13.10.01
A
las diez en la cama estés, ¡pues no!, a las nueve
desayunando estés, café, tostadas, pa amb tomáquet e perníl y de excursión, nos dijo
Maxi que en esta ocasión era nuestro guía.
Cogimos los coches y camino del
Parque Nacional de Aigüas Tortes.
Llegamos al parking en donde
debíamos de dejar los coches, pues al Parque solamente pueden entrar unos todo terrenos
que ellos tienen ya estipulados.
A partir de aquí el camino hay que hacerlo andando, por una senda que te va
subiendo hacia el bello lugar, que sin duda y sobre todo para gente que le gusta la
naturaleza es.
El camino
discurre entre avellanos, robles y demás plantas que en el Pirineo puedes encontrar, como
también era época de setas, pues se aprovechó por el camino a mirar por si
encontrábamos alguna y alguna se encontró, aunque |
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más tarde nos enteramos que estaba
prohibido cogerlas,
no solo las setas sino todo tipo de objeto relacionado con la naturaleza.
Continuamos subiendo y después de
una hora y media aproximadamente, llegamos a uno de los muchos lagos que allí se
encuentran, y que están unidos todos por diferentes arroyos que en ocasiones se tornan en
cascadas, con una imagen impresionante y fantástica del lugar en donde de vez en cuando
uno de los ya mencionados todo terrenos te recordaban que estábamos en el mundo y que eso
no era el edén.
A todo esto el cielo se iba
poniendo cada vez más feo y nos amenazaba con aguarnos la excursión.
Y al fin después de otra hora y
media de subida llegamos al corazón del Parque Nacional, un lugar envidiable por la
cantidad de arroyos que en él se entrecruzaban unos con otros, incluso formando zonas en
las que sólo eran accesibles a través de unos pequeños puentes que te permitían
pasar y un camino elevado del terreno para poder pasear por el entorno.
Llegado este momento, nos
dispusimos a comer nuestros bocadillos, pues allí no había restaurante donde saciar
nuestras necesidades y como no, la nube que tanto amenazó llegó y nos echó, así que
corriendo tuvimos que salir y dirigirnos a la única caseta que había como refugio, y
esperar a que uno de esos todo terreno nos desandasen todo el camino que habíamos hecho y
que nos retornasen a nuestros coches, eso sí muy mojados y no de sudor.
Como se nos escacharró el día,
después de asearnos y entrar en calor nos fuimos a Vielha, cruzamos el famoso túnel, que
por cierto ya lo podían arreglar.
Dimos una vuelta y de regreso al
hotel donde después de cenar nos dispusimos a salir a divertirnos un poco a un discopub. |