MARIA

 

© Paco Piquer

 

A veces envidio a mi vecino cuando, desde mi ventana, la contemplo oculto como un voyeur. A medida que transcurren los días, Maria crece, convirtiéndose en una adulta apetecible y sus formas, su estatura proporcionada y su color sano provocan en mí una sensación de deseo casi obsceno. Observo como mi vecino se desvive por ella y como la protege y como le facilita sus necesidades para que sea feliz y, en algunas ocasiones, imagino deseos casi incestuosos en los mimos con que la prodiga, resguardándola del viento de marzo, de las caprichosas lluvias de la primavera o del excesivo sol del verano. Las noches se convierten en agitados sueños en los que participo, incorporándome a la ceremonia del pecado, en las caricias que inundan la casa vecina donde el amante prohibido quiere comprobar con la punta de sus dedos la tersura de la piel de su adorada y despierto, sudoroso e impaciente, en el amanecer que se resiste a llegar, para recrearme con su belleza desnuda en los primeros grises del alba. Y desespero al pensar que no llegará al próximo otoño, pues su destino está ya marcado. Y un día, después de haberme asombrado con su plenitud, desaparecerá para siempre de mi vida y al cabo de un tiempo la reconoceré convertida en una fumata blanca, anunciadora de placeres efímeros, elevándose hasta el cielo azul, mientras mi vecino me saluda con los ojos algo más entornados que de costumbre.

 

 

 

 


 


DESIERTO


Ausencia total,
hasta de ausencia.
De ambiciones, de vida.
Y, sin embargo, vida
en su horizonte inhóspito
y, sin embargo, bello.
Mar implacable
de arenas infinitas
que el Siroco moldea
en cambiantes caprichos.
Y allá, donde todo se acaba,
el oasis perdido
donde te espero.

 

 

 

 

NO ME LLAMÉIS POETA


No me llaméis poeta si halláis en mí
al advenedizo que invade vuestras rimas
con palabras absurdas.

No me llaméis poeta si mis versos
os hieren, cual dardo emponzoñado,
destrozando la métrica.

No me llaméis poeta si el mensaje no llega
a vuestros corazones, si no consigo entrar
al lugar más recóndito con textos que os inquieten.

No me llaméis poeta si en mi carcaj de sueños
he olvidado las flechas del amor y lo bello,
de lo antiguo y perpetuo.

Pero si un solo instante, releéis una estrofa,
emociona un acento, comprendéis mis metáforas,
resuelvo algún enigma,

dejadme que os explique lo que turba mi espíritu,
y permitidme al menos
sentarme entre vosotros.

 

 

 

 

OTOÑO

 

 

Vencedor a los puntos del penúltimo asalto
hasta que el Sol
reclame su revancha.
Amenaza de escarchas
agobian al barbecho gris,
impotente en su espera.
Tenues neblinas tamizan,
en el amanecer,
los amarillos del agrio membrillo
y aunque poetas tristes
glosen aún con entusiasmo
el manido color de las hojas caídas,
tus mansas lluvias,
tus atardeceres de fuego
o los amores sin estaciones,
que se dan en tu regazo.

Yo no te deseo, Otoño,
porque mi corazón está demasiado alegre.

 


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