Mientras en Bayona los invasores intentaban cimentar una nueva legitimidad y en ciudades y fortalezas españolas se asentaban los ejércitos franceses, la insurrección popular había desatado, de hecho, la guerra.
En Madrid, estalló un motín popular cuando salían del Palacio Real con dirección a Bayona los últimos infantes que allí quedaban. El motín, se transformó en insurrección popular, ayudada por la colaboración espontánea de varios militares, como los capitanes Daoiz y Velarde que, en unión del teniente Ruiz, defendieron el parque de Artillería de Monteleón y facilitaron las armas; con éstas y con las que encontraron en armerías, con navajas y cuchillos se lanzó a la calle una verdadera multitud que, en combate desigual, se opuso por las calles de Madrid, durante todo el día 2 de mayo.
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Pese al terror ejercido en Madrid por los hombres de Murat, la movilización popular por la independencia fue extendiéndose por todo el país durante el mes de mayo. El mismo 2 de mayo el alcalde de Móstoles hizo su famosa declaración de que la patria estaba en peligro. El 5 y 9 de mayo se alzaron los asturianos en Gijón y Oviedo, y la antigua Junta del Principado se transformó en Junta de Gobierno, bajo la presión de la multitud que invadió la sala de sesiones después de haberse apoderado de los fusiles que había en el depósito de armas de Oviedo. La Junta declaró la guerra a Napoleón y envió delegados a Gran Bretaña. A finales de mayo el levantamiento se extiende a La Coruña donde también el pueblo se apodera de cuanto hay en el depósito de armas. Se forma la Junta Suprema de Galicia, que también envía delegados a Gran Bretaña. Rápidamente se irá procediendo a la formación de juntas allí donde no estaban instaladas las tropas francesas.
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