PERIODISMO HISTÓRICO
INDIANOS Y BATALLA DE POLVOS EN LA PALMA
Por Miguel Leal Cruz*
El acto festivo denominado Los Indianos, con mayor insistencia cada
año, constituye el número más fuerte y representativo que define y
diferencia al Carnaval de La Palma, y singularmente en su capital, de
otros numerosos actos que tienen lugar en Canarias por estas fechas .

En una ciudad de profunda tradición marinera como es Santa Cruz de La
Palma, esta parodia canarvalera supone un reencuentro con la historia
y la constatación del importante cruce de relaciones con América,
sobre todo con Cuba y Venezuela. En fecha señalada del carnaval, miles
de palmeros se transforman en emigrantes que evocando a sus
antepasados simulan arribar al puerto como en épocas no tan lejanas.
Los acuñados con el apelativo de Indianos regresan cada lunes de
Carnaval con los más atractivos y pintorescos trajes. El desfile desde
el muelle a la plaza de La Alameda, es de lo más atractivo y
pintoresco, al liberarse una batalla de polvos de talco (que aporta el
propio Ayuntamiento), pero que no logra acallar los ritmos propios de
la otra orilla del Atlántico: guajiras, habaneras o el cubanísimo son,
de entre los que sobresalen personajes de gran sabor popular como "la
negra Tomasa".
Huyendo del hambre o de las guerras de África, obligados por
circunstancias familiares o simplemente impulsados por un afán
aventurero, los canarios dejaron en Cuba una imborrable marca de sus
costumbres a la vez que determinante en la cotidianidad de la isla
antillana, fundiendo hasta la peculiar manera de hablar.
Junto a otras influencias africanas, indígenas y hasta chinas, los
canarios (sobre todo los palmeros) influyeron en el devenir histórico
de la nación cubana en la que por determinada forma de ser, de pensar
y hasta de vivir se fundieron con los cubanos en su mismo floklore o
festejos.
Esa señal resulta evidente en las estrechas calles de las zonas
coloniales, los monumentos, sus parques, las iglesias, las fachadas
multicolores de las viviendas con grandes puertas de madera y las
rejas con los más disímiles arabescos que son copia exacta de las de
Santa Cruz de La Palma (o de cualquier ciudad histórica de Canarias).
Por ello toda la isla rinde homenaje al emigrante retornado, en una
jornada en la que el ambiente festivo contagia a naturales y cada vez
más a los visitantes.
El referido parentesco de la cultura tradicional palmera con el mundo
afrocubano, se plasma en esta tradición de incierto origen que tiñe
literalmente de blanco las principales calles de Santa Cruz de La
Palma cada año por dichas fiestas carnales.
Con los polvos de talco y al ritmo de diversos sones cubanos, los
palmeros adaptan la tradición de “manchar” a todo aquél que se ponga a
tiro, utilizando diversos y curiosos artilugios.


Si tradicionalmente el arroz y el trigo se arrojan sobre los recién casados, la
harina y los “huevos-talco”, son símbolos de fecundidad. Si bien como
apunta el estudioso palmero y profesor de la Universidad de La Laguna
Pedro Leal Cruz, el origen también hay que vincularlo necesariamente a
determinadas regiones del norte de Portugal cuyos hijos, auténticos
inmigrantes en La Palma desde el mismo siglo XVI (y antes), tanto
influyeron en sus costumbres, arte o lingüistica y que introdujeron la
costumbre de arrojar "borrallas" durante estas fiestas carnales que
precedían a las de Cuaresma.
La tradición oral, refrendada por algunos investigadores actuales,
informa sobre el origen de esta costumbre en un cargamento de harina
en mal estado traída en un barco llegado de Cuba en el siglo XIX
(negado por la folklorista e historiadora María Victoria Hernández),
si bien se ha de aceptar esa posibilidad como otro de los orígenes de
tan curioso espectáculo que ya quieren copiar (con interés turístico)
hasta en la calle Triana de Las Palmas de Gran Canaria motivo de
reciente polémica política entre autoridades de ambas capitales.
Sin embargo, las manifestaciones encontradas en otros muchos lugares
que hacen referencia a esta tradición, nos hacen pensar en unas raíces
más complejas. En este sentido, la estrecha relación con Cuba, que ya
hemos expresado, nos lleva a plantear un posible paralelismo con
rituales de blanqueo de la piel de las comunidades “ñañigas” hombres
de color obsesionadas por la blancura de la piel, y que fueron
incorporados a la cultura cubana por los descendientes africanos.
Los carnavales que durante el franquismo estuvieron prohibidos en
Canarias, más concretamente en Tenerife, se hacía imposible conseguir
que se celebrarán, por lo que para “disfrazarlos” fueron
denominados “Fiestas de invierno” con el visto bueno de la misma
Iglesia y del Régimen, pero que también influyo la presión del pueblo.
Actualmente, a pesar de su origen como fiesta espontánea, se han
transformado en grandiosos espectáculos de diversión y fantasía para
grandes multitudes, con gran prestigio mundial y económico. En este
sentido destacan, los celebrados en Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas
de Gran Canaria, Puerto de la Cruz, Santa Cruz de La Palma, etc. La
grandiosi-dad de éstas contrasta con aquellas fiesta sencillas en las
que participaba el pueblo y en las que las “mascaritas”, personas
disfrazadas bromeaban entre sí y con el resto de la multitud, con el
fin de ser reconocidas. Era muy típico el ofrecimiento de pan de
leche, torrijas, rebanadas de pan, en las visitas a las diferentes
casas. Asimismo, cabe señalar la peculiar forma en la que se celebran
los carnavales de Santa Cruz de la Palma, con una multitudinaria
guerra a base de los referidos polvos, en memoria del tópico “indiano
emigrante", que convierte a las emblemáticas calles de O?Daly y Pérez
de Brito en blancas estelas para regocijo para palmeros, para turistas
presentes o de aquellos que visionan los festejos a través de la
televisión, en documentales en su propio país o en otros puntos de las
mismas Islas Canarias.

* Publicado en El Mundo-La Gaceta de Canarias, 15 febrero 2005