67. «Devoción mariana y archivos eclesiásticos», ponencia, en Actas del XVI Congreso de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España, Zaragoza, 11-15 septiembre 2000, en Rev. Memoria Ecclesiae XXI, Oviedo, 2002, págs. 295-352.
Manuel Jesús Carrasco Terriza
Secretario Canciller y Archivero Diocesano de Huelva
SUMARIOI. LA RELIGIOSIDAD POPULAR
MARIANA
A. La religiosidad popular, un humanismo cristiano
1. Interés de la Iglesia y de la
sociedad por la religiosidad popular
2. Qué entendemos por religiosidad
popular
3. Valores de la religiosidad popular
B. La devoción popular a María
1. Religión natural y revelación
positiva en la piedad mariana
a. Dios habla
en sus obras
b. Dios se
revela a un pueblo
c. Dios toma
como madre a María
d. María, en
la vida de la Iglesia
2. Desarrollo histórico de la piedad
mariana
a. En la
antigüedad cristiana
b. Los nuevos
pueblos
c. Las
imágenes
d. El medievo
e. De Trento al Vaticano II
C. Componentes de la piedad popular mariana
1. La mariofanía
en las coordenadas espacio-tiempo
a. La imagen
de culto
a'. Caracteres iconográficos
b'. Títulos y advocaciones
c'. Los orígenes
d'. Reproducciones: grabados, estampas, medallas.
b. Los
lugares
a'. El paisaje
b'. Ermitas y santuarios
c'. El campo, la ciudad
c. Los
tiempos
a'. El ciclo litúrgico anual
b'. Los meses marianos
c'. Los días y las horas
2. El dinamismo de la celebración.
a. El culto
a'. Culto litúrgico y devocional
b'. Pregones y sermones
c'. Procesiones y traslados
d'. Romerías anuales, peregrinaciones ocasionales
e'. Patronazgo y coronación canónica
f'. Milagros y favores
g'. Votos y exvotos, rogativas y promesas.
h'. Himnos, romances, coplas, gozos.
b. La fiesta
a'. La alegría de la celebración
b'. La danza y el baile.
c'. La música y la poesía
d'. La comida
e'. El espectáculo visual
c. La
sociedad
a'. Señas de identidad
b'. Sentimientos de igualdad y solidaridad
c'. Hermandades y Cofradías
d'. Poder social
II. LA PIEDAD MARIANA EN LOS ARCHIVOS ECLESIÁSTICOS
A. Los archivos, al servicio de la Iglesia y de la
sociedad
1. Concepto de archivos
a.
Procedencia de la documentación
b. Documentos
y Patrimonio Documental
c. Los
contenidos
d. Finalidad
de la documentación
2. Instrumentos de descripción para
las nuevas demandas
3. Archiveros, documentalistas y
bibliotecarios
B. Contenidos de piedad popular mariana en los archivos
1. La piedad popular mariana en las
series tradicionales
a. Archivos
diocesanos y capitulares
b. Archivos
parroquiales, de hermandades y de santuarios
c. Archivos
de órdenes religiosas
2. La formación de nuevas series
a. Libro de
crónicas
b. Inventario
de costumbres y tradiciones religiosas y populares
c. Libro de
súplicas
d. Documentos
en nuevos tipos de soportes
3. Centros de documentación
especializados
a. Archivos y
centros de estudio de religiosidad popular.
b. Museos devocionales
c. Archivos
particulares y colecciones documentales
CONCLUSIONES
"- Señora, cada ramito tiene su historia".
Le contestó un almonteño a una señora que se quejaba de la cantidad de flores que se amontonaban ante el altar de la Virgen del Rocío. Con esta anécdota terminé mi comunicación presentada el año pasado en el Congreso sobre Santuarios y Peregrinaciones, en Santiago de Compostela, y con ella quiero empezar esta ponencia en el Congreso sobre Religiosidad Popular en Zaragoza.
Cada ramito tiene su historia, cada ofrenda de claveles y gladiolos tiene detrás un trozo de vida, de enfermedad, de sufrimiento, de angustia, y de petición de ayuda a la Santísima Virgen y de agradecimiento por la protección recibida. Se pueden conservar algunos pétalos entre las páginas de un libro, pero ¿cómo archivar aquellos cientos de ramos de flores? ¿cómo dejar constancia de la piedad de miles de fieles en los archivos eclesiásticos, que son la Memoria Ecclesiae?
En el curso de la exposición pretendo ofrecer una panorámica de la religiosidad popular mariana, sentada sobre bases teológicas, que nos sirva de marco de referencia a los archiveros para la valoración, conservación y catalogación de posibles fuentes documentales que puedan facilitar información y elementos de juicio a los pastores de la Iglesia y a los investigadores de ciencias históricas o antropológicas. Se trata, en breve, de conocer el estado de la cuestión y los puntos de interés de los pastores y de los investigadores, para poder servirles adecuadamente, y los problemas que la religiosidad popular plantea a los archivos en su triple misión de conservar, ordenar y transmitir.
I. LA RELIGIOSIDAD POPULAR MARIANA
Séame permitido recordar los fundamentos de la piedad mariana, antes de delinear los elementos integrantes de las manifestaciones populares de esa devoción.
A. La religiosidad popular, un humanismo cristiano
Aunque la Iglesia nunca ha estado ajena a la piedad de la gente sencilla, antes bien la ha cuidado y fomentado, puede decirse que en último tercio del siglo XX, coincidiendo con un movimiento de valoración del pueblo y de lo popular, no exento a veces de planteamientos dialécticos, ha sido enorme el interés despertado por la religiosidad popular, sobre todo en Latinoamérica y España.
Lo mismo ocurre en la antropología social: en los siglos XVIII y XIX no han faltado relatos de viaje, de románticos y folkloristas que nos han brindado la descripción de fiestas y costumbres populares. Pero a partir de 1970, asistimos a un creciente interés de las ciencias humanas por los comportamientos religiosos del hombre, como lo demuestran los centros de estudio, los congresos, las revistas y publicaciones surgidos desde entonces.
1. Interés de la Iglesia y de la sociedad por la religiosidad popular
Las Conferencias generales segunda y tercera del CELAM, de 1968 en Medellín y de 1979 en Puebla, marcan los ejes principales del concepto y de la pastoral de la religiosidad popular. Esta aportación de los obispos latinoamericanos es aceptada por los Sínodos de los Obispos de 1974 y 1977, e incorporada en los textos de los sucesivos documentos Evangelii nuntiandi(1) y Catechesi tradendae(2). Los obispos de Andalucía abordaron el tema en sendos documentos, fechados en 1975 y 1985, titulados respectivamente El catolicismo popular en el sur de España. Documento de trabajo para la reflexión práctica pastoral, y El catolicismo popular. Nuevas consideraciones pastorales (3). Finalmente, el Catecismo de la Iglesia Católica(4), de 1992, le da carta de naturaleza, en el contexto de la celebración del misterio cristiano.
Las intervenciones del magisterio han venido precedidas, acompañadas y seguidas por la reflexión de teólogos y pastoralistas(5), antropólogos y fenomenólogos de la religión(6). En el ámbito de los archiveros eclesiásticos se ha tratado, directa o indirectamente, de la religiosidad popular en numerosas ocasiones, como puede verse en la revista Memoria Ecclesiae (7) .
Los estudios de antropología social han despertado en la sociedad una justa valoración de las artes y costumbres populares, hasta el punto de que los valores etnográficos son considerados componentes del patrimonio histórico de una nación o de una región. Según la Ley del Patrimonio Histórico Español, poseen valores etnográficos los bienes inmuebles o muebles que son fruto de las actividades tradicionales de la comunidad humana, así como las propias actividades, arraigadas y transmitidas consuetudinariamente, que han sido y son expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo en sus aspectos materiales, sociales o espirituales(8), entre los que hemos de incluir, primordialmente, los aspectos religiosos.
2. Qué entendemos por religiosidad popular
Religiosidad viene de religión. Por religiosidad popular entendemos las variadas formas de manifestación del sentido religioso y de la piedad del pueblo cristiano, que brotan de su naturaleza profética y sacerdotal, en torno a la vida sacramental de la Iglesia, y que se expresan según sus propias matrices culturales(9).
La Conferencia de Puebla lo define así: "Por religión del pueblo, religiosidad o piedad popular, entendemos el complejo de las profundas creencias confirmadas por Dios, los comportamientos fundamentales que se derivan de estas convicciones y las expresiones que las manifiestan. Se trata de la forma cultural o existencial que la religión adopta en un pueblo determinado"(10).
El Catecismo de la Iglesia Católica enumera algunas manifestaciones de la religiosidad popular, como "la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el vía crucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc."(11)
Ya en 1975 Pablo VI había invitado a redescubrir esta realidad: 'Tanto en las regiones donde la Iglesia está plantada desde siglos como allí donde está en camino de ser implantada, se descubren en el pueblo expresiones particulares de la búsqueda de Dios y de la fe. Consideradas durante largo tiempo como menos puras, y a veces despreciadas, estas expresiones constituyen hoy, un poco por todas partes, el objeto de un nuevo descubrimiento"(12). También Juan Pablo II ha exhortado a valorar en la catequesis los elementos positivos de la piedad popular(13). La Comisión teológico-histórica del Comité Central para el Jubileo del Año 2000, en el subsidio para el año 1996, titulado Jesucristo, Salvador del mundo(14), encarece el papel fundamental de la religiosidad popular en la comprensión del misterio de Cristo y en su expresión catequética.
3. Valores de la religiosidad popular
El enorme interés que suscita la religiosidad popular se debe a los innumerables valores humanos y religiosos que encierra, y que constituyen, en feliz expresión de Puebla, un humanismo cristiano.
"La religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. La sapiencia popular católica tiene una capacidad de síntesis vital; así conlleva creadoramente lo divino y lo humano; Cristo y María; espíritu y cuerpo; comunión e institución; persona y comunidad; fe y patria; inteligencia y afecto. Esa sabiduría es un humanismo cristiano que afirma radicalmente la dignidad de toda persona como hijo de Dios, establece una fraternidad fundamental, enseña a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona las razones para la alegría y el humor, aun en medio de una vida muy dura. Esa sabiduría es también para el pueblo un principio de discernimiento, un instinto evangélico por el que capta espontáneamente cuándo se sirve en la Iglesia al Evangelio y cuándo se la vacía y asfixia con otros intereses"(15)
"Tiene el sentido de lo sagrado, manifiesta una sed de Dios, expresa un fervor y una pureza de intención conmovedores, que sólo pueden tener los sencillos y los pobres(16). Está disponible para ser confrontada con la Palabra de Dios, vive la presencia trinitaria (que se percibe en las devociones y en las iconografías), creen en la providencia y en la presencia amorosa y constante de Dios Padre, tiene un gran sentido de la oración(17). Tiene una capacidad de síntesis vital que une creativamente lo divino y lo humano, Cristo y María, espíritu y cuerpo, comunión e institución, persona y comunidad, fe y patria, inteligencia y afecto"(18).
La religiosidad popular siente fuertemente la conciencia del pecado y la necesidad de la expiación(19). Expresa el amor a María, venerada como la Inmaculada Madre de Dios y de los hombres, y hace capaces de generosidad y de sacrificio hasta el heroísmo. Manifiesta la fe en un lenguaje total (canto, imágenes, gesto, color y danza) y, superando los racionalismos fríos, la sitúa en el tiempo (fiestas) y en los lugares (santuarios y templos) y la vive profundamente en la participación de los sacramentos de la Iglesia, sobre todo en los de la Reconciliación y la Eucaristía(20)
"La religiosidad popular genera actitudes interiores que raramente se observan en otras partes en el mismo grado: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desprendimiento, apertura a los otros, devoción(21), práctica de las virtudes evangélicas(22), desprendimiento de las cosas materiales y solidaridad(23).
No menos importantes son los valores catequéticos y pastorales: "La religiosidad popular o piedad popular es el verdadero ambiente vital de la acción catequética y pastoral de la Iglesia. La mayor parte de los fieles, sean niños o adultos, incultos o instruidos, pobres o ricos, viven plenamente inmersos en este clima de devoción popular. Acogen, comprenden y expresan la fe cristiana no con las categorías cultas de la teología de escuela, sino con los códigos propios y particulares, cuyo contenido es, con frecuencia, rico en símbolos y en experiencias vitales. Por esto, la religiosidad popular no puede ser descuidada como insignificante o simplemente supersticiosa, sino que debe ser acogida como un valor religioso y cristiano".
B. La devoción popular a María
Un lugar privilegiado dentro de la religiosidad popular lo ocupa la devoción mariana. Basta un somero recorrido histórico o una simple mirada al panorama devocional de nuestro tiempo para corroborarlo. Los mariólogos han tenido muy en cuenta en sus estudios recientes el culto y la piedad mariana(24). A la fundamentación teológica de los mariólogos hay que añadir las observaciones de los antropólogos y de los fenomenólogos de la religión, que en la piedad popular encuentra similitudes con formas de religión natural.
Juan Pablo II resumió en El Rocío lo que significa la religiosidad popular mariana: "Vuestra devoción a la Virgen representa una vivencia clave en la religiosidad popular y, al mismo tiempo, constituye una compleja realidad socio-cultural y religiosa. En ella, junto a los valores de tradición histórica, de ambientación folklórica y de belleza natural y plástica, se conjugan ricos sentimientos humanos de amistad compartida, igualdad de trato y valor de todo lo bellos que la vida encierra en el común gozo de la fiesta. Pero en las raíces profundas de este fenómeno religioso y cultural, aparecen los auténticos valores espirituales de la fe en Dios, del reconocimiento de Cristo como Hijo de Dios y Salvador de los hombres, del amor y devoción a la Virgen y de la fraternidad cristiana, que nace de sabernos hijos del mismo Padre celestial"(25).
1. Religión natural y revelación positiva en la piedad mariana
A María hay que acercarse con los datos que nos ofrece la revelación divina, por medio de la tradición, expresada en las Sagradas Escrituras y en la vida de la Iglesia. La certeza de los contenidos de la fe no contradice la revelación que Dios hace de sí mismo a través de la conciencia y de la creación.
Sobre la revelación cósmica, Dios se abre al hombre y le muestra progresivamente su ser y su designio a través del pueblo elegido, hasta irrumpir en la plenitud de los tiempos revelándose en Cristo, el Verbo de Dios, que nos ha transmitido el misterio de Dios y de los hombres. Son tres estratos de la revelación que, aunque se produjeron sucesivamente a lo largo de la historia, no se anulan sino que coexisten. La gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona: "No he venido a destruir la ley sino a darle cumplimiento"(26).
La Revelación positiva que ha sido conocida, recibida y vivida en las diferentes culturas, hasta el punto de formar parte constitutiva de la idiosincrasia de los pueblos evangelizados. La fe ha quedado inculturada en ellos, no sólo porque ha sido recibida en su cultura, sino porque ha producido y produce cultura, en sus múltiples manifestaciones.
a. Dios habla en sus obras
En la particular pedagogía divina, "Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo Encarnado, Jesucristo"(27).
El Creador sitúa al hombre en un entorno social y natural, y a través de su entorno, el hombre tiene "una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana, y a veces también el conocimiento de la suma divinidad e incluso del Padre. Esta percepción y conocimiento penetra toda su vida con un íntimo sentido religioso"(28).
El hombre percibe junto a sí unas fuerzas que le son favorables o adversas, que le exceden por sus dimensiones, por su belleza o por su potencia, y con las que ha de relacionarse, para aplacarlas o para serles propicio. Al mismo tiempo descubre en sí mismo y en su entorno humano un proceso vital, con un inicio y un fin, el nacimiento y la muerte, y que viene marcado por unos pasos o momentos de transición de la infancia a la pubertad, de la soltería al matrimonio. A lo largo de su vida tropezará con dificultades internas y externas: la enfermedad, los pleitos, las guerras y la ancianidad.
Ambas percepciones del exterior y del interior conducen al hombre a entablar unas relaciones con un ser superior, o sus mediadores, y con el grupo humano, por medio de ritos, ofrendas, sacrificios, ritos de paso. El proceso humano de conocer por lo conocido le llevará a concreciones antropomórficas, personalizando las fuerzas de la naturaleza y otorgándoles formas visuales por medio de símbolos e imágenes.
b. Dios se revela a un pueblo
Yahvé se revela en una historia de salvación, con hechos y palabras. Yahvé da a conocer su ser y su designio por medio de intervenciones salvadoras para el pueblo de Israel, con el que establece sucesivas alianzas. Progresivamente el pueblo descubre la identidad de Yahvé, a medida que descubre la identidad propia, frente a otros pueblos que tienen otros dioses, que no son dioses. Yahvé e Israel se relacionan por compromisos mutuos: "Yo seré tu Dios. Tú serás mi pueblo"(29). Es un Dios cercano, como lo muestra el libro del Deuteronomio: un Dios que conduce, protege, legisla y corrige con adversidades y castigos. Es un Dios que escucha y que habla al hombre en su vida ordinaria, como individuo y como pueblo.
Hasta que Dios revela el culto a Moisés, el pueblo tributa ofrendas en lugares altos o allí donde han experimentado la protección divina. Luego, el templo único será el modo de significar el Dios único. En el culto estaban presentes la alegría de la fiesta, las peregrinaciones anuales, la comida en común, la procesión, la danza, las ofrendas, la oración, la purificación, la escucha de la Palabra, el memorial de la Pascua.
Esta sublime revelación tropieza con un pueblo rebelde, de mentalidad pequeña, apegada a lo concreto, que no se desliga del ambiente politeísta que le rodea, y que no abandona expresiones inadecuadas o mediaciones indeseadas, como el becerro de oro, o los amuletos de Yamnia que los soldados de Judas Macabeo, muertos en combate, llevaban bajo las túnicas(30).
c. Dios toma como madre a María
El núcleo de la revelación última de Dios es la nueva y definitiva alianza en la persona del Verbo. Dios se hizo hombre de una madre virgen, "Dios envió a su Hijo, nacido de mujer"(31): una verdad teológica y un acontecimiento histórico, que sucedió en el tiempo y que transformó el curso de los tiempos. En ese núcleo de la alianza se encuentra María.
No es María una versión mitificada de divinidades femeninas y de diosas de la fecundidad, sino una mujer real, doncella y virgen, sencilla nazarena que había sido elegida, preparada y bendecida por Dios desde toda la eternidad para la sublime misión de ser la Madre de su Hijo. En previsión de su respuesta libre y de los méritos del fruto bendito de su vientre, Jesús, María fue preservada inmune de pecado original y llena de gracia y de celestial hermosura de cuerpo y de alma. Ante el anuncio del ángel, María otorgó su respuesta libre y total(32).
María se convierte física y espiritualmente en la Madre de Jesús, el Hijo de Dios y, desde ese momento, Hijo de María. Recorrió paso a paso el camino de la fe, con obediencia libre y renovada, guardando todas las cosas en su corazón, hasta culminar en la entrega generosa del fruto de su vientre en el sacrificio de la Cruz. En el Calvario fue constituida Madre del discípulo amado, de todos los discípulos amados, Madre de la Iglesia. Y la que dio a luz sin dolor en Belén, nos dio a luz con dolor al pie de la cruz. Madre de la Iglesia que reúne a los hijos dispersos y los congrega en la espera del Espíritu Santo, que se derrama sobre ellos en Pentecostés(33).
Cumplidos los días de su vida mortal, fue elevada en cuerpo y alma a los cielos, donde fue coronada por la Trinidad Beatísima, y desde donde, como Madre, cuida amorosamente de su hijos que caminamos por el mundo hasta la patria definitiva que ella ya ha alcanzado. Por lo cual, las sucesivas generaciones la han invocado con infinidad de nombres que expresan su maternal protección: Auxiliadora, Mercedes, Pilar, Remedios, Rocío, Socorro(34).
Estos son los contenidos fundamentales del misterio de María, que la Iglesia ha recibido desde primera hora, y que ha meditado, profundizado y transmitido a lo largo de generaciones.
d. María, en la vida de la Iglesia
Por ese misterio insondable de la armonía de la revelación divina, el misterio de María se proyecta luminoso sobre la vida de la Iglesia. Nos revela el rostro materno de Dios providente. Hace posible la eucaristía, al dar carne en su vientre al Hijo de Dios, carne entregada en sacrificio y ofrecida como verdadera comida. Se muestra como apuesta de futuro, obra maestra del Padre, proyecto realizado, prototipo de la humanidad restaurada, de lo que pudo ser para todos y no fue por la culpa de Adán; el culmen de las posibilidades de la naturaleza humana redimida.
En la piedad popular mariana existen dos principios fundamentales: la mediación y la alianza. El pueblo descubre en María la proximidad de Dios por la mediación materna, mediación participada del único Mediador, Jesucristo. Y se mueve en la dinámica de la alianza, "concepto bíblico esencial que define el marco estructurador de las relaciones de Dios con el pueblo elegido y, en general, con la criatura humana"(35), y que es extensivo a las relaciones materno-filiales, de mutuo compromiso entre María y el fiel (persona o grupo).
Por un lado, María ofrece al Niño, Hijo de Dios, que lleva en sus brazos, y lo acerca a pastores, magos y devotos(36). Tiene capacidad de influir en el poder taumatúrgico de su divino Hijo(37), que quiso estar sometido a Ella en la tierra(38). Ella dispone que se escuche a su Hijo, y que se cumpla lo que Él diga(39).
En el otro polo de la alianza materno-filial está el pueblo, que descubre el misterio de la Encarnación en el misterio de la maternidad de María. Alaba y ensalza la belleza de cuerpo y alma de María, pues se trata de su propia madre. Pide perdón por no haber respondido a los mandamientos de Dios, a la palabra de su Hijo. Y confía en el instinto maternal y en el encargo divino de Ella como Madre de la Iglesia, y en su poder suplicante. La relación de alianza se especifica en los títulos marianos y en los patronazgos sobre pueblos, regiones o naciones, y sobre gremios y profesiones.
2. Desarrollo histórico de la piedad mariana
No es extraño que, si "todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza", los pueblos la hayan admirado y aclamado. "Llena de gracia"(40), la llama el ángel. "Bendita tú entre las mujeres"(41), la proclama Isabel. Y ella no rechaza la alabanza, sino que la admite como un anuncio profético: "Dichosa me llamarán todas las generaciones"; y da la razón: "porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí"(42).
a. En la antigüedad cristiana
La devoción a María comienza en Isabel, la primera persona que la proclama "Madre de mi Señor"(43). La admiran y alaban los pastores y los Magos, que encuentran al Niño en los brazos de María, su Madre(44). Bendicen a Dios por el Niño y por su Madre el anciano Simeón y Ana la profetisa(45). Y una mujer, una voz anónima, sale del pueblo para aclamar "Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron"(46). Estas cosas las escriben los evangelistas en el ambiente íntimo y gozoso de la primitiva comunidad cristiana, que en la fracción del pan escuchaba los relatos de los testigos presenciales, o de las confidencias que María habría hecho a sus nuevos hijos. Aquella primera comunidad cristiana, en su primitiva sencillez, es ya devota de María.
En el mismo ambiente de familia surgen los relatos apócrifos, primer fruto de la devoción popular a María: los apócrifos de la Infancia y de la Asunción. La piedad y la imaginación tejieron preciosos relatos, basados en contenidos nucleares de nuestra fe, como la asunción a los cielos o la concepción inmaculada, expresada en el milagroso abrazo de Joaquín y Ana ante la Puerta Dorada; o en detalles anecdóticos, transmitidos de boca en boca, como los nombres de los abuelos, la infancia y educación de María en el templo, los desposorios, el testimonio del nacimiento virginal de Jesús, etc.(47)
El pueblo, compuesto, en suma, por madres e hijos, capta maravillosamente la figura maternal de María en la Iglesia, en cada familia y en cada persona. Entiende el misterio de Cristo al entender el misterio de María. El sensus fidei fidelium descubre el error cristológico de Nestorio, porque le niega a María la maternidad divina; y, cuando el heresiarca es condenado, las calles de Éfeso, en plena noche, se convierten en un ascua de luz y de alegría(48).
b. Los nuevos pueblos
La evangelización de las poblaciones campesinas, los habitantes de los pagos o paganos, y de los nuevos pueblos, que afluyen desde las antiguas fronteras del Imperio, incorporó los ciclos de la naturaleza al ciclo litúrgico, del mismo modo que Yahvé había integrado en la historia de la salvación el mundo cultural que rodeaba al pueblo judío, purificándolo y llenándolo del contenido de la revelación. San Gregorio Magno, en el tránsito del siglo VI al VII, fue un cabal ejemplo de cómo acercar al cristianismo aquellas mentalidades religiosas basadas en la naturaleza creada, aceptando lo que de religión natural había en las manifestaciones de culto, y desechando lo idolátrico(49). Se trataba, ni más ni menos, de darle el nombre propio y verdadero a lo que aquellos pueblos habían venerado por aquella revelación que Dios hace en el cosmos y en la conciencia de cada hombre. Se inicia así un proceso de inculturación, lento sin duda, con avances y retrocesos, con recaídas en las prácticas paganas, en supersticiones y sincretismos, pero que llevó al cristianismo a convertirse en la matriz de la cultura europea.
La ubicación en el calendario anual de algunas fiestas litúrgicas cristológico-marianas tienen su origen en la transición de la cultura pagana a la cultura cristiana. Por ser Cristo "el sol que nace de lo alto"(50), la Navidad fue situada en el solsticio de invierno, cuando el sol comienza a crecer. De la fijación de esta fecha dependen las demás: la Anunciación, nueve meses antes, en el equinoccio de primavera; la Presentación del Señor y la Purificación de María, a los cuarenta días, que venía a situarse en torno a los días de las lupercalias(51).
c. Las imágenes
La mediación de la imagen en la piedad ha sido una aportación histórica de la religiosidad popular a la Iglesia, gracias al sensus fidei del pueblo de Dios(52). En el fondo, las imágenes son una consecuencia del misterio de la encarnación(53). En Oriente, desde la primera imagen conocida, la Odegetria (año 451)(54), hasta la segunda mitad del siglo IX, quedaron fijados los iconos de la Madre de Dios, la Theotokos: la Virgen Trono o Kathedra Christi; la Virgen Majestad o Kyriotissa; la Virgen Orante o Blachernitissa; la Virgen orante con el Niño en su vientre o Platytera; la Virgen con el Niño en los brazos, la referida Odegetria o Dexiokratousa; la Madre Misericordiosa o Eleousa; la Madre Amable o Glykophilousa; la Madre nutricia o Galaktotrophousa, por referirnos sólo a los modelos más importantes(55). Para dotar de más venerabilidad a la imagen, la tradición atribuye la composición de algunas a San Lucas, evangelista y pintor, o se llega a decir que la imagen no ha sido hecha por mano humana, por lo que se denomina Acheiropoietos.
La iconografía occidental bebe de los prototipos orientales, aunque con la particularidad de que no se basa en la repetición ritual del modelo, sino que predomina la creatividad personal del artista. Una visión de conjunto de la iconografía mariana nos revela que en ella se encierra una cristología completa, vista a través de Jesús Niño(56), cumpliéndose una vez más que a Jesús se le encuentra en los brazos de María.
¿Hubo imágenes marianas antes del islamismo en España? Cuando la península ibérica ya había consolidado la unidad religiosa y política, sufrió un profundo revés. La invasión musulmana supuso una ruptura radical de la cultura cristiana. La comunidad cristiana quedó reducida al ostracismo, y abocada a la extinción. Y cuando los nuevos reinos cristianos reconquistan hacia el sur los territorios islamizados, se extiende la conciencia de que se está salvando un paréntesis histórico, formulándose las teorías políticas llamadas neogóticas. Se trataría de re-anudar la monarquía visigótica.
Este mismo fenómeno se produce en la devoción popular mariana. Las leyendas de ocultación y apariciones de imágenes(57) ofrecen la versión mítica del cristianismo liberado: al igual que las imágenes fueron ocultadas ante la invasión musulmana, el cristianismo se vio obligado a ocultarse, para ser encontrado de nuevo al cabo de los siglos. La verdad es que, hoy por hoy, no podemos garantizar la historicidad de los relatos de ocultaciones e invenciones. Hemos de limitarnos a afirmar que, al menos en su mayor parte, se trata de leyendas o mitos que transmiten una verdad de fondo (la situación de los mozárabes) bajo las formas de una realidad concreta (las imágenes de la Virgen).
Ciertamente, las imágenes de culto dedicadas a la Virgen Santa María, tan populares en Oriente en los siglos VII y siguientes, con la confirmación del Concilio Quinisexto (692) y del Niceno II (787) y por la predicación de San Juan Damasceno y San Germán de Constantinopla, no existieron en Occidente hasta entrado el siglo XI. En el Occidente romano-cristiano abundaron las representaciones ilustrativas o narrativas de la vida de Cristo y de María, en sencillas pinturas murales o en riquísimos mosaicos. Pero las imágenes escultóricas destinadas a ser veneradas tropezaron con un instintivo aniconismo, si no oficial sí al menos oficioso, de la jerarquía católica. Más adelante, a pesar de que Roma había reconocido en el Concilio II de Nicea la legitimidad de su uso(58), la imágenes contaron con la oposición de la nueva cultura oficial, detentada por Carlomagno.
d. El medievo
Pero cuando se populariza la imagen de culto por el occidente cristiano es a partir de la segunda mitad del siglo XI, primero con la expansión de Cluny y la reforma gregoriana, y, después, cuando se difunde un sentimiento humanizado de la revelación cristiana, gracias a la teología afectiva de San Bernardo, con su tierna devoción a María y a la infancia de Jesús. Por toda Europa se elevan catedrales y templos dedicados sistemáticamente a Santa María, incluso sustituyendo a titulares anteriores. Y se extienden por todas partes las imágenes románicas de la Virgen Trono y Virgen Majestad, de posición frontal y mayestática.
Los siglos del gótico van a humanizar aún más la devoción mariana, como lo reflejan las imágenes que exteriorizan los sentimientos materno-filiales, los gestos íntimos y espontáneos. El Niño abandona la posición central y pasa al brazo izquierdo de la Madre, con la que entabla enternecedores diálogos. San Francisco encarna la novedad del mensaje evangélico para los nuevos ricos de los burgos, de ideales caballerescos y delicada sensibilidad estética. Las órdenes mendicantes se van a caracterizar por su devoción mariana, bajo la forma de protección corporativa o de protección personal. La Virgen del Rosario será promovida por los dominicos; la Virgen de los Dolores, por los servitas; la Virgen del Carmen, por los carmelitas; la Virgen de la Merced, por los mercedarios. Elocuentes testigos de la piedad popular a la Virgen María son Alfonso X y Gonzalo de Berceo, quienes, en las Cantigas y en Los Milagros de Santa María, celebran con gozo y admiración cómo el pueblo siente el socorro de la Virgen en las situaciones más dispares.
La devoción a la humanidad de Cristo, en los siglos del humanismo cristiano, afecta, como no podía ser menos, a la Madre que lo encarnó. Y la atención que se presta a los sufrimientos redentores de Cristo tuvo su parangón en la devoción a los dolores de la Madre.
e. De Trento al Vaticano II
Al mediar el segundo milenio, las devociones marianas primitivas, de advocaciones toponímicas, ligadas a antiguos santuarios(59) y cargadas de leyendas de apariciones, han quedado definitivamente conformadas. El Concilio de Trento reacciona contra los abusos a que ha llevado la ignorancia de los cristianos, y desautoriza las leyendas, las falsas reliquias y todo tipo de prácticas supersticiosas(60). En adelante surgirán nuevas advocaciones, al compás del desarrollo dogmático, teológico y devocional: la Inmaculada Concepción y la Asunción, el Sagrado Corazón de María, la Medalla Milagrosa...
La batalla cultural de la Ilustración producirá, desde el siglo XVIII, una dicotomía entre el racionalismo de las clases cultas y la piedad sencilla y sentimental de las masas populares. La razón parece estar del lado de la sencillez, como lo demuestran, entre los siglos XIX y XX, las grandes mariofanías de Lourdes y Fátima.
De este modo llegamos a la actualidad, umbral del tercer milenio. La devoción mariana resulta de la aportación de veinte siglos de fe cristiana (revelación positiva cristiana), que se asienta sobre centenares de siglos de experiencia religiosa (revelación natural y revelación positiva judaica). Desde Pio IX y León XIII hasta nuestros días son incontables los documentos pontificios que han ensalzado a María y han promovido su culto. Señalaré sólo los tres hitos más recientes: Lumen Gentium (1964)(61), Marialis Cultus,(1974)(62) y Redemptoris Mater(1987)(63).
En las últimas décadas, los escrituristas, mariólogos y pastoralistas, desde la revelación positiva, y los antropólogos y los investigadores de la etnohistoria y de la historia de las mentalidades, desde la religiosidad natural y desde los fenómenos sociales, estudian sincrónica o diacrónicamente el fenómeno de la piedad popular mariana, que la Iglesia, fiel a su misión pastoral, se esfuerza día a día por evangelizar y llenar de contenido(64).
C. Componentes de la piedad popular mariana
Visto el fundamento doctrinal y el desarrollo histórico de la piedad mariana veamos ahora las expresiones más comunes que podemos encontrar en la mayoría de las devociones marianas, a lo largo y ancho de la geografía hispana. Analizaremos los elementos inanimados, a saber, la imagen de culto y sus coordenadas espacio-temporales, los lugares y los tiempos. Seguidamente observaremos la dinámica de la respuesta humana: el culto, la fiesta, el espectáculo visual, la música, la poesía, la danza, la sociabilidad, las señas de identidad de un pueblo.
La devoción mariana en España ha sido descrita por algunos autores: Ledesma(65), Villafañe(66), Pallés(67), Sánchez Pérez(68), Trens(69), Sarthou(70), El Libro de la Virgen(71). Pero la obra más monumental llevada a cabo hasta ahora sobre la devoción mariana en España es la publicación de Ediciones Encuentro, culminada este año 2000: María en los pueblos de España. Guía para visitar los Santuarios marianos de [*], que lleva el subtítulo de Fe. Historia. Antropología. Devoción. Arte. Diecisiete tomos, siguiendo la geografía autonómica española, redactados por historiadores de reconocido prestigio, muchos de ellos archiveros eclesiásticos, y prologados por los respectivos señores arzobispos y obispos(72). No obstante, el carácter de síntesis y de divulgación que preside la obra no impide, al contrario, reclama, posteriores estudios que profundicen en esos cinco aspectos enumerados.
1. La mariofanía en las coordenadas espacio-tiempo
Nos referimos, en primer lugar, a aquellos componentes básicos de la alianza materno-filial de María con su pueblo, que son de naturaleza inanimada: la imagen de culto, los lugares y los tiempos.
a. La imagen de culto
La devoción popular a la Virgen María se caracteriza por tener como soporte visual una imagen, sobre todo escultura, individualizada en sus formas iconográficas y determinada por su título o advocación. Aquellas que no tienen un origen histórico conocido, se ven rodeadas de leyendas de apariciones. La fama de los milagros y favores se extiende más allá de su localidad. Su efigie es difundida entre los devotos por medio de reproducciones, grabados, estampas, medallas, etc.
a'. Caracteres iconográficos
No toda representación de la Virgen María se considera imagen de culto. Desde las catacumbas conocemos figuraciones de la Madre de Jesús. En los evangeliarios otonianos la figura de María ocupa su lugar en las respectivas escenas. Dentro de la escasez de escenas figuradas en el arte visigótico, no faltan representaciones de la Virgen. Pero la finalidad de todas ellas no es atraer la veneración, sino evocar, ilustrar o decorar.
La imagen de culto, en cambio, tiene categoría de sacramental, es decir, de instrumento de lo sagrado, en la línea de las mediaciones. Por un lado, representa a la Virgen María en una figura que, de algún modo, se considera dotada de virtualidad, y que suscita en los devotos el afán de tocarla o de pasar objetos piadosos por ornamentos que hayan estado en contacto con ella. Por otro lado, es receptáculo de la oración y de las peticiones, de la gratitud y de las promesas de los fieles.
Al no ser imagen narrativa, el interés no se centra en reproducir fiel y verosímilmente a la Virgen en un momento concreto de su vida, como doncella nazarena, o como madre dolorosa. La imagen de culto es imagen simbólica, es decir, aquella que, sin perder la mediación de lo concreto, recibe en sí una serie de atributos o símbolos parlantes, que hablan de las virtudes o virtualidades de María.
Si la figura es de talla completa, se presta menos a la simbolización. En cambio, la imagen vestida o de vestir, es decir, aquella en que la talla o el maniquí es recubierto de vestidos, manto, saya, toca, velos, etc., mientras parece acercarse a la realidad tangible se presta más a la idealización, porque no intenta representar a la Virgen con la vestimenta de mujer nazarena, sino idealizarla con la indumentaria de reina y con los atributos bíblicos, joyas, corona, cetro, ráfaga y media luna. Si no se tiene en cuenta el carácter predominantemente simbólico, no se comprendería cómo una madre llena de dolor y de lágrimas pueda ir exhibiendo manto y saya bordados en oro, cargada de joyas, de pesada corona y de capa magna,.
La imagen de culto concentra en sí, por medio de los elementos simbólicos, todo el contenido teológico de la mariología: Madre, por el Hijo que lleva en los brazos; Virgen, por su juvenil rostro; Inmaculada, por los símbolos apocalípticos: el vestido de sol -la ráfaga y el manto bordado en oro-, la luna bajo sus pies y la aureola de doce estrellas; Asunta a los Cielos, por la nube sobre la que se eleva; y Reina y Dispensadora de todas las gracias, por la corona y el cetro.
Además de estos símbolos comunes, cada icona puede ostentar o llevar en la mano otros atributos que la individualizan, y que, a veces, corresponden al título de su advocación. Los objetos pueden estar tomados de la naturaleza, y aluden a la virtud o poder de María o a alguna circunstancia histórica. Del reino animal encontramos la paloma, la tórtola, un pajarito; de las flores: la rosa, la azucena, el lirio; de los frutos: la granada, la breva, la pera, la piña, la oliva; de la obras humanas: el libro, la cinta, la torre, la casa; de objetos de devoción: el rosario, el escapulario, la medalla milagrosa. Podemos encontrar otros elementos peculiares de adorno, como la salamanquesa o salamandra, símbolo de la revitalización por el fuego; los billetes de banco que se prenden del manto, signo de ofrendas.
El conjunto de la talla o imagen de vestir, con la vestimenta y los atributos comunes y específicos, consiguen una imagen visual tan propia que basta una sencilla silueta para reconocerla, como el caso de la Virgen del Pilar y la del Rocío.
La máxima ilusión del devoto es tocar la imagen, llevarla sobre sus hombros, recibir la virtualidad condensada en ella a través del contacto personal. Pero la imagen se ve rodeada de un marco de protección, que aumenta el carácter de intangible, de sagrada, en cuanto apartada y lejana. Los momentos de mayor fervor, hasta el paroxismo, se pueden dar en el salto de la reja para ser el primero en cargar sus andas o en la pugna por alcanzar los varales. Otro detalle de sacralidad es que los danzantes o los infanticos nunca le vuelven la espalda.
b'. Títulos y advocaciones
Cada imagen de María, objeto de devoción popular, obtiene su individualización gracias al título con el que es invocada. La gente sencilla hablan de las imágenes como si se tratara de personas, pero en la conciencia de cada cristiano está claro que Virgen no hay más que una, la Virgen María, aunque reciba múltiples advocaciones, por medio del determinativo de. Del conjunto de advocaciones surge armónicamente el contenido completo de la mariología, sin que ningún aspecto del misterio mariano quede por exaltar o venerar(73).
Las advocaciones resultan de la combinación del sustantivo, que se refiere directamente a la persona de María, y el determinativo, que proclama la virtus (virtud y virtualidad) de Ella. La primera parte del título expresa la verdad teológica: Virgen, Madre de Dios, Reina, Señora, o Nuestra Señora -incorporando el posesivo inverso o pasivo nuestra-. El determinativo puede corresponder a escenas de los evangelios de la infancia o a los relatos de la pasión: Purificación, Candelaria, Belén, Dolores, Calvario, Angustias, Soledad; o a las cualidades de María, tanto en el sentido encomiástico, que ensalza las virtudes que la adornan: Bella, Blanca, Hermosa; como en el sentido distributivo, es decir, las virtualidades que ella posee para repartir en favor de sus fieles: Gracia, Virtudes, Flores; Fe, Esperanza, Caridad, Amor, Piedad. Otros títulos alaban directamente la acción maternal de María: Amparo, Auxiliadora, Luz, Mercedes, Remedios, Socorro; o expresan la situación de los hijos: Desamparados; o su realeza sobre los Ángeles y los Santos. Hay nombres que aluden al atributo que porta la imagen, o sobre el que ella se asienta, y que simboliza su acción maternal, como el Pilar, la Cinta; otros apuntan al objeto piadoso: Carmen -escapulario-, Rosario, Medalla Milagrosa. Y finalmente, tenemos los títulos toponímicos, que se refieren a los lugares en los que la imagen es venerada y sobre los que la Virgen ejerce una particular protección. Pero aquí resulta imposible hacer una lista: equivaldría a un diccionario geográfico. Entre los nombres genéricos de lugar más comunes encontramos: el Mar, el Valle, la Montaña, el Puerto, el Prado; la Fuente, la Cueva; la Aliseda, el Robledo, el Pino, la Encina. Imposible enumerar los toponímicos propios.
c'. Los orígenes
Un modo de individualizar la imagen es conocer su historia, sus orígenes(74). De algunas se sabe con certeza histórica cómo nació su devoción, por constar documentalmente(75). Pero en la mayoría de los casos no hay constancia de su adquisición ni memoria del inicio de su culto, por lo que, a posteriori, se teje una tradición que rodea a la imagen de sucesos extraordinarios, con lo que se resalta la sacralidad de la figura y su poder.
Surgen así las leyendas de apariciones pasivas, de invenciones y hallazgos: relatos maravillosos, en los que podría rastrearse una verdad de fondo, como en todos los mitos. El esquema básico comienza con la confección de la imagen, a la que se dota de la más venerable antigüedad, teniendo como autor a San Lucas, a San Simón Estilita, a los ángeles, o se dice de ella que no fue hecha por mano humana (Acheiropoietos). Sobreviene la invasión musulmana, y la imagen es escondida, por miedo a la profanación, en un lugar apartado, en lo más intrincado del bosque, en la maleza, en una cueva o un pozo, en el tronco de un árbol. Algunas continúan haciendo prodigios, hasta el punto que los moros otorgan valor milagroso al lugar. Transcurren siglos, y, una vez recuperado el territorio por los cristianos, unas misteriosas señales indican la ubicación de la imagen, que es encontrada por un pastor, un leñador, un cazador o un peregrino, atraído por luces, sonidos, clarines, cantos de pájaros o por el ladrido de los perros. El afortunado, entre la admiración y el sobresalto, recibe el encargo de la Virgen de que se le construya en ese lugar una ermita. Otros relatos se prolongan en una disputa por la ubicación del santuario, bien sea porque el autor del hallazgo la quiere llevar a otro pueblo, o a otro lugar del mismo pueblo, o bien porque se entabla una pugna entre pueblos limítrofes por su posesión. Los pueblos marineros ofrecen su propia versión, pues la imagen es arrastrada por las redes, o es traída por unos ángeles y depositada en la puerta del convento o del eremitorio(76).
Otros relatos se refieren a apariciones activas, aunque dentro de la dinámica de las apariciones pasivas. La más notable de todas las apariciones hispánicas es la de la Virgen del Pilar, que se desplaza desde Palestina hasta las orillas del Ebro para confortar a Santiago en su predicación apostólica. Recordemos también la Virgen de la Capilla, de Jaén: unas personas testifican haber visto a la Virgen en persona en una devota procesión por la capital del Santo Reino, labrándose luego una imagen que rememora el hecho, y que luego toma el toponímico del lugar en que es venerada, la Capilla.
d'. Reproducciones: grabados, estampas, medallas.
La devoción no se queda en la imagen titular. Los fieles prologan la presencia y el recuerdo del contacto o de la visita personal al santuario, por medio de reproducciones. Anexa al santuario no falta una tienda de ofrendas y de recuerdos: velas, postales, novenas, libros, láminas, medallas de todos los tamaños y de todas las calidades. Por los grabados antiguos, conservados en nuestros archivos, podemos conocer la evolución iconográfica o la piedad de los donantes. En las devociones más notables se hacen reproducciones en escultura: ¡cuántas imágenes de la Virgen del Pilar presiden iglesias por toda la geografía española e hispanoamericana! Tal vez sea excepcional el caso de Guadalupe de Extremadura, en que los jerónimos eran tan celosos de su imagen que nunca reproducían la titular, sino alguna otra del convento. Reproducciones en lienzo son también incontables las de Guadalupe de Méjico, enviadas a la península por los hispanos. La presencia de estas reproducciones contribuyen a conocer la extensión geográfica que llegaron a adquirir ciertas devociones.
Con el paso del tiempo, reproducciones populares, que por su abundancia no reclamaron mayor atención, llegan a adquirir enorme importancia para la historia. Hoy nadie duda en recoger con cuidado los grabados, las litografías o los primeros daguerrotipos y fotografías.
b. Los lugares
Un factor singular en la devoción popular mariana es el lugar donde se ubica el santuario o la ermita, a donde se acude en romería(77). Juan Pablo II ha hablado repetidamente de una especial presencia de María en sus santuarios: "Hay algunos lugares en los que los hombres sienten como particularmente viva la presencia de la Madre"(78). Se trataría de una presencia similar a la que la teología oriental atribuye a los iconos, o de un efecto de acumulador que poseen los santuarios, en los que se condensa la fe y la oración de generaciones y generaciones de devotos que han rezado allí. En el santuario hay más fe, y la fe se contagia, la fe que mueve montañas. La relación fe-milagro es constante en los evangelios: cuando narraron la visita a Nazaret, observaron que Jesús "no pudo hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos [...] y se maravilló de su falta de fe"(79).
a'. El paisaje
Las ermitas y los santuarios se ubican en sitios que suelen caracterizarse por la belleza o por la inmensidad, por la altura o por la grandeza. En sus paisajes se aprecia de un modo espectacular la hierofanía, el dedo de Dios, la acción creadora del Espíritu divino. Llama la atención lo abrupto del terreno, un risco que emerge de improviso en la llanura, el borde escarpado de una meseta al pie del río o del mar, o la inmensa planicie de las marismas; la frondosidad de un bosque, por el que discurre plácida una fuente, el locus amoenus, ideal de la vita beata del Renacimiento; la cueva en el acantilado. Si Yahvé eligió el Sinaí, imponente macizo granítico, para entregar la ley a Moisés, no es de extrañar que aquellos lugares altos y excepcionales hayan sido elegidos desde los más remotos siglos para la ubicación de adoratorios, y que se superpongan los cultos como se superponen las culturas.
Aquellos alejados y agrestes parajes pueden revestir, a veces, el carácter de lugar liminal o fronterizo: límite entre las tierras de cultivo y las de pastoreo, entre lo seco y lo húmedo, entre la montaña y el llano.
El entorno natural, el paisaje, la naturaleza virgen, son factores que devuelven al hombre a la autenticidad de sus orígenes. La placidez de las aguas invitan a la paz interior y al descubrimiento del autor de tanta belleza. No obstante, es preciso situar este factor en su justo valor, pues, lo que tal vez fue determinante en su época fundacional, en la actualidad es sólo factor coadyuvante de la actitud religiosa.
b'. Ermitas y santuarios
Los pequeños templos dedicados a la Virgen comienzan siendo edificios muy simples, pensados no para las grandes concentraciones, sino para alojar a la imagen y a los pocos caminantes que por aquellos lejanos parajes pudieran transitar. A su lado, un cuarto para el eremita, que elige aquel extraño paraje para apartarse del mundo y dedicarse a la oración y a la penitencia. No obstante, la fama de los favores y milagros otorgados por la Señora desde aquel lugar atrae la concurrencia de fieles, especialmente en su fiesta, y obliga no pocas veces a derribar el pequeño oratorio y ampliarlo conforme a las necesidades de los peregrinos y romeros. Desde los pequeños eremitorios ramirenses y románicos hasta los grandes santuarios actuales pueden encontrarse todos los estilos artísticos, levantados en todas las épocas históricas, y edificados en todos los tamaños.
Si los santuarios son "memoria, presencia y profecía del Dios vivo"(80), los santuarios marianos, afirma Juan Pablo II, "son como la casa de la Madre, lugares para detenerse y descansar en el largo camino que lleva a Cristo; son lugares donde, mediante la fe sencilla y humilde de los pobres de espíritu (cf. Mt. 5, 3), se vuelve a tomar contacto con las grandes riquezas que Cristo ha confiado y dado a la Iglesia, especialmente los sacramentos, la gracia, la misericordia, la caridad para con los hermanos que sufren y los enfermos"(81). En los santuarios marianos, los individuos, los pueblos y naciones enteras buscan el encuentro con la Madre del Señor, para aclamarla dichosa porque ha creído (cf. Lc 1, 45) . Por toda la tierra se levantan estos lugares de encuentro con María: "Tal vez se podría hablar de una específica geografía de la fe y la piedad mariana, que abarca todos estos lugares de especial peregrinación del pueblo de Dios, el cual busca el encuentro con la Madre de Dios para hallar, en el ámbito de la materna presencia de La que ha creído la consolidación de la propia fe"(82).
c'. El campo, la ciudad
Imperan las ermitas rurales porque, hasta hace poco, la sociedad era predominantemente agrícola, y porque hoy la sociedad urbana busca el campo, la huida de la ciudad, para reencontrarse con los orígenes primordiales, con la huella del Creador. Últimamente en algunos pueblos, cuyas patronas están en la iglesia parroquial, se da el caso de que edifican ermitas en el campo para poder salir a celebrar una romería. Por otra parte, la devoción mariana no es un fenómeno exclusivo de la sociedad agrícola. Ahí tenemos los grandes santuarios o las grandes devociones urbanas: el Pilar de Zaragoza, las Angustias de Granada, la Macarena de Sevilla, la Paloma de Madrid.
La ubicación de la mayoría de las ermitas en los campos lleva consigo, como origen o como resultado, la confianza en la protección de María sobre los cultivos. Sin cosecha no esperaba al pueblo más que la hambruna y las epidemias. Cuántos votos y rogativas se han formulado para ahuyentar las tempestades o atraer la lluvia. Las ciencias antropológicas encuentran analogías con los cultos tributados a las divinidades de la fecundidad y de la tierra, pero, desde la comprensión íntegra de la devoción mariana, hay una explicación más directa y explícita en la teología de la mediación maternal de María y su poder de intercesión ante Dios, creador y providente.
c. Los tiempos
El devenir del tiempo, el ritmo cíclico de día y noche, semanas y meses, estaciones y años, el ritmo solar y el ritmo lunar, los ciclos agrícolas de sementera y siega, o de poda y vendimia, son descubiertos por el hombre como signo de la acción y de la presencia divina. De la revelación natural pasa a la revelación positiva del pueblo de Israel, y, no podía ser menos, a la Iglesia y al culto mariano(83).
a'. El ciclo litúrgico anual
La santificación del tiempo se realiza por medio de la liturgia, con sus ciclos diarios (Liturgia de las Horas), con su ciclo semanal, culminado o iniciado con el dies Domini, o con su ciclo anual (Año Litúrgico) que tiene como centro la celebración del misterio pascual de Cristo.
El calendario litúrgico se formó a partir del misterio de Cristo, Pascua y Pentecostés, y sobre la base de las celebraciones judaicas que seguían el ritmo natural de las cosechas. La conmemoración de los dies natalis de los mártires y, luego, de los confesores fue marcando determinados días del año. Finalmente, la adaptación de las fiestas tradicionales de los pueblos, bien sea romanos o germánicos, cerró el ciclo básico del Año Cristiano. Las fiestas de los solsticios ubicaron las fiestas de la Natividad de Jesús y de San Juan El equinoccio de primavera coincide con la Pascua judía y cristiana.
Las fiestas marianas primitivas derivan de las fiestas cristológicas. De la Navidad, 25 de diciembre, deriva la de la Anunciación y Encarnación el 25 de marzo. La octava de Navidad sirvió para celebrar la circuncisión y el Natale Sanctae Mariae, y, por el oficio ad prohibendum ab idolis, para alejar de las saturnales paganas en honor de Jano bifronte, que se celebraba al comienzo del año civil(84). La Presentación de Jesús y Purificación de María alcanzó gran popularidad en Jerusalén, por celebrar la primera vez que el Hijo de Dios entraba en su templo, según atestigua Eteria a finales del siglo IV. La fecha del 2 de febrero depende del 25 de diciembre, es decir, se fija a los 40 días, en que era obligatoria la purificación, aunque no han faltado quienes, desde la antigüedad, atribuyeron a esta fiesta la misión de sustituir a las procesiones de antorchas de las lupercalias, del 15 de febrero(85).
Fiestas específicamente marianas son la Asunción (15 de agosto), la Natividad (8 de septiembre) y la Inmaculada Concepción (8 de diciembre). La fiesta de la Asunción o del Tránsito de María Virgen, se remonta a finales del siglo IV. El texto siriaco atribuye a los apóstoles el encargo de celebrar tres fiestas a María: el 25 de enero, para el buen éxito de las sementeras; el 15 de mayo, ante la proximidad de la cosecha; y el 15 de agosto, pidiendo un vendimia próspera. De las tres tuvo más éxito la de agosto, tal vez por sustituir a una fiesta pagana a la diosa Atergatis, a la que se encomendaba la protección de las viñas(86). La fiesta de la Natividad de María surge en Oriente hacia el siglo V, y se celebra el 8 de septiembre tal vez por comenzar, por aquel entonces, en dicho mes el año eclesiástico. La fiesta de la Concepción Inmaculada se sitúa nueve meses antes, el 8 de diciembre, y viene atestiguada desde el siglo VIII(87).
Otras fiestas menores(88) nacen o se extienden para conmemorar hechos históricos: la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma por Sixto III (432-440), también conocida como la Virgen de las Nieves o de la Blanca (5 de agosto). El Nombre de María (12 de septiembre) se extendió en 1683 en recuerdo de la liberación de Viena. La Presentación de María en el Templo (21 de noviembre) conmemora la dedicación de Santa María la Nueva, en Jerusalén, el año 543. La Virgen del Rosario (7 de octubre) celebra la batalla de Lepanto, de 1571. Otras derivan de la piedad de órdenes religiosas: la Porciúncula (2 de agosto), propia de los franciscanos; la Visitación de María a Isabel (2 de julio, trasladada en 1970 al 31 de mayo), también promovida por los franciscanos, y que se sitúa en la octava del nacimiento del Bautista. La Virgen de los Dolores (Viernes de Dolores y 15 de septiembre) , difundida por los servitas. La Virgen del Carmen (16 de julio) extendida por la Orden Carmelitana. Lourdes se celebra el 11 de febrero, y Fátima el 13 de mayo, en recuerdo de las apariciones.
Otras fiestas más recientes son la Maternidad divina de María que se ha fijado el 1 de enero. Pio XII introdujo las fiestas del Corazón Inmaculado de María (22 de agosto), en 1945, en la octava de la Asunción, y de Santa María Reina (31 de mayo), en 1954(89), fiesta que, en la reforma del calendario de 1970, pasó al 22 de agosto.
A nivel local, los aniversarios de acontecimientos trascendentales, como votos realizados en epidemias o sequías, la conmemoración de la coronación canónica o del patronazgo, etc., dan lugar a otras tantas fechas festivas.
b'. Los meses marianos
Pero hay tiempos privilegiados para la piedad mariana. Mayo, el mes de María, en el que se concentra la mayor parte de las romerías. Algunos liturgistas han relacionado esta devoción popular con los ludiflorales o floralia, celebrados en Roma en la época republicana, y con las fiestas de mayo, tan populares en el medievo. Sin embargo, más que relacionar las celebraciones como derivadas unas de otras, hemos de buscar una raíz común, como es la percepción de la belleza de los campos en flor, y el ofrecimiento de flores a la que es flor de las flores. Históricamente parece no remontarse más allá de principios del siglo XVIII en Nápoles(90).
Agosto cuenta con la gran fiesta mariana de la Asunción, pero tiene también a su favor la proximidad de la vendimia, y la actual circunstancia social de la época vacacional, con la vuelta de los que emigraron a la ciudad o al extranjero. En septiembre se celebran también varias fiestas marianas: 8, la Natividad; 12, el Dulce Nombre; 15, los Dolores; 24, la Merced.
En determinados lugares, mayo y septiembre se convierten en dos tiempos y formas de piedad, relacionados entre sí. Mayo es el tiempo de la romería, en la ermita, con predominio de los elementos más étnicos, la procesión, la danza, la comida. Septiembre, en cambio, se dedica a la novena, en la iglesia parroquial, dentro del marco de la liturgia, la penitencia, la eucaristía y la homilía.
Octubre se ve convertido, gracias a las cofradías de la Virgen del Rosario, en mes del rosario, con sus campanilleros y auroros.
c'. Los días y las horas
La piedad popular no se limita a las celebraciones colectivas, sino que vive su devoción a María en actos personales, o de ámbito familiar o parroquial. Se dedica a la Virgen los sábados, por ser el día que precede al dies solis: María, estrella de la mañana, precede al sol, que es Cristo. Y es el día de la Señora de la Soledad y de la Esperanza, que precede al día del Señor resucitado. Las sabatinas, con el canto de la Salve, son prácticas piadosas que no faltan en los santuarios y en las parroquias.
A la Virgen se dedica un recuerdo al amanecer, al anochecer y al mediodía. Los toques del ángelus o la señales horarias de la radio marcan el ritmo de la vida rural y los apretados horarios de la vida urbana.
2. El dinamismo de la celebración
Los componentes objetuales vienen a significar la parte de la alianza que corresponde a María. La Virgen se encuentra representada en su imagen, situada en un espacio y en el curso cíclico del tiempo. Pasamos a considerar la respuesta del hombre a ese ofrecimiento, a esa mariofanía, expresada en los comportamientos individuales y sociales, en el culto y en la fiesta.
a. El culto
La veneración de los fieles a la Madre de Dios se concentra en los actos de culto, denominados tradicionalmente de hiperdulía, es decir, un culto "del todo singular" pero "esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo Encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo"(91). En el acto de culto se conjuntan los componentes de la alianza materno-filial: los hijos acuden a exponer sus necesidades, la Madre accede a escucharles y a servirles. El culto se realiza en la celebración litúrgica de la Iglesia, o en formas paralitúrgicas, como triduos y novenas, con formularios propios(92).
a'. Culto litúrgico y devocional
Los actos piadosos se codifican y ritualizan por medio de formularios, que son los devocionarios o fórmulas de triduos, quinarios, septenarios o novenas, es decir, oraciones que se repiten a lo largo de un ciclo temporal de 3, 5, 7 o 9 días. El esquema básico suele ser una oración introductoria, un acto penitencial y una oración final de petición, ambas fijas para todos los días; y una oración variable, que exalta las virtudes de María, acompañada de invocaciones y cantos propios. La repetición cíclica es parte de la práctica religiosa natural, que se convertiría en mágica si la eficacia se hiciera residir en la propia repetición. Los devocionarios suelen motivar la fe, recordando los orígenes de la imagen, los relatos de los milagros, el fervor de los devotos que rebasan los límites geográficos de la localidad.
Los cultos anuales suelen incluir, desde la reforma litúrgica del Vaticano II, la celebración de la eucaristía, con homilía, solemnizada con cantos religiosos genéricos o compuestos en formas musicales populares de la región. Los días de preparación -novena, quinario, triduo- son ocasión propicia para la recepción del sacramento de la penitencia.
El culto religioso popular también incluye actos litúrgicos muy solemnes, en el día central de la fiesta, que puede ser denominados función principal de estatuto, función del voto, etc. No se ahorran gastos en traer coros y orquestas, bandas de música y fuegos de artificio. Los libros de fábrica dan buena cuenta de ellos.
b'. Pregones y sermones
Antiguos mandatos de visita y cartas pastorales recientes intentan conservar el equilibrio entre la manifestación externa y el contenido religioso que lo ha motivado. Corresponde a la misión pastoral de la Iglesia orientar a los fieles en las consecuencias morales y sociales de la fe, corregir los abusos que se puedan introducir en la fiesta, y llenar de sentido la celebración. Si faltara la predicación se perdería la comprensión global del misterio cristiano y del misterio mariano, como parte de la fe de la Iglesia, y acabaría la devoción en la simple e interesada petición de ayuda para los problemas personales (salud, dinero y amor), y la fiesta en un ritualización costumbrista o en una excusa para la diversión. Sería caer en la trampa del formalismo ritual judío: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí"(93).
La misión evangelizadora, la transmisión de los contenidos doctrinales de la devoción, se realizaba en el marco natural de la celebración litúrgica por medio de los sermones, piezas oratorias pronunciadas por afamados predicadores, que eran conservados y publicados, o de los que existían modelos en los sermonarios.
Últimamente se extiende la costumbre de abrir el periodo cultual y festivo con un solemne acto literario-musical, no religioso, que es el pregón. Se trata de una pieza oratoria, dotada de método y estructura propios, con sus dosis de versos y de figuras retóricas. Sobre el fondo del contenido religioso de la celebración, el pregonero convoca a la fiesta exaltando lo más lúdico, lo externo, la epidermis, las sensaciones y los sentimientos. El pregón será como un potenciador de sabores y olores. Afirmará rotundamente las señas de identidad de la devoción, de la imagen y del pueblo o de la región. Normalmente se ponen por escrito, e incluso se imprimen, lo que facilita su conservación en los archivos. La colección de pregones constituirá una fuente documental importante para la comprensión de la fiesta y de su desarrollo litúrgico y profano.
c'. Procesiones y traslados
A la celebración en el interior del templo le corresponde la salida procesional al exterior. Es el acto más masivo de la fiesta, al que acuden todos. Algunas revisten los caracteres de procesión litúrgica, por su organizada formación y riguroso protocolo. Otras, en cambio, se convierten en una informe nube de cabezas que pugnan por acercarse a la imagen. Si la imagen se encuentra en una ermita o santuario extramuros de la ciudad o del pueblo, es traída para los cultos que se celebran en la iglesia parroquial en un piadoso traslado, menos ritual y más espontáneo que las procesiones.
d'. Romerías anuales, peregrinaciones ocasionales
La distancia del santuario o ermita, normalmente ubicado en un lugar alejado, provoca la necesidad de salvar la distancia recorriendo un camino, que, cuando se realiza con sentido religioso y penitencial se denomina peregrinación. Si presenta caracteres festivos, la peregrinación se llama comúnmente romería.
Ponerse en camino es disponer toda la persona, su cuerpo y su tiempo, a alcanzar una meta, el encuentro con la imagen en su santuario. La persona o la colectividad se mueve por la esperanza de obtener aquello que necesita: paz, perdón, curación, remedios, etc. Reviste un carácter penitencial, porque cuesta y contraría a ese instinto de evitar todo lo que moleste. Tiene un carácter meditativo y de contemplación. Las largas horas de camino y de silencio, el contacto con la naturaleza, la vuelta a lo natural, el quitarse de encima la aplastante losa de la cultura urbana, relojes y horarios, ayudan a encontrar a Dios y a encontrarse a sí mismo. En romerías multitudinarias, como la del Rocío, hacer el camino, andando por las arenas, en señal de autenticidad, es el modo de no perder la identidad personal en medio de la masa.
La llegada se ve marcada por el gozo de la visión y del encuentro. Tras la oración y el cumplimiento de la promesa viene el descanso, la comida y la bebida para reponer fuerzas. La persona se ve inundada por la alegría del bien conseguido o por la certeza de que el asunto que le preocupaba está en buenas manos. La precariedad de haber dejado atrás comodidad y propiedades mueve a la hospitalidad, a compartir comida y bebida. Gozo y comida común se traduce en cantes y bailes, y cuyas letras refieren la experiencia religiosa vivida. La estancia en torno al santuario reviste siempre un carácter festivo; y si llega la noche y persisten los bailes y los cantes, la fiesta resulta especialmente escandalosa para los clérigos que han de velar por las buenas costumbres de los fieles. El cansancio, el recuerdo, la añoranza marcan la vuelta, y de nuevo se empiezan a contar los días para la próxima romería.
Esta peregrinación puede hacerse individualmente o en pequeños grupos, a lo largo del año, para el cumplimiento de promesas personales. Pueden hacerse otras peregrinaciones oficiales, como las que organiza una parroquia, una hermandad, un movimiento apostólico, por un determinado motivo (Año Jubilar, comienzo o fin de curso, etc.), aunque en este caso la peregrinación se reduce al momento central, con la celebración de la eucaristía, y a la comida fraterna.
e'. Patronazgo y coronación canónica
La conciencia de relaciones singulares de la Virgen con sus hijos viene reforzada por la declaración del Patronazgo sobre el pueblo. En la heráldica de una Virgen patrona puede encontrarse la frase bíblica "eritis mihi in populum", "vosotros seréis mi pueblo"(94). La elección popular suele producirse en momentos de especial angustia, como epidemias o sequías, y se formaliza con una proclamación conjunta de los cabildos secular y eclesiástico. Más tarde, esa elección es confirmada por la autoridad del Obispo, y confirmada por la Santa Sede, por decreto de la Congregación para el Culto Divino(95).
La apoteosis de la individualización de la imagen lo constituye la Coronación canónica, cuya concesión estaba reservada al Cabildo de la Basílica Vaticana. Actualmente es competencia del obispo diocesano(96), quien suele reservar dicho honor para imágenes insignes por su antigüedad y por la extensión y alcance de su devoción. La especial solemnidad de la ceremonia y la condición de privilegio hace que la Coronación canónica sea el summum desideratum de los devotos marianos.
f'. Milagros y favores
La intercesión de María, en las bodas de Caná, ante su Hijo para remediar a una familia de un aprieto es el inicio de la manifestación pública de Jesús: "Este fue el primer milagro que hizo Jesús, en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y creyeron sus discípulos en Él"(97). En el pasaje evangélico encontramos los elementos básicos de la piedad popular: una necesidad perentoria, la mediación de María, la intervención extraordinaria de Jesús y la fe que es suscitada.
Por milagro no entenderemos aquí aquello que excede absolutamente las fuerzas de la naturaleza. El pueblo entiende por milagro cualquier efecto favorable, cuya consecución excede a las posibilidades ordinarias, y que se ha obtenido después de haber invocado a la Virgen.
Admirando las virtudes o cualidades morales personales de María, la religiosidad popular acude a las virtudes, es decir, a las virtualidades o poderes con que María cuenta por su valimiento ante Dios. El villancico de Juan del Encina cantaba: "Pues que tú, Reina del Cielo, tanto vales, da remedio a nuestros males". Basta con abrir los Milagros de Nuestra Señora y las Cantigas de Santa María para sentirse fascinado por la intervención maternal de María antes las necesidades de sus devotos hijos.
La acción milagrosa de María es la principal seña de protección individualizada sobre un lugar y desde un lugar. Los milagros son la principal atracción de un santuario. Por esta razón se recogen por escrito y se divulgan: la colección de milagros del Santuario de Guadalupe de Extremadura puede consultarse en nueve códices de su valioso Archivo(98).
En una dependencia de la ermita está el cuarto de los milagros, donde se exponen los exvotos, en forma de objetos simbólicos, anatomías de cera y de plata, o cuadros narrativos cargados de realismo. El ejemplo de los favores recibidos mueve a más peticiones y a más fe en la protección de María.
En algunos santuarios existen o existieron los Libros de Súplicas. En las sencillas, agradecidas o angustiadas súplicas encontramos las razones de la devoción, esas razones del corazón que quedan fuera del alcance de la observación etnográfica.
g'. Votos y exvotos, rogativas y promesas
La súplica y petición de favores es lo que más mueve a los devotos a acudir a Dios por la mediación de María. Aunque las formas, a veces toscas, den la impresión de un do ut des, en realidad son una neta manifestación de la alianza materno-filial, de las relaciones interpersonales, del compromiso mutuo. Personas de muy poca práctica sacramental, pero naturalmente buenas y cristianas, reaccionan ante la enfermedad haciendo una promesa. Puede consistir en una acción costosa: ir andando al santuario, hacer el camino en silencio, recorrer la ermita de rodillas con los brazos en cruz portando dos cirios... incluso ¡no ir a la romería! Flores, velas, donativos, joyas. La mayor parte de las promesas quedan anónimas y su motivación queda en la intimidad de la persona o de la familia.
De las ofrendas y promesas más importantes queda constancia en los libros de donaciones, en los basamentos de esculturas o de vasos sagrados, en las predellas de los retablos. Otras veces se concreta en un objeto, que, por ser debido a un voto, pasó a denominarse exvoto. La arqueología sabe bien que los exvotos son tan antiguos como la humanidad. Por lo que a nosotros respecta, recordemos dos tipos de exvotos: los que representan objetos físicos, que han motivado la petición y la ofrenda, y representaciones figuradas del favor obtenido. Entre los primeros tenemos, sobre todo, miembros del cuerpo que han sido sanados: piernas, brazos, corazones, manos, etc.; sin que falten naves, o trofeos de guerra, pendones, banderas, etc. Desde finales del siglo XVIII y, sobre todo, a lo largo del siglo XIX, el milagro era representado en un cuadrito, pintado al óleo por artistas que se desplazaban de romería en romería para atender la demanda de los fieles. Se creó un género pictórico de factura popular, no exento de calidad artística, que representaba con ingenuidad y con todo detalle la habitación de un enfermo, la caída de un niño en un pozo, la embestida de un toro, el accidente de un carruaje o el naufragio de una embarcación. La escena recoge el clímax de máxima angustia y de más intensa petición. En ese momento es representada la intervención de la Virgen como una mariofanía, o aparición de la imagen en un rompimiento de gloria. Por su fidelidad al ambiente real, en que ocurrió el favor, el exvoto ofrece al antropólogo infinidad de datos para el conocimiento de los usos y costumbres populares, y de la fe religiosa que impregnaba los acontecimientos de la vida(99).
Cuando la necesidad es colectiva, ante casos de epidemias, que frecuentemente azotaban los pueblos, o de desastres atmosféricos, sequías, pedriscos, tormentas, etc., la comunidad se moviliza y acude a la ermita o trae en procesión a la imagen al pueblo, en rogativas. Cuando la ocasión es excepcionalmente grave, los cabildos eclesiástico y secular se reúnen y formulan un voto de celebrar y dotar anualmente una fiesta, que conmemorará la liberación de una epidemia, de una sequía o de la invasión francesa. Esta forma más solemne se realiza ante el escribano público del cabildo, y queda constancia en las actas capitulares y en los archivos parroquiales o del santuario.
h'. Himnos, romances, coplas, gozos.
Otra expresión de la devoción puede ser la narración versificada de la aparición, de los milagros, etc., en forma de romances, coplas o gozos, cuyos más notables y cultos ejemplos son los ya mencionados de Alfonso X y de Gonzalo de Berceo.
Los himnos oficiales a veces son el mejor compendio de la religiosidad popular: exaltación a la Madre de Dios, con profesión de fe realizada a través de las aclamaciones; relación de alianza con el pueblo, ciudad o región, con el doble movimiento de disposición moral y de petición por parte del pueblo, y de protección privilegiada de la Virgen bajo la advocación propia(100). Siguen el esquema básico de la oración del Padrenuestro, verdadera síntesis de alianza amorosa paterno-filial: confesión de fe, alabanza, petición y compromiso moral.
b. La fiesta
Toda la devoción se concentra en un tiempo, en una fecha, que es la festividad litúrgica de la Virgen. No ha de faltar el acto litúrgico central, fuente y raíz de la vida cristiana, que es la eucaristía. Ni tampoco faltará la procesión con la imagen(101). Los actos religiosos se ven envueltos en el ambiente de fiesta, en el que confluyen tantos elementos considerados por los antropólogos, que llegan a constituir una ciencia particular, la eortología.
a'. La alegría de la celebración
El ambiente desborda de alegría. La celebración repetida anualmente congrega a los individuos de un grupo social o de una comunidad local, que dejan sus trabajos y ocupaciones habituales para asistir a las ceremonias religiosas y compartir las mismas razones de su existencia.
Los tiempos más propicios para los ambientes rurales son los que preceden a la siega o la vendimia, o los que dan por terminada la recolección. La presencia del bien conseguido o la espera de su consecución inmediata conduce a la alegría del bien presente. La alegría, como el bien, es de por sí difusivo, comunicativo.
Pero no todas las fechas vienen ocasionadas por los ciclos de la naturaleza. Otras están marcadas por el recuerdo de acontecimientos históricos, en los que la comunidad se vio libre de un inminente peligro. El recuerdo presencializa el tiempo pasado, y contribuye a consolidar la conciencia de identidad grupal de cara al futuro.
La celebración litúrgica aporta una misteriosa actualización de la acción protectora de María, por la presencia sacramental del sacrificio salvador de Cristo. Aunque la antropología cultural no cruza ese umbral de lo sobrenatural, reconoce que sin la celebración religiosa no hay fiesta.
b'. La danza y el baile.
Como expresión grupal de la alegría y participación corporal en el rito, surge la danza y el baile. La danza, que se reserva para los oficios litúrgicos y para la procesión, es fundamentalmente ritual, por el momento en que se interpreta y por su propia configuración, de movimientos establecidos y regulados, con giros y ciclos de arcanos significados, que sólo los muy iniciados son capaces de interpretar. Sólo danzan los componentes del grupo. Se danza delante de la imagen, a veces de frente, sin volverle la espalda. El mismo misterio que envuelve sus orígenes y su significado transmite emoción y respeto, y contribuye a crear el clima sagrado en medio de la alegría festiva.
El baile, en cambio, es la expresión festiva profana, que traduce corporalmente la alegría y la convivencia. La incorporación al baile es espontánea, rompiéndose toda barrera social.
c'. La música y la poesía
Los himnos y las canciones contribuyen a la expresión comunitaria de los sentimientos piadosos, al tiempo que son vehículo de transmisión de los contenidos de la devoción. Los himnos revisten un carácter más oficial y culto, tanto en la música como en la letra, y su composición se encomienda a músicos y poetas de reconocido prestigio. Las canciones piadosas que se interpretan en el marco de los ejercicios piadosos suelen ser más populares, más fáciles de interpretar y de comprender. Por último, las canciones que acompañan a los bailes, a pesar de su marco profano, están cargadas de expresiones y sentimientos religiosos.
En un marco festivo de dimensiones extraordinarias, como es el Rocío, surgen anualmente infinidad de sevillanas nuevas, interpretadas por cantaores o por grupos rocieros (rara es la Hermandad que no tengo su propio coro). Una secuencia de los contenidos puede revelar cómo evolucionan en el pueblo los conocimientos de la fe y las motivaciones de la piedad que impregnan las sensaciones de la fiesta, y la innegable presencia de defectos en los comportamientos humanos.
Aunque procedente de círculos más cultos, la poesía refleja con especial brillo la piedad popular mariana que florece en los santuarios y en las peregrinaciones que conducen a ellos(102).
d'. La comida
En el Antiguo Testamento, no hay alianza sin sacrificio y sin comida. Lo más llamativo de las romerías es que se come y se bebe ininterrumpidamente. La necesidad de alimentarse y de reponer fuerzas cede su lugar a la necesidad de comunicarse, participando de la mesa común. Es proverbial de las romerías la generosidad y la hospitalidad. Los lugareños, en medio de la fortísima afirmación local que significa la romería, tienen a gala decir de corazón que allí nadie se siente extraño.
Antiguamente, la hospitalidad se concretaba en la comida de pobres. Los mayordomos se encargaban de preparar unas grandes perolas para que los pobres pudieran comer toda la carne que quisieran. Hoy día no es el caso, pero se sigue haciendo para invitar a todas las personas que acudan a la romería.
La celebración tiene sus consecuencias culinarias. Tan típicos como la danza o el baile son los platos o los dulces. En Cataluña y Levante hay todo un recetario de cocina, que sigue el calendario festivo. Gracias a la curiosidad de más de un clérigo se ha podido conservar las recetas, incluso la explicación de sus motivaciones.
e'. El espectáculo visual
En la celebración festiva intervienen todos los sentidos corporales, en un clima de gozo y alegría. El tiempo viene regulado por un ritmo alternativo de concentración y de holganza, de actos religiosos y de actos profanos. De algún modo puede considerarse como una puesta en escena, en la que los espectadores son los propios protagonistas. La concurrencia de otros espectadores foráneos intensifica el carácter de espectáculo, pues, aunque aparentemente puedan despertar reticencias, por ser forasteros, en realidad los lugareños sienten la complacencia de redescubrirse a sí mismos, mostrándose a los extraños.
La imagen proyectada es una nueva manera de vivir la fiesta. Al efecto de espejo hay que añadir el efecto de la conservación de la imagen por la fotografía o por el cine o el vídeo. La imagen captada se sale de lo efímero y pasa a lo trascendente, a lo que perdura; adquiere el brillo de la fama y la nobleza de lo histórico.
Las emisoras de televisión autonómicas y locales potencian enormemente los acontecimientos regionales o locales. Nada hay más importante a nivel regional o local que la romería del pueblo o de la región. El espacio que ocupan, en tiempo y en franja horaria, se corresponde con la audiencia, con la demanda del público.
Esto ha llevado consigo una propaganda no buscada, un atractivo añadido. La imagen gráfica es fascinadora, provoca el deseo de acudir y presenciar el espectáculo; estar presente, gozar con todos los sentidos lo que la pantalla sólo ofrece a los ojos y a los oídos. Pero el espejo se convierte en espejismo: se actúa para la imagen visual, no para la imagen sagrada; se potencia la vanidad, la vaciedad, el tipismo, lo único, lo novedoso, haciendo de lo accidental algo sustancial. Parece que los focos y las cámaras excitan y aceleran los comportamientos. La imagen visual ejerce tal fuerza actualmente en las celebraciones, que altera los comportamientos, hasta el punto de convertirse en trampa mortal(103).
c. La sociedad
La celebración ritual del culto a la imagen en determinados días del año provoca la confluencia de gran número de personas, movidas por sentimientos comunes. Todos los hijos del pueblo acuden a un mismo lugar porque tienen un mismo motivo: la veneración de la Madre de Dios, a la que todos y cada uno consideran madre propia. La maternidad lleva consigo la fraternidad.
En las manifestaciones de religiosidad popular mariana puede palparse el fenómeno de la inculturación de la fe, no ya en el sentido de que la expresión de la fe encuentra un sitio en la idiosincrasia del pueblo, sino que la fe mariana es origen de cultura. Por poner un ejemplo, tan cercano para mí como conocido para todos: la devoción rociera se encuentra tan metida en la entraña del pueblo almonteño, y, por contagio, del pueblo andaluz, que un conocido antropólogo ha definido el Rocío como «fiesta de Andalucía»(104). Lo rociero ha llegado a ser como la síntesis de lo andaluz. En su romería se dan cita los elementos más definitorios de las artes y costumbres populares andaluzas(105): los caballos y los bueyes, como pervivencia de las tradiciones ganaderas y agrícolas, la música de la gaita y el tamboril, de origen rural castellano, y la del cante y baile por sevillanas, ligados a las formas de la fiesta urbana de Sevilla; el atuendo masculino y femenino, que, sin ser original del Rocío, ha llegado a ser común de toda Andalucía; el arte y la artesanía, que han fijado su estética en las formas barrocas, nacidas espontáneamente al margen de los cánones vanguardistas.
a'. Señas de identidad
La devoción mariana constituye indudablemente una de las principales señas de identidad de un pueblo. Yahvé, por medio de la Alianza, inculcó en Israel la idea de pueblo elegido, depositario de la ley y los profetas, el pueblo más sabio de todos sus vecinos, para poder luego reclamar el cumplimiento de esas normas sabias y justas(106), y revelar su ser personal trascendente en el curso de los acontecimientos históricos. El pueblo de Israel es consciente de su singularidad, porque son singulares sus relaciones con un Dios cercano, el Único, el Todopoderoso. Por analogía, el pueblo cristiano capta que la protección de Dios le viene por la invocación a una imagen de María, personalizada y singular, y que, por ello, María personaliza y singulariza a ese pueblo. La protección singular viene reforzada por la declaración canónica de su patronazgo.
El pueblo que venera a una imagen singularizada se siente identificado con ella y por ella, porque a ella acude en los problemas, y porque la celebración de su fiesta es el acontecimiento más importante del ciclo anual, que congrega a todos los vecinos y a los que emigraron, y que atrae incluso a los forasteros.
La singularidad se ve reforzada por la confrontación con los pueblos o naciones vecinas, con los que no son infrecuentes las disputas e incluso las guerras. La Virgen será invocada como capitana de las tropas defensoras de la integridad y de la identidad del pueblo, aunque el adversario también sea cristiano y mariano(107). Y quien dice tropas dice equipos deportivos.
b'. Sentimientos de igualdad y solidaridad
Al concurrir en el santuario unas colectividades organizadas, interesa enormemente al antropólogo las múltiples relaciones sociales que se entablan en la fiesta: relaciones jerárquicas de autoridad y de obediencia; las formas de cooperación que se establecen; las relaciones de igualdad básica, por encima de opiniones políticas o de fortuna económica; las reacciones de exhibición, llamar la atención y salirse de lo común; los rangos, los roles dentro de cada Hermandad; la hospitalidad con todos los peregrinos, en las casas y en el camino.
La autoafirmación local no produce rechazo del forastero; más bien es un motivo de orgullo que desde fuera se reconozca el valor de lo propio. En el aparente caos, existe un principio de orden, que es la común devoción a la Virgen, y que soluciona pacíficamente cualquier circunstancial desavenencia.
c'. Hermandades y Cofradías
La devoción suscitada por una imagen de María, al igual que las devociones a Cristo o a los santos, anima a un grupo de fieles a asociarse, con la intención de organizar y extender el culto, cuidar del templo y de sus enseres y obras de arte, en representación del pueblo. Canónicamente tienen la condición de Asociaciones Públicas de Fieles. Si la devoción se extiende por la comarca, la región o la nación, de forma estable y no meramente con devotos ocasionales, surgen las Hermandades filiales, autónomas en sí mismas, pero vinculadas al Santuario de origen en lo relativo a la organización de los cultos centrales, por medio de la Hermandad llamada Matriz. La actividad de la Hermandad, o la conjunción de Hermandad Matriz y Hermandades Filiales, hace posible que, en medio de la multitudinaria fiesta, el pueblo se articule en relaciones personales y supere el anonimato de la masa informe.
La importancia de las asociaciones de fieles en el seno de Iglesia, y las múltiples relaciones sociales que las Hermandades suscitan han sido ampliamente consideradas y analizadas por canonistas(108), antropólogos(109) y archiveros(110), a los que me remito.
d'. Poder social
El aprecio de los fieles por la imagen mariana es tal que enaltece a todo lo que la rodea. El prestigio de ser Hermano Mayor o Presidente está fuera de toda duda: por su ascendencia social, a veces resulta más codiciado que un cargo político.
La presencia de las autoridades civiles en los actos de religiosidad popular (mariana, en nuestro caso) no hay que achacarlo a la antigua mentalidad de alianza trono-altar, o de nacional-catolicismo. No ha disminuido, sino más bien ha crecido su participación en las últimas décadas de democracia y de estado laico. En el fondo, hemos de reconocer que obedecía y obedecerá al hecho de que la autoridad civil personifica a la voluntad popular. Desde el punto de vista de la semiótica, significarse en este ámbito religioso tiene una carga positiva, que cuenta con el aprecio del pueblo.
¿Se politiza la celebración? Conscientemente no. En las primeras elecciones democráticas, una gran pancarta decía a la entrada de la aldea del Rocío: "Aquí se acaba la política". Sin embargo, los políticos lucen ante las cámaras su presencia en la romería. Otra politización más insidiosa es el vaciamiento de contenido: la exaltación de lo puramente cultural y lo costumbrista, la potenciación de elementos colaterales, o el control de los símbolos, como la creación de museos laicos de costumbres populares y de centros laicos de estudios de religiosidad popular mariana.
Junto con la celebración popular, se da el fenómeno de la fiesta montada para la prensa y la imagen, pasando el cultivo de la fama a ser motivo central de la fiesta, y convirtiendo el lugar de la celebración anual en lugar de diversión de fin de semana.
De todo esto será testigo el archivero, quien conservará con fidelidad los documentos que den fe de unos comportamientos humanos y de unas motivaciones religiosas.
II. LA PIEDAD MARIANA EN LOS ARCHIVOS ECLESIÁSTICOS
El tema, apenas esbozado, resulta abrumador e inabarcable. Con la descripción de sus múltiples implicaciones, tanto teológico-pastorales como antropológicos y sociológicos, hemos intentado delinear un marco de referencias de las demandas que los pastores de la Iglesia y los estudiosos de la historia y de los comportamientos humanos pueden hacernos a los archiveros.
Los archivos de la Iglesia conservan, ordenan y transmiten el patrimonio documental que genera su actividad de gobierno, de evangelización y de santificación. Las motivaciones de los archivos eclesiásticos exceden lo meramente administrativo y cultural: cultivan la memoria de la vida de la Iglesia y manifiestan el sentido de la Tradición; poniendo de relieve la actividad religiosa, cultural y caritativa de las instituciones eclesiásticas, favorecen la comprensión histórica de las obras de arte, nacidas para el culto, para la religiosidad popular y para las obras de misericordia; y, por último, al conservar las huellas del transitus Christi en la historia de los hombres, contribuyen a dar perspectiva histórica a la acción pastoral(111).
Pedro Rubio, en su reciente libro Archivística Eclesiástica, resume brevemente el proceso histórico del interés de la Iglesia por los archivos. Hasta León XIII, los archivos tuvieron un carácter de secreto o patrimonial, por su finalidad meramente privada, de conservar y garantizar los títulos y derechos de la Iglesia y del status jurídico de las personas dentro de ella. La apertura de los Archivos Vaticanos supusieron un cambio radical de perspectiva, y, sin que perdieran vigor las motivaciones administrativo-jurídicas anteriores, se abrió paso el interés histórico: el apoyo documental imprescindible para el conocimiento de la Iglesia y de los respectivos países en los que se ha asentado la Iglesia como institución salvadora(112).
A. Los archivos, al servicio de la Iglesia y de la sociedad
Ante la peculiaridad de la religiosidad popular y su importancia tanto para los estudios teológico-pastorales y para el gobierno eclesiástico, como para la antropología social o para la historia de las mentalidades, la fuerza misma de los principios de procedencia y finalidad de los archivos eclesiásticos les obliga a ampliar sus horizontes a los ámbitos del documentalismo y de la bibliotecomanía, e incluso de la museología.
Mientras lo habitual era que la documentación procediera de un organismo o de una persona física, en la religiosidad popular el autor de los hechos documentables es un colectivo, el pueblo fiel. Hasta ahora, la finalidad primordial de la documentación ha sido, y seguirán siendo, la de garantizar unos derechos; en el caso que nos ocupa, interesa más el documento como fuente de información científica, tanto para la ciencia pastoral o como para la antropológica. Incluso, desde el concepto mismo de documento, el soporte en que se transmite gran parte de la información sobre la religiosidad popular roza los ámbitos de otro tipo de archivos (informativos, audiovisuales, orales y de prensa)(113), y otros entes culturales, como las hemerotecas, la bibliotecas y los museos etnográficos. Y el archivero, especialmente el de un centro de religiosidad popular, ha de ejercer también de bibliotecario, documentalista y museólogo.
1. Concepto de archivos
Es clásica la definición de archivos como "el conjunto de documentos recibidos y constituidos por una persona física o moral, o por un organismo público o privado, que resulta de su actividad, organizado como consecuencia de la misma, y conservado en función de una posible utilización posterior"(114). En esta definición se incluyen los principios básicos de la archivística: el principio de procedencia, el de organización y el de finalidad.
La Ley de Patrimonio Histórico Español, de 1985, en su art. 59, define los archivos como "los conjuntos orgánicos de documentos [...] reunidos por las personas jurídicas públicas o privadas, en el ejercicio de sus actividades, al servicio de su utilización para la investigación, la cultura, la información y la gestión administrativa. Asimismo, se entienden por Archivos las instituciones culturales donde se reúnen, conservan, ordenan y difunden para los fines anteriormente mencionados dichos conjuntos orgánicos"(115).
Consideremos los términos de la definición: a) el sujeto causante de la actividad, generadora de documentación; b) el objeto material de los archivos: los documentos, orgánicamente reunidos y conservados; c) el objeto formal de la documentación, o su contenido: la actividad de las personas jurídicas públicas o privadas; y d) el objeto final de la reunión de la documentación en conjuntos orgánicos y en instituciones culturales específicas, que es servir a la investigación, a la cultura, a la información y a la gestión administrativa; o viceversa, según se prefiera(116).
a. Procedencia de la documentación
Las personas jurídicas públicas o privadas, causantes de la documentación, no son únicamente las entidades públicas, la administración del Estado, de las autonomías, provincias, municipios y organismos autónomos dependientes de cada una de ellas, sino que hoy se consideran, con verdadero interés archivístico, entidades tales como instituciones deportivas, fabriles, industriales, comerciales, etc. La citada Ley, en el párrafo 3 del artículo 49 enumera expresamente como sujetos productores de documentación "las entidades y asociaciones de carácter político, sindical o religioso y [...] las entidades, fundaciones y asociaciones culturales y educativas de carácter privado"(117). El pueblo fiel, como tal, no es productor de documentación, pero sí de hechos documentables.
b. Documentos y Patrimonio Documental
Documento, en sentido amplio, es todo registro de información, independientemente de su soporte físico(118). La Ley del Patrimonio Histórico Español entiende por documento, en su sentido material, "toda expresión en lenguaje natural o convencional y cualquier otra expresión gráfica, sonora o en imagen, recogidas en cualquier tipo de soporte material, incluso los soportes informáticos. Se excluyen los ejemplares no originales de ediciones"(119). Por su parte, la Ley de Archivos de Andalucía es mucho más explícita: "Documento es toda expresión en lenguaje oral o escrito, natural o codificado, recogida en cualquier tipo de soporte material, así como cualquier otra expresión gráfica que constituya testimonio de funciones y actividades sociales del hombre y de los grupos humanos, con exclusión de las obras de creación y de investigación editadas, y de las que por su índole forman parte del patrimonio bibliográfico, así como de las expresiones aisladas de naturaleza arqueológica, artística o etnográfica"(120).
Documentos jurídicos o administrativos son los producidos o recibidos por una persona o institución durante el curso de su gestión o actividad para el cumplimiento de sus fines y conservados como prueba e información(121).
Por la manera en que se transmite la información, Heredia distingue: a) documentos textuales, mediante texto escrito; b) documentos gráficos, en que la información está representada por formas y colores, como planos y dibujos; c) documentos en imagen, fotografías, películas; d) documentos audiovisuales, que transmiten la información por imagen y sonido, o por registros sonoros; e) documentos legibles por máquina, cuyo soporte puede ser banda magnética, fichas perforadas, discos compactos, diskettes, y que necesitan de la máquina para poder conocer su contenido(122).
Los documentos constituyen el Patrimonio Documental. Ahora bien, para formar parte de dicho Patrimonio, la ley distingue tres niveles de antigüedad en el documento, según sean los entes productores del mismo:
1º. Si se trata de documentos conservados o reunidos en el ejercicio de su función por cualquier institución u organismo público, quedan incluidos todos los que han sido generados en cualquier época(123).
2º. Si se trata de documentos generados, conservados o reunidos en el ejercicio de sus actividades por las entidades y asociaciones de carácter político, sindical o religioso y por las entidades, fundaciones y asociaciones culturales y educativas de carácter privado, se requiere una antigüedad superior a los cuarenta años(124).
3º. Pero si son producidos por cualquier entidad particular o por personas físicas, la antigüedad será de 100 años(125).
Hacemos nuestro el especial énfasis que pone el Reglamento del Sistema Andaluz de Archivos, de 6 de marzo de 2000, en "la necesidad de regular lo relativo a los documentos desde el momento de su nacimiento, de manera que podamos configurar lo que hoy es, y en el futuro será el Patrimonio Documental Andaluz"(126). Este mismo interés hemos de aplicar a la formación del patrimonio documental de la Iglesia, sin que se nos escapen aspectos tan interesantes de su vida, como la religiosidad popular mariana.
c. Los contenidos
Por parte del objeto formal de la documentación, el contenido de la misma puede ser tan variado como la actividad de la persona o de la entidad causante de ella. En nuestro caso, los contenidos son tan amplios como lo son el culto y veneración a la Madre de Dios, y los múltiples elementos implicados en el desarrollo de la religiosidad popular mariana. Abarcará, por tanto, los actos jurídicos relativos al culto mariano y la información sobre la actividad misma del culto.
d. Finalidad de la documentación
Por parte del objeto final, el principio del ciclo vital o la teoría de las edades documentales de Wyffels(127) se concreta en una triple finalidad del documento, que origina el triple archivo: administrativo, intermedio e histórico.
a) el fin de los documentos del archivo administrativo, corriente o de gestión es dejar constancia escrita o grabada de un acontecimiento, de un acto de gobierno o de un acto jurídico o judicial. El archivo es "instrumento al servicio del buen gobierno del titular"(128).
b) la conservación de los documentos en el archivo intermedio tendrá como fin el afianzamiento de los actos subsiguientes de la persona o de la entidad, manteniendo, por ello, su finalidad práctica, administrativo-jurídica en su mayor parte.
c) el fin de los documentos del archivo histórico es que, transcurrido el tiempo, sirva a los intereses históricos y culturales, por cuanto el documento nos transmite el conocimiento de la vida de la persona o de la entidad, y de las personas o entidades con ella relacionadas.
2. Instrumentos de descripción para las nuevas demandas
La finalidad cultural, que, en la historia de los archivos, ocupaba un lugar secundario, pasa a ser fin prioritario para los archivos modernos. La investigación científica abre continuamente nuevos campos, que, a su vez, buscan en los archivos los antecedentes históricos. El hombre es un ser histórico, que está en la historia y hace historia, por lo que toda ciencia que estudia la actividad humana (también la actividad religiosa), tiene inevitablemente una vertiente histórica. La ecología, en el aspecto de la interacción del hombre y de la naturaleza, origina la ecohistoria; la etnografía reclama una etnohistoria, y la antropología social, al estudiarse diacrónicamente, se expande a la historia de las mentalidades. Todas estas ciencias demandan una nueva lectura de la documentación tradicional jurídico-administrativa, y solicitan que se genere y se conserve una documentación específica.
Para orientar la labor del investigador, el archivero eclesiástico facilitará el conocimiento de los entes de producción de los documentos, con una adecuada biblioteca auxiliar, en la que "haya algunas obras especializadas en el conocimiento histórico-jurídico de las instituciones eclesiásticas"(129). El archivero orientará al investigador sobre las instancias jurídicas e institucionales que se hallan implicadas en el fenómeno de la religiosidad popular mariana: disposiciones episcopales, estatutos de cofradías, actas, fundaciones, etc. Los sistemas archivísticos quedan encuadrados por su origen y por su orden original, por lo que, como afirma Vicenta Cortés, "el consultante tiene que conocer el método de búsqueda con los datos que el archivero le proporciona que, en pocos casos, puede y debe descender a la pieza"(130).
Es tarea del archivero proporcionar suficientes y precisos instrumentos de descripción que faciliten la recuperación de la información, a ser posible cubriendo los tres niveles: 1) Censo y Guía; 2) Inventario; 3) Catálogo(131); y siguiendo la norma internacional general de descripción archivística ISAD(G)(132). A partir de éstos se puede elaborar un catálogo temático, sobre la religiosidad popular mariana, e incluso profundizar más elaborando instrumentos auxiliares de descripción, como índices, cronológico y alfabético, y tesauros, con adecuados descriptores y códigos de localización.
3. Archiveros, documentalistas y bibliotecarios
Los archivos de la Iglesia, además de conservar los actos administrativos, han de servir como fuentes de información para el buen gobierno y para la investigación, conservando la documentación -manuscrita, gráfica o impresa- que pueda recoger la memoria de los comportamientos humanos y religiosos. Con esto se rebasa el límite de la Archivística y nos adentramos en el Documentalismo.
Como es bien sabido, mientras los archivos tienen en su origen un carácter netamente administrativo o jurídico, el documentalismo se origina en el ámbito de las ciencias de la información. Hoy, sin embargo, se tiende a la denominación de Documentación e Información Científica, que es definida como "la actividad científica que se ocupa de la recogida y análisis de los documentos científicos y otras fuentes de nuevos conocimientos, almacenamiento de la información en ellos contenida, y recuperación y difusión de la misma, a fin de que alcance rápida y eficazmente a quienes puedan utilizarla"(133).
Por lo que a nosotros respecta, hemos de afirmar que el fenómeno de la religiosidad popular, como parte de la vida de la Iglesia cuya memoria hemos de conservar, obliga a que, al menos en los lugares e instituciones más directamente afectados por él, se amplíen las funciones de los tradicionales archivos a las de centros documentalistas y bibliotecas especializadas. Archivos, centros de documentación y bibliotecas desarrollarán la triple función de recoger, almacenar o conservar, organizar y catalogar, y difundir, transmitir o servir documentos e información, tanto para la vida interna de la institución concreta o de la Iglesia en general, como para la investigación histórica y sociológico-antropológica.
Los objetos (documentos de archivo, libros o documentos informativos y científicos) marcarán la diferencia de la metodología a aplicar en cada caso, para su conservación, catalogación y acceso(134).
B. Contenidos de piedad popular mariana en los archivos
Los archivos son reflejo de la vida de la institución que los crea. Si la figura de María recorre transversalmente toda la vida de la Iglesia, las noticias que se refieren al complejo fenómeno de la piedad popular mariana recorre igualmente todos los fondos de los archivos eclesiásticos. Para facilitar la búsqueda de información, contaremos con los tradiciones instrumentos de descripción y con índices y tesauros que formemos para esta temática mariana.
1. La piedad popular mariana en las series tradicionales
Basta hacer memoria de las principales series que constituyen nuestros archivos para indicar las posibles fuentes de información histórica de la religiosidad popular mariana. Destacaremos sólo las más importantes.
a. Archivos diocesanos y capitulares
En los archivos diocesanos, donde se conserva la memoria de la actividad pastoral de los obispos y sus colaboradores, empezaríamos por los actos de gobierno del obispo. Los más solemnes son los Sínodos, tomados tras la consulta al presbiterio y al pueblo de Dios, en los que se regulan las diversas actividades pastorales de la Iglesia, entre ellas la religiosidad popular mariana(135). Para las Visitas ad Limina, cada cinco años se elabora una relatio en que el obispo da cuenta a la Santa Sede de la marcha de la diócesis, según un cuestionario en el que se incluyen aspectos de la religiosidad popular.
La serie más comprehensiva y detallada de la realidad diocesana es la de las Visitas Pastorales, en la que se describe la situación de las iglesias y ermitas, los cultos que en ellas se celebran, los bienes muebles e inmuebles, las hermandades y cofradías existentes. Interesan, sobre todo, los mandatos de visita, donde se corrigen los abusos de fiestas y romerías(136).
Las cartas pastorales y las homilías pronunciadas en las grandes fiestas y romerías anuales, que suelen publicarse en los Boletines diocesanos, son una buena serie informativa sobre la realidad devocional y sobre la orientación dado por los pastores.
En la sección de Justicia, procedente del Provisor y Vicario General, podemos encontrar interesantes informaciones en varias series. En la de Ordinarios, pueden aparecer pleitos motivados por honores y precedencias en funciones litúrgicas y procesiones, que dan pie a describir el protocolo de las ceremonias y el desarrollo de los cultos. En Fábrica encontraríamos los expedientes de construcción, ampliación, reforma o reconstrucción de templos y santuarios dependientes del Ordinario; la adquisición de imágenes, retablos y obras artísticas que son objeto de la devoción. En la de Capellanías se refleja los centros de interés en la devoción popular: se pueden fundar capellanías para que no falte el culto de un santuario o ermita. Pueden haberse fundado Patronatos y Obras Pías para el ejercicio de la caridad con motivo de fiestas y peregrinaciones marianas.
La serie de Hermandades, por ser la más específica, es la más rica en contenidos de religiosidad popular, pues en ella podemos encontrar los Decretos fundacionales y los Estatutos, que pueden estar precedidos por una memoria histórica o por el relato de apariciones y milagros; se establece el modo de gobierno y el régimen de administración económica; y se fijan los cultos anuales y las obras de caridad y apostolado. Todos los archiveros tienen experiencia de que surge la documentación allí donde surgen los problemas; por eso es una buena fuente de información los documentos relativos a la sucesión de Juntas de Gobierno, las crisis internas, las divergencias entre los hermanos, o los pleitos entre hermandades.
Pueden encontrarse noticias de celebraciones litúrgicas en la serie de Colecturía. La serie de Testamentos está ofreciendo un arsenal de noticias para la historia de las mentalidades, pues en los encabezados se hace una completa profesión de fe, en la que destaca la presencia de María, y en las mandas piadosas, que aparece el cuerpo de las disposiciones, se enumeran las misas y vísperas, rezadas o solemnes, en honor a la Virgen, en las distintas fiestas del calendario litúrgico. El inventario de bienes y enseres del finado revela también los objetos de piedad que había en las casas particulares: rosarios, imágenes, cuadros.
La serie formada por las actuaciones del Prior de la Ermitas es tan rica como la de las hermandades, pues su prebendado era el responsable del gobierno de las ermitas, nombraba a los ermitaños, supervisaba las cuentas, etc.
Después de la Desamortización, la documentación experimenta un importante cambio. El gobierno ordinario de la Diócesis se lleva a cabo por actos administrativos, más de por provisión de justicia, por lo que recae más en el Secretario de Cámara y Gobierno y, en su caso, en el Gobernador Eclesiástico, y queda el Provisor más en su papel de Juez Eclesiástico. Por otra parte, la desaparición de los bienes temporales de las ermitas y de las hermandades, simplifica la estructura social, con la disolución de muchas hermandades; la administración de los bienes, imágenes, dineros y enseres, viene a recaer sobre camaristas, que transmiten el cargo a otros miembros de la familia. La información resulta, evidentemente, más dispersa y no menos escasa.
De la documentación actual hemos de destacar los expedientes de erección o confirmación canónica de Hermandades, y el gobierno ordinario de las mismas. Los modernos organismos diocesanos de pastoral generan una importante documentación. Los Consejos consultivos, Consejo de Consultores, Consejo de Presbiterio, Consejo de Pastoral, tratan con frecuencia de analizar el fenómeno de la religiosidad popular, y emanan informes para el gobierno del Obispo.
Los boletines oficiales y las hojas o revistas diocesanas forman un importante conjunto documental para ilustrar el desarrollo de la religiosidad popular.
La celebración de acontecimientos especiales genera una importante documentación, que brinda una magnífica fuente de noticias. Destacamos los expedientes de proclamación de patronazgos o de coronación canónica, y la celebración de años santos, centenarios, bodas de oro, y congresos. Quisiera hacer una mención especial a la documentación generada en el Obispado de Huelva con motivo de la celebración de los Congresos Internacionales XI Mariológico y XVIII Mariano, y Visita de S. S. el Papa, en el marco del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América, 1992-1993.
En los fondos de los archivos capitulares(137) (consuetas, libros de fábrica, actas, privilegios, indulgencias, etc.) encontraremos las noticias de cultos y celebraciones marianas de la Santa Iglesia Catedral, templo habitualmente dedicado a Santa María, o en las Colegiatas. Además de la documentación generada por la vida ordinaria, encontraremos información específica sobre la organización y los gastos ocasionados por las celebraciones propias, como el Misterio de Elche: actores, músicos, danzantes, seises.
b. Archivos parroquiales, de hermandades y de santuarios
Los archivos parroquiales descenderán a más detalles en las cuentas de fábrica, en los inventarios(138). Los libros sacramentales también ofrecen noticias sobre la elección de los nombres de los bautizados, las memorias de misas, la preferencia en las fechas y en los lugares de las bodas, etc. Los libros de testamentos hablan por sí solos de la invocación a Santa María y las misas en su honor(139). Los libros de statu animarum informan de la situación pastoral de la feligresía. Las hojas parroquiales, en su aparente humildad, son una buena fuente documental. Y, modernamente, en las actas de los consejos de pastoral parroquial queda recogida la opinión cualificada de representantes laicos y religiosos sobre las fiestas y cultos anuales.
Los archivos de las hermandades de titularidad mariana serán los más propios y específicos, como fuente de datos para la religiosidad popular. En ellos podemos encontrarnos de todo: desde aquellas en las que la documentación la custodia el secretario, o los herederos del secretario que consideran los libros de la Hermandad como un bien patrimonial de la familia, hasta aquellas que han organizado sus archivos conforme a la más moderna y rigurosa metodología(140). Séame permitido poner como ejemplo la organización del Archivo de la Hermandad Matriz de Nuestra Señora del Rocío, de Almonte, llevada a cabo entre julio de 1999 y julio de 2000, con el patrocinio de El Monte (Cajas de Ahorro de Huelva y Sevilla), bajo la dirección de Antonio J. López Gutiérrez y de María Luisa Pardo Rodríguez(141).
En archivos de santuarios, como el de Guadalupe(142), podemos encontrar libros de milagros; bulas pontificias y privilegios reales, pontificios y episcopales; memorias y crónicas, "costumbres santas que se practican de antiguo"; libros de hospedería y hospital(143), que nos dan idea de las peregrinaciones; libros de celebración de misas; inventarios de alhajas, relación de bienhechores; capellanías, lámparas; y, por supuesto, libros de cuentas, escrituras, títulos, heredades, pleitos, testamentos; y material gráfico, como planos y estampas.
En algunos santuarios existen libros de súplicas, donde los fieles escriben sus peticiones y sus acciones de gracias, y que tienen el especial interés de ilustrar por testimonios directos la motivación religiosa de la romería o de la fiesta.
c. Archivos de órdenes religiosas
No podemos olvidar los archivos de órdenes monásticas(144) y mendicantes, de institutos de vida consagrada, máxime teniendo en cuenta su papel en la extensión de devociones como el Rosario, el Carmen, la Merced, la Milagrosa, los Dolores, con sus correspondientes cofradías, cultos, sermones, etc. Debido a la incautación y a la dispersión de sus archivos por la desamortización, habrá que acudir al Archivo Histórico Nacional, sección Clero, o a los archivos provinciales de Hacienda.
2. La formación de nuevas series
Conforme se mudan las circunstancias y surgen nuevas actividades en la vida de la Iglesia, los archiveros descubren la necesidad de mirar el presente con previsión de futuro. La peculiaridad de la procedencia y de los soportes, en los que se contiene la información, puede obligar a crear nuevas series sobre la religiosidad popular.
a. Libro de crónicas
Se hablaba por los años 50 de la conveniencia de que en todas las parroquias se abriera un libro de crónicas, en el que se consignase la historia de la parroquia, el día a día de su actividad de la cura de almas. Así lo disponían los sínodos diocesanos de Burgos (1950) y León (1957), ordenando que se abriera un libro titulado Crónica de la Parroquia. En él se anotarían los hechos y acontecimientos más importantes ocurridos, cuyo recuerdo fuera digno de conservarse para la historia eclesiástica y aun profana, como Visitas Pastorales, misiones, actos religiosos de extraordinario relieve, etc.(145).
Dicho libro podía ir precedido del Inventario de costumbres y tradiciones populares religiosas, de que hablamos a continuación, y de una guía de la praxis parroquial, que sería muy útil para la continuidad en la práctica pastoral. Desgraciadamente, los años que siguieron no fueron precisamente de continuidad sino de continuas rupturas.
El libro de crónicas puede ser igualmente útil para los santuarios y ermitas, y para las hermandades o instituciones que los regenten. En muchos lugares hay personas designadas con el honroso título de cronista oficial de la villa o de la devoción mariana concreta. La serie de sus crónicas son de gran valor documental para la Iglesia.
b. Inventario de costumbres y tradiciones religiosas y populares
Ya en 1968 don José María Fernández Catón, maestro de archiveros, impulsaba en León la formación de un Inventario diocesano sobre costumbres y tradiciones religiosas y populares. El alocado afán de reformas, amparado supuestamente en la nueva liturgia del Vaticano II, estaba a punto de tirar por la borda las ricas tradiciones y costumbres populares, en su mayoría de raíz religiosa, "todo ello patrimonio cultural y religioso, fruto de una vida cristiana secular, que ha creado, no juzguemos si bien o mal, una fe profunda en el pueblo". Como consecuencia de esa fe, "han surgido unas manifestaciones litúrgicas, religiosas y populares con un patrimonio eclesiástico documental, artístico y de costumbres y tradiciones en el que podemos ver la vida interna y externa del pueblo cristiano, tanto en el ámbito parroquial, como en el diocesano y nacional, formando todo ello una idiosincrasia religiosa en cada nación"(146).
Fernández Catón expuso su preocupación en el VIII Congreso Internacional de Archiveros de Padua (septiembre 1967) y puso en práctica, como solución, la formación de un inventario de tradiciones religiosas populares, que sería confeccionado por cada parroquia según un amplio y acertado cuestionario. Con esta iniciativa se adelantaba a la Ley del Patrimonio Histórico Español (1985)(147), y a otras legislaciones autonómicas, como la andaluza (1991), en cuyo desarrollo se prevé la inscripción de los bienes, lugares y actividades integrantes del Patrimonio Etnográfico Andaluz en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz (1995)(148).
Por lo que respecta al tema de la religiosidad popular mariana, destaquemos del cuestionario algunos epígrafes:
"9. Fiestas religioso-populares: cuáles y cuántas; fiestas de patronos, titulares o devocionales; forma de celebrarse, participación del pueblo, tanto en el aspecto religioso, como en el folklórico.
"10. Cofradías, Asociaciones y Hermandades. Cuántas y cuáles existen en la parroquia; su denominación, estatutos o reglas por las que se rigen, fiestas que celebran, forma de celebrarlas, costumbres propias en la vida de estas instituciones [...]
"11. Devociones populares que existen en la parroquia: cultos especiales en su celebración; patronos y titulares de estas devociones; imágenes que se relacionan con ellas; celebración litúrgica y folklórica de las mismas. Novenas que se celebran, y forma de celebrarse litúrgica y popularmente [...]
"12. Procesiones litúrgicas y devocionales que existen en la parroquia, asistencia de los fieles a las mismas; modo de celebrarse, objeto o fin de las mismas; recorrido que hacen e imágenes que sacan en procesión. [...]
"14. Cánticos populares religiosos: letras y música [...]; villancicos y pastoradas.
"15. Períodos litúrgicos [...] e) Mes de mayo: devoción a María [...]. f) Octubre: mes del Rosario, prácticas religiosas [...] h) Diciembre: la Inmaculada".
El cuestionario fue enviado a todos los párrocos, con un oficio del Canciller-Secretario, de fecha 2 de enero de 1968, para su cumplimentación y envío a la curia. Se preveía la inclusión de letras y música de cánticos populares, fotografías de procesiones, actos litúrgicos, imágenes relacionadas con alguna tradición devocional, y de la iglesia o ermita del pueblo. La respuesta del clero leonés fue muy positiva, como lo fue también a otras consultas sobre archivos eclesiásticos y patrimonio artístico. Esperamos su pronta publicación.
c. Libro de súplicas
En algunos santuarios existe un libro en que los devotos anotan personalmente sus peticiones y sus acciones de gracias. El interés de esta serie para el conocimiento de la religiosidad popular es máximo: en aquellas anotaciones pueden verse las motivaciones que inducen a la piedad, y su evolución a lo largo del tiempo. Anotaciones que, por ser espontáneas, revelan todas las grandezas y debilidades de la devoción. En sus páginas se han podido leer súplicas tan sublimes como ésta: "Madre mía, no te pido que me lo cures, sino que me des fuerza para sacarlo adelante", o aquella otra que decía: "Madre mía, encapríchate conmigo y llévame al cielo".
La falta de respeto a los lugares sagrados ha dado lugar a que, en algunos sitios, estos libros hayan tenido que ser retirados, por ciertas anotaciones soeces que se venían haciendo en ellos. No obstante, abogo por que se recupere el Libro de Súplicas, o se introduzca donde no exista, aunque sea con acceso controlado o restringido.
d. Documentos en nuevos tipos de soportes
No se nos oculta lo difícil que resulta la implantación de los libros de praxis y de inventario de costumbres populares en las parroquias y santuarios, a pesar de su indudable interés. Por una parte, la escasez del clero es, en muchas diócesis, agobiante; y por otra, la figura ideal del presbítero no es precisamente la del cura metido entre papeles. Los archiveros, reconozcámoslo, somos rara avis.
Sugiero, por tanto, que se aconseje la conservación de todo el material audiovisual que se produzca en torno a las devociones populares marianas, vídeos, cintas o discos compactos, postales, carteles, revistas anuales o periódicas, boletines, convocatorias, estampas, fotografías, diapositivas, y páginas webs.
Las televisiones locales suelen grabar la celebración mariana, el acontecimiento más importante del año, con el fin de que lo vean los que no han podido asistir, y que lo recuerden y se vean los que fueron protagonistas de ella. Si el interés desborda lo local, la fiesta puede ser retransmitida por el canal autonómico en directo, con muchas horas de programación. No suelen poner pegas en facilitar una copia. La imagen suele ir acompañada por los comentarios de alguna persona entendida, lo que da más interés a la conservación de la cinta.
La filmación en soporte de celuloide o la grabación en soporte magnético ofrece la ventaja de recoger el movimiento de las danzas, y la integración de sonido e imagen. Aunque la descripción escrita sea imprescindible para una buena documentación, no cabe duda de que queda muy completa si se le adjunta la imagen gráfica en movimiento.
Lo dicho sobre televisión es aplicable a las emisoras de radio. En torno a las fiestas es frecuente que se realicen entrevistas, mesas redondas, reportajes y retransmisiones que reflejan el ambiente, la música, los testimonios directos, las opiniones e interpretaciones, tanto oficiales como heterodoxas. Tampoco creo que haya mucho inconveniente en que pasen una cinta a la hermandad, al santuario o a la parroquia.
Con motivo de las fiestas, y dadas las facilidades técnicas de hoy, resulta común que se graben los cantos tradicionales, o los que se compongan anualmente, según sea la demanda. Si no sale de los autores o intérpretes el enviar uno o varios ejemplares para el archivo del santuario o de la hermandad, debería el archivero tomar la iniciativa y solicitarlo. Ya hemos comentado el interés de las músicas y, sobre todo, de las letras, como muestra de los conceptos y sentimientos religiosos que brotan espontáneamente del pueblo.
En el material gráfico, original o impreso, que se puede y se debe reunir, enumeramos las fotografías (positivos, negativos o diapositivas)(149), postales, estampas conmemorativas, carteles, convocatorias, incluso calendarios de pared o de bolsillo.
No deben faltar los fondos impresos, conservando las publicaciones y revistas anuales o periódicas, o los boletines. En ellos podemos encontrar, junto a la expresión sencilla y sincera de personas no habituadas a lides literarias, interesantes estudios históricos, testimonios del pasado, fotografías antiguas, etc.
Modernamente, las nuevas tecnologías de la sociedad de la información, de la aldea global, facilitan a las entidades religiosas, responsables de los santuarios, la comunicación y la información a personas de todo el mundo, por medio de sus respectivas páginas webs, en internet. Por medio de links o enlaces, desde la página de un santuario podemos acceder a muchísimos más. El problema será cómo archivar esa información, dada la propia naturaleza cambiante de la página web.
Los modernos medios audiovisuales de grabación y reproducción, que ya están al alcance de cualquier familia, facilitan la filmación de fiestas, ceremonias, ambientes, músicas, danzas, etc. No resulta difícil su descripción y conservación, siguiendo las normas internacionales(150). Lo que habrá que prever es archivar también los equipos de reproducción, pues de nada servirá un disco de vinilo si no conservamos el tocadiscos, arrinconado ya por los discos compactos(151).
3. Centros de documentación especializados
En los propios archivos capitulares, diocesanos, parroquiales, de santuarios o de hermandades, anejos a ellos, o con entidad autónoma, pueden formarse Centros de Documentación de religiosidad popular.
a. Archivos y centros de estudio de religiosidad popular.
En Valencia, ubicado en el edificio de la curia, existe el Archivo de religiosidad popular, creado en 1984 por el arzobispo don Miguel Roca, y dirigido desde entonces por don Andrés de Sales Ferri Chulio. Contiene fundamentalmente documentación impresa: bibliografía específica sobre la Virgen en la comunidad valenciana; estampas en impresión gráfica; unos 600 gozos, de los siglos XVIII y XIX; un millar de grabados y litografías; novenas incontables; unos 20.000 ejemplares de programas y revistas de fiestas; libros monográficos de temas locales, de historia; folletos informativos de turismo.
Otro ejemplo es el Centro de Estudios Rocieros, de Almonte, creado por el Ayuntamiento de la villa con el propósito de concentrar en una entidad los objetivos de recopilar y difundir toda la documentación e información existente sobre la temática del Rocío, así como de fomentar la investigación científica en este campo. Se propone albergar y clasificar toda la documentación que genera el fenómeno rociero: libros, revistas, artículos de prensa, fotografías, vídeos. Promueve congresos, como el de Religiosidad y costumbres populares en Iberoamérica (1999). Cuenta con una envidiable dotación económica y con un edificio propio, en forma de antigua ermita en la Plaza Fuente de las Damas.
b. Museos devocionales
Como es bien sabido, el tesoro de una catedral, de un monasterio o de un santuario, no son las joyas y los nobles materiales de los vasos sagrados, sino las reliquias. Por extensión, se unieron a ellas las prendas y enseres que sirven para el vestido y adorno de la imagen: mantos, coronas, joyas donadas. De su mera conservación, se pasó a la exposición turística.
Hoy día el interés se amplía por conocer todo aquello que rodea o interviene en el complejo mundo de la fiesta religiosa. De ahí que, junto al santuario, se organicen museos devocionales, que, organizados con buen criterio en sus contenidos, equilibrando los factores religiosos, antropológicos y medioambientales, y con acertada técnica museística o expositiva, pueden ser muy ilustrativos para la comprensión de la religiosidad popular.
En El Rocío, las autoridades civiles -Junta de Andalucía y Ayuntamiento- están construyendo un Museo rociero, cuyo programa museológico incluye los siguientes capítulos: Doñana y sus paisajes; el Caño Madre de las Marismas; la Ermita, su evolución, el cuarto de los milagros; la Virgen, atributos, vestuario, patronazgo, capellanía; los Caminos; el Rocío grande, la romería; la Aldea; el Rocío chico y las venidas de la Virgen; Doñana y sus fiestas; el Paisaje; el Rocío en el arte contemporáneo(152).
Es evidente que es un campo que se sale del ámbito archivístico, aunque no pocas veces será la sensibilidad del archivero, y su instinto de conservación, quien ayude a valorar y conservar esos pequeños o grandes elementos que constituyen el recuerdo de la realidad devocional.
Los exvotos han de tener la consideración de objetos religiosos. Conservarlos y exponerlos es una obligación de justicia, determinada por la legislación canónica: "En los santuarios o en lugares adyacentes, consérvense visiblemente y custódiense con seguridad los exvotos de arte popular y de piedad"(153). Por su soporte habitual, los exvotos no son propiamente material de archivo, y reciben el tratamiento de bienes muebles, orfebrería, pintura o escultura. No por ello dejan de formar parte del patrimonio documental; al contrario, mientras no pueden competir en calidad artística con los restantes bienes muebles de un templo o santuario, tienen, en cambio, un gran valor documental para el conocimiento de las costumbres populares, impregnadas de fe y devoción. Su lugar propio es el mismo santuario, en un contexto religioso, más que museístico. Lo que no impide su exposición digna y razonada, y el aprecio del archivero-documentalista como fuente de información.
c. Archivos particulares y colecciones documentales
No es infrecuente que se encuentren en los archivos agrupaciones documentales, producto de la donación o de la compra, que no resultan de una gestión institucional(154). Suele provenir de algún devoto erudito, que, a lo largo de su vida, ha recopilado información relativa a un tema especializado de una determinada advocación mariana, a través de copias de documentos, publicaciones, documentos, y que quiere mantener la unidad de su trabajo, legándolo a un archivo eclesiástico. En el Archivo del Monasterio de Guadalupe se conserva, como un fondo aparte, el legado de don Vicente Barrantes, ilustre extremeño que tanto hizo por el monasterio y por la devoción guadalupana. Junto con su biblioteca había una gran cantidad de papeles y folletos, que, una vez ordenados, forman el Archivo de Barrantes(155). En nuestro Congreso anterior, tuve ocasión de mencionar el fondo legado por la familia de don Juan Infante-Galán Zambrano a la Hermandad Matriz del Rocío de Almonte, su magnífica biblioteca, sus estudios, colección fotográfica, recortes de prensa, folletos, y cuanto papel impreso llevara grabado el nombre de Rocío.
Y, aunque no se encuentren en instituciones de titularidad eclesiástica, podemos mencionar otros archivos o colecciones de personas que han puesto especial interés en el tema de la religiosidad popular. Por referirme a las provincia onubense, citará el Archivo Diego Díaz Hierro, gestionado por una Fundación propia(156), y el Museo del Rosario en Aroche, formado por don Paulino Díaz Alcaide.
Podrían también ser acogidas en los archivos eclesiásticos las donaciones o depósitos de Colecciones filatélicas y de postales, dibujos y fotografías de tema mariano, que son expuestas a veces en acontecimientos como Congresos Marianos.
CONCLUSIONES
La devoción popular a María es un hecho de la vida de la Iglesia cuya memoria se nos confía a los archiveros. El archivero se convierte así en un eslabón de la parádosis, de la tradición viva de la Iglesia. Archivos y Tradición de la Iglesia vienen a coincidir en sus tres pilares o en sus tres funciones básicas: Conservar, ponderar y transmitir
1) Por lealtad a Cristo, a Santa María, a la Iglesia y a la sociedad, debemos reunir la documentación de los actos administrativos y de gobierno y de los hechos de vida que reflejen la devoción que el pueblo siente por María, en toda su complejidad.
2) Puesto que tenemos acceso a las motivaciones específicamente religiosas, es nuestra misión recoger con esmero cualquier información que pueda ofrecer claves de interpretación auténtica al fenómeno religioso. Para ello procuraremos introducir suficientes descriptores que orienten hacia las razones teológicas de la devoción mariana.
3) Por medio de los adecuados instrumentos de descripción (guía, inventario, catálogo especializado, índices y tesauros) ofreceremos a nuestros pastores información y elementos de juicio para el cumplimiento de su misión de conducir, enseñar y santificar a un pueblo, que encuentra un cauce natural de expresión religiosa en la tradición de sus mayores. A los investigadores les orientaremos en su búsqueda de la verdad, que, si es verdadera, no puede oponerse a la Verdad.
Los archiveros, al menos los que sirven a centros de piedad mariana, extenderán "los vientos de su tienda"(157) para ser, al mismo tiempo, archiveros, bibliotecarios y documentalistas.
María, la Madre de Dios, "guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón"(158). Como María y como el sabio, tan encomiado por la tradición bíblica, el archivero retiene en su memoria las grandes cosas que Dios ha hecho, pacientemente pondera, compara y relaciona unos con otros los sucesos vividos y las palabras oídas "para obtener la recta interpretación de unos mensajes difíciles de obtener y a veces ambiguos, algo así como descifrar un enigma armonizando extremos aparentemente contrarios"(159). Y como María transmitió a la Iglesia naciente lo que había vivido y comprendido a la luz de una fe en continuo crecimiento, el archivero transmite a las generaciones futuras la tradición viva y vivida de la Iglesia.
La Virgen María, Madre de Dios, no sólo es objeto de nuestra atención archivística, sino que se nos presenta a los archiveros como el mejor modelo de nuestra vocación y de nuestra misión en la Iglesia: conservar, ponderar y transmitir.
NOTAS
1. PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, 8-12-1975, n. 48: AAS 68 (1976) 37-38.
2. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Catechesi tradendae, 16-10-1979, n. 54: AAS 71 (1979) 1321-1322.
3. OBISPOS DEL SUR DE ESPAÑA, El catolicismo popular en el sur de España. Documento de trabajo para la reflexión práctica pastoral. Navidad, 1970. en Documentos colectivos de los Obispos del Sur de España (1970-1988), Madrid, Bac, 1989, págs. 59-106. Id, El catolicismo popular. Nuevas consideraciones pastorales, 20 febrero 1985, ibidem, págs. 186-207.
4. Catechismus Ecclesiae Catholicae, promulgado por JUAN PABLO II, Constitución apostólica Fidei depositum, 11-10-1992, nn. 1674-1676.
5. MALDONADO, Luis, Religiosidad popular. Nostalgia de lo mágico, Madrid, Cristiandad, 1975. Id., Introducción a la religiosidad popular, Santander, Sal Terrae, 1985. ÁLVAREZ GASTÓN, Rosendo, La religión del pueblo. Defensa de sus valores, Madrid, BAC, 1976. Id., La religiosidad popular, Madrid, BAC, 1981. BRIONES, Rafael y Pedro CASTÓN, "Repertorio bibliográfico sobre Religiosidad popular", en Communio 10 (1997) 155-192. AA. VV., I Congreso Internacional de Hermandades y Religiosidad Popular. Libro de Actas. Sevilla, 27 al 31 de octubre de 1999, Sevilla, Arzobispado, 1999.
6. ÁLVAREZ SANTALÓ, Carlos, María Jesús BUXÓ REY y Salvador RODRÍGUEZ BECERRA, La Religiosidad popular, Barcelona, Anthropos-Fundación Machado, 1989, 3 vols. GONZÁLEZ CRUZ, David, Ed., Religiosidad y costumbres populares en Iberoamérica. Actas del Primer Encuentro Iberoamericano de Religiosidad y Costumbres Populares. Almonte-el Rocío (España) del 19 al 21 de febrero 1999. Huelva, Universidad de Huelva, 2000; en dichas Actas, resulta de especial interés para el estado de la cuestión y bibliografía sobre religiosidad popular: RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador, "Religión y Fiestas en Andalucía. Reflexiones metodológicas", págs. 153-168.
7. [LÓPEZ MARTÍN, Juan], "Fundamentación teológica de la religiosidad popular y entronque pastoral de las Hermandades y Cofradías", en Memoria Ecclesiae, I (1990) 61-76.
8. Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español: BOE núm. 155, de 29 de junio, Tít. VI, del Patrimonio Etnográfico, art. 46-47. Ley 1/1991, de 3 de julio, de Patrimonio Histórico de Andalucía: BOJA núm. 59, de 13 de julio, Tít. VII, Patrimonio Etnográfico, art. 611-64. Decreto 19/1995, de 7 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento de Protección y Fomento del Patrimonio Histórico de Andalucía: BOJA núm. 43, de 17 de marzo, Tít. VI, Patrimonio Etnográfico, art. 85-87.
9. Otra denominación, para referirse a la religiosidad popular específicamente católica, es la de catolicismo popular.
10. III CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Puebla. La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina, 448, Bogotá, 1979, pág. 131.
11. CEC 1674. Cfr. II CONCILIO DE NICEA, Definitio de sacris imaginibus (13-10-787): DS 600- 603; CONCILIO DE TRENTO, Ses. XXV, Decretum de invocatione, veneratione et reliquiis, et sacris imaginibus (3-12-1563): DS 1821-1825.
12. EN 48
13. CT 54
14. COMITÉ PARA EL JUBILEO DEL AÑO 2000, Jesucristo, Salvador del mundo, Madrid, BAC, 1996, págs. 52-59.
15. Puebla 448. Cfr. EN 48; CEC 1676.
16. Cfr. EN 48; CT 54.
17. Cfr. EN 48; Puebla 454; 913.
18. Cfr. Puebla, 448; 913. Jesucristo, Salvador del mundo, pág. 54.
19. Puebla 454.
20. Ibidem. Jesucristo, Salvador del mundo, págs. 54-55.
21. EN 48.
22. CT 54.
23. Puebla 454; 913. Jesucristo, Salvador del mundo, pág. 55.
24. AGOSTINO, G., "Piedad popular", en Nuevo Diccionario de Mariología, Madrid, Paulinas, 1988, págs. 1602-1614, con bibliografía. PONCE CUÉLLAR, Miguel, María, Madre del Redentor y Madre de la Iglesia, Barcelona, Herder, 1996, págs. 486-489.
25. JUAN PABLO II, Mensaje a los rocieros, Santuario del Rocío, 14 de junio de 1993, n. 2.
26. Mt 5, 17.
27. CEC 53. Cfr. 31-35.
28. CONCILIO VATICANO II, Declaración Nostra aetate, 28 de octubre de 1965, n. 2.
29. Jer 11, 4.
30. Ex 32; II Mac, 13, 40.
31. Gal 4, 4-5.
32. Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constitución Lumen gentium, 21-11-1964, nn. 52-69.
33. JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris Mater, 25 marzo 1987, núms. 7-22.
34. CONCILIO VATICANO II, Constitución Lumen gentium, 21-11-1964, n. 62.
35. DOMÍNGUEZ ASENSIO, José Arturo, María, Estrella de la Evangelización. Madre de Dios y nuestra, Madrid, Paulinas, 1991, pág. 29.
36. Lc 2, 16; Mt 2, 11.
37. Jn 2, 11.
38. Lc 2, 51.
39. Jn 2, 5.
40. Lc 1, 28.
41. Lc 1, 42.
42. Lc 1, 48-49.
43. Lc 1, 43.
44. Mt 2, 11; Lc 2, 15
45. Lc 2, 22-38.
46. Lc 11, 27.
47. Cfr. SANTOS OTERO, Aurelio de, Los Evangelios apócrifos, Madrid, BAC, 1993.
48. "El pueblo entero de la ciudad de Éfeso, desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, permaneció ansioso en espera de la resolución... Cuando se supo que el autor de las blasfemias había sido depuesto, todas a una voz comenzaron a glorificar a Dios y a aclamar al Sínodo, porque había caído el enemigo de la fe. Apena salidos de la iglesia, fuimos acompañados con antorchas a nuestras casas. Era de noche: toda la ciudad estaba alegre e iluminada": S. CIRILO DE ALEJANDRÍA, Epistolae, 24, PG 77, 138.
49. SAN GREGORIO MAGNO, Epist. XI, 56, 76: PL 77, 1215 (citado por MALDONADO, Luis, Introducción a la religiosidad popular, o.c., pág. 39). Id., Vita Sancti Augustini , c.2, 27: PL 80, 68 (citado por PLAZAOLA, Juan, Historia y sentido del arte cristiano, Madrid, BAC, 1996, pág. 175).
50. Lc 2, 78.
51. RIGHETTI, Mario, Historia de la Liturgia, o.c., t. I, págs. 689-691; 724-725.
52. GRABAR, André, Las vías de la creación en la iconografía cristiana, Madrid, Alianza, 1985. PLAZAOLA, Juan, Historia y sentido del arte cristiano, Madrid, BAC, 1996.
53. SCHÖNBORN, Christoph, El icono de Cristo. Una introducción teológica, Madrid, Encuentro, 1999. CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, "La imagen sagrada, misterio de comunión y de comunicación. Raíces teológicas de la Imagen Sagrada", Ponencia en el Primer Simposio Nacional de Imaginería. Actas. Sevilla 11 y 12 de Noviembre de 1994, Sevilla, 1995, págs. 77-96. Reeditado en Rev. Escuela de Imaginería, Año V, primer trimestre 1998, págs. 27-34.
54. RIGHETTI, Mario, Historia de la Liturgia, Madrid, BAC, 1955,pág. 886.
55. HALLENSLEBEN, H., "Maria, Marienbild. II." en Lexikon der christlichen Ikonographie, Rom, Freiburg, Basel, Wien, Ed. Herder, 1971, vol. 3, 161-178.
56. CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, "Aspectos cristológicos en la iconografía de la Theotokos", en III Simposio Internacional de Teología, Universidad de Navarra, Pamplona, 1982, págs. 573-586.
57. Denominamos apariciones pasivas a los hallazgos de imágenes de la Virgen (la imagen es encontrada), para distinguirla de las apariciones activas, o mariofanías, en las que es la Virgen María, en persona, la que se aparece visiblemente: GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA, Escultura mariana onubense. Historia, arte, iconografía. 2ª ed., Huelva, Diputación Provincial, 1992, pág. 422.
58. FERNÁNDEZ-LADREDA, Clara, Imaginería medieval mariana en Navarra, Pamplona, 1989, pág. 17. Las primeras figuras tridimensionales comienzan a aparecer en tiempos carolingios, después del colapso que la escultura sufrió tras la invasión de los pueblos del norte.
59. MALDONADO, Luis, Introducción a la religiosidad popular, o.c., págs. 153-154.
60. CONCILIO DE TRENTO, Ses. XXV, Decretum de invocatione, veneratione et reliquiis, et sacris imaginibus (3-12-1563): DS 1821-1825.
61. Lumen gentium, nn. 52-69.
62. PABLO VI, Exhortación Apostólica Marialis cultus, 2-2-1974.
63. JUAN PABLO II, Encíclica Redemptoris Mater, 25-3-1987.
64. Cfr. SOCIEDAD MARIOLÓGICA ESPAÑOLA, Fundamentos teológicos de la piedad mariana. Sevilla y Andalucía, un testimonio, Rev. Estudios Marianos 48 (1983).
65. LEDESMA, Juan de, Imágenes de María Santíssima Nuestra Señora en esta ciudad de Sevilla y su reynado, y distrito de Andaluzía y Estremadura. Donde están estos sanctuarios. Y algunas noticias de Sevilla y de su Santa Yglesia. Recogidas por Juan de Ledesma, escribano público de Sevilla. Año de 1633. Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla, sign. 85516.
66. VILLAFAÑE, Juan de, Compendio histórico en que se da noticia de las milagrosas y devotas imágenes de la Reyna de los cielos y tierra, María Santíssima, que se veneran en los más célebres santuarios de Hespaña, Salamanca, 1727.
67. PALLÉS, José, Año de María o Colección de Noticias Históricas, leyendas, ejemplos, meditaciones, exhortaciones yh oraciones para honrar a la Virgen Santísima en todos los días del año, Barcelona, Impr. del heredero de D. Pablo Riera, 6 vols., 1875.
68. SÁNCHEZ PÉREZ, José Augusto, El Culto Mariano en España, Madrid, 1943.
69. TRENS, Manuel, María. Iconografía de la Virgen en el arte español, Madrid, Plus Ultra, 1947.
70. SARTHOU CARRERES, C., Iconografía mariana y Patronatos de la Virgen, Valencia, 1957.
71. AA. VV. El Libro de la Virgen, Madrid, Centro Bíblico Católico, 1995.
72. María en los pueblos de España. Fe, historia, antropología, devoción, arte. Guía para visitar los santuarios marianos de [ * ], 17 tomos, Madrid, Ediciones Encuentro, 1988-2000. Enumeramos los coordinadores, los autores del texto y la fecha de edición de cada tomo:
* 1. Cataluña. BATALLA, Salvador (Coord.). Texto: Joan CARRERES. Introducción: Enrique LLAMAS. 1988.
* 2. Galicia. CEBRIÁN FRANCO, Juan José. 1989.
* 3. Navarra. FERNÁNDEZ-LADREDA, Clara. Colaboradores: María Jesús IBIRICU, Jesús ARRAIZA. 1989.
* 4. La Rioja. ABAD LEÓN, Felipe. 1990.
* 5. Extremadura. FERNÁNDEZ SÁNCHEZ, Teodoro. 1994.
* 6. Asturias. FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, Florentino. 1990.
* 7. Cantabria. GONZÁLEZ ECHEGARAY, Carmen. 1992.
* 8. Castilla-León. LLAMAS, Enrique (Coord.). Texto: Miguel María ARRIBAS, María CUENDE PLAZA, Teófanes EGIDO, Miguel Ángel GONZÁLEZ GARCÍA, Nicolás GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Enrique LLAMAS, Manuel PEÑA GARCÍA, José Ángel RIVERA DE LAS HERAS, Daniel SÁNCHEZ Y SÁNCHEZ, Ángel SANCHO, Antonio VIÑAYO. 1992.
* 9. Aragón. TORRA DE ARANA, Eduardo (Coord.). Texto: Eduardo TORRA DE ARANA, Víctor AZAGRA MURILLO, José CARVAJAL GALLEGO, Pedro HERNÁNDEZ IZQUIERDO. 1996.
* 10. Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. ITURRATE SÁENZ DE LAFUENTE, José, José Agustín ELUSTONDO, Antonio VILLAREJO GARÁIZAR. 1999.
* 11. Andalucía Oriental. CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús (Coord.). Texto: Juan LÓPEZ MARTÍN, Victoria Eugenia RUBIO MUÑOZ, José Manuel GÓMEZ-MORENO CALERA, José MELGARES RAYA, Francisco GARCÍA MOTA. 1998.
* 12. Andalucía Occidental. CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús (Coord.). Texto: Ismael BENGOECHEA IZAGUIRRE, Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA, Manuel MORENO VALERO, José Luis REPETTO BETES, Carlos ROS CARBALLAR. 1992.
* 13. Valencia y Murcia. FERRI CHULIO, Andrés de Sales. 2000.
* 14. Baleares. AMENGUAL BATLE, Josep (Coord.). Texto: Josep AMENGUAL BATLE, Josep SASTRE PORTELLA. 1997.
* 15. Canarias. CABALLERO MÚJICA, Francisco, María Jesús RIQUELME PÉREZ. 1999.
* 16. Castilla-La Mancha. SÁNCHEZ FERRER, José, José JIMENO, Dimas PÉREZ RAMÍREZ, Epifanio HERRANZ PALAZUELOS, Luis MORENO NIETO. 1995.
* 17. Madrid. DELCLAUX, Federico, José María SANABRIA. 1991.
73. CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús y Juan Miguel GONZÁLEZ GÓMEZ, "Una mariología completa
en la escultura onubense", en Estudios Marianos, 48 (1983) págs. 511-532. VESGA CUEVAS, J., Las
advocaciones de las imágenes de la Virgen María veneradas en España. ensayo de una teología popular mariana
en España, Valencia, Cespusa, 1988.
74. VELASCO, Honorio M., "Las leyendas de hallazgo y de singularización de imágenes marianas en
España. II. Una aproximación a la categoría de imagen-persona", en Religiosidad y costumbres populares en
Iberoamérica, o.c., págs. 89-101.
75. La Virgen del Socorro de Rociana (Huelva) tiene su origen en la devoción del presbítero Pedro Martín
Calvo, que adquirió la imagen y fundó un convento de religiosas para que no le faltara el culto: CARRASCO
TERRIZA, Manuel Jesús, Historia de la devoción y culto a Ntra. Sra. del Socorro, Patrona de Rociana. Rociana -
San Juan del Puerto, Impr. Beltrán, 1990.
76. GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel y Manuel Jesús CARRASCO TERRIZA, Escultura mariana
onubense, o.c., págs. 422-424.
77. MALDONADO, Luis, Introducción a la religiosidad popular, o.c., 147-179.
78. JUAN PABLO II, Homilía en la Misa de Fátima, 13-5-1982. Cfr. HERRÁN, Laurentino Mª, "Pastoral
de los Santuarios marianos sobre la base de la religiosidad, en las enseñanzas de Juan Pablo II", en Estudios
Marianos, o.c., 48 (1983) 267.
79. Mc 6, 5-6; cfr. Mt 13, 58: "Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe".
80. CONSEJO PONTIFICIO PARA LA PASTORAL DE EMIGRANTES E ITINERANTES, El Santuario,
memoria, presencia y profecía del Dios vivo, 8-5-1999.
81. JUAN PABLO II, Ángelus, 21 junio 1987: L'Osservatore Romano, ed. esp., 28 junio 1987.
82. Redemptoris Mater, 28. Cfr. LLAMAS, Enrique, "La Encíclica 'Redemptoris Mater' y la teología del
santuario", en PONTIFICIA ACADEMIA MARIANA INTERNACIONAL Redemptoris Mater, Roma, 1988, págs.
191-218. MARTÍNEZ SIERRA, A., "Teología del santuario mariano", en Estudios Marianos 56 (1991) 371-380.
BESUTTI, G., "Santuarios", en Nuevo Diccionario de Mariología, o.c., págs. 1817-1837.
83. RIGHETTI, Mario, Historia de la Liturgia. Madrid, BAC, 1995, t. I, págs. 637-1077. MALDONADO,
Luis, Introducción a la religiosidad popular, o.c., págs. 93-145.
84. RIGHETTI, Mario, Historia de la Liturgia, o.c., págs. 707-715.
85. Ibid., págs. 724-727.
86. Ibid., págs. 895-904.
87. Ibid., págs. 904-912.
88. Ibid., págs. 914-916.
89. PIO XII, Enc. Ad caeli Reginam, 11-10-1954.
90. RIGHETTI, Mario, Historia de la Liturgia, o.c., págs. 894-895.
91. CEC 971.
92. Cfr. PABLO VI, Exhort. Apost. Marialis cultus, 2-2-1974.
93. Mc 7, 6; Is 29, 13.
94. Jer 11, 4
95. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Normae
de Patronis constituendis, 19-3-1973.
96. Ritual para la coronación de una imagen de María.
97. Jn 2, 11.
98. SARRABLO, Eugenio, Antonio CORREA y Fr. Arturo ÁLVAREZ, Inventario del Archivo del Real
Monasterio de Guadalupe, Madrid, Dirección General de Archivos y Bibliotecas, 1958, códices 1-9. GARCÍA,
Sebastián, OFM, "El fenómeno guadalupense como expresión de Religiosidad popular", en Rev. Guadalupe, 748
(1998) 2-10; 749-750 (1998) 6-19.
99. RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador y José María VÁZQUEZ SOTO, Exvotos de Andalucía. Milagros
y promesas en la religiosidad popular , Sevilla, Ed. Argantonio, 1980. RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador,
"Religión y fiestas en Andalucía", o.c., págs. 161-162. SUTIL PÉREZ, José Manuel, "Las corrientes de la
religiosidad popular reflejadas en las artes plásticas. Los exvotos", en Memoria Ecclesiae XVI (2000) 561-576.
100. Una amplia recopilación de himnos marianos patronales de España puede verse en Libro del Organista.
7. Himnos a la Virgen María, Madrid, San Pablo, 1999.
101. Para poder celebrar la procesión alrededor del santuario, se hizo en 1759 una imagen escultórica de
la Virgen de la Cinta, patrona de Huelva, cuya efigie original es una pintura mural. La imagen escultórica es
denominada cariñosamente como la Virgen Chiquita: CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, "Diócesis de
Huelva", en Guía para visitar los Santuarios Marianos de Andalucía Occidental, o.c., pág. 233.
102. HERRÁN, Laurentino María, Mariología poética española, Madrid, BAC, 1988, especialmente en
las págs. 884-937.
103. CANTERO, Pedro A., "El vuelo de la alondra. Las fiestas religiosas de Andalucía, entre la imagen y
el orden, el ocio y el negocio", en Religiosidad y costumbres populares en Iberoamérica, o.c., págs. 169-183.
104. RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador, "La Romería del Rocío, fiesta de Andalucía", en El Folklore
Andaluz, 3 (1985) 47-52; Id., Las fiestas de Andalucía, Sevilla, Junta de Andalucía, Biblioteca de Cultura
Andaluza, 1985.
105. MURPHY, Michel Dean y Juan Carlos GONZÁLEZ FARACO, "El Rocío: la evolución de una aldea
sagrada", en Rev. Aestuaria. Revista de investigación, 6 (1999) 102-103.
106. Deut 4, 1-8.
107. "La Virgen del Pilar dice / que no quiere ser francesa, / que quiere ser capitana / de la tropa
aragonesa". Son explícitas las referencias documentales a Yahvé Sebaoth, Señor de los Ejércitos: GONZÁLEZ
CRUZ, David, "Los 'dioses' de la guerra: Propaganda y religiosidad en España y América durante el Antiguo
Régimen", en Religiosidad y costumbres populares en Iberoamérica , o.c., págs. 29-49, especialmente en págs.
42-46.
108. MARTÍNEZ SISTACH, Lluis, Las asociaciones de fieles, Barcelona, Facultad de Teología de
Cataluña, 1986.
109. MORENO NAVARRO, Isidoro, Propiedad, clases sociales y hermandades en la Baja Andalucía,
Madrid, Siglo XXI, 1972; Id., Las hermandades andaluzas. Una aproximación desde la antropología, Sevilla,
Universidad de Sevilla, 1974. RODRÍGUEZ MATEOS, Joaquín, La ciudad recreada. Estructuras, valores y
símbolos de las hermandades y cofradías de Sevilla, Sevilla, Diputación Provincial, 1997.
110. HEVIA BALLINA, Agustín, "Las Cofradías en la vida de la Iglesia: un mundo de comunicación para
la piedad y la caridad. Hacia un censo de documentación de Cofradías de la Iglesia en España", en Memoria
Ecclesiae I (1990) 77-108.
111. PONTIFICIA COMISIÓN PARA LOS BIENES CULTURALES DE LA IGLESIA, Carta Circular La
Función pastoral de los archivos eclesiásticos, Ciudad del Vaticano, 2 de febrero de 1997, cap. 1, págs. 12-17.
112. RUBIO MERINO, Pedro, Archivística Eclesiástica. Nociones básicas, Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1999,
pág. 172.
113. Ibid., págs. 150-154.
114. FAVIER, Jean, Les Archives, París, Presses Universitaires, 1959, pág. 5.
115. Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español: BOE núm. 155, de 29 de junio: art.
59 § 1 (en adelante, LPHE).
116. HEREDIA HERRERA, Antonia, Archivística general. Teoría y práctica, o.c., pág. 94.
117. LPHE, art. 59 § 3.
118. HEREDIA HERRERA, Antonia, Archivística general. Teoría y práctica, o.c., pág. 121. NÚÑEZ
CONTRERAS, Luis, "Concepto de documento", en Archivística. Estudios básicos, Sevilla, 1983, pág,. 19.
119. LPHE, art. 49, 1.
120. Ley 3/1984, de 9 de enero, de Archivos: BOJA núm. 4, de 10 de enero, art. 1 § 2.
121. HEREDIA HERRERA, Antonia, Archivística general. Teoría y práctica, o.c., pág. 123.
122. HEREDIA HERRERA, Antonia, Archivística general. Teoría y práctica, o.c., pág. 138.
123. LPHE, art. 49, 2.
124. LPHE, art. 49, 3.
125. LPHE, art. 49, 4.
126. Decreto 97/2000, de 6 de marzo, por el que se aprueba el Reglamento del Sistema Andaluz de
Archivos, y desarrollo de la Ley 3/1984, de 9 de enero, de Archivos: BOJA núm. 43, Sevilla, 11 de abril de 2000,
pág. 5.842.
127. HEREDIA HERRERA, Antonia, Archivística general. Teoría y práctica, o.c., págs. 173-176.
128. SASTRE SANTOS, Eutimio, Manual de archivos. El sistema archivístico diocesano: Archivos de la
curia y archivos parroquiales, Madrid, Anabad, 1999, pág. 31.
129. PONTIFICIA COMISIÓN PARA LOS BIENES CULTURALES DE LA IGLESIA, La función pastoral
de los archivos eclesiásticos,o.c., n. 4.3, pág.38.
130. CORTÉS ALONSO, Vicenta, Prólogo a Antonia HEREDIA HERRERA, La Norma ISAD (G) y su
terminología. Análisis, estudio y alternativas, Madrid, Anabad - Arco Libros, 1995, pág. 11.
131. HEREDIA HERRERA, Antonia, Archivística general. Teoría y práctica, o.c., págs. 297-415.
ROMERO TALLAFIGO Manuel, Archivística y archivos. Soportes, edificio y organización, 3ª ed., Carmona, S
& C, ediciones, 1997, págs. 415-433.
132. ROMERO TALLAFIGO Manuel, Archivística y archivos. Soportes, edificio y organización,o.c., págs.
434-441.
133. PÉREZ ÁLVAREZ-OSSORIO, J. R., "La profesión del documentalista en España", en Boletín de
ANABAD, XXXI (1981, 4, oct.-dic.) 690. HEREDIA HERRERA, Antonia, Archivística general. Teoría y práctica,
o.c., pág. 159.
134. HEREDIA HERRERA, Antonia, Archivística general. Teoría y práctica, o.c., págs. 160-170.
135. Cfr. GARCÍA Y GARCÍA, Antonio, Dir., Synodicum Hispanum, Madrid, BAC, en curso de
publicación: I. Galicia, 1981; II. Portugal, 1982; III. Astorga, León y Oviedo, 1984; IV. Ciudad Rodrigo,
Salamanca y Zamora, 1987; V. Extremadura, Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia, 1990; VI. Ávila y Segovia,
1983; VII. Burgos y Palencia, 1997.
136. Cfr. Las Visitas Pastorales en el ministerio del Obispo y Archivos de la Iglesia, en Memoria Ecclesiae
XIV-XV(1999).
137. Cfr. La Catedral y la Diócesis en los Archivos de la Iglesia, en Memoria Ecclesiae IV (1993).
138. Cfr. Parroquia y Arciprestazgo en los Archivos de la Iglesia. I-II, en Memoria Ecclesiae VIII-IX
(1996).
139. REPRESA RODRÍGUEZ, Amando, "Valoración histórica de los archivos parroquiales", en
FERNÁNDEZ CATÓN, José María, Dir., Los Archivos de la Iglesia en España, León, Centro de Estudios e
Investigación San Isidoro - Archivo Histórico Diocesano, 1978, págs. 104-108.
140. Para la organización de los archivos de hermandades, cfr. LÓPEZ GUTIÉRREZ, Antonio J. y Joaquín
RODRÍGUEZ MATEOS, Los archivos de las hermandades religiosas. Manual de organización de fondos. Prólogo
de Antonia HEREDIA HERRERA, Sevilla, 1993.
141. Han colaborado Rocío de los Reyes Ramírez, Antonio Sánchez de Mora, Manuel Peña Pulido, siendo
Secretarios de la Hermandad, sucesivamente, José Joaquín Gil Cabrera y Juan Ignacio Reales Espina,
Vicesecretaria Pilar Viejo Raso y colaboradora Susana Rojas Acosta
142. SARRABLO, Eugenio, Antonio CORREA y Fr. Arturo ÁLVAREZ, Inventario del Archivo del Real
Monasterio de Guadalupe, Madrid, Dirección General de Archivos y Bibliotecas, 1958.
143. Cfr. Beneficencia y Hospitalidad en los Archivos de la Iglesia en España, en Memoria Ecclesiae X-XI
(1997).
144. Cfr. Órdenes monásticas y Archivos de la Iglesia, en Memoria Ecclesiae. VI-VII (1995).
145. MANSILLA, Demetrio, "Los archivos eclesiásticos españoles", en Los Archivos de la Iglesia en
España, o.c., pág. 31.
146. FERNÁNDEZ CATÓN, José María, Inventario histórico diocesano sobre costumbres y tradiciones
religiosas y populares, León, 1968, pág. 7.
147. Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, BOE núm. 155, de 29 de junio: Tít.
VI, art.46-47. Real Decreto 111/1986, de 10 de enero, por el que se desarrolla parcialmente la Ley 16/1985, de 25
de junio, del Patrimonio Histórico Español, BOE núm. 24, de 28 de enero: Anexo 1.e) extracto del expediente para
la declaración de materiales etnográficos como Bien de Interés Cultural o su inclusión en el Inventario General.
148. Ley 1/1991, de 3 de julio, de Patrimonio Histórico de Andalucía, BOJA núm. 59, de 13 de julio: Tít.
VII, art. 61-64. Decreto 19/1995, de 7 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento de Protección y Fomento
del Patrimonio Histórico de Andalucía, BOJA núm. 43, de 17 de marzo: Tít. VI, art. 85-87. En el art. 85 dice:
"Serán inscribibles en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz los bienes, lugares y actividades
integrantes del Patrimonio Etnográfico Andaluz".
149. Cfr. DESANTES FERNÁNDEZ, B. y J. L. CLARES MOLERO, "Proyecto de descripción de
documentación fotográfica en el archivo histórico nacional", en Anabad XLVI (1996) 181-295. HERNÁNDEZ
JIMÉNEZ, Margarita, "La documentación fotográfica en los archivos eclesiásticos: propuesta de descripción", en
Memoria Ecclesiae XVI (2000) 141-146.
150. Cfr. Colección Normas, de ANABAD y Arco-Libros, S. L., de Madrid.
151. ROMERO TALLAFIGO, Manuel, Archivística y archivos. Soportes, edificio y organización, o.c.,
págs. 244-251.
152. Archivo Hermandad Matriz del Rocío, Almonte: "Proyecto básico del Museo Histórico-religioso de
Almonte. El Rocío, Almonte (Huelva). Memoria. Domingo Sánchez Fuentes, Dr. Arquitecto. Almonte. 1999. Ilmo.
Ayuntamiento de Almonte. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía".
153. CIC, c. 1234.
154. HEREDIA HERRERA, Antonia, Archivística general. Teoría y práctica, o.c., pág. 149.
155. SARRABLO, Eugenio, Antonio CORREA, y Fr. Arturo ÁLVAREZ, Inventario del Archivo del Real
Monasterio de Guadalupe, o.c., págs. 86-91.
156. LAZO LÓPEZ, María Dolores (Dir.), Fondo Díaz Hierro. Inventario del Archivo, Huelva,
Ayuntamiento de Huelva, Delegación de Cultura, Archivo Municipal, 1999.
157. Is 54, 2.
158. Lc 2, 19; 2, 51.
159. DOMÍNGUEZ ASENSIO, José Arturo, María, Estrella de la Evangelización. Madre de Dios y
nuestra, o.c., págs. 83-84.