Colegio Aljarafe

El Reino donde crecí.
Por Luis Serrano Agosto 2005
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Recuerdo con tanto cariño, que hasta duele, aquel colegio. Inmenso, lleno de cosas maravillosas y gente mayor que me enseñaban como se debe crecer: libre y amando. No puedo evitar enumerar, más por necesidad personal...  Aquel teatro con un techo hecho de cielo y aquel parque que dejó de ser zoo antes de que pudiera grabarlo en mi infantil memoria de los 80. Parvularios, el pasillo de un barco que miraba a un mar lleno de neumáticos y patos, la cafetería que cerró dejándonos a todos aquel buen sabor a café y mantequilla. La plastilina y las ceras blandas de mis primeros años en aquel castillo de ventanas gigantes. Fuentes de piedra por todos lados, recuerdo el sabor del agua, recuerdo mirarme la cara reflejada en el grifo, mientras bebía con la boca pegada, antes de entrar en clase. Recuerdo las mesas marrones con las firmas de los que antes habían estado en ellas. Tantos lugares y recuerdos dentro de aquel colegio que me vio crecer.

Grabada a fuego la imagen de Maribel, mi profesora de párvulos, la libertad en persona, que hoy en día hubiera sido mi musa, con su pelo negro y largo, sus gorros, sus sonrisas, bohemia de personalidad única y sorprendente. El pelo dorado y rizado de Jose Luis, también en párvulos, la bondad, un hombre que pareció nacer para dar amor a sus pequeños alumnos, cuanto lo echo de menos. Tampoco olvido, aquellas ventanas que muchos decidimos usar como asientos o tumbonas blancas al sol del recreo. Parece que fue ayer cuando abría las puertas de los servicios como si fuera un pistolero entrando en un bar del oeste, las columnas de cemento liso y los suelos llenos de pisadas, las grandes escaleras con bordes de goma que subían hasta la segunda planta desde donde podías ver el patio con su fuente y los rosales o viajar hasta el gimnasio de Mejias, Kity o Mariola después. Recuerdo cuando un jugador de baloncesto famoso nos visitó y recuerdo al enorme Ramón, la fuerza, el valor, la ira, la verdad y la mentira, el poder, la vergüenza y la desvergüenza, paseando su barba y su coleta entre nosotros, vestidos con leotardos para sus clases. Cuanto tengo que agradecerle a Ramón, que me enseñó el camino para tranquilizarme, para enfurecerme, para apreciar las cosas bellas y sacar lo bello del dolor, no miento, así fue mi relación con el. RUIDO, la revista del colegio donde publiqué un comic llamado "Nightmare" o aquel muro donde dibuje con otros amigos un graffiti tras ganar el concurso de mascotas. Francisco abría y cerraba las puertas del castillo, Francisco velaba por el colegio con sus vaqueros y sus camisas bien ajustadas, Francisco, el hombre que vendía bocadillos en las puertas del comedor que nunca visité. Recuerdo a Enya, de fondo en las clases de literatura con Manuel, la picardía, con sus comparaciones que sacaban la risa de cualquiera. Juan Palomas, los derechos y la lucha , sus matemáticas fueron las mejores del mundo y sus palabras, siempre, las más correctas. Javier, la paz, nuestro profesor de religión que aguantaba el dolor de la enfermedad en sus huesos, apretando los dientes mientras simulaba escribir en la pizarra, fue, sin duda un ejemplo de dedicación y esfuerzo para todos. Pepe Villagrán, Jose Pereira, eran el ánimo y la espontaneidad, yo los conocí en persona y hoy estoy orgulloso de haber estado en sus clases. Rosario, la naturalidad y las segundas opciones, que me hizo viajar en el tiempo y conocer a reyes, dioses, culturas y civilizaciones. Martín, con el que soñé a ser famoso, fue el quién me enseño que "milpesetas" no era solo dinero y que "humo!" significa que podíamos salir de clase, tras despedirnos de el y Bruce S. :), que grande era Martín. Paco Gracia, la normalidad de las cosas, el agradable profesor de inglés que primero se preocupó por ser más amigo que profesor. Tere,  la belleza de las cosas que nos rodean, mi profesora de biología con la que todos compartimos lágrimas al conocer el trágico accidente de su marido.  El insuperable Enrique Robles, la complicidad, el humor, lo gracioso de las cosas serias, y aquel espectáculo que dimos, "Los premios MOSCAR", no olvidaré nunca a todo el colegio mirando nuestro show, todos riendo y aplaudiendo aquellas caricaturas que hice para los premios, sin Enrique, tampoco sería quién soy hoy. Carmen en material, la bondad en forma de mujer, era imposible no cogerle cariño. De algunos de mis profesores ya no recuerdo el nombre y llego a sentirme mal, pero conservo cosas más importantes que me dieron. A todos ellos, sinceramente gracias, de verdad. Que lástima no poder volver atrás y abrazaros.

Luis Serrano.

 

Notas de Internet. Fuente: http://www.terra.es/personal5/cpaljarafe/

CAROLINK FINGERS -(Antigua alumna) De http://www.carolinkfingers.net/

La mala educación
Mi niñez y la peor época de la adolescencia (que para mí se instaló entre los doce y los catorce años) las pasé en el Colegio Aljarafe (el que pongo aquí con todas sus letras con toda la - mala - intención). La casualidad, la cercanía física con el colegio quisieron que yo estudiara ahí: criadero de muchachitos hijos de progres, balsa de programa pedagógico revolucionario, oasis de libertad. Eso era en los años en que yo entré allí. Tengo el mejor recuerdo y el mayor agradecimiento por la mala educación recibida.

Este fin de semana, de lo que se trataba era de hacer un poco de vida de pareja, que ya la abuela se quedaba ejerciendo de abuela, como le toca un par de veces al año. Así que el viernes, después de hacer algunas averiguaciones con los amigos, nos fuimos al cine. La mala educación me dejó un regustillo extraño y pocos recuerdos del-día-después, de esos que aseguran que la película ha trascendido mínimamente en el subconsciente. Ya me diréis.

Lo que me quedó fue una casualidad: la de encontrarme en el mítico cine Alameda (tufo de ambientador de los setenta, plantas de plástico en los vestíbulos, dependientes septuagenarios del bar, toblerones y palomitas) al que fue mi profesor de drama, Ramón Guzmán.

Saludo cariñoso, frases cortas, obviedades y la extraña sensación de ver a tus profesores hacerse viejos. Él era (aún lo es) garboso y bien plantado. Llevaba coleta antes que Robert de Niro en La Misión, pero yo siempre lo identifiqué con él. Cuando éramos pequeños y aún no nos daba clase, te venían con historias inverosímiles, como que hacía que los niños se desnudaran en clase, o que se tocaran, o qué se yo...

Pero no exagero (ni falto a la verdad) si digo que él fue el iniciador de TODOS y cada uno de los niños y niñas que pasamos por sus clases. Del amor al teatro a la pérdida de los pudores. Una lección para superar la durísima adolescencia. Eso era, tres veces en semana, una tortura para la mayoría. La mala educación para mí. La que me ha hecho impúdica, casi segura de mí, casi poderosa.

El Colegio Aljarafe es Historia  - Por Félix Galindo Moya.

Decir en una breve síntesis lo que es el Colegio Aljarafe, nos llevaría a recorrer en principio, todo el esfuerzo de grupos de enseñantes por renovar la Escuela. Vamos a intentar abreviar.
    El ideario del Colegio recogía aquello de hacer una Escuela para la Vida, para la Libertad, para la Responsabilidad. Desarrollar una conciencia crítica en línea con lo que decía en aquellos años Freire. Hemos intentado llevar a la práctica todo eso. Hemos establecido unas relaciones alumno-profesor que rompían los moldes clásicos, una convivencia en las clases y fuera de ellas que recogía aquellos presupuestos que recordábamos en la celebración de nuestro XXV Aniversario el año 1996 y que estaba en línea con el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. Desarrollar un método intuitivo que "exige del discípulo que piense y reflexione por sí, en la medida de sus fuerzas...; que investigue, que arguya, que cuestione, que dude y se rinda a la conciencia de su personalidad racional".

    Hace ya 27 años que algunos hombres y mujeres se pusieron manos a la obra, dispuestos a ser el alma de una Escuela en la que el niño pudiera desplegar libremente "las alas del espíritu" de que hablaba Giner de los Ríos y en esa empresa no estaban solos. La aportación de los padres fue fundamental y también la de otros colectivos y amigos.

    Solemos comentar hoy que el Colegio ha cambiado.... Creemos que es lógico. También ha cambiado la sociedad en que vivimos. Sin embargo, el Colegio continúa empeñado en esa tarea que le animó desde el principio.

    Podríamos terminar recordando algunas frases de la conferencia que dio Santos Juliá en la apertura de los actos conmemorativos del XXV Aniversario, cuando decía: "Los valores pedagógicos, plurales, políticos, fundadores de la Institución, de la Generación del 98, etc....tienen algo que decirnos todavía y si bien hoy no basta con hacer pueblo, que deje de ser analfabeto como a principios de siglo, es necesario insistir en lo que decía D. Ramón Carande: "educación, educación...para que haya democracia." Supone luchar por desarrollar una educación que se convierta de hecho en el único oasis de igualdad existente, donde niños y niñas, negros y blancos son iguales.... Y, sobre todo, si como decía Azaña entonces había que hacer pueblo, hoy es vital continuar en el empeño de hacer ciudadanos con conciencia cívica que se empeñen en el desarrollo de la democracia.

 Félix Galindo Moya
Alicia Cárceles (Compañera de clase)

Apenas enumerar mis recuerdos puedo...
se me acercan las tardes soñolientas,
los días de calor, la fuente con su agua,
el griterío del huerto...

Me invaden las tristes sombras

        que alborotan,

que rompen el silencio de la tarde rota,
que elevan sus voces entre los cipreses,
que ríen y que siegan

        las inmaduras mieses...

Podría no cesar de evocaros nunca,
hacer interminable el oscuro parlamento,
el monólogo de necios,
el estúpido cantar de los grillos a la luna,
pero todo esto ya me deja sin aliento...

Ahora, a lo lejos,
entre pardos bosques de cemento,
todavía puede verse, cansado y viejo,

        mi Colegio.

        ALICIA CÁRCELES
Enrique Robles - Mi Profesor de Filosofía y Ética.
"Cuando Penélope, mirando hacia atrás sin ira,
empezó a recoger los restos de sus mejores mantos..."

    Así empezaba el anteproyecto de celebración del XXV aniversario, que me tocó pergeñar.... Le llamé "Penélope", recogiendo una vieja ocurrencia mía, con la que quise significar en un momento especial de ponerlo todo "patas arriba" el eterno empezar de nuevo que parecía caracterizar al Colegio hasta la desesperación. Ahora, al cabo de los años, he dado en pensar que Penélope, aquélla de la mitología y ésta del proyecto educativo "Aljarafe", es de todo menos una inconstante. El Ulises esperado es el amor de juventud, el proyecto sin defectos, el horizonte, la utopía del trabajo pedagógico absolutamente bien hecho, que sirve con total autenticidad a quienes lo demandan. Ulises se vio envuelto en la interminable guerra de tirios y troyanos, y hasta se portó como un héroe. Acabada la guerra por agotamiento, sin victoria de nadie -como todas las guerras- hecho polvo, no le queda más que emprender el camino de regreso a la lejana Itaca, a disfrutar de la serenidad conseguida. Mientras tanto, todos esos años, Penélope, la que no ha podido lanzarse a la gloriosa aventura, permanece en la diaria y dura realidad, la del trabajo diario. Cree y espera que es posible la vuelta de Ulises y su amor fecundo con él. Como el tiempo se alarga, otros aspirantes a su amor la solicitan de mil maneras. ¿A qué nombrarlos, si son tantos y tan prepotentes? Y ella, para no Entregarse a ellos de mala manera, tiene que darles largas, y se inventa el tejer y el destejer el manto, pasando así por inconstante, improvisadora, incoherente, deshaciendo de noche lo hecho durante el día, sin llegar nunca al término de la tarea. ¿Pero es que aquí estamos siempre empezando? Pues sí, porque este trabajo no tiene término, no puede repetirse, no admite la estabilidad definitiva -sería la rigidez mortuoria-. Sus protagonistas están en unas edades tan frescas, tan abiertas, tan flexibles, tan vivas, que hay que hacer de tripas corazón para no defraudar -uno que cada año tiene un año más, qué curioso- ese raudal de novedad interminable. Hasta que llegue Ulises, que va a seguir tardando, como todos los horizontes y utopías, hay que seguir tejiendo y destejiendo, mientras el cuerpo aguante.

    Sobre los "peores recuerdos" -alguno que otro queda- hemos acordado extender un tupido y piadoso velo. Mis mejores recuerdos son los de ayer, los del último mes, los del último año... así hasta el año 74. A mis cincuenta y algunos años me he reconciliado casi con los adolescentes, con su vitalidad desbordante y sus horizontes abiertos: hasta con su incansable incoherencia, porque ellos me mantienen vivo, activo, hasta un poco "flipado". Un ejemplo: empecé a vestirme de payaso en el Colegio el año 75 (¡ qué día aquel, Pepe Salvatierra, haciendo equilibrios en el bamboleante escenario sobre las viejas mesas...!) y la vez que he disfrutado más con un disfraz ha sido la última, el curso pasado, acompañado en mis peripecias carnavalescas bajo el signo de Chiapas por un grupo de 3ª de BUP, el Club de los Mochuelos, que montaron ese año dos pitorreo-espectáculos memorables: la entrega de los premios M´OSCAR a las producciones "cinematográficas" de profesores y personal no docente del curso 95, y la inauguración del "CANAL MOCHUELO-TV"...

    El año que viene mis mejores recuerdos (con algunos malos, inevitablemente, a los que intentaré ignorar, para que no molesten) serán los de este año, los del XXV Aniversario

ENRIQUE ROBLES
ANTONIO FALCÓN Hablando sobre mi profesora Maribel (Párvulos) (Apunte de Luis Serrano: Quiero recordar aquel día)
Maribel trajo un burro y gorros de soldados con borlas; un ejército de párvulos carapintadas pinta picassos, -siempre jugando-, por las paredes o en grandes papeles estrazas; pintan con los dedos, con ceras y témperas; incluso las caras y los cuerpos sirven de lienzo. Dominga celebra asamblea: Hay que elegir responsable de los ratones para el fin de semana, y otro para los patos; es un privilegio enorme que con cinco años te encomienden el cuidado de los tesoros de la clase.

    Chari prepara otra excursión, ésta (no te cabrees Berna) con Mariana, que está cada día más guapa, y que enseña que "los tiburones pasean a sus crías". Muchos años después, probando un magnetófono en una tienda mi hijo Marcos dijo: "Los tiburones pasean a sus crías". La frase se la enseñó Pepe Pereira, que no consiguió sin embargo enseñarle a jugar al fútbol; compartimos campamento Cañazao, embarazo y parto, pero Lali ganó por trescientos gramos.

    Se oye un grito en la clase de al lado: Marina consigue, por un mágico instante, lo más parecido al silencio- a ver si nos enteramos del mensaje que trae Antonio Ávila, (se traba, se atranca, excepto, dicen, cuando canta flamenco). No dura mucho la cosa, está Freinet, con los de segundo (texto libre). Rafael Moreno tiene un nuevo acuario, -no, es un terrario- los bichos seguro que son de fuera, pues es sabido que entre David Mellado y Jaime García-Añoveros acabaron con la fauna local en el curso 74-75.

    Además de traer unos vagones de tren, y además de lo demás, José Luis llena la clase de grandes sábanas que quizá compró Antonio Borrelles a cuanta de lo mucho que le debía HYTASA. Roberto entra, sale -y entra y sale- de muchos sitios con una bolsa de deportes, Aurelio y yo casi lo convencemos -le convencimos-, de que debía casarse por razones de seguridad y disciplina; el hombre de Cuenca no se alteró, en las asambleas era temible. Rafael Redondo deja que los niños oigan a Platero  por los campos de Moguer y nunca se han olvidado de eso los que tuvieron la suerte de compartir esa aventura en las tardes de primavera, (cosechas de rábanos y zanahorias). Ricardo ha conseguido este año que innumerables adolescentes se compren cazadoras de color verde con forro naranja, ya no caben más árboles en la alameda. Antoñita y Pepe Villagrán están discutiendo en el recreo, ¡qué difícil!, las cintas de Grándola Vila Morena se oyen fatal. (¿Qué pasó con el mini?)

    Pepa tiene una nueva variedad de bocadillos, bocadillos calientes, y viene Pepe Díaz de terminar su enésima carrera de la semana a campo través, a tomar café, y con Kiti, toda rosa.- "Papá, qué bonitas eran las clases de gimnasia con Antonio Mejías". Trae otro papel José María, hoy están de guardia Concha y Agustín. Asunción Peña con la consulta rebosante de víctimas del recreo reparte tiritas y cariño, huele muy bien. Por el pasillo Félix con libros, cinto minutos antes de que toque la sirena. Tere, con la sirena aullando, con cuatro, con cinco..., habla del resultado del último examen. -¿Dónde está Juan Garrido?- pregunta Mercedes que pretende cobrar. Manolo Santana dice que no sabe. Enrique parece, pero no está cabreado. Antonio Noguero, con su eterna cartera escolar, le explica a un padre que él siempre da todo el programa en un trimestre, que después repasa, que por eso las primeras notas son como son. Julián mira por encima de las gafas, los pantalones pelín cortos. Rosa le dice a Charo que hoy no le ha  arrancado el coche, un seiscientos color butano, no sé por qué. También es un misterio que Manolo tenga a esta hora, todavía hoy le dura, todo el frío de la moto en la cara.

    Viene -¡por error de nombre!- Nieves. No sabe que le espera un faro en Tarifa (Cable NO). Nieves está en la oposición desde por lo menos la Guerra de Corea. Antonio viene con mallas, con Ramón.- "Ramón, mi niño, vente hoy a mi clase " (Mari Ángeles 1.975).- Fernando, ¿ha llegado ya Juan Garrido?. Mari Carmen Pineda con Pablito el malo, ni por ésas se enfada Mari Carmen Hidalgo. Un grupo que pasa: Inmaculada...Mercedes... y Alejandro y Juan Palomas, Manolo Prieto (qué éxito). Las programaciones de Ana María Viera: la vida no cabe en la teoría de conjuntos, después sí, la base es dos, matemáticas modernas. Asun Mendívil siempre tiene riendo los ojos y se resfría mucho, pero tiene cuenta en el banco.

    Veinte años después, -yo lo he visto-, Lorenzo tendrá todavía esa cara de niño del Cerro del Águila -siempre aprendiendo-, asombrado ante las cosas sencillas de la vida y asombrándonos por ser así. Fue una alegría haberte traído, (con el Gordo no pudimos, ahora le va bien, pero me he arrepentido tanto...). Vendíamos "Tierra de rastrojos"

    Francisco ha tocado la sirena.

    Me ha llamado Fernando, que quiere que escriba que la cosa más difícil que hizo en la vida fue dirigir el Colegio Aljarafe.
 

ANTONIO FALCÓN
Mairena del Aljarafe, 5 de febrero de 1996

 

MARIANA CORDERO
A veces, en un parque, en un teatro, en la calle, en el autobús, alguien me pone la mano sobre el hombro y me dice "Hola Mariana". Sus rasgos, su sonrisa, su forma de mirar son familiares, pero en algunos casos no consigo identificarlos.

     - ¿Quién eres? Te recuerdo, pero ahora no sé.
     - Yo a ti sí, me diste clase en 1º y 2º, y se sienten un poco ofendidos por mi despiste.

    Han pasado diez, quince, veinte años, yo he envejecido pero mis rasgos son los mismos, ellos se han convertido en hombres y mujeres espléndidos, aunque al principio no entienden que el cambio ha sido espectacular. Pero esa mano en el hombro, esa sonrisa en el saludo, significa que fue un hermoso período de nuestras vidas.

    Maribel, Antonia, Alejandro, María y yo, un equipo dispuesto a luchar contra la mecanización en el aprendizaje y deseosos de investigar.

    Fue una época maravillosa y aún sigue siéndola porque está en nuestros recuerdos. Reuniones diarias, ansias por aprender y avanzar, trabajo compartido al cien por cien, apoyo, lucha, utilización de lo mejor que teníamos cada uno para el beneficio de todos, reuniones con profesores de otros centros para apoyarnos y avanzar. Era un equipo en el que reinaba el amor, el compañerismo y el trabajo.

    Recuerdo mi clase: macetas, cangrejos, peces, pájaros, canarios, un hámster que Misael se ponía nada más llegar en el gorro de su trenka y allí estaba sin moverse todo el día, y los periquitos, la famosa pareja de periquitos que todas las noches abrían un poco los barrotes de la jaula y se escapaban y Francisco venía protestando desde la puerta "es el último día que os cojo los periquitos", pero todos eran los últimos días, y todos sin faltar ni uno los devolvía a su jaula y se iba protestando.

    La huerta, la biblioteca en los vagones, los talleres de la tarde, las clases en el campo y las excursiones en mitad de la sierra con una fogata en medio y niños felices con linternas que nunca se apagaban y rostros encendidos y entusiasmados por la aventura.

    Recuerdo la primera frase de la clase "El tiburón come peces". Decidimos agrupar todas las mesas en un rincón y hacer un acuario imaginario en el resto de la clase. Dibujamos en cartulinas pececitos que le echábamos al tiburón.

    Sólo había un problema, si abríamos la puerta se vaciaría el acuario, así que decidimos entrar y salir por las ventanas.

    Y ese día, el mágico día en que un niño decía: Mariana, aquí pone..... y leía por deducción una frase.

    La emoción en esos momentos era indescriptible, carreras de una clase a otra, sonrisas, abrazos, a partir de ese momento, uno tras otro leían con fluidez. Lo habíamos logrado, todo el trabajo había merecido la pena. Era el camino. Cuentos imaginarios, poesías, pensamientos, periódicos, no había ni un momento de inactividad.

    Éramos un buen equipo dentro de un gran equipo, al que mirábamos porque todos y cada uno de los miembros estaban entregando lo mejor de sí mismos.

    Hoy siento que juntos hemos hecho algo importante y hermoso y que hay cientos de personitas a las que hemos aportado algo bueno de nuestra vida, y que nosotros con nuestro trabajo, nuestro compañerismo, nuestra entrega y el contacto con la pureza de los niños, somos mucho mejores que antes y hemos dado un gran paso en nuestra vida.

    Cada uno de mis recuerdos de esa época están acompañados de sonrisas, de dulzura, de amor. Es difícil tener tanta suerte en la vida, y nosotros durante un período la hemos experimentado.

 Gracias a todos

MARIANA CORDERO
IÑAKI GABILONDO
A la libertad no la esperamos sentados. La esperamos -de esperanza- empujando.

     En los primeros años 70, la Sevilla a la que llegué me pareció instalada en el régimen , adaptada a la dictadura,
conformada. Todavía no conocía la verdad de la ciudad, que destella hasta cegar para ocultarse,  para hacerse invisible hasta que no se la ama.

     Cuando mire hacia dentro, porque la empecé a amar enseguida, vi la marea de iniciativas que empujaba hacia la modernidad. Entre otras, el colegio Aljarafe.

     No recuerdo quien me hablo de él. Radio Sevilla era un hervidero de actividad pre-democráticas y alguien me orientó. Una educación sin telarañas, abierta como lo era el propio centro a un mar de olivos. Gente joven, que creía en el futuro y quería fabricarlo sin depender de los designios ajenos.

     Allí mandamos a nuestro minúsculo primogénito. Y desde entonces, la ruta 4, con parada en Ramón de Carranza, frente a la nueva Feria, se convirtió en contraseña de diversa utilidad doméstica. Aún hoy, decir ruta 4 es decir apresúrate, no te duermas, que se te escapa el tiempo.

     Las primeras reuniones de padres, en la estrenada responsabilidaad, me llevan a ese colegio asomado al balcón de la ciudad maravillosa.

     Y queda para siempre, en la foto enmarcada, mi niño Iñaki - hoy abogado, casado, alto como un chopo- con babi azul, globo terráqueo y pizarra al fondo.

     La única referencia negativa es que, según dice, no le gustaban los huevos a la flamenca.
 

IÑAKI GABILONDO

 

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