APRENDIENDO A VIVIR
“ACTITUDES MALSANAS SIN FUNDAMENTO”
Por Miguel Leal Cruz*
En el artículo que sigue nos vamos a salir un poco de la tónica y
estilo periodístico habitual usado para centrarnos en aspectos más
humanos, más cercanos, que afectan la dignidad de una persona conocida
que me apunta mantenga en el anonimato. Nada mejor para este cometido
que plasmar unos hechos, más o menos certeros, a través de un medio de
difusión en todo el archipiélago canario como es éste y así intentar
subsanar el efecto de algunas habladurías convertidas en agravio para
dicha persona.
Según parece probado, en estas pasadas Navidades paseaba por la calle
peatonal lagunera (Viana), habitualmente por consejo de su médico
personal, cuando en una intercepción con otra transversal para
vehículos (San Agustín) el conductor de un gran jeep con aspecto de
embriaguez casi le atropella. Al indicarle que aquella vía era
preferente para personas, el citado conductor (ebrio) le contestó “sí
pero Usted no es una persona”. Se logra retener al mal educado en el
siguiente cruce, al tiempo que se requería la presencia de un agente
de la policía municipal de servicio en lugar próximo, y ante él mismo,
al ser interpelado para que pidiera disculpas accedió confesando su
falta con bastante respeto.
En ciertos medios radiales (voz de uso hispano-tropical) y otros se
dio entender que “en lugar de estudiar tendría que ser antes auténtica
persona...” ¿...?, se entiende aludiendo al mencionado en acción -
reacción propia de envidiosos o infelices (carencia de felicidad)
El mismo protagonista, ante las reiteradas “meadas” en el portal del
bloque donde vive, del que es presidente de comunidad, montó servicio
(y nunca mejor dicho) durante varios fines de semanas, hasta altas
horas de la madrugada, con el propósito de sorprender a
los “antisociales” como se dice en Venezuela a este tipo de sujetos.
Tuvo suerte hace poco y ante cuatro “meones” en plena acción
fisiológica en varios portales requirió, otra vez, la presencia
policial telefónicamente, pero qué, antes de la llegada de los agentes
y debido posiblemente a la contundente actuación del aludido, los
cuatro héroes de la incivilidad, no sin antes encararle, marcharon a
toda carrera. Si bien previamente pudieron ser en parte identificados
y así consta.
A los pocos días del hecho “algunos” le dijeron: “Usted está loco.
Mira que enfrentarse sólo ante semejantes individuos peligrosos...”.
En una tertulia de radio parece se dijo otra cosa.
Por si fuera poco lo expuesto añade que le instalan una cristalera con
aluminio en el balcón de su casa (tolerada en zona no histórica ni
protegida) y vecinos del bloque colindante le arman un fuerte “potaje”
(pitote) que pasa a quedar en agua de borrajas, por no decir de berros.
Pero para más sino del protagonista de esta tragedia clásica a lo
Moliere... En estas últimas fiestas de carnaval, el lunes
concretamente, hallándose en la pista de baile en un conocido club
social de la capital tinerfeña (acompañado de su esposa y de otra
pareja de amigos), le fue llamada la atención con poco detalle por un
empleado. El motivo fue el haberse despojado de la chaqueta negra
cruzada y del sombrero de mafioso “años 30” (éste era su disfraz,
admirado junto a otros similares momentos antes) que dejó en las
sillas de la mesa que ocupaba debido al calor reinante en el local
(cómo hicieron otros). En dicha zona de baile ante muchas personas y a
pesar de la amistad con varios socios de la entidad le dijeron: “Usted
no lleva disfraz...” Hubo de explicar el “mal entendido”.
El pobre hombre perseguido por la fatalidad y por dignidad a
insistencia de sus amigos abandonó el lugar (no sin antes haberle sido
pedidas disculpas por él mismo empleado que le recriminó pero no el
que lo mandó) hasta centros lluviosos y fríos en tal fatídica noche.
En una emisora de radio muy conocida (y oída), la voz del responsable
principal y “autócrata” (que no autocrítico) aunque gran comunicador,
emprendedor sin excesiva suerte, buena persona dentro de su aparente
ruindad, parece dijo con su peculiar tono y estilo: “Estaba rascado”.
Siempre agraviado, ¿por qué? Nos recuerda un dicho que dice: es
preferible caer en gracia que ser gracioso. ¿Será ése el problema? O
peor aún ¿el ser coherente (decir la verdad de las cosas), objetivo,
leal, razonable y con amplia dosis de sentido común?
Él mismo va a la isla de Gran Canaria con frecuencia, y se mueve como
pez en el agua por centros de ocio y diversión en la misma capital o
en otros lugares, y nunca le ocurre nada. Por esto dice que irá con
más frecuencia a la Isla redonda que conoce bien desde su juventud,
por estudios o por prestación voluntaria del servicio militar, y en la
que siempre fue y se siente feliz.
En otra isla llamada Verde, muy peculiar, se dice con horror aquello
de: ¡en lengua palmera te veas! ¡¡Sí te cogen!! Esto ya constituye un
verdadero peligro cuando puedas llegar a ser objeto de crítica malsana
promovida por, al parecer, “infelices” o envidiosos. En verdad no lo
podemos creer. No obstante, aprendamos de la máxima que dice: “Vive
cómo te gusta y sé feliz, pero deja vivir a los demás”. Si no se
consigue esa felicidad aconsejamos leer una novela cuyo título no
recordamos pero sí de reciente edición, entre otras, que habla de un
plan B para obtener aquella deseada finalidad.