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LA SEPARACION

Otra posibilidad, más frecuente cada día, y motivo en muchos casos de una importante crisis, es la de que una o más de sus parejas se hayan roto en el camino. Es una posibilidad desgraciada, porque ninguna ruptura se hace sin sufrimientos y sin problemas, previos, simultáneos, o posteriores. Ni siquiera cuando es claramente la mejor opción para ambos.

 

 

La ruptura

 

 

 

La crisis, actual o reciente de la propia pareja, obliga a utilizar muchas energías en su resolución, y esas energías se desvían de otros problemas o retos que aparecen simultáneamente a esta edad. No obstante, no es extraño ni sorprendente que sea esta edad propicia para las crisis.

La imposibilidad de enfrentar de común acuerdo los nuevos retos; el deseo de terminar una relación que nunca fue del todo bien (ahora que va quedando menos tiempo), o que ya no va en absoluto; la tan frecuente intolerancia que aparece al irse asentando las opiniones; la no aceptación por uno de las limitaciones o incapacidades del otro; o la interferencia de otras personas, entre muchas otras razones, pueden romper una pareja después de muchos años de convivencia aceptable. De hecho, sucede con mucha frecuencia a esta edad.

 

 

La crisis

 

 

 

La separación produce, en la mayoría de los casos, una seria crisis en la forma de vida y en los valores asumidos. Aunque se enfrente bien cara al exterior, no suele superarse tan fácilmente en el interior de la persona.

La pérdida de la relación produce un cambio de estilo de vida en casi todos los ámbitos (desde la vivienda, hasta todo el mundo de relaciones, pasando por la economía), que resulta difícil de enfrentar en todos los campos simultáneamente. En ocasiones, este tipo de crisis hace envejecer precozmente, al afrontarse el cambio mediante adaptaciones que puedan servir para el resto de la vida.

En otras ocasiones, lleva a buscar una segunda (falsa) juventud como reacción, que dificulta innegablemente la forma de afrontar el envejecimiento. En este caso la vejez parece surgir un día, casi de repente, y todos los problemas y la necesidad de adaptación que se comentan en este libro aparecen bruscamente.

 

 

Piense en el futuro

 

 

 

Es imposible (e indeseable) dar ningún consejo genérico que valga a cada persona a afrontar una situación de este calibre. Sin embargo, si piensa uno en el tiempo que queda, pueden tomarse al menos dos precauciones. Primero, intente que la separación no rompa los lazos con el resto de su mundo de relación, y le aísle de unos apoyos que le serán necesarios, no sólo ahora, sino muy especialmente con el paso del tiempo. Segundo: las decisiones que vaya tomando, o las soluciones que busque para los diversos problemas, deben buscarse pensando en el futuro más lejano, no sólo en el inmediato.

 



 

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