'YO SIGO CON MIS PADRES'
La frase del título
es la aseveración que más se oye en la sociedad española
actual y, singularmente, en estas Islas Canarias donde el fenómeno está
más asentado como consecuencia del paro laboral crónico que afecta
con crudeza a nuestra juventud.
Son muchos los padres que mantienen casi permanentemente a sus hijos en el domicilio
conyugal paterno, como si fuera una pensión, pero con los que no cuentan
para nada puesto que "hacen lo que quieren sin aportar ningún forma
de colaboración al peculio familiar".
Por todo ello no es de extrañar que en recientes encuestas entre la juventud los valores que predominan están la familia que a veces se sitúa en el primer puesto del "ránking" del conjunto de apetencias que aprecian y estiman los jóvenes encuestados.
Sin embargo, no dan explicación suficiente sobre por qué consideran a la familia como primer valor. Los propios padres y sufridores de este "desconocido anteriormente" problema, a la vista del "allanamiento de morada" por sus propios hijos, invocan otras épocas de cooperación doméstica familiar en torno a las propiedades rurales, artesanales y otras; o cuando era preciso servir en el Ejército, o emigrar a otros países desde donde, una vez labrado un porvenir, regresaban al peculio y consolidaban su propio entorno familiar lejos del de sus progenitores. Es inherente a la idiosincracia del ser canario, que los hijos, normalmente una vez cumplido el deber patrio, intentaban casarse para lo que en un terreno, que a veces aportaban sus propios progenitores, construían una casita con tejado a cuatro aguas, con un "pajero" inmediato a modo de cocina, y sin cuarto de aseo de ningún tipo, y allí iniciaban su vida "social" consuetudinaria.
Pero, a decir de muchos padres de ahora, estos inquilinos consanguíneos, aceptados a regañadientes, lejos de colaborar en el esfuerzo de "llevar la casa familiar adelante, donde ni siquiera limpian, friegan o van al supermercado...", se "empotran" ante el televisor eligiendo su programa favorito, especialmente los de películas violentas y se mantienen durmiento hasta avanzada la mañana. Cuando ganan algún dinero, la mayoría de las veces en trabajos temporales, no lo aportan a la economía familiar, y sería un mal menor que lo gastaran sólo en tabaco y en algunas cañas con los amigos.
Pero, ¿hemos de considerar que este es un nuevo mal que aqueja la sociedad de nuestro tiempo cual castigo bíblico? No podemos aceptar que el amor al trabajo, la voluntad de rematar una obra bien hecha, contribuir al crecimiento de la sociedad en la que se vive, el propósito de aprovechar las oportunidades que brinda una buena formación académica, o técnica, el deseo de lograr la creatividad que todos, de una forma o de otra, somos portadores..., haya desaparecido de la voluntad cognoscitiva de nuestros hijos.
Creemos que el problema es otro. A veces se habla de "globalización", siempre en términos económicos, pero no del acercamiento sociológico e individualizado hacia la persona integrada en grupos.
En lo que se refiere a nuestros jóvenes: ¿creemos que es cierto que no quieren desplazarse a trabajar desde el lugar de residencia habitual? Tal vez es más cierto que los buenos empleos ya están ocupados, a veces por personal foráneo vinculado a la empresa, también foránea, o en otro supuesto ocupada por mano de obra inmigrante del vecino continente, mal pagada ( y en breve tendrá nueva competencia con trabajadores de países del este europeo candidatos a integrarse en la UE), y el joven canario, incluso titulado o facultado, ha de conformarse con aquello que no le apetece o que le denigra, provocándole el permanecer en la situación que denunciamos.
El canario siempre ha emigrado, especialmente hasta los amplios territorios de América, y siempre gozó de la fama de excelente trabajador en todo aquello que emprendía. Consideramos por tanto poco ajustado a la realidad que el joven canario quiera huir del esfuerzo que le permitiría crear su propio entorno familiar y social, por absurdo.
Consideramos que el problema a nivel global puede ser otro, que de no subsanar por los Poderes Públicos, nos conduciría a una situación anormal no deseable en cualquier estado de derecho, que se precie de estado avanzado. ¿Nos equivocaremos?