SIGLOS V-VII: VÁNDALOS, GERMANOS Y BEREBERES

 

Analizamos ahora, para nuestra teoría sobre el poblamiento canario anterior a la llegada de pueblos y culturas europeas, el periodo cronológico que sigue a la época clásica, cambio de la Era e imperio romano.  Resulta difícil de abordar esta etapa por su misma oscuridad documental, por cuanto las fuentes históricas se diluyen para quedar limitadas a las referencias de los mismos autores latinos, ya mencionados. Se hacen totalmente nulas a partir del acceso de los pueblos nórdicos, llamados Bárbaros, que invaden las fronteras limítrofes del imperio romano de occidente, fundamentalmente a partir del siglo III de nuestra Era.

No obstante, durante los inicios  del siglo V uno de los pueblos invasores en la provincia romana de Hispania se sitúa en la Bética dominando la zona a pesar de la fuerte resistencia de la población hispano romana. Más tarde, a partir del año 428, unos ochenta mil germanos al mando del caudillo Genserico, una vez construida una potente escuadra naval, se trasladan hasta el Norte de África, con intención de conquistar la Mauritania romana. Logran su dominio y consolidación en poco tiempo ocupando militarmente toda la zona norte limítrofe con los asentamientos de pueblos autóctonos: los beréberes que se extendían desde el actual Marruecos hasta Sahara ex español y Mauritania. Pese a la resistencia armada de las fuerzas romanas, nobleza y clero, la ocupación se llevó a cabo violentamente contando con la simpatía y colaboración de algunos grupos religiosos (los donatistas) y de población originaria. Se inicia la persecución e inmediata deportación, población civil, obispos católicos y seguidores hasta las tierras no dominadas de Berbería con cuyos habitantes coexistieron.

La autocracia del reino vándalo del Norte de África, dotado de fuerte ejército y armada, persiguió cruelmente a los beréberes ( no descartándose su presencia como estrato poblacional en Canarias por tal motivo) y se enseñoreó por el Mediterráneo y el Atlántico hasta el punto de paralizar en parte la economía comercial del momento. Siguiendo las teorías del investigador Franz Maier, éste considera esta posibilidad cargada de lógica por otra parte. Sin embargo, el general bizantino Belisario logró vencer a los vándalos del Norte de África hacia el año 534, siendo detenido y llevado prisionero a Constantinopla con sus tesoros el último rey germano Galimero que, no obstante, fue bien tratado en la corte por el Emperador bizantino.

La ocupación de tierras bajo el control de los nuevos conquistadores, y por antiguos propietarios romanos, creó nuevas dificultades y la expulsión de muchos de los vándalos vencidos que optaron por huir hacia las zonas del sur de influencia bereber con los que mantuvieron magníficas relaciones e incluso colaboraron en revueltas contra los bizantinos ocupantes, venciendo en algunas escaramuzas a la caballería bizantina, claramente inferior a la táctica empleada por beréberes provistos de veloces caballos ( y camellos) y con asesoramiento germano.

No lograron estos pueblos dominar claramente a los bizantinos hasta la llegada de los árabes en el siglo VI y VII. A partir de aquí parte la teoría defendida por el escritor y viajante alemán Franz Von Loeher, quien a finales del siglo XIX escribió un libro sobre la presencia de germanos vándalos en Canarias. Basado en la semejanza somática de algunos aborígenes, ojos claros y pelo de color rubio, fue el principal argumento para emparentar estas poblaciones con otros de origen centroeuropeo a lo que añade presuntas semejanzas lingüísticas.

Tal hipótesis es desvirtuada, en la introducción al facsímile del libro publicado por la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, cuyo autor Antonio Tejera Gaspar, dice: “ Los dos supuestos sobre los que fundamenta sus teorías científicas: la semejanza antropológica y la lingüística para explicar ese posible poblamiento, no poseen en la actualidad ninguna base científica y han de catalogarse dentro de las explicaciones raras y curiosas sobre el doblamiento antiguo de Canarias”. Sin embargo, fue esta una teoría muy extendida entre los ambientes científicos del siglo romántico.

El aspecto somático no es determinante como argumento ya que poblaciones prehistóricas de tipo cromagnon en especial el Mecha El Arby, de sustrato mucho más antiguo y en mayoría de similar aspecto somático, ya ocupaban sectores del norte de la actual Argelia. El científico austriaco conocedor de nuestra cultura, D.J, Wölfel sitúa esta área como lugar importante de existencia o de  componentes de poblaciones európidas (emparentando de esta forma poblaciones canarias con las de ámbito magrebí) apreciando considerable número de individuos de las mismas características que las apuntadas para los vándalos norteafricanos y que considera una étnica multirracial con origen cromagnon, con cruzamientos de origen semita y bereber, así como con los árabes dominantes a partir del siglo VI de nuestra Era.

Esta teoría la corroboran otros muchos antropólogos y científicos de nuestras Islas, en especial el gran canario Millares Torres. Sin embargo, siempre tengo en el tintero alguna observación personal a mi apreciado amigo el profesor Antonio Tejera Gaspar (aunque mi licenciatura es en Historia Contemporánea) y es que al igual que otro buen amigo el polifacético Elfidio Alonso Quintero, que escribe un artículo sobre este mismo asunto titulado “Vándalos y Guaraches”, apunto que no es descartable ni descabellada la teoría de Von Loeher respecto a la arribada forzada de restos de la referida población vándala expulsada en el siglo VI desde el norte de África por:  Razones de proximidad geográfica, estar en posesión de restos de una gran escuadra naval que utilizaban con gran experiencia y conocimiento previo de la existencia y situación exacta de las Islas Canarias. Tal vez conocían la intención que ya tuvo el general romano Sertorio siglos antes de ocupar estas nuestras islas.

Como es conocido el comportamiento opresor a la población romana y autóctona dominada les granjeó el odio y desprecio de otros pueblos limítrofes, incluido el bereber por lo que, siguiendo a Loeher en su libro “ una vez que fueron vencidos por el general bizantino Belisario huyeron hacia las montañas del Atlas y cómo las hallaran tan poco hospitalarias, se vinieron por un lado entre las montañas y el mar Atlántico y por otro lado el desierto sahariano. Los primeros seguirían dirección al sur hasta cabo Ger, situado frente a Canarias”, añadiendo que como el pueblo vándalo había sostenida largas y duras contiendas contra los berberiscos esta relación seguiría siendo difícil. Perseguidos sin tregua y expulsándoles incesantemente del territorio a lo que se sumarían más tarde los pueblos árabes como nuevos conquistadores, es por lo que, continúa el autor “ante tal panorama y la huida imposible a través del inmensurable y desconsolador desierto a la espalda que le s impedía continuar más allá y toda vez que alejándose un poco de la costa “podían ver brillar (sic) cuando el cielo estaba despejado, el Pico de Tenerife cubierto de nieve y descollando como un gigante sobre la superficie del mar”.

Obligados por la necesidad y haciendo uso de larga experiencia naval construyeron barcas o enormes balsas de madera, que abundaría por aquellas fechas, o de troncos de palmeras semisecas y con ayuda de remo o vela, con calma y viento de brisa favorable y con las islas orientales a la vista realizaron la travesía no dificultosa para el autor de la teoría, que repetimos compartimos con este supuesto y para otros anteriores previsibles en cuanto se refiere a doblamiento antiguo de este Archipiélago. Para corroborar lo expuesto añadimos el contenido de un texto árabe del siglo XIII, Al Magribí, Ed. Cairo 1949, que recoge Juan Vernet en el número 17 de  Anuario Estudios Atlánticos, cuando dice: “ Y en el océano están las siete islas eternas, situadas al Oeste de la ciudad de Salé. Aparecen visibles a simple vista en un día despejado de atmósfera y sin calígene…”.

En cuanto a pobladores de origen nórdico no es raro encontrarles en las mismas fuentes árabes, Al Idridi, siglo XI, que nos dice para el relato de los magruinos “… encontraron otra Isla, tal vez refiriéndose a Gran Canaria, donde vieron hombres de gran estatura, rubios casi pelirrojos, Serra Rafols traduce como de color rojo, con poco pelo y cabello laso y las mujeres de una rara belleza”.

Nos preguntamos: ¿eran descendientes vándalo – germanos del siglo VI – VII, o eran elementos rubios procedentes de sustratos anteriores como los aparecidos en el norte de Argelia, identificados también en el Rif, Atlas marroquí o Aurés, ramificación nórdica emparentada con beréberes, que desde tiempos remotos ocupaban el territorio?

Elementos rubios con ojos claros habitaban estas islas a la llegada de los castellanos y que la Doctora Falkenburger reconoció en un estudio con alto porcentaje, con grupos de cinco tipos diferentes, para la población prehispánica. No olvidemos tampoco la proximidad de estas islas a las rutas navales europeas inmediatamente posteriores al inicio de la Era cristiana, pero en especial a partir del siglo V.