CANARIAS EN CUBA

La colonización de numerosas islas del Caribe, durante el siglo XVI, dio a Canarias un protagonismo privilegiado como plataforma obligada ya desde este momento, y a lo largo de los siguiente dos siglos, necesario para la planificación y control administrativo de la América Hispana en todos los órdenes y para lo que sería un vasto imperio de ultramar.

Cuba, cuya vinculación es la que especialmente nos interesa, mantuvo aquella relación más que ninguna otra región en el mundo hispano, debido a ser la otra plataforma del otro lado del Atlántico, y por las constantes migraciones entre ambas cuya influencia se aprecia en numerosas facetas que alcanzan, desde la social y económica hasta la del arte o la literatura sin descartar la faceta antropológica y etnográfica.

Las manifestaciones artísticas localizadas en varias poblaciones de Cuba, especialmente en La Habana, llegaron a través del arte regional canario. Es destacable los complicados artesonados mudejares de influencia isleña, así como las casas típicas cubanas en torno a un patio central con enormes balconadas de madera que recuerdan perfectamente las de la isla de La Palma o las de la ciudad de La Laguna, Vegueta, Garachico, entre otras, por clara influencia cultura durante la colonización española.

Los emigrantes canarios en uso de su peculiar idiosincracia, contrariamente a la costumbre de otros españoles de La Peninsula, se instalaban en los campos dedicados a las labores agrícolas en general y especialmente en el tabaco en que llegaron a ser auténticos profesionales. Sin embargo al campesino isleño no le resultaba fácil la integración en Cuba, donde predominaba el sistema económico esclavista, optando por la ocupación, por compra o arriendo, de pequeñas propiedades próximas a los ríos, denominadas vegas, para cuyo cultivo no precisaba excesivo esfuerzo ni aportación de grandes capitales. Todo como consecuencia de "aquella forma de ser y comportarse el canario"

No es de extrañar, por tanto, la rebeldía innata del isleño, que le conducía siempre a la actuación independiente, quizás por haber sido, casi siempre objeto de abuso sistemático, tanto a la salida de sus islas maltratado por el intermediario, como en la llegada y estancia en Cuba víctima igualmente de explotación por los patrones, o por la misma la administración española. Consecuencia de ello era frecuente la deserción de los lugares habituales de trabajo para peninsulares, dedicándose al comercio de baratijas o pequeños artículos, a decir del Dr. Hernández González en obra citada y casi siempre al cultivo de aquellas pequeñas parcelas que adquirían de diversas formas donde tendría lugar su enorme habilidad agrícola y el mayor protagonismo, con especial relevancia en el referido cultivo tabaquero, a cuyos cosecheros, en gran número palmeros, los cubanos han de estarles agradecidos por haber desarrollado cultivo de esta planta tan importante para la economía de Cuba. Son rasgos definitorios del papel social desempeñado por estos campesinos emigrantes canarios en la Perla Antillana, puesto que aislado o en colaboración con el dueño de la explotación, normalmente esclavista, el "isleño" canario trabajaba en calidad de hombre libre, identificado profesionalmente con la tierra y sus productos. Régimen de libertad laboral entendida parcialmente y así lo expresan los autores del tratado "La Esclavitud Blanca", para referirse a esta relación laboral, más próxima al régimen de esclavitud que de libertad, cuando dicen: " ...la abrumadora superioridad del campesinado blanco, mayoritariamente canarios, dentro de la pequeña propiedad rural y su creciente aumento a lo largo del siglo XIX, es una realidad incuestionable".

Igualmente destacar que el famoso antropólogo Bronislaw Malinowski que prologa el libro del no menos famoso investigador y antropólogo cubano Fernando Ortíz, "Contrapunteo cubano del Tabaco y del Azúcar", afirma que "había conocido y amado a Cuba desde los días de una temprana y larga estancia en las Islas Canarias, dónde comprobó que para los canarios Cuba era la tierra de promisión a la que emigraban los isleños paga ganar dinero y retornar a sus antiguas tierras en las laderas del Pico del Teide o alrededor de la Gran Caldera - referido a La Palma -, o bien para arriesgarse de por vida en Cuba y sólo volver a sus patrias- islas por temporadas de descanso, tatareando canciones cubanas, pavoneándose con sus modales y costumbres criollas, y cantando alabanzas de su Cuba, donde extienden su infinito verdor los cañaverales que dan azúcar y las vegas que producen el tabaco".

Pero en contra el antropólogo cubano Fernando Ortíz, sorpresivamente ignora a aquellos isleños y su gran aportación a la cultura de Cuba, isleños que tanta importancia tuvieron en el devenir histórico de la economía azucarera de la isla y sobre todo en la potenciación y desarrollo del cultivo y la elaboración del tabaco que constituye, también, un factor fundamental para la industria en su isla natal a la que debe nombre y prestigio y a los que sólo menciona como "isleños del campo".

Aquellos canarios, que salvo muy contadas ocasiones relativamente recientes, emigran en contra de la voluntad de los gobernantes de cada momento y época. Se marchan a escondidas rumbo a América a pesar de todas las medidas impuestas oficialmente para evitar el seguro despoblamiento de Canarias, como así se constata en el siglo XVII y XVIII, épocas de grandes posibilidades de pérdida de estas islas, azotadas por los muchos enemigos europeos de la Monarquía Hispana. Cuba es la tierra receptora de gran parte de aquellos canarios que contribuyeron a consolidarla como la posesión preferida de España en América.

Como apunta el periodista Federico González Santos, desde Cuba, Canarias 7, día 9 de abril de 1995, Siete Días, p.1, "huellas vivas de la emigración canaria, los isleños en Cuba, mantienen una apuesta diaria por evitar que se desate el lazo común que une las islas de ambas riveras del Atlántico. Agricultores en su mayoría, los hijos de Canarias ocupan en este su rincón del Caribe desde las sillas políticas de las revoluciones interseculares...".

Los isleños compartieron, sin saberlo plenamente, el protagonismo anónimo de una de las páginas más interesantes de la Historia de Canarias, siempre y especialmente en torno a los años que conforman el cambio del siglo XIX a los primeros años del XX, buscando en Cuba el bienestar que era negado en su tierra por el injusto entramado caciquil y administrativo imperante, por otra parte instituido como norma habitual de la época.

Canarios nativos o descendientes en otras generaciones, estos isleños dieron páginas fecundas a la también historia de Cuba, llegando a dar su sangre al horizonte que buscan para una nueva patria. Se les acuñaba, en mayoría, como "guajiros agricultores" sumamente agnegados y pacientes, pero también hubo isleños licenciados, profesores, militares, empresarios, periodistas poetas, gran número de intelectuales en suma.