CLIMA Y TURISMO EN CANARIAS

Como quiera que leemos, en esta misma página digital, los artículos de carácter turístico que escribe Antonio Pastor, quien parece ser gran entendido en la problemática de nuestra principal actividad, que además creemos único proceso industrial serio - cuando lo cierto es que podríamos tener variedad de actividades de transformación con tecnologías punta ante la proximidad de un enorme mercado como es el de la cercana África - , los mismos nos inspiran para buscar y reeditar un análisis sobre otro aspecto añadido de esta actividad económica en torno a uno de los principales factores o ingredientes que lo conforman: el clima, que es y será nuestra salvación como recurso natural inagotable.
Efectivamente, el régimen climático canario es óptimo a pesar de ciertas opiniones foráneas, posiblemente interesadas, que apuntan lo contrario. El clima que afecta a Canarias continúa siendo "the best of the universe", y así lo confirmó Alejandro von Humbolt en su visita a estas Islas por más que después dijera algo parecido aplicado a un pueblo mejicano de la alta Sierra Madre donde vivió.

Geográficamente nuestro Archipiélago se halla afectado por dos coordenadas o zonas barométricas: la influencia de los alisios procedentes del anticiclón de las Azores y el permanente flujo cálido que aportan los vientos dominantes en el vecino desierto sahariano. Ambas influencias han mantenido, desde épocas remotas, un permanente equilibrio para darnos este maravilloso clima tan peculiar, sin variaciones y media de 21 ºC, alabado desde muy antiguo por los marineros que nos visitaban y hoy como paraíso deseado desde los pioneros del turismo.

Salvo excepciones coyunturales como la que nos afecta en estos momentos, por desequilibrio de aquellos factores apuntados o por predominio de la influencia, a veces, del fuerte frío europeo versus el cálido sahariano, constatamos que en otros años por estas fechas tenía lugar el hecho totalmente contrario: los famosos eneros (y sobre todo febreros) cálidos y tropicales, incluso con vientos sirocos, que tanto gustan al foráneo y que previsiblemente en este año 2003, los vayamos a tener.

Evidentemente, todo ello, consecuencia de la paulatina transformación climática que afecta a toda la geografía planetaria. Queda claro, por tanto, que nuestro clima continúa siendo el mejor del mundo y así lo han comprobado millones de turistas extranjeros que nos han visitado, y visitan, y han gozado del placer de disfrutar, en un mismo día, de tres diferentes situaciones climáticas en cada isla (preferentemente las de mayor relieve), cuya circunstancia conocen los propios canarios, tanto el que vive en Vilaflor, como el que sufre el fuerte calor en la costa de Adeje; porque: ¿quién no conoce en nuestras Islas la existencia del clima sur, caluroso y soleado, el norte, húmedo y apacible, y el de altura más fresco y saludable? Tanto la isla de Gran Canaria como la de Tenerife, son definidas como "continentes en miniatura". Todo ello a elección del turista. Esto es claro.

Por lo tanto, Humbolt tenía toda la razón, siendo sumamente significativo que desde antes de nuestra Era llamaran a Canarias Jardín de Hespérides. En definitiva Canarias posee clima primaveral. El problema turístico de ahora es otro: el excesivo deseo de oferta versus fragilidad territorial y limitada, que terminará por afectarnos directamente a todos en breve plazo, con o sin moratoria. Las soluciones, más expeditivas por cierto, han de hallarse en el plano político y autogestionario, al tiempo que incentivar aquellas industrias alternativas, por si acaso ocurre alguna catástrofe imprevisible.