Poemas

 

© Xisco Juan

 

 

ODA IMPÍA Y SACRA

 

 

   ¡Oh! Príncipes prelados de la iglesia
Hasta la extenuación de los placeres
Del vino y de la carne. Purpurados
Cardenales, capellos infernales,
Oficiando con putas de Venezzia
Cuyos senos blanqueados de albayade
Elevan vuestros cantos y gemidos
A las cúpulas santas del olvido.
   Indignas Dignidades: refinadas
Ínfulas de colores, de las tiaras
Cuelgan por vuestra espalda, como plumas
De pavos exhibiendo sus amores
Con ángeles y eunucos y demonios
Entre humos de sahumerios y velones.
   Apoyados en báculos de plata,
Musitando oraciones y plegarias,
Esperáis cual serpientes el momento
Propicio de extender vuestra celada
Y proferir impías bendiciones...
Pasiones entregándose entre nalgas.
   El tiempo ya es eterno
Y en cenobios ocultos, tras pesados
Cortinajes de purpúreos labios,
Los cuerpos, entregados al dolor
Del pecado y al íntimo placer
De las llagas, se elevan hasta el cielo
Como alas de palomas desposadas.
   Con oro y plata el cuerpo bien ceñido,
Bajo palios de seda en los altares,
En el cáliz de piedras revestido,
Bebéis el rojo néctar de la carne.

 

 

*****

 

   Para qué tanta vida y tanta muerte,
Tanta torre de arena contra el viento.
Para qué luchar contra el sufrimiento,
Si al fin y al cabo todo es dura suerte.

   Por mucho que se quiera aguantar fuerte,
Venciendo día a día al desaliento,
Socava los cimientos el tormento
Que a su paso lo deja todo inerte.

   El dolor sobre el cuerpo se acumula
Que vencido del peso se va hundiendo
Poco a poco en la tierra que le aguarda.

   El destino su ley no disimula.
Nada se le resiste al sustraendo
Del vivir sepultado en tierra parda.

 

 

 

REGRESO

 

 

Regresé tras larguísimo periplo
a mi casa. Bebí el agua del pozo
que mi padre excavó junto a su huerto.
La casa me esperaba solitaria,
Sin hijos, sin mujeres, sin esclavos,
sin nada que ofrecerme más que muerte.
Atrás quedaron años de combates
contra feroces medos (derrotados
ambos en la incesante lucha cruel
por remotos e hinóspitos reinados)
y, cuando se mostró ante mi mirada
de guerrero cansado y malherido
mi hacienda abandonada y destruida,
comprendí que es imposible
volver al mismo sitio
de donde partimos.

 

 

 

PAISAJE TRAS LA BATALLA

 

 

   Sí, descuarticé ejércitos enteros;
La falange aplastó a los enemigos
Contra los afilados hierros y armas
De la caballería. Despojé
De pobres pertenencias a los muertos,
Cuyos ojos volaban en los picos
De los grajos hambrientos. Mientras tanto,
La lluvia, de los labios arrancando
La sangre como barro represado,
Teñía de color rojo la tierra
Bajo mis pies hundidos en piltrafas
De los hombres deshechos en pedazos.
Mis huestes se comieron los caballos
De vientres esparcidos por el suelo,
Curaron las heridas con cauterio
Y bebieron el vino de los persas
Como si fuera néctar de los dioses.
   Mientras, ella agitaba sus preseas
Al son de sus caderas relucientes
Ungidas con aceites orientales;
Embriagadora mirra que borraba
De la sangre el olor agrio y maligno
Que extendía su manto tenebroso
Al trasluz de mi crátera de vino.

 

 

*****

 


El líquido rumor del mar se extiende
Como una melodía transparente
Y en las rocas, tañendo melodías
De agua, saltan sílabas marinas,
Azules, esmeraldas y furtivas.
Concluida la historia de mi vida,
La mano macilenta se detiene
Y deja descansar el torpe cálamo
Sobre la hoja de lino primoroso.
Al fondo brilla el Golfo de Taormina
Encendido de luz precipitada
En la penúltima hora de los días.
Escondí mi armadura y mis victorias
Ocultas en secreto criptopórtico.
Como un emperador fui poderoso
Y los Sumos Pontícifes abrieron
Para mí los sagrados libros donde
Duermen las sibilinas profecías.
En mis entrañas queman los pasados
Recuerdos como magmas infernales
Brotando por la boca del viejo Etna.
Los sículos se apartan de mi villa
Y maldicen mi nombre y en el suelo
Escupen cuando algún viajero ilustre
Les pregunta por mí. Pero soy viejo
Y el frío me penetra en las heridas
Con el sucio cuchillo del veneno,
Como una sanguinaria espada escita
Y no siento ningún dolor ni pena.
Ya no imploro a los dioses, ya no creo
En arúspices, ni augures, ni oráculos.
Sin duda siempre fui un escéptico.
Ahora sólo espero que me llegue
El puñal afilado por la espalda
Que eternamente me hunda en la Estigia
Para ver el inexpresivo rostro
De los que hice matar a sangre fría.


 

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