junto a todo el pueblo en la Patria libre y revolucionaria de hoy.

De los canarios heredó nuestro campesinado, principalmente, su seriedad, su honradez, su sentido del honor y también su rebeldía. Todavía hoy, en nuestras tareas actuales, esos valores nos ayudan a librar y a ganar batallas de importancia


Su padre fue gallego, pero la madre, al igual que la del apóstol de la libertad José Martí, lo era de ascendencia canaria, según manifestó con orgullo el propio Fidel Castro en una de las visitas institucionales a esta isla de Tenerife en 1997, y como así lo hizo saber a relevantes investigadores y periodistas españoles de estas islas entre los que destacan Zenaido Hernández o Carmelo y Martín Rivero, entre otros.