Poemas

 

 

© Antonio Rigo

 

 

Estos tres primeros poemas pertenecen al libro impublicado Subsidio De Desempleo



 


El Olivar


No hay electricidad
ni cuarto de baño
bebo agua de lluvia y
escribo lunas de cosecha
en todos los cristales.
Soy un bruto,
salgo corriendo montaña abajo
abrazando árboles
me alimento de raíces y
pienso constantemente
en el amor.

 

 

*




Una cajera del mercado
donde habitualmente hago la compra
me pide que le dedique un poema
no accede sin embargo
a dejarme pasar camufladas
las patatas o las naranjas
el vino o las aceitunas
las alcachofas ni el atún.
La cajera, el poema y la subsistencia.
Toma este poema.
Un pedazo de queso de Mahón 638 ptas.


 


*

 



Infinito



Estoy en el coche y
parado en un semáforo
escucho por la radio
como algunos científicos
aseguran que el infinito
es cinco veces mayor.
5 veces mayor.
Se lo digo al vendedor de pañuelos.
Se lo digo al vendedor de periódicos.
Se lo digo al que intenta
limpiarme el parabrisas.
Parece no importarles.
El infinito del paro y todo eso.
5 veces mayor.
¿Y qué coño hago ahora yo
con mi infinito?



*

 

 


Los ocho poemas que vienen ahora son del libro también impublicado: Poemas Del Bosque Y De La Lluvia.




Tengo una cabaña en la cabeza.
Los dedos de la tristeza
atan cintas coloreadas
a las maderas húmedas
de mi piel.
La hierba de mi pelo se estremece y
habla con el rocío.
El agua de mis ojos tiene sed.
Tengo una cabaña en la cabeza.
Al anochecer enciendo hogueras
donde celebro los gestos
las ausencias, las ciudades.
He llegado. Soy todo lo que hice.
Y eso ya no existe.



*



Vuelvo de la noche
sabio de frutas y de humos.
El silencio trae perlas
en una mano y
un acero frío y afilado
en la otra.
No puedo dormir pero escucho el canto
del primer pájaro.
Ah! ser invencible al amanecer.



*

 



Contemplo un árbol.
Canta un pájaro.
Viene un dolor.
Soy un hombre antiguo.



*

 



En mitad del silencio
todo resuena tres veces
antes que nada.
La rana. La mula. El alma.



*

 


Aquel vestido blanco.
Siempre te traía flores y
frambuesas
de mis bruscos cambios de humor
y de mis paseos solitarios.
Ponías el romero y la miel
en la ventana de la cocina
llenabas de limones el suelo del baño.
Aquel vestido blanco.
Siempre que salíamos de noche
volvíamos a la casa desnudos
y con luz en las manos.
Ponías el café y la seda
en la ventana del abrazo
llenabas de naranjas el suelo del ocaso.
Aquel vestido blanco.
El álamo aguanta en pie.
El viejo búho continúa ululando.
No sé si ahora reconocerías estos lugares.



*

 




Cada tarde
alrededor de las 6
viene un gorrión
a la puerta de casa.
Le doy unas migas de pan.
Él da cuatro o cinco saltitos
gorjea un poco y
se marcha.
Cuando vuelvo al poema
me noto ligero, pardo y
emplumado.
Duermo con un ojo abierto.
Hay días que no sucede nada más.



*



Subo hasta donde el viento
no es invisible y
me siento en una piedra.
Entono una melodía durante 2 ó 3 horas.
La montaña silba.
La montaña sola y el hombre solo.
Viene un pájaro y
nos hace a los dos.



*



La montaña sigue igual.
Otros brazos rodean tu cuerpo.
Y la montaña sigue igual.
Otra lengua lame tu pecho.
Y la montaña sigue igual.
Otro hombre muere en tu interior.
Y la montaña sigue igual.



*

 

 


y aquí viene el último poema, es del libro que aparecerá próximamente en Poemas Del Aeropuerto


 



DUBLÍN


Una anciana irlandesa
algo bebida y animada
me pregunta por el precio
de una botella de Tullamore Dew
y después señalándome a mi
si estoy incluido en el mismo.
Debería decirle que sí.
Dublín.

 

 

 

 

Antonio Rigo.

(Nací en Palma, abril del 57. Escribo poesia. Sigo vivo)

 

 


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