CULTURA
PREHISTORICA CANARIO AFRICANA COMÚN II
Al hilo
del capítulo precedente pasamos a determinar las anunciadas relaciones
culturales pretéritas que tuvieron lugar en este archipiélago canario con las
imperantes en las zonas próximas de la vecina África en especial la zona
magrebí, las cordilleras del Atlas marroquí, oeste sahariano y macizos
orográficos de Futa D´Jalon situados más al sur. Este espacio geográfico global
a decir de prestigiosos investigadores mantuvo un paralelismo cultural con
nuestras islas, para lo que partimos de un contexto nada sospechoso como es la
cerámica, grabados rupestres, entre otras muestras materiales que nos datan
cronologías muy antiguas para ambos espacios.
La
cerámica es fundamental para conocer estas cronologías milenarias en el norte
de África y nuestras islas, pues Sabino Berthelot sitúa la cerámica negra de La
Palma con las aparecidas en cuevas de Río de Oro y Achacar en el Sahara ex
español, ambas de tipo incisa por lo que propone cierta comunidad de origen.
Los protoguanches aportarán la cultura de las cuevas del Norte de África, junto
a las culturas de enterramiento y momificación así como los tejidos de junco y
cerámicas lisas de Tenerife o Fuerte ventura, decoradas con incisiones que
datan cronologías superiores a 2500 años antes de Cristo. También alude a las
inscripciones tifinag o fondos de asa de piedra o túmulos de cronologías muy
posteriores ya próximas a la Historia.
Entre
ambas oleadas poblacionales pudo haber otras. Considera que la primera
migración camita procedente de Río de Oro motivado por deterioro del medio
ambiente será constante hasta el milenio anterior a la Era Cristiana, aportará
elementos culturales que a su vez son coincidentes con otras aparecidas en el
litoral mediterráneo, como ídolos o pintaderas que considera inmersas en
cronologías superiores a tres milenios antes de Cristo y por tanto
correspondientes a fases últimas del periodo neolítico.
Si
seguimos las investigaciones llevadas a cabo por otro gran investigador de la
arqueología prehistórica, Manuel Pellicer Catalán, nos alecciona a través de
rigurosos estudios a la par que avalados por los avances científicos, plasmado
en numerosas obras, patentiza aquella relación cultural canario-africana. En su
ensayo sobre orígenes y cronologías culturales para determinar elementos
componentes de la Prehistoria de Canarias en su obligada relación con África
próxima (Revista de Canarias, Tomo XXXIV, años 71-72), aporta deducciones
concluyentes cuando afirma que, no obstante, “aparecen con tal carácter de
conservadurismo y prudencia que necesariamente nos remite a otras tesis
arqueológicas más recientes acorde con los avances continuos de la ciencia
moderna aplicada. Ninguna mejor que las llevadas a cabo por tres de sus más
ventajosos alumnos de la Universidad lagunera cuando el profesor Pellicer
Catalán, junto a Pilar Acosta, impartían clases en nuestra Universidad, con las
consiguientes reservas metodológicas que el régimen político imperante en la
época imponía. Dichos alumnos, hoy profesores docentes, Arcos Aguilar, Jiménez
Gómez y Navarro Mederos, dan a la luz consecuencia de fructíferas
investigaciones y de los conocimientos adquiridos durante estos últimos años.
Minuciosas y sistemáticas investigaciones en el campo arqueológico de nuestras
islas, a través de numerosas excavaciones con hallazgos de ricos variados
estratos con reveladores restos de aquella cultura material, dando lugar a la
elaboración de la primera síntesis sobre Arqueología Canaria, (Del Mito a la
Ciencia, editado por Interinsular / Ediciones Canarias, 1992) cuya aportación
era necesaria para dar a conocer dichos meticulosos estudios. En dicha
publicación los autores pretenden separar los métodos de estudio imperantes
hace veinte años en nuestra Universidad, por excesivo en los descriptivo y
tipológico, de los nuevos métodos con planteamiento metodológico más al amparo
de esos nuevos avances científicos.
Es
significativo que en el prólogo de dicha publicación de necesaria consulta, el
profesor Mauro Hernández Pérez diga: “Por los años sesenta (siglo XX), Diego
Cuscoy había publicado la edición titulada Los Guanches, sin duda la mejor obra
de la prehistoria de Canarias y base de inspiración de numerosos estudios
posteriores. Coinciden estos años con la jubilación de la docencia universitaria
y, prácticamente, en la investigación los profesores Serra Rafols y Álvarez
Delgado. Por otra parte, añade, que la celebración de dos congresos
internacionales en La Laguna y que pusieron de moda a Canarias entre
arqueólogos hispanos y, en especial, franceses, ambos dedicados a la
Prehistoria Africana, aunaron criterios coincidentes en la necesidad de
revitalizar las investigaciones”. En esta tarea se volcaron los profesores
Pellicer y Acosta impulsando la elaboración de la Carta Arqueológica del Archipiélago
con el estudio de diversos elementos culturales aborígenes con la realización
de varias excavaciones en Tenerife y La Palma.
Aquellos
trabajos durante años han sido juzgados con cierta dureza con demasiado frecuencia, afirmándose que significó un cierto
“anquilosameniento” de la investigación sobre el pasado hispano-canario
anterior, que condujo a cierta crisis de interpretación. Se olvida, sin
embargo, las circunstancias del momento (plena dictadura franquista) ya que
desde diversos lugares se entorpecía, casi siempre por motivaciones
exclusivamente personales, la investigación que se hacía en y desde la
universidad lagunera, al igual que se impedía cualquier publicación al
respecto. Sólo se conocían breves resúmenes de las investigaciones llevadas a
cabo y que nunca recogían todas las cuestiones abordadas que por su propia carácter minusvaloraban los resultados sin recoger el
fondo de las cuestiones abordadas. No se prestaba atención a las fuentes
escritas, tanto las procedentes de los primeros viajeros, cronistas o relatores
de la conquista y años iniciales de la colonización, como tampoco a los
documentos públicos y privados que hacían referencia al mundo aborigen
prehispánico. Se olvidaba incluso el previo estado de la investigación con alguna
isla relativamente muy conocida como era Tenerife y, en menor medida Gran
Canaria, así como el total desconocimiento de las demás, para las que sólo se
permitían los viejos esquemas tomados por Berthelot y Verneau, ahora
excesivamente mitificados.
Pero añaden
los propios autores en la introducción del libro comentado que: “el secular
saqueo de muchos de los yacimientos, la escasez de estratigrafías y las
dificultades que algunos métodos de datación presentan para su aplicación en
Canarias, han supuesto que todavía no contemos con las suficientes referencias
cronológicas... por interesar de manera especial a aquellas circunstancias que
se refieren a la Antigüedad, origen y evolución del poblamiento y de las
culturas insulares”, cuya tesitura es la que pretendemos exponer en especial en
relación con las zonas magrebíes y saharianas del África próxima.
No
obstante y a pesar de todo, M. Pellicer recoge en el estudio mencionado
aspectos coincidentes cuando cita a Zeuner ponente en el V Congreso Panafricano
de Prehistoria celebrado en Santa Cruz de Tenerife (año 1966) cuando afirma que
las culturas canarias se originaron por oleadas sucesivas y desde las zonas
orientales africanas a partir de 10 mil años antes de Cristo, (pleno
Paleolítico Superior), hasta comienzos de la Era cristiana, es decir que
abarcaría el periodo epipaleolítico y neolítico, aspecto que avala nuestra
teoría de un poblamiento más remoto del que científicamente ahora se pretende
acuñar.